Somos un Colectivo que produce programas en español en CFRU 93.3 FM, radio de la Universidad de Guelph en Ontario, Canadá, comprometidos con la difusión de nuestras culturas, la situación social y política de nuestros pueblos y la defensa de los Derechos Humanos.
Mostrando entradas con la etiqueta Prosur. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Prosur. Mostrar todas las entradas

miércoles, 27 de marzo de 2019

Un PROSUR para la desintegración regional

CELAG


La creación del Foro para el Progreso de América del Sur (PROSUR) fue anunciada por Iván Duque el 14 de enero, 11 días antes de que comenzara la ofensiva contra Venezuela. Pero no fue hasta el pasado 22 de marzo cuando se llevó a cabo la cumbre en Santiago de Chile que se institucionalizó la nueva instancia internacional cuyo objetivo es ser la alternativa a la UNASUR.
La Declaración Presidencial sobre la Renovación y el Fortalecimiento de la Integración de América del Sur, también conocida como Declaración de Santiago, que crea PROSUR, fue firmada por los presidentes de Argentina, Mauricio Macri; Brasil, Jair Bolsonaro; Chile, Sebastián Piñera, Colombia; Iván Duque; Ecuador, Lenín Moreno; Paraguay, Mario Abdo Benítez, y Perú, Martín Vizcarra; a quienes se sumó el embajador de Guyana en Chile, George Talbot. De los países firmantes, Chile sostendrá la Presidencia pro tempore durante los próximos 12 meses y, luego, será Paraguay el país que la ostentará.
Si bien no estuvieron representados por sus presidentes, Bolivia, Surinam y Uruguay participaron como observadores en las conversaciones que dieron lugar a la Declaración, aunque se abstuvieron de rubricar el acta. Al respecto, el vicecanciller de Uruguay, Ariel Bergamino mencionó: “no concebimos ningún ámbito de integración con exclusiones de ningún tipo; un ámbito de integración con exclusiones no integra, es contrario a su propia naturaleza”.[1]
Los fundadores del recién nacido foro provienen del Grupo de Lima y, como tal, heredan el objetivo de continuar impulsando una política de bloques en la región, que buscan institucionalizar a través de esta nueva instancia, y que, en definitiva, sigue la línea intervencionista que se viene promoviendo desde la Casa Blanca y que ha sido alentada en los meses pasados por los gobiernos de la derecha regional.
Así, el foro deja fuera a Venezuela bajo el supuesto de que el actual Gobierno no ostenta los requisitos esenciales[2] para participar del mismo, si bien –paradójicamente– invita a participar al autoproclamado presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó (quien finalmente no fue a la cumbre). Esto hace evidente que, contrario a lo que se indica en su acta de constitución,[3] la propuesta refleja una identidad ideológica excluyente que busca ahondar las diferencias entre los países suramericanos.
Después de abandonar en bloque la UNASUR –una decisión que fue discutida en el marco de la VIII Cumbre de las Américas, celebrada en Lima entre el 13 y 14 de abril– los países del Grupo de Lima desarrollaron todo un andamiaje discursivo orientado a defenestrar la labor de este organismo, calificándolo de ineficaz en su función de coordinación intergubernamental. Por ello, la creación de PROSUR se erige bajo el presupuesto de la “infectividad” de la UNASUR para continuar siendo espacio de diálogo en la región. Sin embargo, en su argumentario, los creadores de la PROSUR obvian los logros de la UNASUR como garante, desde 2011[4], de la integración, diálogo y solidaridad regional, lejos de la geopolítica estadounidense, entre otros:
  • Controlar las amenazas a la democracia en varios países de la región. Destacan las misiones electorales y cooperación técnica entre organismos electorales haciendo respetar la voluntad de los pueblos de la región.
  • Dirimir la tensión entre la Colombia y Venezuela, durante los gobiernos de Álvaro Uribe y Hugo Chávez.
  • Construir progresivamente de una visión compartida en materia de defensa regional.
  • Crear un centro regional de solución de controversias en materia de inversiones y libre movilidad humana en la región. Potenciar el desarrollo en materia de integración energética, ferroviaria y de telecomunicaciones.
  • Buscar consensos en el marco del Consejo Sudamericano de Lucha contra el Problema Mundial de las Drogas, logrando una posición regional ante la Conferencia de Naciones Unidas sobre drogas en el 2016 (UNGASS).
  • Implementar proyectos para la puesta en marcha de un banco de precios de medicamentos y el mapeo de las capacidades regionales para la producción de medicinas.
  • Desarrollar un sistema de Información Geográfica, como herramienta de georreferenciación para orientar la planificación y la gestión de la integración física en Suramérica, a través de información digital estandarizada a nivel continental.
  • Crear la Agenda de Proyectos Prioritarios de Infraestructura (API).[5]
Consecuencias inmediatas
En tanto el avance de PROSUR va en detrimento de UNASUR, cabe mencionar algunas implicaciones inmediatas que podría tener la desactivación del organismo creado hace más de una década y que han sido identificadas por su exsecretario general, Ernesto Samper:[6]
  • El trámite de retiro de algunos países de la UNASUR se encuentra regulado y se deben respetar los tiempos pactados para adelantar el proceso, honrar los compromisos financieros pendientes y cumplir las normas constitucionales de cada Estado, que obligan a someter a los órganos legislativos a la denuncia del Tratado Constitutivo de UNASUR para poder concretar el abandono de la entidad.
  • El retiro de UNASUR supone el abandono de derechos como los permisos temporales de trabajo que hoy benefician a más de tres millones de trabajadores, la utilización de los documentos nacionales de identidad, como pasaportes, o los descuentos de valor de medicinas y vacunas, obtenidos por el Instituto Suramericano de Gobierno en Salud, ISAGS.
  • La salida de la UNASUR implica la renuncia al trabajo concertado y acumulado durante más de diez años y se traduce en las agendas sectoriales en materia electoral, de salud, educación, infraestructura, lucha contra el crimen organizado, cultura y defensa.
Cambios en la geopolítica regional
La creación de PROSUR instala una mayor crisis de institucionalidad internacional en la región. Con una OEA que carece de legitimidad, la mayoría de los países que integran PROSUR abandonaron UNASUR, mientras CELAC ha quedado, por el momento, debilitada.
El Grupo de Lima, sin consenso y prácticamente desaparecido, da paso a PROSUR, el cual tampoco tiene consenso, y su principal objetivo, declarado por Duque, es sacar a Nicolás Maduro de Venezuela, pero respetando la soberanía de las naciones sudamericanas.[7] Argentina, Chile, Colombia, Brasil, Ecuador, Perú y Paraguay han modificado sus relaciones en los últimos años (salvo Colombia que tiene una relación histórica estrecha con EE. UU.), acercándose más a las directrices de EE. UU. en esquemas de seguridad, lucha contra el narcotráfico y acuerdos bilaterales.
La mayoría de los países que integran PROSUR tiene también en común una crisis de legitimidad en sus respectivos países.[8] Viendo en conjunto el panorama regional, PROSUR puede entenderse en varios sentidos: reordenamiento geopolítico de la región, con gobiernos de derecha desactivando un proyecto de integración como UNASUR. Venezuela en este sentido, no sólo es un país estratégico por sus recursos naturales como petróleo, gas, oro y coltán, sino que es un país que propuso una geopolítica distinta a la de EE. UU., con esquemas de integración más allá de lo comercial, y es pieza clave en la estrategia estadounidense de convertir a la región en un espacio ideal para las inversiones de sus empresas, pero también para poner un alto a la presencia china[9] y rusa en la región.
En este sentido, aunque a priori la intención de PROSUR es ser un organismo flexible con una estructura liviana y no costosa,[10] no descarta la creación de una estructura burocrática, la cual intente revitalizar al ALCA como esquema de integración sudamericana que vuelva a mirar más al Norte, concretamente, a los intereses empresariales estadounidenses.
En definitiva, PROSUR es un tipo distinto de integración que va más allá de un simple foro; implica un reordenamiento geopolítico de la región y de largo alcance en temas de infraestructura, exportación de recursos estratégicos, apertura energética, acuerdos de libre comercio e inversión y seguridad. En este sentido, es clave que EE. UU. ya cuente con acuerdos comerciales bilaterales con varios de los miembros de PROSUR.
No obstante, también hay que destacar que, en la medida en que no es un foro de alto nivel y que no cuenta ni con el trabajo conjunto de los gobiernos y de las diplomacias de los distintos países de la región[11], carece de bases tan sólidas como las de UNASUR. Además, replica la falta de consenso que llevó al Grupo de Lima a apagarse paulatinamente, toda vez que no logró conseguir el apoyo de México, Uruguay, y tampoco de Bolivia.
En este sentido, el crecimiento de PROSUR podría ser bastante limitado, en tanto que Panamá y México son miembros observadores de la UNASUR, y uno de los presidentes más poderosos de la región, Andrés Manuel López Obrador, desconoce el avance intervencionista que se ha iniciado en contra de Venezuela de la mano del Grupo de Lima.
Por otra parte, la Comunidad del Caribe (CARICOM) ha mantenido una posición independiente sobre Venezuela, influenciada por la preocupación ante una posible intervención militar externa. Por ello sería difícil que se sumara a las prerrogativas de PROSUR, abiertamente hostiles a Cuba, Nicaragua y Venezuela.
Finalmente, detrás de la creación de PROSUR está el último intento del Gobierno estadounidense de avanzar en el programa imperialista, vía la destrucción de las instituciones integradoras de bloques regionales que no le son afines. Un objetivo que queda formulado en la Doctrina Monroe (1823) y su sucedáneo, el Panamericanismo (1885-1889), y que con ahínco intenta rescatar el presidente Donald Trump, avanzando en una carrera incansable por lograr aquello que William H. Taft enunció en 1912: apropiarse del hemisferio en virtud de su supuesta superioridad.[12]
Notas:
[2] “5. Que los requisitos esenciales para participar en este espacio serán la plena vigencia de la democracia, de los respectivos órdenes constitucionales, el respeto del principio de separación de los Poderes del Estado, y la promoción, protección, respeto y garantía de los derechos humanos y las libertades fundamentales, así como la soberanía e integridad territorial de los Estados, con respeto al derecho internacional”.
[3] “1. Nuestra voluntad de construir y consolidar un espacio regional de coordinación y cooperación, sin exclusiones, para avanzar hacia una integración más efectiva que nos permita contribuir al crecimiento, progreso y desarrollo de los países de América del Sur”.
[4] Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) se creó en 2008 y comenzó a funcionar en 2011, conformada por 11 de los 12 países que conforman la región.
[10] “3. Que este espacio deberá ser implementado gradualmente, tener una estructura flexible, liviana, no costosa, con reglas de funcionamiento claras y con un mecanismo ágil de toma de decisiones que permita avanzar a Suramérica en entendimientos y programas concretos de integración en función de los intereses comunes de los Estados y de acuerdo a sus propias realidades nacionales”.
[11] https://www.pagina12.com.ar/182631-prosur-un-error-estrategico-que-costara-reparar
[12] “The day is not far distant when three Stars and Stripes at three equidistant points will mark our territory: one at the North Pole, another at the Panama Canal, and the third at the South Pole. The whole hemisphere will be ours in fact as, by virtue of our superiority of race, it already is ours morally” Jenny Pearce, Under the Eagle, Boston: South End Press, 1982, p.17.

martes, 26 de marzo de 2019

Prosur vuelve a poner a Latinoamérica bajo amenaza

Plan Cóndor II
Sputnik

Los cambios políticos en América Latina y el Caribe estos últimos años, se han visto reflejados en un serio debilitamiento de los organismos multilaterales regionales. Se reflotó la nefasta y retrógrada OEA, que, como simbolismo, es un grave antecedente contra la soberanía regional y posiblemente ahora asistimos al surgimiento del Plan Cóndor II.
La creación del 'Foro para el progreso de América del Sur', Prosur, el pasado 22 de febrero, no parece ser una improvisación y, entre más repite el presidente chileno Sebastián Piñeira que "no es un foro ideológico" menos creíble se hace.
Lo que debe preocupar y ocupar a América Latina y el Caribe es la discusión a puertas cerradas que sostuvieron esos presidentes de Prosur. Si no hubiese planes oscuros de por medio, la reunión realizada en Santiago de Chile habría sido transmitida por los medios de comunicación.
Preocupa más aún cuando el presidente de Brasil Jair Bolsonaro acaba de visitar Estados Unidos donde además de reunirse con su homólogo, realizó una sonada visita a la CIA.
Los líderes del Foro Prosur comparten profundas coincidencias, entre ellas: su sumisión y admiración por el presidente Donald Trump, su deseo de hacer desaparecer cualquier movimiento progresista, su odio a las ideas izquierdistas, su deseo de colaborar militarmente con Estados Unidos y la OTAN, la decisión de restaurar las ideas del neoliberalismo y las privatizaciones, entre otras.
Unasur bajo ataque
Entre sus tácticas para afincar su proyecto, utilizan el método del descrédito. Argumentan que la Unasur ha fracasado aduciendo que hay un "exceso de ideologismo y de burocracia".
Lo cierto es que, si la Unasur está prácticamente inactiva hace más de tres años es por el sabotaje que realizaron los representantes de algunos países, que intentaron imponer un Secretario General, sabotearon la convocatoria a reuniones y no permitieron la aprobación del presupuesto.
El presidente colombiano Iván Duque dijo que la Unasur será reemplazada por Prosur, y a esos ataques se sumó el Vicepresidente de Brasil, Hamilton Mourão, quien considera que la Unasur murió.
A más de eso, suenan cínicas las palabras del presidente chileno Piñera cuando dijo que Prosur "está abierto a todos los países que cumplan con dos requisitos esenciales. Primero, vigencia clara de la democracia y del estado de derecho y segundo, respeto pleno a las libertades y a los derechos humanos de sus habitantes".
El presidente chileno nos quiere dar lecciones de democracia y derechos humanos cuando él mismo hace unos años, expresó su profunda solidaridad con el dictador Pinochet, quien fue uno de los líderes del Plan Cóndor en Sudamérica, que ocasionó mucho dolor y muerte en el Cono Sur.
La pregunta clave que debemos hacernos luego de la creación de Prosur es: ¿qué hay detrás de eso? La declaración firmada es apenas la fachada.
Estados Unidos y los gobiernos afines a Trump han puesto todo su empeño para que la OEA sea el único el foro de discusión política en la región; por otro lado, si de aranceles y comercio se trata, ahí están la Asociación Latinoamericana de Integración Aladi, el Mercosur y la Comunidad Andina.
¿Para qué entonces un nuevo foro? Algunas acciones, en especial del presidente Bolsonaro, que al parecer ahora es el factor de cohesión del grupo, podrían ayudarnos a entender.
Atando cabos
Durante la visita realizada por el presidente Bolsonaro el pasado 21 de marzo a Estados Unidos, no solo se trataron asuntos bilaterales, fueron más allá, ya que incluso se reunió con la CIA para "abordar asuntos de la región".
Por otro lado, el pasado 11 de febrero Itamariti anunciaba que el ministro Ernesto Araujo se reunió en Brasilia con el almirante Craig Faller, jefe del Comando Sur de Estados Unidos, para discutir la cooperación y las alianzas bilaterales en el área de defensa y seguridad.
Vale aquí recordar que Craig S. Faller, declaró el 7 de febrero pasado que Washington está estrechando lazos con los países del Southcom y aclaró que "esta colaboración no solo se da entre militares, sino también con diplomáticos, auspiciada por el Departamento de Estado y otras organizaciones, como la Agencia para el Desarrollo Internacional y los Departamentos de Justicia y de Seguridad Nacional".
Un hecho no menor es que, durante una cena ofrecida en la Embajada de Brasil en Washington, el presidente brasileño Jair Bolsonaro dijo que lo que quería era "liberar a Brasil de la ideología nefasta de izquierda" y no escatimó palabras para halagar a Olavo Carvalho, de quien dijo que "es el inspirador de muchos jóvenes en Brasil y en gran parte le debemos a él la revolución que estamos viviendo".
Olavo Carvalho admirador de Evola
Carvalho, quien reside en Estados Unidos, expresa abiertamente su profunda admiración por Julius Evola y Giovanni Gentile, intelectuales fascistas, tradicionalistas radicales, considerado por muchos como antidemocráticos y anti igualitarios.
Giovanni Gentile fue incluso coautor junto a Benito Mussolini de la doctrina del fascismo.
Humberto Eco advierte que "El Ur-Fascismo está aún a nuestro alrededor, a veces con trajes de civil. Sería muy cómodo, para nosotros, que alguien se asomara a la escena del mundo y dijera: '¡Quiero volver a abrir Auschwitz, quiero que las camisas negras vuelvan a desfilar solemnemente por las plazas italianas!'. Por desgracia, la vida no es tan fácil. El Ur-Fascismo puede volver todavía con las apariencias más inocentes".
Por cierto, Carvalho fue quien recomendó designar al actual Ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Ernesto Araujo, por ser uno de sus mejores discípulos.
Acallar para imponer
Acaso alguien cree que sabiendo de las vergonzosas demostraciones de sometimiento de esos gobernantes ante Estados Unidos, ¿serán ellos quienes lideren un proyecto de prosperidad para Latinoamérica?
No es descabellado pensar que podríamos estar asistiendo al surgimiento de una especie de Plan Cóndor II, con nuevos instrumentos e ideas para someter a la región.
Estados Unidos están ávidos de volver a controlar Latinoamérica y el Caribe a cualquier precio. Por tanto, se hace imprescindible refrescar la memoria.
El nefasto y sangriento Plan Cóndor
Como lo cuenta el Juez español Baltasar Garzón Real en el libro ‘Operación Cóndor 40 años después', "la Operación Cóndor formaba parte del complejo sistema interamericano de contrainsurgencia promovido por la política exterior norteamericana. Mediante su accionar transnacional, Cóndor complementaba las políticas represivas que las Fuerzas Armadas del Cono Sur ejercían dentro de sus territorios nacionales."
El uso de escuadrones de la muerte y métodos ilegales era un medio para desmovilizar movimientos populares, aterrorizar a la sociedad, y solidificar las estructuras económicas y militares en la región, apunta la escritora J. Patrice McSherry en el libro escrito por Garzón.
Esta coordinación implicó, oficial y directamente, el seguimiento, vigilancia, detención, interrogatorios con tortura, traslados entre países, y desaparición o asesinato de personas consideradas por dichos regímenes como "subversivas del orden instaurado, o contrarias a su política o ideología".
Solo a manera de ejemplo se pueden mencionar los llamados ‘Archivos del Terror' hallados en Paraguay en 1992, que arrojan la cifra de 50.000 personas asesinadas, 30.000 desaparecidas y 400.000 encarceladas.
¿Permitiremos que destruyan Unasur?
La integración regional pasa por momentos difíciles, es cierto, pero no es definitivo, y no serán esas visiones excluyentes, oscuras y retrógradas las que prosperen.
Un gravísimo error histórico de estos tiempos en Latinoamérica y el Caribe sería sumarnos a las voces que quieren ver muerta a Unasur y a la Celac.
Se requiere asimismo una fuerte dosis de autocrítica y un profundo repaso de la historia, para evitar que nuestros pueblos pierdan la esperanza de que podemos vivir en armonía en la diversidad.

domingo, 24 de marzo de 2019

PROSUR: Una integración en términos neocoloniales


La avanzada de las derechas latinoamericanas, y su consecuente competencia para ver cuál de ellas logra ubicarse en el podio de lamebotas destacada del imperialismo estadounidense, tiene en estos días un nuevo capítulo.
Mauricio Macri (Argentina), Jair Bolsonaro (Brasil); Mario Abdo Benítez (Paraguay); Martín Vizcarra (Perú); Iván Duque (Colombia) y Lenín Moreno (Ecuador), son recibidos por Sebastián Piñera (Chile), quien hace las veces de anfitrión de una cumbre que busca crear un espacio de integración a la medida de los intereses imperialistas, el Foro para el Progreso y el Desarrollo en América del Sur, PROSUR,
Tras el fracaso del Grupo de Lima, espacio creado específicamente para coordinar los ataques sobre Venezuela, hoy intentan crear un nuevo espacio de articulación de las derechas en la región. Esto no es ninguna novedad, iniciativas como estas son herederas directas de la Doctrina Monroe, conocida como “América para los americanos”, de 1823, reafirmada bajo el gobierno de Andrew Jackson (1829-1837), por un colaborador suyo, John O’Sullivan, quien señalaba: “El cumplimiento de nuestro destino manifiesto es extendernos por todo el continente que nos ha asignado la Providencia para el desarrollo de un gran experimento de libertad y autogobierno federado […]. Esta tierra enérgica y recién tocada por la mano de Dios” tiene una “misión sagrada para con las naciones del mundo”, dicho esto, nadie podría dudar que “el vasto e iluminado futuro sería la era de la grandeza norteamericana”.
En tiempos más cercanos, recordamos el intento de instalar el ALCA, iniciativa rechazada en Mar del Plata, Argentina, en 2005 en el marco de unos años en los que se avanzó en la creación del ALBA, la CELAC y la UNASUR como espacios de integración que buscaban establecer importantes grados de autonomía frente a la política de los EEUU.
Destruir la UNASUR y el PARLASUR son algunos de los objetivos declarados del PROSUR.
La cuestión de la integración no es nueva y que existan diversos proyectos e intencionalidades tras estos intentos tampoco.
Desde antes de nuestra consolidación como naciones, los debates sobre los vínculos entre nuestros territorios fue tema central en las discusiones de muchos pensadores como Simón Bolívar y José Martí, quienes imaginaban una Patria Grande y la pensaban en términos de Nuestra América.
En este sentido, en las últimas décadas se desarrollaron en América Latina una serie de procesos políticos que, buscando salir de la lógica neoliberal, avanzaron en la construcción de alternativas políticas y sociales antineoliberales, orientadas en un sentido emancipatorio y teniendo como marco de referencia la necesidad de fomentar un proceso de integración latinoamericana como condición de éxito de tales políticas.
Estos procesos no sólo se dieron a escala nacional, logrando avances significativos en la vida política interna de algunos países de la región con la acelerada expansión de los derechos económicos y sociales de la ciudadanía y sus consecuentes procesos de inclusión social; sino que el paradigma de la integración latinoamericana y caribeña ocupó un espacio central en la perspectiva asumida por los mismos en la concreción de espacios de integración regional como los mencionados.
Esto no es perdonado por el imperialismo. Por eso tan importante como estos procesos son los intentos que sigue llevando adelante el imperialismo para poner freno a los mismos por la vía de ofensivas destituyentes y la restauración del paradigma neoliberal en varios países.
Como decíamos, no se puede dejar de tener en cuenta un momento que marcó a fuego este proceso y funciona como parteaguas a la hora de posicionarse frente al mismo. El rechazo a la propuesta de los Estados Unidos de implementar el alca, el famoso “alca al carajo” que enunció Hugo Chávez en Mar del Plata en 2005, dejó en claro el nivel de autonomía, autodeterminación y antiimperialismo con el cual se libra la batalla por una integración de espíritu nuestroamericano, como sostenía José Martí.
A partir de ese momento, el imperialismo redoblo sus esfuerzos por recuperar el control de la región y sojuzgarla a sus intereses. Como es su costumbre, vuelve a impulsar un modelo de integración americana según sus criterios políticos, económicos, culturales y sociales.
Para esto, a lo largo de la historia ha alternado la intervención directa, ha promovido y respaldado golpes militares y, actualmente, se ha lanzado a una lucha frenética por recuperar el control de la región a la que considera su “patio trasero” según su “destino manifiesto”.
De este plan forma parte el PROSUR, como modelo de integración en términos neocoloniales. Por eso resulta necesario recuperar la ofensiva y entender a la integración como un instrumento para la unidad, como parte de un ideario liberador y emancipatorio, teniendo en cuenta que no todo proyecto integracionista lo es, como este pretendido PROSUR, y que el cumplimiento del ideario emancipatorio es lo que está en disputa en Nuestra América.
Marcelo F. Rodríguez es sociólogo y director del CEFMA 

Prosur, la estrategia divisionista de Washington para sepultar Unasur


Los presidentes de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Perú, Paraguay, y Guayana firmaron este viernes la Declaración de Santiago, por la cual se constituyó el Foro para el Progreso de América del Sur (Prosur), el nuevo espacio “flexible” que busca reemplazar a la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur).
No firmaron Uruguay, Bolivia ni Surinam, y tampoco participará de este acuerdo de gobiernos neoliberales, la no invitada Venezuela.
El canciller chileno Roberto Ampuero señaló que Prosur estará enfocado a una “integración pragmática” entre países de Suramérica, “alejada de términos ideológicos” y “sin ningún tipo de marginación”, lo que quedó desmentido en el acto de firma del documento. Chile y su presidente Sebastián Piñera buscan una presencia internacional que la realidad geopolítica mundial y socioeconómica de su país le niega.

Los firmantes son casi los mismos gobiernos que participan en el Grupo de Lima, mecanismo que no descansa en sus esfuerzos por estrangular la revolución bolivariana, una instancia que sólo se justifica por el intento de sepultar la Unasur, sirviendo los dictados del gobierno estadounidense que ya cumplen la Organización de Estados Americanos (OEA) y organismos financieros como el Banco Interamericano de Desarrollo.

Uno de los acuerdos del documento firmado en la mañana del viernes 22 por los mandatarios establece que Chile será el primer país que tendrá la presidencia del organismo “flexible” (a propuesta del presidente argentino Mauricio Macri), el cual se extenderá por 12 meses hasta que lo suceda Paraguay.

“Nuestra voluntad de construir y consolidar un espacio regional de coordinación y cooperación, sin exclusiones, para avanzar hacia una integración más efectiva que nos permita contribuir al crecimiento, progreso y desarrollo de los países de América del Sur”, indica el documento firmado por los jefes de Estado.
Establecieron que Prosur se implementará gradualmente, “tener una estructura flexible, liviana, no costosa, con reglas de funcionamiento claras y con un mecanismo ágil de toma de decisiones que permita avanzar a Sudamérica en entendimientos y programas concretos de integración en función de los intereses comunes de los Estados y de acuerdo a sus propias realidades nacionales”.
Además, se indica que en este espacio se “abordará de manera flexible y con carácter prioritario temas de integración en materia de infraestructura, energía, salud, defensa, seguridad y combate al crimen, prevención y manejo de desastres naturales”.
También se estableció que los requisitos para ser parte de esta organización “serán la plena vigencia de la democracia, de los respectivos órdenes constitucionales, el respeto del principio de separación de los Poderes del Estado, y la promoción, protección, respeto y garantía de los derechos humanos y las libertades fundamentales, así como la soberanía e integridad territorial de los Estados, con respeto al derecho internacional”.
Los representantes de Uruguay, Bolivia y Surinam, representados por funcionarios de menor categoría, no participaron de la firma de la declaración final del encuentro realizado en Chile.
Prosur, Pronorte, ProTrump
Varios dirigentes y analistas de la región calificaron a Prosur como una aventura divisionista y regresiva de gobernantes subordinados a Estados Unidos “Es impulsado por países al servicio de las transnacionales”, denunció David Choquehuanca, excanciller boliviano y actual secretario general de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), quien afirmó que el Foro obedece a intereses ajenos a la región.

El expresidente de Colombia y exsecretario general de Unasur, Ernesto Samper, señaló que la creación de Prosur, al estimar que profundizará la división regional. Afirmó que, contrario a lo que expresan sus mentores, los gobiernos que apoyan esta propuesta lo hacen a partir de una excluyente identidad ideológica que profundizará las diferencias entre los países sudamericanos.

Insistió en que el intento de constituir otro organismo de integración, sin haber hecho un esfuerzo de convergencia para el encuentro de los ya existentes, va a fomentar una mayor división regional y aclaró que si esta nueva afiliación implica el retiro de algunos países de Unasur es preciso recordar que ese trámite se encuentra regulado, que se deben respetar los compromisos financieros pendientes y cumplir las normas constitucionales de cada Estado antes de concretar el abandono de la entidad.

Consideró relevante señalar, además, que dejar Unasur supone prescindir de significativos derechos y privilegios, como los permisos temporales de trabajo que hoy benefician a más de tres millones de trabajadores sudamericanos, y otros beneficios como la utilización de los documentos nacionales de identidad como pasaportes o los descuentos en el valor de medicinas y vacunas, obtenidos por el Instituto Sudamericano de Gobierno en Salud.

El excanciller argentino Jorge Taiabna señaló que esta se trata de una propuesta improvisada, balbuceaba por el presidente de Chile luego de su visita a la Casa Blanca e impulsada a su pedido. “Es público y notorio que la misma no cuenta con el mínimo criterio de seriedad, ni con el trabajo conjunto de los gobiernos y de las diplomacias de los distintos países de nuestra región”.
Samper indicó que la salida de Unasur conlleva asimismo a la renuncia al trabajo concertado y acumulado durante más de diez años y que se traduce en las agendas sectoriales en materia de salud, educación, infraestructura, lucha contra el crimen organizado, cultura y defensa, entre otros frentes.
Entendida como alusión a la situación venezolana, la declaración establece: “Que los requisitos esenciales para participar en este espacio serán la plena vigencia de la democracia, de los respectivos órdenes constitucionales, el respeto del principio de separación de los Poderes del Estado, y la promoción, protección, respeto y garantía de los derechos humanos y las libertades fundamentales, así como la soberanía e integridad territorial de los Estados, con respeto al derecho internacional”.
El entierro del Unasur y la creación del Prosur es un nuevo capítulo de la disputa ideológica regional a través de la diplomacia multilateral y un triinfo de la presión estadounidense para terminar con los procesos de integración regional independientes y soberanos, sin injerencia de Estados Unidos.
Cecilia Vergara Mattei. Periodista chilena, asociada al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

martes, 22 de enero de 2019

La propuesta de Prosur, satanización de la integración y fracaso de la OEA


Foto: CELAC 

El 14 de enero el presidente de Colombia, Iván Duque, lanzó su idea de crear una nueva instancia de integración regional sudamericana que reemplace a la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), en un plan para desarticular todos los espacios de coordinación política y/o integración latinoamericano-caribeña, que devela también el fracaso de la Organización de Estados Americanos (OEA), manejada por EEUU.

Según Duque, su propuesta cuenta con el aval del chileno Sebastián Piñera, mientras intenta sumar aliados para dar nacimiento al nuevo agrupamiento “que más que una organización burocrática o al servicio de un gobierno particular, será un organismo de coordinación suramericana”, una herramienta "de políticas públicas, en defensa de la democracia, la separación de poderes y la economía de mercado".

En definitiva, significa la conformación en la región de un bloque ideológico, de derecha, de gobiernos conservadores, que no están de acuerdo con el concepto de integración que existía hasta este momento y que era liderada por países como Brasil, Ecuador, la propia Venezuela y Bolivia.

No se trata de discutir, debatir, acordar, buscar consensos, negociar unívocamente ante el mundo, sino que a través de una cúpula de presidentes de derecha y en el nombre del libre mercado, se abra camino a los intereses de EEUU, sus trasnacionales y el capital financiero. Quizá ni siquiera necesiten reunirse: pueden acordar por Twitter, que hasta significa un ahorro de palabras y de ideas.

Pero, más allá de seguir los dictados de Washington, los jefes de estado tienen sus proyectos e intereses propios, que no siempre son complementarios.

El reciente encuentro en Brasilia entre Mauricio Macri y Jair Bolsonaro lo demostró ya que solo acordaron revisar el arancel externo común del Mercosur, mejorar el acceso a mercados y avanzar en la facilitación del comercio y la convergencia regulatoria. Hablaron de la necesidad de “modernizar el Mercosur y de avanzar hacia un espacio de integración que se adapte a los desafíos del siglo XXI y que aproveche las oportunidades que el mundo ofrece”.

Ernesto Samper, expresidente colombiano y último secretario general de Unasur, señala que este organismo, en sus 10 años de existencia, puede demostrar que en otras oportunidades convivieron dentro de este espacio gobiernos de distinto signo ideológico, lo que permitió avanzaren temas fundamentales como la conformación del Consejo Suramericano de Defensa, que de alguna manera reafirmó la condición de la región como una zona de paz en el mundo.

A ello se puede sumar el Consejo Electoral que presidió más de 110 elecciones y envió más de 20 misiones electorales, o los avances que se hicieron en materia de salud a través del Instituto de Salud o las obras de infraestructura proyectadas para integrar la región, el proyecto de fibra óptica común que rompiera la dependencia de las megaempresas cibernéticas, los consejos de participación ciudadana, por ejemplo.

A pesar de todos estos avances, hay una idea distinta sobre lo que es la integración, alimentada por un pensamiento conservador que se podría expresar a través de un acuerdo en la misma Unasur, si es que el asunto se trata de darle un giro a los programas y a los 23 grupos de trabajo que todavía hoy están trabajando en la identificación de una agenda de intereses públicos, añade Samper en entrevista con el analista Pedro Brieger.

El retiro (solitario y siquiera concretado) de Colombia de Unasur va a producir un gran aislamiento de Colombia de la región, en momentos en que ésta se está viendo atacada desde distintos frentes, especialmente el de EEUU. “No podemos jugar a un aislamiento de Venezuela que termine legitimando una salida de carácter cruento o fáctico a la situación que actualmente se vive en la región, sin proponer o liderar para que haya una salida que sea el resultado de un acuerdo entre los actores políticos”, destaca.

Unasur hizo aproximaciones muy productivas entre los distintos actores políticos de Venezuela, tres etapas de negociaciones que permitieron que se eliminara la violencia como forma de hacer política, que fueron conducidas por los expresidentes Martín Torrijos (Panamá), Rodríguez Zapatero (España) y Danilo Medina (República Dominicana).

A partir de ese supuesto se intentó un diálogo entre los sectores políticos, orientado a la conformación de tres espacios: uno de garantías electorales, otro sobre reformas institucionales, y el tercero para orientar la parte social y la estabilización, con medidas de carácter cambiario, antiinflacionario, medidas de subsidios y de ajustes de precios de combustibles. El diálogo fue bombardeado por el gobierno de EEUU.

Mientras, la CELAC, el más importante instrumento de integración en la medida en que agrupa a los 33 países de América Latina y el Caribe (sin EEUU y Canadá) y más de 600 millones de habitantes, tiene entre sus temas de trabajo el desarrollo social, la educación, el desarme nuclear, la agricultura familiar, la cultura, las finanzas, la energía y el medio ambiente. Hay que recordar que la CELAC declaró a la América Latina y el Caribe como zona de paz, llamando a un desarme nuclear general y completo en el mundo, y a resolver las diferencias políticas de manera pacífica y democrática.

Los sepultureros

Duque tomó la delantera en su afán de demostrar que bien puede coinvertirse en brazo ejecutor de las políticas estadounidenses, pero tendrá competencia, ya que otros mandatarios quieren demostrar lo mismo, en especial el brasileño Jair Bolsonaro, y también el chileno Piñera y el argentino Mauricio Macri.

El gobierno colombiano ya había pateado el tablero, cuando en agosto de 2018 anunció su retiro de Unasur, cuatro meses después que junto a otros países sudamericanos -Argentina, Paraguay, Brasil, Chile y Perú- suspendiera su participación, en la ofensiva de la nueva derecha para sepultaron los organismos de integración como el Mercado Común del Sur (Mercosur), Unasur y la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe (Celac).

Fueron estos países los que trabajaron para sepultar Unasur, organismo autónomo de los mandatos de Washington, que había sido rápidamente vaciado, dejándolo sin secretario general desde febrero de 2017. A estos cinco países se sumó en julio pasado el anuncio del presidente de Ecuador, Lenín Moreno, de desalojar la sede del organismo en la Mitad del Mundo.

El objetivo de Duque y sus socios es, principalmente, seguir los dictados de Washington para que desde Prosur se coordinen acciones conjuntas para que "termine" el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, al cual calificó como una "dictadura".

Las intentonas realizadas en el marco de la OEA –promovidas por EEUU y el procónsul y secretario general del organismo panamericano Luis Almagro- no prosperaban por un hecho simple: no alcanzaban jamás consenso para desestabilizar Venezuela, ya que en la OEA participan países centroamericanos y caribeños.

EEUU ya no puede ser considerado como un socio confiable, en una decadente OEA, porque la agenda de Washington es esencialmente antilatinoamericana, que va en contra de los migrantes latinoamericanos con la construcción del muro con México, que desatiende los compromisos relacionados con el calentamiento global o subiendo aranceles a nuestros productos.

“Es una agenda antihemisférica en el sentido más exacto de la expresión; por eso no creo que se justifique que, además de los ocho mecanismos de integración que ya existen, ahora creemos uno distinto solamente para identificar unas pretensiones de derecha respecto a lo que debe ser la integración”, señala Samper.

No es un organismo… ¿qué es?

Duque definió el Prosur como una fuerza de coordinación (o de transmisión de los dictados de Washington), un foro de alto nivel; sin raigambre política, institucional ni económica. No un organismo: lo que Duque rechaza es una institucionalidad (acompañada de su burocracia), reglamentos, obligaciones.

La consigna de los gobiernos neoliberales es la de “integrarse al mundo”. En años pasados, Chile y México entraron a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y al Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), y los segundos firmaron un Tratado de Libre Comercio con EEUU.

Colombia se integró a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y con EEUU estableció el Plan Colombia, que supuso la instalación de siete bases militares estadounidenses en su territorio.

El analista argentino Federico Larsen señala que quienes impulsan Prosur son países que "prácticamente desde hace 30 años están totalmente por fuera de la integración latinoamericana". "Que ahora tengan estas posiciones habla de una necesidad por parte de ciertas fuerzas a nivel internacional como Washington, de empezar a presionar para redireccionar los esfuerzos a nivel diplomático".

Ya lo habían intentado con el llamado Grupo de Lima, conformado por 14 países. Trece de ellos -Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú y Santa Lucía– dijeron que desconocerían al presidente venezolano y México se abstuvo. El fracaso quedó manifiesto cuando muchos de ellos debieron luego rectificar su posición.

La posición mexicana, de reivindicar la no injerencia en asuntos de terceros países, marca un alerta para los prosuristas. Hoy México puede jugar un papel muy importante en esta coyuntura y en un escenario que se debe preservar, el de la Celac, que compaten todos los países latinoamericanos y caribeños juntos… y sin Estados Unidos.

El impulso del “otro” Brasil

Unasur se constituyó formalmente en 2008, pero la cancillería brasileña tenía ya en mente convertir el grupo de Río, de consulta política sudamericana, en un organismo donde pudiera proyectar los intereses brasileños a una plataforma regional, alternativa a la insistencia de EEUU en las llamadas Cumbres de América, para formalizar el Área de Libre Comercuioi de las Américas (ALCA)

En la propuesta brasileña que se discutía en las cancillerías sudamericanas, destacaban los temas de financiamiento e infraestructura (en especial previstos para la expansión de las trasnacionales brasileñas como los grupos Odebrecht, Camargo Correia, Andrade Gutierres, OAS, entre otros), para lo cual ya había creado el Banco Nacional de Desarrollo (Bndes), con alcance regional.

Convergencia

Ante el arcoiris de organismo de cooperación, diálogo e integración subregional, muchos de ellos en crisis y/o parálisis, se hace necesario pensar en una matriz de convergencia, de forma de terminar con la confusión, el caos, las duplicidades y los costos burocráticos innecesarios, que hoy sirven para satanizarlos desde los gobiernos de derecha, alineados con Washington.

Mercosur, Unasur, ALBA, la Alianza del Pacífico, el Sistema de Integración Centroamericana, la Integración Caribeña, el Pacto Amazónico, entre otros, debieran converger hacia una CELAC fortalecida, con una Secretaría General fuerte que permita que todos los países unificadamente puedan encontrar unos caminos comunes para salir todos adelante, propone Samper.

Ya que Brasil está renunciando a su protagonismo desde Unasur y Mercosur y a través de su búsqueda de entendimientos con la Alianza del Pacífico, hoy aparece México, con una política exterior –aparentemente- latinoamericanista, que bien pudiera liderar esta convergencia en la Celac, y rescatar los procesos que llevaron tanto esfuerzo y que por fin presentaron a nuestra región unida, coordinada, ante el mundo.

Más allá que simbólicamente se quiere sepultar al Mercosur, a la Unasur y a la Celac, los organismos de coordinación-integración eminentemente latinoamericano-caribeños (sin participación de Estados Unidos y Canadá), puede significar la agonía de la OEA, tan dependiente de Washington y tan carente de credibilidad.

Aram Aharonian

Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)


https://www.alainet.org/es/articulo/197641