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jueves, 30 de enero de 2020

El legado indeleble de Guantánamo

O cómo todo ha ido transformándose en un mundo "Gitmo"
TomDispatch.com
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

El centro de detención en la Bahía de Guantánamo, Cuba, abrió sus puertas en enero de 2002 a los primeros 20 detenidos de la guerra contra el terrorismo. En cuestión de 100 días llegarían 300 más, a menudo encapuchados y con aquellos infames monos naranjas, y eso sería solo el principio. En el momento álgido, la población del centro aumentaría hasta casi 800 presos de 59 países. Dieciocho años después, todavía retiene a 40 de esos prisioneros, la mayor parte de los cuales permanecerá sin duda allí, sin cargos ni juicio, para el resto de su vida. (Eso puede suceder también con los cinco cuya liberación se ordenó hace más de una década). En 2013, la periodista Carol Rosenberg los etiquetó sagazmente como “presos de por vida”. Y esos detenidos no son el único legado perdurable de la Bahía de Guantánamo. Gracias a ese campo de prisioneros, nosotros, como país, hemos llegado a entender aspectos de la ley y la política en formas tales que podrían también representar “cambios para siempre”.
Expongo a continuación ocho formas con las que las políticas tóxicas de esa instalación fuera de nuestro territorio han ido contaminando las instituciones estadounidenses, nuestras leyes y nuestras costumbres a lo largo de los años transcurridos desde 2002:
  1. Detención indefinida: El primer elemento en cualquier lista de los frutos de Guantánamo tendría que ser la categoría “detención indefinida”. En el contexto de las leyes de Estados Unidos y hasta el lejano enero de aquel año, la noción era extraña y prohibida a la vez. La detención sin cargos ni juicio estaba prohibida de facto en virtud del derecho a un debido proceso contenido en la Quinta Enmienda, una realidad que se había venido honrando desde la fundación de la República. Aunque a los detenidos se les otorgó finalmente el acceso a abogados y el derecho a que se revisaran sus casos, solo un puñado de ellos ha podido hacer realidad el derecho a ser acusado o a ser liberado.
La detención indefinida que comenzó en la Bahía de Guantánamo ha generado ahora su imagen especular en los campamentos para inmigrantes indocumentados (y sus hijos) a lo largo de la frontera mexicana de Estados Unidos. Hay diversos elementos allí que parecen copias al papel carbón de Guantánamo: jaulas de alambre al aire libre, guardias armados y maltrato físico de migrantes y solicitantes de asilo, tanto adultos como niños. En la Bahía de Guantánamo el gobierno no empezó a distinguir entre menores y adultos hasta años después de que se abriera la instalación, otro ejemplo de una política impulsada por Gitmo que antes era inconcebible en el sistema legal estadounidense. De alguna manera, la situación en la frontera puede ser realmente aún peor, ya que los detenidos allí se encuentran en condiciones insalubres con apenas acceso a la atención médica.
Y aquí hay otro aspecto en el que la frontera está superando a Guantánamo. El gobierno debe permitir que el Comité Internacional de la Cruz Roja acceda a sus instalaciones de detención en tiempos de guerra, por lo cual las condiciones médicas y de salud en Gitmo pudieron monitorizarse y mantenerse a un nivel relativamente decente una vez que terminaron esos tres meses iniciales de jaulas al aire libre. Sin embargo, en los centros de detención fronterizos, los niños tienen que permanecer con pañales sucios, alojados junto a sus madres y padres con temperaturas heladoras y en situaciones parecidas a las de una cárcel, negándoseles el acceso a una atención médica adecuada, incluidas las vacunas.
  1. Un nuevo lenguaje legal con el objetivo de eludir la ley: Desde el principio en Guantánamo se desafió el lenguaje normal de la ley y la democracia. No podía llamarse “prisioneros” a los allí detenidos, ya que entonces tendrían que ser considerados “prisioneros de guerra” y, por lo tanto, estarían sujetos a las protecciones de los Convenios de Ginebra. Las jaulas y los complejos carcelarios prefabricados posteriores (transportados desde Indiana) no podían etiquetarse como “prisiones” por la misma razón. Así pues, el gobierno se inventó un nuevo término, “combatiente enemigo”, derivado de “beligerante enemigo ilegal”, que tenía legitimación legal. El propósito, por supuesto, era crear una categoría legal completamente nueva que, al igual que la prisión más allá de las fronteras, fuera inmune ante las leyes existentes, estadounidenses o internacionales, relativas a los prisioneros de guerra.
Esta evasión de la ley no solo ha persistido hasta el día de hoy, sino que se ha infiltrado en otras áreas de la política exterior de Washington. Recientemente, por ejemplo, los abogados de la administración Trump invocaron el término “combatiente enemigo” para justificar el asesinato con drones del general iraní Qassem Suleimani en Iraq. Mientras tanto, en la frontera, los solicitantes de asilo se han transformado en “inmigrantes ilegales” y, sobre esa base, se les han denegado derechos esenciales.
  1. Cobertura legal: Mientras iba institucionalizándoe un nuevo lenguaje, el Departamento de Justicia ofreció su propia versión de cobertura legal. Su Oficina de Asesoría Jurídica (OLC, por sus siglas en inglés) se enroló para proporcionar justificaciones legales, a menudo secretas, para las políticas subyacentes a lo que entonces se llamaba la Guerra Global contra el Terror. La OLC idearía, de hecho, una lógica disparatada para muchas políticas de esa guerra anteriormente prohibidas, sobre todo para los programas de tortura e interrogatorio de la CIA cuyas “técnicas de interrogatorio mejoradas” se utilizaron en los “sitios negros” (o prisiones secretas) de la Agencia por todo el mundo con varios detenidos de alto perfil que luego fueron enviados a Guantánamo.
Antes del 11 de septiembre, pocas personas de fuera sabían de la existencia de la Oficina de Asesoría Jurídica. Sin embargo, en los años transcurridos desde entonces, se ha convertido en el departamento de referencia de la Casa Blanca para “opiniones” legales retorcidas, a menudo secretas, destinadas a justificar acciones del ejecutivo previamente cuestionables o no autorizadas. De forma notoria, los memorandos de la OLC justificaron “asesinatos selectivos” por aviones no tripulados de figuras clave en grupos terroristas, incluido un ciudadano estadounidense. Recientemente, por ejemplo, se ha utilizado esa oficina para explicar una serie de cuestiones, incluyendo por qué no se puede acusar a un presidente en ejercicio (ver: ex asesor especial Robert Mueller) o la concesión de inmunidad absoluta a los funcionarios de la Casa Blanca para que puedan eludir citaciones para testificar ante el Congreso (ver: audiencias de impeachment en el Congreso). Y como cualquier memorando de la OLC puede mantenerse en secreto, ¿quién puede saber, por ejemplo, si se escribieron o no memorandos legales similares para cubrir actos como el reciente asesinato del general Suleimani?
  1. Marginación y destitución de profesionales: Desde su inicio, los supervisores de Guantánamo fueron apartando a los profesionales o funcionarios gubernamentales que se interpusieron en su camino. Cabe destacar que el entonces secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, nombró a una serie de individuos para que dirigieran Guantánamo y le informaran directamente a él en lugar de pasar por cualquier cadena de mando preexistente. De ese modo eliminó eficazmente a quienes contradecían sus órdenes o las políticas establecidas bajo su mando, incluyendo, por ejemplo, que los prisioneros en huelga de hambre debían ser alimentados a la fuerza.
En la era de Trump, esta aversión a los profesionales se ha extendido por muchas agencias y departamentos del gobierno. Lo que ocurre ahora es que, a menudo, esos profesionales se van por decisión propia. El Departamento de Estado, por ejemplo, ha disminuido de tamaño de forma ininterrumpida desde que Donald Trump asumió el cargo, ya que aquellos que no estaban de acuerdo con las políticas administrativas se marcharon o dimitieron en cifras significativas. Del mismo modo, en el Pentágono, y a un ritmo constante, los funcionarios dimitieron o acabaron despedidos a causa de los desacuerdos políticos.
  1. La utilización de las fuerzas armadas para operaciones de detención: En el otoño de 2002 el general Tommy Franks, jefe del Comando Central de Estados Unidos, se quejó a Rumsfeld de que se estaba desaprovechando a sus tropas para dedicarlas a operaciones de detención. Cientos de prisioneros habían sido capturados en la invasión de Afganistán que comenzó en octubre de 2001, pidiéndose al personal del ejército que sirvieran como guardias en los centros de detención establecidos en las nuevas bases militares estadounidenses en aquel país. Aunque muchos de esos detenidos serían trasladados posteriormente a Guantánamo, el ejército no se libró de esa tarea. Una fuerza de trabajo conjunta de sus cuatro ramas se desplegaría en Guantánamo para servir como guardias para los detenidos que iban llegando. Algunos de ellos insistieron en que no era una tarea para la que estaban preparados, que su servicio anterior en las brigadas militares como vigilantes del personal de servicio que hubiera violado la ley no era una preparación adecuada para custodiar a los prisioneros procedentes del campo de batalla. Pero fue en vano.
Hoy, ese ejército se ha desplegado de forma similar en la frontera sur en apoyo de las operaciones de detención que allí se llevan a cabo, una presencia constante de más de 5.000 soldados desde los primeros días de la presidencia de Trump, incluido el personal militar en servicio activo y la Guardia Nacional. Según la ley de EE. UU., el ejército no está autorizado para aplicar la ley nacional. Una carta de 30 miembros del Congreso al Inspector General Adjunto del Pentágono, Glenn Fine, señalaba: “El ejército no debería tener ningún papel en la aplicación de la ley nacional, por lo que el despliegue de tropas de Trump en la frontera sur corre el riesgo de erosionar las leyes y normas que han mantenido en esferas separadas la aplicación de las leyes militares y el derecho interno”. Fine está revisando ahora ese despliegue, pero quién sabe cuándo (o incluso si) verá la luz del día.
  1. Secretismo y retención de la información: En lo referente a Guantánamo, los funcionarios del Pentágono que hablaban del número de detenidos allí ofrecían por lo general solo aproximaciones en vez de cifras específicas, tampoco mencionaban los nombres de los prisioneros. Se mantenía normalmente a los periodistas alejados de las instalaciones y estaba prohibido que hicieran fotografías. Mientras tanto, una capa de secretismo cubría el trato previo dado a esos detenidos, muchos de los cuales habían sido sometidos a abusos y torturas en los sitios negros donde habían estado recluidos antes de ser trasladados a Gitmo.
Actualmente, en la frontera, la política hacia los periodistas, infamemente llamados por este presidente “los enemigos del pueblo”, está siendo un claro fruto del estilo Gitmo. Se ha retenido la información y se han hecho esfuerzos para mantener a los periodistas y fotógrafos fuera de los campos de detención fronterizos. Las peticiones que se han presentado, en virtud de la Ley de Libertad de Información Periodística, han sido a menudo los medios singulares por los cuales el público ha conseguido tener alguna idea acerca de las políticas fronterizas del gobierno. Incluso se ha negado el acceso en los centros de detención a los miembros del Congreso, mientras que la Agencia de Aduanas y Protección Fronteriza de EE. UU. no ha sido capaz de llevar a cabo una recogida de datos que permita a las familias migrantes reunirse o permitir que cualquier agencia de supervisión determine con precisión el número de detenidos, en particular de los niños.
En el escenario bélico persiste un secretismo similar. Solo este mes, por ejemplo, la administración se negó a presentar ante Congreso (y menos aún ante el público) alguna evidencia de su afirmación de que el general iraní asesinado por un dron representaba una amenaza inminente para los Estados Unidos y sus intereses.
  1. Desprecio por el derecho y los tratados internacionales: La administración del presidente George W. Bush, al tildar la Convención de Ginebra de “pintoresca” y “obsoleta” como parte de su justificación para la detención y el reclusión de prisioneros en la guerra contra el terrorismo, empezó a socavar constantemente la adhesión de Washington a los tratados y convenios internacionales de los que anteriormente había sido tanto parte firmante como principal fuerza moral. Y lo que siguió fue, por ejemplo, una contravención de la Convención contra la Tortura, tanto en el programa global de torturas de la CIA como en la aquiescencia de Washington ante el maltrato de los detenidos entregados a otros países.
La falta de respeto por las obligaciones del tratado y por la santidad de la cooperación internacional en asuntos que afectan a la paz, la salud y la armonía mundiales no ha hecho más que extenderse estos años con las decisiones de la administración Trump de retirarse de los acuerdos y tratados de diversos tipos. Entre estos se incluyen: el acuerdo climático de París, el acuerdo nuclear con Irán y los tratados de armas nucleares de la era de la Guerra Fría con Rusia (el acuerdo de las Fuerzas Nucleares Intermedias del año pasado y, más recientemente, el hecho de ignorar las advertencias de los rusos de que no va a haber tiempo suficiente para negociar la renovación de un acuerdo esencial para la limitación de armas nucleares New Start, acuerdo que finaliza en 2021). Como resultado, el mundo se ha convertido en un lugar más peligroso e impredecible.
  1. Ausencia de rendición de cuentas: Aunque el gobierno de Obama puso fin a algunas de las políticas recientemente legalizadas de la era de Bush, incluido el uso de la tortura, no ha habido interés alguno por responsabilizar a los funcionarios del gobierno por conducta ilegal e inconstitucional. Como expresó el presidente Obama, siguiendo la fórmula tradicional en cuanto a tomar medidas para hacer rendir cuentas a determinadas personas por el programa de torturas de la CIA, era hora de “mirar hacia adelante en lugar de mirar hacia atrás”.
Hoy en día Donald Trump y su equipo esperan un tipo similar de impunidad de estilo Gitmo para ellos. Como ha dicho muchas veces, “como presidente, puedo hacer lo que quiera”. La retención de la ayuda militar a Ucrania en un intento de obtener información sobre su rival Joe Biden (y su hijo) es solo un ejemplo de las licencias que se permite. Hay un sentido de inmunidad ante la ley profundamente arraigado en esta administración (como ha quedado demostrado con la negativa a declarar ante la Cámara de Representantes por parte de destacados funcionarios).
Merece la pena señalar que el impeachment del presidente por parte de la Cámara de Representantes fue un raro paso adelante en lo que se refiere a responsabilizar a los funcionarios por las violaciones de la ley en esta época (aunque la condena en el Senado es esencialmente inimaginable). Queda por ver si esa rendición de cuentas se impondrá alguna vez, en el contexto de la política global, al asesinato de Suleimani, a la separación de los niños de sus familias en la frontera, o en el contexto de la interferencia electoral. Por el momento, parece poco probable. Después de todo, todavía vivimos en la era Guantánamo.
El coste de la guerra contra el terror en términos de vidas y del tesoro nacional está bien documentado. A los contribuyentes estadounidenses les ha costado al menos 6.400 millones de dólares (probablemente mucho más), a la vez que ha provocado la muerte de hasta 500.000 personas, de las cuales se estima que casi la mitad eran civiles (una cifra que no incluye las muertes indirectas por enfermedad, inanición y otras causas relacionadas con la guerra). Mientras tanto, se ha ido creando una nueva narrativa, estilo Gitmo, para la ley y la política de seguridad nacional.
La ironía es inequívoca. El centro de detención en la Bahía de Guantánamo se estableció a propósito fuera de EE. UU. para que no estuviera sujeto a las leyes y políticas internas del país. Como muchos advirtieron en aquel momento, la idea de que permanecería como un hecho aparte y anómalo iba a ser seguramente ilusoria. Y, de hecho, así ha resultado ser.
En lugar de seguir siendo una anomalía fuera del país, Guantánamo se ha ido trasladando gradualmente hasta nuestro territorio, y ese es sin duda su legado indeleble.
Karen J. Greenberg, colaboradora habitual de TomDispatch, dirige el Center on National Security de Fordham Law, y es editora-jefe del CNS Soufan Group Morning Brief. Es autora y editora de muchos libros, entre los que figuran Rogue Justice: The Making of the Security State y The Least Worst Place: Guantánamo’s First 100 Days .
Joshua L. Dratel es un abogado que vive en Nueva York y suele litigar en casos clave de seguridad nacional relacionados con el terrorismo, la vigilancia y los denunciantes por conciencia. Es colaborador del nuevo volumen de Greenberg Reimagining the National Security State: Liberalism on the Brink .
Julia Tedesco colaboró con sus investigaciones en la redacción de este artículo.

sábado, 7 de diciembre de 2019

“Las políticas migratorias de EE.UU. tienen sus raíces en Guantánamo”


Entrevista a Alka Pradhan, abogada de derechos humanos

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Han pasado más de dieciocho años desde el atentado de las Torres Gemelas, el mayor ataque terrorista de la historia de Estados Unidos y aquél que llevó a su entonces presidente, George W. Bush, a iniciar una “guerra contra el terror” sin precedentes. Su cruzada dio paso a una serie de violaciones de derechos humanos, muchas de ellas perpetradas en Guantánamo, la base militar usada como centro de detención y tortura. La mayoría de los detenidos allí han sido liberados, pero unos 40 hombres permanecen bajo arresto, entre ellos, cinco de los acusados de haber cometido el atentado. Alka Pradhan es la abogada defensora de uno de ellos, Ammar-Al-Baluchi. Aunque trabaja en Washington, va con frecuencia a la base para reunirse con su cliente, “que es humano y tiene derechos”, enfatiza. Lleva cuatro años trabajando en el caso, pero el juicio por el 11-S empezará a celebrarse a partir de enero de 2021, una fecha anunciada recientemente. En una conversación por correo electrónico, Pradhan denuncia una marea de ilegalidades, entre las que destaca la tortura a la que sigue sometido su cliente, pero también la cantidad de información que permanece aún clasificada y el espionaje que sufren los abogados defensores por parte del FBI y la CIA. Como abogada de oficio, Pradhan trabaja para el mismo Estado al que acusa, algo que valora como un resquicio de justicia: “Si no hiciéramos esta labor, estos hombres no tendrían voz”.
Después de los atentados del 11 de septiembre, Estados Unidos fabricó un sistema legal completamente nuevo para capturar, torturar y detener a presuntos terroristas. ¿Cómo se enfrenta a este sistema?
La prisión de Guantánamo fue concebida para estar completamente fuera del sistema legal estadounidense. Es un sistema completamente corrupto. Está diseñado para encarcelar sin cargos –y principalmente sin juicio– a hombres musulmanes extranjeros. Es básicamente un sistema legal creado para una minoría, algo ilegal según el Derecho internacional. Estados Unidos se arrogó el derecho a detener a estos hombres al decir “estamos en guerra" con Al Qaeda, pero al mismo tiempo no quería otorgarles ninguno de los derechos correspondientes a las leyes de la guerra. Así que los abogados estadounidenses hemos tenido que luchar en los tribunales por los pocos derechos que los detenidos tienen hoy: el derecho a impugnar su detención y las condiciones de reclusión en virtud del recurso de habeas corpus, y el derecho a un trato digno. A los prisioneros en Guantánamo no les están permitidas las visitas familiares y carecen de la atención médica adecuada para las torturas a la que fueron sometidos, en Guantánamo o en los centros clandestinos de la CIA –los llamados black sites.
Guantánamo es un territorio que se encuentra en Cuba, regido por la jurisdicción de Estados Unidos pero donde las leyes estadounidenses no tienen efecto. ¿Cuáles son las principales dificultades de trabajar en lo que se ha denominado “el equivalente legal al espacio exterior”?
Hay muchos problemas prácticos. Guantánamo es una base naval pequeña con muy pocos recursos. La electricidad y el acceso a internet van y vienen, y los edificios se pudren por el salitre. Existe una gran cantidad de información clasificada en relación a los detenidos, principalmente porque el gobierno de EE. UU. ha clasificado información referida a las torturas, por lo que los documentos deben manejarse con mucho cuidado, lo cual es difícil cuando sólo ciertas impresoras funcionan y el espacio de almacenamiento es limitado. Legalmente, el hecho de que la mayoría de las leyes estadounidenses no se apliquen significa que no se puede asumir que los detenidos tengan los derechos fundamentales de un sistema legal justo.
¿Cuáles son los cargos contra su cliente, Ammar Al-Baluchi?
Ammar está siendo acusado, junto a otros cuatro detenidos, ​​por delitos relacionados con los ataques del 11 de septiembre. Los cargos específicos incluyen asesinato y destrucción de la propiedad en violación del derecho de guerra, y terrorismo –que nunca ha sido un crimen de guerra, sino más bien un delito doméstico tramitado en tribunales ordinarios. Las acusaciones contra Ammar afirman que él ayudó con el traslado de dinero a los secuestradores del 11 de septiembre, cosa que el gobierno de los Estados Unidos aún no ha demostrado. Sabemos que Ammar nunca fue miembro de Al Qaeda y que nunca luchó contra las fuerzas estadounidenses en Afganistán o en cualquier otro lugar.
LAS PRÁCTICAS QUE SE CONSIDERAN TORTURA SEGÚN EL DERECHO INTERNACIONAL SON BASTANTE COMUNES EN ESTADOS UNIDOS
Su cliente fue capturado en 2003, luego transferido a black sites de la CIA, donde fue retenido y torturado durante tres años, antes de ser enviado a Guantánamo. Todo eso es ilegal…
No hay palabras para describir lo brutal que fue la tortura de Ammar en los black sites. Todo el gobierno, desde la CIA hasta la Casa Blanca pasando por el Departamento de Justicia, participó en la autorización y ejecución de su tortura, y cada aspecto de este proceso era ilegal. Le golpearon la cabeza contra una pared docenas de veces hasta que sufrió un traumatismo cerebral; lo desnudaron y lo mantuvieron bajo cero largos períodos de tiempo; le pegaron; lo encadenaron en dolorosas posiciones durante meses; fue privado de sueño continuamente, primero con música estridente y luego con una luz fluorescente las veinticuatro horas del día. Y le practicaron waterdousing, que es similar al waterboarding (ahogamiento simulado) pero usando una lona de plástico en lugar de una tabla. Ammar fue amenazado de muerte continuamente e interrogado a lo largo de los tres años y medio que duraron estas técnicas de tortura. Las declaraciones que hizo mientras lo torturaban fueron enviadas a Estados Unidos como “inteligencia”.
Dieciséis años después de su detención, ¿cuáles son las consecuencias de la tortura para su salud?
Ammar tiene sólo 42 años, pero sufre los problemas médicos de alguien décadas mayor. Nunca se le ha brindado la atención médica adecuada para sus lesiones, incluyendo el traumatismo cerebral, o se le ha ofrecido rehabilitación para las articulaciones dañadas por los años de encadenamiento en posiciones de estrés. Los años de insomnio forzado significan que no puede dormir más de un par de horas seguidas sin despertarse por miedo a ser asesinado. Sus habilidades cognitivas están empezando a deteriorarse rápidamente.
Ha dicho alguna vez que, al negarle a su cliente atención médica, éste continúa siendo torturado. ¿Es la tortura una práctica común en Estados Unidos?
Por desgracia, las prácticas que se consideran tortura según el Derecho internacional, como el confinamiento solitario y la negación de atención médica adecuada para los prisioneros, son bastante comunes en Estados Unidos. Pero el tipo de técnicas de tortura que se usaron con los detenidos de Guantánamo no son rutinarias en Estados Unidos, esa es la razón por la que el gobierno continúa ejerciéndolas en Guantánamo, de donde se publica la mínima información posible. La tortura lo corrompe todo en Guantánamo.
Antes de dedicarse exclusivamente a la defensa de Ammar, representó a varios detenidos de Guantánamo en la ONG Reprieve. ¿Qué tipo de abusos vio con esos clientes?
Muchos de mis antiguos clientes habían sido vendidos a Estados Unidos a cambio de recompensas, y torturados en Bagram o Kandahar antes de ser enviados a Guantánamo para ser torturados allí. En Afganistán, estos detenidos estaban siendo torturados por los militares, y era una violencia muy básica y terrible: palizas, puñetazos, encadenamiento en posturas dolorosas, privación sensorial, hambre forzada. En Guantánamo, varios de mis clientes fueron sometidos a humillación sexual: varias guardias de seguridad mujeres les untaron un líquido rojo diciéndoles que era sangre menstrual. Los amenazaron de muerte o con la muerte de sus familiares. Varios de ellos fueron violados analmente en las llamadas “búsquedas en cavidades corporales” no autorizadas.
TANTO DEMÓCRATAS COMO REPUBLICANOS HAN DECIDIDO QUE NO TIENE SENTIDO DESATAR LA CONTROVERSIA INTENTANDO CERRAR GUANTÁNAMO
El único método de protesta que tenían estos hombres era hacer huelga de hambre. Cuando se pusieron en huelga, los médicos de Guantánamo procedieron a la alimentación forzada dos o tres veces al día, usando unas sondas demasiado grandes para sus fosas nasales o esófagos, causándoles hemorragias internas. Nadie, culpable o inocente, debería ser tratado así. Ahora sabemos que la mayoría de los casi 800 detenidos en Guantánamo fueron vendidos por recompensas o capturados por las fuerzas estadounidenses en Afganistán y Pakistán. De hecho, a la mayoría de los clientes que representé el gobierno de Estados Unidos los dejó en libertad, después de haber perdido años de vida y haber sido torturados y detenidos ilegalmente lejos de sus casas.
Una de sus quejas ha sido la incapacidad de reunir pruebas para el juicio del 11-S porque hay mucha información clasificada. Incluso sospecha que el FBI y la CIA la espían. ¿Cómo puede hacer su trabajo en esas circunstancias?
La mayor parte de la información clasificada tiene que ver con la tortura de detenidos por parte de la CIA, y está clasificada porque es una vergüenza para Estados Unidos. Las autorizaciones top secret nos dan cierto acceso a esa información, pero el gobierno decide los límites. Por ejemplo, ha decidido que la ubicación real de los black sites de la CIA y muchas de las fechas específicas en que los detenidos fueron transferidos o torturados están clasificadas. Esto significa que no podemos confirmar ni negar ningún informe sobre dónde estuvo Ammar durante los tres años y medio de detención en régimen de incomunicación. También significa que es extremadamente difícil investigar dónde estaba y en qué condiciones. Por otra parte, el gobierno ha confirmado en numerosas ocasiones que ha espiado a los abogados defensores (mediante dispositivos de escucha en las salas de reuniones con los clientes o accediendo a nuestro correo electrónico) o han colocado informantes en los equipos de defensa. Así que nuestra preocupación por ser espiados se basa en una realidad. Es muy difícil hacer nuestro trabajo en estas condiciones, cuando se sabe que en cualquier momento el gobierno podría estar escuchando información privilegiada.
Kathryn Bigelow, la directora de la película Zero Dark Thirty, tuvo acceso a información sobre Ammar, y hasta aparece un personaje basado en tu cliente. ¿Qué ocurrió exactamente?
Lo que ocurrió fue que en el 2011-2012, cuando se estaba rodando Zero Dark Thirty, Kathryn Bigelow pidió ayuda a la CIA para contar una historia “rigurosa”. La CIA sabía que el Senado estaba cerca de finalizar y publicar parte de un informe que confirmaría que habían torturado innecesariamente a detenidos durante años, y que la información obtenida mediante tortura había sido inútil. Así que la CIA aprovechó la oportunidad para colocar su propaganda en la película; a Kathryn Bigelow le dieron acceso a información clasificada sobre la tortura y los interrogatorios de Ammar, y dieron a entender que la tortura de Ammar condujo al asesinato de Osama bin Laden. Esto es completamente falso. La única parte verdadera fueron las técnicas brutales utilizadas con Ammar en la película; de algunas de ellas sus abogados sólo tuvimos conocimiento después de que salieran la película. Del waterdousing, por ejemplo, nos enteramos por la película. La colaboración de la CIA fue muy eficaz. La mayoría de los estadounidenses no va a leer un informe de tortura del Senado, pero sí que irán a ver un taquillazo de Hollywood, por lo que mucha gente todavía cree que la tortura de Ammar (y la tortura en general) surtió efecto.
A pesar de sus esfuerzos para cerrar la base, Guantánamo siguió operativo durante la presidencia de Obama. ¿Es probable que las violaciones de derechos humanos continúen incluso si gana un candidato demócrata en las próximas elecciones?
Lamentablemente, la respuesta es, por descontado, sí. A la gente en Estados Unidos no le importa que un grupo de hombres musulmanes extranjeros permanezca recluido para siempre, por lo que tanto demócratas como republicanos han decidido que no tiene sentido desatar la controversia intentando cerrar Guantánamo. Hasta la fecha, ninguno de los más de 20 candidatos demócratas a la presidencia ha hecho ninguna declaración pública sobre Guantánamo. Esto a pesar de que ahora sabemos que sólo unos pocos de los casi 800 detenidos en Guantánamo tuvieron algo que ver con el 11 de septiembre o lucharon contra Estados Unidos.
TODO EL CONCEPTO DE GUANTÁNAMO SE BASA EN EL RACISMO
El gobierno acaba de anunciar que el juicio contra estos cinco presuntos terroristas comenzará el 11 de enero de 2021. ¿Son buenas noticias?
La defensa siempre ha dicho que estamos preparados para ir a juicio siempre que el gobierno cumpla con su obligación legal de entregar toda la información que pueda ser exculpatoria. Hasta ahora, el gobierno no ha hecho eso, pero estaremos listos si lo hacen.
¿Cree que puedes ganar el caso?
Según el Derecho internacional y nacional, no hay forma de juzgar a Ammar en Guantánamo. La comisión militar no tiene jurisdicción personal sobre los civiles –Ammar nunca fue miembro de Al Qaeda ni de ninguna fuerza militar–, y algunos de los cargos de los que es acusado (conspiración, secuestro y terrorismo) no son crímenes de guerra tradicionales y, por lo tanto, no deberían serle imputados.
Pero el mayor problema para el gobierno es que, después de torturar a Ammar durante tres años y medio, todas sus declaraciones están irrevocablemente contaminadas. La CIA interrogó a Ammar sobre presuntos delitos mientras lo ahogaba y lo golpeaba hasta dejarlo inconsciente y lo privaba de sueño durante años. Después Ammar fue llevado a Guantánamo en 2007, todavía sin abogados, e interrogado por el FBI sobre los mismos temas, con las mismas preguntas. Eso es lo que el gobierno ahora quiere usar como prueba principal para ejecutar a Ammar, pero casi no hay posibilidad de que las respuestas a esas preguntas sean diferentes de las expresadas bajo tortura. Es por eso que la tortura no sólo es moralmente incorrecta, sino también contraproducente: la información obtenida bajo tortura no es fiable. No hay forma de condenar legalmente a Ammar con esas declaraciones contaminadas. Pero ésa es también la razón por la que está siendo procesado en Guantánamo, donde las leyes de las comisiones militares permiten que se admitan “pruebas coercitivas”, violando el Derecho internacional. En un sistema de justicia normal, los cargos serían fácilmente desestimados o reducidos, y se descartarían las pruebas del gobierno. Pero éste no es un sistema de justicia normal: fue diseñado para ejecutar a estos hombres fuera de la ley.
¿Qué principios del Derecho internacional y estadounidense se han violado?
Los Convenios de Ginebra han sido gravemente violados, ya sea el Tercer Convenio –sobre los derechos y privilegios de los prisioneros de guerra– o el Artículo 3 común a los cuatro convenios –sobre el trato digno a los detenidos. La prohibición de la tortura consagrada en la Convención contra la Tortura y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP) ha sido aniquilada. Los derechos de detención y juicio justo contenidos en los Convenios de Ginebra, el PIDCP y en la Constitución continúan siendo violados hasta hoy.
En una entrevista concedida al  New York Times, dijo que este sistema legal fue inventado para “hombres musulmanes no ciudadanos”, que si se tratara de franceses blancos no habrían sido torturados. ¿Todo el sistema está basado en el racismo?
Sí, todo el concepto de Guantánamo se basa en el racismo. Bajo ninguna circunstancia habría habido hombres o mujeres blancos detenidos en una cárcel como ésta, fuera de la ley durante décadas. Las protestas de otros países y, probablemente, de los propios americanos, habrían terminado el experimento hace mucho tiempo. Esto ocurre únicamente porque los hombres detenidos son de piel oscura y musulmanes.
Estamos viendo que el racismo actúa como catalizador para la implementación de las políticas migratorias actuales. El racismo está increíblemente arraigado en la ley estadounidense.
Las políticas migratorias actuales de Estados Unidos tienen sus raíces en Guantánamo. Una vez que se volvió aceptable retener a hombres musulmanes no ciudadanos en campos de detención, en condiciones terribles durante años, sin consecuencias legales o políticas, quedó claro que alguna administración –en este caso la de Trump– trataría de expandir ese poder. Y ahora vemos que el público estadounidense tolera que niños y familias enteras estén confinados en campos de concentración, que sean torturados física y psicológicamente, durante meses o años, si son de piel oscura. No se está haciendo una valoración o una revisión legal de amenazas reales más allá del color de la piel. Nuestro programa de “seguridad nacional” está enteramente basado en el racismo.
En The Trial, el documental producido por The Guardian, sale usted escuchando respetuosamente el himno nacional en Guantánamo, y luego declarando cuán “incongruente” es que suene el himno en ese contexto. ¿Es usted patriota?
Soy el tipo de patriota más necesario. Soy el patriota que ve los valores sobre los que se construyó este país, que ve los problemas de nuestras políticas e intenta mejorar esas políticas para que coincidan con nuestros valores.

jueves, 7 de marzo de 2019

¿Seguirá siendo un problema la prisión de la bahía de Guantánamo en 2020?

The Intercept

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Sector no utilizado en las instalaciones de la prisión en la bahía de Guantánamo, Cuba, 16 octubre 2018 (Foto: Maren Hennemuth/Picture-Alliance/dpa/AP)
Barack Obama estuvo haciendo campaña con la promesa de cerrar la prisión dirigida por el Pentágono en la bahía de Guantánamo. Por otra parte, Donald Trump hizo su campaña prometiendo volver a llenar la prisión de la base.
Desde el día de enero de hace 17 años en que llegaron los primeros prisioneros hasta hoy, dos cosas han seguido siendo notablemente consistentes: la prisión en la Bahía de Guantánamo permanece abierta y la reportera Carol Rosenberg ha estado cubriendo incansablemente todo lo relativo con ella. “Si me preguntas cómo va a terminarse Guantánamo”, le dijo Rosenberg a Intercepted esta semana, la respuesta que podría darte sería: “No tengo ni idea”.
Rosenberg empezó a cubrir Guantánamo desde que Bill Clinton ocupaba la Casa Blanca, antes de que los “combatientes ilegales” del Secretario de Defensa de la era Bush, Donald Rumsfeld, pusieran un pie en el campo. Y también presenció aquel momento: Rosenberg vio cómo llegaban los primeros 20 hombres sin nombre. “Si cierran los ojos e imaginan una foto de 20 hombres arrodillados con un mono naranja y los ojos vendados, esa fue la foto tomada el primer día por un camarógrafo de combate de la Marina de los primeros 20 hombres que allí trasladaban”, dijo Rosenberg.
En los 17 largos años transcurridos desde que se utilizó la base naval para detener a presos de los que simplemente se sospechaba que podían tener algo que ver con el terrorismo antiestadounidense, 780 hombres han atravesado sus muros. Hoy, quedan 40 . Algunos de esos hombres -como Khalid Sheikh Mohammed (KSM), el presunto autor intelectual de los ataques del 11 de septiembre- habían pasado ya por un puesto secreto remoto (conocido como agujero negro) operado por la CIA en el interior de una base militar.
Rosenberg reveló el mes pasado que la directora de la CIA, Gina Haspel, pudo haber estado durante una temporada al mando de un agujero negro de la CIA en Guantánamo que estuvo activo de 2003 a 2004 . Rosenberg obtuvo la primicia a partir de una transcripción recientemente desclasificada en la audiencia de un tribunal secreto el año pasado, en la cual el abogado defensor de KSM argumentaba que la pasada participación de Haspel en la prisión hace que sea imposible un juicio justo.
“Miro las palabras en la página y me pregunto: '¿Gina Haspel dirigió un agujero negro en Guantánamo?'. Se ha informado ampliamente de que sin duda estuvo al frente de un agujero negro en Tailandia, y el episodio de Guantánamo sigue siendo realmente misterioso. Por ello, me propongo ir en una misión para tratar de averiguar la veracidad de todo eso”, dijo Rosenberg a Intercepted. “Seguro que quienes conocen de verdad los hechos no pueden hablar de ello, pero quienes conocen el programa tienen un contexto en el que pueden hablar de ello. No estoy diciendo que sea un hecho. Estoy diciendo que esta información fue desclasificada. Pero la CIA no va a confirmarla. Lo negarán todo”.
La supuesta implicación de Haspel en Guantánamo ha recibido escasa atención en el rápido ciclo de noticias de la era Trump. Sin embargo, la historia de la presencia estadounidense en la bahía de Guantánamo sigue exigiendo nuestra atención. Mucho antes de que comenzara la guerra contra el terrorismo, la bahía de Guantánamo, Cuba, fue ocupada por EE. UU. durante la guerra hispano-estadounidense de 1898. EE. UU. arrendó ese territorio cubano en el que mantiene desde entonces la base militar, pagando el alquiler anual estipulado en el Acuerdo de 1903. Cuba, sin embargo, lleva sin cobrar esos cheques desde hace más de 50 años debido a su rechazo a la presencia de la base estadounidense en su suelo.
A principios de la década de los 90, la inestabilidad política, especialmente la presunta intromisión de EE. UU., sacudió Haití, forzando a decenas de miles de personas a huir de sus hogares. Los haitianos que intentaron llegar a EE. UU. en barco fueron interceptados por la Guardia Costera estadounidense y encarcelados por la administración Clinton en campamentos temporales en la base de Guantánamo. En total, más de 40.000 hombres, mujeres y niños fueron internados en condiciones catastróficas e inhumanas, totalmente desprotegidos por las leyes constitucionales estadounidenses.
Debido a la política inmigratoria de EE. UU. en aquel momento, los haitianos VIH positivos no podían solicitar el asilo y permanecían indefinidamente en el campamento. En 1993, un juez federal ordenó la liberación de los refugiados VIH positivos calificando su situación de “el tipo de detención indefinida que generalmente se reserva para espías y asesinos”.
Volviendo rápidamente a los primeros días de la invasión de Afganistán tras los ataques del 11-S. Rumsfeld decidió que Guantánamo era el mejor lugar para albergar a los “combatientes ilegales” sin tener que otorgarles la protección de los Convenios de Ginebra, y diciendo de la base que era "el lugar menos malo que pudimos haber elegido”.
Rumsfeld, que habló con los reporteros a principios de 2002 en Camp X-Ray, el nombre del centro de detención en Guantánamo, aclaró la posición de la administración sobre el estatus legal de los detenidos de la guerra. “Hay una comprensión razonable de lo que es un combatiente ilegal. Y las características de los individuos que han sido capturados son las propias de los combatientes ilegales, no de los combatientes legales. Es por eso por lo que se caracterizan como ‘detenidos’ y no como ‘prisioneros de guerra’”, dijo Rumsfeld. “Y es importante que la gente reconozca que se trata de una circunstancia diferente; la guerra contra el terrorismo requiere un esquema diferente”. Este “esquema diferente” se pondría en marcha a lo largo de una década de tratamiento inhumano, tortura y retroceso.
La tortura a los prisioneros bajo la administración de Bush en varios agujeros negros por todo el mundo sentó las bases para que Obama hiciera campaña prometiendo cerrar la prisión en Guantánamo. En el 2007, en un debate en la CNN , Obama, entonces senador, dijo: “Nuestra legitimidad se reduce en el momento en que tenemos un Guantánamo que está abierto, en que suspendemos el hábeas corpus. Este tipo de cosas erosiona nuestras afirmaciones morales de que actuamos en nombre de principios universales más amplios”.
Uno de los primeros usos que hizo Obama de sus poderes presidenciales fue firmar una orden ejecutiva para cerrar el centro de detención. Los ocho años siguientes demostrarían que cerrarlo sería más complicado y lento que lo que nadie hubiera imaginado, al ser prácticamente incapaz de encontrar un lugar adonde pudieran ir los detenidos. “Como el Congreso ha dicho que no se les puede trasladar a EE. UU., prohibiendo que cualquier persona a la que se mantenga detenida en Guantánamo sea enviada a EE. UU. por cualquier motivo, ya sea para procesarla, mantenerla detenida, prestarle atención médica… la realidad es que parece que va a seguir existiendo hasta que el último detenido se muera y puedan cerrarlo”, dijo Rosenberg. “Muchos de esos hombres no son imputables. No están acusados ​​ de actos criminales. Est á n acusados ​​ de ser soldados rasos de una fuerza enemiga que en la actualidad no tiene un líder que pueda rendirse”.
Cuando finalizó el segundo mandato de Obama, 197 detenidos habían sido trasladados a otro país, repatriados o liberados de alguna manera, y 40 hombres permanecen aún allí. Hoy en día, más de la mitad de esos 40 hombres que siguen en Guantánamo continúan aún recluidos indefinidamente sin cargos ni enjuiciamiento.
Un nuevo documental de Field of Vision y The Guardian, “ The Trial: Inside Guantánamo With 9/11 Suspect Ammar al-Baluchi ”, explora el agotador y complicado trabajo de defensa legal de la preparación del juicio del 11 de septiembre. La abogada defensora Alka Pradhan describe el inminente evento como “el mayor juicio penal en la historia de EE. UU.” Y añade: “Resulta muy frustrante comprobar cuán pocas personas están observando lo que está sucediendo aquí”.
Sin embargo, mientras este complejo juicio retoma un capítulo oscuro -la ausencia de rendición de cuentas por las torturas, los eventos del 11 de septiembre, la detención indefinida-, el reconocimiento político estadounidense de las torturas perpetradas terminó cuando se confirmó a Haspel. A pesar de estar involucrada en los peores momentos de esta historia, Haspel ahora es directora de la CIA. Fue jefa de base en la prisión secreta de la CIA en Tailandia, donde supervisó la tortura de al menos un detenido y, posteriormente, como funcionaria de alto rango en la sede de la CIA, autorizó la destrucción de las pruebas grabadas en video de la tortura de otro detenido. Sin embargo, fue confirmada, obteniendo el apoyo bipartidista con la simple promesa de que la CIA no volvería a hacerlo.
En estas primeras etapas de la carrera presidencial para 2020, apenas se está mencionando a los prisioneros eternos, aunque llegó a ser un problema en los ciclos electorales anteriores con los candidatos en 2008 y 2016 debatiendo el futuro de la prisión. Quedó claro en 2016, con la prisión aún abierta, que la responsabilidad de qué hacer al respecto recaería en el nuevo presidente. “Parecemos hipócritas y tontos para el mundo entero”, dijo el senador Bernie Sanders a la CNN durante una entrevista en 2016. “Creo que deberíamos cerrar Guantánamo. Pienso que a largo plazo, si así lo hacemos, nos resultaría de gran utilidad”.
Sanders, un progresista independiente de siempre que ha vuelto a postularse para presidente por el Partido Demócrata, ha apoyado desde hace mucho tiempo la idea de cerrar la prisión y es, ciertamente, el más franco entre su grupo de compañeros candidatos presidenciales. Su posición se remonta a los primeros días de la presidencia de Obama. “Estoy de acuerdo con el presidente Obama en que Guantánamo debe cerrarse”, dijo en 2009 . “Quiero que se cierre lo antes posible. Quiero asegurarme de que la tortura nunca vuelva a formar parte de las prácticas de interrogatorio de EE. UU., y que todos los detenidos sean tratados según las normas de los Convenios de Ginebra”.
Sin embargo, Sanders tiene un extraño historial de voto respecto al centro de detención. En 2009 votó a favor de bloquear la financiación para que Obama cerrara las instalaciones, rompiendo con su compañero, el senador de Vermont Patrick Leahy, al oponerse a esa medida.
En 2013, Sanders, junto con la senadora Elizabeth Warren, otra candidata demócrata para 2020, votó en contra de una enmienda bipartidista que habría facilitado el traslado de los prisioneros de Guantánamo a EE. UU. Los candidatos presidenciales para 2020, el senador Cory Booker, demócrata por New Jersey, Kirsten Gillibrand, demócrata por New York, y Amy Klobuchar, demócrata por Minnesota, votaron a favor de la enmienda. La senadora Kamala Harris, demócrata por California, se ha mantenido sorprendentemente callada sobre la cuestión.
Rosenberg parece sentirse derrotada. “¿Qué es Guantánamo hoy?”, preguntó a Intercepted. “Guantánamo tiene hoy 40 detenidos, uno de ellos condenado, y una fuerza rotatoria de alrededor de 1.400 soldados estadounidenses, en su mayoría de la Guardia Nacional, que vienen sin familia, en misiones de nueve meses, que los fines de semana se van a las playas y bares de la base, y después regresan a casa y vuelven a sus vidas. Y es una prisión temporal, que no tiene realmente capacidad para cerrarse”.
Por su parte, Rosenberg, que ha informado para el Miami Herald sobre todos los aspectos de la vida en la prisión durante los últimos 17 años, se incorporará al New York Times para continuar informando sobre esta historia vital. “Estados Unidos creó esta situación”, dijo. “Son sus propietarios. Los lectores deberían saber lo que está pasando allí. Es lo que corresponde hacer. Y si yo no lo hago, alguien debería hacerlo, ¿verdad?”.
Elise Swain es ayudante de producción y diseñadora gráfica para el podcast de Intercepted. También es asistente editorial de Jeremy Scahill. Antes de unirse al equipo, trabajó como artista independiente. Es licenciada en Fotografía y Video por la Escuela de Artes Visuales. Vive en Nueva York.