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sábado, 1 de febrero de 2020

El arquitecto del programa de torturas de la CIA testifica a tan solo unos metros de los acusados de planear el 11-S


The Intercept

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Un psicólogo que ayudó a diseñar y ejecutar las “técnicas de interrogatorio mejoradas” de la CIA testificó en audiencia pública el martes por primera vez en relación con el juicio de cinco hombres acusados ​​de planear los ataques del 11 de septiembre.
“Desde el principio sospeché que terminaría aquí”, dijo James Mitchell ante un tribunal de la Bahía de Guantánamo. Vestido con un traje gris oscuro y una corbata roja brillante, Mitchell declaró que aunque podría haber testificado a través de un enlace de video, había decidido venir en persona. “Lo hice por las víctimas y sus familias”, le dijo a James G. Connell III, abogado de Ammar al-Baluchi, uno de los acusados. “No por Vds.”
Y añadió: “Vds. han estado diciendo cosas falsas y maliciosas sobre mí y el Dr. [Bruce] Jessen durante años".
Mitchell y su colega Jessen habían sido interrogados previamente en declaraciones extrajudiciales juradas grabadas en video en un caso civil, pero los procedimientos en curso en el complejo de la corte militar en Guantánamo representan las primeras apariciones en sala como testigos de los dos psicólogos. El martes, el acusado de ser el arquitecto de los ataques del 11 de septiembre, Khalid Sheikh Mohammed, se sentó a pocos metros de los hombres que le sometieron a simulación de ahogamiento (o submarino) en 183 ocasiones en un sitio negro de la CIA, en Polonia, en marzo de 2003.
La audiencia del martes conformaba una moción para suprimir las declaraciones hechas por los acusados ​​del 11 de septiembre cuando estaban detenidos, incluso después de que se les trasladara a Guantánamo desde los sitios negros de la CIA. Los abogados defensores alegan que las declaraciones que hicieron los hombres presos en Guantánamo no fueron voluntarias debido al profundo impacto de sus torturas previas, torturas que fueron supervisadas por Mitchell y Jessen.
Las técnicas de tortura aprobadas por la administración George W. Bush fueron utilizadas por la CIA como parte del programa de entregas extraordinarias, detención e interrogatorio desde 2002 a 2008. Estos métodos, incluido el submarino, estaban diseñados para “condicionar” a los prisioneros y que brindaran información a interrogadores y analistas.
La CIA renunció a esas duras técnicas de interrogatorio en 2009; el informe sobre las torturas elaborado en el Senado consideró que el programa violaba tanto las leyes estadounidenses como las internacionales, y que no podía generar información utilizable para las operaciones antiterroristas.
Mitchell y Jessen dirigieron una empresa contratante que proporcionó interrogadores y personal de seguridad al programa de la CIA con un coste de 81 millones de dólares a lo largo de varios años. Durante ese tiempo, los psicólogos realizaron personalmente interrogatorios, entrenaron a interrogadores, participaron y observaron los interrogatorios.
En 2015, la Unión Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) demandó a la pareja en un tribunal federal en Spokane, Washington, en nombre de dos exdetenidos, así como de la familia de otro prisionero que murió bajo custodia en un sitio negro. Los dos psicólogos dieron testimonio en ese caso, que se resolvió fuera de los tribunales en 2017. Los términos del acuerdo siguen siendo confidenciales. En una declaración conjunta publicada por las partes, Mitchell y Jessen reconocieron “que trabajaron con la CIA para desarrollar un programa... que contemplaba el uso de métodos coercitivos específicos para interrogar a ciertos detenidos”, pero afirmaron que los abusos se produjeron sin su conocimiento o participación y que, por tanto, no eran responsables de los mismos.
Los coacusados de Mohammed, Walid bin Attash, Ramzi bin al-Shibh, Mustafa al-Hawsawi y el sobrino de Mohammed, Baluchi, que asimismo soportaron las técnicas de tortura propuestas por Mitchell y Jessen, estaban también presentes en la sala del tribunal el martes. No hubo reacciones audibles de los acusados durante el testimonio de la mañana, que se espera continúe durante la próxima semana.
Las preguntas del martes por la mañana se centraron en el libro de Mitchell de 2016 “Enhanced Interrogation”, escrito junto al exportavoz de la CIA Bill Harlow, en el que Mitchell se opone con vehemencia a los hallazgos del informe de torturas del Senado de 2014. En un extraño giro, el libro contiene información que los abogados de la defensa en el caso del 11 de septiembre pueden tener prohibido utilizar en función de unas nuevas “directrices de clasificación” entregadas por el gobierno el jueves pasado y revisadas el martes por la mañana.
Las directrices, también clasificadas, contienen una restricción a la presentación de información que pueda considerarse como amenaza para la seguridad nacional. Por ejemplo, aunque a través de la información contenida en libros y en los procedimientos judiciales europeos ya se conocen los nombres de los países donde se ubicaron sitios negros, no se pueden mencionar en la sala de audiencias de Guantánamo.
Mitchell demostró ser un testigo antagónico. Confirmó que la CIA y el Departamento de Defensa habían sometido a su libro a una intensa revisión previa a su publicación, y que antes de las nuevas restricciones nadie había sugerido que hubiera revelado información clasificada. Según Mitchell, se han vendido ya entre 40.000 y 50.000 copias del libro.
Cuando se le preguntó cuál sería su reacción ante la afirmación de que la información contenida en su libro podría dañar la seguridad nacional, respondió: “Mi reacción sería: comprar los derechos de publicación y sacarlo del mercado”.
Separados por una cortina de la prensa y de los observadores de organizaciones no gubernamentales, podía escucharse a familiares de las víctimas del 11 de septiembre expresando su acuerdo con algunas de las irritantes respuestas de Mitchell.
Margot Williams es editora de trabajos de investigación en The Intercept. Su carrera en el Washington Post, New York Times, NPR y el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación es una de las más respetadas en el mundo de la información de investigación.

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