Somos un Colectivo que produce programas en español en CFRU 93.3 FM, radio de la Universidad de Guelph en Ontario, Canadá, comprometidos con la difusión de nuestras culturas, la situación social y política de nuestros pueblos y la defensa de los Derechos Humanos.
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martes, 13 de octubre de 2020

Donald Trump y la máscara del coronavirus

Víctor Flores Olea

Donald Trump se ha quitado el cubrebocas necesario en el contexto de la pandemia y se ha puesto directamente la máscara del coronavirus.

¿Esperando qué? Probablemente una ola de lástima que lo exima de todas sus desaciertos anteriores. Pero, ¿ocurrirá tal cosa? Lo dudo mucho, porque tendría que estar enfrentado a un público, a un pueblo tan… como él mismo, y esto lo dudo mucho, ya que el presidente debe ser visto, ahora, por una mayoría de ciudadanos de su país, más como un victimario que como una víctima, más como un mal chiste de su política que como un héroe.

Hasta ese punto el presidente del país más fuerte del mundo se debe haber equivocado en estas primeras acciones de su nueva campaña electoral. Me temo que ahora lo deben ver casi como un clochard pretencioso que con el traje rasgado y arrugado mantiene sus ínfulas de señor-dueño, y se ve a sí mismo, otra vez, en la Oficina Oval de la Casa Blanca dando órdenes a los lambiscones de todo mundo, pensando que en verdad es brillante y que en un santiamén resuelve los problemas de la gente. Ha jugado su carta más arriesgada, probablemente sin éxito. Debe haber visto en alguna publicación el repertorio de las máscaras griegas, y eligió una de las más grotescas, que probablemente ilustraban alguna de las comedias de Aristófanes, que no siempre supo resolver positivamente los líos en que metió a sus personajes.

¿Lo hará Donald Trump con su nuevo disfraz, con su nuevo personaje? Lo dudo mucho, porque los personajes de Aristófanes en general eran muy agudos y capaces de salir de los peores enredos. Que no parece ser el caso del magnate republicano, al contrario, que no parece tener buena solución en los momentos humorísticos que vive y que más bien parecen cerrársele al cuello amenazadoramente.

Su acto circense no anunciaría un final feliz, sino que apenas repetiría esos momentos, como el año pasado, en que un pueblo como el de Estados Unidos prefirió a un racista consumado, que no sólo por eso se aproxima al fascismo, sino por su opinión sobre infinidad de los grupos étnicos y culturales que hoy componen al gran pueblo estadunidense, en que muchas veces prevalece el racismo y la idea de la supremacía blanca y sajona al lado de un desprecio claro por los pueblos hispanos y euroasiáticos.

Permítanme creer que después de tantas luchas y tragedias (los dos Kennedy, Martin Luther King, la Segunda Guerra Mundial) el gran pueblo de Estados Unidos ha llegado a un punto en que el racismo y el odio deben estar diluidos o muy diluidos como ingredientes del melting pot. Ante tanta perspectiva humana combinada no se concibe fácilmente que se elija a un racista y a un ignorante de la talla de Trump. Las sociedades mismas, más que las universidades, son el mejor medio de aprendizaje, para los integrantes de esa sociedad. Son su mejor medio de ilustración y saber.

Ya veremos, pero adelanto optimistamente que Joe Biden, el candidato demócrata, no obstante sus debilidades en el contacto con la gente, seguramente muy inferiores a las capacidades en este sentido que tuvieron Barack Obama o Hillary Clinton, con un contrincante como Donald Trump, tiene todas, o mil y una oportunidades para ganar la próxima elección en Estados Unidos.

No resultará fácil, porque en situaciones electorales difíciles la voz de la demagogia se deja escuchar en su peor versión. Pero deseamos pensar muy firmemente que, al final de cuentas, se impondrá la voz más razonable, que es la de Biden, para bien de EU, de México y el mundo.

¿La caída de la Casa Trump?

 American curios

David Brooks

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▲ Melania Trump (en imagen de archivo)rechazó críticas de los medios hacia la política de su esposo, el presidente estadunidense, Donald Trump, que separa familias de migrantes y, según grabaciones recién reveladas, argumentó que los indocumentados sólo siguen un guion para obtener el asilo.Foto Afp
De repente parece que es posible que se esté atestiguando la caída de la Casa Trump. Tal vez es porque se han acumulado demasiados ejemplos de corrupción, engaños y mentiras, demasiadas sospechas y quejas de corrupción, y muertes por ineptitud en el manejo de la peor crisis de salud pública en un siglo (es ahora el cuarto episodio más grave de pérdida de vidas en la historia del país).

¿Ya acabó? Aquí está lo que todos en Washington están pensando pero que no desean decir en voz alta: el presidente Donald Trump va a perder esta elección, se atrevió a reportar Politico la semana pasada, señalando las encuestas recientes y los republicanos alarmados. Recordó que nada es seguro, pero que todo indica ese resultado.

Junto con el manejo criminal de la pandemia, la corrupción y tal vez demasiadas historias de engaños y perversiones están dañando la marca Trump. Tan sólo en los últimos días y semanas se han revelado más actos corruptos del clan en la Casa Blanca. El New York Times, además de revelar que el magnate ha evitado pagar impuestos federales, también descubrió una deuda personal por más de 400 millones a no se sabe quién, un traslado posiblemente ilegal de fondos a su campaña y que su empresa ha lucrado de lo que el Times llamó un sistema directo de tráfico de influencias presidenciales sin rival en la política estadunidense. Lo que Trump denunciaba como el pantano de Washington sólo ha sido sustituido por su propio pantano.

Muchos sospechan que el presidente parece estar cada vez más desesperado y hasta histérico en esta recta final de la elección porque sabe que si pierde, sin inmunidad está dentro de las posibilidades de que podría ser el primer mandatario en ser encarcelado después de concluir su periodo, como resultado de investigaciones guiadas por esa regla sencilla: follow the money.

Mas aún, la imagen de la Casa Trump se está deteriorando cada vez más, con nuevas revelaciones que podrían acelerar su eventual caída, no porque sean sorprendentes, sino porque se agregan a tantas anteriores.

En grabaciones de la primera dama recién reveladas, Melania rechazó críticas en los medios por la política de su esposo de separar familias inmigrantes y argumentó que éstas siguen un guion para obtener el asilo. En otras declaraciones grabadas se queja de que la revista Vogue estaba por poner en su portada a la actriz de pornografía Stormy Daniels, a quien Trump le pagó para guardar silencio, refiriéndose a ella como la puta de porno (Daniels respondió a las nuevas revelaciones la semana pasada con un mensaje a Melania: “aunque no me pagaron por sexo y por lo tanto técnicamente no soy una ‘puta’; tú vendiste tu coño y tu alma”). Por otro lado, resulta que Kimberly Guilfoyle, la novia del hijo de Trump, Don Jr, quien fue seleccionada por el presidente para ser una de las mujeres prominentes de su campaña para ayudarlo con el voto femenil, fue despedida de su empleo como presentadora de Fox News en 2018 después de que fue acusada de hostigamiento sexual contra mujeres que trabajan bajo su mando, y también de instarlas a que tengan sexo con hombres poderosos, reveló The New Yorker.

Hay señales de que algunos líderes republicanos están empezando a marcar distancia de su jefe, algo impensable hace unas cuantas semanas, después de justificar y defender las múltiples violaciones del mandatario durante los últimos cuatro años, lo que ha llevado a algunos a comentar sobre cómo las ratas abandonan a un barco cuando se empieza a hundir.

Pero aún es posible que esto acabe como esas películas de horror donde siempre, al final (y sobre todo si de repente es parte de una serie) reaparece el monstruo o el malo, con una sonrisa escalofriante como la de Jack Nicholson en The Shining ( El resplandor), diciendo ya regresé. Será difícil dormir durante las próximas semanas.

https://youtu.be/hmrxebATRgg [por Van Halen]

https://open.spotify.com/track/ 0kA0GzXlFvpOh0JEI3B5cp?s i=vumPXsZoShmXYyVW4ILwvg

https://www.youtube.com/watch?v=9Irip5pIRb4&feature=youtu.be

martes, 29 de septiembre de 2020

Todos hundidos

 

Ciertamente no es este un tiempo para utopías en el mundo. La situación que prevalece en las sociedades, todas ellas, favorecen en cambio las distopías que se formulan desde distintas perspectivas. Hay en ellas valores entendidos, preferencias políticas manifiestas o encubiertas y manipulación. Habría que devolver un lugar central a la reflexión, trabajo y compromiso colectivos; además de un cuestionamiento permanente del ejercicio del poder.

Sin eso último, sea lo que pase no augura nada feliz. Este no es el momento en que George Orwell, Aldous Huxley y otros más propusieron sus distintas visiones de un mundo por venir; hoy todo pasa más de prisa, o como se suele decir, en tiempo real, condición cuyo contenido debería meditarse más.

Es obvio que en el escenario predominante se genera una gran incertidumbre en todos los planos de la vida privada y colectiva, más profunda de laque por su misma naturaleza define la existencia humana. Pero aun así no todo debería darse por perdido, pues podría ejercerse con más decisión y mejor orden neuronal alguna forma de pensamiento que cuestione con claridad lo que sucede.

Esto sería mejor, por supuesto, sin fanatismos de uno y otro lado de lo que solía figurarse como el pasillo entre derecha e izquierda, o conservadores y progresistas o el binomio que se quiera. Me parece que hoy una imagen útil es la de una estructura geométrica compleja de muchas aristas, que expresan las condiciones interconectadas de la vida en sociedad, las que cada vez más aparecen como formas de conflicto y con menos espacio para la colaboración y el entendimiento. Esta situación podrá, deseablemente, enriquecer el panorama intelectual y político, aunque puede, también, provocar más ensañamiento. Nada es seguro.

Formular buenas preguntas es el paso inicial para conseguir respuestas que sirvan de algo, o de mucho. Esto también escasea. Y los medios disponibles para enunciar ese tipo de preguntas y debatirlas no demuestran ser los más adecuados.

Ni por su forma ni por el control que se ejerce sobre ellos. En cambio, crece el ruido en el que se desenvuelven y la inmediatez que las enmarca; las redes sociales que tanto entusiasmo han generado se convierten en mecanismos insulsos, así como de fricción, incluso –desafortunadamente– cuando alientan la organización cuasi espontánea para cualquier propósito e intensión. La sociedad en manos de los intereses y criterios de los Zuckerbergs del mundo y cada vez más monopolizados, no es algo que se antoje para nada.

Hacer buenas preguntas, ayuda a fijar la atención, a pulir nuestros puntos de vista y definir la manera en que queremos hablar, comunicarnos, actuar o no. Hace ya más de una década, el francés Jaques Attali hizo un ejercicio de este tipo y puede servir como una referencia; ancla sus argumentos en la historia, la experiencia, el ámbito de las posibilidades alcanzables. Me refiero a su texto titulado: Una breve historia del futuro; ahí propone una controversia sobre el siglo XXI. Y vaya que estos 20 años se prestan al cuestionamiento profundo y la polémica que, mientras más civilizada, sería mejor. Parte de las condiciones que hoy vivimos, la expone con nitidez y de modo directo el escritor Antonio Muñoz Molina en La otra pandemia, texto sobre la situación política española, pero trasladable literalmente a muchas partes. Con respecto a los políticos establece: “No sé qué podemos hacer los ciudadanos normales, los no contagiados de odio, los que quisiéramos ver la vida política regida por los mismos principios de pragmatismo y concordia por los que casi todo el mundo se guía en la vida diaria.

Nos ponemos la mascarilla, guardamos distancias, salimos poco, nos lavamos las manos, hacemos nuestro trabajo lo mejor que podemos. Si no hacemos algo más esta gente va a hundirnos a todos”.

Observemos lo que acontece hoy en Estados Unidos con respecto al proceso electoral y la negación expresa de Donald Trump para admitir sin cortapisas que respetará el resultado electoral de noviembre. Esto ha abierto un escenario sin precedente en ese país que, si de algo se precia en su sistema político es precisamente de la cesión del poder cada cuatro años (incluye, claro la posibilidad de una relección).

Ronald Reagan, en su discurso de toma de posesión de la presidencia en 1981, planteó este asunto que es explícito en la Constitución. No es necesario estar de acuerdo política o ideológicamente con Reagan. Se trata de que una sociedad, un país tiene que sustentarse en leyes y no en ocurrencias o los deseos de un potencial tirano; tiene que sostenerse en instituciones firmes y aceptadas como la norma, sin los caprichos de un hombre como Trump que ha conseguido polarizar a su nación para su propio beneficio.

Un entorno que prevenga que políticos, legisladores y jueces persigan su conveniencia personal y, así, sean capaces de todo. Se abrirá una polémica sobre el voto, una controversia legal que puede llegar de nuevo hasta la Suprema Corte como ocurrió en el caso de George Bush II y Al Gore en el año 2000, pero con consecuencias mucho más graves e impredecibles. Se habla expresamente de que esta elección puede quebrar a Estados Unidos. Habrá quienes se regocijen con esa posibilidad y eso me parece irresponsable. Ese interregnum expresaría una verdadera decadencia política en Estados Unidos, sin remedio y con una fuerte ola expansiva.

Además, con una pandemia descontrolada, una economía destartalada, el enfrentamiento racial desatado y una desigualdad económica creciente. Como cité más arriba: Si no hacemos algo más, esta gente va a hundirnos a todos.

lunes, 28 de septiembre de 2020

American curios : Asombro

David Brooks

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▲ Un participante en las protestas de Black Lives Matter en Portland, Oregon, recibió ayer atención médica por el gas pimienta que le roció la policía.Foto Afp
Para todos quienes hemos vivido en América Latina, las coyunturas electorales frecuentemente incluían especulaciones sobre el despliegue de violencia oficial, el papel de los militares, golpes de Estado e injerencias extranjeras. Nada de esto estaba en el vocabulario estadunidense en torno a sus propias elecciones. Pero hoy día se puede anunciar que, en este sentido, Estados Unidos ya se latinoamericanizó.

No es que las elecciones en Estados Unidos hayan sido un ejemplo de pureza. Por supuesto, existe una larga tradición de maniobras ilegales, corrupción, una larga historia de supresión del voto y un sistema que no puede garantizar que cada voto cuente, ni que se cuentan todos los votos.

Desde 2016 en adelante también se ha estrenado el tema de la injerencia extranjera en el proceso electoral, provocando investigaciones por agencias de inteligencia, acusaciones contra actores foráneos y denuncias rimbombantes de la violacion de esos sagrados principios de la soberanía y la autodeterminación al intervenir en el proceso democrático de una nación, con muy poca ironía al ignorar la historia de injerencia e intervención estadunidense en demasiadas elecciones del mundo.

Esta coyuntura electoral ya de por sí se realiza en un contexto sin precedente: en la crisis de salud pública más grave en un siglo, en la peor crisis económica desde la Gran Depresión y una crisis social con el estallido del movimiento de protesta más grande de la historia del país sobre el racismo sistémico y la violencia oficial.

Pero junto con ello, es una coyuntura electoral donde el mismo presidente está amenazando con detonar una crisis política tan severa que algunos advierten podría marcar el fin del llamado “experimento americano”.

Trump ha cuestionado el mero corazón del sistema político-electoral del país al declarar de manera abierta que no sólo no reconocerá los resultados de la elección el 3 de noviembre si él no gana, sino que tampoco está dispuesto a comprometerse a una transición pacífica del poder, y que él es el único defensor del país ante la amenaza del desorden en las calles promovido por la izquierda radical y los socialistas detrás de su contrincante demócrata Joe Biden. Nadie nunca ha dicho algo parecido.

Es en este contexto que de repente y por primera vez en Estados Unidos el debate político ahora incluye referencias a golpe de Estado, represión armada, fuerzas paramilitares ultraderechistas y la pregunta de ¿qué harán los militares?

El New York Times recién publicó un reportaje sobre la creciente preocupación en el Pentágono de que Trump colocará a los militares en medio de una crisis poselectoral citando a oficiales comentando que altos generales podrían renunciar si Trump ordena desplegar las fuerzas armadas en las calles para reprimir protestas.

El jefe del Estado Mayor, general Mark A. Milley, respondió a preguntas de legisladores federales afirmando que las disputas electorales deben ser resueltas por tribunales y el Congreso, según la ley, y que la institución castrense es y debe ser apolítica. Concluyó: no anticipo ningún papel para las fuerzas armadas de Estados Unidos en este proceso. No sorprende su respuesta, pero el simple hecho de que se le haya hecho la pregunta, y que haya tenido que responder, ya es alarmante.

De hecho, cada día se informa de cómo más ex altos funcionarios, ex militares, gobernadores, ejecutivos y líderes sociales están alarmados ante la posibilidad de un escenario poselectoral explosivo.

Con cada ataque de Trump contra la credibilidad y las normas del proceso electoral, se nutre la alarma de que ésta es una elección existencial para este país. David Simon, creador de The Wire y Treme, entre otras exitosas series de televisión, tuiteó que las palabras del presidente de que no reconocerá resultados adversos para él indican que nuestra republica está colapsando a nuestro alrededor. ¡Despierten, chingao!

Tal vez lo único que puede evitar el peor escenario es una ola suficientemente masiva del voto a favor de la deportación de Trump del poder.

El momento es asombroso.

https://vimeo.com/459419656

domingo, 27 de septiembre de 2020

Por Assange, por su libertad y contra la tortura de la que es víctima

 alainet.org

Salvador González Briceño

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Foto: https://www.telesurenglish.net/

Foto: https://www.telesurenglish.net/

-Contra el encarcelamiento injustificado; contra el invento de delitos no cometidos

-Contra la extradición y la tortura, y por el derecho del mundo a estar informado

-La solidaridad ahora es fundamental, en la defensa del periodismo profesional

El Tratado Modelo de Extradición de la ONU prohíbe la extradición si la persona no ha recibido, o no recibiría, las garantías mínimas en los procesos penales, consagradas en el art. 14 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (ICCPR). Abogados del presunto inculpado.

Continua como espada de Damocles. Es la amenaza de extradición contra Julian Assange desde Gran Bretaña a los Estados Unidos (EE.UU.), violentando todos los derechos reconocidos —legales, humanos, del respeto a la vida, periodísticos— del presunto delincuente, con cero garantías de por medio.

Violando sus derechos individuales, de libertad de expresión y del derecho a la información, que tienen vigencia en el mundo por los organismos internacionales, tanto la ONU como de derechos humanos.

Porque los señalamientos, o la acusación contra el Sr. Assange, tiene que ver precisamente con eso, con el derecho de la sociedad global a estar enterada o informada sobre las acciones, en este caso de EE.UU. —como de cualquier otro país—, tratándose de violaciones a la vida de terceros.

Sean los derechos de una persona, de cien, de miles de seres humanos. Trátese de un asesinato, de una masacre, un genocidio y, peor aún, de un holocausto como el cometido contra los judíos por Hitler en los centros de concentración durante la Segunda Guerra Mundial.

No se diga referente a la vida de civiles, por actos de guerra del ejército estadounidense, con armamento pesado —o “experimental” con drones—, sin más juicio para el ataque que el “sospechosismo” de ser declarados “terroristas”, cuando no son más que simples ciudadanos con vida propia en su país.

Todavía mucho peor, tratándose de un país invasor como es EE.UU., con un ejército que en su caso declaró “la guerra” a otro sin pruebas —siquiera mínimas—, o por un presunto delito cometido, como para merecer el despliegue de toda la maquinaria de guerra asegurándose carta libre para matar.

Ah, pero sin otro aval que una decisión arbitraria, amén de aprobación por un organismo internacional como las Naciones Unidas.

¡No se mata al mensajero!

Así, tras una secuela de injustificadas acciones, una intervención en países —como Irak, Afganistán, Paquistán, y tantos más— portando la falsa bandera del “terrorismo”, EE.UU. dirige su maquinaria de guerra contra otros solo por la presunta defensa de un “interés nacional”.

Y para salvar al mundo de los “terroristas”. Otra vez a todas luces una acción violenta, de guerra, como cuando no se justifica una intervención de cualquier tipo. Menos para atentar contra la soberanía de otro Estado, peor con una guerra. Aún sin elementos y contra un Estado completamente frágil, sin la posibilidad de defensa.

Luego entonces, tras la divulgación de información referente a los ataques contra civiles por parte del portal WikiLeaks, la difusión de las masacres contra personal inocente —dos periodistas incluidos, en el caso de Iraq—, se ataca al informador y no al militar agresor que permanece impune. Ver video: https://tinyurl.com/y28v77xh

“Cuando WikiLeaks publicó los Registros de la guerra afgana, fueron una fuente invaluable para los periodistas. Mostraron detalles de patrullas regulares, fuerzas locales financiadas por la CIA, operaciones de ayuda y reconstrucción, operaciones de inteligencia técnica, operaciones especiales y operaciones psicológicas, entre otros”. (Craig Murray en: https://tinyurl.com/y239z54v).

Los responsables de las muertes de civiles, su asesinato a mansalva, que está entre los soldados a bordo de los helicópteros y sus comandantes que dieron la orden de ataque, miembros del aparato militar estadounidense.

Qué decir, hacia arriba, en la cadena de mando: En primerísimo lugar el propio presidente en turno, en este caso George W. Bush, luego el Departamento de Defensa o Pentágono, con los generales copartícipes de la invasión, incluidos los de pie tierra, en el país agredido.

¿Qué leyes supranacionales puede tolerar el mundo, tales que un país fuertemente armado y militarmente fuerte —porque valores no los tiene, menos morales—, se adjudique el derecho a invadir a otros sin causa ni justificación?

¿Fue la supremacía o el poder de ataque lo que se dejó pasar, por parte precisamente de la ONU? ¿Acaso los atentados a las Torres Gemelas en 2001, fueron orquestados, comandados o dirigidos por el presidente de un país lejano como Iraq?

¿De dónde se sacó que Sadam Hussein apoyaba al terrorismo y poseer “armas de destrucción masiva”, cuando eso nunca fue probado? ¡Si las evidencias apuntan contrariamente al país invasor de financiar, e incluso capacitar a grupos terroristas en la región de Medio Oriente u Oriente Medio! Por favor.

¿Con qué argumentos se encerró a Assange, se le acusó de publicar los materiales que eran y siguen siendo de interés mundial, o por qué matar al mensajero? ¿Y el actor? ¿El agresor? ¿El asesino y violador de los derechos humanos en dónde queda? ¿Se trata de la impunidad?

Conflicto de intereses en el juicio

Claramente hay colusión anglosajona. Es el tribunal de Bretaña el que tiene la decisión en sus manos, pero desoye que se están violentando los derechos humanos elementales del presunto culpable.

El caso está viciado de origen. Hablan los abogados de Assange, en su llamado urgente, una: “Carta abierta al Primer Ministro del Reino Unido, Boris Johnson, el Lord Canciller y Secretario de Estado de Justicia, Robert Buckland QC, el Secretario de Estado de Relaciones Exteriores, Dominic Raab y la Secretaria de Interior del Reino Unido Priti Patel”. (Fuente: https://tinyurl.com/y462k6dl. Del 14 de agosto de 2020).

Dicen: “Se ha demostrado que la jueza principal de distrito (tribunales de magistrados) Emma Arbuthnot, quien como magistrada principal supervisa los procedimientos de extradición de Assange, tiene vínculos financieros con instituciones e individuos cuyas irregularidades han sido expuestas por WikiLeaks, la organización que fundó Assange.”

Además. Dice la misiva: “La extradición sería ilegal debido a que no se garantiza la protección de los derechos fundamentales de juicio del Sr. Assange en Estados Unidos. Assange enfrenta un juicio en el infame "tribunal de espionaje" del Distrito Este de Virginia, ante el cual ningún acusado de seguridad nacional ha tenido éxito. Aquí, se enfrenta a procedimientos secretos ante un jurado seleccionado de una población en la que la mayoría de las personas elegibles para la selección del jurado trabajan para la CIA, la NSA, el DOD o el DOS, o están relacionadas con ellas.”

Un juicio violatorio de todo derecho. Un proceso que carece de todo respeto a la legalidad. Corroído y políticamente viciado. Un mal precedente para el ejercicio profesional del periodismo en el mundo.

Delitos en el proceso y contra el procesado

El listado de irregularidades se acumula con todas las de la ley:

1.- El peligro, grave, de que Assange sea sometido a un juicio injusto a todas luces ilegal. El tratado Modelo de Extradición de la ONU prohíbe la extradición si la persona no ha recibido, o no recibirá las garantías mínimas en los procesos penales consagrados en el art. 14 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (ICCPR).

2.- La extradición por motivos políticos está prohibida. Los 18 cargos de los que se le señala, todos tienen que ver con la publicación de los materiales de guerra en Iraq y Afganistán, y cables diplomáticos de Estados Unidos y Bahía de Cochinos, con evidencias de crímenes de guerra corrupción y “malversación gubernamental”. De esos 18, 17 son de carácter político. Y: El tratado de Extradición entre el Reino Unido y los Estados Unidos, que constituye la base misma de la solicitud de extradición, prohíbe específicamente la extradición por delitos políticos.

3.- El consenso internacional es que los delitos políticos no pueden ser motivo de extradición. Esto está en el art. 3 del Convenio Europeo de Extradición de 1957, art. 3 CEDH, art. 3 (a) del Tratado Modelo de Extradición de las Naciones Unidas, la Constitución de Interpol y todos los tratados bilaterales ratificados por Estados Unidos durante más de un siglo.

4.- El riesgo de tortura. Tampoco está permitido extraditar a una persona a un país en el que existan motivos fundados para creer que sería sometido a tortura. Un principio consagrado en la convención de la ONU de 1951 sobre el Estatuto de Refugiados, en varios artículos: 33 (1) que no permite excepciones; mismo 33 (1) de la Declaración de asilo de la ONU de 1967, contra la tortura, tratos crueles, o penas crueles, inhumanos y degradantes, etcétera.

5.- Por la violación de la libertad de prensa y el derecho a estar informado. Los delitos del 1 al 18 del que se acusa a Assange de acusación bajo la Ley de Espionaje, violan el derecho a la libertad de expresión, el derecho a la libertad de prensa, y el derecho a saber. El derecho a la liberta de prensa, es piedra angular de las democracias europeas consagradas en el art. 10 ECHR.

“Sin derecho a la libertad de expresión y medios de comunicación libres, independientes y pluralistas, no hay verdadera democracia”, dice en la Resolución 2317 (del 2020) la Asamblea Parlamentaria europea. (En: https://tinyurl.com/y5j44nhw).

Por lo anterior, argumenta la representación jurídica de Assange. El juicio contra el fundador de WikiLeaks adolece por “conflicto de intereses” implícito. Por la “desigualdad de armas” al negársele el tiempo y la asesoría para preparar su defensa, inherente a la presunción de inocencia y la violación al Estado de derecho. Por negar la capacidad al acusado de seguir los procedimientos y dirigir a su equipo legal. Por la negativa a abordar el maltrato al acusado.

Demanda desde la legalidad

Por lo anterior, el cuerpo de abogados demanda la legalidad del proceso, conforme al Estado de derecho.

En ese tenor, “Recordamos —un “recordatorio” de los abogados firmantes, que el gremio periodístico en México, Latinoamérica y el mundo puede y debe convertir en demanda— al gobierno del Reino Unido que el derecho a un juicio justo es una piedra angular de la democracia y el estado de derecho.

“Es un derecho humano básico consagrado en el art. 10 DUDH, art. 14 PIDCP, art. 6 CEDH y art. 6 HRA. Estas disposiciones, junto con los principios del common law de larga data, exigen una audiencia pública y justa ante un tribunal independiente e imparcial, la presunción de inocencia hasta que se pruebe la culpabilidad, el derecho a ser informado con prontitud y en detalle sobre la naturaleza y la causa de los cargos.

“El derecho a contar con el tiempo y las instalaciones adecuados para la preparación de la propia defensa, y el derecho a tener la capacidad de comunicarse con su abogado.” (Documento: https://tinyurl.com/y4pvxh5m).

La solidaridad ahora es fundamental, por el derecho a la libertad de expresión. Por el derecho de la sociedad a estar informada. Y contra las arbitrariedades de los países que violentan el orden jurídico e institucional internacional, atentatorio del derecho elemental a la vida y contra la violencia a personas inocentes, civiles (nunca “daños colaterales” de las guerras) en cualquier parte del mundo.

23-24 de septiembre de 2020.

jueves, 24 de septiembre de 2020

La pandemia no salvará a EEUU de la crisis, como el 11/s

 Salvador González Briceño


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-La guerra fría se acabó, los acuerdos Breton Woods ya no rigen 

-El daño económico-estructural de EEUU no lo salva la pandemia 

En un mundo de conflictos, en un mundo de víctimas y verdugos, la tarea de la gente pensante debe ser —como lo sugirió Albert Camus—, no situarse en el bando de los verdugos. La otra historia de los Estados Unidos, Howard Zinn. 

Cerrado el ciclo de la guerra fría —período de 1947 a 1991, tras la demolición del Muro de Berlín y la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), “El gran fracaso” calificado así por Zbigniew Brzezinski—, la historia del mundo cambió de entonces. La guerra fría no existe más, el “equilibrio” está roto. 

Pero claro que la herencia “fría” sigue en pie. Es por ello que muchos estudiosos quieren comprender el funcionamiento del mundo todavía bajo el mismo esquema de equilibrios entre las potencias, y a cada paso proponen el retorno de la “guerra fría”. 

Pero claro, quedará latente como ese pasado que alimenta las nuevas realidades, también los nuevos enfoques desde la geopolítica y otras ciencias, como reducto de un pasado presente. Posguerra fría si se quiere, con otros elementos, en circunstancias nuevas. 

Solo digamos que no pocos dirigentes socialistas —rusos incluso—, añoran los tiempos del viejo régimen. Qué decir de los obreros, los trabajadores generadores de la riqueza, que legítimamente siguen aspirando a un modelo distinto, más justo. Y la mejor muestra, así sea inacabado, no deja de ser el llamado “socialismo real”. 

El equilibrio existente durante 44 años entre las grandes potencias no desaparece por arte de magia. Dos sistemas económico-políticos competitivos entre sí en un mundo dividido entre capitalismo y socialismo. Los Estados Unidos de América (EE.UU.) de lado occidental del Muro, y la URSS con sus países “satélites” del otro lado.

 La regencia de la “paz armada” se mantuvo por el potencial nuclear de las partes, por la amenaza de la extinción del otro, el acicate para la continuidad de los acuerdos de Breton Woods de finales de la Segunda Guerra Mundial, hasta que cayó la URSS. 

Pero el mundo es otro ahora. Con los lastres de la guerra fría, y una división entre países menos estable, pero libres cada vez más del cuello de botella de dos sistemas distintos entre sí, y en donde ninguno podía actual solo sin el consentimiento del poder central. De ahí la bipolaridad, porque EEUU y la URSS eran los ejes del mundo. 

¿Cuál fin de qué historia? 

Claro que cuando se cayó la URSS los pregoneros del imperio se apresuraron a declarar el “fin de la historia” —como Francis Fukuyama—, con la pretensión única de resaltar la hegemonía, la supremacía y el poder único de un único Estado triunfador dispuesto a regir los destinos del mundo a su manera, vía la guerra para apoderarse de los recursos naturales y humanos. 

No a la buena sino a la mala. La violencia armada contra la humanidad, efectiva para ejercer el poder. “Las guerras de hoy parecen más una forma de control imperial, donde la función bélica sigue siendo una función de policía, para que el sistema se mantenga sustentando el juego de poder de las entidades existentes. La «guerra» es actualmente un estado de conflicto permanente, sin fronteras, ni vencimientos territoriales; sin control por el derecho internacional.” Escribe Sara Sangoi en: “Sobre el concepto de guerra en el mundo actual”. 

A la caída del llamado “socialismo real”, vimos surgir la década del hegemón, como se conoce al llamado unilateralismo estadounidense, por el “fracaso socialista” gracias al complot occidental, como el boicot político y mediático bien orquestado donde hasta el Papa Juan Pablo II puso su parte. 

El período del hegemón no duraría más porque el imperio fue incapaz de controlar sus ambiciones, y nada hizo por evitar/contener y prever los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas. Quedó en evidencia el papelón de la CIA, del FBI, del Departamento de Estado, claramente del Departamento de Defensa, el Pentágono, que igual resultó presuntamente víctima de un avionazo. Si no es que al final sepamos que fueron parte del complot proimperial. 

Así, el 11/S queda como un —digamos— primer estigma de la postguerra fría, de un EE.UU. desafiante y abiertamente retador, una amenaza para el mundo. Como el artilugio no le resultó del todo o fue insuficiente, internamente la economía saltó por los aires con la crisis económica de 2008. 

EE.UU. no se salvó con la agitación “anti”-terrorista. Atacar a los “enemigos”, aquellos poseedores de grandes reservas energéticas, petroleras y gasíferas en Medio Oriente, no contuvo la válvula de presión económica. 

La crisis no se resolvió, solo se pospuso. Y todo indica que la economía estadounidense continúa en el mismo bache, para un país y un sistema entero que se hunde de la mano de la globalización, hoy convertida en lastre neoliberal occidental donde, sin embargo, países como China aprovecharon muy bien la tesis de “fronteras abiertas” para alcanzar las altas tasas de crecimiento en una economía cuyo despegue ocurrió a partir de los años 90 con libre competencia. 

Por motivos geopolíticos y la apropiación de las reservas de petróleo de la región, la estrategia del entonces presidente George Bush fue avalada y, convertida en propaganda por los grandes medios de comunicación, cuando el uso y abuso de la información se corresponde con la “manipulación” para “justificar ofensivas militares”, los señores de la guerra se lanzaron contra los “enemigos” culpados de los atentados del 9/11. 

EEUU, imperio de la guerra 

Desde el 9/11, con el apoyo de los “aliados” en los tiempos de la guerra fría —los agrupados en torno a la OTAN—, el presidente Bush y su “gabinete de guerra” se lanzaron con todo para invadir Iraq. Iban por las reservas, bajo el pretexto de llevar democracia y acabar con el “dictador”. 

Botón de muestra. Nada extraño lo que la historia registra. EE.UU. y sus guerras. Según datos recientes del Council on Foreign Relations (Igor Kuchama, https://tinyurl.com/yxjwvpbz, 4 de junio 2020), ese país ha estado en guerra el 91 por ciento del tiempo (su tiempo), desde 1774 a la fecha. Tan solo actualmente “hay un mínimo de 26 conflictos a nivel mundial, entre ellos: la guerra en Afganistán, las disputas en el Mar Sur de China, la crisis en Corea del Norte, el enfrentamiento con Irán.” 

Con el agregado siguiente: Los presidentes han recordado que tienen en sus manos “una serie de armas mucho más mortíferas que las bazucas, los M16 o los AK47, que son las sanciones arancelarias. A mediados de 2019 EE.UU. tenía 7 mil 967 sanciones vigentes”. O sea, emplear otros medios, como acciones igualmente de agresión contra otros países. Una actuación de guerra permanente, no con balas sino por otros medios. 

Las mismas, como sabemos, incluyen a personajes, empresas, dirigentes, inclusive gobiernos enteros, como Venezuela, Irán, Rusia y, sobre todo —a quien Donald Trump tiene ahora en la mira—, contra China. Medios de manipulación en acción, siempre fieles a sus criterios utilitarios con el “sistema” de las desigualdades inocultables profundizados desde la globalización. 

Pronto, en Iraq, los estrategas de la Casa Blanca, presionados por la economía y la unilateralidad, se ensañaron con Hussein. EE.UU. necesitaba un pretexto para invadir, uno creíble, y las Torres Gemelas dieron la pauta. 

La “venganza” desató una invasión contra el país poseedor de “armas de destrucción masiva”, y su presidente hasta que fue asesinado por una horda atizada y financiada desde la CIA. El “enemigo” era el que tenía el petróleo en su propio suelo, perseguido a nombre de la “libertad” y la “democracia” para robar la riqueza petrolera. 

Ir por los terroristas nunca se justificó claramente. Todavía no está claro cómo fue que una veintena de extranjeros “talibanes”, con idioma, aspecto y actividades “sospechosas”, fuera capaz de secuestrar aviones y derribar los símbolos del país potencia, el “más seguro” del mundo. Mucho menos con el mayor número de agencias destinadas al resguardo de la “seguridad nacional” del país-imperio. 

Solo en el Pentágono, el presunto “avionazo” quedó en mentira. Pronto se impuso la tesis del misilazo, como lo denunció Thierry Meyssan en su libro La gran impostura. Y la Comisión creada para investigar dichos atentados tampoco encontró evidencias. 

Valga citar algunos otros “inexplicables” hechos del 11/S. Por ejemplo: 1) Los cortes transversales en las viguetas de acero de los castillos de la estructura de las Torres; 2) Que la CIA —también el FBI— nunca encontró evidencias del peligro para evitar el posible atentado; 3) Increíble que el antiguo “socio” de la CIA, Osama bin Laden, sería capaz de planear y ejecutar un plan de tamaño alcance. No importa, el pretexto se generó. 

Claramente, y el tiempo es la mejor prueba, EE.UU. fue a una guerra con fines geoeconómicos y para controlar Irak. Geopolíticamente también, para asentar militares en la zona, a punta de perpetuar crímenes contra la población civil. El ardid para permanecer en Medio Oriente. 

Acciones desesperadas 

Imperio hoy en vías de extinción que lucha por sobrevivir, por la supremacía, por el poder y el dinero, en plena situación amenazante de recesión profunda, ese es EE.UU. A Bush le siguió un Obama quien, presionado, tampoco paró las guerras. 

Solo ahora, con el presidente Donald Trump, quien presume rescatar a su país, las cosas parecen peores; para el mundo, pero también para los propios EE.UU., ahora peor posicionado internacionalmente, como vemos en cualquier escenario geopolítico. 

Incluso cabe la posibilidad que Trump no sea reelecto este 3 de noviembre de 2020, pues parece tener tanto a demócratas como republicanos en su contra, y su permanencia en el poder está en veremos. 

Incomprendido, el “revisionismo” de Trump que está por “América primero”, ha tirado por la borda tanto las políticas de los últimos gobiernos como casi todos los preceptos imperiales, aquellos vigentes desde la guerra fría. Pero no es solo por eso que la misma se terminó. 

Pero el cambio no les cuadra a los poderes reales: a los mil billonarios que pagan las campañas políticas; a los dueños de las empresas multinacionales estadounidenses que cabildean fuerte en el Congreso; a los grupos del poder judío, los poseedores de muy fuertes capitales; al sector financiero y especulativo; a los agentes de la industria de guerra, la conocida maquinaria militar-industrial desde los años 80 —por no hablar de los generales del Pentágono. 

Inclusive esa puede ser la razón por la que se desató el otro estigma de la debacle, nuestro siguiente tema: la pandemia provocada por el Covid-19, o la guerra por otras vías, la llamada bacteriológica. Cuando nada indica que sea un virus “natural” sino producto de laboratorio. 

Luego entonces. Primero fue la guerra fría. Luego los atentados del 11/S. Ahora la guerra del coronavirus, esta otra guerra no declarada contra el mundo, pero clara amenaza contra la vida, guerra bacteriológica. 

La utilidad del coronavirus 

Este es en nuestra propuesta el segundo estigma, lo menos “novedoso” creado/alentado o difundido por el imperio y sus “aliados”, por su gran utilidad. Otro gran pretexto para el ajuste estructural de la economía estadounidense. 

Y para los otros países capitalistas desarrollados, con EE.UU. en primera fila, para una salida pretendidamente “controlada” de una crisis tan profunda cuya solución se ha pospuesto desde el 2008. 

Porque la salida no llega, ni vendrá al haberse extendido o generalizado hasta la fecha. Tampoco porque las leyes del capitalismo son inevitables, irreversibles; a lo más se pueden “posponer” con paliativos, pero no evitar. Las crisis tienen un carácter estructural. 

Es claro que la pandemia no ha provocado la parálisis económica, ese es el escudo, la “alfombra china” bajo la cual se pretende esconder toda la basura de la decadencia y las secuelas de la crisis capitalista, con EE.UU. por delante. 

Antes bien, parte cierto que ha sido Trump quien ha asumido el trastocamiento del viejo orden institucional —la herencia de la guerra fría— de enraizamiento mundial, con los efectos desastrosos en materia de política exterior que está cosechando ya. Es decir, parece más deliberado que Trump se propuso meter en jaque la hegemonía de su país, junto con la globalización. 

Con secuelas en la geoeconomía para EE.UU. donde está perdiendo la batalla con China; en la “superioridad” militar donde está quedando atrás por las modernas armas hipersónicas de Rusia; en la geopolítica mundial donde ha perdido batallas en regiones del mundo clave para el control y disputa con la competencia, para sus empresas en todas las regiones: Medio Oriente, Asia o incluso en Europa, donde ha perdido aliados. 

Qué decir de las secuelas tradicionales —mayores: desigualdad, pobreza, destrucción, enfermedades, muerte, etcétera—, más las acumuladas por la guerra. 

El multilateralismo llegó para quedarse y formar parte del nuevo orden mundial, no el de George Bush padre. Claro que no solo es China, también Rusia y el resto de país que conforman la variedad de países que juegan ya un rol en esta nueva realidad, como: Irán, India, Turquía ¿Gran Bretaña, Alemania y Francia también? No sería de esperar otros escenarios de guerra, menos fría, pero tampoco “caliente”, esperemos no nuclear. 

Nada garantiza la supremacía 

Finalmente, EEUU terminó perdiendo la batalla tras la guerra fría. Ante el mundo, el descrédito es mayúsculo, pese a la mediatización de sus instrumentos de comunicación de masas. 

Así como se le acabó pronto el pretexto de los atentados a las Torres Gemelas, las secuelas del impacto del covid-19 no le alcanzarán tampoco para su intentona de controlar el mundo, en esta nueva fase de la historia ciertamente más compleja y complicada para todos. Un reto para la geopolítica. 

Más cuando, llegada la crisis, EE.UU. perderá en todos los terrenos. La contención vendrá desde los otros aliados, de los opositores al imperio. Pronto se presionará para el cambio de instituciones internacionales como Naciones Unidas, por el respeto a la Naturaleza al cambio climático, por el retiro de las 800 bases militares de países extranjeros. 

Se propondrán cambios a todos los reductos heredados por la guerra fría. Se impedirá el robo de los energéticos de terceros países, a beneficio de las petroleras estadounidenses. Bueno, prohibir el mercenariato. Nuevos acuerdos nucleares, para meter en cintura a los poseedores de armas atómicas (EE.UU. va en reversa, al salir Trump de los acuerdos: START, IMF con Rusia y el de Irán). 

Serán por sus propios pilares, los castillos en que se cimenta como las Torres Gemelas, los causales del derrumbe. La lógica interna se impondrá. Y así como el “derrumbe” de la URSS no garantizó la supremacía de EE.UU., tampoco la tuvo con el 11/S y no la conseguirá con el covid-19. El hundimiento de EE.UU. como potencia hegemónica y agente geopolítico en el orden mundial es inevitable.

 Ciertamente los imperios se imponen con las guerras, los crímenes y el terror en su máxima expresión, la política del miedo y la muerte. Pero el fin llega. Ni el poder ni la dominación son para siempre. Es la historia de los imperios, de todos. Crecen, declinan y caen. 

20-21 de septiembre de 2020. 

Salvador González Briceño

Director de geopolítica.com, @sal_briceo. 

 https://www.alainet.org/es/articulo/209002    

lunes, 21 de septiembre de 2020

Rusia y China poseen satélites mortales, según el Pentágono

 Bajo la lupa

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▲ El presidente Donald Trump en campaña en el aeropuerto de Fayetteville.Foto Ap
El pugnaz Secretario del Pentágono Mark Esper comentó que China y Rusia han colocado armas en los satélites y desarrollan armas energéticas dirigidas para explotar los sistemas de EU y así desgajar (sic) nuestra ventaja militar.

Mark Esper –que no repetirá como secretario del Pentágono en caso de una relección de Trump– arremetió contra China y Rusia que buscan erosionar nuestro duradero (sic) dominio de poder en los cielos mediante fuegos de largo alcance, sistemas anti-acceso/área-de negación y otras capacidades asimétricas diseñadas para contrarrestar nuestras fortalezas, mientras que, en el espacio, Moscú y Pekín han convertido la otrora arena pacífica en un dominio de guerra. ¡Cuando ha sido todo lo contrario!

Esper abundó que “Rusia, China, Norcorea, Irán y algunos grupos extremistas violentos buscan explotar el ciberespacio para socavar la seguridad de EU sin tener que confrontar su superioridad convencional en un entorno incremental de ‘zona gris’ de compromiso que nos mantiene en un estado perpetuo (sic) de competencia”.

Agregó que para el año fiscal 2020, los rubros de investigación y desarrollo son los más grandes de la historia de EU que se concentran en tecnologías críticas tales como armas hipersónicas, energía directa y sistemas autónomos, además de la ciberguerra y las tecnologías de punta como la inteligencia artificial y el G5, mientras busca trasladar las guerras a las nubes computacionales.

La exageración habitual del peligro ruso y chino sirve como pretexto para el descomunal incremento fiscal de la militarización del espacio por el Pentágono (https://bit.ly/2REf1Jb).

Trump ordenó en junio al Pentágono la creación de la sexta rama del ejército de EU: la fuerza espacial.

HispanTV da vuelo a las bravatas de Mark Esper y rememora que el Pentágono ya había advertido desde febrero pasado que el espacio se convertirá en un campo de batalla de EU con China y Rusia, ya que Rusia y China están desarrollando tecnologías que podrían acabar con la preminencia de la posición de EU en el sector espacial y que con sus armas antisatelitales, incluidos los sistemas de guerra electrónica, investigan desarrollar armas láser para perturbar, degradar o dañar los satélites de EU y sus sensores (https://bit.ly/3c7tqqw).

Mas aún: China, además de armas láser de energía dirigida, cuenta con un misil capaz de atacar satélites en órbita baja alrededor de la Tierra.

HispanTV señala que Michael Griffin, responsable de innovaciones militares del Pentágono, había anunciado en septiembre de 2019 que EU evaluaba la posibilidad de llevar misiles antibalísticos al espacio y nuevos sensores para detectar la trayectoria de misiles súper rápidos e hipersónicos.

El zar Vlady Putin advirtió a EU de no usar el espacio como teatro de guerra, ya que Moscú se opone a su militarización (https://bit.ly/33SXT8n) y fustigó que el liderazgo militar-político de EU considera al espacio ultraterrestre como un teatro de operaciones militares que busca preservar su dominación estratégica (https://bit.ly/2ZKzCzK).

La militarización del espacio por EU infringe el Tratado del Espacio Ultraterrestre que prohíbe la militarizacióny fue firmado en 1967 por más de 100 países, incluido EU.

Rusia alerta que una guerra en el espacio podría tener consecuencias nefastas para la seguridad internacional y la estabilidad estratégica.

La cancillería de Rusia señala que no busca los objetivos de dominación y superioridad, sino que persigue su uso pacífico y llevar a cabo exploraciones en el espacio.

China no se queda atrás y advirtió a Trump de no crear un campo de batalla en el espacio: EU ha estado empujando su estrategia de dominación espacial, yendo más allá en el camino del emplazamiento de armas en el espacio exterior y arriesgándose a convertirlo en un nuevo escenario de guerra (https://bit.ly/3hGLRUb).

La próxima guerra de las tres superpotencias, que buscan el precario equilibrio estratégico, se desarrollaría en el espacio: tanto el cibernético como el orbital.

http://alfredojalife.com

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Vk: alfredojalifeoficial

https://www.youtube.com/channel/ UClfxfOThZDPL_c0Ld7psDsw?view_as=subscriber

Milton Friedman a 50 años


Por distintas circunstancias éste es un momento oportuno para repensar la idea propuesta por Milton Friedman hace exactamente 50 años en un artículo publicado en la revista del New York Times. Se trata de La responsabilidad social de la empresa es incrementar sus ganancias.

El de Friedman (1912-2006) es un caso de interés y relevante en cuanto al contexto histórico y el ambiente político-social en que se generan las ideas y logran progresar hasta convertirse en predominantes. Su influencia se gestó en un proceso largo de formulación de principios de una teoría económica con un alto impacto en el diseño e implementación de las políticas públicas que, en buena medida, se asentó en la mayor parte del mundo.

En 1964, durante la campaña por la presidencia de Estados Unidos del senador republicano Barry Goldwater, uno de los economistas en su equipo de asesores era Friedman. En un artículo publicado en marzo de ese año se cita que era considerado un hombre brillante y enormemente articulado, pero también completamente irresponsable y que no ofrece ningún consejo que alguien seguiría. Las cosas fueron muy distintas.

Desde entonces Friedman se oponía a la existencia de los sindicatos; la regulación gubernamental de los negocios; las funciones de la Reserva Federal, al sistema de salud Medicare, que consideraba un desvarío socialista y al Nuevo Trato de Roosevelt del que decía que fue un error. En resumidas cuentas: menos gobierno y menos impuestos eran la fórmula más adecuada de encauzar la economía.

La historia de Friedman y la escuela de Economía de Chicago, de la que se convirtió en representante indiscutible, expresa el desenvolvimiento de la confrontación que surgió entre lo aquí podría, por conveniencia, denominarse como el pensamiento libertario planteado por Friedman en su libro Capitalismo y Libertad de 1962 y el liberalismo de raíz keynesiana. Desde lo años 1980, la primera tendencia ha sido ideológicamente predominante.

En medio de las controversias que desató la formulación de Friedman sobre el funcionamiento de las empresas, enfocadas en acrecentar sus ganancias (https://cutt.ly/ufKrIQB), ésta consiguió establecerse progresivamente como la verdad acerca de que no sólo las ganancias son esenciales para la supervivencia de un negocio, sino incluso es lo único que importa.

En todo caso, las ideas de Friedman y la escuela de Chicago se posicionaron de modo cada vez más firme en el debate económico y político. Incidieron decisivamente en la definición del sistema de producción, financiamiento y distribución. De modo práctico esa misma visión se aplicó de modo brutal en Chile desde 1973 y se estableció de manera decisiva, paralela y gravosa con los gobiernos de Thatcher en Gran Bretaña (1979-1990) y Reagan en Estados Unidos (1981-1989).

La ideología concentrada en la obra de Friedman, desde aquella querella en torno al objetivo esencial de la ganancia en las empresas y la separación de lo que concierne al orden económico versus el orden político, encajó con precisión en la formación del orden neoliberal.

En su esencia, el neoliberalismo concibe las relaciones sociales en términos de la competencia y a los ciudadanos como consumidores que ejercen sus preferencias en el mercado, donde se sanciona la ineficiencia. Las ventajas que así se obtienen se confrontan con la ineficacia de la planificación estatal.

El término se acuñó en 1938 en París y se definió la ideología que lo sustentó. Ahí asentó la influencia de sus dos pensadores seminales Frederick Hayek y Ludwig von Mises que concebían las políticas intervencionistas de Roosevelt y las del estado de bienestar británico como formas de colectivismo, asimilables al comunismo e incluso al nazismo. En el fondo ése es el meollo de la controversia neoliberal: el papel del individuo a la manera de El manantial de Ayn Rand o de la misma Thatcher que afirmaba que la sociedad no existe, sólo los individuos.

En 1947, a instancias de Hayek, se creó la Sociedad Mont Pèlerin (una aldea Suiza) para debatir sobre el destino del liberalismo clásico y la resistencia que debía armarse en contra del intervencionismo estatal y la planeación, ya fuera de índole marxista o keynesiana.

Entre sus fundadores estaba Friedman. Con esto pretendo apuntar a la manera en que las ideas de tanto raigambre se van configurando, insisto, hasta convertirse en modelo de un cierto orden social con un papel que pretende ser muy definido para lo privado (como es el de las ganancias de las empresas) y el Estado, que no debe intervenir, aunque lo hace todo el tiempo, aunque sea por omisión, como es el caso de la desregulación lo más amplia posible. Caso en cuestión, por ejemplo, el del sector financiero.

La lectura del ensayo cincuentenario de Friedman exhibe la fuerza y la resistencia de esas ideas, cuando menos hasta la crisis de 2008, por el severo impacto redistributivo que ha tenido y la fuerte intervención gubernamental que ha propiciado en la asignación de los recursos financieros. Al cuestionamiento de las políticas neoliberales se ha sumado ahora el efecto de la pandemia. Alternativas sustentables están aún en proceso en el mejor de los casos.

No olvidemos la advertencia de Keynes: Las ideas de economistas y filósofos políticos, tanto cuando aciertan o yerran, son más poderosas de lo que comúnmente se piensa. En efecto, el mundo está regido por poco más que eso. La gente práctica, que piensa que está exenta de toda influencia intelectual, es usualmente esclava de algún difunto economista. Seguramente lo aplicaría a sí mismo.

El drama ha empezado


Arturo Balderas / II

Una de las más profundas cuarteaduras en el sistema electoral estadunidense ocurrió en los comicios del año 2000. Es paradigmática la diferente interpretación que las autoridades de la materia del estado de Florida hicieron sobre la forma en que algunas boletas de votación fueron marcadas, lo que obligó a los representantes de los candidatos a un litigio que duró más de una semana. El conflicto escaló hasta la Suprema Corte de la Nación, que a final de cuentas otorgó la presidencia a George W. Bush. Para decirlo en pocas palabras, Bush no ganó las elecciones, pero un evento no previsto en el proceso obligó a que se aplicara un parche para subsanar una de sus tantas fallas. La Suprema Corte actuó como elector supremo, y todo el proceso electoral dejó una estela de insatisfacciones y dudas sobre su integridad y confiabilidad.

¿Cuáles son las lecciones que dejó ese desastre? A juicio de diversos especialistas, una de las rémoras en la democracia estadunidense es su anticuado y ahistórico Colegio Electoral. Lo que en 1787 fue necesario para lograr la integración de la Unión Americana, hoy en día ya no. Las circunstancias han cambiado radicalmente con el correr de los años: el crecimiento del electorado, su composición, su distribución geográfica y la incorporación de la tecnología a la hora de votar y contar los sufragios. Conclusión: la manera en que se elegía a los gobernantes en el siglo XVIII es totalmente inadecuada para el siglo XXI y ha debilitado la esencia de la elección como medio democrático por excelencia.

A diferencia de los países como el nuestro, en los que hay una base normativa única para el proceso electoral, en Estados Unidos cada estado apela a su derecho soberano a establecer las normas de y definir quiénes lo representarán en el Colegio Electoral, instancia en la que se designará al presidente. Hay alguna similitud en la normatividad de la mayoría de los 50 estados que integran ese país, pero sus diferencias son las que han vuelto cada vez más complicada la definición del ganador de la presidencia.

Actualmente cada estado tiene un sistema propio de organizar, realizar y en general administrarlas. Así, en 24 estados el responsable del proceso es el Secretario de Estado; en dos es el vicegobernador; en tres es el jefe de la oficina electoral, quien es designado por el Congreso del estado; en cinco es el jefe de la oficina electoral, designado por el gobernador; en nueve, una comisión electoral bipartita, nombrada por el gobernador y ratificada por el Senado del estado, y en siete es un jefe de elección y una comisión electoral.

Esa atomización es el motivo de que el conteo y recuento de votos, una vez concluida la elección se haga por diferentes métodos y con diferentes sistemas. Debido a ello, la información sobre los resultados es fragmentada, amén de que cada estado decide cuándo y cómo darlos a conocer, situación en la que coadyuvan los diferentes husos horarios. A fin de cuentas, en votaciones muy disputadas, da lugar a que cada candidato se declare vencedor cuando lo considere más conveniente, lo cual redunda en una confusión general sobre cuál es el verdadero ganador.

Así sucedió en las votaciones del año 2000 y en las de 2008, cuando la cadena Fox de televisión se adelantó y dio un resultado que difería con el de otras cadenas nacionales. El problema está a la vista y puede ser de suma gravedad después de que Donald Trump advirtió que él será quien anuncie el resultado de los comicios sin esperar el conteo total de votos. Obviamente, su pretensión es declararse ganador de antemano.

Nota: murió la juez Ruth Bader Ginsburg, ministro de la Suprema Corte, cuyo sentido de la defensa de los derechos humanos, y los de las mujeres en especial, la convirtieron en icono liberal del sistema de justicia. Su lamentable fallecimiento tornará aún más crítica la situación política en las semanas, los meses y años que vienen.

American curios : Historia desobediente

David Brooks

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▲ El presidente Donald Trump denunció la semana pasada que el gran historiador Howard Zinn –junto con otros progresistas– tiene la culpa de desorientar y engañar a generaciones de estudiantes al adoctrinarlos con nociones izquierdistas y antipatrióticas y llamó a defender el legado de la fundación de Estados Unidos y enseñar a nuestros hijos la verdad sobre nuestro país.Foto del sitio de Internet https://www.howardzinn.org

El gran historiador Howard Zinn sigue siendo peligroso para las cúpulas a una década de su muerte, tan peligroso que el presidente acusó que él –junto con otros historiadores, periodistas y educadores progresistas– tiene la culpa de desorientar y engañar a generaciones de estudiantes al adoctrinarlos con nociones izquierdistas y antipatrióticas (el macartismo nunca está lejos).

En su discurso el jueves pasado dentro del Museo de los Archivos Nacionales –donde están exhibidos los documentos originales de la Declaración de Independencia y la Constitución– Trump atacó una serie especial del New York Times llamado Proyecto 1619 (por el año en que llegaron los primeros esclavos africanos a estas tierras), y las obras de Zinn.

“Nuestra misión es defender el legado de la fundación de Estados Unidos... tenemos que sacar la telaraña de mentiras en nuestras escuelas y aulas, y enseñarle a nuestros hijos la verdad magnífica sobre nuestro país… y que son los ciudadanos de la nación más excepcional en la historia del mundo”, declaró Trump.

Acusó que turbas izquierdistas que han tumbado estatuas de nuestros fundadores están buscando bulear a estadunidenses para que abandonen sus valores, su herencia y su misma forma de vida. Afirmó que “la revolución cultural izquierdista está diseñada para derrocar a la revolución americana”.

Denunció que las protestas y expresiones de disidencia por la justicia racial en las calles hoy día “son un resultado directo de décadas de adoctrinamiento de izquierda en nuestras escuelas… Nuestros niños reciben instrucción de textos de propaganda, como aquellos de Howard Zinn, que buscan que los estudiantes se avergüencen de su propia historia”.

Por todo esto, Trump declaró que firmará una orden ejecutiva para restaurar la educación patriótica en nuestras escuelas. O sea, cualquier crítica de la historia oficial –incluidos esclavitud, racismo, actos antimigrantes, sexismo y más– será considerada antipatriótica por Trump y sus aliados.

Claro, con esta óptica, no se menciona que gran número de los fundadores y héroes oficiales del país eran dueños de esclavos, ni tampoco que realizaron guerras y prácticas genocidas contra indígenas y posteriormente contra otros pueblos mas allá de las fronteras, ni su represión política y laboral, sus políticas antimigrantes hasta el presente.

Zinn –quien era colaborador de La Jornada– insistía en contar la historia de este país desde abajo (su gran obra, Peoples History of the United States, sigue siendo el texto de historia más vendido en este país), no sólo para criticar la versión oficial, sino también para revelar y destacar quiénes eran los héroes reales desde el inicio hasta hoy día, los cuales incluyen los rebeldes populares a lo largo de la historia de este país, una historia en gran medida invisible en las escuelas y hasta universidades estadunidenses (https://www.howardzinn.org).

“Tú dices que nuestro problema es la desobediencia civil, pero ese no es nuestro problema. Nuestro problema es la obediencia civil. Nuestro problema son el número de personas a través del mundo que han obedecido los dictados de los líderes de sus gobiernos y han ido a la guerra, y millones han muerto por esta obediencia... Nuestro problema es que la gente es obediente por todo el mundo frente a la pobreza y la hambruna y la estupidez y la guerra y la crueldad… Ese es nuestro problema”. Howard Zinn, mayo 1970.

Zinn es más peligroso que nunca ante un régimen que necesita borrar la historia real de su pueblo para imponer la ley y el orden, sea, la obediencia civil, requisito para consolidar su proyecto de poder. La lucha por la conciencia histórica es parte esencial de la lucha por la democracia.

https://www.jornada.com.mx/ 2004/09/18/04091802.pdf

https://www.jornada.com.mx/ 2007/08/23/index.php?section=opinion&article=036a1mun

https://www.jornada.com.mx/ 2008/11/08/index.php?section=opinion&article=026a1mun

https://www.jornada.com.mx/ 2003/07/04/029a1mun.php?origen=index.html&fly=2

https://www.democracynow.org/shows/2006/ 2/20?autostart=true

domingo, 20 de septiembre de 2020

China, ganona en elección del BID

 Mirar al sur

Oscar Ugarteche escribe en ALAI que “el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) está a punto de ser intervenido por un funcionario del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos (EU) a petición del presidente… La razón, aduce, es la presencia de China como financiador en América Latina. Con un capital social de 34 mil millones de dólares, es un pequeño banco multilateral. China financia grandes proyectos fuera de esta institución. El funcionario mencionado por Ugarteche es el ultraderechista Mauricio Claver Carone, hombre proa contra Cuba y Venezuela de la Casa Blanca.

El BID tiene una larga historia… Sin embargo, la llegada de Fidel Castro a Cuba fue lo que hizo que EU comenzara su creación…Desde entonces, hemos visto la intervención ilegal estadunidense en Nicaragua, traficando drogas por armas… También la invasión de Granada, la interferencia directa en Honduras, Paraguay, Brasil y, más recientemente, Bolivia. Peor aún, hemos visto los repetidos intentos de intervención en Venezuela… La no intervención… se estableció como principio general del derecho internacional en la Carta de la ONU. La evidencia muestra que la soberanía sólo existe para EU, que… pisotea a todo el mundo en nombre de los intereses corporativos bajo el disfraz de la libertad y la democracia.

China tiene un liderazgo mundial orientado hacia la energía limpia, frente al combustible fósil patrocinado por EU… Un argumento por el que demócratas y republicanos estarían de acuerdo en intervenir el BID directamente… es para contrarrestar la influencia china en el sector energético, como el golpe de Estado boliviano, y terminar con el derrocamiento de los gobiernos incómodos, estrangulándolos financieramente… Lo que es notable es que las mentes detrás de esto crean que los países latinoamericanos les pedirán prestado dinero. China tendrá una fiesta con países que se acercan a ella por fondos y empresas conjuntas…

Los mismos gobiernos que estaban en contra de tener una arquitectura financiera regional sudamericana… están dispuestos a acercarse un poco más a Washington… Trump ha expresado su desdén a todos esos países mexicanos. Debe ser el punto más bajo en más de un siglo en la diplomacia latinoamericana y el más alto en el intervencionismo estadunidense, simbolizado por el Grupo de Lima. También es una clara señal de que EU no lidera y debe imponer su voluntad. Las elecciones presidenciales del BID… resultarán en que los países latinoamericanos no hagan más uso del banco y acudan a las instituciones chinas en busca de recursos para el desarrollo, concluye Ugarteche (véase www.alainet.org/es/articulo/208864).

Twitter: @aguerraguerra

sábado, 19 de septiembre de 2020

¿Es la verdad antipatriota?

 Jorge Majfud


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Foto: https://www.cubaenmiami.com

En un discurso en el National Archives Museum, el presidente Donald Trump propuso la creación de la Comisión 1776 para crear un programa de educación más “pro-estadounidense” al tiempo que advertía de “un movimiento radical” que ha surgido de “décadas de indoctrinación izquierdista en las escuelas y en las universidades” que hace que los estudiantes “sientan vergüenza por su propia historia”.  

Algo así como que un presidente ruso o un canciller alemán reclame que los jóvenes de su país no se avergüencen de los crímenes de su historia. Claro que aquí hay otra trampa lingüística que decide el marco del debate. No son “los crímenes de su propia historia” sino “los crímenes de la historia de su país”. De hecho, no somos responsables por las matanzas de indios, de negros, de mexicanos y de los habitantes de todos aquellos países tropicales donde la “raza superior” (sic) desembarcó con sus marines para imponer sangrientas dictaduras en nombre de la libertad. La estrategia lingüística y simbólica de quienes se creen dueños de los países consiste en identificar sus ideas con toda una nación. Una parte de esta estratégica confusión radica en incluir a los ciudadanos de hoy en ese “we” (nosotros) cuando se habla de una intervención que ocurrió hace cien años en Filipinas o unos años atrás en Afganistán sin siquiera haber participado en la decisión de las ejecuciones y los bombardeos. No somos responsables de algo que nunca aprobamos; somos responsables de nuestra respuesta ante las peores verdades del pasado y del presente. Pero esa es la trampa: si los ciudadanos se sienten responsables de algo que no cometieron, la mayoría lo defenderá a muerte y la historia se repetirá. No por casualidad, el ardiente debate en Estados Unidos continúa estancado en la Guerra Civil de 1861.   

Los llamados a controlar la libertad académica son viejos. Una década atrás, los senadores conservadores de los estados del sur, partidarios de la Teoría de la Creación en siete días, como forma de “balancear” el creciente dominio de la Teoría de la Evolución quisieron obligar a las universidades a enseñar “hechos, no teorías”. En sólo tres palabras demostraron el grado de brutalidad intelectual al que suelen llegar los hombres en el poder. Luego hubo otras propuestas para “balancear” la cantidad de profesores liberales (de izquierda) con los profesores conservadores (de derecha).  

Naturalmente, este es un lugar común de aquellos que se llenan la boca con la democracia y la libertad, pero odian la democracia y la libertad cuando son reclamadas por otros. El modelo del presidente Trump es el presidente Andrew Jackson (“el hombre menos preparado que he conocido en mi vida, sin ningún respeto por alguna ley o por la constitución”, según Thomas Jefferson). Jackson, conocido como Mata Indios, fue célebre por robarle los territorios a las naciones indígenas para expandir la esclavitud hacia el oeste y entregarle las nuevas tierras a sus granjeros blancos, que eran, según él, “los verdaderos amigos de la libertad”.  

Por las mismas razones y por la misma cultura, quienes ahora se quejan de la “indoctrinación de la izquierda” en las escuelas y las universidades nunca vieron nada de malo en la indoctrinación sistemática de la derecha que logró imponer falsedades y mitos históricos, como el Destino manifiesto, que persisten luego de años, décadas y siglos.  

En algo tienen razón. El número de profesores progresistas en las universidades, en casi todo el mundo, es claramente superior al de profesores conservadores. Pero lo mismo ocurre en el ámbito cultural fuera de las universidades. Esto no es difícil de explicar. Desde el Renacimiento, los intelectuales comenzaron a oponerse y a criticar al poder. Cuando veas a la gente de la cultura de un lado del espectro ideológico o político, mira hacia el otro para saber dónde está el poder social, aquellos que manejan los capitales, los grandes medios y los ejércitos; aquellos que tienen el poder de contratar y despedir a miles de trabajadores a su antojo.  

Aparte, hay otras razones más obvias. Quienes aman el dinero no tienen a pobres fracasados como Leonardo da Vinci, Albert Einstein o Charles Bukowski como modelos. Los genios no son influencers en un mundo de valores impuestos por la ideología del capital y de la cantidad de cualquier cosa (subscribers, Lamborghinis). Si alguien ama el lujo y le gusta presumir de su bonitas tetas en una playa de Miami o desde su lujoso apartamento de Punta del Este, seguramente no se dedicará diez horas al día a estudiar la Teoría estadística‎. Si alguien sueña con los autos caros o con el poder que emana de una espaciosa oficina ejecutiva, seguramente no se dedicará a la docencia. Si alguien ama el dinero, el prestigio político y social que emana de él y la sonrisa de jovencitas que buscan trabajo para sobrevivir, difícilmente se dedicará a escribir una novela, una investigación sobre la historia de Guatemala o un artículo sobre la dinámica de los fluidos.  

Luego, a la modesta búsqueda de las verdades inconvenientes llaman “propaganda de la izquierda” o “indoctrinación marxista”. La propaganda de la derecha es tan abrumadora que no se ve, como no se ve el aire. Nada o poco se dice de las multimillonarias inversiones en publicidad y en noticias falsas que los lobbies y las compañías invierten, por ejemplo, para propagar teorías y rumores sin base científica, para negar el cambio climático o para destrozar programas de salud públicos.  

La demonización de los críticos es parte de la estrategia propagandística de los dueños del poder y del dinero, algo que quedó demostrado muchas veces, por ejemplo, por la Comisión Church del Senado de Estados Unidos en los años 70: la CIA invirtió cifras millonarias en organizar “protestas populares” y en plantar artículos en los diarios de Estados Unidos y de América Latina para influir en las opinión pública. Gracias a esta ingeniería, millones de personas libres continúan repitiendo, con fanatismo, ideas diseñadas por la Agencia décadas atrás. Esta multimillonaria inversión en los medios y en la cultura con propósitos políticos e ideológicos continua, aunque generando menos documentos secretos y con mucho más millones de dólares que antes.  

Hace pocos días, estudiando la Guerra hispano-estadounidense, comencé por preguntarle a mis estudiantes qué sabían de esta guerra y (asumo total honestidad de su parte) me respondieron, como única respuesta, que todo había comenzado con el hundimiento del USS Maine en La Habana en 1898 por parte de los españoles. Este mito (en flagrante contradicción con los reportes de los mismos sobrevivientes, descartado por diferentes investigaciones y pese al reconocimiento de que todo fue una fabricación del New York Journal y del New York Post para vender más diarios) continúa vivo. El mito patriótico es más real que la realidad y la verdad es antipatriótica.  

Esos mismos señores y señoras, que aman tanto el poder y el dinero y suelen estar en contra de la intervención del gobierno (del Estado) en la vida pública, son los primeros en meter al gobierno para regular todas aquellas verdades que no les conviene, interviniendo en la educación y en cualquier investigación libre e independiente. A esta independencia, el presidente llamó “abuso infantil”. En las universidades trabajamos con jóvenes adultos y a eso le llaman indoctrinación. En las sectas y en las iglesias de todo tipo trabajan con niños inocentes y a nadie se les ocurre intervenir ante ese tipo de indoctrinación y menos llamarlo “abuso infantil”.  

La sola idea de que un presidente se crea con la potestad de establecer qué deben enseñar las escuelas y qué deben investigar los profesores en las universidades es primitiva y fascista. ¿Es la mentira o son las verdades controladas más patrióticas que la verdad cruda? ¿No será que hay algo de libertad en la verdad, por horrible que sea, y es esto lo que tanto preocupa al poder? 

- Jorge Majfud es escritor uruguayo estadounidense, autor de Crisis y otras novelas.​ 

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