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martes, 28 de abril de 2020

Kim Jong-un envía mensaje de amistad al presidente de Sudáfrica

Seúl desestima rumores sobre el líder norcoreano

Trump elude hablar del dirigente; le deseo lo mejor

Pyongyang. El líder norcoreano Kim Jong-un envió ayer un mensaje al presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa, al tiempo que altos funcionarios de Corea del Sur desestimaron especulaciones sobre su salud surgidas a raíz de que no ha hecho apariciones publicas desde el día 11, y consideraron que esa ausencia sugiere que no ha estado trabajando de manera habitual.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo tener una idea muy clara de cómo se encuentra Kim Jong-un. No puedo decirte exactamente lo que sé, respondió a un reportero en rueda de prensa en la Casa Blanca. No puedo hablar de eso ahora. Sólo le deseo lo mejor, y agregó: espero que esté bien. Sé cómo está, relativamente hablando. Veremos, probablemente se enterarán en un futuro no muy lejano.
Kim envió un mensaje a Ramaphosa por el festejo de la fiesta nacional sudafricana, en el cual se pronunció por que las tradicionales relaciones de amistad y cooperación entre los dos países se vuelvan establemente más fuertes, informó la Agencia Central de Noticias Coreana (KCNA).
A pesar de que el asesor presidencial sudcoreano, Moon Chung-in, aseguró que Kim está vivo y bien de salud, las dudas persisten.
Yoon Sang-hyun, presidente del Comité de Unificación y Asuntos Exteriores en la Asamblea Nacional de Corea del Sur, sostuvo ayer en una reunión de expertos que la ausencia prolongada del líder indica que “no ha estado trabajando de manera habitual.
No ha habido ningún informe que muestre que está tomando decisiones políticas desde el 11 de abril, lo que nos lleva a suponer que está enfermo o aislado debido a preocupaciones por el coronavirus, indicó Yoon.
El ministro de Unificación, Kim Yeon-chul, afirmó en un foro a puerta cerrada que Corea del Sur tiene la información suficiente para decir confiadamente que no hay sucesos inusuales en Corea del Norte que respalden las especulaciones sobre el estado de salud de Kim.
El ministro subrayó que no podía revelar qué información en concreto había llevado a esa conclusión, pero insistió en que había pasado un complejo proceso de análisis.
Los rumores sobre la salud del líder norcoreano empezaron debido a su ausencia en la conmemoración el 15 de abril del aniversario de su abuelo, Kim Il-sung, fundador de Corea del Norte.
Kim Jong-un es la tercera generación de la familia que gobierna el país, y nunca se había perdido la celebración, una de las más importantes del año, desde que asumió el poder a la muerte de su padre, Kim Jong-il, a finales de 2011.
Los medios norcoreanos no han reportado nada sobre la salud de Kim ni sus actividades, si bien aseguran que ha recibido mensajes de buenos deseos de gobiernos de otros países. El lunes, la televisora estatal de Corea del Norte indicó que Kim agradeció a los trabajadores y funcionarios en el sitio donde se construye un complejo turístico en la costa este del país

Periódico La Jornada

jueves, 17 de octubre de 2019

Pueblos contra el neoliberalismo



Estados Unidos y las derechas locales están acentuando su feroz ofensiva para derrocar a los gobiernos revolucionarios y progresistas y aplastar a las fuerzas populares de nuestra región que no cejan en el combate a las políticas neoliberales. Lo hacen mediante el uso de los monopolios mediáticos, del terrorismo de Estado crudo y duro y la transgresión descarada de los principios del derecho internacional. El neoliberalismo se caracteriza por el ejercicio generalizado de la inhumana acumulación por desposesión, enunciada en Breve historia del neoliberalismo por David Harvey.
La cruenta represión en Ecuador contra indígenas y sectores populares que resistían bravamente en las calles al paquetazo del FMI y la intensificación de la persecución inconstitucional contra los líderes del movimiento Revolución Ciudadana del ex presidente Rafael Correa demuestran lo que afirmo. La resistencia logró una victoria importante al forzar al gobierno a derogar el decreto 883, sólo una parte del paquetazo, pero al costo de más de 800 heridos, más de mil detenidos y ocho muertos. La protesta fue respondida con una violencia sin precedente cercano en la nación sudamericana. Washington y las derechas no cuidan siquiera conservar la apariencia de ciertas formas de democracia representativa si se trata de castigar a rebeldes.
En Haití, tras meses de grandes batallas populares contra la corrupción gubernamental, el hambre y la pobreza generalizadas, se endurece la represión que ya cobra decenas de muertos, heridos y detenidos. Crece la indignación popular y la demanda de que renuncie el presidente Juvenal Moïse, con quien ya las organizaciones sociales dieron por terminada toda posibilidad de diálogo. De esto apenas se habla en los medios hegemónicos, que no se dan abasto para mentir sobre Venezuela. Sin embargo, la patria de Bolívar está en calma, el gobierno trabaja sin descanso para proteger al pueblo de los efectos del bloqueo genocida como los que se aplican contra Cuba, Irán y Corea del Norte, y revitaliza gradualmente las actividades.
Caracas continúa el diálogo con los sectores de la oposición que adversan el bloqueo de Estados Unidos, se pronuncian por una salida política al conflicto y coinciden con la postura oficial en cuanto a la disputa por el Esequibo. Las pláticas avanzan y el vicepresidente Jorge Rodríguez anunció el 16 de octubre que ambas partes instalaron ya la Mesa Complementaria Electoral, en la que el primer paso es la conformación del nuevo Consejo Nacional Electoral. Han instalado también la mesa sobre el daño económico del bloqueo, que dará pie a una gestión ante la ONU para plantear el cambio de petróleo por alimentos y medicinas. Han confirmado acuerdos aceptados en República Dominicana por los representantes opositores cuando recibieron orden en contra del entonces secretario de estado estadunidense Rex Tillerson. En cuanto a la puesta en libertad de opositores, están por darse a conocer este jueves por el fiscal general Tarek William Saab las medidas y nombre de las personas beneficiadas. A esto se une el disgusto con Guaidó de la oposición de extrema derecha por haberla marginado en el reparto del gran paquete de apoyo financiero de la Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos (USAID, por sus siglas en inglés) dedicado al gobierno del presidente Guaidó. Washington le ha entregado fondos multimillonarios a esta banda conocida por gastarse en parrandas en Cúcuta y Bogotá los fondos de otros países para ayuda humanitaria. La Argentina de Macri y la Colombia de Duque los apapachan. El Brasil de Bolsonaro reconoce como embajadora de Venezuela a María Teresa Belandria, quien con todo el apoyo del canciller Ernesto Araújo y del diputado Eduardo Bolsonaro, hijo del presidente, presume de haber influido en decisiones como incluirla en la lista de embajadores en el sitio de Internet de la cancillería, a la vez que se retiraba toda la información de contacto de la legitima embajada de Venezuela. La señora tiene tal intimidad con Araujo que, contrariamente a la costumbre, son usuales sus visitas al ministro en Itamaraty los fines de semana. Desde que apareciera el 23 de febrero en la zona fronteriza de Pacaraima para empujar el cruce de la llamada ayuda humanitaria, Belandria se ha convertido en la portavoz en Brasil de la campaña mediática contra el gobierno de Maduro, siempre bajo la supervisión de la embajada estadunidense. Últimamente ha estado presionando a Araujo para continuar las medidas contra Venezuela, después de que lograra que la cancillería prohibiera el ingreso al país de una lista de diplomáticos bolivarianos. Es conocido que junto a los Bolsonaro trabaja contra los intentos del vicepresidente Hamilton Mourao por evitar el involucramiento de Brasil en una agresión a Venezuela.
Son honores al presidente Guaidó. El mismo que en el curso de una reciente visita mía a Caracas convocó a una marcha donde no se presentó nadie, ni él siquiera.
Twitter: @aguerraguerra

lunes, 4 de marzo de 2019

Colapsan las negociaciones de Trump con la indomable Norcorea

Bajo La Lupa

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▲ Mala semana para Donald Trump, pues Kim Jong-un no resultó un platillo fácil de digerir mediante falsas adulaciones; el líder norcoreano no está solo .Foto Afp
¿Habrá afectado sicológicamente en su desempeño a Trump la virulenta comparecencia de su anterior abogado,el israelí-estadunidense Michael Cohen, mientras negociaba con el mandatario norcoreano Kim Jong-un, quien no resultó un platillo fácil de digerir mediante falsas adulaciones?
A Trump se le escapa el Premio Nobel de la Paz que anhelaba para este año, al haber anticipado una inevitable negociación triunfal con Norcorea. No fue una buena semana para él: desde la inminente publicación de la investigación del fiscal especial Robert Mueller, pasando por los líos judiciales en el distrito sur de Nueva York contra la Organización Trump, hasta el rechazo en la Cámara de Representantes, dominada por el Partido Demócrata,de su emergencia nacional para la construcción del muro transfronterizo contra México.
Norcorea juega también a la política doméstica de EU y a la elección presidencial de 2020. El atribulado Trump, quien hay que reconocer posee una legendaria resiliencia, no está exhibiendo sus dotes de óptimo negociador en sus casinos y negocios inmobiliarios que no son comparables para nada a los juegos geopolíticos de gran envergadura ya que el mandatario norcoreano no estaba solo, sino que contaba con el tácito apoyo de dos súperpotencias: China y Rusia, a quienes el mismo Trump alabó por su cooperación.
La decepción es amplia, en particular en Sudcorea. Después de dos cumbres en Singapur y en Hanoi, con el juvenil mandatario Kim Jong-un, ya es tiempo que Trump se haya percatado que Norcorea no es una vulgar republica bananera, como la maltrató el disfuncional ex canciller mexicano Luis Videgaray, por instrucciones del tal múdico Jared Kushner, yerno del presidente de EU.
En EU, los internacionalistas se están comiendo vivo a Trump, mientras el portal chino Global Times comenta en forma sensata que la “cumbre fracasó, pero no todo el progreso está perdido (http://bit.ly/2C1FKb7)”. El portal chino juzga que ambos están de nuevo estancados sobre un viejo problema: EU demanda la desnuclearización de Norcorea, primer termino, mientras Pyongyang insiste en jerarquizar el levantamiento de las sanciones. Los dos no pueden alcanzar un acuerdo trabajando simultáneamente para conseguir el mismo objetivo”, pese a la détente (distensión) de Pyongyang y Washington, quienes no se han podido sacudir de su profunda desconfianza mutua. Lamentablemente no se gestaron la apertura de oficinas de enlace ni la declaración formal del fin de la guerra de Corea de 1950/53.
A juicio del portal chino, la proximidad de la elección presidencial de EU, presionará a Trump a tomar de nuevo una actitud más dura contra PyongyangGlobal Times exhorta a que China y Sudcorea deben jugar un papel para salvaguardar los logros conseguidos hasta ahora: Norcorea cesó las pruebas misilísticas y nucleares antes de que EU y Sudcorea suspendieran sus ejercicios militares conjuntos. Concluye que la forma más efectiva para estabilizar a la península coreana es empujar a Norcorea y a EU a que se muevan uno hacia el otro e intenten promulgar un mapa de ruta de dos carriles: la desnuclearización y la paz peninsular aceptable para ambos.
El problema es el aprendizaje práctico de Norcorea que ha visto como en forma ingenua el ex mandatario libio Muamar Khadafi entregó la conducción de su Banco Central a Occidente y cesó sus experimentos de cierto tipo de armas de destrucción masiva para ser premiado con la triple invasión de EU/Francia/Gran Bretaña que llevó a la sodomización(literal) del líder libio, al derrocamiento de su régimen, el despojo de su gas/agua/oro/reservas de divisas y a la salvaje anarquía imperante.
En Norcorea están conscientes de cómo un acuerdo del contencioso nuclear con Irán, encabezado por Obama y avalado por otras cuatro potencias permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (Rusia/China/Francia/Gran Bretaña), sumados de Alemania, fue arrojado al basurero con la mano en la cintura por Trump. También en Norcorea leen los periódicos y ven las noticias sobre Libia e Irán.

miércoles, 27 de febrero de 2019

Trump-Kim: cumbre insustancial

Editorial La Jornada


Nueve meses después de su encuentro en Singapur, los presidentes Donald Trump, de Estados Unidos, y Kim Jong-un, de Corea del Norte, se encuentran en Hanoi, la capital de Vietnam, para llevar a cabo su segunda reunión. Aunque en el papel la cumbre debería suponer un avance sustantivo de la reunión de junio anterior –cuya finalidad central manifiesta era el inicio de un proceso de desnuclearización efectiva e irreversible de la península coreana–, el mandatario estadunidense se ha encargado de reducir las expectativas de la comunidad internacional y de los propios servicios de inteligencia estadunidenses, al declarar que no quiere apurar a nadie y que mientras no haya nuevas pruebas nucleares, estamos contentos.
Y previsiblemente no las habrá, pero no por una concesión a Estados Unidos ni por un inexistente logro diplomático de la Casa Blanca, sino porque el régimen Pyongyang ya terminó el ciclo de ensayos de su armamento atómico. Si a lo anterior se suma que las conversaciones no contemplan siquiera una definición operativa de lo que se entiende por desnuclearizar, así como la ausencia de cualquier hoja de ruta que comprometa a Corea del Norte a presentar algún tipo de avance, resulta evidente el carácter insustancial de la reunión.
En efecto, como ya quedó patente tras el primer encuentro –que ha sido blanco de un formidable despliegue mediático–, las conversaciones no rebasan, por parte de Washington, la intención propagandística de difundir la imagen de Trump como hábil negociador, mientras sus consecuencias prácticas se han limitado hasta ahora a disipar la tensión que el mismo magnate y su par norcoreano crearon durante año y medio de discursos y declaraciones incendiarias. Kim Jong-un, en tanto, puede esgrimir ante la sociedad de su país y ante el mundo que ha conseguido minimizar la agresividad estadunidense prácticamente sin hacer concesiones.
Si bien es cierto que el gusto de Trump por los gestos espectaculares y las salidas melodramáticas impide descartar la posibilidad de algún giro hostil hacia Norcorea por parte de la Casa Blanca, no existen razones de fondo para suponer que en Vietnam ocurra algo distinto a lo sucedido en Singapur. Incluso el saldo más digno de ser saludado durante estos meses, la disminución de la innecesaria confrontación verbal entre los países –desatada desde que el ex presidente George W. Bush decidió incluir a Norcorea en su delirante Eje del mal –, debe ponerse entre paréntesis, pues su durabilidad parece estar sujeta a las necesidades electorales del republicano y a sus proverbiales cambios de humor.
Cabe esperar que ambos líderes sean capaces de ver, en su encuentro de Hanoi, más allá de sus respectivos intereses políticos, de pensar en la seguridad y el interés de las sociedades de las dos Coreas, de Estados Unidosy del resto del mundo, y de asumir la necesidad de avanzar hacia un planeta libre de armas de destrucción masiva. En caso contrario, si Trump se limita a presentar como un triunfo el que Kim exprese la disposición abstracta de su gobierno a desnuclearizarse, pero sin un plan y un calendario precisos, la reunión cumbre no pasará de ser un montaje.

miércoles, 13 de junio de 2018

Trump-Kim: un encuentro



La Jornada

El encuentro del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y del máximo gobernante de Corea del Norte, Kim Jong-un, realizado ayer en Singapur, fue sin duda un gran éxito político para ambos. El estadunidense logró mostrarse, por primera vez en lo que va de su presidencia, y acaso desde que se postuló precandidato, como un político capaz de procurar la conciliación y los acuerdos. El norcoreano, en tanto, consiguió romper el aislamiento mundial en el que se encontraba y exhibirse como un dirigente razonable y dispuesto al entendimiento con sus adversarios.

Pero el éxito de la reunión debe medirse no en función de logros concretos sino en forma proporcional al grado de belicismo y hostilidad que ambos imprimieron en meses recientes a sus respectivos discursos: cuando gobernantes que han cruzado amenazas de mutua destrucción nuclear aparecen sonrientes y se estrechan la mano, el alivio de la opinión pública mundial es lógico y justificado.

Pero, sin desconocer la importancia de los gestos y los símbolos, los buenos propósitos expresados en el comunicado conjunto que se divulgó tras el encuentro son apenas un esbozo para emprender la construcción de una paz definitiva y perdurable entre las dos Coreas, por una parte, y entre Pyongyang y Washington, por la otra.

Así, ambos líderes se comprometieron a establecer nuevas relaciones, a unir esfuerzos para lograr una paz duradera y estable en la península de Corea, a trabajar por su desnuclearización total y a intercambiar prisioneros de guerra (o sus restos mortales) que aún puedan quedar de un conflicto bélico que quedó congelado hace 65 años, pero que desde entonces pende de un mero armisticio y no ha podido ser conducido a un acuerdo formal de paz ni a la normalización de las relaciones entre las dos Coreas.

Esta declaración es mucho mejor que los vitriólicos amagos intercambiados con insistencia entre Kim y Trump desde enero del año pasado, pero –salvo por una mención anegociaciones de seguimientoen la fecha más temprana posible– deja pendientes las modalidades de realización de los buenos propósitos enumerados en ella y omite las enormes dificultades políticas, económicas y técnicas para avanzar en el punto central, que es sin duda la desnuclearización de la península asiática y la construcción de las condiciones de seguridad necesarias para que el gobierno norcoreano acceda a ella.

Más aún, con los antecedentes de Trump, que todo mundo conoce, no puede descartarse que el magnate neoyorquino haga saltar por los aires en cualquier momento el acuerdo firmado en Singapur si así lo considera conveniente para sus intereses políticos, mediáticos y judiciales. El norcoreano, por su parte, sigue siendo en buena medida un enigma, como lo son los procesos de toma de decisiones en el régimen de Pyongyang, los cuales desembocan con frecuencia en determinaciones que resultan sorpresivas e inesperadas para el resto del mundo.

Con todo y las reservas referidas, Trump y Kim se han reunido, han hablado a solas durante casi una hora, han acordado cosas y eso, cabe reiterar, es mucho mejor que las tensiones bélicas entre ambas partes.

sábado, 26 de mayo de 2018

Los rejuegos de Trump con Corea del Norte



La Jornada 

En uno de sus habituales golpes de efecto, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dio ayer por cancelado el encuentro que se había programado para el próximo 12 de junio en Singapur con el máximo líder de Corea del Norte, Kim Jong-un. El pretexto para tal medida fue pueril: la enorme ira y abierta hostilidad mostradas, según el estadunidense, en las más recientes declaraciones del norcoreano. Luego, con tonos grandilocuentes y un toque de megalomanía, el magnate neoyorquino lamentó la oportunidad perdida de construir una paz duradera y calificó la circunstancia generada por él mismo como un momento triste en la historia.
Cabe recordar que Trump y Kim habían acordado reunirse para discutir las modalidades de desarme nuclear por parte de Corea del Norte y, según el secretario de Estado de la superpotencia vecina, Mike Pompeo, no creímos que pudiera haber un resultado positivo en el encuentro porque el país asiático no ofreció a Washington ninguna respuesta a nuestras demandas. Adicionalmente, el Pentágono anunció ayer que estaba listo para responder a alguna acción de provocación norcoreana.
Todo ello, pese a que el gobierno de Pyongyang liberó en días previos a tres ciudadanos estadunidenses que se encontraban encarcelados en su territorio y ayer mismo anunció que había demolido la instalación subterránea en la que venía realizando las pruebas de bombas atómicas, en la localidad de Punggye-ri, para garantizar la transparencia del fin de los ensayos nucleares.
En suma, pues, la inopinada cancelación de la reunión con el gobernante norcoreano no tiene una justificación racional visible y parece, a primera vista, un gesto absurdo e incoherente por parte del mandatario de Estados Unidos.
En tales circunstancias, todo parece indicar que la suspensión del encuentro constituye un distractor para la opinión pública y una maniobra negociadora orientada a obtener mayores concesiones por parte de Pyongyang en un eventual acuerdo de desnuclearización de la península coreana.
A fin de cuentas, esta clase de giros temperamentales por parte de Trump son ya conocidos en el proceso de reformulación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte con México y Canadá, y se inscriben en una estrategia de negociación no necesariamente productiva ni constructiva pero, al parecer, consustancial a la personalidad del presidente de Estados Unidos.
El riesgo de abusar de ellos es, en el caso específico de Corea del Norte, que lejos de disipar las tensiones bélicas entre ese país y la superpotencia, las agravan, incrementan y obstaculizan el proceso de normalización de relaciones bilaterales que ha venido dándose entre las dos Coreas.
En términos más generales, Trump corre el riesgo de dejar de ser tomado en serio por sus interlocutores, especialmente los aliados de Estados Unidos, los cuales pueden acabar concluyendo que más vale desarrollar sus propias políticas y estrategias sin considerar los desplantes, insolencias y tretas del magnate republicano porque, éste no va a estar en la Casa Blanca más de dos años y medio o, en el peor de los casos, seis. Y la parte más afectada será, paradójicamente, la presencia estadunidense en el mundo.

viernes, 18 de mayo de 2018

Si Kin podría ser asesinado por EEUU “modelo Kadafi”, ¿por qué no a Trump igual que a Kennedy?

Pedro Echeverría V.

1. Los yanquis no sólo tratan como animales, con odio, desprecio y racismo a los migrantes mexicanos y de Centro y Sur América, sino que de manera permanente amenazan, bombardean y saquean países sin que nadie exija castigo ejemplar contra ellos. Por ejemplo, el presidente Donald Trump dijo ayer que el líder norcoreano, Kim Jong-un, podría recibir “protección” de su parte si acepta renunciar a las armas nucleares. Señaló que aplicaría, “el modelo” mediante el cual el líder libio, Muammar Kadafi, renunció a su programa nuclear en 2003 y luego fue derribado en 2011, cuyo gobierno cayó tras una ofensiva de la OTAN, y fue asesinado en plena calle por los rebeldes en 2011. “Hemos golpeado de forma devastadora a Libia”, dijo Trump, y añadió que ese no era el plan para Pyongyang.

2. EEUU ha tenido el control de todo el armamento nuclear, así como de la producción y venta de armas en todo el mundo. Autorizó en su tiempo – al final de la Segunda Guerra- que los países amigos, aliados e incondicionales a él, posean algunas cabezas nucleares, pero de ninguna manera que países independientes se desarrollen en ese campo. ¿Cómo lo permitiría ese imperio si EEUU se considera el amo del mundo? Por ello mucha gente se pregunta: ¿Por qué el descarado cinismo de los gobiernos asesinos de EEUU en la historia si son ellos los que someten al mundo y lo mantienen en permanente dependencia? Lo que ha sucedido es que los gobiernos sometidos (modelo México) y los medios de información al servicio de las agencias yanquis, controlan toda la ideología.

3. Estaba revisando acerca de la cantidad de bases militares que existen en el mundo y reafirmé que son los EEUU los que poseen casi todas. Lo mismo en cuando a la producción y venta de armas en el orbe en la que EEUU reafirma su dominio. China y Rusia no pueden competir en esos dos campos porque los EEUU van muy adelantados y no quieren sufrir fricciones; han preferido avanzar por el dominio de mercados a partir de ofrecer mercancías con precios más ventajosos. Probablemente Trump sólo continúe con sus amenazas a Norcorea, así como lo hace contra Venezuela, porque a pesar del control que mantiene sobre la mayoría de los gobiernos del universo, puede salirle “el tiro por la culata”, es decir, que ante esas amenazas, el mundo despierte y se dedique a hacer revoluciones. (18/V/18)


martes, 8 de mayo de 2018

Cuba, Trump y el diálogo coreano


De regreso de un viaje a Cuba quisiéramos compartir unas pocas reflexiones sobre el momento actual de la isla. El endurecimiento del bloqueo ordenado por Donald Trump complica la situación económica de la isla rebelde. Pone piedras en el camino de la actualización del modelo económico pero no hace mella en la moral de los cubanos que a lo largo de casi sesenta años aprendieron a convivir con tanta malevolencia que, como el mal tiempo, viene del Norte. Con Trump ya son doce los inquilinos de la Casa Blanca que quisieron derribar a la Revolución Cubana, o producir el tan ansiado “cambio de régimen”. Los once anteriores mordieron el polvo de la derrota, y al magnate neoyorquino le espera más de lo mismo. Ordenó el retiro de numerosos diplomáticos de la reabierta embajada de EEUU en La Habana (la mayoría de los cuales eran agentes de inteligencia o personal adiestrado para “reanimar” con diversos subsidios y programas a la “sociedad civil” cubana) e impuso renovados obstáculos al comercio exterior de la isla, a las inversiones norteamericanas y también al turismo de ese origen que se dirige a Cuba, exhortando al ciudadano a “reconsiderar su decisión de viajar” a la isla. 

El nuevo presidente, Miguel Díaz Canel, deberá transitar por un sendero erizado de dificultades: desde la ilegal extraterritorialidad de las leyes de EEUU que, con la aquiescencia de gobiernos serviles (empezando por los europeos y siguiendo por los latinoamericanos) impone sanciones a bancos y empresas de terceros países que intervengan en el comercio exterior de Cuba hasta los vetos a la importación de productos que contengan más de un diez por ciento de componentes estadounidenses o de patentes radicadas en ese país, pasando por la prohibición de entrar a puertos de Estados Unidos a buques de carga que en los seis meses anteriores lo hubiesen hecho en alguno de Cuba. El repertorio del chantaje mafioso al que someten a la isla rebelde es tan grande como enfermiza su vieja obsesión por apoderarse de ella, que comienza con la célebre exhortación de John Adams en 1783 para acelerar la anexión de Cuba a las Trece Colonias. Pero la patria de Martí y Fidel ha dado sobradas muestras de tenacidad para defender su revolución y de su capacidad para, en medio de tan desfavorables circunstancias, garantizar para su población estándares de salud, educación y seguridad social y ciudadana como ningún otro país de la región. 

 
Es obvio que se avecinan tiempos difíciles para Cuba, pero nada que no se haya experimentado antes. Hay un gobierno de super-halcones como también lo había, sobre todo, en tiempos de Ronald Reagan. La diferencia es que ahora la CIA adquirió una muy visible pre-eminencia en el staff presidencial. Siniestros personajes como Michael Pompeo (ex Director de la CIA) ahora es Secretario de Estado; John Bolton, el matón del barrio, dirige el Consejo de Seguridad Nacional; un ignoto (por buenas razones) Juan Cruz fue designado por Bolton Director de Asuntos del Hemisferio Occidental en el Consejo de Seguridad Nacional. Decíamos “ignoto” porque Cruz fue un hombre de acción en la Agencia, no un simple analista sino un killer. Según el vicepresidente de Colombia, el General Oscar Naranjo, el puertorriqueño participó “en varias de las operaciones de inteligencia más productivas y eficientes", incluyendo golpes militares contra los principales líderes de las FARC, Raúl Reyes y el  Mono Jojoy, y la importante liberación en 2008 de un grupo de rehenes de las FARC, entre ellos tres contratistas del gobierno estadounidense e Ingrid Betancourt. O sea, un hombre de armas llevar (y disparar). La cadena Univisión comentó que “no pudo encontrar una fotografía de Cruz ni ninguna referencia a él en Internet, una muestra de su trabajo como espía.” 

Pues ese se encargará ahora de todos nosotros, los del Hemisferio Occidental. A estas enternecedoras figuras hay que agregar los nombres de John Kelly, ex general de los Marines y ex Jefe del Comando Sur es Jefe de Gabinete de Trump; de Liliana Ayalde, número dos del Comando Sur y casualmente ex embajadora en Paraguay y Brasil en tiempos de los “golpes blandos” contra Lugo y Dilma; y el de la actual jefa de la CIA, Gina Haspel, una mujer de rostro encantador con más de treinta años de carrera en la agencia y el mérito de haber dirigido una prisión clandestina en Tailandia en el 2002, donde sospechosos de terrorismo fueron objeto de torturas aplicándoseles la técnica del “submarino” bajo su supervisión y, al menos en un caso, su personal administración. 

No es la primera vez que Cuba tiene que vérselas con personajes como estos. Lo que ocurre es que ahora están en la superficie; antes, en cambio, se movían tras bambalinas pero de una forma u otra siempre estuvieron allí, en lo que se llama en Washington el “deep state”, el estado profundo, elegido por nadie y que ante nadie da cuenta de sus actos. Sin dudas que el gobierno y el pueblo cubanos sabrán enfrentar esta nueva ofensiva. Y que los halcones de Washington tampoco podrán enfilar todas sus baterías en contra de Cuba, y de Venezuela, porque toda su atención está concentrada en la histórica reunión de los dos jefes de estado de Corea del Norte y Corea del Sur que provocó un terremoto de vastas proporciones en el tablero de la geopolítica mundial. La guerra comercial declarada contra China requiere más que nunca mantener, en Corea del Sur y a tiro de cañón del litoral marítimo chino, un inmenso aparato militar con unos 35.000 hombres y equipamiento de última generación. Si el diálogo entre las dos Coreas prospera a Washington le será muy difícil continuar con sus tropas y armamentos en el Sur. Y el objetivo militar más importante no es Corea del Norte sino China. 

Podría parecer exagerado pero el sorpresivo acuerdo entre las dos Coreas es una da las mayores humillaciones diplomáticas sufridas por la Casa Blanca en mucho tiempo, y de una trascendencia que nos atreveríamos a decir superior a la que en su momento tuvo la derrota del ALCA en Mar del Plata en el 2005. Y un inesperado dolor de cabeza para la Casa Blanca que estará muy ocupada (y sin tanto tiempo ni gente para acosar a Cuba) para evitar que la situación en el Sudeste asiático se le escape de las manos.   

viernes, 4 de mayo de 2018

Cumbre coreana: buena voluntad compartida


Ángel Guerra Cabrera

Trabajar por la desnuclearización total de la península coreana, reducir sus arsenales, firmar un acuerdo de paz y procurar un futuro conjunto de prosperidad y reunificación fueron los acuerdos centrales de la memorable cumbre entre las dos Coreas, celebrada el 27 de abril. Los resultados del encuentro entre sus líderes Kim Jong-un, del Norte, y Moon Jae-in, del Sur, son esperanzadores. Más, si consideramos la opinión de notables expertos: que la escalada de tensión del año pasado estuvo a punto de transformar el conflicto en una guerra nuclear. Son obvias las trágicas consecuencias que un desenlace de esa naturaleza podría haber acarreado, cuando menos al pueblo coreano y a gran parte de la humanidad que habita en esa región del mundo.
La tercera cumbre intercoreana y primera en 11 años tuvo entre sus primicias la visita por vez primera a Corea del Sur, de un líder del Norte, toda vez que se efectuó en el lado sudcoreano del Área de Seguridad Conjunta.
Ambas Coreas han mostrado una firme voluntad de paz y entendimiento que hizo posible la minuciosa preparación de este encuentro en poco más 100 días. Cuento a partir del 10 de enero pasado en que se produjo la reunión a nivel de ministros entre las dos partes y fuera anunciada la posibilidad de esta cita. En el medio, la participación de Corea del Norte en los Juegos Olímpicos de Invierno de Pyeongchang, Corea del Sur, donde las delegaciones de los dos países desfilaron bajo una misma bandera por primera vez en 12 años. Fue notoria la presencia al frente de la representación del norte de su presidente honorífico Kim Yong-nam y de Kim Yo-jong, hermana de Kim Jong-un y jefa del departamento de propaganda del Partido del Trabajo de Corea del Norte. Kim despertó simpatía entre sus compatriotas del sur y, hace una semana, junto a Yong-nam, acompañó a su hermano en las pláticas con el presidente sudcoreano Moon.
Además de lo ya señalado, en la declaración conjunta de la cumbre figura también cesar cualquier acción hostil entre ellas, evitar enfrentamientos en el Mar Amarillo, adoptar medidas para cooperar con la comunidad internacional, celebrar conversaciones militares de alto nivel en mayo, reanudar las reuniones de familias separadas por la guerra de 1950-53, eliminar los medios de propaganda en la frontera y participar conjuntamente en competencias deportivas internacionales.
Tanto para Moon como para Kim el logro de este acontecimiento constituye una resonante victoria. El primero basó su campaña electoral en la promesa de conseguir un relajamiento de la tensión y un clima de paz en la península, meta en cuya consecución ha demostrado una indudable capacidad de maniobra y liderazgo. Por su parte, el líder norcoreano ha exhibido audacia, flexibilidad e igualmente liderazgo en la preparación y desarrollo de esta reunión. Todo lo cual contribuirá a disipar la imagen de irresponsable y guerrerista que le han forjado los medios corporativos. Además, si resulta estable y duradero el inédito proceso de relanzamiento de las relaciones de cooperación entre las dos partes, se estarían sentando las bases para el aflojamiento gradual de las sanciones por parte del Sur y, eventualmente, para la modernización de la economía del Norte. Hay que anotar gran parte del mérito por la realización de esta cumbre a las dos Coreas, con claro apoyo de China y Rusia. En este sentido fue muy importante la previa visita de Kim a China, que significó una recomposición de las relaciones entre ambos gobiernos, socavadas por la mutua desconfianza en los dos últimos años, y particularmente, de las del líder norcoreano con su homólogo chino, Xi Jingping.
La cumbre ha puesto freno de manera notable al grave deterioro ya referido del conflicto, en gran medida provocado por la sempiterna hostilidad de Washington hacia Pyongyang, agravada con la llegada de Trump a la presidencia. Aunque diera después un brusco giro y anunciara su propósito de reunirse con Kim. Como es usual, Trump le atribuyó a su línea dura el éxito de la cita intercoreana. El encuentro de los mandatarios estadunidense y norcoreano dará una idea de cuán pronto puede avanzar un acuerdo de desnuclearización y la firma de un tratado de paz entre las dos Coreas, imposibles de concretar sin la anuencia estadunidense. La funesta presencia de John Bolton y Mike Pompeo en la política exterior de Estados Unidos no augura nada bueno. El primero, por lo declarado, entiende la desnuclearización del norte como una rendición, que Pyongyang no aceptará.

martes, 3 de abril de 2018

 ¿Neutralidad, unificación y desnuclearización de la península coreana con garantía tripolar?

Bajo la lupa

Alfredo Jalife-Rahme

El presidente de Corea del Norte, Kim Jong-un, y el presidente del Comité Olímpico Internacional, Thomas BachFoto Afp

El mandatario de Corea del Norte, Kim Jong-un, ha desplegado una impactante ofensiva diplomática desde que envió a una delegación de su país, encabezada por su carismática hermana, a participar en forma conjunta con el anfitrión en los Juegos Olímpicos de invierno de Corea del Sur, donde el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, y el premier nipón, Shinzo Abe, no se mostraron a la altura que exigían las circunstancias (https://goo.gl/f13Jw3).

No se puede soslayar el papel de gran estadista que juega el presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, quien contra vientos y mareas lubricó en forma ingeniosa la próxima visita en mayo del presidente Donald Trump a Pyongyang, capital de Corea del Norte, a la que había amenazado aniquilar en su tuit de fuego y furia. La próxima reunión bilateral entre los mandatarios de Corea del Norte y Estados Unidos parecía haber dejado de lado a China, actor ineludible, como Rusia, del contencioso nuclear.
La posterior visita de Kim Jong-un a Pekín, agasajado con todos los honores, coloca de nuevo a China en el primer plano de las tratativas en los momentos en que Trump inicia su guerra comercial contra ésta, que acaba de propinar un triple golpe geofinanciero a Estados Unidos con su lanzamiento del petroyuan (con cobertura de oro y las armas nucleares rusas), que puede destronar la supremacía unipolar del dólar (https://goo.gl/1srfv9).
Quizá Kim Jong-un también busque el apoyo para una mínima postura peninsular unificada frente a Trump del mandatario Moon de Corea del Sur, con quien se reunirá el 27 de abril. Un frente común de Pyongyang y Seúl –donde están cansados de la agobiante presencia de 23 mil 468 militares de Estados Unidos–, con la protección nuclear de China y Rusia, diluye el unilateralismo de Trump, quien ahora le ha apretado las tuercas a Corea del Sur debido al déficit que padece Estados Unidos con los mayores actores comerciales del planeta. Trump arranca con chantajes militares lo que no puede obtener por la vía comercial.
Corea del Norte, de 120 mil 538 kilómetros cuadrados y 25 millones de habitantes, ostenta un PIB (medido por el poder adquisitivo) de 40 mil millones de dólares (datos de 2015), que son raquíticos frente al fenómeno geoeconómico de Corea del Sur –de 99 mil 720 kilómetros cuadrados y el doble de habitantes de Corea del Norte–, que brilla con su PIB (medido por el poder adquisitivo) de 2 billones de dólares (lugar 15 global). Se desprende que a Corea del Norte le conviene contar con el apoyo de Sudcorea en esta coyuntura tan crucial de varios niveles y etapas.
Sea con las dinastías de los Bush y los Clinton, sea con Obama o con Trump, a Estados Unidos le fascina el formato de negociación bilateral, donde tiene mayor margen para imponer su agenda hegemónica, a diferencia de las multilaterales, que tienden a diluir su aplastante supremacía.
La espectacular visita de Trump a Pyongyang –que contará tras bambalinas con el apoyo tácito de China y Rusia– le hubiera concedido enormes ventajas a Estados Unidos en un formato meramente bilateral, cuando parecía que China quedaba al margen de una negociación cuyo devenir afecta directamente sus intereses geopolíticos: por contar con mil 352 kilómetros de frontera común con Corea del Norte y constituir su protector geoeconómico natural. Un cambio de cualquier índole en esta última, por diminuto que fuere, afecta también a Corea del Sur y a Rusia, con quienes comparte 237 kilómetros y 18 kilómetros, respectivamente, de frontera. A Corea del Norte le asienta más un formato multilateral en el que concurran las tres superpotencias del momento (Estados Unidos/Rusia/China), sumados de Corea del Sur y Japón.
Un abordaje más creativo y sólido para el futuro consiste en enfocar el contencioso nuclear de Corea del Norte con la unificación de toda la península coreana, al unísono de su neutralidad, a cambio de la garantía tripolar de las superpotencias Estados Unidos/Rusia/China, cuyas grandes líneas fueron esbozadas desde el presidente Carter, postura refrendada por Clinton, quien estuvo a punto de descolgar un acuerdo final, pero a quien faltó tiempo debido a la llegada de Baby Bush, que con la mano en la cintura catalogó en forma aberrante a Corea del Norte de estado canalla, igual que a Irak.
La unificación de la península coreana podría adoptar el exitoso modelo de la unificación alemana que aceptó Moscú en la etapa catastrófica de Gorbachov y que acabó perjudicando a Rusia cuando Estados Unidos, con Daddy Bush y el texano James Baker III, desechó sus supuestas garantías verbales de que Washington ni la OTAN se expandirían hasta los límites de Rusia. Estados Unidos engañó al cándido Gorbachov, consideración que hoy deben tomar en cuenta China y Rusia cuando la unificación y desnuclearización de la península coreana pueden acabar siendo un nuevo caballo de Troya si no se estipulan las prístinas garantías (https://goo.gl/YHRhZN).
En la unificación alemana, Gorbachov –embriagado por sus fallidos teoremas de la perestroika (restructuración económica) y glasnost (transparencia)– aceptó implícitamente el triunfo del capitalismo de la Alemania de Bonn sobre el comunismo alemán de Berlín oriental.
Hoy Rusia y China ostentan óptimas relaciones geoeconómicas con el capitalismo sudcoreano, pero también mantienen excelentes relaciones geopolíticas con Corea del Norte, mientras Estados Unidos se obstina en su caduco esquema de la guerra fría. El futuro geoeconómico de la península debe ser dejado en manos de una negociación bilateral entre Seúl y Pyongyang y cuyo desenlace no afecte los intereses capitalistas de China, Estados Unidos, Japón y Rusia. El problema es geopolítico, más que geoeconómico.
¿A cambio de qué equivalente aceptaría Corea del Norte desprenderse de sus probables 30 bombas nucleares? Las dos Coreas deben estar alertas a los clásicos trucos de Estados Unidos que, con los cuentos texanos de sus elecciones presidenciales y legislativas cada cuatro años, cambian a su antojo de parecer, como sucede con el exitoso arreglo de Obama con Irán, que ahora Trump considera desechar por presiones de su supremo aliado, el premier israelí Benjamín Netanyahu.
¿El tema nodal de la desnuclearización abordará también el espinoso asunto de los misiles, instalados en la península, de todos los alcances: corto, mediano e intercontinental? ¿A cambio de qué?
Las garantías de Estados Unidos no son funcionales ni viables en el mediano y largo plazos debido a las tétricas experiencias en Alemania –donde Estados Unidos se aprovechó de la candidez de Gorbachov y luego de la disfuncionalidad de Yeltsin, hasta la llegada del zar Vlady Putin, que impidió la balcanización de Rusia– y hoy con Irán.
Dada la indisoluble conectividad de los pueblos de las dos Coreas, divididas en forma artificial por el intervencionismo foráneo después de la Segunda Guerra Mundial, una propuesta creativa sería la adopción de la neutralidad, al estilo suizo, de la península coreana, con la salida integral de todas las tropas extranjeras de su suelo y la garantía de las tres superpotencias (Estados Unidos/China/Rusia), sin olvidar a Japón, que es un país congénitamente bélico (como Estados Unidos) y que en el pasado ha causado estragos con sus múltiples invasiones en el noreste asiático. La neutralidad de la península coreana –con la garantía tripolar de Estados Unidos/China/Rusia, sumado Japón en segundo plano– debe formar parte intrínseca de su desnuclearización y unificación.
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domingo, 11 de marzo de 2018

Diplomacia olímpica: ganadores y perdedores en Pyeongchang


Immanuel Wallerstein

La idea de celebrar los Juegos Olímpicos de Invierno en Corea del Sur parecía destinada al fracaso. Los intereses de tres actores clave –Estados Unidos, Corea del Sur y Corea del Norte– eran tan diferentes que parecía imposible hallar compromisos de trabajo entre ellos.
Y no obstante, hubo un éxito relativo. La diplomacia les ganó. Esto ocurrió en gran medida por las insospechadas y notables habilidades diplomáticas de una persona: el presidente Moon Jae-in, de Corea del Sur. Revisemos algunos puntos en torno a los que había profundos desacuerdos, y expresar las posturas de los tres gobiernos al inicio de este 2018.
El presidente estadunidense, Donald Trump, no quería que Corea del Norte siquiera asistiera a las olimpiadas. Tenía la intención de hallar formas de castigar a Corea del Norte por desafiar varias resoluciones de Naciones Unidas. Insistía en que Corea del Norte renunciara al uso de armas nucleares y destruyera aquellas que ya tenía. Buscaba implicarse en maniobras militares que impresionaran al régimen norcoreano, loco al resistirse a las demandas estadunidenses. Se opuso a cualquier discusión diplomática con el régimen norcoreano hasta que accediera en principio a estas demandas.
El líder norcoreano, Kim Jong-un, rechazó con firmeza cualquier idea de desnuclearización. Dijo que estaría dispuesto a reunirse con el presidente Trump, sólo si las reuniones estaban despojadas de precondiciones y si Estados Unidos cesaba sus acciones agresivas hacia Corea del Norte, como las maniobras militares. También dijo que estos asuntos podrían discutirse sólo en una reunión uno a uno entre Corea del Norte y Estados Unidos. Específicamente, rechazó cualquier grupo alternativo como miembro de la reunión, tal como el llamado Grupo de los Seis (los cinco miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas más Alemania). También se rehusó a la presencia de Corea del Sur en la reunión.
En esta peligrosa situación de bloqueo total, el presidente Moon buscó espacio para una tercera vía. Quería tranquilizar a Estados Unidos en torno a que Corea de Sur aún valoraba, por sobre todo, su alianza con Estados Unidos. También quería persuadir a Corea del Norte de que redujera las tensiones en la península coreana.
El primer logro del presidente de Corea del Sur fue obtener el consentimiento de Corea del Norte de participar en las olimpiadas. También obtuvo el respaldo norcoreano para tener una presencia conjunta bajo una sola bandera. En un deporte se creó un equipo conjunto para participar.
El presidente Moon buscó garantizar a Estados Unidos que deseaba mantener el mismo alto nivel de alianza que había estado funcionando por mucho tiempo. Sin embargo, sugirió posponer las maniobras hasta después de las olimpiadas. Con renuencia, Estados Unidos accedió.
El presidente Moon buscó entonces hacer que Corea del Norte impusiera una tregua temporal en los lanzamientos de misiles hasta después de las olimpiadas. Corea del Norte aceptó tácitamente. Se supuso que esto abría la puerta para participantes de alto nivel de ambas partes. Cada país asistió a las sesiones inaugurales con un funcionario del más alto nivel, más una mujer cercana al líder.
En el caso de Corea del Norte, fue la cabeza de Estado nominal, Kim Yong-chol, como presidente de la delegación norcoreana, más Kim Yo-ong, hermana y confidente del líder norcoreano. Ella arribó con una invitación para que el presidente Moon visitara Corea del Norte. En el caso estadunidense, fueron el vicepresidente Pence e Ivanka Trump, hija y confidente del presidente Trump.
Pese a que Estados Unidos estaba contra las reuniones con Corea del Norte, se utilizó un canal privado para arreglar un encuentro entre el vicepresidente Pence y los norcoreanos. Sin embargo, con el fin de apaciguar a los simpatizantes estadunidenses del presidente Trump, el vicepresidente Pence expresó una denuncia pública del régimen norcoreano. La respuesta norcoreana a esta bofetada pública fue cancelar la reunión con Pence en el último minuto.
No obstante, tanto los norcoreanos como los representantes estadunidenses asistieron a la sesión de clausura. Estudiaron cómo evitar contacto unos con otros, pero evitaron también las denuncias recíprocas.
¿Cómo podemos entender lo ocurrido? El régimen norcoreano hizo algunas concesiones calladas, que en realidad fueron temporales. Pero las hicieron. Trump hizo concesiones mayores, que también son, en realidad, temporales. El presidente Moon obtuvo el crédito, tanto en Corea del Sur como en otras partes, creando esta tregua de paz. Aun algunos conservadores en Corea del Sur le concedieron valor a lo que se logró.
En la sesión de clausura, los norcoreanos expresaron que las relaciones entre Corea del Norte y Corea del Sur deberían mejorar conjuntamente. ¿Lo harán ahora? ¿Y habrá ahora otra reunión oficial entre Estados Unidos-Corea del Norte? Nada es menos seguro. Pero el viento de popa está con el presidente Moon, quien por tanto es quien salió vencedor incuestionable de las negociaciones olímpicas. Logró suavizar al régimen norcoreano y con su ingenio logró burlar al régimen estadunidense. Nada mal, por cualquier definición.
Traducción: Ramón Vera-Herrera
© Immanuel Wallerstein

lunes, 12 de febrero de 2018

La hermana de Kim Jong-un invita al presidente sudcoreano Moon a Norcorea

Bajo la lupa
Alfredo Jalife-Rahme


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Desde la izquierda, Moon Jae-in, presidente de Sudcorea; Thomas Bach,
 presidente del Comité Olímpico Internacional; Kim Yong-nam, el presidente
de la Asamblea Suprema del Pueblo de Norcorea, y Kim Yo-jong, hermana del líder
de Norcorea, Kim Jong-un, ayer durante el encuentro de hockey femenil sobre hielo
entre el equipo unificado de Corea y Suiza, en el contexto de los Juegos Olímpicos de Invierno
en Pyeongchang, Corea del Sur Foto Afp
Mientras el nonagenario ex secretario de Estado Kissiger incita a un “tentador golpe nuclear contra Norcorea (https://goo.gl/K6fGpU)”, las dos Coreas se han unido en un solo equipo para participar en los Juegos Olímpicos de Invierno, donde se sentaron en la primera fila el día de la apertura, el vicepresidente Mike Pence, su esposa Karen, y el pugnaz premier japonés, Shinzo Abe, detrás de quienes se encontraba la princesa norcoreana Kim Yo-jong, hermana del mandatario norcoreano, Kim Jong-un, que ha cautivado a la opinión pública de Sudcorea (https://goo.gl/fSHgdQ).
La princesa, enviada especial de su hermano, fue acompañada por el ceremonial jefe de Estado Kim Yong-nam, de 90 años de edad.
Lo más espectacular ha sido la invitación al presidente sudcoreano, Moon Jae-in, entregada por la princesa para visitar Norcorea.
La princesa conocida por su humildad pese a su gran poder tras bambalinas –que en forma absurda ha sido bautizada por la CIA como la Ivanka Trump de Norcorea– escribió un mensaje en el libro de anfitriones en el palacio presidencial de la Casa Azul de Sudcorea: Espero que Pyongyang y Seúl estén más cercanos en los corazones de los coreanos y lleven a la unificación (¡supersic!) y la prosperidad en el futuro cercano.
La princesa norcoreana ganó la competencia de relaciones públicas al vicepresidente Mike Pence, no se diga a su mujer Karen, y al premier japonés Abe, que dejó una pésima imagen de intervencionismo bélico.
En su vuelo de regreso a Estados Unidos (EU), el vicepresidente Pence, quien amenazó con sanciones más drásticas contra Norcorea, comentó que no existía claridad entre EU, Sudcorea y Japón en el contencioso de la nuclearización de Norcorea.
A juicio de Shane Savitsky, del portal Axios (10/2/18), la invitación al presidente Moon a visitar Norcorea trata de colocar una cuña diplomática entre Sudcorea y EU.
No será fácil que Trump –quien anhela un limitado golpe militar nuclear contra Norcorea, bautizado como sangrado de nariz– venda su primera guerra como presidente cuando las dos Coreas lo han dejado aislado y están dispuestas a evitar la guerra en la penísnula.
El almirante retirado de EU James Stavridis, anterior comandante supremo en la OTAN, juzga de que “no existen opciones militares que resulten en menos de centenas de miles de víctimas y quizá hasta 3  millones (¡megasic!) (https://goo.gl/8zQMZx)”.
A propósito, el nombrado (y aceptado) embajador de EU en Sudcorea, Victor Cha, consejero sénior del think tank CSIS y profesor de Georgetown, quien fue defenestrado feamente por Trump debido a sus declaraciones cuando calculó, sin contar las víctimas autóctonas de las dos Coreas y Japón, que una opción militar pondría en riesgo a 230 mil estadunidenses (civiles y militares) que radican en Sudcorea y 90 mil en Japón, cuya evacuación sería “virtualmente imposible (https://goo.gl/L9SL8y)”.
Un portavoz del presidente sudcoreano Moon dio la bienvenida a la posibilidad de una reunión con el líder de Norcorea al comentar que las dos Coreas deben trabajar juntas para crear el ambiente propicio.
El portal chino Global Times arguye que la invitación constituye una señal positiva para la paz, pero que la actitud de EU a la relación de las dos Coreas es problemática y constituye un obstáculo real.
Zheng Jiyong, director del Centro de Estudios Coreanos en la Universidad Fudan, adujo que EU está fuera de control y después de los Juegos Olímpicos Trump ejercerá mucha presión sobre Moon para endurecer su postura con Norcorea. Agregó que si Moon desea menos barreras y presiones de EU será necesario que busque a China y a Rusia, así como “superar la oposición doméstica de los conservadores que no desean mejorar las relaciones con el norte (https://goo.gl/fsQJRa)”.
El presidente sudcoreano, quien ha resultado un gran estadista, deberá operar un equilibrio muy delicado entre Norcorea y su supuesto aliado EU, por lo que promueve la reanudación del diálogo entre Pyongyang y Washington, y el “desarrollo norte-sur en la península (https://goo.gl/8nzcrs)”.
Por lo pronto, el presidente Moon paró en seco la intromisión del premier japonés, quien exigió no posponer los ejercicios militares de Sudcorea y EU.
El acercamiento de las dos Coreas ha dejado aislado el belicismo del premier Abe, quien parece haberse olvidado de que EU lanzó dos bombas nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki.
El editorial de Global Times menciona que ahora existen más opciones y ventanas de oportunidad, ya que Moon ha tratado a la delegación de Norcorea con gran hospitalidad cuando el resentimiento de EU ha sido notorio: Mike Pence llegó tarde a la recepción anterior a la apertura de ceremonia y permaneció solamente cinco minutos, lo cual fue descortés por “desear expresar su insatisfacción con Sudcorea (https://goo.gl/DeHB6y)”.
Otra descortesía fue que Pence y su esposa Karen no se pusieron de pie para saludar a la delegación unificada de las dos Coreas.
Global Times sopesa la factibilidad del viaje de Moon que depende de varios factores. Uno de ellos es que la situación retorne a los niveles de antes de los Juegos Olímpicos, con ejercicios militares conjuntos de EU y Sudcorea y continuas pruebas de misiles de Norcorea, especialmente pruebas nucleares, lo cual descarrilaría la visita.
Global Times considera que lo más crítico es la capacidad de Moon a demostrar la habilidad para configurar la situación en la península. El acercamiento de Norcorea intenta continuar la suspensión de los programas nucleares y misilísticos después de los juegos, lo cual es inseparable para resolver la crisis nuclear.
Según el editorial chino, EU mantiene la opinión de que la suspensión del programa nuclear y misilístico de Pyongyang es unilateral e irrelevante (¡supersic!) para los ejercicios militares de EU y Sudcorea cuando EU también exige que Pyongyang abandone las armas nucleares para que exista un fundamento al diálogo de EU con Norcorea. De allí que la próxima tarea de Moon sería persuadir a Washington cuando tiene las cartas en su mano para presionar a Washington para hacer concesiones o por lo menos disminuir la intensidad de los ejercicios militares conjuntos, lo cual ciertamente no es sencillo y puede ser políticamente arriesgado, pero es ese movimiento que puede dar la esperanza de resolver pacíficamente la crisis nuclear con Norcorea.
Yang Jiechi, enviado especial de China instó a Trump a impulsar la coordinación sobre Norcorea (https://goo.gl/SswKTz).
Para China no solamente debe existir un diálogo regular intercoreano, sino también entre Pyongyang y Washington.
El portal SCMP refiere que Shi Yinhong, director del Centro de Estudios Estadunidenses de la Universidad Renmin, comentó que China probablemente usará la distensión para tratar de persuadir a EU de reconsiderar su estrategia de prevenirle tomar una acción militar.
¿Prevalecerán en la mente de Trump los consejos de guerra auspiciados por Kissinger o la sapiencia militar del almirante retirado Stavridis, para quien no existe opción militar en la península coreana?
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jueves, 18 de enero de 2018

Diplomacia tripolar de EU/Rusia/China evita guerra nuclear en la península coreana

Bajo la lupa
Alfredo Jalife-Rahme


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La diplomacia de EU, Rusia y China ha evitado una guerra nuclear en la península coreanaFoto Afp
Son pocas las buenas noticias, como el plausible diálogo de las dos Corea bajo el espíritu olímpico de invierno, en medio del profundo caos global provocado por la decadencia de EU y  el clásico llenado de sus vacíos geoestratégicos por Rusia y China (https://goo.gl/CuAiv3).
Vale la pena escuchar las declaraciones de los tres mandatarios supremos del planeta en referencia a la distensión de las dos Corea y al arranque de sus negociaciones después de dos años de parálisis –curiosamente: un año que correspondió a Obama y otro a Trump.
Llama profundamente la atención que los geoestrategas chinos y rusos admitan en forma realista el rol primordial de EU que, por lo menos, no ha torpedeado el espectacular acercamiento entre Pyongyang y Seúl, cuya reunión desembocó en varios notables acuerdos: la participación de Norcorea en los Juegos Olímpicos del 9 de febrero en Sudcorea a 38 kilómetros de la transfrontera; el aplazamiento de los ejercicios militares conjuntos de Sudcorea y EU; y el cese de pruebas nucleares y  misilísticas de Norcorea.
A juicio de Wang Sheng –profesor de la Universidad Jilin– “Norcorea siguió el objetivo de probar armas nucleares y misiles como moneda de cambio (bargaining chip) para forzar a EU a negociar” (https://goo.gl/Uf5t8U).
Wang Sheng aduce que Norcorea, atrapada en un aislamiento diplomático bajo durezas económicas, busca mejorar las relaciones con Sudcorea para obtener beneficios economicos. A su juicio, la suspensión del desarrollo nuclear armamentista de Sudcorea evita el riesgo de una guerra de EU.
Wang Sheng alaba el “éxito de la política del lúcido mandatario sudcoreano Moon Jae-in de cooperación pacífica con Norcorea y comenta que el resultado del diálogo intercoreano debe ser visto como la versión experimental del congelamiento por otro congelamiento –que justamente impulsaron China y Rusia.
En su novena llamada por teléfono al presidente sudcoreano –quien a sus 64 años ha resultado un estupendo estadista–, Trump manifestó estar abierto a charlas directas (¡mega-super-sic!) con Norcorea en el momento apropiado, bajo las circunstancias adecuadas.
El mandatario sudcoreano también expresó su disposición a reunirse con su homólogo norcoreano cuando se cumplan las condiciones.
Dejo de lado las amenazas de The Wall Street Journal (08/01/18) y la estrategia de nariz sangrienta de golpes militares limitados contra Norcorea por EU.
Por su parte, el mandarín chino Xi Jinping también habló por teléfono con el presidente Sudcoreano y expresó su pleno apoyo al diálogo intercoreano, así como a su reconciliación y cooperación (https://goo.gl/imMKS5).
El zar Vlady Putin afirmó que el mandatario norcoreano Kim Jong-un obviamente (sic) ganó este round y comentó que Kim era un político hábil y maduro” a sus 34 años.
A juicio del zar Vlady –uno de los máximos geoestrategas del siglo XXI junto al mandarín Xi Jinping–, Kim Jong-un completó su objetivo estratégico: posee el arma nuclear, tiene misiles de alcance global (¡mega-súper-sic!), hasta de 13 mil kilómetros que pueden alcanzar casi cualquier punto del planeta. Putin refirió además que el mandatario norcoreano desea tranquilizar la situación.
El zar Vlady es todavía más hábil al puntualizar los alcances misilísticos de Norcorea, sin citar obviamente a Estados Unidos (https://goo.gl/9iPYWq).
Quizá la muy capaz diplomacia rusa, que sabe calibrar los alcances misilísticos retóricos de Trump, haya aconsejado al juvenil mandatario norcoreano de que había llegado el tiempo de negociar con sus hermanos de Sudcorea, lo cual puso en desventaja las fanfarronadas de Trump, quien había amenazado borrar de la faz de la tierra a Norcorea.
Cada vez se asienta más la deliberada doble personalidad disociativa de Trump –quien un día opera como el bondadoso doctor Jekyll y otro día como un transformado maldito Hyde después de haber ingerido su poción bélica–, para confundir a su contraparte cuando estira la liga al máximo para negociar en óptimas condiciones y luego ceder en el punto idóneo después de haber obtenido un mínimo de concesiones, de acuerdo a su manual El Arte de Negociar(https://goo.gl/ZPtDvR).
Después de haber recibido a la primer ministro de Noruega Erna Solberg, Trump declaró sorprendentemente que colaborar con países, sea Rusia, (sic) o China (sic) o India (nótese la secuencia), o cualquiera de los países que rodean este mundo, es una muy buena cosa. No es una mala cosa.
Dejo de lado el primitivismo lingüístico de Trump, pero no deja de inquietar su perturbador maniqueísmo donde no caben ni matices ni sutilezas.
El analista Jin Xiangdong, de la Universidad Xiamen, arguye que para la erradicación total de las tensiones en la península coreana se requiere la voluntad de EU que no está interesado en acabar con las tensiones: “ninguna de las partes desea iniciar una guerra, incluyendo EU. Sin embargo, la paz (sic) en la península coreana no se encuentra en la agenda de Washington, puesto que, en ese caso, EU perdería el pretexto de consolidación con sus aliados, Sudcorea y Japón, contra China, por lo que no habría justificación alguna para la presencia de EU en Sudcorea, además de que EU perdería un inmenso mercado de venta de armas si se resuelve la crisis (https://goo.gl/ZREXWd)”.
Tal es el flagrante caso de la venta del sistema misilístico balístico de defensa (THAAD, por sus siglas en inglés) por EU a Sudcorea, obligada a comprar por mil millones de dólares.
Cada crisis candente y/o mayúscula, como el contencioso de la península coreana, tiene su propia resolución y sus propios actores, en diferentes sincronías y circunstancias geopolíticas.
A reserva de conocer los detalles que empujaron a dialogar a las dos Corea, dada la situación imperante de caos global que legó Obama y que exacerbó Trump,
Es notorio que la participación in extremis de China y Rusia evitaron que Trump apretara el botón nuclear que alardeó ser de mayor tamaño que el de su contrincante retórico de Norcorea.
Insisto: pese a las jeremiadas de Trump, todavía no emprende la guerra que ha marcado en fechas recientes a cada presidente de EU.
El peligro de una guerra con sello trumpiano es probable que se deba a dos consideraciones: las fuertes presiones de su yerno talmúdico Jared Kushner, ligado al eje de Bibi Netanyahu/Sheldon Adelson, para librar una guerra contra Irán; y la descomposición doméstica que le obligue a buscar una justificación bélica para sortear tanto la elección de noviembre como sus avatares judiciales y legislativos (https://goo.gl/CXVEoi).
La “colaboración (Trump dixit)” de las tres superpotencias –EU/Rusia/China– ha llevado a la distensión (détente) en la península coreana y puede servir de modelo de aplicación en otros frentes cuando y donde colisionen sus intereses, en sus esferas de influencia.
Queda enterrado el difunto formato hexapartita cuando la bilateralidad de las negociaciones entre las dos Coreas han sido lubricadas por el esquema tripolar, donde quedó marginada la belicosa Japón.
Hasta hoy la diplomacia tripolar de EU/Rusia/China ha evitado una guerra nuclear en la península coreana.
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jueves, 11 de enero de 2018

Corea: primer paso de un largo camino


Ángel Guerra Cabrera

Dice un proverbio chino que para emprender un largo camino lo más importante es dar el primer paso. Hace unas semanas parecía que la situación en la península coreana evolucionaba sin freno hacia una catástrofe de magnitud incalculable. Sin embargo, la rama de olivo tendida a Corea del Sur por Kim Yong-un, líder de Corea del Norte, a principios de año, tuvo una rápida y positiva acogida de su homólogo Moon Jae-in, y la reunión propuesta para discutir los pormenores de la participación de una delegación del norte en los Juegos Olímpicos de invierno, organizados por Seúl, tuvo lugar a nivel de ministros exactamente en la fecha y lugar propuestos: 9 de enero en la aldea de Panmunjom, dentro de la zona desmilitarizada que divide a las dos Coreas.
Aparte de acordarse la asistencia de una nutrida representación del norte a los juegos, también se decidió reiniciar las pláticas entre militares de ambas partes y restablecer la línea de comunicación militar de urgencia que las une. En 12 horas de pláticas, según informa Asia Times, quién sabe qué otros temas hayan sido abordados. Según esta fuente, el único desacuerdo fue la negativa del norte a hablar de la desnuclearización. Es natural que así sea. Aunque la desnuclearización, no del norte, sino de toda la península es altamente deseable, necesaria y uno de los objetivos de una negociación; a largo plazo todavía es muy temprano para abordar el asunto. Estados Unidos tiene armas nucleares en Corea del Sur y es muy difícil imaginar que Pyonyang acepte tratar el tema si no se incluye también en la agenda la retirada de esas armas y plenas garantías de seguridad.
No hay duda de que Corea del Norte fue empujada a una situación límite, dados los incumplimientos por Washington de los acuerdos pactados cuando hubo diálogos entre ambos sin que los imperialistas depusieran sus amenazas e intentos de chantaje.
Se puede estar o no de acuerdo con la solución asumida por el liderazgo norcoreano de desarrollar un programa de armas nucleares con fines defensivos. Derecho a hacerlo tenía, pues nadie puede impedir que un país severamente amenazado ejerza el derecho a la defensa. El problema radica en el grave peligro que la posesión del arma atómica implica para la seguridad y la integridad de un país subdesarrollado y la apocalíptica amenaza para la paz y la supervivencia humana que puede llegar a significar el que se vea en la necesidad de usarla, pues una guerra atómica, por defensiva que sea, no tiene límites geográficos. Por otro lado, está el consenso logrado por el Movimiento de Países No Alineados a este respecto, un consenso que representa a la gran mayoría del tercer mundo del que forma parte tangible y muy importante la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz y adoptada en la II Cumbre de la Celac, celebrada en La Habana, que se adhiere a la promoción de la desnuclearización.
Pero Pyonyang, que optó en su momento por esta alternativa, pisó el acelerador a la vista de las agresiones a Irak, Libia y Siria. En este empeño ha empleado ingentes recursos naturales y humanos, ha incluido el programa nuclear en su Constitución, y únicamente después de un proceso de creación de confianza, pasos serios de distensión y de un plan que garantice su soberanía e integridad territorial es que parecería posible acordar los términos de la desnuclearización de la península, una propuesta en que están de acuerdo China y Rusia, quienes, por cierto, han mostrado su beneplácito por este primer contacto. Estados Unidos, con reparos, ha hecho lo mismo.
Entre los desarrollos positivos que han traído estos hechos está la disposición expresada por Moon de sostener una cumbre con su homólogo Kim y el criterio manifestado en la conferencia de prensa de principio de año en cuanto que Seúl podría reducir las sanciones a Corea del Norte durante los juegos de invierno, lo que podría referirse a una eventual reapertura del parque industrial de Kaesom, cerrado por el anterior gobierno sudcoreano. En esta instalación trabajaban unos 50 mil obreros del norte. Moon aseveró que siempre que la presión internacional aumenta, sube la tensión entre las dos Coreas.
La reapertura de Kaeson podría ser todo un símbolo de una solución conjunta intercoreana a la actual situación en la península, acompañada por garantes aceptables para las dos partes.

viernes, 5 de enero de 2018

Norcorea y Sudcorea dialogan Trump, marginado Espíritu olímpico de invierno

Bajo la Lupa
Alfredo Jalife-Rahme


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Dejando de lado las retóricas baladronadas nucleares, la primera óptima noticia del Año Nuevo fue el discurso del mandatario norcoreano, quien manifestó interés en dialogar con el sur y en participar en los JO de invierno que inician en febrero, a 80 kilómetros de la zona  desmilitarizadaFoto Afp
¿Aquién se le puede ocurrir realizar Juegos Olímpicos (JO) invernales a 80 kilómetros de la frontera de Corea del Norte, en medio de los ejercicios militares conjuntos de Corea del Sur y Estados Unidos (EU), de la asfixia de las sanciones de Trump contra Kim Jong-un, y de los mutuos amagos nucleares de Washington y Pyongyang, con la ominosa amenaza de Trump de borrar del mapa a Norcorea?
Justamente Steve Bannon, ideólogo de Trump y del trumpismo, había advertido la futilidad de una guerra nuclear de EU contra Norcorea que hubiera cobrado como mínimo la vida de 10 millones de sudcoreanos en Seúl, de otro tanto de japoneses y quizá de 60 mil soldados estadunidenses estacionados en Sudcorea y Japón, al precio de haber aniquilado de la faz de la tierra a Norcorea.
Dejando de lado las retóricas baladronadas nucleares, la primera óptima noticia del Año Nuevo fue el discurso del mandatario norcoreano, quien manifestó interés en dialogar con sus hermanos del sur y en participar en los JO de invierno que se inician en febrero, a 80 kilómetros de la zona desmilitarizada (https://goo.gl/sBP4Sx).
De inmediato, Sudcorea propuso entablar charlas de alto nivel con Norcorea el 9 de enero, lo cual, por lo menos, aleja el espectro de una ominosa confrontación nuclear en la península coreana hasta la  conclusión de los JO invernales (https://goo.gl/NnxePV). China, que busca una salida pacífica, aprobó en forma oficial las negociaciones de las dos Coreas (https://goo.gl/WzWe2z).
Cualquier acercamiento entre ambas pospone las amenazas nucleares de Trump, y propulsa la eficiente mediación diplomática de Rusia y China y la sapiencia del mandatario sudcoreano Moon Jae-in, un político fuera de serie, quien ostenta fuertes lazos familiares con Norcorea. De manera premonitoria mencioné el año pasado que había malas noticias para Trump: el nuevo presidente sudcoreano puede hacer la paz con Norcorea (https://goo.gl/3kSiJM).
Como ahora inevitablemente hay que seguir al presidente Trump por Twitter, éste se congratuló con su legendaria infatuación de que las sanciones y otras (sic) presiones han empezado a tener un gran impacto en Norcorea, sus soldados huyen peligrosamente a Sudcorea. El hombre cohete (nota: como apodó a Kim Jong-un) ahora desea charlar por primera vez con Sudcorea. Quizá son buenas noticias, quizás no ¡Veremos!”.
Trump se equivoca, pues el anterior diálogo intercoreano a nivel de viceministros se realizó en diciembre de 2015. En lo único que le asiste razón a Trump es que sus predecesores no supieron resolver el contencioso norcoreano durante un cuarto de siglo. Las dos Coreas siguen la receta china, según el profesor David Lai, de la Universidad Militar de Pennsylvania (US Army War College), cuando Washington espera en vano desde hace seis (sic) décadas que Norcorea colapse sin cambiar su postura (https://goo.gl/oPGSij).
Lai expone que la receta china contiene dos claves: 1. EU debe terminar la guerra con Norcorea mediante un acuerdo de paz que nunca fue firmado tras el armisticio de 1953, y 2. EU debe establecer nexos normales con Pyongyang y así eliminar la amenaza que pende sobre Norcorea por Washington.
Para el profesor del Ejército de EU, la actuación de Washington es la definición misma de insanidad, ya que con las medidas económicas y militares que nunca han funcionado durante décadas espera resultados diferentes. Las negociaciones directas deben iniciar sin la condición previa de su desnuclearización, para así empezar a realizar negocios mutuos.
Lo peor es que EU espere que China le resuelva el problema coreano cuando Washington llega y se va, mientras China y Norcorea son vecinos para siempre. Le faltó agregar a David Lai los 18 kilómetros de frontera que tiene Norcorea con Rusia. Lai recuerda que China desarrolló sus armas nucleares hace más de 50 años por las mismas razones que enfrenta ahora Norcorea que, a mi juicio, no desea repetir los mismos errores infantiles de Saddam Hussein, en Irak, y Muamar Gadafi, en Libia.
Katrina Manson, del portavoz globalista Financial Times, pone en tela de juicio muchos de los mitos sobre la peligrosidad nuclear de Norcorea (https://goo.gl/M2tbYV), que forman más bien parte de las tóxicas guerras de propaganda que demonizan al enemigo, previas a la conflagración.
Ni siquiera ella compra como claro que Norcorea haya desarrollado una bomba de hidrógeno. Una cosa es que haya concretado con éxito su primera prueba de un misil balístico intercontinental (ICBM, por sus siglas en inglés) y otra es que éste pueda transportar una ojiva nuclear grande para alcanzar a EU.
Otro enigma es que Norcorea pueda penetrar el sistema misilístico de defensa de EU. El punto más delicado de Norcorea sería poder evadir la detección durante la preparación de su lanzamiento, cuando, a mi juicio, invitaría a su destrucción preventiva por EU.
Según Manson, se abrió una ventana de oportunidad para iniciar las charlas cuando Norcorea dio por terminadas todas sus pruebas que la han entronizado como genuina potencia nuclear (entre 20 y 60 bombas).
Choe Sang-Hun y David Sanger, del New York Times (NYT), aducen que la apertura de Kim Jong-un puede colocar una cuña entre Sudcorea y EU (https://goo.gl/1xRxbQ) –que de todas maneras vendría en el sector comercial, debido a su déficit con EU, reclamado en forma estridente por Trump.
Los reporteros del NYT afirman que se trata de una astuta (sic) nueva estrategia de Kim Jong-un, quien se percató de la hirviente tensión entre Trump y el presidente de Sudcorea, quien “exasperó a Trump (…) al sugerir disponer del veto (¡mega sic!) sobre cualquier acción militar preventiva de EU contra el programa militar de Norcorea”. !Vaya osadía!
Tampoco se pueden soslayar las tratativas entre el lúcido Moon Jae-in, con China y Rusia con quienes mantiene óptimas relaciones. Le ganaron la partida a Trump, quien carece de la sutileza y sofisticación diplomática de China y Rusia y, sobre todo, de la voluntad del gobernante sudcoreano para reunificar y desnuclearizar la península, que se volvería una nueva potencia geoeconómica en el noreste asiático.
Según los reporteros del NYTMoon Jae-in, está de acuerdo con China y Rusia de que las charlas son necesarias para resolver la crisis nuclear, lo que oxigena la muy creativa postura de Beijing y Moscú bajo el axioma de un congelamiento por otro congelamiento: congelamiento de las pruebas de Norcorea a cambio del congelamiento de todos (sic) los ejercicios militares de EU y Sudcorea.
China y Rusia están dispuestas a ofrecer incentivos económicos y diplomáticos a Norcorea a cambio del congelamiento de sus pruebas. Los reporteros del NYT esperan que Norcorea buscará mayores concesiones, como el relajamiento de las sanciones y una reducción de la presencia militar de EU en la península coreana.
No puedo dejar de señalar otra grave equivocación del siempre errático cuan novato Videgaray quien, por presiones de Jared Kushner, expulsó en forma insensata al embajador de Norcorea, cuando el acercamiento de las dos Coreas hoy lo colocan de nuevo en ridículo.
A mi juicio, ganan las dos Coreas, Rusia, China y el mundo pacifista; pierden Trump y Japón.
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