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lunes, 10 de febrero de 2020

Líbano, la tierra de la revolución

Robert Fisk

Manifestantes democráticos y no sectarios, furiosos ante la corrupción administrativa, condenan al parlamento como un lugar donde empresarios y terratenientes pueden ser vendidos y comprados, y demandan elecciones no confesionales y una votación popular para la presidencia. Repitamos el viejo lugar común: ¿les suena familiar?

Bueno, claro que sí. Pero en este caso se trata de Beirut en noviembre de 1938, y del Congreso Nacional y Democrático que había sido integrado por el Partido Comunista Libanés. Incluía a la clase media libanesa, economistas, socialistas, tenderos, estudiantes e incluso sindicalistas de todas las religiones, junto con la élite adinerada que se oponía al zaim tradicional, a las grandes familias que habían dominado el país –como lo hacen aún– durante más de un siglo. No llegó a ningún lado.
Protestaban contra el continuo y opresor mandato de los franceses –quienes desde siempre habían demandado un presidente cristiano para su pequeño Estado favorito en Medio Oriente–, pero luego llegó la Segunda Guerra Mundial, cuando la caída de Francia en 1940 entregó a Líbano por breve tiempo al gobierno de Vichy, y más tarde la “liberación” del país por los británicos y Francia Libre en 1941, tras de lo cual las demandas de independencia unieron por un corto lapso a musulmanes y cristianos contra Francia. Se mantuvieron juntos como nacionalistas libaneses.

Como es usual bajo ocupación extranjera, las diferencias sectarias importaban menos que la libertad. Cuando los franceses encerraron a las recalcitrantes autoridades libanesas, tanto cristianas como musulmanas, en la vieja fortaleza de Rachaya, hubo violentas protestas en todo el país. Pero cuando los franceses decidieron irse el sistema sectario libanés resurgió. Igual ocurrió en Siria. Los dos países compartirían la misma fecha de independencia. Y el mismo sombrío legado de confesionalismo, que los franceses habían estimulado insidiosamente durante su mandato, de 1923 a 1946.
Si bien el mandato francés había beneficiado en gran medida a los cristianos, para quienes el general Henri Gouraud amplió el nuevo Líbano a expensas de Siria, incluso la administración francesa se irritaba de cuando en cuando por los constantes reclamos confesionales de cristianos y musulmanes. De hecho, el gobierno del Frente Popular encabezado por León Blum en París fue criticado por los libaneses por su perspectiva no sectaria. Ahora que la mayoría sunita en Siria se había separado de ellos, los sunitas de Líbano se vieron reducidos a una minoría. El brigadier Stephen Longrigg, uno de los historiadores menos emotivos de ese periodo, detectó con rapidez cómo las pertinaces debilidades del país se podían observar incluso después de la Primera Guerra Mundial: “La falta de solidaridad nacional, la devoción a fines sectarios o personales, la interminable disputa por posiciones y poder, las intervenciones de los dignatarios religiosos… la dificultad de erradicar el dispendio, el abuso y la corrupción… las demandas excesivas del confesionalismo”.
Cuando la depresión mundial aplastó la economía libanesa (ligada inevitablemente a las finanzas francesas), hubo extensas huelgas, protestas callejeras y violencia. Los salarios cayeron 50 por ciento, lejano paralelo con la crisis actual, pero en la década de 1920 las protestas fueron instigadas sobre todo por carniceros, taxistas y abogados. Los cristianos estaban divididos, igual que hoy, pero los musulmanes chiítas eran desdeñados en gran medida por cristianos, sunitas y franceses. Pobres, en su mayoría sin estudios, considerados un elemento casi “extranjero” en Líbano –como lo siguen siendo para algunos sunitas y cristianos–, fue su comunidad hermana, los alauitas de Siria, la que capturó la atención de los franceses. Pero, dentro de Líbano, ahora segregados de la mayoría sunita en Siria, los chiítas se convertían en una poderosa minoría, al tiempo que los sunitas de Líbano, separados de sus hermanos y hermanas de Siria, eran una minoría menos poderosa.
Por desgracia, el creciente poder de la Alemania nazi comenzó a ejercer influencia sobre los libaneses. El Partido Nacional Socialista Sirio, que postulaba una Siria “más grande”, surgió con todo y camisas pardas y reverencia a sus líderes; hoy cuenta con 100 mil miembros en Medio Oriente y su emblema de un molino de viento rojo, blanco y negro evoca la suástica, como era la intención. Surgió la Falange Cristiana Maronita con desfiles, escuadrones paramilitares y un joven campeón de futbol, Pierre Gemayel, como líder. Su inspiración fue su visita a los Juegos Olímpicos de 1936 a Berlín. “Y entonces vi esa disciplina y ese orden”, me contó cuando era un anciano. “Y me pregunté, ‘¿por qué no podemos hacer lo mismo en Líbano?... Y nosotros en Medio Oriente necesitábamos disciplina, más que cualquier otra cosa.” Siria, por cierto, pescó la misma plaga a finales de la década de 1930. Tuvo sus movimientos de “camisas blancas” y “camisas de acero”.
Resulta interesante que los libaneses, entonces y ahora, desearan ahogar sus identidades sectarias con la nomenclatura política occidental. Un marciano o marciana que aterrizara en Líbano, si no fueran afectos al café árabe, podrían pensar que habían llegado a Europa. Se suponía que la Falange pertenecía al Partido de Unidad Libanesa. Más tarde se convertiría en el Partido Social Demócrata. Y, por tanto, actualmente hombres confesionales y a veces de hierro se ocultan detrás del Partido Nacional Liberal (cristianos de la corriente de Chamille Chamoun), el Movimiento Libre Patriótico (cristianos de Michel Aoun), el Movimiento Futuro (sunitas de Saad Hariri) y el Partido Socialista Progresista (drusos de Walid Jumblatt). Amal (el movimiento Esperanza, encabezado por Nabih Berri) es el partido chiíta más formal. Solo Hezbolá –el Partido de Dios– asocia su nombre con su fe religiosa (chiíta).
Tal vez el estudio académico más relevante para los manifestantes en las calles del centro de Beirut actual siga siendo la magnífica historia de la sociedad libanesa escrito por el finado Kamal Salibi, Una casa de muchas mansiones. De religión protestante, Salibi se preguntaba si las distintas comunidades del país deberían “ser representadas en el gobierno por liderazgos fieles a sus ethos confesionales o tribales, o su representación debería recaer en elementos más dados a la razón y la moderación”. En el primer caso, el gobierno “podría degenerar en una arena para el establecimiento de feudos confesionales tradicionales… y esto solo puede conducir al caos político”. En el segundo, la representación del país en el gobierno “no reflejaría su verdadera naturaleza social”, presumiblemente porque “la razón y la moderación” no eran tan fáciles de encontrar en Líbano como Salibi hubiera deseado.
Y aquí llegamos al centro nuclear de la crisis libanesa. ¿Podría Líbano llegar a ser un Estado moderno si alejaba su política del confesionalismo, pero retenía el sectarismo social? Si se acepta que musulmanes y cristianos no podrían casarse en el país –y que ese divorcio (un ingreso sumamente redituable para las iglesias de todos los credos) solo podía ser decidido por clérigos–, ¿en verdad se podría hacer todo esto a un lado y elegir a los líderes sobre la base de sus capacidades, más que de su religión? ¿En especial cuando los cristianos, por divididos que estuviesen, se miraban como representativos de la civilización europea bajo la amenaza constante de los musulmanes, mientras los musulmanes sentían pertenecer al nacionalismo árabe o, más adelante, al nacionalismo islámico o sencillamente a la “nación” del islam?
Salibi creía que el gobierno y la oposición, los liderazgos cristianos y musulmanes, deseaban impedir el desarrollo económico porque este “haría ver a los ciegos”: educar a la gente de las ciudades y poblados –estas palabras son mías– era un peligro para las élites instruidas. Puesto que los refinados y acaudalados cristianos y musulmanes sunitas controlaban los bancos y la economía, también serían culpados cuando la corrupción quedara expuesta. Las crisis económicas podían atribuirse a los extranjeros –primero a los refugiados palestinos, hoy a los sirios y los iraníes–, pero las primeras dos décadas de la independencia fueron de un éxito económico casi sin paralelo.
Entonces, en 1966, Intra Bank, dirigido por un palestino cristiano, cayó en bancarrota. Casi tan poderoso como el Banco de Líbano, controlaba empresas importantes en todo el país, entre ellas la aerolínea nacional y otras de desarrollo inmobiliario, turismo e industria. El banco, como el profesor Fawwaz Traboulsi declararía expresamente en su propia historia del país, financiaba elecciones, distribuía regalos en efectivo disfrazados de préstamos y pagaba sobornos de todo tipo. Investigación reciente sugiere que instituciones financieras occidentales pudieron haber causado el colapso –Intra tenía más activos que pasivos cuando fue destruido–, pero los resultados fueron catastróficos. Bancos más pequeños se vinieron abajo, y hubo una fuga masiva de capitales… exactamente igual que ahora.
De hecho, vale la pena preguntar si la actual revolución –en la que los manifestantes demandan poner fin a la corrupción y al sectarismo, y una nueva constitución– habría estallado si la economía del país, hace mucho tiempo abandonada por las potencias europeas, aún gozara de la prodigalidad de las décadas de 1950 y 1960. Después de la guerra civil de 1975-90, mientras la divisa se mantuvo en paridad de 1,500 a uno con el dólar estadunidense, la economía funcionó. Las remesas podían sustituir a los impuestos, y las propiedades eran un seguro contra la inflación o el colapso económico.
La corrupción era sostenible –por los bancos, por los líderes políticos y empresariales– sobre la base de que el sistema sectario protegía al país bajo lo que se conocía como Pacto Nacional. Si éste se derrumbaba –si la representación parlamentaria basada en el confesionalismo (un presidente cristiano, un primer ministro sunita, un chiíta como presidente del parlamento, etc. ad infinitum) ya no era capaz de proteger la economía libanesa–, entonces tanto el sistema económico como el sectario perderían credibilidad. Y eso es lo que con el tiempo ocurrió.
Resulta irónico, y trágico, que quienes hoy demandan una nueva constitución, una nueva forma de gobernar Líbano, poner fin a la corrupción institucional, no tienen aliados. Y quienes hasta hace poco estaban dispuestos a morir por la libertad del sur del país –Hezbolá– resultan ser los apoyos más poderosos de quienes han causado el empobrecimiento del pueblo: porque los lugares en el parlamento y en el gabinete son a final de cuentas más importantes para Hezbolá (y Siria) que el cambio político que el partido pro iraní habría demandado en Líbano bajo otras circunstancias.
Hay buena razón para esto. Todo político en Líbano reconocerá en privado que los chiítas, si estuvieran representados en el parlamento conforme a su verdadera población actual, deberían tener más de los 27 lugares a los que tienen derecho en la actualidad. Existe un acuerdo tácito según el cual Hezbolá no protestará por su desproporcionada falta de representación mientras se le permita mantener una milicia fuertemente armada. En otras palabras, el mayor movimiento chiíta puede conservar sus armas –infinitamente más poderosas que las del ejército libanés–, siempre y cuando no pida más lugares en el parlamento. Temerosos de perturbar este equilibrio –que los periodistas describen siempre como un “delicado balance”, aunque de hecho es sectario e injusto–, los libaneses prefieren aceptar una fuerza paramilitar chiíta “ilegal” que una futura república islámica. O, por lo menos, esta es la explicación que se da a menudo.
El sistema de elecciones por padrón asegura que los votantes también apoyen candidatos de una secta diferente de la suya, pero esto en sí mismo crea una ilusión “democrática” fraudulenta: que los líderes políticos son populares fuera de las comunidades a las que pertenecen. Partidarios del Movimiento Libre Patriótico del presidente cristiano Michel Aoun –dirigido por el yerno del presidente, Gebral Bassil– son alineados con Hezbolá (y por consiguiente con Siria). Pero Bassil no solo es líder partidista y yerno del presidente; también es ministro del exterior. Incluso se apareció en Davos este mes, afirmando que los gastos de su avión privado a Suiza fueron cubiertos por “un amigo”.
Bassil es el blanco principal de los manifestantes en Beirut. Él afirma estar brillante de limpio. Y eso decimos todos. Pero no conozco a nadie en Líbano que no tenga una historia verificable de corrupción. Estoy bien consciente, por ejemplo, de un trato acordado en los 24 meses pasados entre un prominente político libanés –no Bassil– y un banquero libanés igualmente prominente. El político pidió al banquero hacer un cuantioso préstamo a un pariente, diciéndole que si no lo concedía perdería su empleo. El banquero pagó. Conozco los nombres, la cantidad y la fecha.
No dudo que sus abogados me demandarían si escribiera más. Pero cada libanés tiene una historia personal –y, en la mayoría de los casos, probablemente cierta– de malos manejos semejantes. La corrupción masiva no es solo una acusación: es un hecho. ¿Cómo puede, por ejemplo, un miembro del aparato de seguridad darse el lujo de pagar decenas de miles de dólares para la boda de su hija cuando la población del país lleva 45 años sin poder disfrutar de energía eléctrica las 24 horas? Si los días dorados de la economía liberal libanesa pudieran regresar, esto se perdonaría u olvidaría por otro medio siglo. Pero Líbano ocupa el tercer lugar entre los países más endeudados del mundo. La libra libanesa está a punto de implosionar. Y, para la mayoría de las personas, el dinero se está agotando.
Riad al-Solh, primer ocupante del cargo de primer ministro después de la independencia, buscó integrar las comunidades religiosas del país en una nación, y hacerlo en tal forma que las sectas convivieran en amistad y amor, y no mediante el miedo y la pasividad. Solh, uno de los que fueron hechos prisioneros por los franceses en Rachaya en 1943, describía el sistema confesional del país como un veneno. Pero, como escribió alguna vez mi difunto colega Patrick Seale, la contradicción no resuelta entre una sociedad construida sobre “antiguas solidaridades confesionales” y un “Estado nacional construido sobre una identidad nacional común” continuó infectando a Líbano. Y así es hasta la fecha.
La historia moderna de Líbano contiene todas las pistas sobre la revolución actual. Yo solía decir que su tragedia (y sí, todavía culpo sobre todo a los franceses) fue que el país nunca podrá convertirse en un Estado moderno. Si se erradicara el confesionalismo, dejaría de existir, porque el sectarismo es actualmente la identidad de Líbano. El país era un Rolls-Royce con asientos forrados de piel y un gabinete para bebidas… pero con ruedas cuadradas. No estoy seguro de que una metáfora tan fácil haga justicia al sombrío futuro que hoy confronta a los libaneses.
Cuando las clases dominantes solo pueden reproducirse en forma cada vez más corrupta y aquellos a quienes se supone que representan solo exigen que se vayan, se tiene una revolución en más de un sentido. Sí, lo que ocurre hoy en Líbano es una continuación del despertar árabe de hace casi una década. Pero, como todos sabemos, cuando una población decide que sus gobernantes deben irse, a menudo es el momento en que naciones extranjeras más grandes y poderosas irrumpen para tomar el control. Entonces surgen los dictadores locales, ansiosos de atender el llamado de esos extranjeros a quienes tanto les importan las masas empobrecidas y hacinadas que anhelan respirar el aire de la libertad.


© The Independent

Traducción: Jorge Anaya

martes, 26 de marzo de 2019

Trump firma el reconocimiento de la soberanía israelí sobre los Altos del Golán

Ataque flagrante, denuncia Siria

Advierte la ONU que el estatus legal de la zona no ha cambiado

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▲ Donald Trump, presidente estadunidense, muestra el documento en el cual su gobierno reconoce la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán, con el aplauso del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu (atrás, al centro)

Washington. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó este lunes un decreto en el cual reconoce la soberanía israelí sobre los disputados territorios de los Altos del Golán, con lo que revirtió más de 50 años de política estadunidense hacia Medio Oriente, en una decisión condenada por Siria y rechazada por la Organización de las Naciones Unidas.
El Golán es una zona fronteriza que Israel arrebató a Siria durante la guerra de los Seis Días, en 1967, y se anexó ilegalmente en 1981, aunque esto nunca fue reconocido por la comunidad internacional.
Hace mucho que esto se estaba preparando, aseguró Trump en la Casa Blanca al lado del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, quien enfrenta en su país un proceso legal acusado de corrupción, fraude y abuso de confianza, a unas semanas de los comicios en los que busca la relección.
Nunca renunciaremos a esos territorios, sostuvo el gobernante de Israel.
La ONU reiteró su rechazo a la decisión. El estatus legal del Golán permanece inmutable, advirtió el vocero del organismo, Stephane Dujarric.
Para el secretario general de la ONU, António Guterres, está claro que el estatuto del Golán no ha cambiado. La política respecto del tema proviene de la resolución 497, aprobada por el Consejo de Seguridad en 1981, y esta política no ha cambiado, advirtió Dujarric durante una rueda de prensa.
Esa resolución dictamina que la anexión de los Altos del Golán es nula y sin efecto legal a escala internacional, además exige a Israel que cancele la apropiación ilegal de este territorio.
Por lo pronto, el gobierno del presidente de Siria, Bashar al Assad, consideró que el reconocimiento de Estados Unidos de la autoridad israelí sobre los Altos del Golán, territorio estratégico y rico en agua de mil 200 kilómetros cuadrados, es un ataque flagrante a su soberanía, al tiempo que Rusia advirtió sobre un posible aumento de la tensión en la zona.
Los gobiernos de Líbano y Palestina, que junto con Siria tienen territorio propio invadido militarmente por Israel, condenaron esta decisión de Estados Unidos.
Beirut reiteró que la declaración suscrita por Trump en presencia de Netanyahu es condenable, viola todas las leyes del derecho internacional y perjudica los esfuerzos para lograr una paz justa.
Venezuela también condenó la proclama estadunidense.
En este contexto, el ejército de Israel atacó objetivos del movimento Hamas, autoridad legítima de la franja de Gaza, horas después de que un cohete lanzado desde el enclave palestino impactó en una casa e hirió a siete israelíes, informó el ejército israelí.
Hamas anunció más tarde que alcanzó un cese del fuego con Israel con la mediación de Egipto, tras unas horas de intenso intercambio de fuego.
El magnate elogia a Mueller
Trump se dijo satisfecho con los resultados de la investigación en la que no se encontró evidencia de que su campaña haya conspirado con Rusia para influir en las elecciones de 2016, lo que aleja la amenaza de un procedimiento de destitución (impeachment) en su contra, y en un cambio de discurso, este lunes elogió el comportamiento del fiscal especial Robert Mueller.
Pese a que quedan abiertos varios frentes judiciales y que las comisiones del Congreso van a seguir con sus audiencias, la publicación de las principales conclusiones del documento es una bocanada de aire para Trump, que pretende usar este impulso para proyectarse hacia la carrera presidencial de 2020.
El presidente celebró el desenlace, pero también expresó su resentimiento por la sombra que cayó sobre su gobierno durante los dos años que duró la investigación.
Trump, quien durante meses denunció sufrir una cacería de brujas, dijo en rueda de prensa ofrecida junto a Netanyahu, que Mueller actuó de forma honorable.
También se declaró en favor de la publicación íntegra del informe. No me molestaría para nada, sostuvo, para enseguida calificar la pesquisa de narrativa falsa... una cosa terrible.
El vocero del Kremlin, Dmitry Peskov, reiteró que Rusia nunca ha interferido en comicios de otras naciones y no tiene la intención de hacerlo.

Foto Afp
 Periódico La Jornada

miércoles, 2 de julio de 2014

Nuevo califato del siglo XXI en Irak/Siria: ¿jihad global contra los BRICS?


Bajo la Lupa
Alfredo Jalife-Rahme
Foto
Combatientes islamistas participan en un desfile militar en la provincia de Raqqa, en el norte de Siria, anteayer, para celebrar la declaración de un califato en el área bajo influencia del grupo Estado Islámico de Irak y el LevanteFoto Reuters

La nebulosidad sobre la sorprendente creación y propagación del grupo sunita jihadista Estado Islámico de Irak y el Levante (Siria y Líbano) –Isil, por sus siglas en inglés, y Daesh en árabe–, que ha generado aparente confusión (ver Bajo la Lupa, 18, 25 y 29/6/14), se empieza a disipar por sus alcances geoestratégicos en la frontera del triángulo RIC (Rusia, India y China), cuyos tres miembros forman parte del ascendente BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), a 14 días de celebrar su sexta cumbre en Fortaleza.

El primer día del ayuno islámico del Ramadán, un dato simbólicamente ilustrativo fue escenificado por Isil/ Daesh, que deja oficialmente de lado su nombre por el de Estado islámico: el lanzamiento del califato islámico en los territorios bajo su ocupación militar, y nombró a su enigmático líder Abu Bakr al-Baghdadi como su nuevo califa (que significa sucesor del profeta Mahoma en árabe).

El temerario lanzamiento del nuevo califato por el Estado islámico sunita es un triple anatema para el chiísmo universal de 300 millones de feligreses (20 por ciento del total islámico global):

 1) el califato, que nace con los compañeros del profeta, es eminentemente sunita y motivo de la ruptura sucesoria con los chiítas seguidores de Alí (primo de Mahoma); 

2) Abu Bakr fue el primer califa del sunismo, padre de la legendaria Aisha y uno de los suegros del profeta, y hoy nom de guerre del nuevo califa del siglo XXI, y

 3) el califato sunita proclamado llega hasta las fronteras de Irán en la provincia de Diyala para vincularse con Alepo (Siria), en la frontera turca.

El primigenio califato fue abolido con la derrota del Imperio Otomano en la Primera Guerra Mundial, lo cual significó el reparto de su féretro mediante la artificial cartografía medioriental del tratado secreto anglo-francés Sykes-Picot que el nuevo califato del siglo XXI ha dado por muerto al borrar de facto la transfrontera de Siria e Irak, lo cual beneficia el nuevo trazado militar del Kurdistán iraquí.

Las reverberaciones del nuevo califato del siglo XXI son enormes a escala local/transfronteriza/regional y euroasiática, en medio de su epifenómeno multidimensional –donde el control de los hidrocarburos juega un papel preponderante–, cuando sus implicaciones prospectivas se plasman en su irredentismo cartográfico tanto de su jihad petrolera como de su proyección geopolítica para los próximos cinco años.

alguien le convino la guerra de 1980-1988 focalizada entre los árabes de Irak (en la etapa de Saddam Hussein) contra los persas de Irán (en la fase del ayatola Jomenei), para que luego Estados Unidos/Gran Bretaña/OTAN librasen sus dos guerras puntuales en contra de Irak (1990/1991 y 2003/2011) del nepotismo dinástico de los Bush (padre e hijo).

Irak, hoy en delicuescencia, lleva 34 años ininterrumpidos de guerras caleidoscópicas y entra a un nuevo estadio: una guerra etno-teológica que puede durar otros 30 años –réplica de las guerras europeas del siglo XVII– entre sunitas y chiítas, que abarca ya nítidamente a varios países del gran Medio Oriente (en la definición del general israelí Ariel Sharon: de Marruecos a Cachemira y de Somalia al Cáucaso): Irak, Siria, Líbano, Yemen, Bahréin, Arabia Saudita (en su parte oriental petrolera, donde predomina la minoría chiíta), y en la que participan a escala regional tras bambalinas (ya muy vistas) las seis petromonarquías del Consejo de Cooperación Árabe del Golfo Pérsico, Turquía, Jordania e Irán, sin contar el Kurdistán iraquí (gran aliado de Israel).

El nuevo califato del siglo XXI en el mero corazón euroasiático comporta implicaciones profundas en el triángulo geoestratégico de los RIC, que ostentan relevantes minorías islámicas, a diferencia de Estados Unidos y todo el continente americano, en donde la presencia musulmana es microscópica: 0.8 por ciento de la población en Estados Unidos; Sudamérica, 0.42 por ciento, y todo el continente americano, 1.6 por ciento.
Es mi hipótesis que el nuevo califato del siglo XXI y su jihad global, tanto petrolera como geopolítica, carcome las fronteras islámicas del triángulo RIC y desestabiliza su conformación demográfica interna –con un total de casi 200 millones de islámicos en su seno–, tomando en cuenta la doble contención que ejerce Estados Unidos contra Rusia y China (mediante la doctrina Obama).

Con antelación ya había expuesto el preponderante factor islámico en India, que se encuentra ante un tsunami demográfico-geopolítico.


No se pueden soslayar los vasos comunicantes entre Ucrania, el mar Negro, el Transcáucaso y el gran Medio Oriente, donde brilla intensamente el factor chechenio.

A juicio de Putin, después del fracaso del mundo unipolar, Occidente pretende imponer a otros países sus principios, convirtiendo el planeta en un cuartel mundial. ¡Uf!

Durante el paroxismo de la guerra fría, el libro predictivo de la disolución de la URSS, El imperio resquebrajado: la revuelta de las naciones en la URSS , de la aristócrata francesa Helène Carrère d’Encausse, exhibió la vulnerabilidad cohesiva de la URSS debido al galopante crecimiento demográfico de su poligámica población islámica.

Los políticos de Estados Unidos, entre ellos el vicepresidente Joe Biden, vuelven a repetir el modelo demográfico del imperio resquebrajado, ya reducido a la mínima expresión de Rusia, donde existe una relevante minoría islámica de alrededor de 15 por ciento de su población (20 millones del total) asentada en la región Volga/Ural y en el hipersensible Cáucaso norte (Daguestán, Chechenia, etcétera).

China también ostenta una minoría islámica sunita muy inquieta, ostensiblemente azuzada desde el exterior: los célebres uigures –de origen mongol, conectados con sus congéneres de Asia central y Turquía–, que predominan en la Región Autónoma de Xinjiang, que ascienden a 10 millones (según el censo de 2010).
La superestratégica región de Xinjiang, que mide 1.6 millones de kilómetros cuadrados, detenta pletóricos yacimientos de petróleo, constituye la mayor región productora de gas natural de toda China y ostenta importantes reservas de uranio.

La conexión comercial de Xinjiang con Kazajstán es del mayor orden geoestratégico en el corazón euroasiático.

En fechas recientes, los separatistas uigures sunitas han intensificado sus atentados en el mero corazón de China, en su capital Pekín.

Los separatistas uigures, que buscan derrocar al gobierno chino local, están inspirados por la teología de la jihad global avant la lettre y que ahora proclama y reclama el nuevo califato del siglo XXI, con el que muy bien pudieran conectarse.

¿Forma parte del cuartel mundial de Occidente el nuevo califato del siglo XXI y su jihad global contra los BRICS?
Twitter: @AlfredoJalifeR_
Facebook: AlfredoJalife

miércoles, 2 de enero de 2013

Atención a los movimientos telúricos bajo la frágil arena internacional


2013, Un año para las soluciones



Nada es lo que parece en los últimos años en política internacional. Las viejas certidumbres han dado paso a una fragilidad que permite vislumbrar futuros sobresaltos. Donde menos se esperan.
Contra lo que puede aparentar el farragoso juego de la diplomacia, el subsuelo de lo que se conoce como la arena internacional se está moviendo de forma decisiva en los últimos años. Este movimiento telúrico de fondo se traga de repente a protagonistas de la historia que parecían eternos (fue el caso del egipcio Mubarak y del libio Gadafi y todo apunta a que será el destino del sirio Al-Assad) provocando graves desequilibrios regionales y nuevas alianzas que tardarán años en solidificar.
Pero, por lo general, se trata de un movimiento lento pero ininterrumpido que está suponiendo un rediseño del mapa geoestratégico mundial como no se ha conocido en los últimos cien años-
La crisis global ha provocado un corrimiento hacia el sur del Norte rico, dibujando una Europa en la que el eje mediterráneo parece condenado a asemejarse cada vez más a los países del este, que 25 años después de la caída de la URSS, siguen condenados en el vagón de cola.
EEUU sigue buscando un nuevo paradigma que le permita mantener su primacía mundial y, olvidada la Guerra Fría y tras salir trasquilado de su último decenio de guerra al islam, vuelve su mirada hacia el que fue siempre su objetivo geoestratégico, el Pacífico.
Cuenta, para ello, con la competencia creciente de una China que ya ha dejado de ser una potencia emergente y se ha convertido en la segunda economía mundial y en la principal fábrica del Planeta.
EL EJE DEL PACÍFICO
El mundo es cosa de dos
Las complejas relaciones entre EEUU y China marcarán, sin duda, el devenir del nuevo año y de los siguientes. Y conviene remarcar esa complejidad, toda vez que, más allá de la escenificación periódica de conflictos -en torno al tipo de cambio del reminbi o a aspectos comerciales- ambas potencias se necesitan mutuamente. A Pekín no le interesa un debilitamiento de EEUU más allá de un límite y Washington tiene en China a uno de los principales compradores de su inmenso déficit.
Otro tanto ocurre con la cuestión militar. EEUU denuncia una y otra vez el incremento ciertamente exponencial en gastos de defensa de los dirigentes chinos, pero estos recuerdan que siguen derivando menos proporción del PIB del país a este capítulo que lo que gasta EEUU. Y, en cifras absolutas, el Pentágono se lleva medio billón largo de dólares al año, mientras el Ejército Popular chino, el más numeroso del mundo, no supera los 80.000 millones.
En este juego de acusaciones demagógicas, no hay duda de que EEUU aprovechará la inquietud que genera el repunte de las reivindicaciones territoriales de China en muchos de sus vecinos -y algunos aliados estratégicos de EEUU- como Japón, Corea del Sur, Vietnam y Filipinas para tratar de consolidar su dominio del Pacífico.
Pekín intentará hacer valer el diálogo bilateral para solucionar esas disputas, mientras EEUU apelará a soluciones regionales en las que el peso chino se diluya y su propia posición marque la pauta a seguir.
AMÉRICA LATINA
Escalada de tensiones
La disputa por la hegemonía regional entre tres grandes potencias, Estados Unidos, China y Brasil, dibuja en el horizonte una escalada de conflictos. Para 2013 podemos esperar mayor activismo de las principales fuerzas desestabilizadoras, las derechas aliadas de Washington, por lo menos en Venezuela y Argentina, que se han convertido en los escenarios de las mayores confrontaciones.
La posible desaparición de Hugo Chávez pondrá a prueba la solidez del proceso bolivariano. Aunque Brasil y China han establecido sólidas alianzas estratégicas con Venezuela, la derecha y Estados Unidos mantienen su capacidad desestabilizadora. En Argentina el gobierno de Cristina Fernández deberá mostrar que puede manejar la situación económica y financiera para frenar la escalada social y política de las clases medias y altas contra su gobierno.
En el resto de la región sudamericana predomina la estabilidad aunque falta acomodar la situación paraguaya postgolpe constitucional contra Fernando Lugo. A través de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), Brasil viene mostrando su capacidad estabilizadora en la región, que está optando por resolver sus asuntos sin la injerencia estadounidense. El Mercosur, ampliado con Venezuela, seguirá creciendo con la incorporación de Bolivia y Ecuador.
Más al norte, en el Caribe, Centroamérica y México, la relación de fuerzas es completamente diferente. La mano militar del Pentágono y del Comando Sur siguen marcando el ritmo con escasas interferencias. El núcleo de la conflictividad interestatal y social seguirá focalizada en Sudamérica, y muy en particular en la región andina del Perú, donde colisionan las hegemonías decadentes y las emergentes.
EL MUNDO ÁRABE
Avance a trompicones
Dos años después, podemos enumerar algunas de las consecuencias negativas de la «primavera árabe»: la confrontación militar (Siria) o la confrontación política (Túnez, Egipto, Libia, Yemen) han dado una nueva oportunidad a los grupos asociados a la franquicia Al-Qaeda, han aumentado la influencia de las potencias reaccionarias del Golfo (Arabia Saudí y Qatar) y desplazado la batalla por la democratización hacia una «guerra fría» entre sunnismo y chíismo, han llevado al gobierno (Túnez y Egipto) a partidos islamistas complacientes con el capitalismo, han fragilizado todas las fronteras nacionales y han producido una fractura en la izquierda árabe e internacional. ¿El balance es, por tanto, desastroso?
Todos esos efectos solo podían ser evitados manteniendo dictaduras feroces cuyo cuestionamiento ha abierto, en cambio, un abanico de potenciales transformaciones.
Desde el punto de vista geoestratégico, podemos señalar algunas: Israel se encuentra más aislada y desprestigiada que nunca mientras que Palestina refuerza su papel simbólico como capital y garantía del anti-imperialismo regional, EEUU recula en la zona frente a una nueva promiscuidad de alianzas cruzadas entre viejas potencias y potencias emergentes y se pone punto final, con veinte años de retraso, a la Guerra Fría y al siglo XX.
Pero desde el punto de vista político, un proceso que sólo puede ser largo apunta ya cambios impensables hace tres años: pueblos que se movilizan y organizan y que amenazan por primera vez el corazón de la bestia (los países del Golfo y Jordania), mujeres y minorías lingüísticas y nacionales que luchan por sus derechos, una izquierda que se sacude esquemas atávicos y reencuentra la calle, la emergencia al primer plano de una juventud reprimida y humillada, la refundación de una cultura que se inclinaba, fascinada o aterrorizada, ante el poder personal y que, a través del mito Bouazizi, se alinea con los perdedores y rechaza los despotismos.
El balance será aún provisional durante décadas. Pero habría que estar loco -o ser imperialista- para preferir que no hubiera ocurrido.
ASIA Y EURASIA
Afganistán e Irán
2013 estará marcado por los acelerados planes de retirada occidental de Afganistán, lo que sin duda generará un cataclismo en una región, Asia Central, que se mantiene en una posición de equilibrio sobre alfileres.
Rusia ya está calibrando el futuro de una zona en la que todo hace presagiar un regreso con fuerza del poder talibán y, en el peor de los escenarios, una guerra civil que podría reanimar a los latentes movimientos islamistas, particularmente fuertes en el estratégico valle de Fergana y que disputan el status quo que Rusia logró mantener en repúblicas como Uzbekistán y Tayikistán manteniendo a dictadores en el poder.
En fin, habrá que estar asimismo muy atentos al año crucial que vivirá Irán, con unas elecciones en las que se anuncia el regreso de las viejas facciones del stablishment revolucionario -tras un acuerdo entre el ayatollah Jomenei y Akbar Hashemi Rafsanjani - por la retirada del presidente Mahmud Ahmedinejad- y no se descarta que Occidente vuelva a intentar socavar al poder de Teherán con un nuevo ensayo de revolución de colores como el que fracasó en las presidenciales de 2009. Todo ello como alternativa a una guerra contra Irán por razón de su programa nuclear que solo aparece en la agenda de Israel. El problema es Tel Aviv y su creciente unilateralismo.
UNIÓN EUROPEA
«Hallo 2013»
En el ámbito europeo y de la Unión Europea, será un año marcado por las elecciones alemanas de otoño. Y no porque la reelección de Merkel o el regreso del SPD al poder vaya a cambiar mucho la relación de este país con la UE, sino porque buena parte del desarrollo y ritmo del titubeante proceso integrador comunitario pasa a «modo invierno» cada vez que un «grande» vota.
2013, el año que verá el ingreso de Croacia, comienza con un cambio en la presidencia semestral de (algunos de) los consejos de ministros de la Unión. Irlanda releva a Chipre. Pero, sobre todo, arranca con la negociación pendiente del marco presupuestario plurianual (2014-2020), donde la Unión aparece más rota que dividida en dos bandos: los contribuyentes netos que quieren reducir el presupuesto y los necesitados, convertidos en europeístas convencidos en su reclamación de más caja común. La negociación marcará el devenir de la UE a partir de 2014 y condicionará otros aspectos de la discusión aparcada en diciembre sobre el desarrollo de la Unión Económica y Monetaria.
Dos temas deberían ser prioritarios: cómo reactivar la economía y cómo revertir el brutal deterioro del tan célebre como casi inexistente modelo de bienestar social europeo (hay más de uno, obviamente).
En el ámbito más social, quizás lo más llamativo será observar la evolución de la iniciativa de la Comisión Europea para luchar contra el tabaco. El reconocimiento de títulos para trabajar en otro estado miembro será también un punto relevante de la agenda europea en 2013.
ÁFRICA 
¿El retorno de Al Qaeda?
La descolonización africana con regla y cartabón y el olvido al que el mundo ha sometido al Continente Negro lo convierte en un escenario inmejorable para la inestabilidad y su corolario, su emergencia como refugio de movimientos que han perdido sus santuarios originales, tanto por sus propios errores como por presiones externas.
Es el caso de la franquicia de Al-Qaeda y de grupos situados en la órbita del yihadismo trasnacional. Mali y la vasta región de Azawad (equiparable al territorio del Estado francés) será sin duda noticia en 2013. Reivindicado como su territorio por los tuaregs, la inestabilidad tras el golpe de Estado en Mali fue aprovechada para ocupar-liberar el territorio, en el que Al Qaeda del Magreb y otros grupos han logrado una posición de ventaja. No acaba ahí la lista de países con graves problemas armados ligados con una interpretación rigorista de la yihad. Es el caso del norte de Nigeria, con el movimiento Boko Haram (los talibanes nigerianos) y puede ser el de Níger, un vasto territorio que comparte frontera -es un decir- con la inestable Libia.
Todo ello en un continente en el que la pobreza extrema y la inestabilidad coinciden con un proceso creciente de urbanización (con megaurbes como Lagos y Kinshasa) que es una bomba de relojería en unas sociedades sin la más mínima articulación social y económica. Ojalá exageremos.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Liga Árabe critica a EE.UU. por suspender cónclave nuclear

 
Liga Árabe26 de noviembre de 2012, 03:41El Cairo, 26 nov (PL) La Liga Arabe (LA) criticó en un comunicado circulado hoy la decisión del gobierno de Estados Unidos de posponer la conferencia sobre el desarme nuclear con la imposición de precondiciones que califica de innecesarias.
Las condiciones anunciadas por Washington contradicen los compromisos internacionales sobre los acuerdos concluidos en la conferencia de 2010 sobre la revisión del Acuerdo de No Proliferación Nuclear.

En Washington portavoces oficiales dijeron que la dilación sine die del encuentro se debe a las condiciones prevalecientes en el Levante, en alusión a las tensiones políticas en varios Estados de la zona.

Sin embargo, la impresión que prevalece es que los patrocinadores estadounidenses adoptaron la decisión ante la intención de los países árabes de denunciar el creciente arsenal nuclear de Israel, estimado en entre 200 y 400 bombas atómicas.

Tel Aviv nunca ha admitido la posesión de armas de destrucción masiva, conocida desde que uno de los científicos participantes en su programa nuclear con fines militares hizo revelaciones innegables.

Los organizadores de la conferencia nuclear de 2012 han exhortado a la posposición de la reunión para la eliminación de las armas nucleares, pero los ministros árabes han expresado su oposición explícita, dijo Vael el Assad, representante del ente regional para la No Proliferación de las Armas de destrucción Masiva.

Reveló que la LA ha instado a la celebración de una reunión extraordinaria de funcionarios árabes de alto nivel, encargados del tema nuclear, el miércoles y jueves próximo para examinar la posposición del cónclave y las precondiciones impuestas por Washington.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Hacia el bloque transregional de Latinoamérica y los países árabes

Bajo la Lupa
Alfredo Jalife-Rahme
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Latinoamérica y la Liga Árabe tienden al alza, debido a la consolidación de las materias primas. En la imagen de archivo, el maíz es molido para el consumo del ganado en un ranchoFoto Ap


Si los 22 países miembros de la Liga Árabe se encuentran en plena efervescencia revolucionaria –con una tendencia cada vez más diáfana hacia la islamización de sus sociedades que nunca dejaron de ser mahometanas, al contrario de la narrativa fantasiosa de la trivial propaganda occidentaloide que pretende imponer su insustentable modelo exógeno por la vía militar, cuando no por la vía subversiva–, la vibrante Latinoamérica (LA) vive el mejor posicionamiento geoeconómico de su historia (lo cual reconoce hasta la revista neoliberal británica The Economist, lo cual ya es mucho decir): desde el milagroso auge de Argentina –el óptimo crecimiento económico de la región, quizá por haber roto los amarres asfixiantes de los caducos FMI, BM y el BID–, pasando por el paradigma del lulismo en Brasil –flamante polo del incipiente nuevo orden multipolar–, hasta la inverosímil revaluación de las divisas de Colombia y Perú frente al dólar gracias a la prosperidad de las materias primas –en contraste patético con la devaluación integral del itamita México neoliberal calderonista.

La semana que transcurrió tuve el honor y la fortuna de haber sido convocado de nuevo como ponente al tercer Foro Internacional Árabe-Latinoamericano, en Cartagena (Colombia), bajo el liderazgo del presidente de República Dominicana, Lionel Fernández. La reunión, cuyo objetivo explícito es construir una alianza (sic) para el desarrollo y la paz, se celebró bajo los auspicios de la Fundación Global Democracia y Desarrollo (Funglode) y dos universidades de gran calibre de Colombia: El Rosario y la Pontificia Javeriana.

No pudo ser mejor seleccionada la sede de Cartagena –que en la lingüística semítico-fenicia significa La Nueva Ciudad/La Nueva Cartago (Qart Hadasht)– como puente semiótico cultural entre las dos regiones.

Al unísono de la mayoría de los grandes estadistas que han florecido gratamente en LA a inicios del siglo XXI –con sus conocidas minúsculas excepciones y decepciones–, Lionel Fernández, desde la trinchera caribeña de República Dominicana, pese a su exigüidad territorial y poblacional, ha osado en forma antigravitatoria tomar el timón de un proyecto bidireccional de gran envergadura geoeconómica, geopolítica y cultural, por lo que me atreví a bautizarlo como nuevo Colón del siglo XXI: por descubrir desde la antigua Hispaniola, en forma inversa al descubridor genovés, la potencialidad bidireccional de la sinergia geoeconómica y civilizatoria entre las dos regiones donde las comunidades árabes de LA –que se calculan en más de 20 millones (cifra que dudo, cuando solamente en Brasil existen 12 millones de origen árabe)– están llamadas a desplegar toda su capacidad, aún en hibernación, como bisagra transregional frente a las insólitas oportunidades que presenta la incipiente multipolaridad.

La patológica propaganda israelí-anglosajona ha colocado a ambas regiones en los avernos, mediante su consabida estigmatización exorcista gracias al exagerado poder de sus mendaces multimedia oligopólicos que han degenerado al árabe como sinónimo de terrorista y degradado al latinoamericano a narcotraficante. De manera jocosa expresé que alguien como yo, árabe-latinoamericano, pues, entonces, en forma determinista es doblemente narco-terrorista.

Justamente tales son los patrones de la estereotipia que publicitan sus promotores para avanzar su aviesa agenda oculta de control global.

¿Cómo combatir tal ponzoña? Pues con sus antídotos especializados: en general, mediante la simbiosis cultural (diálogo de civilizaciones en lugar del huntingtoniano choque de civilizaciones) y, en forma particular, con la creación de multimedia transregionales y bidireccionales, así como a través de puentes universitarios.

Dividí mi ponencia en dos partes: el enorme potencial transregional (territorial, poblacional y geoeconómico) y sus enormes vulnerabilidades (en geofinanzas y las nuevas tecnologías, incluyendo las supercomputadoras).

Los 33 países de LA y los 22 de la Liga Árabe suman 55 miembros: casi la tercera parte de los 193 países de la ONU.

La suma transregional de sus poblaciones –600 millones de LA y los alrededor 400 millones de la Liga Árabe– constituye mil millones: la tercera población mundial detrás de China e India.

La sumatoria geoeconómica de ambos, medido por el PIB (en poder adquisitivo de paridad de compra) con datos de 2010, alcanza asombrosamente más de 11 billones de dólares (trillones en anglosajón). LA (6.4 billones de dólares) y la Liga Árabe (4.76 billones de dólares) ocupan juntos el tercer lugar mundial, detrás de la Unión Europea (15.2 billones de dólares) y Estados Unidos (14.53 billones) y un lugar antes que China (10.12 billones de dólares).

El PIB transregional representa 15 por ciento del total mundial, con la salvedad de que, según proyecciones de los próximos 10 años, tanto la UE, hoy alicaída, como Estados Unidos, en franca decadencia, proseguirán su declinación, mientras las dos regiones de LA y la Liga Árabe tienden al alza, debido a la consolidación de las materias primas.

Ambas regiones, solas o sumadas, se encuentran en los primeros sitiales de extensión territorial: LA (21.06 millones de kilómetros cuadrados) y la Liga Árabe (13.3 millones de kilómetros cuadrados) cuando se comparan con los cinco primeros lugares mundiales: Rusia (17 millones de km2), Canadá (9.98 millones de km2), Estados Unidos (9.82 millones de km2), China (9.59 millones de km2) y la UE (4.32 km2). La suma territorial de ambas regiones alcanza 34 millones de km2.

Asiento de miríficas culturas y de grandiosas civilizaciones (sumerios, fenicios, egipcios, olmecas, aztecas, mayas, incas etcétera), que los hace más proclives a distanciarse de la imperante barbarie nor-transatlántica de corte financierista, ambas regiones exhiben perturbadoras vulnerabilidades tanto en las geofinanzas como en las nuevas tecnologías (nanotecnología, biotecnología, robótica, genoma y células madre), ya no se diga las añejas (nuclear, satelital y cibernética), donde impera la mediocridad, con sus justas excepciones (Brasil y Argentina; el caso del itamita México neoliberal es patético).

Con excepción de Brasil, que ocupa dos lugares distantes en la clasificación de las primeras 500 supercomputadoras, prácticamente LA y la Liga Árabe no tienen presencia en las nuevas tecnologías, por lo que abogué por la creación de un banco tecnológico de sinergia bidireccional, además de alianzas estratégicas (en el sentido de joint ventures).

El más reciente índice de desarrollo financiero, del Foro Económico Mundial de Davos, revela el (pre)dominio anglosajón –EU, primer lugar, y Gran Bretaña, segundo sitial, pese a sus debacles financieristas–, mientras LA y la Liga Árabe, cuando aparecen, ocupan los peores puestos.

El control financierista global del G-7 es reflejo del caduco orden unipolar, por lo que tanto LA como la Liga Árabe, además de la creación de bancos transregionales propios (sobran los capitales; falta saber colocarlos), necesitan urgentemente fundar centros financieros creíbles que prohíjen e irradien la multipolaridad del incipiente nuevo orden global. La coyuntura es favorable; ahora falta pasar a la acción creativa.

domingo, 30 de octubre de 2011

Mundo árabe: incertidumbre democrática y ascenso del fundamentalismo islámico

Bajo la lupa
Alfredo Jalife-Rahme
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Egipcios protestan en la plaza Tahrir, punto focal del levantamiento contra el depuesto régimen, contra la decisión de los militares que gobiernan el país de mantener la ley de emergencia, utilizada en la gestión de Hosni Mubarak y que da a la policía amplios poderes para operarFoto Ap

Más allá de la lineal visión maniquea, Las Revoluciones Árabes en Curso (título de mi próximo libro que será presentado en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara el 3 de diciembre,y de subtítulo: El Detonador Alimentario Global), cerca de un año después de su estallido imprevisto en Túnez, han tenido, al corte de caja de hoy, resultados dramáticos cuan inesperados y, más que nada, trágicos, que las colocan en una profunda incertidumbre sobre su destino en el mediano y largo plazos.

En su inmediatez, a menos de un año del estallido de la revolución árabe, las tendencias son hoy muy claras, aunque no sean necesariamente definitivas, en medio de sus vertiginosas evoluciones e involuciones.

Se han escenificado tres defenestraciones, curiosamente en el norte de África (Túnez, Egipto y Libia): las tres dictaduras republicanas, aunque en Libia el sistema imperante que sucedió a la monarquía había sido una oclocracia –el gobierno de las masas, la famosa jamahiriya del asesinado Muammar Kadafi a sus 69 años de edad.

Cosas de la vida: la OTAN asesinó a su recién adquirido socio petrolero y financiero Kadafi, pero ha preservado las vidas de sus dos anteriores aliados: el tunecino Ben Alí y el egipcio Mubarak.

Sea lo que fuere, tres repúblicas dictatoriales de la subregión norafricana del mundo árabe han sufrido dramáticos (trágico en el caso de Libia) cambios de régimen, mientras que, guste o disguste, las seis petromonarquías del Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo (CCEAG-6) –los más ricos de todos y quienes han hecho sentir su poder financiero para redireccionar algunas revueltas en varios sitios desde Bahrein pasando por Yemen hasta Siria (que incluye a su esfera de influencia en Líbano)– se han consolidado hasta cierto punto, con la notable excepción de Bahrein, donde aún no amaina la revuelta de la mayoría chiíta.

Sería un grave error de juicio escudriñar a los 22 países miembros de la Liga Árabe como un todo homogéneo.

A pesar de las apariencias epifenomenológicas, desde el punto de vista de las grandes ligas geopolíticas, el CCEAG-6 ha sufrido dos severos descalabros con los derrocamientos de dos bastiones militares sunitas: Irak (con Saddam Hussein) –lo cual en última instancia favoreció a Irán (su competidor por el liderazgo panislámico y por la hegemonía en el Golfo Pérsico)– y, sobre todo, Egipto –quien después de la caída de Bagdad le proveía su cobertura militar que ahora se reduce volátilmente a las bombas nucleares de Pakistán, hoy atribulada por el caos bélico que ha provocado la OTAN (en particular, EU) en Afganistán.

Sin contar el epílogo de Yemen (sensible frontera con Arabia Saudita), ¿podrá compensar el CCEAG-6, sumado de sus dos otras aliadas monarquías relativamente vulnerables (Jordania y Marruecos), sus dos severos descalabros geopolíticos con el derrocamiento de Kadafi en Libia y el ascenso tanto de los Hermanos Musulmanes como de los salafistas, sus aliados en varios países (desde Siria hasta Líbano)?

La erupción regional atrapa a la monarquía de Arabia Saudita en un delicada fase de transición sucesoria cuando el príncipe heredero Sultán, de 87 años, acaba de fallecer en un hospital neoyorquino de un cáncer terminal, mientras el Rey Abdalá, de 87 años, sufre de un padecimiento en la columna vertebral.

Sin turbulencias sucesorias, el viceprimer ministro y ministro del interior Nayef, de 78 años, se posiciona como nuevo príncipe heredero y la prensa occidental lo baña con singulares atributos: perteneciente al ala dura del reino, autor de la invasión militar a Bahrein, proclive a contener a Irán, e impulsor de los Hermanos Musulmanes.

Las tensiones entre la sunita Arabia Saudita y la chiíta Irán se encuentran al borde de una guerra fría en el Golfo Pérsico, la cual ha sido salpicada con extraños eventos que han involucrado a EU y a México (v.gr. el asunto de Los Zetas).

¿A quién le conviene la confrontación entre Irán, una superpotencia gasera, y Arabia Saudita, una superpotencia petrolera?

¿A quién le asienta una guerra civil teológica entre chiítas y sunitas en la vastedad geográfica del mundo islámico?

Hay que esperar para ver, porque quizá los tres países aludidos (Túnez, Egipto y Libia) pasan por la fase más peligrosa de la revolución que suele devorar a sus hijos.

Tampoco se puede soslayar que las revoluciones en Túnez, Egipto y Libia han impulsado el vigoroso ascenso de los Hermanos Musulmanes, carta que parecen estar jugando EU y Gran Bretaña con el fin de imponer el modelo turco (un gobierno islámico moderado y prooccidental que accede al poder por la vía democrática, quien además goza la gracia de pertenecer a la OTAN).

La parte más grotesca de la propaganda occidentaloide consiste en pretender que los islámicos del mundo árabe van a cesar de ser religiosamente islámicos por decreto.

En las primeras elecciones democráticas para una Asamblea Constituyente en Túnez, un país comparativamente moderado y pacífico con un fuerte componente laico prooccidental, el partido Nahda de los Hermanos Musulmanes obtuvo alrededor de 40 por ciento de los votos.

¿Accederán también los Hermanos Musulmanes al Poder Ejecutivo en Túnez, Egipto y Libia por la vía democrática, un trayecto poco socorrido en el mundo árabe con la excepción de Líbano y Palestina?

¿Los Hermanos Musulmanes, en la generalidad del mundo árabe (desde Siria pasando por Jordania hasta Argelia), seguirán el modelo turco o su competencia teogeopolítica del jomeinismo iraní?

¿Qué tan homogénea será la política teológica de los Hermanos Musulmanes en la mayoría de los 22 miembros de la Liga Árabe, sin contar a la RASD (República Árabe Saharaui Democrática)?

La narrativa occidentaloide es proclive a vender la idea maniquea y lineal de una división religiosa entre los moderados Hermanos Musulmanes y los radicales salafistas (quienes sostienen la teología jihadista de Al-Qaeda). Precisamente ésta es una de las partes fundamentales de la incertidumbre en la región que oscila sus preferencias entre dos polos del espectro teológico de los moderados Hermanos Musulmanes y los radicales salafistas.

¿Qué tan moderados serán los muy respetables Hermanos Musulmanes cuando detenten el poder, en referencia y reverencia al respeto a sus minorías chiítas y cristianas (estas de Siria, Líbano y Egipto)?

Por lo pronto, durante la declaración de la liberación oficial de Libia, Mustafa Abdul-Jalil, quien jefatura el Consejo Nacional de Transición, prometió que las futuras leyes se basarán como fuente primaria en la Sharia, el código islámico.

No se puede soslayar que Las Revoluciones Árabes en Curso se escenifican en el contexto de las dos humillantes derrotas de la OTAN, tanto en Irak como en Afganistán.

El retiro oficial del ejército de EU en Irak, a finales de 2011, significa(rá) el inicio del trazado de una nueva cartografía del mundo árabe en su colindancia oriental con Irán como en la región del virtual Kurdistán (en sus fronteras incandescentes con Siria, Turquía, Irak, Irán y Armenia).

Esto apenas empieza.

sábado, 22 de octubre de 2011

Estados Unidos y el clan Sudairi

Por: Dalia González Delgado

Aunque tal vez el lector no haya oído hablar de ellos, los Sudairi son, desde hace varias décadas, la organización política más rica del mundo. Se trata de siete de los 53 hijos del rey Ibn Saud, fundador de Arabia Saudita, reino que era, y sigue siendo, una propiedad privada de esa familia.

El territorio saudí fue una entidad jurídica creada por Gran Bretaña para debilitar al Imperio Otomano durante la Primera Guerra Mundial. Al término de la Segunda, los británicos ya no contaban con los medios necesarios para mantener su imperialismo, por lo que Arabia Saudita pasó a depender de Estados Unidos.

Franklin Delano Roosevelt, entonces inquilino de la Casa Blanca, concluyó un acuerdo con el rey Ibn: la familia real se comprometía a garantizar el aprovisionamiento de petróleo a Estados Unidos a cambio de la ayuda militar necesaria para que los Saud pudieran mantenerse en el poder.

Y la alianza ha sido muy fuerte desde entonces. Desde los años 60, el clan de los Sudairi ha venido organizando, estructurando y financiando los regímenes títeres prooccidentales en Oriente Medio. En los 80, Riad ayudó a sufragar la llamada Doctrina Reagan, cuyo objetivo era derrocar los gobiernos progresistas, que Estados Unidos consideraba “prosoviéticos”, en América Central, África austral y Afganistán.

La alianza ha vuelto a dar frutos en el 2011. Recordemos que luego de cierto titubeo sobre la conducta a seguir ante las revoluciones árabes, la administración Obama se decidió por el uso de la fuerza como medio de salvar a aquellos de sus vasallos que aún podían tener salvación. Al igual que en el pasado, fue Arabia Saudita quien recibió la misión de dirigir la contrarrevolución.

Según denuncias del periodista francés Tierry Meyssan, en Egipto, los Sudairi financiaban a los Mubarak con una mano y a los Hermanos Musulmanes con la otra. Después de la caída del dictador, impusieron una alianza entre los Hermanos Musulmanes y los militares proestadounidenses. Los miembros de esa nueva coalición egipcia se repartieron los cargos, excluyendo del poder a los verdaderos líderes de la revolución de la plaza Tahrir.

Recordemos además que el Consejo de Cooperación del Golfo fue el primero en pedir una intervención armada contra Libia. Y, en el seno del Consejo, fue la delegación de Arabia Saudita la encargada de dirigir las maniobras diplomáticas para lograr que la Liga Árabe apoyara el ataque de la OTAN contra Libia.

Hasta allí los Sudairi enviaron hombres armados antes de que lo hicieran franceses y británicos. Fueron ellos quienes distribuyeron armas y las banderas de las listas roja, negra y verde con la estrella y la media luna, símbolo de la monarquía sanusita, protectora histórica de los Hermanos Musulmanes.

Según el periodista Robert Fisk, Arabia Saudí es el único aliado árabe de Estados Unidos que se beneficia de la situación y que tenía la capacidad de suministrar armas a lo que luego sería el Consejo Nacional de Transición. La ayuda saudí permitió a Estados Unidos, no aparecer, en un inicio, militarmente implicado en la revolución. Dichas armas serían norteamericanas, pero bien pagadas por los saudíes.

Queda claro. Israel no es el único aliado de Estados Unidos en Medio Oriente. Arabia Saudita, guardián de los santos lugares del Islam y suministrador de petróleo a Washington, es uno de los ejes de las artimañas imperiales

jueves, 11 de agosto de 2011

LA NOVELA NEGRA AÚN NO CONCLUYE

Carlos Guillermo Maldonado
Estados Unidos y la OTAN han perdido totalmente la vergüenza, la moral y la credibilidad. Igual que en Afganistán, cuando al asesinar niños y gente adulta civil y desarmada, en actos hipócritas alejados totalmente de todo remordimiento, piden perdón, más para calmar la indignación y frenar la inevitable adhesión de los indecisos hacia el talibán, que por pena, en Libia, ahora que se ha desvelado que los bombardeos han servido para despejarle el camino a sus “mercenarios”, aglutinados en esa gavilla de asesinos y traidores conocida como Consejo Nacional de Transición, que defender a la población libia, los voceros de esa organización terrorista de Estados Unidos y Europa quieren convencer al público mundial que eso que destruyeron sus bombas no eran más que cuarteles de las fuerzas leales a Muammar Gadaffi. ¡Abrase visto semejante desfachatez al mentir!



Para ello, utilizan a sus “periodistas” profesionales que han recibido instrucciones precisas de desdecir las imágenes de la televisión libia y otros medios independientes donde se muestran los verdaderos objetivos de sus ataques: escuelas, hospitales, viviendas de gente común bajo cuyos escombros yacen los cadáveres de pequeños y sus familiares.



Uno de ellos, el famoso, pero siempre ausente, José Levy, corresponsal de CNN para Medio Oriente, quien cómodo desde una suite en Tel Aviv rastrea los bombardeos de la OTAN sobre la indómita del Mediterráneo mostrándolos como lo mejor que le ha pasado al pueblo libio pues ellos lo librarán del “tirano”. Para éste reportero a control remoto, tan letal como los aviones sin piloto, no es necesario estar físicamente presente, confía en la plana trazada desde el Pentágono. Al “corresponsalillo” lo que le compete y le debe importar no es contar la verdad sino cobrar generosamente por construir y rumiar la mentira gastada sobre la cual la OTAN basó su ataque criminal.



En Siria se está siguiendo similar libreto y lastimosamente, los gobiernos del golfo pérsico, genuflexos a Washington solo han tenido que oír el chasquido de sus amos para adherirse al plan de desestabilización. Gobiernos que no pueden darse el tupé de “democráticos” especialmente aquél cuya monarquía asediada por movimientos populares tuvo que recurrir a los ejércitos de Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos por mandato de los gringos para reprimir a su propio pueblo y evitar así su caída.



Afortunadamente, la novela no tiene visos de concluir. El Mediterráneo no es solo su cuenca. Sus conexiones se adentran en tierra firme y prosiguen más allá de ella. Ahora la que sufre es Inglaterra. Y, es que los pobres y marginados no viven solo en la parte africana y árabe sino también los hay en el viejo continente quienes viendo como los ricos les arrebatan lo que construyeron durante largos años sus abuelos y padres, se enfrentan a una nueva realidad de miseria y futuro incierto. España, Portugal, Italia Grecia, Francia han sufrido los estertores del escualo herido que en sus coletazos postreros arrastra a los más infelices al cieno de su podredumbre.



Las bombas que hoy sacuden Libia y los “mercenarios” que hoy pululan por las fronteras sirias se extienden en su propia modalidad por los barrios míseros de la antigua Europa. Ella parió dos guerras mundiales, una cada vez más cruenta y terrible que la anterior. ¿Parirá una tercera? Los signos financieros parecen demostrar que hoy también lo económico es un ingrediente esencial en la fabricación del potaje conflictivo mundial.



El dólar se irá de este mundo chorreando lodo y sangre. Pero ese es otro capítulo de la novela negra del capital que apenas está comenzando. La trama va para rato.



Carlos Guillermo Maldonado

Colectivo “La Gotera”



Guatemala, 10 de agosto de 2011

miércoles, 10 de agosto de 2011

La rebelión de los pueblos


Abel Samir (especial para ARGENPRESS.info) Pensé ponerle el título “La rebelión de las masas”, pero no quiero que se confunda con el libro de Ortega y Gasset, porque no intento copiar las ideas de ese benemérito escritor. Al contrario, veo que muchos de sus postulados son equivocados: no corresponden a la realidad objetiva de hoy. Pero, sin duda, no puedo evitar referirme a su obra, ya que no puedo dejar de escribir de algo que está ocurriendo tanto en África como Europa, América y Oriente Medio: los pueblos cansados de ser atropellados y explotados se levantan y se movilizan en protestas masivas en las calles, protestas todas de carácter pacíficas. Pero que se desbandan cuando son sometidos a la represión policial.

Es una verdadera rebelión de las masas, de los pueblos del mundo del siglo XXI. Protestas de masas de personas de diferentes edades, pero sobre todo jóvenes, se alzan en distintas partes del mundo; en Europa desde España, las manifestaciones se han extendido como una infección venérea a Berlín, París, Budapest, Lisboa, Praga, Varsovia y Viene entre otras. Pero es una infección positiva que trae vientos nuevos. El poema de la joven Ayat al Qormozi leído en la plaza Manama de Bahréin, que representa el sentir de toda la juventud mundial lo dice todo:
Somos el pueblo que matará a la humillación y asesinará a la miseria. ¿No escuchan sus gritos? ¿No escuchan sus gritos? Cuando leo este poema me recuerda al joven de Lisle que produjo la Marsellesa. Algo así debe haber sido ese grupo abigarrado que penetró en París en apoyo a la revolución.

En la plaza del Sol, ahora allanada y despejada de manifestantes por las fuerzas del orden, quedó claro que hay descontento por la falta de empleo, de trabajo para los jóvenes. Y lógicamente, las protestan se vuelcan contra todo lo que signifique el status quo, la inmovilidad, lo mismo que motivó a las juventudes en Túnez, Marruecos, Egipto, Libia, Jordania, Yemen, etc. Una amiga mía no pudiendo entender todo este fenómeno, se hacía la siguiente pregunta: ¿Por qué ocurren estas protestas en el mundo árabe ahora y casi simultáneamente? Creía ver en ello la mano siniestra de la CIA, influenciada por lo que dice Gadafi o al Assad que intentan en vano encubrir la triste realidad que viven sus respectivos pueblos. También bajo la influencia de los analistas de izquierda que se han quedado estancados con sus criterios del siglo pasado. ¿Es que los pueblos necesitan de USA, de su organización terrorista, la CIA o del MI6 de Gran Bretaña para indignarse y protestar?
No hay ninguna duda que las rebeliones que han estallado en varios lugares de Europa, en especial en Inglaterra y España, es producto de la brutalidad policial y las protestas de los indignados de España tienen mucha semejanza con otras de Europa y de otras partes del mundo.

La guerra civil en Libia no habría estallado si Gadafi hubiese escuchado las críticas que se le hacían en las manifestaciones, pero sintiéndose seguro recurrió a la represión violenta dando muerte a jóvenes desarmados. Todas estas rebeliones tienen en común la desocupación de gran parte de la juventud. Y desocupación significa pobreza, mala salud, drogadicción, aumento de la criminalidad. A todas luces es un fracaso del sistema capitalista neoliberal.
También en Londres las personas participantes en las manifestaciones que se han transformado en enfrentamientos violentos con la policía y la quema de muebles y hasta casas, es producto de todo un sentimiento de abandono y de indiferencia de los que detectan el poder político.

Todo eso mezclado con la impotencia de no poder cambiar el rumbo de la política gubernamental.
Hasta aquí el sistema capitalista neoliberal, que le ha restado a la clase trabajadora muchos derechos adquiridos en duras luchas, se ha mantenido gracias a un ejército de trabajadores de reserva, de desempleados dispuestos a cubrir los puestos de los que son echados de sus trabajos por revoltosos. Así una gran parte de la clase trabajadora se mantiene sumisa y no se atreve a protestar. Los que ahora se levantan ya no son los trabajadores que tienen empleos, aunque éstos estén mal pagados; son en su mayoría los desempleados y los estudiantes secundarios. Claro está, para los políticos que quieren demostrar que el sistema es maravilloso, los que protestan son sólo un grupo de criminales que se aprovechan para asaltar negocios y robar. Claro está que cuando suceden protestas que terminan en enfrentamientos, siempre hay bandas de delincuentes que se aprovechan de la situación. Y también, es lógico que suceda, la indignación se puede desbordar cuando los gobiernos no quieren escuchar y recurren a la violencia institucionalizada.

Hay que escuchar el sentir de las masas, sobre todo cuando despiertan y están dispuestas a la lucha. Lo dice la gente que vive en Tottenham (un lugar multicultural muy pobre que tiene una comunidad africana importante, además de turcos, pakistaníes y afrocaribeños, con un gran porcentaje de cesantes), en donde las demostraciones se han trasformado por obra policial en verdaderas batallas campales con numerosos heridos por ambos bandos. El estallido fue por la indignación que causó la muerte a manos de la policía del joven de esa localidad Mark Duggan, catalogado de delincuente profesional, no hace mucho.

A esta gente le preocupa también los recortes de dinero en los servicios públicos y como lo dije anteriormente, la falta de empleo. Ahora las protestas han tomado otra forma y se han transformado en acciones violentas, que dejan muchos heridos, edificios arruinados y quemados y numerosos almacenes y negocios asaltados y destruidos.
Qué el sentir de la juventud de los diferentes países y lugares es en el fondo un solo pensamiento, lo demuestra con claridad las manifestaciones en Budapest. Allí los manifestantes, los indignados, protestaron frente a la embajada española apoyando a los indignados de España. Era un claro apoyo al movimiento 15-M. Algo similar ocurrió en otras capitales de la UE. Toda esa juventud aboga por una democracia real y desde luego una democracia participativa. No hay duda que entre ellos hay muchos de tendencia socialista, pero no todos. Y no solo ocurría en el continente, también se produjo en Londres frente a la embajada española. A diferencia de esa obra en que Ortega y Gasset expresa que la masa no actúa por sí misma, estamos viendo otro panorama muy distinto.

Aquí son las masas las que actúan y presionan a los gobiernos con peticiones que éstos tienen dificultad para aceptar. Y, algo muy especial, la mayoría de estos movimientos masivos no responden a un solo partido o agrupación política. Ni siquiera están representados los partidos políticos: es una masa sin un color político, aunque desde luego hay mucha gente que se ubica en la izquierda. Se trata, sí, de política, toda vez que política es una forma y un medio de relación entre personas y clases, entre el Estado y la sociedad civil. No se trata tampoco de un movimiento parecido al que ocurrió en el imperio ruso en 1905, en que encabezados por el cura Gapón terminaron por ser masacrados por los cosacos del zar de toda Rusia. Aunque se trata de movimientos pacíficos, no se quedan cruzados de brazos si la acción policial es brutal, son extremadamente combativos y no se dejan amedrentar ni por el empleo de matones ni por las fuerzas armadas. Ni siquiera por las masacres de los sátrapas como el sirio, el yemení, el egipcio o el libio.


Y muy distinto de lo que plantea Ortega y Gasset en esa obra, estas masas no precisan de una elite dirigente para reunirse y actuar. Y aquí se deja en evidencia que la teoría que planteó este filósofo que el hombre se ve forzado a buscar una instancia superior para actuar, está equivocada, es acientífica desde el punto de vista social. Ahora la técnica se impone para bien y para mal, ella proporciona los medios para organizarse y reunirse: internet y sus páginas sociales como Facebook, Twitter, Tagged, Youtube, etc. Las elites conductoras de las rebeliones han sido reemplazadas por los computadores y por miles de jóvenes de ambos sexos que están prontos a manifestarse por un mundo mejor, no sólo en el futuro, no en un tiempo que tendría que llegar, sino ahora. Ahora, porque vivimos en un tiempo apurado, y la juventud no tiempo que perder. La juventud se va y luego somos viejos, sobre todo ahora que se vive tan rápido.
También se equivocó Ortega y Gasset cuando determinó que la masa actúa de una sola manera, linchando a algunos de sus opositores. Al contrario, lo que estamos presenciando hoy es todo tan distinto: son los regímenes oprobiosos y que sólo se interesan en los dueños del capital o de los mandamases los que linchan a los manifestantes.

Eso ocurre en varios países árabes como Siria, Marruecos y ocurrió en Egipto y Yemen. Y peor aún es en Libia, que las masacres hechas por las fuerzas del gobierno de Gadafi, terminó en una cruenta guerra civil que todavía está ocurriendo. Son los sátrapas los que se han visto sorprendidos y están temerosos del futuro que les depara este despertar de las masas. Muchos terminarán sus días exiliados, entre rejas o ejecutados por sus crímenes.
Todo empezó en Túnez y se fue extendiendo a los países árabes del norte de África provocando grandes sacudidas a los gobiernos de esa región. Luego se extendieron al Oriente Medio y de pronto, como nadie podía imaginárselo, pasó a Europa y lo vimos en Inglaterra, Francia y España. Y también a América del norte y del sur. Los pueblos despiertan de su letargo, y ya no se tragan los cuentos de los sátrapas de todos los continentes. Ni siquiera de los sátrapas elegidos en forma casi democrática, digo casi, porque todavía hay mucha gente que no puede votar por varias razones, sociales y políticas y no menos económicas. Además el uso de la Media en esos países llamados “democráticos” que desinforman y tergiversan la noticia.

La izquierda a nivel mundial se encuentra sorprendida y no ha sido capaz de asimilar lo que está sucediendo. Los militantes de los PC, sobre todo los que fueron seguidores a ciegas de lo que fue el PC soviético creen ver en estos movimientos a un despertar hacia el sistema que ellos llamaron “socialismo” y que se les vino abajo. No hay casi nada de eso. Ese sistema que parecía ser un futuro esplendor, está tan desprestigiado que las masas hoy no lo desean y lo que buscan es otra cosa. Otra sociedad que les permita vivir mejor y sin opresión, ninguna forma de opresión. Ninguna jaula de oro, pero jaula al fin. Libertad para vivir. Aire limpio para respirar, sin miedo a ser detenidos por no pensar como el sátrapa de turno. Además que exista trabajo y bien remunerado para que la familia pueda vivir y gozar de la vida, porque eso es lo que en el ínterin todos deseamos: vivir y ser felices. Vivir sin ver miserias de otros, sin niños tirados en la calle cubiertos de parásitos y muertos de hambre. Sin pequeños explotados despiadadamente, y sin padres o familiares que les den cariño y cuidado.

Sin un mundo de extremo lujo al lado de la más cruenta miseria. Una juventud también que desea realizarse como seres humanos. Y no me refiero a unos pocos jóvenes de las clases altas y medias. Hablo en general de la justicia social, que debería habernos proporcionado el socialismo, tal vez que ha de llegar en algún momento aunque ahora no se ve cerca. Y no podrá estar cerca mientras haya gente en la izquierda que no sean capaces de ver lo que sucedió sin miedo y sean capaces de hablar por sí mismos y no por boca de partidos que se equivocaron tanto y que en sus “revoluciones” reprodujeron en gran parte la ideología clasista del sistema que queríamos cambiar.