Somos un Colectivo que produce programas en español en CFRU 93.3 FM, radio de la Universidad de Guelph en Ontario, Canadá, comprometidos con la difusión de nuestras culturas, la situación social y política de nuestros pueblos y la defensa de los Derechos Humanos.
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lunes, 28 de septiembre de 2020

Injusticia climática y pandemia

 Silvia Ribeiro *


Un informe de Oxfam de septiembre 2020 sobre los responsables del cambio climático entre 1990 y 2015, expone la lacerante desigualdad en el tema, que está directamente relacionado con la salud de los ecosistemas y de las personas (https://tinyurl.com/info-oxfam). Las causas del cambio climático se entretejen con las de la pandemia: en ambos casos el sistema alimentario agroindustrial es uno de sus principales causantes.

Según el informe, el 10 por ciento más rico de la población mundial (630 millones de personas) generó 52 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI, por sus siglas en inglés) acumuladas, mientras la mitad del mundo más pobre (3 mil 100 millones de personas) generó tan sólo 7 por ciento de los gases. O, expresado de otra manera, la mitad más adinerada del mundo ha generado 93 por ciento de las emisiones acumuladas.

En el lapso 1990-2015 las GEI anuales (como dióxido de carbono y otros que calientan la atmósfera en forma permanente) se incrementaron 60 por ciento, pese a que ya existía claro conocimiento de sus causas y el riesgo de colapso climático.

De la población más rica, 5 por ciento (aproximadamente 315 millones de personas) fue responsable de 37 por ciento de este aumento. El repunte total de las emisiones de apenas el uno por ciento más adinerado fue, en volumen, tres veces mayor que el de todo el 50 por ciento más pobre.

Solamente 10 países son responsables de dos terceras partes de las emisiones históricas de GEI acumuladas desde 1850, aunque esa referencia es engañosa, ya que la mayoría de las emisiones de gases de efecto invernadero se realizaron en los 50 años recientes, y se aceleraron después de 1990. Estados Unidos encabeza esa lista.

Con menos de 5 por ciento de la población mundial, consume cerca de 25 por ciento de la energía global. En la década pasada, China se convirtió en el principal emisor de los referidos gases y Estados Unidos pasó a segundo lugar, seguido de la Unión Europea e India. No obstante, medido en emisiones per cápita, Estados Unidos sigue emitiendo 10 veces más GEI que India y más del doble que China.

Lo más terrible es que más de 100 países del sur global y la mitad de los habitantes más pobres del planeta prácticamente no emiten gases de efecto invernadero, pero son los que más sufren las consecuencias del cambio climático, con inundaciones y sequías extremas, migraciones obligadas y por quedar sin casa ni vías de sustento, entre otras.

En el mundo, dentro de cada país, los efectos del calentamiento global provocado por las minorías más ricas los sufren los más pobres y marginalizados, tanto en comunidades urbanas como rurales e indígenas, como, entre otros, los efectos de huracanes en Nueva Orleans, las inundaciones en Reino Unido o los incendios descontrolados de la costa Oeste de Estados Unidos, Australia, Brasil, Argentina e Indonesia.

Las causas del cambio climático son ya bien conocidas. Es una consecuencia del sistema de producción y consumo industrial a gran escala basado en combustibles fósiles.

Según el Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), los principales sectores emisores, por orden de magnitud, son la extracción y generación de energía, la deforestación y agricultura industrial, así como la construcción y transportes.

Si de estas fuentes extrapolamos el uso de energía, uso de suelo, deforestación, transportes, emisión de gases por desechos orgánicos, se muestra que el sistema alimentario agroindustrial (desde las semillas y  agrotóxicos a los supermercados con empaques, refrigeración, transportes, desechos) es responsable de 40 a 55 por ciento de las emisiones de GEI. Ese mismo sistema agropecuario industrial es el factor principal en la generación de epidemias y pandemias. (https://tinyurl.com/ycfcksva).

Pero ni en el cambio climático ni en las pandemias, las políticas oficiales se dirigen a eliminar las causas: en ambos casos se privilegia volver a subsidiar a las poderosas industrias causantes de tan tremendas crisis, apoyando salidas tecnológicas que les garantizan nuevos mercados.

En la pandemia, con enormes inversiones públicas en vacunas escasamente evaluadas y que plantean nuevos riesgos (Ver Covid y vacunas transgénicas, https://tinyurl.com/yxzlpxv9), dejando intocadas las causas.

En políticas climáticas, permitiendo que, en lugar de reducir emisiones reales, las empresas y países se basen en el concepto perverso de emisiones cero netas; es decir, que puedan seguir contaminando con GEI, pero que supuestamente lo compensen con otras medidas.

En la reciente Semana del Clima, realizada en Nueva York paralela a la Asamblea de la ONU, las mayores corporaciones globales expusieron varios proyectos en ese sentido, como tecnologías de geoingeniería y lo que llaman soluciones basadas en la naturaleza, que es un concepto para disfrazar megaproyectos de plantaciones y otras formas de explotar y mercantilizar áreas naturales (https://tinyurl.com/y2te9eco).

Ni la injusticia climática ni las pandemias son naturales. Son producto de sistemas de producción y consumo que nos enferman y que tenemos que terminar.

* Investigadora del Grupo ETCSilvia Ribeiro *


Un informe de Oxfam de septiembre 2020 sobre los responsables del cambio climático entre 1990 y 2015, expone la lacerante desigualdad en el tema, que está directamente relacionado con la salud de los ecosistemas y de las personas (https://tinyurl.com/info-oxfam). Las causas del cambio climático se entretejen con las de la pandemia: en ambos casos el sistema alimentario agroindustrial es uno de sus principales causantes.

Según el informe, el 10 por ciento más rico de la población mundial (630 millones de personas) generó 52 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI, por sus siglas en inglés) acumuladas, mientras la mitad del mundo más pobre (3 mil 100 millones de personas) generó tan sólo 7 por ciento de los gases. O, expresado de otra manera, la mitad más adinerada del mundo ha generado 93 por ciento de las emisiones acumuladas.

En el lapso 1990-2015 las GEI anuales (como dióxido de carbono y otros que calientan la atmósfera en forma permanente) se incrementaron 60 por ciento, pese a que ya existía claro conocimiento de sus causas y el riesgo de colapso climático.

De la población más rica, 5 por ciento (aproximadamente 315 millones de personas) fue responsable de 37 por ciento de este aumento. El repunte total de las emisiones de apenas el uno por ciento más adinerado fue, en volumen, tres veces mayor que el de todo el 50 por ciento más pobre.

Solamente 10 países son responsables de dos terceras partes de las emisiones históricas de GEI acumuladas desde 1850, aunque esa referencia es engañosa, ya que la mayoría de las emisiones de gases de efecto invernadero se realizaron en los 50 años recientes, y se aceleraron después de 1990. Estados Unidos encabeza esa lista.

Con menos de 5 por ciento de la población mundial, consume cerca de 25 por ciento de la energía global. En la década pasada, China se convirtió en el principal emisor de los referidos gases y Estados Unidos pasó a segundo lugar, seguido de la Unión Europea e India. No obstante, medido en emisiones per cápita, Estados Unidos sigue emitiendo 10 veces más GEI que India y más del doble que China.

Lo más terrible es que más de 100 países del sur global y la mitad de los habitantes más pobres del planeta prácticamente no emiten gases de efecto invernadero, pero son los que más sufren las consecuencias del cambio climático, con inundaciones y sequías extremas, migraciones obligadas y por quedar sin casa ni vías de sustento, entre otras.

En el mundo, dentro de cada país, los efectos del calentamiento global provocado por las minorías más ricas los sufren los más pobres y marginalizados, tanto en comunidades urbanas como rurales e indígenas, como, entre otros, los efectos de huracanes en Nueva Orleans, las inundaciones en Reino Unido o los incendios descontrolados de la costa Oeste de Estados Unidos, Australia, Brasil, Argentina e Indonesia.

Las causas del cambio climático son ya bien conocidas. Es una consecuencia del sistema de producción y consumo industrial a gran escala basado en combustibles fósiles.

Según el Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), los principales sectores emisores, por orden de magnitud, son la extracción y generación de energía, la deforestación y agricultura industrial, así como la construcción y transportes.

Si de estas fuentes extrapolamos el uso de energía, uso de suelo, deforestación, transportes, emisión de gases por desechos orgánicos, se muestra que el sistema alimentario agroindustrial (desde las semillas y  agrotóxicos a los supermercados con empaques, refrigeración, transportes, desechos) es responsable de 40 a 55 por ciento de las emisiones de GEI. Ese mismo sistema agropecuario industrial es el factor principal en la generación de epidemias y pandemias. (https://tinyurl.com/ycfcksva).

Pero ni en el cambio climático ni en las pandemias, las políticas oficiales se dirigen a eliminar las causas: en ambos casos se privilegia volver a subsidiar a las poderosas industrias causantes de tan tremendas crisis, apoyando salidas tecnológicas que les garantizan nuevos mercados.

En la pandemia, con enormes inversiones públicas en vacunas escasamente evaluadas y que plantean nuevos riesgos (Ver Covid y vacunas transgénicas, https://tinyurl.com/yxzlpxv9), dejando intocadas las causas.

En políticas climáticas, permitiendo que, en lugar de reducir emisiones reales, las empresas y países se basen en el concepto perverso de emisiones cero netas; es decir, que puedan seguir contaminando con GEI, pero que supuestamente lo compensen con otras medidas.

En la reciente Semana del Clima, realizada en Nueva York paralela a la Asamblea de la ONU, las mayores corporaciones globales expusieron varios proyectos en ese sentido, como tecnologías de geoingeniería y lo que llaman soluciones basadas en la naturaleza, que es un concepto para disfrazar megaproyectos de plantaciones y otras formas de explotar y mercantilizar áreas naturales (https://tinyurl.com/y2te9eco).

Ni la injusticia climática ni las pandemias son naturales. Son producto de sistemas de producción y consumo que nos enferman y que tenemos que terminar.

* Investigadora del Grupo ETC

sábado, 26 de septiembre de 2020

Economía social del conocimiento o mercantilización de los saberes

 Un debate necesario para América Latina

Juan José Romero Salazar


mercantilizacion_de_saberes_-_nodal.jpg
Imagen: Nodal.am
La Economía Social del Conocimiento, cuestiona el enfoque privatista que se le viene dando a la propiedad intelectual con los modelos de negocios y nuevos productos digitales. Desde esta perspectiva la Economía Social del Conocimiento, se convierte en un área de estudio que se plantea producir herramientas para viabilizar la inclusión a la sociedad del conocimiento, y promover la emancipación de la humanidad con la libertad de acceso a la información, que no se debe restringir o suprimir por los intereses económicos de las minorías que controlan las grandes corporaciones de la mediática. En el campo de la investigación se trata de convertir el conocimiento en un bien infinito, público y abierto, cuya difusión sirva para la construcción de una ciudadanización solidaria. Por eso desde el marco epistémico de la Economía Social del Conocimiento (1), se trata de alcanzar la apropiación social de la información para la producción de un conocimiento pertinente y útil. Esto resulta coherente con un acercamiento a la Decolonialidad del Saber – Poder en el manejo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs), como una opción epistemológica necesaria para desmontar el ámbito ideológico de la dominación cognitiva, tal como lo plantean Herrera, Sierra y Del Valle, (2) para ir en la búsqueda de una nueva Comunicología Latinoamericana, que se plantea desde una epistemología construida desde el Sur para avanzar en la Deconstrucción de la racionalidad instrumental, y cuestionar el paradigma de la comunicación impuesta desde las posturas etnocéntricas. Pues se trata de adelantar un proceso de desestructuración de los marcos cognitivos del capitalismo, para repensar el trabajo inmaterial y con ello avanzar hacia un cambio de su matriz productiva. Tal como lo planteó Derrida (3), desde el Deconstructivismo, se plantea la desestructuración del pensamiento occidental, cuestionando su legitimidad, para proponer una nueva epistemología crítica que permita enfrentar el pensamiento único. De allí que la deconstrucción aspira a un distanciamiento de la lógica discursiva de la modernidad occidental, que tiende a mediatizar el pensamiento que en todo momento debe ser libre. 

Hay que recordar que "el conocimiento es la reflexión de la información" tal como lo plantea Savater (4). Por eso, en términos estrictamente económicos, debemos disponer en igualdad de condiciones de la información que debe ser de libre acceso, para convertir el conocimiento en un Valor de Uso, útil para elevar el pensamiento y conformar la inteligencia de la totalidad social, es decir de acceso público para construir el buen vivir (5), en los términos de la sabiduría ancestral como lo postula el principio del “Sumak Kawsay”, que conlleva a la superación profunda de la mercantilización de los saberes. Desde esta perspectiva resulta inaceptable que se trate de convertir al conocimiento en un valor de cambio como cualquier mercancía. 

Debemos enfatizar que la Economía Social del Conocimiento no se plantea ir en contra de las nuevas formas de producción intelectual con el uso de las TICs. Más bien su punto de partida pretende denunciar los crecientes mecanismos de explotación, que comporta la apropiación privada del conocimiento, para mercantilizar los saberes a través de la manipulación del talento del trabajador, que es despojado del valor agregado que aporta a través de las TICs. 

Tampoco se trata de generar posturas ortodoxas que pueden conducir a una tecnofobia, que implica una predisposición irracional, que evade profundizar la investigación sobre el uso humanizado de la tecnología, para crear condiciones de protección del trabajador y concebir el conocimiento como instrumento de redención social y apropiación social de los saberes, sin ninguna limitación comercial, ni financiera. 

También hay que enfatizar, que este carácter social del conocimiento debe observar siempre el respeto a la propiedad intelectual y el derecho de autor, sin que ello conduzca a una monopolización del saber, para tratar de convertir ficticiamente al conocimiento en un bien escaso con el objetivo de sacar ventaja comercial, por encima de su utilidad pública. Como ha argumentado Dantas (6), es cierto que la idea de patente o copyright nació en el siglo XVIII, reconociendo el derecho de explotación comercial de una idea original a un inventor o autor individual: máquina, bienes de consumo, obra de arte. Pero desde hace más de un siglo, este principio liberal, propio de los primeros tiempos de la revolución burguesa, ha sido sustituido por quienes se apropian de los derechos sobre la invención o la obra de arte, retribuyendo a sus autores, quienes aceptan trabajar por un salario, que solo es una parte de los ingresos. El resto de los ingresos excedentes se los apropia quien logra ganar mucho dinero debido a su “derecho de monopolio”. 

La idea fuerza de la Economía Social del Conocimiento es demostrar que las nuevas tecnologías de la información condicionan los procesos de socialización de la ciudadanía, y están siendo utilizadas para crear una virtualización que altera los procesos de convivencia comunitaria y aleja los vínculos naturales, sustituyendo el territorio por el ciberespacio. Ya es un lugar común aceptar que la era de la digitalización promueve una mundialización a través del intercambio de información con medios que permiten una comunicación caracterizada por la instantaneidad, la inmediatez y la deslocalización. Pero en general se promueve una despersonalización del contacto humano, porque, aun cuando es interactivo, generalmente el intercambio se desnaturaliza por el anonimato de los actores que interactúan a través de las redes electrónicas. 

También es un lugar común aceptar que este ambiente digital está controlado por las corporaciones (Google, Facebook, Microsoft), que manejan el lobby internacional, para presionar a las élites del poder mundial. Ante este escenario de control privado de la informática y de la microelectrónica, se requiere concientizar a los ciudadanos, para develar los intereses que se mueven a nivel planetario para mantener un orden comunicacional e informático hegemónico. Se trata de denunciar que el entorno globalizante impuesto por la internacionalización del capital está controlado por las grandes corporaciones, que no solo cercenan el derecho a la información libre, sino que atentan contra la soberanía científica de nuestros países del Sur.

 En América Latina, los Gobiernos autónomos, deben mostrar una firmeza institucional y una audacia política para que se puedan utilizar las tecnologías electrónicas, la telemática (telefonía + computación), los software de Internet y las plataformas de Facebook, WhatsApp, Twitter, constructivamente, para enfrentar la desinformación que se trasmite en redes electrónicas. Más aun, se trata de organizar a nuestro pueblo Latinoamericano como sujeto histórico, para impulsar la Economía Social del Conocimiento, y explorar alternativas para la convivencia solidaria, a través de la apropiación social del conocimiento en el ambiente digital, desde donde se puede promover la auto organización y la gobernabilidad en el espacio público. Un ejemplo es lo que se puede hacer a través de video conferencias y conversatorios, a través de la oportunidad abierta que brinda empresas de comunicación digital, como Zoom, hasta ahora sin restricciones para mantener una conectividad sana. Estas tecnologías de la información, inevitablemente tienen una función mediadora en el desarrollo local, no solo en el plano físico, sino que en el plano simbólico contribuyen a la conformación del imaginario colectivo para la activación de las políticas públicas. Por ello la importancia de promover el acceso libre a la información y la articulación con el gobierno en línea, para lograr una sinergia social a través de grupos de la comunidad organizada para la cogestión ciudadana. 

En general, en América Latina cada día está más privatizado el manejo del espacio digital, para favorecer la restauración de las nuevas formas que adquiere el Capitalismo Cognitivo. La red de telecomunicaciones sigue manipulada por las corporaciones que imponen matrices socio-políticas para favorecer la injerencia en contra de la autodeterminación de nuestros pueblos, lo cual pasa por tensionar el derecho de nuestros países a la información libre. El caso venezolano es emblemático, donde recientemente la empresa multinacional estadounidense Directv suspendió la señal a aproximadamente más de dos millones de suscriptores, que se quedaron sin acceso a los canales televisivos (7). 

Dentro del escenario que ha impuesto la corriente neoliberal con el "mercantilismo" que rige el consumo digital, con el uso de las redes informáticas, es necesario mantener una conectividad y accesibilidad libre en los pueblos de nuestra América Latina digna. Esto solo será posible si las corrientes anticolonialistas logran establecer la soberanía tecnológica, al servicio del intercambio de saberes que valore nuestra herencia cultural, para enfrentar el etnocentrismo y fortalecer la reflexión epistemológica a partir de la cosmovisión de nuestros pueblos insumisos del Sur.

- Juan José Romero Salazar, Doctor en Ciencias Económicas, Magíster en Gestión Universitaria. (Universidad de La Habana). Sociólogo (Universidad Central de Venezuela). Email: romerosalazar@gmail.com 

Del mismo autor:

Economía Social del Conocimiento o Mercantilización de los Saberes. Un debate necesario para América Latina. 

Capitalismo cognitivo y precarización del teletrabajo. 14/09/2020

 ¿Naufragará la economía venezolana?. 29/05/2015  

Notas: 

(1) La noción de marco epistémico que aquí se maneja, se refiere básicamente al contexto en el que se desarrolla el proceso de reconstrucción conceptual de la realidad para producir conocimientos. Suscribimos la argumentación desarrollada por Becerra y Castorina (2016), que señala que el marco epistémico: ”…es un producto de factores históricos de naturaleza socio-política y filosófico-religiosa […] refiere a una cosmovisión del mundo, una concepción o visión de la naturaleza y de la sociedad”. 

BECERRA, Gastón. Castorina, José (2016): Acerca de la noción de “marco epistémico” del constructivismo. Una comparación con la noción de “paradigma” de Kuhn. Revista Iberoamericana de Ciencia, Tecnología y Sociedad - CTS, vol. 11, núm. 31, 2016. 

(2) HERRERA H Eliana. SIERRA C Francisco. DEL VALLE R Carlos (2016): Hacia una Epistemología del Sur. Decolonialidad del saber poder informativo y nueva Comunicología Latinoamericana. Una lectura crítica de la mediación desde las culturas indígenas. Chasqui. Revista Latinoamericana de Comunicación N.º 131, abril - julio 2016 (Sección Monográfico, pp. 77-105) 

(3) DERRIDA, Jacques (1989): La deconstrucción en la frontera de la filosofía. Editorial Piadós. Buenos Aires. 

(4) SAVATER, Fernando. (1997). El valor de educar. Editorial Ariel. Colombia. 

(5) El Buen Vivir fue recogido como un principio constitucional en Ecuador y está contenido en el Plan Nacional para el Buen Vivir 2009-2013, que señala que el Buen Vivir está basado en el “Sumak Kawsay”, considerado como una cosmovisión del Ser Humano y su entorno natural y social para: “La satisfacción de las necesidades, la consecución de una calidad de vida y muerte digna, el amar y ser amado, el florecimiento saludable de todos y todas, en paz y armonía con la naturaleza y la prolongación indefinida de las culturas humanas. El Buen Vivir supone tener tiempo libre para la contemplación y la emancipación, y que las libertades, oportunidades, capacidades y potencialidades reales de los individuos se amplíen y florezcan de modo que permitan lograr simultáneamente aquello que la sociedad, los territorios, las diversas identidades colectivas y cada uno -visto como un ser humano universal y particular a la vez- valora como objetivo de vida deseable (tanto material como subjetivamente y sin producir ningún tipo de dominación a un otro)”. 

(6) DANTAS Marcos (2016) Trabalho material sígnico e mais-valia 2.0 nas condições do capital-informação. Disponible en: http://marcosdantas.com.br/conteudos/wp-content/uploads/2016/03/Capitalismo-Cognitivo-Capitulo-Marcos-Dantas.pdf 

(7) Desde el 19 de mayo de 2020, la empresa Galaxy Entertainment de Venezuela, operadora de Directv en Venezuela dejó de prestar el servicio de televisión por suscripción, a pesar de una sentencia del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) que insta a la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (CONATEL) a restaurar el servicio, lo cual se negó a cumplir la empresa Galaxy Entertainment de Venezuela, y no ejecutó la reconexión a los satélites de la compañía. Esto llevó al Gobierno venezolano a establecer un convenio con la empresa Scale Capital S,A, que compró a Directv Venezuela y reactivó la señal el 14 de agosto, a través de un acuerdo con Directv Latin America LLC, que le permite prestar el servicio utilizando la infraestructura instalada de Directv Venezuela para la activación de las operaciones y restitución de la señal en forma gratuita la señal los primeros 90 días. 

Hay que recalcar que decisión de Directv, de cesar las transmisiones atentan contra “los derechos constitucionales a la comunicación, libertad de expresión, acceso a la información y recreación”. Esta empresa se niega a acatar la sentencia del TSJ, pues su casa matriz, la AT&T acató las sanciones que el gobierno norteamericano le impuso a los canales Globovisión y Pdvsa Tv. Ambos canales están autorizados por CONATEL para funcionar en el espacio venezolano, por lo que esta sanción tiene un matiz netamente político en contra de la soberanía de Venezuela para manejar sus telecomunicaciones. 

https://www.alainet.org/es/articulo/209051    

Marchan miles de jóvenes en el mundo contra el cambio climático

 No quemen mi futuro, reclamo en ciudades de Europa

Foto
▲ A pesar de la pandemia de coronavirus miles de jóvenes se dieron cita en las calles de Viena convicados por Fridays for Future.

Bruselas. Miles de jóvenes se manifestaron ayer desde Suecia hasta Australia para exigir acciones urgentes destinadas a detener el cambio climático, con motivo del día internacional de acción climática del movimiento Fridays for Future, en su primera protesta global desde que comenzó la crisis del coronavirus.

Con un clima que está causando estragos en todo el mundo, desde incendios que asolan el oeste de Estados Unidos hasta olas de calor anormales en el Ártico siberiano e inundaciones récord en China, los organizadores dijeron que su objetivo era recordar a los políticos que mientras el mundo se enfoca en el Covid-19, la crisis climática ha sido más aguda que nunca.

La activista sueca Greta Thunberg, quien sostenía su famoso cartel Huelga escolar por el clima y portaba mascarilla, encabezó la protesta frente al Parlamento en Estocolmo, con el objetivo de aumentar la presión sobre los que están en el poder.

La pandemia del coronavirus ha impedido que el movimiento Fridays for Future, inspirado por Thunberg, celebre manifestaciones multitudinarias en meses recientes, rebajando su perfil público.

Nuestra principal esperanza, como siempre, es tratar de influir en la conciencia y la opinión pública para que la gente empiece a tomar conciencia de la crisis climática y aumentar la presión a los que están en el poder para que cambien las cosas, declaró la joven de 17 años a los periodistas, rodeada de una decena de activistas.

Desde Islandia hasta Australia y Jamaica, más de 3 mil acciones ocurrieron en el mundo –en Internet o en la calle– en respuesta al llamado de Thunberg para reiniciar el movimiento contra el cambio climático. Hace un año, dos huelgas mundiales atrajeron a más de 6 millones de personas a las calles, en lo que los organizadores afirmaron que fue la mayor movilización climática de la historia.

Debido a las restricciones por la pandemia, muchos actos se organizaron en línea y los participantes publicaron fotos en redes sociales o se unieron a una llamada global en Zoom de 24 horas.

En Alemania, unas 10 mil personas protestaron en Berlín, según la policía, mientras los organizadores hacen referencia a unos 21 mil participantes. En su mayoría con mascarillas, los jóvenes desafiaron la lluvia y se reunieron frente a la emblemática Puerta de Brandeburgo.

La protección del clima no puede esperar más, No hay un planeta B o No quemen mi futuro se leía en algunas de las pancartas alzadas por los manifestantes. Los organizadores berlineses denunciaron la política del gobierno de Angela Merkel, en particular la continuación hasta 2038 de la explotación de minas de carbón.

En Hamburgo, 6 mil personas participaron en esta primera movilización por el clima desde que inició la pandemia, 7 mil en Colonia, 6 mil en Friburgo y 3 mil en Bonn, según los recuentos de la policía. Sin embargo, las autoridades locales habían limitado el número de participantes en varias ciudades debido al brote de Covid-19.

En India, estudiantes y jóvenes activistas se unieron a las manifestaciones globales para reclamar medidas contra la crisis climática, en momentos que el coronavirus azota al país con casi 100 mil casos diarios.

Decenas de manifestantes se reunieron en el parlamento de Australia en Canberra, con carteles que pedían a los políticos que financiaran nuestro futuro, no el gas, y recordaban los catastróficos incendios forestales que asolaron la región a principios de este año, informó el diario inglés The Guardian.


Foto Afp
Periódico La Jornada

lunes, 14 de septiembre de 2020

Covid y vacunas transgénicas



La persistencia de la pandemia de Covid-19 ha desatado una carrera desaforada por lograr una vacuna, el enfoque más estrecho. Las epidemias siempre son un momento de alza para la voraz industria farmacéutica, hiperconcentrada en 20 grandes trasnacionales que controlan la mayoría del mercado global y que no están interesadas en la salud, sino en sus ganancias (https://tinyurl.com/y67zqdx2).
Éstas aprovechan la oportunidad de que los gobiernos, urgidos por encontrar una fórmula rápida para salir del estado de crisis pandémico y el hartazgo de la población, están dispuestos a aportarles enormes recursos públicos –dinero, conocimientos e instalaciones públicas– y a relajar regulaciones y evaluación de inocuidad de las vacunas.
Se desarrollan a ritmo acelerado vacunas altamente experimentales, la mayoría transgénicas, con mecanismos de acción en nuestro organismo sobre los que existen grandes incertidumbres y muchos riesgos. Para las trasnacionales, es una bonanza inusitada poder experimentar masivamente, con cobertura y dinero públicos, en tecnologías similares a las terapias génicas en humanos, cuya investigación quedó restringida luego de provocar serios daños y hasta casos de muerte en sus inicios (https://tinyurl.com/yyy25o6y).
Según la Organización Mundial de la Salud, al 9 de septiembre había 35 vacunas para Covid-19 en estudios clínicos (en fases uno a tres de prueba en humanos) y 145 en estudios preclínicos. De las primeras 35 en prueba, 17 se basan en técnicas de ingeniería genética no probadas antes en humanos. Esas vacunas transgénicas han tomado mayormente tres enfoques: uno que usa un plásmido (pequeña molécula circular de ADN) como vector para introducir ADN en nuestras células, un segundo que introduce ARN directamente en las células y un tercero que introduce ADN por medio de un virus, que a su vez es manipulado con ingeniería genética para que no pueda replicarse.
Las vacunas convencionales se basan en insertar un virus muerto o atenuado (que supuestamente no infecta), que causa una reacción del sistema inmunológico, el cual aprende así a reconocer ese tipo de virus y previene futuras infecciones. Las vacunas transgénicas, en cambio, introducen ADN o ARN foráneo en nuestro organismo, donde codifican para crear una proteína similar a las del SARS-CoV2, utilizando nuestros propios recursos celulares, por ejemplo, para crear una proteína S o espiga (las espinas que forman una corona en el virus). Si funciona, ésta sería reconocida como ajena por nuestro sistema inmunológico, que produciría anticuerpos para prevenir próximas infecciones.
La forma de acción de esas vacunas de hecho nos convierte en transgénicos, al menos temporalmente, porque no es una proteína foránea ante la cual nuestro sistema reacciona (como las anteriores vacunas), sino que manipula a nuestro organismo para crear el supuesto enemigo a atacar.
En el tercer grupo de vacunas transgénicas (vectores virales no replicantes) se encuentran, entre otras empresas, las de Johnson y Johnson (Estados Unidos), CanSino Biologics de China y Sputnik V de Rusia, con las que México se comprometió a aportar voluntarios para la experimentación en humanos en fase tres.
También se basa en esa técnica la vacuna en desarrollo de AstraZeneca, en cuya producción masiva participarán Argentina y México, financiados en parte por la Fundación Carlos Slim. El gobierno de México acordó también participar en las pruebas de fase tres con Walvax, China, que desarrolla una vacuna transgénica basada en ARN, y con la empresa Sanofi-Pasteur, que desarrolla otro tipo de vacuna, basada en introducir pequeños trozos (subunidades) de proteínas.
Según señalan expertas en vacunas y biólogos moleculares, hay riesgos serios con estos productos transgénicos. Por ejemplo, una vez introducido el ADN o ARN en nuestras células para crear la proteínas S, no está claro cómo se detendrá la producción de ese antígeno ni qué efecto tendrá la presencia continuada del ADN/ARN sintético en las células, que además, en el caso de las de ADN, llega con un promotor génico muy activo.
Tampoco está claro qué células se verán afectadas, más allá de las objetivo, si las proteínas o el ADN introducido entra en el sistema circulatorio y llega a otros órganos. Los receptores ACE2, que son los que habilitan a las proteínas S a entrar en las células, existen en riñones, pulmones y testículos, lo cual podría provocar respuestas inflamatorias graves, reacciones autoinmunes u otros efectos desconocidos.
En experimentos con animales, este tipo de vacunas transgénicas han producido procesos inflamatorios severos y lo que llaman respuesta paradójica: el organismo ataca a otros virus presentes en nuestro cuerpo (todos los seres vivos convivimos con virus y bacterias naturalmente), produciendo inflamación y otras sintomatologías dañinas.
Los tiempos de evaluación de las vacunas que se están manejando no contemplan apreciar más que riesgos a corto plazo, pero las reacciones adversas pueden surgir posteriormente, por lo que los procesos de aprobación de vacunas llevan varios años, que ahora no se consideran.
Al mismo tiempo, no se toman las acciones necesarias para cambiar las causas de las pandemias –desde el sistema alimentario agroindustrial a la destrucción de la biodiversidad (https://tinyurl.com/ycfcksva)–, aunque existen múltiples advertencias de que hay otras pandemias en  cierne. Parece ser el mayor experimento transgénico masivo en humanos y quienes ganarán son las trasnacionales farmacéuticas, que lucran con las causas y con la continuación de las pandemias.
* Investigadora del Grupo ETC

sábado, 5 de septiembre de 2020

“El capitalismo utiliza tanto la «zanahoria» de la democracia como el «palo» del fascismo”

Entrevista a Jacques Pauwels

Mohsen Abdelmoumen 

Fuentes: Algérie Résistance

Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos
Mohsen Abdelmoumen: En su libro El gran capital con Hitler (1) menciona la colaboración de la élite económica industrial y financiera con Hitler. ¿Fue Hitler un producto puro del sistema capitalista, un instrumento?
Dr. Jacques Pauwels: El llamado “nacional-socialismo” de Hitler (que en realidad no era en absoluto una forma de socialismo) era la variante alemana del fascismo y el fascismo era una manifestación del capitalismo, la manera brutal y cruel en la que se manifestó el capitalismo durante el periodo de entreguerras en respuesta a la amenaza del cambio revolucionario encarnado por el comunismo y a la crisis económica de la Gran Depresión. En efecto, se puede calificar a Hitler de “instrumento” del capitalismo en la medida en personificó la variante alemana del fascismo. Sin embargo, como menciono en mi libro, el término “instrumento” es demasiado simplista en realidad. Sería más exacto definir a Hitler como una especie de “agente”, un ser humano complejo con un espíritu propio, que actúa en nombre del capitalismo alemán, aunque no siempre de acuerdo con los deseos de los capitalistas, en vez de calificarlo de simple “instrumento” o “herramienta” del capitalismo alemán. Eso explica por qué los capitalistas alemanes no siempre estuvieron completamente satisfechos de los servicios de Hitler. Pero la ventaja de este acuerdo era que tras el desmoronamiento de la Alemania nazi pudieron culpar al “agente” de todos los crímenes que él había cometido en su nombre.
MA: ¿El capitalismo tiene una necesidad vital del nazismo y del fascismo?
JP: El capitalismo es un sistema socio-económico muy flexible que es capaz de funcionar en diferentes contextos políticos. Sin duda es un mito que el capitalismo, llamado por eufemismo “mercados libres”, es una especie de hermano siamés de la democracia, es decir, que el entorno político preferido del capitalismo es la democracia. La historia nos demuestra que el capitalismo prosperó en unos sistemas muy autoritarios y apoyó a estos sistemas con entusiasmo. En Alemania el capitalismo se comportó extremadamente bien cuando Bismarck dirigió el Reich con mano de hierro. Alemania bajo Hitler siguió siendo capitalista al 100 % y el capitalismo prosperó con Hitler, antes y durante la guerra, como he demostrado en mi libro.
El capitalismo también es capaz de asociarse a la democracia, y está deseoso de hacerlo, en particular si parecen necesarias unas reformas democráticas para disipar la amenaza de un cambio revolucionario, por ejemplo, después de la Segunda Guerra Mundial, cuando se introdujeron en Europa reformas políticas y sociales democráticas (el Estado de Bienestar) para hacer fracasar las reivindicaciones mucho más radicales, incluso revolucionarias, formuladas por los movimientos de resistencia en países como Italia o Francia. Se podría decir que para conseguir su objetivo de lograr el máximo beneficio el capitalismo está dispuesto a utilizar tanto la «zanahoria» de la democracia como el «palo» del fascismo y otras formas de autoritarismo, como las dictaduras militares.
MA: ¿El ascenso de grupos neonazis y fascistas por todo el mundo sirve al gran capital y a la oligarquía que gobierna el mundo?
JP: Como he mencionado antes, el fascismo es una manifestación del capitalismo. En otras palabras, es la manera en la que el capitalismo, como un camaleón, adapta su color a un entorno social y político cambiante. El fascismo histórico de la década de 1930, personificado por personajes como Mussolini y Hitler, reflejaba la respuesta del capitalismo, en Italia y Alemania, a la doble amenaza del cambio revolucionario a la rusa y de la Gran Depresión.
Después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el fascismo estaba probablemente muerto y enterrado, el capitalismo (en particular el capitalismo estadounidense) se apoyó en los sistemas neo, cuasi o criptofascistas para neutralizar amenazas similares. Por ejemplo, en Chile, donde Pinochet fue llevado al poder para impedir unas reformas radicales y permitir al capital de inversión estadounidense instalarse con toda seguridad en el país. Hoy en día problemas económicos y sociales cada vez más importantes asociados a unas amenazas revolucionarias reales o percibidas han hecho que el capitalismo haya generado en varios países partidos y movimientos políticos fascistas o, si lo prefiere, casi o neofascistas. Por el momento el capitalismo no necesita llevar a estos fascistas la poder, pero resultan ser muy útiles porque, como Hitler con su antisemitismo, desvían la atención del público de los fallos del sistema capitalista echando la culpa a chivos expiatorios (preferentemente de color) como las personas musulmanas, refugiadas, chinas o rusas. El escritor alemán Bertolt Brecht nos advirtió poéticamente de ello haciendo alusión al fascismo hitleriano y a la capacidad intacta del capitalismo de generar nuevas formas de fascismo:
“[…] So was hätt einmal fast die Welt regiert!
Die Völker wurden seiner Herr, jedoch
dass keiner von uns zu früh da triumphiert
Der Schoss ist fruchtbar noch, aus dem das kroch”
(¡Una vez algo así casi gobierna el mundo!/Los pueblos lograron hacerse con él, sin embargo,/que nadie nos cante triunfo demasiado pronto, continúa fértil el vientre del que surgió aquello. La resistible ascensión de Arturo Ui)
MA: La Unión Europea acusa a la URSS de haber desencadenado la Segunda Guerra Mundial, ¿qué opina usted?
JP: Acusar de la Segunda Guerra Mundial a la URSS (y, por consiguiente al Estado ruso que le sucedió) es una declaración puramente política. Constituye una distorsión monstruosa y vergonzosa de la historia. A lo largo de la década de 1930 la Unión Soviética estuvo años tratando de establecer con Francia y Gran Bretaña una alianza contra Hitler, pero fue rechazada varias veces. La razón de ello reside en el hecho de que los hombres que estaban en el poder en Londres y París no querían entrar en guerra al lado de la Unión Soviética contra Hitler, sino que querían que Hitler utilizara la potencia militar de Alemania para encaminarse hacia el este y destruir la Unión Soviética mientras ellos observaban tranquilamente entre bastidores. Sin duda Hitler quería la guerra y por ello se le reprocha con razón haber desencadenado la Segunda Guerra Mundial. Pero los dirigentes franceses y británicos son responsables en parte porque ellos animaron a Hitler y le apoyaron con su política de “apaciguamiento”, por ejemplo, ofreciéndole Checoslovaquia en bandeja de plata en el marco del tristemente célebre pacto que firmaron con él en Munich en 1938.
MA: Al culpar a la URSS, ¿acaso no tratan los políticos y los medios occidentales de ocultar su propia historia atroz de colaboración con Hitler y el nazismo?
JP: En efecto, culpando a la Unión Soviética los países “occidentales”, o al menos sus dirigentes, tratan de desviar la atención del papel que ellos mismos desempeñaron en el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Por medio de su infame política de apaciguamiento los dirigentes británicos y franceses fomentaron y facilitaron los planes de Hitler de una “cruzada” contra la Unión Soviética. Y la élite de las empresas y las finanzas de los países occidentales, incluido Estados Unidos, colaboró muy estrechamente (y de manera muy beneficiosa) con Hitler, como he demostrado en mis libros El gran capital con Hitler y El mito de la guerra buena (2).
JA: En sus obras El gran capital con Hitler y El mito de la guerra buena: Estados Unidos y la Segunda Guerra Mundial usted desmonta el mito de que Estados Unidos “liberó” a Europa, aunque es sabido que el momento crucial de la guerra es la victoria de Stalingrado de los soviéticos. ¿No es otra mentira histórica afirmar que Estados Unidos liberó a Europa? ¿Acaso Estados Unidos no colonizó simplemente Europa? ¿Cómo explica usted la dependencia de Europa respecto a Estados Unidos y el hecho de que los europeos siempre sigan la política imperialista de Estados Unidos? ¿No se ha quedado obsoleta la OTAN?
JP: Es cierto que la Unión Soviética hizo, con mucho, la mayor aportación a la victoria de los Aliados. Si el Ejército Rojo no hubiera logrado detener la apisonadora nazi ante Moscú en 1941 y obtener victorias importantes en Staligrado y otros lugares, Hitler habría ganado la guerra. Pero los nazis tenían la maquinaria de guerra más poderosa que se haya visto nunca y para vencerla se necesitaba la contribución de todos los ejércitos aliados y también de los movimientos de resistencia. No se puede negar que el ejército estadounidense también hizo una contribución importante; sin embargo, los dirigentes estadounidenses se aprovecharon de la presencia de su ejército en Europa occidental para establecer su hegemonía en esta parte del mundo. En muchos sentidos, Estados Unidos no “liberó” verdaderamente a los países de Europa occidental. Todavía hoy Alemania no es “libre” de pedir a las tropas estadounidenses que abandonen su territorio, y Bélgica y los Países Bajos deben tolerar la presencia de bombas atómicas estadounidenses dentro de sus fronteras. El presidente francés Charles de Gaulle no estaba lejos de la verdad cuando describió la liberación estadounidense de Francia como una segunda “ocupación” tras la ocupación alemana. Al contrario de los alemanes y belgas, de Gaulle tuvo el valor de exigir que las tropas estadounidenses abandonaran Francia y esa es una de las razones por las que parece que la CIA estuvo implicada en diferentes atentados contra su vida.
Pero ni siquiera de Gaulle pudo evitar adherirse a la OTAN, que no es en absoluto una alianza entre iguales sino un club de “satélites” europeos de Estados Unidos, estrictamente controlado por el Pentágono y que funciona como un departamento de ventas y de relaciones públicas del “complejo militar-industrial” estadounidense. En su origen la OTAN se creó para defender Europa occidental de una amenaza totalmente ficticia proveniente de la Unión Soviética, de modo que se debería haber disuelto tras el desmoronamiento del “Imperio del mal”. Sin embargo, para Estados Unidos la OTAN es un instrumento muy útil y poderoso para controlar Europa. Y, en efecto, este control, esta hegemonía, fue establecido por Estados Unidos en los meses que siguieron al desembarco de sus tropas en Normandía en 1944. Irónicamente, esta hazaña no habría sido posible si mucho antes el Ejército Rojo no hubiera atestado varios golpes mortales a la Alemania nazi.
MA: ¿La intervención estadounidense en Europa durante la Segunda Guerra Mundial no es simplemente una guerra capitalista? ¿No sirve fundamentalmente a los intereses del imperialismo estadounidense y a su completo militar-industrial?
JP: La Segunda Guerra Mundial fueron dos guerras en una. Por una parte, se trataba, efectivamente, de una guerra “capitalista” o, más bien, de una guerra “imperialista”. El imperialismo era, es, la manifestación internacional, mundial, del capitalismo que implica la competencia y el conflicto entre las principales potencias capitalistas/imperialistas por unos territorios que que rebosan de elementos codiciados, como materias primas (petróleo, por ejemplo) y mano de obra barata. La Primera Guerra Mundial fue un conflicto imperialista, pero no solucionó las cosas, de modo que las potencias imperialistas entraron en guerra una segunda vez. Estados Unidos salió de este conflicto como el gran ganador gracias, irónicamente, a la aplastante derrota gracias a la Unión Soviética del otro candidato a la supremacía imperialista, la Alemania nazi.
Al mismo tiempo, la Segunda Guerra Mundial también fue un conflicto entre el capitalismo-imperialismo y el socialismo, encarnado por la Unión Soviética. Es una ironía de la historia que ambos tipos de conflictos se hayan fusionado y generado unas contradicciones como la alianza de facto de la Unión Soviética socialista, intrínsecamente anticapitalista y antiimperialista, con dos potencias imperialistas antisocialistas, Estados Unidos y Gran Bretaña. La guerra sirvió a los intereses del imperialismo estadounidense en el sentido de que permitió a Estados Unidos emerger como el número uno indiscutible del imperialismo. Pero el resultado de la guerra fue imperfecto porque significaba también un triunfo para la Unión Soviética antiimperialista y por esa razón inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial Washington empezó una nueva guerra, la Guerra Fría, cuyo objetivo era nada menos que la eliminación de la Unión Soviética.
MA: El imperialismo estadounidense nunca ha cesado una política de guerra y de golpes de Estado por todo el mundo. ¿Las guerras imperialistas que han devastado Irak, Afganistán, Libia, Siria y Yemen no son sintomáticas de la barbarie del imperialismo estadounidense?
JP: Históricamente el imperialismo estadounidense ha perseguido sus objetivos de manera sistemática, despiadada y se podría añadir que no solo abiertamente sino también furtivamente por medio de la guerra abierta, la guerra económica, la desestabilización, el sabotaje y los intentos de asesinato. Citemos entre los ejemplos de esta crueldad el bombardeo inútil de Hiroshima, la guerra química contra el pueblo vietnamita, los intentos de asesinato logrados o no de dirigentes recalcitrantes como Fidel Castro y Lumumba, y unas sanciones económicas que cuestan la vida a decenas, incluso centenares de miles de mujeres y niños, como reconoció tristemente Madeline Albright en referencia a Irak. De modo que sí, las guerras desencadenadas por Estados Unidos en Irak, Afganistán, Libia, etc., son sintomáticas de esta crueldad o barbarie, como usted lo denomina.
¿Quién es el dr. Jacques Pauwels?
Jacques R. Pauwels es un historiador, investigador y escritor nacido en Gante, Bélgica. Emigró a Canadá en 1969 después de estudiar Historia en la Universidad de Gante y se instaló cerca de Toronto. Hizo estudios de doctorado en la York University de Toronto y se especializó en la historia social de la Alemania nazi. En 1976 obtuvo el doctorado. Es profesor de Historia en varias universidades canadienses, incluidas la universidad de Toronto y la de Guelph. En 1995 obtuvo un doctorado en Ciencias Políticas en la especialidad de la reglamentación de las inversiones extranjeras en Canadá. Ofrece conferencias en varias universidades de Ontario, incluidas las universidades de Toronto, Waterloo y Guelph. Y ha publicado muchos artículos.
Ha escrito varios libros que se han traducido a diferentes lenguas. Entre sus obras destacan Women, Nazis, and Universities : Women University Students in Nazi Germany, 1933-1945, El mito de la guerra buena, El gran capital con Hitler, Les mythes de l’Histoire moderne y Le Paris des sans-culottes.
En su página web, http://www.jacquespauwels.net, se publican las conferencias y entrevistas en las que ha participado, así como sus muchas publicaciones.
Mohsen Abdelmoumen es un periodista argelino independiente. Colabora con varios periódicos argelinos como Alger Républicain y con diferentes páginas web de prensa alternativa. Su blog es Algérie Résistance.
Notas de la traductora:
(1) En francés Big Business avec Hitler, en castellano El gran capital con Hitler, Edithor, Quito, 2019. Esta misma editoral ha publicado también de este autor La gran guerra de clases 1914-1918.
(2) En francés Le Mythe de la Bonne Guerre : Les USA et la Seconde Guerre mondiale, en castellano El mito de la guerra buena, Hiru, Hondarribia, 2002, traducción de José Sastre.
Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción. 

martes, 1 de septiembre de 2020

El declive del poder de los estados petroleros

Se está produciendo un cambio histórico en Oriente Medio

Por Patrick Cockburn 

Fuentes: Independent

Traducido del inglés para Rebelión por J. M.
La normalización de las relaciones entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos ayudará políticamente a Donald Trump y Benjamin Netanyahu, pero están sucediendo cosas más importantes.
El presidente Donald Trump está loco porque los Emiratos Árabes Unidos se conviertan en el primer estado del Golfo en normalizar sus relaciones con Israel. Necesita todas las buenas noticias que pueda recibir en los meses previos a las elecciones presidenciales de Estados Unidos.
“¡Gran avance hoy! ¡Acuerdo de paz histórico entre nuestros dos grandes amigos, Israel y los Emiratos Árabes Unidos!”, tuiteó Trump. El Primer Ministro israelí, Binyamin Netanyahu, reclamó un triunfo por establecer relaciones diplomáticas plenas con un Estado árabe que alguna vez había sido un vehemente partidario de los palestinos. Los Emiratos Árabes Unidos, por su parte, dijeron que habían evitado la anexión israelí de partes de Cisjordania, mientras los palestinos denunciaron una traición más de sus compañeros árabes.
Mucho de esto es exagerado. Trump y Netanyahu exagerarán sus logros para fortalecer su estatus político interno. Los Emiratos Árabes Unidos habían establecido hace mucho tiempo vínculos comerciales y de seguridad con Israel y la anexión de Cisjordania por parte de Netanyahu se había pospuesto anteriormente. Las piadosas conversaciones entre Estados Unidos y sus aliados occidentales en los días anteriores a Trump sobre el fomento de un proceso de paz inexistente entre Israel y los palestinos, en el corazón del cual se encontraba una «solución de dos Estados» imaginaria, siempre fue un dispositivo para ignorar a los palestinos mientras fingían que algo estaba pasando.
Sin embargo se está produciendo un cambio histórico real en Oriente Medio y el norte de África, aunque no tiene nada que ver con la relación entre Israel y los árabes. Es una transformación que ha sido acelerada por el cataclismo del coronavirus y cambiará radicalmente la política de Oriente Medio.
Se acaba la era caracterizada por el poder de los estados petroleros. Cuando el precio del petróleo se disparó como consecuencia de la guerra de 1973, los países desde Irán hasta Argelia, en su mayoría -aunque no exclusivamente- árabes, disfrutaron de un extraordinario aumento de riqueza. Sus élites podían comprar de todo, desde pinturas de Leonardo da Vinci hasta hoteles de Park Lane. Sus gobernantes tenían el dinero para mantener en el poder a gobiernos con menor capacidad financiera o para sacarlos del poder financiando a su oponente.
Es este período histórico el que ahora está terminando y es probable que el cambio sea permanente. Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos todavía tienen grandes reservas financieras, pero no son inagotables. En otros lugares se está acabando el dinero. El factor determinante es que entre 2012 y 2020 los ingresos petroleros de los productores árabes cayeron de 1 billón a 300.000 millones de dólares, más de dos tercios. Se estaba produciendo demasiado petróleo y se consumía muy poco antes del coronavirus y, además, hay un alejamiento de los combustibles fósiles. Los recortes en la producción de la OPEP podrían contribuir de alguna manera a elevar el precio del petróleo, pero no serán suficientes para preservar un statu quo que se desmorona.
Irónicamente un petroestado como los Emiratos Árabes Unidos simplemente está mostrando sus músculos políticos al normalizar las relaciones con Israel justo cuando el mundo económico del que formaba parte se está rompiendo. Los Emiratos Árabes Unidos tampoco están solos, los estados petroleros siempre han tenido problemas para convertir el dinero en poder político. Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y su archirrival Catar asumieron un papel más agresivo durante los levantamientos de la Primavera Árabe en Egipto, Libia, Siria, Yemen y Bahréin en 2011. Mohammed bin Salman y Mohammed bin Zayed, los gobernantes de facto de Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, se volvió aún más intervencionista en 2015 y se regocijaron al año siguiente cuando Trump, sobreimpresionado por sus riquezas y aparente influencia, entró en la Casa Blanca.
Los éxitos de la alianza de Trump y las monarquías del Golfo han sido escasos. Su objetivo principal, Irán, está golpeado, pero sobrevive. Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos comenzaron rápidamente una guerra en Yemen hace cinco años que aún continúa. Bashar al-Assad permanece en el poder en Damasco y Libia se ve envuelta en una guerra civil interminable de extrema ferocidad.
Los productores de petróleo superricos están sintiendo la sequía, pero estados como Irak están cerca de zozobrar porque ya no pueden pagar las facturas. En octubre pasado cientos de miles de jóvenes iraquíes salieron a las calles para protestar contra la falta de empleo, la corrupción y la falta de suministro de agua y electricidad por parte del Gobierno. La feroz represión mató al menos a 600 manifestantes e hirió a 20.000, pero siguieron volviendo a las calles.
Una protesta similar se extendió por el Líbano cuando su economía implosionó. No son solo los productores de petróleo los que están sufriendo, sino también países como el Líbano y Egipto que buscaron negocios y empleos en los petroestados. El Líbano solía mantenerse gracias a las remesas. Más de 2,5 millones de egipcios trabajan en los estados petroleros. Si no hay suficientes médicos egipcios para tratar a los pacientes con covid-19 en su país es porque están ganando más dinero en los estados petroleros.
Las cepas ya se estaban mostrando antes de la pandemia. Todo el sistema parecía cada vez más desvencijado. Los estados petroleros en el apogeo de su prosperidad habían operado de manera similar, independientemente de si eran monarquías o repúblicas. La élite gobernante, ya sea saudí, iraquí, libia o argelina, explotó gobiernos que eran lo que un experto describió como «máquinas de saqueo», mediante las cuales quienes tenían poder político lo convertían en dinero fácil.
No estaban solos. Podían hacerse con grandes fortunas sin provocar una revuelta del resto de la sociedad porque tenían vastas máquinas de mecenazgo. A los saudíes, libios, emiratíes, kuwaitíes e iraquíes comunes se les garantizaban puestos de trabajo como su pequeña porción del pastel de los ingresos petroleros.
Es este sistema de cincuenta años el que ahora está fallando. A medida que aumenta la población y los jóvenes entran en el mercado laboral, se requiere cada vez más dinero para mantener la sociedad funcionando como antes, pero esos recursos ya no existen. Este cambio tiene implicaciones revolucionarias ya que el contrato social tácito entre gobernantes y gobernados se rompe. No se puede hacer mucho para preservarlo porque la industria petrolera arruina todas las demás formas de actividad económica. Poco se produce localmente y solo con subsidios estatales masivos.
Los gobernantes de los estados petroleros tienden a negar la falta de alternativas al petróleo. Poco después de asumir el cargo de gobernante de facto en Arabia Saudita el príncipe heredero Mohammed bin Salman promovió la “Visión 2030” que supuestamente tenía la intención de alejar a Arabia Saudita del petróleo. Nadie con experiencia en el país se tomó esto en serio, aunque los consultores occidentales estaban felices de avivar esas fantasías tan rentables para ellos.
El mundo comprende muy bien el impacto de la pandemia en la salud. Está comenzando a prever la devastación económica que sigue. Pero todavía tiene que tomar en cuenta la agitación política inevitablemente causada por las economías afectadas por la pandemia, aunque Líbano ha dado un anticipo de esto. Acosado por guerras y sistemas sociales y económicos disfuncionales, Oriente Medio es demasiado frágil para hacer frente al terremoto que se avecina.
Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión.org como fuente de la traducción.

lunes, 31 de agosto de 2020

Migración extracontinental


El mundo migrante, después de la Segunda Guerra Mundial solía estar dividido en dos grandes hemisferios, el americano de Alaska a la Patagonia y el europeo de los países nórdicos hasta el Cabo de Buena Esperanza.
Estados Unidos y Canadá fueron el imán migratorio para varias generaciones de latinoamericanos y caribeños. Por su parte Europa recibía intensos flujos migratorios de sus antiguas posesiones coloniales en África, Medio Oriente y gran parte de Asia.
En Estados Unidos viven y trabajan cerca de 40 millones de los llamados hispanolatinos; en Europa se reparten de manera simétrica los orígenes migrantes de acuerdo con las viejas posesiones: indios y pakistaníes en Reino Unido, magrebinos en Francia; moros en España; turcos en Alemania, indonesios en Holanda.
Este equilibrio empezó a romperse a fines del siglo XX. Los países andinos, Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia empezaron a emigrar a la madre patria, de manera paralela surgió la migración transgeneracional de hijos o nietos de migrantes europeos que volvían a la tierra de sus ancestros, especialmente a España e Italia.
El equilibrio se ha roto en el otro sentido. Han empezado a llegar a América migrantes de África y Asia que no estaban en el tradicional libreto de las migraciones chinas.
La llegada de inmigrantes extracontinentales tiene una conexión directa con la ausencia de requisitos de visa y las puertas de entrada principales han sido Ecuador y Brasil y en menor medida Guatemala, Cuba y Panamá.
En junio de 2008 el presidente Rafael Correa promulgó una política de puertas abiertas y de ciudadanía universal. Y en tres meses, de julio a septiembre, el experimento dio resultados, llegaron a Ecuador 14 mil 549 ciudadanos chinos, de los cuales sólo 32 solicitó refugio. Una parte se quedó en el país, especialmente en Guayaquil, otra se fue a Perú y otros más a Estados Unidos. En diciembre, se tuvo que dar marcha atrás y poner el requisito de visa a los chinos.
Dos años después, en 2010, Ecuador volvió a rectificar y exigir visa a los ciudadanos de Afganistán, Bangladesh, Eritrea, Etiopía, Kenia, Nepal, Nigeria, Pakistán y Somalia. Las redes de tráfico y trata habían encontrado el camino para hacer sus negocios. La apertura ecuatoriana se refleja en los datos colombianos, entre 2008 y 2010 fueron deportados 288 ciudadanos de Eritrea, 278 de Bangladeh y 117 de Somalia. Y también se reflejan en México, en el mismo periodo fueron detenidos mil 600 asiáticos y mil 500 africanos.
La otra puerta de entrada al continente es Brasil, especialmente de países africanos de habla portuguesa que no requieren de visa, por acuerdos de libre circulación, como Mozambique, Angola, Guinea Bissau, Cabo Verde y otros. También llegan muchos con pasaporte falso de África de Sur, que no requiere visa. Durante las Olimpiadas y el Mundial de Futbol hubo gran apertura y muchos aficionados de los países africanos que vinieron a competir, aprovecharon para quedarse o entrar al continente.
En menor escala Panamá y Cuba son también puertas de entrada, Cuba por la conexión aérea, desde Moscú, y Panamá por ser un centro logístico internacional. Y recientemente Guatemala quitó la restricción de visa a los ciudadanos indios y ya empezaron a llegar.
Las fuentes mexicanas sobre migrantes detenidos en situación migratoria irregular reflejan estas tendencias, con el agravante de que concentran como en un embudo todas las corrientes migratorias que fluyen por el continente.
La migración china es de las más numerosas y entran a México por la vía legal y la irregular. Están a la vista de todos la gran cantidad de restaurantes chinos en todas las grandes ciudades, incluso las medianas y las pequeñas. El negocio de la gastronomía es la puerta de entrada para quedarse y traer a la familia, luego el salto a Estados Unidos es siempre una posibilidad. Pero los chinos no le hacen el feo a México, ni a ningún país, donde haya negocio y trabajo se quedan.
En segundo lugar llama la atención la inmigración de la India que llega por Guatemala y se interna de manera irregular, muchas veces camuflada con las redes centroamericanas y las caravanas. Entre 2010 y 2019 fueron capturados 15 mil 766 indios, que pretendían llegar a Estados Unidos. También ha cobrado importancia la inmigración de esa región: Pakistán, Afganistán y Bangladesh, de este último país fueron capturados 4 mil 589 en el mismo periodo.
La migración africana también creció en la pasada década, Somalia, Ghana y Eritrea ocupan los primeros lugares en la década. Pero en 2019 fue Camerún el que ocupó el primer lugar en cuanto a detenidos, 3 mil 100, luego El Congo, mil 800, Angola 857, Eritrea 369 y Ghana 196.
La migración de Asia y África está comenzando, son cifras comparativamente bajas, pero marcan una tendencia irreversible. La política de deportación no es solución, y pretender que se los puede enviar a todos de regreso, así sean de Marte, como diría el inefable Francisco Garduño, es irresponsable, además de petulante.
No obstante, ¿a quién hay que preguntarle sobre la política migratoria mexicana al respecto? A ¿Alejandro Encinas?, a ¿Marcelo Ebrad?, a ¿Sánchez Cordero?, a ¿Francisco Garduño?

domingo, 30 de agosto de 2020

Cómo desarmar la infodemia


Fuentes: Revista Anfibia

Durante la pandemia las noticias falsas potenciaron su capacidad de daño y hoy son uno de los mayores riesgos que deben enfrentar las sociedades.
¿Qué vías de acción son eficaces para combatir la desinformación? ¿Cómo deberían intervenir los Estados? ¿Qué formas consensuadas y eficaces de política pública de comunicación pueden surgir a partir de esta crisis? Un análisis sobre medios, plataformas y las formas futuras de habitar la vida en democracia.
Si hay un tema que durante los últimos años monopolizó las discusiones académicas y periodísticas alrededor de los “nuevos medios” y su impronta política en las sociedades contemporáneas es el conjunto conformado por ciertas denominaciones del paso de un “ecosistema comunicacional industrial” al “ecosistema comunicacional informacional”. Posverdad, fake news y ahora también infodemia conservan marcas de continuidad con prácticas precedentes y, a la vez, expresan novedades que adquieren una nueva dimensión al incorporarse a la jerga cotidiana y de sentido común.
La noticia falsa o construida sobre hechos inexistentes apunta, en cierto sentido ontológico, a la idea de la desinformación. Su empleo como herramienta política o de manipulación no es novedoso. En ese uso, los medios de comunicación masiva fueron y son un espacio estratégico. Incluso pueden comprometerse en su diseño: un contenido que aparece en las redes digitales es, muchas veces, levantado, difundido y explotado por los medios tradicionales. Y viceversa: un contenido nativo de los medios puede viralizarse exponencialmente a partir del accionar de las redes. 
La infodemia, una práctica informativa que genera pánico o promueve conductas incorrectas, es el fenómeno contemporáneo que mejor expuso estos riesgos. La Organización Mundial de la Salud lo empezó a usar en plena pandemia del COVID-19 y en la Argentina fue la Secretaria de Acceso a la Salud Carla Vizzotti quien lo nombró por primera vez. Sus efectos profundizaron la erosión de los sistemas y gobiernos democráticos. Expliquemos por qué: las democracias liberales y los Estados modernos descansan en un complejo entramado de relaciones que no podría sostenerse si la ciudadanía no tuviera la certeza de que el poder político actúa respetando las normas. Ese es el principio básico del contrato social que las fake news y la infodemia corrompen. Al hacerlo, debilitan la confianza y erosionan la democracia. Para visualizarlo estadísticamente: un sondeo de opinión pública de marzo de 2019 realizado por la consultora Solo Comunicación mostró que el 61% de los entrevistados manifiesta chequear la veracidad de la información de actualidad que ve en portales de Internet pero el 26% dice no hacerlo. Una vez enterados de la eventual falsedad de una información que circula, casi la mitad (48%) decide ignorarla. Además, el 34% de los entrevistados dice no chequear la veracidad de la información compartida por WhatsApp. Incluso, el 21% manifiesta haber compartido información de la que luego se enteró de su falsedad.
Durante la pandemia proliferaron en Argentina algunos ejemplos de Fake News, incluso uno de ellos alertado por la plataforma de fact checking Contar (de la que hablaremos en detalle más adelante). El 28 de mayo Clarin.com y A24 mostraron un video en el que se veía a la dirigente social Milagro Sala bailando con otras personas. El contenido audiovisual fue compartido como “El baile de Milagro Sala en plena cuarentena” y generó indignación en gran parte de la sociedad. Más de 130 mil personas lo vieron en Facebook. El video es real pero no ocurrió en el marco de la cuarentena, sino que fue en diciembre del año pasado. La propia Milagro Sala desmintió lo ocurrido en una entrevista con Víctor Hugo Morales en AM 750.
Fake-news_02Lo que nos interesa señalar del caso es la potencialidad de las fake news para el daño social, en tanto instrumentos de diseño para la intervención política. Pero, sobre todo, qué rol le cabe a los diferentes Estados y particularmente el argentino en un escenario como éste.
Durante los últimos años y al calor del incremento de las plataformas y redes digitales se multiplicaron los informes tematizados como fake news, a modo de clickbait literario. La mayoría de sus preocupaciones se centran en un sistema de alerta orientado hacia el debate público y el funcionamiento de las democracias centrado en: su incidencia electoral (Trump, Brexit, Bolsonaro) como forma de activación temática de una agenda de polarización; su continuidad con otras patologías mediáticas como las operaciones de prensa; definiciones y taxonomías vinculadas con la des-información y/o la manipulación: el accionar inconsciente de ciudadanos que viralizan información sin verificarla. En esa diversidad de agendas hay un común denominador: la dificultad que la mayoría de esas aproximaciones evidencia al referirse al rol del Estado en estos escenarios.
¿Qué papel le cabe a los Estados nacionales en un contexto de potencial desinformación o información falsa permanente y a gran escala? ¿Son los espacios del llamado fact-checking los más propicios para prevenir, intervenir e interpelar la circulación de estas noticias?  ¿Los medios estatales tendrían que formar parte de esas estrategias de desmentida? ¿Deben ser las máximas autoridades quienes se expongan al juego de la desmentida y contesten en primera persona las noticias falsas? ¿El registro de “denuncia” es el único posible frente a la difusión de noticias falsas? ¿O deben fomentarse otros en clave anticipatoria, crítica y pedagógica? ¿El Parlamento puede legislar para impedir, reducir y sancionar la producción y circulación de noticias falsas?
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Una de las formas de abordar la circulación de las noticias falsas y la infodemia fue la proliferación de un nuevo tipo de organización que se autoinstituye como instancia mediadora entre los acontecimientos, los discursos políticos, la prensa y la sociedad. Por lo general, son plataformas digitales las que llevan adelante la tarea del fact-checking o verificación de información, tanto desde el sector privado (Reverso) como las generadas por voluntad pública (Confiar).
Confiar es una de las iniciativas más completas y novedosas (aunque con escasa difusión) del sector público. Propone despejar dudas en torno a las fuentes de desinformación acerca del coronavirus y, para ello, verifica información al mismo tiempo que provee a los ciudadanos de herramientas y criterios para diferenciar la calidad y veracidad de las noticias. Confiar se suma a otras experiencias internacionales con impulso público, como EFE verifica, el sitio de fact checking de la agencia española EFE, o las que poseen otras agencias de noticias internacionales como AFP, AP y Reuters.
Estas experiencias sin duda representan un avance sobre el escenario problemático, pero implican una verificación a cargo del usuario, y en dispositivos (del gobierno o de los medios tradicionales) cuya autoridad suele también relativizarse.
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Desde el inicio del devenir del COVID-19 han circulado diversos tipos de fake news que hacen referencia a cuatro ejes: las posibles conspiraciones sobre el origen del virus; las modalidades de diseminación y contagio; los síntomas y tratamientos; y la eficacia de las medidas gubernamentales. Estos aspectos actúan sobre predisposiciones en la recepción como que la cura sea posible y cierta o que una intención política impulsó la creación del virus.
El rol de los organismos especializados, los medios de difusión y cualquier otra forma de comunicación institucional regida por deontologías profesionales debe ir más allá del aporte informativo y de su sesgo ideológico. Debe ser también excepcional: debemos exigir que al rigor periodístico sumen acciones concretas que para contener las fake news. Pongámoslo a la inversa, ¿es posible pensar formas consensuadas y eficaces de política pública a partir de la ventana de oportunidad que ofrece la pandemia? Por ejemplo, avanzar en el diseño de pautas de ética periodística que orienten la actividad en los medios de carácter público, y que puedan constituirse como una guía para el conjunto del sistema de medios. El documento Ética Periodística en la Era Digital elaborado por el Centro Internacional para Periodistas (ICFJ) con la cooperación de la Oficina de Montevideo de la UNESCO, sugiere: “Ante el dilema frecuente: o noticias al instante, o noticias producidas sin prisa, la diferencia la hace la voluntad de servir a la audiencia antes que al negocio. La prisa por la verdad inmediata afecta la verdad. También la afecta, y ¡en qué forma!, la violencia ambiente”. 
También existen un conjunto de rutinas integradas al programa de la comunicación profesional que podrían adaptarse al estado de excepción que transitamos. Por ejemplo extremar el ajuste de la comunicación de crisis al momento de difundir una política pública, donde debería trazarse una narrativa de continuidad que vaya desde el anuncio a la aplicación efectiva de la política, desde la asignación de recursos hasta la distribución de los productos o servicios. Pueden sugerirse estas y otros cientos de acciones particulares. El problema sigue siendo la compleja relación entre ciertas culturas políticas y mediáticas.

Fake-news_03Dentro de la tradición sobre Manuales o Códigos de Ética Periodística, cabe destacar el Código Deontológico Europeo de la Profesión Periodística. Además del reconocimiento de los deberes tradicionales del ejercicio periodístico y de la importancia de los medios de comunicación en las sociedades contemporáneas, el documento plantea cuestiones éticas en relación al rol de los medios. Por ejemplo, señala que “los medios de comunicación efectúan una labor de ‘mediación’ y prestación del servicio de la información y los derechos que poseen en relación con la libertad de información, están en función de los destinatarios que son los ciudadanos”. Por otra parte, establece un párrafo que conecta bien con el actual contexto: “La emisión de noticias debe realizarse con veracidad, a través de las actividades verificadoras y comprobadoras oportunas y con imparcialidad en la exposición, descripción y narración de los mismos. Los rumores no deben confundirse con las noticias. Los titulares y enunciados de las noticias deben subrayar lo más fielmente posible el contenido de los hechos y datos”.
 

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Frente al estado de excepción, debemos pensar desde una mayor complejidad la dimensión pública e institucionalizada de la ética informativa. Por ejemplo, impulsar a los gobiernos a incrementar los niveles de transparencia de manera de comprometer también al sector privado de medios a sostener mayores niveles de calidad y claridad en el manejo informativo, aspecto que resulta históricamente resistido. Es indispensable fortalecer los sistemas públicos o comunitarios, históricamente marginados. Y también resulta necesario generar una iniciativa a nivel nacional, una propuesta desde el Estado, que interpele pública y directamente a los grandes medios comerciales.
Sabemos que se requiere un compromiso democrático excepcional para superar las malas prácticas de ciertas culturas políticas y mediáticas, hoy digitalmente potenciadas. Las formas institucionales que se relacionan con estas problemáticas en otras regiones suelen concentrarse en ecosistemas propios del estado (organismos de control, defensorías, cuerpos consultivos) o del sector privado (formas de autorregulación, colegiaciones, colaboraciones corporativas).
El esfuerzo cultural y político consiste en combinar ambos espacios y podría institucionalizarse bajo la forma de un Consejo plural orientado a la ética y la responsabilidad en el tratamiento de la información pública. Una instancia compartida entre medios comerciales de difusión, organizaciones civiles, plataformas y agencias del estado. Un Consejo de estas características tendría como objetivo avanzar sobre un sistema de acuerdos de buenas prácticas, con la finalidad de contribuir a un debate público respetuoso de las diferentes legitimidades pero claramente orientado a desplazar cualquier forma de violencia simbólica.
En dicho cuerpo colegiado todos los convocados deberían asumir responsabilidades orientadas a: resguardar el derecho humano a la comunicación, moderar el tono del debate público, vehiculizar acciones positivas del Estado que no colisionen ni restrinjan la libertad de expresión; precisar procedimientos sobre noticias falsas, construir consensos en procura de la defensa del interés general, fortalecer y promover códigos de ética y modelos de autorregulación y colaboración; educar a las futuras generaciones en una cultura informativa para los ecosistemas digitales; entre otras.
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Respecto a los antecedentes sobre iniciativas de este tipo, es posible mencionar el Consejo de Ética de los Medios de Comunicación Social de Chile creado en 1990. Si bien fue concebido con lógica autorregulatoria por parte de los medios privados (fue promovido por la Federación de Medios de Comunicación Social de Chile sin participación estatal) constituye un espacio desde donde se emiten resoluciones con pedido de mejoras sobre el ejercicio periodístico y el rol de los medios. Aquí una de las últimas respecto a los medios en el contexto de pandemia.
En definitiva, abordar el problema de las fake news mediante formas regulatorias conlleva también el riesgo de habilitar el abuso por parte de gobiernos con tendencias autoritarias, creando las condiciones para un nuevo tipo de censura.
Es un debate abierto en diferentes estados, y en algunos de ellos existen normas que pretenden atenuar sus efectos. En Francia desde 2018 se sancionó una ley por la cual se puede recurrir a un juez para que detenga la difusión de informaciones falsas durante los tres meses anteriores a un proceso electoral. El Reino Unido enfoca su intervención regulatoria desde la Autoridad de Competencia y Mercado (CMA) planteando condiciones de competencia para las plataformas online y publicidad digital, instando al cumplimiento de códigos de conducta basados en principios de buenas prácticas a la vez que se contemplan penalidades financieras por incumplimiento.
Brasil dio media sanción en el Senado a un proyecto de “Fake News” muy objetado por diferentes organizaciones sociales que lo señalan como un riesgo para la vigencia de derechos fundamentales como la privacidad, protección de datos, acceso a Internet y libertad de expresión.
Las iniciativas mencionadas forman parte de experiencias internacionales, pero aún no se constituyeron como reclamos de colectivos vinculados a la comunicación. Tampoco forman parte de la agenda inmediata del gobierno actual que recorre otras preocupaciones más urgentes vinculadas con la pandemia de coronavirus. Si la crisis se nos presenta como una oportunidad, usémosla para construir acuerdos colectivos al respecto: a partir de ella podemos pensar las formas futuras de habitar la vida en democracia.
Ilustración María Elizagaray Estrada
Fuente: http://revistaanfibia.com/ensayo/desarmar-la-infodemia/