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domingo, 14 de agosto de 2011

Revuelta juvenil global: el "gamberrismo" del decadente neoliberalismo británico en llamas

Bajo la Lupa
Alfredo Jalife-Rahme
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Agentes policiacos montan guardia ante un edificio en llamas en Tottenham, el domingo 7 de agosto, en el inicio de las revueltas juveniles en InglaterraFoto Reuters

En medio de la revolución del jazmín del paradigma tunecino, hace siete meses adelantamos: Los totalitarismos globales, en lo económico como en lo político, se han puesto a temblar. ¿Será 2011 el año fatídico de la revuelta de los desempleados universitarios hambrientos (que ya suena a triple pleonasmo) que vaticinó el prospectivista Gerald Celente (Bajo la Lupa, 16/1/11) y que empieza a sacudir a los países totalitarios de la Tierra, sean neoliberales en lo económico o sean autocráticos en lo político?

Hace siete meses, el mismo ex primer británico Gordon Brown (creador junto con Baby Bush del disfuncional G-20) temía ya la revuelta global de estudiantes desempleados y hambrientos de su país hoy en llamas (Bajo la Lupa, 26/1/11).

Siete meses más tarde, mientras media Inglaterra ardía, el primer ministro conservador David Cameron estaba de vacaciones en Italia gozando triplemente el desplome de los PIIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España, por sus siglas en inglés), su contagio francés y la balcanización del euro.

Simultáneamente a las llamas urbanas de su país y del incendio financiero de la eurozona, el encargado de las finanzas George Osborne se jactaba de que Gran Bretaña (GB) es un paraíso financiero (The Daily Telegraph, 11/8/11).

¿Está loco Osborne? En absoluto: es de lo más congruente desde el punto de vista del gamberrismo (hooliganism) neoliberal global que ejerce tiránicamente el control financierista de su plutocracia al resto de la sociedad desposeída, en particular, a sus jóvenes desempleados, que le importan un comino.

David Danny Blanchflower, desde las entrañas del Minotauro neoliberal (anterior miembro del banco central de Inglaterra), comentó que el gobierno fracasó en crear empleos a los jóvenes y solicitó cambios políticos (¡súper sic!) inmediatos (sic) para prevenir que se conviertan en una generación perdida (The Daily Telegraph, 11/8/11).

Dejamos de lado la consustancial piratería pre-trans y neocolonial en las finanzas, la economía y la política, en el país exportador de las ideas de Adam Smith (siglo XVIII), del apostador inveterado David Ricardo (siglos XVIII y XIX), del demencial thatcherismo y del tramposo blairismo (con la descarrilada tercera vía de Anthony Giddens y el triunvirato gubernamental de Robert Cooper de predominio trasnacional privado anglosajón (ver Bajo la Lupa, 3/8/11).

En forma sarcástica la prensa persa y árabe se cobran las afrentas propagandísticas de GB durante más de cuatro siglos y se burlan de la brutal represión del gobierno frente a la revuelta juvenil muy similar a la revolución del jazmín.

¿Bombardeará la OTAN a uno de sus dilectos miembros, GB –enfrascada en la guerra atlantista de Afganistán y Libia (hace mucho se retiró humillantemente de Irak)–, para rescatar humanitariamente a los ultrajados jóvenes británicos desempleados?

¿No cabe aquí la Responsabilidad para Proteger (R2P) a los jóvenes británicos, la cual sirvió de coartada a la OTAN en Libia para saquear el dinero de Kadafi (su aliado despachado sin rubor) y llevarse su petróleo y agua?

¿No es acaso el gamberrismo neoliberal invisible quien provoca globalmente la legítima ira de los jóvenes desempleados, incluidos los británicos?

El portal alemán de Der Spiegel (10/9/11) considera que las revueltas revelan la decadencia de la sociedad británica y que reflejan un malestar profundo.

Se trata de una sociedad fracturada sin pacto social. El rotativo Berliner Zeitung (10/8/11) reflexiona que GB “ha perdido su fe en cada autoridad: bancos, políticos, los multimedia y la policía (nota: estamos hablando de GB, no del México neoliberal).

Los jóvenes desempleados aprovecharon la acefalia policiaca –cupularmente decapitada por el escándalo del mafioso oligopolio multimediático Rothschild-Murdoch y sus desinformadores circuitos Sky– e imitaron los medios sociales de sus similares contestatarios de la revolución del jazmín que ya empezó a censurar el gobierno conservador del premier israelí-inglés David Cameron, supermillonario, esposo de una baronesa y sionista consumado.

¿Cuál es la diferencia entre la censura a los medios sociales que tanto criticó GB a Irán y Siria y que hoy ejerce orwellianamente sin rubor contra sus propios jóvenes desempleados?

Exageradamente desigual con su máscara democrática decimonónica, GB se quedó sin discurso pero no sin balas y prepara la intervención de su ejército para aplastar la legítima revuelta de sus jóvenes desempleados (la tercera en un poco más de medio año, más las que faltan).

Además de islamofóbica, la sicopática extrema derecha británica (la Liga de Defensa Inglesa, vinculada al infanticida noruego Anders Behring Breivik, aliado del Partido Likud israelí; ver Bajo la Lupa, 31/7/11) y un sector preponderante del Partido Conservador exigen el uso de la fuerza para someter a los subversivos, “vándalos, enfermos (¡súper sic!) y criminales. Descerebrada reacción clásica de la plutocracia oligárquico-oligopólica –que también controla seudointelectuales y literatos muy bien lubricados– sumergida en sus orgías de las Sodoma y Gomorra financieristas, carente de ideas e incapacitada en ceder siquiera una mínima parte de sus privilegios cleptomaniacos.

Justicia divina: en GB sus propios ciudadanos juveniles desempleados le pagan a sus gobernantes con la sopa de su propio chocolate de desestabilización que exportan globalmente por doquier. ¿Podrá celebrar el año entrante los Juegos Olímpicos?

Entre las causales de la violencia el portal alemán destaca la exclusión social creciente, el desempleo juvenil elevado y la desigualdad, cuando el gobierno conservador acaba de anunciar medidas draconianas de austeridad (que afectan más a los desposeídos para que perviva el parasitismo neoliberal plutocrático).

Mas allá de las complacientes protecciones mentales añejas de la aristocracia plutocrática británica, que se refugia en peregrinas interpretaciones descontextualizadas sobre la violencia recreativa (sic) del Señor de las moscas de William Golding y la Naranja mecánica de Anthony Burgess, existe una sicología peculiar de la hiperviolencia británica.

Amén que el neoliberalismo global –un Frankenstein londinense– sea de lo más patológicamente nihilista en sus devastaciones militares/geopolíticas y sus daños colaterales económicos y financieros, sin contar sus depredaciones ambientales (v.gr. BP en el Golfo de México), pocos países del mundo son tan hiperviolentos en todos los ámbitos como GB, que exporta su legendario gamberrismo a todos lados y, en particular, a los estadios de futbol propios y ajenos, el cual, a mi juicio, dejan hacer y dejan pasar deliberadamente sus gobiernos como catarsis colectiva, al unísono del desenfrenado consumo de estupefacientes duros y de una lascivia desregulada, que en su conjunto permiten el control de las masas desposeídas y excluidas del modelo plutocrático neoliberal con el fin de hacerles evadir su patética realidad, devaluarles ética y estéticamente, degradarles moralmente y aniquilarles a fuego lento.

Hoy más que nunca vale la pena revivir al Hombre rebelde de Albert Camus: la revuelta como legítima herramienta biológica de supervivencia. ¡La salvación está en los jóvenes contestatarios, desempleados o no, de todo el mundo!

miércoles, 22 de junio de 2011

Ex presidente de Túnez y su esposa son condenados a 35 años de cárcel por robo y fraude

El ex presidente tunecino Zine El Abidine Ben Alí fue condenado este lunes a 35 años de cárcel por malversación de fondos públicos por el tribunal de primera instancia de Túnez, según anunció la televisión pública del país.

Leila Trabelsi, la esposa de Ben Alí, fue condenado a la misma pena informó la cadena que especificó que la ex pareja presidencial, refugiados en Arabia Saudita tras huír de Túnez el pasado 14 de enero, también fue sentenciada a pagar un total de 45 millones de euros.

Ambos han sido acusados de robo y fraude tras el descubrimiento de millones de dólares en efectivo y joyas en uno de sus palacios. El proceso es el primero contra un ex jefe de Estado en el marco de las revueltas en el mundo árabe.

Ben Alí debía ser juzgado también por posesión de armas y consumo y tráfico de estupefacientes, pero este caso ha sido postergado al 30 de junio.

Al comienzo de la audiencia, los abogados de Ben Alí -designados de oficio como exige la ley tunecina- solicitaron un aplazamiento del proceso para poder preparar mejor la defensa de su cliente, pero el tribunal rechazó la petición.

El representante de la Fiscalía pidió la máxima pena prevista, al acusar a Ben Alí y su esposa de ser “traidores a la nación”. En total, el hombre que dirigió Túnez durante 23 años, hasta las revueltas populares en su contra, se enfrenta a 93 cargos. De ellos, deberá responder de 35 ante una jurisdicción militar por homicidio voluntario, abuso de poder y complot contra la seguridad del Estado.

En un comunicado publicado este lunes en Beirut por su abogado libanés, Ben Alí rechaza de nuevo todas las acusaciones en su contra y asegura que nunca abandonó el puesto y huyó, sino que fue obligado a marcharse mediante engaños.

Al respecto, explica que su director de seguridad insistió en que acompañara a su esposa y otros miembros de su familia a Arabia Saudí, ya que él estaba amenazado de muerte, y que después de llegar a Riad el avión emprendió regreso a Túnez dejándole en tierra contra su voluntad. Por otra parte, Ben Alí debe ser juzgado por tribunales de numerosas ciudades del país, entre ellas Sousse, Monastir, La Manouba, Gabes, Ariana, Sidi Bouzid y Gafsa.
Los cargos que se le imputan ante la justicia civil se refieren a corrupción, malversación, blanqueo de dinero y otros abusos. En las revueltas populares que llevaron a la caída del régimen de Ben Alí murieron unas 300 personas.

EFE

lunes, 9 de mayo de 2011

Los tunecinos salen de nuevo a la calle para exigir la renuncia del gobierno

La policía de Túnez lanzó gases lacrimógenos contra una manifestación en la capital del país, en el cuarto día consecutivo de protestas contra el gobierno.

Los manifestantes pedían la renuncia del gobierno y del primer ministro Beji Caid Sebsi.

Esta manifestación se desarrolló después de la imposición del toque de queda en la capital del país.

Unas 200 personas se concentraron en los jardines del teatro municipal y en las dos partes de la avenida Bourghiba, en el centro de Túnez, donde entonaron el himno nacional.

Los manifestantes gritaron luego consignas contra la policía, mientras las fuerzas de seguridad los intimaron a “regresar a casa” y “alejarse de las calles”.

“Gobierno, vete” y “Esbirros, banda de cobardes”, siguieron gritando los manifestantes, que se dispersaron cuando la policía arrojó gases lacrimógenos.

Los asistentes volvieron a concentrarse en pequeños grupos en la avenida Bourghiba.

Ansa

domingo, 30 de enero de 2011

Egipto: epílogo de un aliado superestratégico de EU

Bajo la Lupa
Alfredo Jalife-Rahme

La revolución del jazmín del paradigma tunecino expande su aroma juvenil en los cuatro rincones del mundo árabe de 25 países y territorios con 360 millones de habitantes (ver Bajo la Lupa, 16, 19 y 26/1/11).

La revolución del jazmín, una revolución genuinamente juvenil de supervivencia, ha conjugado dos hambrunas (la material y la espiritual) y ha inspirado a los desempleados universitarios famélicos de Jordania, Yemen y Egipto (by the time being): interconectados por las redes sociales y la espléndida cobertura de la televisión qatarí Al Jazeera.

La revuelta (intifada) en Egipto estaba escrita en el muro y solamente faltaba el detonador del paradigma tunecino.

La satrapía de Mubarak ostenta(ba) la peor mezcla de dos infiernos: autocrática en lo político y neoliberal en lo económico. Curiosamente, desde la instalación de la república hace 59 años, que derrocó a la monarquía sostenida por Gran Bretaña (GB), sus únicos cuatro presidentes, todos militares, no han acabado bien (Neguib, Nasser, Sadat y Mubarak).

Antes de su explosión ya existían señales ominosas que no fueron tomadas en cuenta por el ancien régime de Hosni Mubarak –con una satrapía de 36 años (si se agregan sus seis años anteriores como vicepresidente del asesinado Sadat)– en el poder omnímodo de un monopartido, el oficial Partido Nacional (sic) Democrático (sic), cuya sede ha sido incendiada como adelanto del porvenir.

Más allá de su alianza con el hipermilitarismo de EU y GB, además de su apoyo a Israel en su infanticidio de palestinos de Gaza, existieron tres señales fatídicas: 1. protestas de los obreros del delta del Nilo por las alzas de los alimentos en 2008 que condujeron a la creación libertaria del internauta Movimiento del 6 de abril, sin ninguna afiliación política y aliado al grupo de miserables (literal) Kafaya (¡Ya basta!); 2. descarado fraude totalitario en las recientes elecciones legislativas, y 3. matanzas, sumadas de su asfixia cultural y política, de los coptos cristianos (10 por ciento de la población).

Si se tardaron los jóvenes egipcios en rebelarse legítimamente, a fortiori, Obama –ya no se diga sus variados antecesores– se demoró mucho más en percatarse de que uno de los óptimos aliados intemporales de EU en la región, el octogenario Mubarak, es uno de los peores déspotas del planeta, quien deseaba colocar de sucesor a su hijo, el banquero Gamal, anterior ejecutivo de Bank of America en Londres, quien se benefició con la ola privatizadora neoliberal.

Egipto se encuentra ante un clásico fin de antiguo régimen. Las horas de Mubarak están contadas y cantadas, pero, a diferencia de la defenestración del autócrata tunecino Bin Alí Babá, su caída tendrá consecuencias trascendentales en la geopolítica medio oriental que pone en tela de juicio, si no en la picota, al eje EU-GB-Israel-Egipto.

Su trascendencia geopolítica –el más poderoso ejército árabe y décimo lugar militar mundial– radica tanto en representar el puente entre África y Asia como en su posesión del superestratégico canal de Suez, que conecta el mar Mediterráneo al mar Rojo y al océano Índico, donde transita un sustancial porcentaje del petróleo regional.

Egipto, país vibrante y asiento de varias civilizaciones miríficas superpuestas, representa el corazón y la mayor población del mundo-árabe (23 por ciento del total), en su aplastante mayoría juvenil: 60 por ciento menor a 30 años de edad.

La juvenil revolución del jazmín y sus aromas irredentistas epitomiza también una genuina revolución demográfica en el mundo árabe, en particular, y en el islámico, en general.

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Un activista antigubernamental, herido durante recientes enfrentamientos con la policía, fue captado debajo de una bandera egipcia marcada con un mensaje ilegible en lengua árabe, este sábado en la plaza Tahrir, en El CairoFoto Ap

En Egipto, 4.3 por ciento de la población tiene más de 65 años, segmento demográfico al que pertenece Mubarak, con 82 años.

Su recién nombrado vicepresidente (cargo vacante desde que Mubarak accedió a la presidencia hace 30 años), teniente general Omar Suleiman –superespía responsable de los torturadores Mukhabarat (servicios secretos)– tiene casi 75 años, también con patología física (amén de la siquiátrica, consustancial de los verdugos).

El recién nombrado primer ministro, mariscal de aviación Ahmed Shafik, tiene 69 años.

El jefe del ejército (ministro de Defensa en el despedido gobierno de Ahmed Nazif, tecnócrata millonario y de familia monarquista), mariscal de campo Mohamed Hussein Tantawi Soliman, tiene 75 años.

Se trata de una autocracia de bisabuelos (dicho respetuosamente) que reprime y suprime a sus bisnietos con una brecha de tres generaciones: ¡gerontocracia infanticida!

Casi 60 por ciento de los egipcios, de 30 años de edad para abajo, aún no nacía cuando Mubarak accedió, primero a la vicepresidencia y, luego a la presidencia, de lo que se desprende su desconexión mental con la realidad ambiental humana, lo cual le permitió durante dos eternas generaciones la tríada de EU-GB-Israel por conveniencia geopolítica y globalista financierista.

Estoy en total desacuerdo con la tesis muy occidentaloide de que el mundo árabe vive su momento Berlín. ¡Para nada! Su momento es singularmente tunecino.

La caída del muro de Berlín y su ola libertaria en las antiguas repúblicas soviéticas beneficiaron más que a nadie a EU y a GB. Hoy el caso es al revés: EU y GB pueden sufrir una severa derrota estratégica en Medio Oriente.

Un editorial del británico The Guardian (29/1/11) –que no oculta su preferencia por un gobierno de transición del muy respetado (más que popular) Mohamed El Baradei, premio Nobel de la Paz y anterior director de la AIEA– aduce que la revolución (sic) amenaza no sólo al régimen de Mubarak sino, también la estrategia que EU y GB han construido en Medio Oriente.

Simon Tisdall (The Guardian, 28/1/11) sustenta que la Casa Blanca se tambalea en la cuerda floja egipcia, ya que a EU lo que menos le importa es el advenimiento de un gobierno democrático, sino uno amigo: más allá de la teoría, en la práctica (sic), EU apuntala un sistema autoritario por razones de interés personal. ¿No es lo mismo que ha ejercitado EU en México desde hace varias generaciones?

Haaretz (27/1/11) describe la angustia geopolítica de Israel: Ministro israelí: el régimen de Mubarak prevalecerá en Egipto a pesar de las protestas. El ministro del gobierno de Netanyahu que pidió el anonimato (¡supersic!) sugirió ejercer la fuerza (¡extrasic!) para que el aparato de seguridad retenga el control. Nada nuevo del gobierno de Netanyahu que todo, al estilo de Calderón, lo desea resolver por la vía militar.

Lo mejor: dos días más tarde, las familias de los diplomáticos israelíes en Egipto habían huido en un vuelo especial (Stratfor, 29/1/11).

EU ha pasado al control de daños y optará por el escenario menos nocivo a su interés geopolítico.

Existen varios escenarios (que ulteriormente desglosaremos): desde un golpe militar abierto o subrepticio (con el teniente general Sami Anan) maquillado luego por el síndrome Honduras de elecciones teledirigidas, pasando por un gobierno de transición (encabezado por El Baradei o Amer Musa), hasta elecciones libres donde los Hermanos Musulmanes pueden descollar.

Su pesadilla: la revolución jomeinista de 1979 en Irán.

domingo, 16 de enero de 2011

Túnez: colapso neoliberal, alza alimentaria y revuelta Facebook de desempleados universitarios

Bajo la Lupa
Alfredo Jalife-Rahme
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Detención de un manifestante poco antes de la domisión de Zine Abidine Bin Ali al gobierno de Túnez, el viernes pasadoFoto Ap

¡Pónganse a temblar, países totalitarios!

Si en Túnez –país apacible, moderno con economía liberalizada, muy educado y uno de los más moderados del mundo árabe de 25 países y territorios, ya no se diga, del mundo islámico en general de 57 países–, su régimen tiránico pudo ser derrocado en tan sólo tres semanas por la valiente protesta universitaria y su legión de desempleados, ergo, cualquier país del planeta puede sucumbir sin excepción a la nueva rebelión juvenil global, que ya habíamos anticipado (ver Bajo la Lupa, 1/4/09 y 2/6/10), como consecuencia del desplome del pernicioso modelo neoliberal, al unísono de la decadencia de EU y su caduco orden unipolar.

¿Quiénes alucinaron que las revoluciones habían sido aniquiladas por las fuerzas esotéricas y barbáricas del mercado neoliberal?

La injusticia atroz de las fuerzas del mercado –es decir, su bancocracia delincuencial: los banksters quienes dominan el sistema financiero y económico global desde Wall Street y la City, y propician el alza especulativa de los alimentos (¿Desató Goldman Sachs la guerra alimentaria global?, Bajo la Lupa, 4/8/10)– está resultando la gran catalizadora de la revuelta exquisitamente juvenil que se está desatando en todo el planeta y ha alcanzado inverosímilmente hasta las calles de Londres –como si los jóvenes desempleados europeos fueran diferentes a sus similares de la periferia explotada.

La historia se repite vengativamente en la antigua Cartago ahora con la novedad tecnológica del momento (Facebook) que usan los desempleados universitarios para contrarrestar la represión gubernamental y el control neoliberal de sus multimedia desinformativos.

La revolución del jazmín en Túnez ha seguido hasta ahora la secuencia de la Revolución Francesa 221 años atrás: alza de los alimentos, revuelta de los desempleados universitarios (los sans-culotte del siglo XXI, los ninis mexicanos) y fuga del monarca republicano Zine Abidine Bin Ali (de un reinado represor de 23 años) con su María Antonieta magrebina: su esposa Leila Trabulse, ex peinadora y trepadora social, quien con su siniestra familia concentró una buena tajada de la riqueza nacional y las privatizaciones neoliberales a costa de las privaciones y hambruna generalizadas, cuya cleptocracia fue expuesta por Wikileaks.

Falta ver si habrá decapitación regicida en la Bastilla tunecina y si luego afloran los jacobinos magrebinos. Porque las revoluciones –sobre todo, las espontáneas y acéfalas–, también se pueden pervertir y quedarse en mera catarsis colectiva coyuntural sin programa para el futuro.

La revolución del jazmín y su celeridad pasmosa han cautivado al mundo árabe de 360 millones, gracias a la estupenda cobertura de la televisora qatarí Al-Jazeera.

Su etiología –en el diminuto país magrebino (163 mil 610 kilómetros cuadrados y 10.5 millones de habitantes) relativamente próspero– fue el alza de los alimentos y la gasolina en medio del desempleo masivo que flagela a sus universitarios y a su clase media, una de las mejor educadas del mundo árabe (con libaneses y palestinos) que ostenta un envidiable lugar 17 mundial en su calidad del sistema de educación superior, según el Reporte de competitividad global (del neoliberal Foro Económico Mundial de Davos).

Su detonador fue la inmolación de Muhamed Buazizi, hoy icono de la revolución del jazmín: universitario desempleado (ya suena a pleonasmo) de 26 años, a quien la policía confiscó las frutas y verduras que vendía por carecer de permiso, en la ciudad central de Sidi Buzid, lo cual dejaba sin sustento a su familia.

La inmolación de Buazizi, imitada por otros suicidios juveniles contestatarios, constituyó la metáfora de la muerte en vida de los universitarios desempleados quienes perdieron el miedo y protestaron en las calles durante tres semanas, pese al uso desproporcionado de la fuerza (120 muertos) por una policía de corte medieval –significativamente reprobada por el ejército–, para conseguir la fuga del tirano republicano apoyado hasta el último segundo por EU y Francia, quienes en un día perdieron a importantes aliados en dos países de origen fenicio en el mar Mediterráneo: Líbano (la eyección del primer sunnita Saad Hariri por el bloque de los chiítas de Hezbollah y los cristianos del general Michel Aoun) y Túnez.

Es la primera vez en la historia moderna del mundo árabe que un tirano es derrocado por las protestas callejeras, lo cual, a juicio de varios analistas, puede provocar un efecto dominó en la región.

El mundo árabe en su conjunto atraviesa por una de las peores crisis de su historia moderna. Sin contar las transiciones sucesorias (Arabia Saudita, Bahrein, Kuwait, etcétera), de sus 25 países y territorios llevo la contabilidad de 11 convulsiones, de diferente etiología y sincronía: desde guerras foráneas (Irak y Yemen), pasando por protestas callejeras a las exorbitantes alzas alimentarias (Argelia, Marruecos, Egipto, Libia y Jordania), hasta balcanizaciones (Sudán y Somalia) y vulcanizaciones (Líbano y Palestina).

Quienes posean petróleo podrán compensar hasta cierto punto las alzas alimentarias, mientras quienes carezcan del oro negro es probable que sucumban a las protestas de poblaciones demográficamente a mayoría juvenil dispuestas a ofrendar sus vidas en revoluciones de supervivencia (específicamente de hambruna), más que genuinamente democráticas.

El analista cristiano estadunidense-palestino-jordano Rami G. Khouri (The Daily Star, 15/1/11) se centra en tres modelos de acción política y cambio a seguir –Sudán, Líbano y Túnez– que comparten un problema común: el existente orden político y económico en el mundo árabe es inestable e insostenible porque no satisface a la mayoría de sus ciudadanos.

Elaine Ganley y Bouazza Ben Bouazza (Ap, 11/1/11) colocan en relieve que los jóvenes desempleados usan el Facebook para coordinar su revuelta en Túnez, país islámico reputado moderado y símbolo de la modernidad, pero incapaz de brindar oportunidades a sus jóvenes. ¿Para qué sirve, entonces?

Insisten en que su modernidad alcanzó a sus mujeres, quienes tienen derecho a iniciar el proceso de divorcio y se les prohíbe portar el velo en lugares públicos (a diferencia de las islámicas tradicionales).

Bin Ali, monarca republicano depuesto, y la familia de su ambiciosa cónyuge (el cártel gansteril de los Trabulse), se olvidaron que un país que aniquila a sus jóvenes apuesta a su inmolación futura y, en este caso, a su propio suicidio en forma expedita.

En entrevista televisiva a Russia Today (10/1/11), Gerald Celente, prospectivista y fundador de Trends Research Institute, consideró que 2011 será el año de la revuelta de los jóvenes mediante Internet.

El peor error de juicio consiste en pretender que la revolución del jazmín y sus inmolaciones regenerativas están confinadas al mundo árabe.

El futuro se rebela y revela al pasado y al presente inviables: hoy el paradigma tunecino se encuentra en los cuatro rincones del planeta como expresión inevitable de la revuelta global de los desempleados juveniles desde México hasta Camerún.