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▲ Manifestación en Santiago de Chile en el aniversario del golpe militar
de 1973, cuando fue asesinado el presidente Salvador Allende.
Santiago. Chile conmemoró este viernes los 47 años del
sangriento golpe de estado que, el 11 de septiembre de 1973, derrocó al
gobierno del presidente Salvador Allende, instaurando una criminal
dictadura cívico-militar por 17 años que, según cifras oficiales, causó
más de 40 mil víctimas directas entre asesinados, desaparecidos y
torturados.
Al igual que cada año en esta fecha, muchos salieron a las calles a
expresar dolor, homenaje y recogimiento frente a los sucesos de aquella
jornada, ferozmente marcados por la muerte de Allende en el Palacio de
la Moneda, quien cumplía así su promesa de no renunciar y no rendirse a
los
generales traidores, como los llamó ese día, y su aseveración de que
pagaré con mi vida la lealtad del pueblo.
Pese a los años transcurridos, siguen impactando las imágenes del
ejército acribillando la sede del gobierno, bombardeada por tierra y
aire e incendiada con la bandera de Chile flameando entre el humo y
llamas, al igual que la del cadáver del presidente envuelto en una manta
sobre un camastro cargado por militares y bomberos.
Este viernes, el gobierno de Sebastián Piñera fue implacable en
reprimir toda manifestación. En Santiago, una marcha hacia el Cementerio
General –donde está la tumba de Allende y un memorial en cuyo frontis
se gravaron los nombres de más de 3 mil asesinados y desaparecidos– fue
hostigada por la policía. Por la tarde, los carabineros atacaron a
quienes se congregaron en Plaza Dignidad y sus alrededores, estrenando
la maquinaria represiva que por millones de dólares adquirió
recientemente y de la que Piñera se jactó la semana pasada.
Pero este aniversario del golpe tiene algo de particular: en cinco
semanas se cumplirá un año del estallido social del 18 de octubre de
2019, que desató meses de protestas en las que participaron millones,
sólo aplacadas por la pandemia, un conflicto pendiente de resolución; y a
seis de que se realice, el 25 de octubre, un plebiscito para decidir el
inicio de un proceso constituyente que podría culminar con el
desmantelamiento de la
obra mayorde la dictadura, la constitución de 1980, que consagró el neoliberalismo en Chile.
El triunfo de Allende fue un tiempo inverosímil, lleno de esperanzas y colmado de fuerza popular. Aunque en un mundo y un Chile muy distintos, el 18-O ha sido también impensado, súbito, sorprendente para las élites y para los subordinados también, que abre enormes esperanzas. El plebiscito nos dirá si avanzan y cuánto. El camino es áspero, pero no hay sendero a una sociedad más justa que no sea escarpado y riesgoso, afirma el intelectual socialista Jorge Arrate, quien fue ministro de Minería con Allende, ex candidato presidencial, abogado y economista.
“El plebiscito podría ser simbólicamente un gran acto de
‘despinochetización’. El dictador asesino serial que traicionó y derrocó
a Allende podrá ser, al fin, arrasado cuando se pone en juego su obra”,
agrega.
Acerca de la trascendencia de lo que viene, señala que
hay que abrir otro horizonte, donde el respeto a las diferencias se conjugue con una igualdad esencial, donde las libertades se respeten sin vacilación, donde el Estado sea una expresión del interés colectivo, del bien común, y frente al cual los ciudadanos tengan adecuada protección.
Respecto de cómo marca el golpe y la muerte de Allende a Chile, Arrate explica que
él encabezó el único gran intento de cambiar el signo del poder en más de 200 años de vida republicana. La forma como fue avasallado su gobierno y sus seguidores marcó a Chile por décadas y no se ha olvidado. Hay una herida profunda en el alma popular’.
Foto Ap
Aldo Anfossi
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
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