Somos un Colectivo que produce programas en español en CFRU 93.3 FM, radio de la Universidad de Guelph en Ontario, Canadá, comprometidos con la difusión de nuestras culturas, la situación social y política de nuestros pueblos y la defensa de los Derechos Humanos.
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lunes, 14 de septiembre de 2020

Con un arriesgado plan, los hoteles de lujo han reabierto en París después de la pandemia

Desde otras ciudades


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▲ En foto de archivo tomada desde la Torre de Santiago (la tour Saint-Jacques) muestra las obras en la catedral de Nuestra Señora de París, uno de los sitios más visitados en la ciudad luz, días después del incendio de 2019.Foto Afp
Los hoteles de lujo de París vuelven a abrir sus puertas tras casi seis meses de cierre por la pandemia. Sin sus acaudalados clientes extranjeros, esperan mantenerse a flote atrayendo a los parisinos a sus restaurantes y spas, una estrategia que podría no ser suficiente.
Ante la falta de reservaciones, la mayoría de estos establecimientos ha pospuesto su reapertura hasta mediados de septiembre: menos de uno de cada tres hoteles de cinco estrellas de la capital francesa ha reanudado su actividad, según la empresa especializada MKG Consulting, frente a 68 por ciento del resto del país y 100 en la zona del litoral.
Aunque son un nicho de mercado, los hoteles de lujo son la vitrina del turismo de alta gama en París y sería benéfico para todo el sector que recuperen su lugar, dijo el presidente de MKG, Vanguélis Panayotis.
Estos establecimientos tienen una responsabilidad social con las tiendas, los taxistas, los comercios a los que hacen vivir a su alrededor y sus proveedores, agregó François Delahaye, propietario del Meurice y del Plaza Athénée.
Ambos hoteles, de los más prestigiosos de la capital francesa, volvieron a abrir sus puertas, al igual que el Bristol y el Park Hyatt Paris-Vendôme, pero otros como el célebre Lutetia, que tiene previsto abrir el 24 de este mes, mantienen por el momento cerradas sus puertas.
“Hemos abierto los spas, el restaurante gastronómico –Alain Ducasse– del Plaza, que funciona bien, pero no el del Meurice. Esperaremos hasta el 22 porque no teníamos suficientes reservas”, explica Delahaye.
Para los que abren hay un riesgo real, porque estarán en niveles de ocupación muy bajos, 30 o 20 por ciento, lo que claramente no es suficiente para hacer funcionar establecimientos tan grandes que ofrecen servicios de lujo: cuentan con pedidos a las habitaciones las 24 horas, conserjería y valet parking, subraya Panayotis.
Para atraer a la clientela parisina el restaurante del Park Hyatt, que reabre el 16 de septiembre, ofrecerá a los clientes la oportunidad de crear su propio menú de tres, seis u ocho platos firmado por el chef Jean-François Rouquette.
Por el momento sólo tenemos unas pocas habitaciones ocupadas, pero esperamos que las reservaciones aumenten. ¡Tenemos que ser positivos! Aunque no tengamos visibilidad para eventos como el abierto francés de tenis Roland Garros o la Semana de la Moda.
Para este último, el gigante del lujo LVMH que reservaba mil 250 habitaciones, bajó a 250, dice Delahaye, porque invitaban a estadunidenses o a chinos que no salen de su país por la cuarentena.
Afp

jueves, 14 de mayo de 2020

Macron exhorta a la transformación del capitalismo y a pensar lo impensable

Bajo la lupa
Alfredo Jalife-Rahme

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▲ El presidente francés Emmanuel Macron califica la pandemia de Covid-19 de profundo choque antropológico.Foto Ap
Se vislumbra el Día Después del C-19 en geoestrategia y geoeconomía, donde se asientan el orden tripolar de EU/China/Rusia –con sus esferas de influencia/regionalismos– y la desglobalización.
En el ámbito político puro, que no puede pervivir sin geoestrategia ni geoeconomía, la extinción de la aciaga globalización encamina al planeta hacia nacionalismos/subnacionalismos, cuando la dicotomía de izquierda/derecha ha quedado superada por la nueva bifurcación de nacionalistas, en ascenso, y globalistas, en desuso, en espera de la nueva escisión de la Inteligencia Artificial entre EU y China (https://bit.ly/2WL6F4C).
A raíz de la crisis de la globalización financierista de 2008, comenté que George Soros, prototipo del mega-especulador financiero y presunto hombre de paja de los esclavistas banqueros Rothschild, acudió insólitamente a consultar al ilustre historiador marxista Eric Hobsbawm sobre el devenir (https://bit.ly/35QJnhK). El inconmensurable británico-alejandrino Hobsbawm, quien falleció un año después a los 95 años, ilustró a Soros sobre el advenimiento de una mezcla diferente de lo público y lo privado, de libertad y acción estatal y control (https://bit.ly/3dEOpkj), amén del resurgimiento del marxismo (https://amzn.to/2AbZDhw).
Soros despreció las enseñanzas de Eric Hobsbawm y siguió embriagándose con la globalización que agoniza 12 años más tarde.
En entrevista al Financial Times (16/4/20), portavoz de los globalistas, el presidente galo Macron diagnosticó que la crisis del C-19 constituye un evento existencial para la humanidad, lo cual cambiará la naturaleza de la globalización y la estructura del capitalismo internacional.
Macron, de 42 años, cumple el popular apotegma de farol de la calle; oscuridad en la casa cuando ha manejado pésimamente la legítima revuelta rural de los chalecos amarillos, marginados por la globalización, mientras vislumbra lúcidamente el nuevo orden mundial donde descuellan Rusia y China (https://bit.ly/2SUzaf6).
Macron fue empleado de los banqueros esclavistas Rothschild, por lo que su punto de vista adquiere singular trascendencia llegando incluso a, como consecuencia del C-19, jerarquizar las vidas humanas sobre el crecimiento económico como una oportunidad para enfrentar los desastres ambientales y las desigualdades sociales que amenazan la estabilidad del orden mundial.
Califica la pandemia de profundo choque antropológico y sentencia que la globalización en los años recientes estaba alcanzando el fin de su ciclo cuando estaba socavando a la democracia. ¡Sin duda!
Mas allá de su proclividad a las libertades y su aversión a los autoritarismos en Europa, manifestó su preocupación sobre el euro y el devenir de la Unión Europea que se encuentran amenazados si los miembros más pudientes, como Alemania y Holanda, no muestran más solidaridad con los países golpeados por la pandemia en el sur de Europa y que debería canalizarse en forma de una ayuda financiada por una deuda mutualizada (sic), lo cual eriza los cabellos políticos de alemanes y holandeses.
Con entonaciones neogaullistas sentencia que nos encontramos en el momento de la verdad, que es decidir si la Unión Europea es un proyecto político o es solamente un proyecto de mercado. Para Macrón la UE es un proyecto político. Pues no lo parecía…
Aboga poner fin al mundo hiperfinancierista y fortalecer la soberanía (sic) económica de Francia y Europa, en las baterías de vehículos eléctricos y en el equipamiento médico” del que se han vuelto sobredependientes de China.
Aduce que enfrentamos la profunda necesidad de crear algo nuevo porque eso es lo que nos queda hacer cuando hemos detenido a la mitad del planeta para salvar vidas, lo cual no tiene precedentes en nuestra historia.
Exhorta que el C-19 es la oportunidad para intentar (sic) humanizar el capitalismo. ¡Esa si que es una tarea hercúlea ya que el capitalismo en su quinta escencia es misántropo y propende al canibalismo!
Nacionalismo con humanismo universal sería la fórmula ideal de la salvación.
Facebook: AlfredoJalife

domingo, 12 de abril de 2020

Didier Raoult: chaleco amarillo



El investigador francés Didier Raoult, microbiólogo de reputación mundial especializado en enfermedades infecciosas, se encuentra en el centro de una polémica desencadenada por la pandemia del nuevo coronavirus. Este científico propone un tratamiento a base de chloroquina, más precisamente hydroxichloroquine, producto que, según Raoult y el grupo de especialistas que lo secundan, podría curar las enfermedades contaminadas por el virus a condición de seguir sus instrucciones y aplicar el tratamiento al inicio de la enfermedad. Estos especialistas dan resultados en cifras que probarían la exactitud y la eficacia de su programa. Didier Raoult es director del Instituto Hospitalario-universitario en Enfermedades infecciosas de Marsella y laureado con el gran premio del Inserm (Instituto Nacional de la Salud y de la Investigación Médica) en 2010.
Esta esperanza de curación gracias al chloroquine produjo, de inmediato, un levantamiento de críticas, protestas y agresiones verbales. Otros investigadores de medicina, no menos diplomados y respetables, impugnaron resueltamente el resultado de los trabajos efectuados por el instituto de Marsella bajo la dirección de Didier Raoult. Cuestión de método: según ellos, las estadísticas no habían sido establecidas de acuerdo con las normas científicas requeridas.
Los científicos del instituto de Marsella respondieron que esta ola de reprobaciones era una prueba más de la arrogancia incorregible de los parisienses y de su menosprecio hacia los pobres provincianos marselleses. El tema dejaba el terreno de la medicina para tomar el de la eterna rivalidad entre la capital y la provincia, dando a la polémica un giro irracional. Excepción que confirma la regla: un grupo de doctores parisinos, entre ellos Alain y Jean-Pierre García, hicieron un llamado en apoyo al tratamiento de Raoult.
Después del desacuerdo médico y la rivalidad de las metrópolis, como si hicieran falta otras causas de cizaña, se declararon otras guerras. Para empezar, la política, siempre subyacente en los conflictos. ¿Hacia qué lado se inclinaba el Poder Ejecutivo: el presidente y el gobierno franceses? La controversia se extendió a la persona misma de Didier Raoult: ¿era un opositor, una especie de rebelde insumiso a las autoridades? Su aspecto fascina y desconcierta desde que se dejó crecer el cabello. Y este pelo largo ha dado lugar a todas las interpretaciones, incluso las más inverosímiles. Quienes prefieren bromear de su lado lo llaman Panoramix, nombre del druida que prepara una poción mágica, gracias a la cual los habitantes de un pequeño pueblo resisten a la invasión de los romanos. Se agrega a esta controversia, en importantísimo lugar, la guerra financiera. Intereses económicos disimulados a menudo tras el importante papel de los laboratorios farmacéuticos. No sería la primera vez que un escándalo estalle alrededor de los productos y maniobras de la poderosa y rica industria farmacéutica. Mientras el tratamiento del investigador y médico Didier Raoult no cuesta casi nada. Este científico, y quienes lo siguen, desean, en primer lugar, curar a los enfermos, sin ocuparse de ganar dinero. De ahí la nueva polémica que una cierta casta médica o mandarinato de investigadores al servicio de intereses financieros trata de encubrir poniendo en duda y desacreditando los trabajos científicos de Raoult. Así, los ataques se multiplicaron en todos sentidos a tal extremo que algunos observadores se decidieron a plantear algunas graves cuestiones: ¿los intereses monetarios prevalecen sobre las cuestiones de salud pública? ¿El coronavirus no sería el único enemigo invisible del bienestar sanitario? El polifacético Didier Raoult, fiel al juramento de Hipócrates, rebelde a la tecnocracia médica dominante, personalidad original que no teme decir lo que piensa y hace tambalearse ideas preconcebidas, ¿sería, como ya se dice, el chaleco amarillo de la medicina?

jueves, 19 de marzo de 2020

La guerra sanitaria de algunos países fortalece a los imparables nacionalismos

Bajo La Lupa
Alfredo Jalife-Rahme
La Jornada


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▲ El presidente Emmanuel Macron anunció que Francia enfrenta una guerra sanitaria.Foto Afp
Hassan Nasrala, líder del Hezbolá libanés, calificó la pandemia del Covid-19 como una guerra (https://bit.ly/39427up).
Luego fue imitado por el presidente galo Emmanuel Macron, quien, en medio de la toma de adecuadas medidas preventivas –muy por debajo de las restricciones de su vecina Italia–, pronunció que Francia enfrenta una guerra sanitaria.
Durante el debate por la nominación del antidemocrático Partido Demócrata entre el ex vicepresidente Joe Biden y Bernie Sanders, el primero dejó entrever que EU puede adoptar una intervención del ejército. Trump también señaló (https://bit.ly/2QmETZV) que el mundo se encuentra en guerra contra un enemigo oculto (sic).
Gran Bretaña no se queda atrás y su ejército está listo a intervenir en caso de que se rompan las frágiles cadenas de cohesión de su sociedad civil (https://bit.ly/33oCXVU).
¿Vamos a una militarización sanitaria?
CNBC comentó que el anuncio de Emmanuel Macron se realizó después de que el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, avisó el cierre de sus fronteras a todos los extranjeros, con excepción de los de EU” (https://cnb.cx/2QDVlVR).
Le Monde, portavoz de la cancillería gala, reportó que Macron sentenció que Francia se encontraba en guerra cuando la epidemia se expande en forma inquietante, por lo que decidió imponer un confinamiento en toda Francia (https://bit.ly/2Qmz0vN).
Por seis veces Macron martilló en tono marcial (sic) que Francia estaba en guerra contra un enemigo (...) invisible e inasible: Nunca Francia había tomado tales decisiones en tiempos de paz, por lo que el presidente galo sonó la movilización general.
¿Qué sabrán de más el libanés líder del Hezbolá y el presidente galo?
Francia sigue el ejemplo latino de imponer un régimen de excepción a la par de Italia y España.
Fueron los muy prestigiados médicos galos –no los teóricos epidemiólogos que no atienden pacientes– quienes sonaron la alarma.
Resulta y resalta que entramos a una nueva era planetaria donde se han conjugado varios factores adversos ampliamente conocidos y que han llevado a una fractura en la toma de decisiones dependiendo de las regiones y los países, lo cual (en)marca el fortalecimiento de una imparable resurrección del nacionalismo en sus diferentes variantes y subtipos.
Antes de la eclosión misteriosa del Covid-19 (https://bit.ly/2vxTvym) –que cada día se asienta más la teoría de provenir de un arma biológica de laboratorio sea de EU, sea de Israel (sic), sea de China, según Philip Giraldi, ex funcionario de inteligencia militar de la CIA (https://bit.ly/2TVOAAD)–, la globalización financierista estaba ya fenecida –al unísono del renacimiento nacionalista a los dos lados del noratlántico mediante el Brexit y el trumpismo que dejaron atrás sus modelos caducos y disfuncionales del thatcherismo y el reaganomics–, lo cual fue plenamente exhibido durante la guerra comercial de EU y China: las dos principales superpotencias geoeconómicas del planeta.
Así que la pandemia del Covid-19 sólo asesta el último clavo al féretro del neoliberalismo global.
Hasta la revista F oreign Policy –fundada por el supremacista blanco Samuel Huntington y vinculada con el irrendentista Carnegie Endowment for International Peace, hoy relacionada con The Washington Post y Newsweek por medio de Graham Holdings Company– formula, en la pluma de Philippe Legrain, que el coronavirus está matando a la globalización como la conocemos cuando el brote ha sido un regalo (sic) a los nacionalistas nativistas (sic) y proteccionistas (sic) y es probable que tendrá un impacto en el largo plazo sobre el libre movimiento de personas y bienes (https://bit.ly/2Wn7XUI). Por lo pronto ya es ganancia que los fracasados globalistas se acuerden de las personas cuando sólo les importa(ba) el libre paso de bienes y servicios bajo las anticientíficas leyes del mercado de las manos invisibles de Wall Street y la City.
A confesión de parte, relevo de prueba, reza el axioma penal: lanueva Era post-Covid-19 será nacionalista humanista o no lo será.
Facebook: AlfredoJalife

Confinamiento



En tiempos ordinarios, si los hay, la operación quirúrgica a causa de una fractura de la cabeza del fémur no presenta graves riesgos. La secuela inmediata es la dificultad motriz. No queda sino hacer prueba de paciencia. A pesar de los progresos científicos, los huesos tardan en solidificarse y las heridas en cicatrizar. El paciente debe, pues, resignarse al hospital y a la reducación en un centro especializado. Es decir, dos encierros. Algunas visitas y un pedazo de cielo cuando se tiene la suerte de estar junto a una ventana. Por dicha, con el paso de los días, aumenta el espacio accesible: se va más lejos a cada caminata con la ayuda de bastones ingleses o algún aparato. Eran los tiempos anteriores al coronavirus.
Ahora, en este periodo de duración indefinida, ni los adivinos pueden predecir la extinción de este virus coronado, el espacio se va reduciendo para todos y, desde luego, con más rapidez para quienes estamos encerrados en nuestra inmovilidad.
En Francia, las medidas para combatir el Covid-19 se recrudecieron de pronto. La gravedad ya no podía ocultarse. En la clínica donde estoy, quedaron prohibidas las visitas desde el sábado.
El lunes, el presidente francés dispuso las drásticas medidas de la tercera etapa de esta ‘‘guerra” contra el virus, sin mencionar nunca la palabra ‘‘confinamiento”. Sin embargo, todas las disposiciones van en ese sentido: quedarse encerrado en casa, no salir sino para comprar alimentos o medicinas, procurar el trabajo a domicilio por Internet, ninguna reunión con amigos y menos aún en grupos, nada de picnics en jardines… so pena de multa. Desde luego, quienes se ocupan de labores estratégicas quedan libres de su transporte.
La palabra ‘‘confines” me evoca siempre los del universo. Lugar tan vago como el limbo, entre luz y penumbra, poblado de fantasmas. Confines donde el universo se expande sin cesar y extiende el hechizo misterioso de ser. ¿Estaremos llegando a los confines del planeta, confinados en él?
Aparte de las medidas sanitarias, Macron anunció el fin de las reformas, en especial la de jubilaciones, contra la cual se multiplicaron huelgas y manifestaciones. Todo esfuerzo debe centrarse en la guerra contra el Covid-19, prioridad absoluta. Sin duda, el coronavirus le dio la oportunidad de suspender la reforma sin perder la cara. Macron aprovechó para anunciar las medidas económicas de ayuda a empresas en peligro por la crisis, así como a trabajadores en riesgo de desempleo. Cierre de fronteras del espacio Schengen para evitar la circulación de un virus que ‘‘no tiene fronteras, ni pasaporte’’. Algunos países europeos decidieron cerrar también las propias fronteras. Polémica inmediata, el debate es grave: la tan buscada mundialización, que beneficia a unos cuantos, es puesta en duda.
Mientras trasnacionales y finanzas mundiales buscan soluciones para remediar los accidentes que descomponen el orden del neoliberalismo, urbes italianas, españolas, francesas parecen ciudades fantasmas de un paisaje surrealista a la Magritte o a la Dalí, donde la angustia roe el tictac del tiempo.
Otra consecuencia de esta pandemia, el asalto de almacenes para aprovisionarse contra fantasiosas hambrunas y escaseces. Hasta aquí las cosas podrían guardar unas briznas de lógica. Lo extraño es el desvalijamiento de rollos de papel del baño. Qué significa esta obsesión por el papel higiénico. Los sicoanalistas no perdieron la ocasión para exponer la teoría de Freud. ¿El coronavirus provocaría la regresión de una parte de la población adulta a la famosa fase infantil sádico-anal?
Eventos históricos imprevistos lanzan tal desafío a la razón que vuelve necesaria una salida de socorro. Surgen entonces explicaciones más asombrosas que los enigmáticos sucesos. Acaso el choque de un evento histórico hace vacilar la llamada razón. Sin comprender ni poder explicar lo que sucede, brotan los delirios de la sinrazón. Shakespeare lo muestra al tocar los confines del drama humano.

domingo, 16 de febrero de 2020

Cuba ofrece a la UE pagar en mayo deudas vencidas

Envía carta al club de parís

La Habana. El gobierno cubano, retrasado en el pago de varios vencimientos de su deuda en 2019, se comprometió con el Club de París a liquidarlos a mas tardar en mayo, según una carta oficial a la que Afp tuvo acceso.
Según la misiva, enviada el miércoles al director general del Tesoro francés y presidente del grupo de 14 países acreedores, Odile Renaud-Basso, el vice primer ministro cubano Ricardo Cabrisas recuerda que durante su visita a París en enero pasado explicó a los acreedores la imposibilidad de pagar a tiempo.
De manera exhaustiva, dice Cabrisas, explique las circunstancias que determinaron que no podamos honrar nuestros compromisos con algunos países acreedores, según lo pactado en la minuta multilateral firmada por las partes en diciembre de 2015.
Entre los países afectados están: Austria, Bélgica, Reino Unido, Japón, Francia y España.
Según una fuente diplomática, Cuba debía reembolsar entre 32 y 33 millones de euros en 2019, de un total de 82 millones adeudados, pero no pagó.
En la carta, las autoridades cubanas dicen que están conscientes de la importancia de preservar estos acuerdos, lo que ha permitido borrar 8.5 de los 11 mil millones de euros que la isla debe a los 14 países, con un rembolso gradual hasta 2033.
Pretendemos liquidar paulatinamente todos los compromisos correspondientes al año 2019, es decir, con Austria, Bélgica, el Reino Unido, Japón, Francia y España hasta el 31 de mayo del presente año, señala Cabrisas quien asegura que definitivamente no tenemos otra posibilidad que sea realista. Sin embargo, fuentes diplomáticas indican que Cuba podría proceder a un reembolso este fin de semana.
El país ha estado enfrentando durante varios meses un endurecimiento del embargo estadunidense, en vigor desde 1962, que ha provocado escasez de alimentos y combustibles.
En este contexto, necesita más que nunca el apoyo de la Unión Europea, que se ha convertido en años recientes en su principal inversor y primer socio comercial, con un intercambio de más de 3 mil 470 millones de dólares en 2018.
Además, se firmó un acuerdo histórico de diálogo y cooperación entre las dos partes en diciembre de 2016 y entró en vigor en noviembre de 2017.

 Periódico La Jornada

jueves, 30 de enero de 2020

"Como mínimo Francia debería reembolsar más de 28.000 millones de dólares americanos a Haití"


Entrevista al economista francés Thomas Piketty
Le Nouvelliste

Le Nouvelliste publica en esta edición una entrevista realizada por el Doctor en Economía Thomas Lalime, cronista de la sección Economía del periódico, con el célebre economista francés Thomas Piketty sobre en qué forma sus trabajos podrían ayudar a esclarecer la elección de las políticas públicas en Haití. El director de los estudios en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (EHESS) y eminente profesor de la Escuela de Economía de París, Piketty, respondió de manera transparente y sin maquillajes a sus preguntas.
Según los cálculos, "la deuda de la Independencia representaba en 1825 el equivalente aproximado de tres años de la producción de Haití (300% del PBI diríamos en el lenguaje de hoy). Esto sin tomar en cuenta siquiera los intereses que los banqueros franceses, y anglo-sajones no dejaron de hacer pagar hasta 1950 a cambio del "refinanciamiento de esta deuda". Francia debería reembolsar a HAITÍ hoy mínimamente con el equivalente de tres años del PBI haitiano actual,o sea más de 28.000 millones de dólares norteamericanos. Nótese que el PBI nominal se elevaba a 632 millones de millones de gourdes(moneda haitiana) para el ejercicio fiscal 2017-2018, o sea, 9.600 millones de dólares norteamericanos a la tasa de cambio de entonces de 65,6 gourdes por un dólar USA.
Thomas Lalime (T.L) : Después de El Capital en el siglo XXI en 2013, usted presenta al gran público Capital e ideología en 2019 con el fin de presentar un cuadro bastante fiel de las desigualdades. Haití, antigua colonia francesa, permanece aún como uno de los países más desiguales del mundo. ¿Ocupó Haití un lugar importante en sus investigaciones?
Thomas Piketti (T.P) : Mi nuevo libre, Capital e ideología, presenta una historia de los regímenes de desigualdades, en particular los sistemas de justificación ideológica de las desigualdades. El caso de Haití juega un rol muy importante en mi libro, pues la manera en que la isla ha sido tratada por la potencia colonial francesa y los antiguos propietarios de esclavos ilustra de manera extrema (pero desgraciadamente representativa) la brutalidad de la ideología propietarista en vigor en el siglo XIX, teniendo como fundamento una cuasi-sacralización de los derechos de los propietarios, cualesquiera sean los orígenes y las formas de la propiedad.
T.L : ¿Por qué, según usted, las desigualdades son tan escandalosas en Haití? ¿Cuál es el rol de la herencia colonial en la emergencia, la agravación y la persistencia de esas desigualdades de riquezas en Haití?
T.P : La revuelta de los esclavos en Haití es sin duda el momento más subversivo de la Revolución Francesa. Algunos en Francia estaban dispuestos a responder positivamente a ella. Al final, la línea que se impuso en París fue dura y represiva. La monarquía francesa impuso en 1825 una muy dura deuda a Haití con el fin de compensar a los propietarios de esclavos despojados de su derecho de propiedad. Esta deuda injusta pesó gravemente en el desarrollo económico, político, y humano de la isla. La deuda fue oficialmente pagada hasta la mitad del siglo XX. En realidad, es hasta nuestros días que esta pesada herencia esclavista y colonial ha hecho sentir sus efectos.
T.L : Usted propone poner impuestos a los más ricos, pero en países de ingresos reducidos como Haití, en donde las instituciones son muy débiles, los ricos acaparan a menudo el aparato estatal que debería proceder a imponer estos impuestos. Frecuentemente, ellos no pagan impuestos o pagan muy poco. Estos últimos pueden bastante fácilmente provocar el cambio de un gobierno o de un funcionario que quisiera hacerles pagar más. ¿Cómo aplicar una medida semejante en este contexto?
T.P: Pienso que todos los países, comprendiendo a Haití, tienen necesidad de transparentar quién posee qué, quién recibe tal ingreso y cuánto los unos y los otros pagan o no de impuestos para contribuir a las infraestructuras colectivas, al sistema de educación y al sistema de salud. Un sistema fiscal justo debe basarse en un impuesto progresivo sobre la propiedad y un impuesto progresivo sobre los ingresos. Cualquiera sea el grado de desarrollo del país y de la administración fiscal, los gobiernos deben comprometerse a hacer un registro de las propiedades y los ingresos de sus ciudadanos, a aplicarles los impuestos adecuados y a publicar el resultado de estas operaciones. Cuántos contribuyentes fueron registrados con tal y tal nivel de patrimonio y de ingresos, en tal ciudad, año tras año. Así podrán los ciudadanos hacerse una idea del progreso(o de la ausencia de progreso) de la administración fiscal, podrán pedir cuentas, y apropiarse de la cuestión de la justicia fiscal y social.
T.L : Haití fue forzada a pagar una deuda de la independencia de 150 millones de francos-oro en 1825, o sea un monto capitalizado de más de 21.000 millones de dólares hoy, lo que en gran parte hundió la posibilidad de su despegue económico. ¿Piensa usted que Haití tiene derecho hoy a una reparación por parte de Francia?
T.P: Esta deuda representaba en 1825 el equivalente de alrededor de tres años de producción de Haití (300% del PBI con el lenguaje de hoy) Esto sin tomar en cuenta siquiera los intereses que los banqueros franceses, y anglo-sajones no dejaron de hacer pagar hasta 1950 a cambio del "refinanciamiento de esta deuda". Francia debería hoy reembolsar a HAITÍ, mínimamente con el equivalente de tres años del PBI haitiano actual.
En mi libro, estudio igualmente formas más ambiciosas de justicia trasnacional fundada en la desigualdad de acceso a la educación y a los otros bienes fundamentales, en dondequiera uno haya nacido, independientemente de los orígenes de los unos y los otros y de toda lógica de solidaridad inter generacional. Esto conduciría en la práctica a retribuciones mucho más importantes todavía en beneficio de los jóvenes Haitianos. Pero a partir del momento en que no se instrumente una norma de justicia de este tipo, hay que aceptar entonces la lógica de las reparaciones.
Traducción Mónica Riet, miembro del Comité por el retiro de las tropas uruguayas de Haití

domingo, 12 de enero de 2020

Gris panorama en Francia



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▲ Manifestación de los chalecos amarillos, ayer en Nantes, Francia, donde los rótulos exhibidos rezan: Alto a la violencia policial, Curo a tus padres y Ya no tengo confianza.Foto Afp
Las caras demacradas de los cajeros y cajeras de los pequeños almacenes de víveres, de las empleadas en la tintorería y otras tiendas diversas del barrio de la Maub, justo al otro lado del Sena frente a la catedral de Notre Dame rodeada de andamios, muestran el cansancio que afecta a los trabajadores parisienses a causa de una huelga de transportes que se alarga ya más de un mes. Tres horas para llegar al lugar de empleo, tres horas para regresar a sus domicilios. Caminatas, atropellos para lograr subir a un vagón de tren que conduzca a los suburbios, desmañanados por los levantares en la madrugada para atrapar las escasas ramas del Metro que circulan entre las seis y las nueve de la mañana. Embotellamientos de kilómetros para quienes se lanzan en automóvil hacia la capital y tratan de salir de ella rumbo a sus hogares al anochecer.
El cansancio es evidente. Sin embargo, la resignación ante la situación no es quejumbrosa. Contra todas las predicciones y casi todos los sondeos, más manipulados unos que otros, la gente sigue apoyando de manera mayoritaria la huelga que paraliza a Francia en protesta contra la reforma de la jubilación.
Desde 1968, este país no había vivido un movimiento de tal duración. Ni un apoyo popular tan fuerte, una simpatía tan calurosa, pese a las dificultades dia­rias para transportarse.
A la huelga de ferrocarrileros y de conductores de autobuses se han ido sumando muchas: las de internos de hospitales, ballet de la Opera (la foto de las bailarinas danzando El lago de los cisnes en la calle frente al palacio Garnier dio la vuelta al mundo), escuelas, camiones de basura, parte del correo y oficios diversos. Se agrega ahora personal del sector privado, como abogados o kinesiterapeutas. Se paran siete refinerías sobre las ocho existentes en Francia y 12 depósitos de petróleo sobre 200. Sin embargo, el gobierno insiste en que no se teme una penuria de carburante.
Pese a los llamados del gobierno a una tregua navideña, la huelga continuó durante el fin de año. Las autoridades contaban con tal tregua para apagar el movimiento de protesta. Las vacaciones de los ministros y, sobre todo, la noticia del viaje a Marruecos de la ministra encargada de transportes, sólo levantaron más los ánimos. El gobierno pospuso las negociaciones a la segunda semana de enero contando desmoralizar a los huelguistas que pierden sus salarios cada día. La respuesta fue la solidaridad de la gente que decidió sostenerlos con sus dones financieros: hay quien da 10 euros y quien da 100, 400, cada uno lo que puede.
Mientras, la guerra de cifras continúa: las autoridades se empeñan en rebajar el número de manifestantes y huelguistas, tal como lo hizo durante un año con los chalecos amarillos cada sábado sin conseguir desalentarlos, los sindicatos duplican y triplican esas cifras. Último ejemplo, el jueves, el gobierno afirmó que apenas 40 mil y pico de personas desfilaron en París en un cortejo disperso y escaso: los huelguistas hablaron de casi medio millón de manifestantes en la capital. Personas fidedignas, cercanas, me dijeron que era el gentío era aplastante. En las tomas de televisión, podía verse un denso y nutrido cortejo a lo largo y ancho de las calles del trayecto de varios kilómetros.
Al mismo tiempo, a pesar de afirmar que contra viento y marea se llevará a cabo la reforma para instalar una jubilación universal sin privilegiados, el gobierno concede aquí y allá, pilotos o bailarines, alguna prebenda, algunas migajas, tratando de dividir a los huelguistas. El ballet de la Ópera no acepta las concesiones y se solidariza con el resto de protestatarios. Cuando las autoridades hablan de no afectar las pensiones de los nacidos antes de tal o cual fecha, los futuros beneficiados se niegan a gozar tal beneficio a costa de sus hijos y nietos.
En nombre de un Estado laico, el presidente Emmanuel Macron suprimió las tradiciones felicitaciones de Navidad, acaso en busca de los votos musulmanes… Días después, las estatuas de unas vírgenes fueron vandalizadas.
El gobierno afirma que no hay dinero para pagar las pensiones dado el envejecimiento de la población. De ahí la idea de una edad pivote para obtener una jubilación completa o verla reducirse si el trabajador se retira a la edad convenida antes de esta reforma.
Las intervenciones de Macron parecen las de un bombero pirómano. Chassez le natural, il revient au galop (saque al natural, vuelve a galope), reza un dicho popular. Pareciera que el presidente no puede ocultar la arrogancia de su verdadera naturaleza, pues cuando toma la palabra enciende una nueva mecha, y esto a pesar de sus afirmaciones de haber cambiado y aprendido a escuchar a la gente. En su nuevo libro, el filósofo Michel Onfray habla de un populicidio puesto en marcha por Macron.
La fuerza de este movimiento tiene, sin duda, sus raíces en el de los chalecos amarillos. Sin sus actuaciones durante un año, los sindicatos acaso no habrían logrado la duración y apogeo de esta huelga y sus manifestaciones.
Las repercusiones son múltiples. Entre las más características se halla la incredulidad total en los medios de comunicación al servicio del gobierno. De ahí la importancia que han tomado las redes sociales en la circulación de noticias. Ni qué hablar del enorme costo financiero que afecta a todos.
Un mensaje insidioso se desliza en la mente: vivir viejo cuesta demasiado, sobre todo cuando se es pobre. Hace algunos años, era posible pagar las jubilaciones a gente que moría pronto. Los progresos médicos alargan la vida. Sin contar que enfermedades como el Alzheimer agravan la nota. Desde luego, este mensaje se oculta tanto como se puede y no es todavía contemplable una modesta proposición para limitar los años de vejez, a la manera del genial e irónico escritor irlandés Jonathan Swift, quien expuso la idea de acabar con el hambre de los pobres vendiendo a los hijos para alimento de los ricos.

miércoles, 18 de diciembre de 2019

¡No! a la reforma de pensiones, gritan cientos de miles de franceses

Todos los sindicatos salieron a las calles

El proyecto de ley se mantiene, advierte el primer ministro


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▲ Las protestas se saldaron con 30 detenidos. La imagen, en Nantes.Foto Afp
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▲ Aumentar la edad de jubilación es una regresión social, denunciaron manifestantes en París.
París. Maestros, médicos, abogados y trabajadores franceses al grito de: ¡No hay marcha atrás! se opusieron ayer, en el décimo tercer día consecutivo de huelga, al aumento de la edad de jubilación para conservar un sistema de pensiones que el presidente Emmanuel Macron busca desmantelar.
Más de 600 mil personas, según el ministerio del Interior, y 1.8 millones, de acuerdo con los sindicatos, participaron en las protestas efectuadas en varios puntos de Francia. Es la tercera gran jornada de manifestaciones desde principios de diciembre y por primera vez ayer todos los sindicatos estaban en las calles.
No hay marcha atrás. Macron ya ha hecho demasiado daño al país; No a la reforma, corearon.
Las fuerzas de seguridad lanzaron gas lacrimógeno para reprimir a los participantes concentrados en París, en una nueva jornada de movilizaciones que también se saldó con incidentes en otras localidades. Hubo 30 detenidos, según fuentes oficiales.
Francia lleva casi dos semanas inmersa en una huelga de transportes a la que se suman movimientos de otros gremios, pero el primer ministro Édouard Philippe reiteró su total determinación a seguir adelante con el proyecto.
Ante los diputados, Philippe invitó a los sindicatos y a las organizaciones patronales a mantener reuniones de trabajo.
Los sindicatos lanzaron un ultimátum al gobierno tras una reunión intersindical anoche; hablaron de nuevas acciones este jueves y hasta finales de diciembre, sin tregua de Navidad, y prometieron consecuencias si el gobierno no responde en las próximas horas.
Todos aquellos que deseen una reforma justa deben estar en las calles, pidió el secretario general del sindicato CFDT, Laurent Berger, presente en la manifestación de París.
Entre los más movilizados contra la reforma, los empleados ferroviarios con silbatos, megáfonos y hasta tambores, se hacen escuchar. No vamos a ceder, si lo hacemos todo se viene abajo, aseguró combativo Selim, maquinista del Metro que prefiere no dar su apellido.
En la movilización ondearon banderas y pancartas que evidencian la indignación de los franceses. Algunos enarbolan fotos de Macron vestido como Luis XIV, el rey Sol, o dibujos que lo representan junto a banqueros y grandes capitalistas.
La reforma que propone Macron es una regresión social, afirmó Samira Ouira, funcionaria pública de 54 años, vestida con un chaleco amarillo, el símbolo del colectivo que se alzó contra la política social y económica del gobierno francés hace un año.
Médicos, enfermeros e internos estuvieron también presentes para expresar no sólo su rechazo al aumento de edad de jubilación, sino también su malestar por sus condiciones laborales.
Trabajar en los hospitales públicos es muy difícil físicamente, en el día no tenemos tiempo de sentarnos ni una sola vez, de ir al baño o incluso de comer. Pasamos de un paciente a otro como robots, lamentó Florence Heshmati, enfermera en siquiatría, de 35 años.
Los sindicatos estiman que el plan del gobierno, que busca fusionar los 42 regímenes de pensiones existentes en un sistema único y atrasar de dos años la edad de jubilación (de 62 a 64 años) para recibir pensión completa, es un retroceso social.
Para el Ejecutivo esta reforma no es sólo justa, ya que dará a los jubilados los mismos derechos por cada euro ganado durante sus carreras, sino también necesaria para garantizar un equilibrio financiero del sistema de pensiones.
La huelga de transportes comenzó a hacer mella en los ciudadanos, quienes para seguir con su vida normal recurren a trabajar desde casa, a las bicicletas, los automóviles compartidos o caminar.
¡No aguantamos más! Normalmente me toma dos horas, ida y vuelta, ir a trabajar. Desde que comenzó la huelga es el doble, se quejó una profesora de educación física, con un monopatín en la mano.
La mitad de las 16 líneas del Metro están cerradas en la capital, las otras ocho tienen servicios mínimos, y sólo 30 por ciento de autobuses circuló con dificultad.
Las aerolíneas redujeron en 20 por ciento sus vuelos programados desde el aeropuerto parisino de Orly, el segundo más grande de Francia, debido a una huelga de controladores aéreos.
Además, muchas escuelas no abrieron sus puertas, ya que alrededor de 25 por ciento de los profesores, que también reclaman mejores condiciones salariales, se declararon en huelga. Varias universidades, incluida la Sorbona de París, cancelaron o aplazaron sus exámenes de diciembre, debido a las dificultades de los estudiantes para desplazarse.
El alto comisionado encargado de la reforma, Jean-Paul Delevoye, conocido como monsieur retraites (señor jubilaciones), dimitió el lunes, envuelto en un escándalo por presunto conflicto de intereses.
Aunque su dimisión no está directamente vinculada con la reforma que él ideó, la huelga que ha provocado sí fue vista como una derrota para el gobierno.
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Periódico La Jornada

viernes, 15 de noviembre de 2019

Macron, Scholz(y Draghi)



Un jefe de Estado en funciones; un vicecanciller y ministro de Finanzas, el de mayor rango del socio menor de un gobierno de coalición, y un celebrado banquero central que llega al final de su encargo en medio del temor de que a su sucesora le sea difícil responder al desafío que le espera integran el terceto que concentró la atención europea y noratlántica en las pasadas semanas. Emmanuel Macron –en una extensa entrevista con el Financial Times de 7 de noviembre– abrió una enorme controversia al diagnosticar la muerte cerebral de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), gestionada ahora por un ex jefe de gobierno noruego de filiación social-demócrata, Olaf Scholz, –en una coyuntura dominada por los avatares de la salida británica de la Unión Europea e inserto también en el debate político alemán relacionado con el ya no muy lejano remplazo de la señora Merkel– lanzó una inesperada iniciativa, todavía no formalizada, para persistir en los controvertidos proyectos de unión bancaria europea y de creación de un mecanismo unificado de seguro de depósitos bancarios en los países de la zona del euro. Mario Draghi –al concluir su encargo como presidente del Banco Central Europeo, tras una gestión de nueve años que muchos consideran salvadora del euro y de la Unión Monetaria Europea– formuló una visión de los desafíos inmediatos y a mediano plazo, que reforzaron la impresión de que su sucesora, la antigua directora-gerente del Fondo Monetario Internacional, difícilmente estará a la altura de esas exigencias.
Ante las reacciones suscitadas por los planteamientos del presidente Macron sobre la OTAN, la Unión Europea, las migraciones transfronterizas y otros temas de la agenda global, resulta claro que muchas no fueron más allá de la impresión que produjo la más provocadora de sus aseveraciones: la muerte cerebral de la primera. En realidad, los señalamientos de Macron –que se formularon en el momento que marca el punto medio de su mandato presidencial– fueron mucho más ricos. El referido a la OTAN fue censurado, como era de esperarse, por Jens Stoltenberg, su secretario general, pero también por la señora Merkel y algunas otras personalidades políticas europeas, que quizá comparten algunos de los puntos de vista críticos del presidente francés, pero prefieren no vocearlos. Es difícil, sin embargo, estar en desacuerdo con la que podría considerarse su principal conclusión: Europa sale del calvario del Brexit en una situación excepcionalmente frágil y está en riesgo de desaparecer si no puede reconstruirse a sí misma como potencia global. Para ello, es preciso que diseñe una política común efectiva en materia migratoria. Las filias y las fobias de los diversos nacionalismos, incluso los más exacerbados, no pueden seguir dictando las actitudes y reacciones de los países europeos ante las corrientes transfonterizas de refugiados e inmigrantes. Si las actuales controversias empeoran y no pueden evitarse los reflejos xenófobos de rechazo, terminará por romperse la delicada trama de la cooperación continental.
El non-paper del Ministerio alemán de Finanzas es un texto de lectura difícil que el propio ministro Scholz se preocupó por facilitar con un artículo publicado bajo su firma por el Financial Times el 5 de noviembre. En esencia, Scholz propone completar y profundizar la unión bancaria europea, tarea que es preciso concluir si se quiere favorecer la soberanía europea en un mundo de competencia cada vez más exigente. Scholz reconoce que el Brexit significará la pérdida, para Europa, del centro financiero global localizado en Londres y el riesgo de volverla dependiente de los servicios financieros alojados en Estados Unidos o en China. De suerte que, si Europa no desea ser un jugador de segunda categoría en la escena financiera internacional, está obligada a llevar adelante los proyectos clave para la unión bancaria, incluyendo desde luego la unión de sus mercados de capitales.
Para alcanzar tal objetivo, Scholz propone cuatro tareas: a) establecer un procedimiento unificado en la eurozona para gestionar las insolvencias bancarias, que en el caso de las instituciones menores siguen manejándose con arreglo a las distintas leyes nacionales de insolvencia; b) abatir la magnitud de los riesgos, tanto en el caso de créditos privados como en el de deuda soberana: los bonos soberanos no son inversiones libres de riesgo y no deben ser tratados como tales; c) profundizar la unión bancaria mediante algún mecanismo común europeo de seguro de depósitos, quizá un esquema condicional de reaseguros, que amplíe en forma significativa la resiliencia de los esquemas nacionales; y, d) avanzar hacia un modelo impositivo uniforme para el sector bancario europeo. “Con el impulso derivado del inicio de funciones de una nueva Comisión Europea y ante la inminencia del Brexit, es el momento de redoblar los esfuerzos y concluir estas tareas”.
(Y Mario Draghi... véase la continuación en dos semanas.)

domingo, 15 de septiembre de 2019

Edward Snowden espera que Francia le otorgue asilo



París. El informante estadunidense Edward Snowden, refugiado en Rusia tras haber denunciado la vigilancia masiva por parte de Estados Unidos, afirma que le gustaría mucho que Francia le diera asilo, según extractos de una entrevista a la radio francesa France Inter, divulgados ayer.

Lo más triste en todo este caso, es que el único lugar donde un informante estadounidense puede hablar no es en Europa, sino aquí (en Rusia), declaró Snowden en esta entrevista a la radio pública francesa, que será emitida íntegramente el lunes.

Pedí asilo en Francia en 2013 durante (el mandato del ex presidente socialista) François Hollande. Evidentemente, me gustaría mucho que (el actual presidente Emmanuel) Macron me concediera el derecho de asilo agregó la rechazaron por una razón u otra.

No es solamente una cuestión de Francia, es el mundo occidental, es el sistema en el que vivimos. Proteger a los informantes no tiene nada de hostil. Acoger a alguien como yo no es atacar a Estados Unidos añadió Snowden.

Edward Snowden publicará el 17 de septiembre sus memorias en una veintena de países, entre ellos Estados Unidos, Francia, Alemania, Reino Unido, Brasil y Taiwán.

Empleado en la agencia estadunidense de inteligencia NSA (Agencia de Seguridad Nacional, por sus siglas en inglés), Snowden reveló en 2013 la existencia de un sistema de vigilancia mundial de comunicaciones y de Internet.

Se refugió en 2013 en Rusia, donde su permiso de residencia ha sido renovado hasta 2020. Estados Unidos lo acusa de espionaje y robo de secretos de Estado.

Sin embargo, afirmó que ha detectado un debilitamiento de la hostilidad pública hacia él en Estados Unidos por divulgar documentos ultrasecretos que mostraban el alcance de los programas de vigilancia global administrados por agencias de espionaje estadunidenses y británicas.

Periódico La Jornada

lunes, 2 de septiembre de 2019

Macron proclama el fin de la hegemonía de Occidente y la reconciliación con Rusia

Bajo la lupa
Alfredo Jalife-Rahme
La Jornada


Según Le Monde, “después del éxito ( sic) del G-7 Macron sacudió a los diplomáticos (http://bit.ly/2MPxxOs)”.
No existió tal éxito cuando Macron se lució tres días antes de la cumbre del G-7 en Biarritz, al recibir en Brégançon a su homólogo ruso Vlady Putin, con quien acordó, más allá de la fachada de Ucrania, reconciliarse y lubricar la reincorporación de Rusia al formato del G-8, a petición expresa de Trump (http://bit.ly/2NM1AWL). Otro lucimiento de Macron fue su coup de théâtre persa: la recepción del canciller Javad Zarif en Biarritz, al margen del G-7.
En el seno del disfuncional G-7 no se resolvió nada. Ni siquiera la apremiante contribución al megaincendio del Amazonas. Quizá ayudó a lubricar la voltereta de Trump, para no perder la compostura, sobre la reanudación de las negociaciones de su guerra comercial contra China.
Macron lució enormidades un día después del G-7 –con su discurso que (en)marca el canto de cisne de Occidente– ante 200 diplomáticos (http://bit.ly/2NJC8kG): ¡un genial diagnóstico del zeitgeist geoestratégico! En un clásico estilo neo-gaullista, Macron definió el papel de Francia como una potencia de equilibrio.
Le Monde recupera la opción estratégica de Macron: evitar el desvanecimiento de Europa frente a la prominencia de China y EU, que pasa necesariamente por la reconciliación de la Unión Europea con su vecino ruso cuando hoy Europa es el teatro de una lucha estratégica entre EU y Rusia que tendrá consecuencias de la guerra fría en el suelo de Europa que corre el riesgo de desaparecer.
Macron abogó por una estrategia de la audacia con el fin de “colocar al hombre ( sic) en el centro de la civilización europea desde el Renacimiento” –tesis añeja de Bajo la Lupa.Diagnostica el fin de la hegemonía occidental y apela a “una transformación ( sic) y a una recomposición geopolítica y estratégica”.
Las cosas cambiaron: feneció el orden internacional de la hegemonía occidental desde el siglo XVIII: que fue primero francés con el siglo de la Ilustración; luego británico en el siglo XIX con la Revolución Industrial; y estadunidense en el siglo XX gracias a dos grandes conflictos y a su dominación económica y política.
Hoy el mundo vive la multipolaridad con la emergencia de nuevas potencias cuyo impacto ha sido subestimado. Coloca a China en primer lugar, luego a la estrategia rusa que ha sido muy exitosa, además del resurgimiento de India.
Las tres superpotencias emergentes se piensan como verdaderos Estados civilizatorios que son muy atractivos por la inspiración que emanan: India, Rusia y China poseen una inspiración política mucho más poderosa que la europea. Y eso que Macron no abordó la portentosa Ruta de la Seda de China que asocia a Rusia en su trayecto y a Europa como su terminal geoeconómica.
Reconoce que la “economía de mercado se financiarizó profundamente”, lo cual desembocó en un capitalismo de acumulación sin una clase media que constituía el pedestal de la democracia y alteró el orden político. Fustiga con justa razón a EU que “se encuentra en el campo occidental, pero que no comporta el mismo humanismo ( sic)”, a diferencia de la “sensibilidad ( sic)” de los europeos.
Luego de alardear que Francia representa hoy el primer ejército europeo, amén de constituir una superpotencia diplomática, advierte que empujar a Rusia lejos de Europa es un profundo error estratégico, ya que el aislamiento de Moscú incrementa las tensiones y lo empuja a aliarse con otras superpotencias cono China, lo cual no es del interés de Europa.
Lanza su seducción a Rusia, a quien invita a formar parte de su entorno civilizatorio europeo, en lugar de ser el aliado minoritario de China. ¿Rusia como primum inter pares en Europa?
El supremo geoestratega que resultó ser el zar Vlady Putin es hoy motivo de la seducción simultánea de China, Trump y ahora de Francia/Europa. Sobra recalcar que quien lleva la mano de la definición geoestratégica euroasiática y global es Rusia, en la fase de su parusía con el zar Vlady Putin.
Twitter: @AlfredoJalifeR_
Facebook: AlfredoJalife

miércoles, 28 de agosto de 2019

Si maneja los recursos y Macron se disculpa, Brasil acepta ayuda del G-7

El apoyo es para toda la Amazonia, aclara Francia

En la región selvática, mil 114 kilómetros cuadrados deforestados este mes

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▲ Devastación forestal por el fuego cerca de Porto Velho, capital del estado amazónico de Rondonia.
Porto Velho. El gobierno de Brasil declaró ayer que está dispuesto a aceptar la ayuda de 20 millones de dólares ofrecida por el G-7 para combatir los incendios en la Amazonia, siempre y cuando controle los recursos. Horas antes, el presidente Jair Bolsonaro condicionó recibir la asistencia a que su homólogo francés, Emmanuel Macron, retire los insultos que dijo en su contra.
Macron menospreció el desaire de Bolsonaro. Señaló que la interpretación del gobernante brasileño era un error y que el dinero no era sólo para Brasil, sino para los nueve países de la vasta región de la selva amazónica que abarca Bolivia, Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Guyana, Surinam y Guayana Francesa, aunque aproximadamente 60 por ciento de la Amazonia está en Brasil.
Bolsonaro, quien asegura que la situación está bajo control, se jactó también del apoyo del mandatario estadunidense, Donald Trump, quien en un tuit escrito después de que el mandatario brasileño exigió disculpas a Macron, elogió los esfuerzos de su aliado brasileño. Está trabajando muy duro en los incendios en la Amazonia y en todos los aspectos está haciendo un gran trabajo por la gente de Brasil, tuiteó el magnate.
El gobierno brasileño también dio a conocer que aceptó la donación de 10 millones de libras para combatir los incendios.
La selva amazónica perdió mil 114 kilómetros cuadrados, el equivalente al área de Hong Kong, en los primeros 26 días de agosto, informó el diario The Guardian, de acuerdo con datos de la agencia de vigilancia satelital del gobierno brasileño. El reporte, que no incluye daños causados por incendios, registró el mayor aumento de deforestación desde 2015.
El vocero del régimen brasileño, Otávio Rego Barros, indicó que el gobierno está abierto a recibir soporte financiero de organizaciones e incluso de países, siempre que esto no ofenda la soberanía brasileña y el manejo de recursos esté bajo nuestra responsabilidad.
El gobernante neofascista mantuvo su artillería contra Macron y condicionó la aceptación de la ayuda ofrecida por el G-7 (Alemania, Canadá, Francia, Estados Unidos, Japón, Italia y Reino Unido) para sofocar los incendios. Primero, Macron debe retirar los insultos que hizo contra mi persona. Me llamó mentiroso y luego, sostuvo, “que nuestra soberanía en la Amazonia es una cuestión abierta.
No tenemos nada contra el G-7, tenemos algo contra un presidente de un país miembro del G-7, de quien no sabemos cuál es su intención, sostuvo más tarde durante una reunión con los gobernadores de los estados de la Amazonia Legal (los nueve países que abarca), quienes si bien en su mayoría lo apoyaron, también le pidieron aceptar la ayuda del grupo de países más ricos.
En ese foro, Bolsonaro insinuó que las reservas indígenas fueron creadas por los gobiernos anteriores como parte de una conspiración extranjera diseñada para dañar el desarrollo económico del país. Más aún, acusó a los periodistas de llevar a cabo una campaña antipatriótica, vendida y masiva contra su gobierno por reportar los incendios de la Amazonia, publicó The Guardian.
El gobernante matizó sobre la eventual ayuda internacional. Es bienvenida, siempre y cuando quienes utilicen esos recursos seamos nosotros, sería inútil si esos recursos llegan aquí y se destinan a las ONG internacionales, señaló.
El mandatario es llamado en Brasil el Trump del Trópico.
Onyx Lorenzoni, el jefe de despacho de Bolsonaro, criticó la oferta del G-7, y manifestó que Europa debería utilizar los fondos para su propia reforestación. Luego, recordó el incendio de Notre Dame, la iglesia medieval en París que se consumió por las llamas el pasado 15 abril.
Macron no pudo evitar un incendio obvio en una iglesia que es patrimonio de la humanidad. ¿Qué quiere enseñarle a nuestro país? Tiene mucho que atender en su propia casa y sus colonias francesas, criticó Lorenzoni, de acuerdo con el sitio de noticias brasileño G1, en referencia a un comentario que hizo su Bolsonaro de que Francia trataba a los países de la región amazónica como su colonia.
Macron se cuestionó el lunes la oportunidad de conferir un estatuto internacional a la selva amazónica, en caso de que un Estado soberano tomase de manera concreta medidas claramente contrarias al interés de todo el planeta. Bolsonaro acusa a la Unión Europea (UE) de tener intereses ocultos en la mayor selva tropical del mundo.
La tensión bilateral tomó dimensiones personales el pasado fin de semana, cuando Bolsonaro se burló de Brigitte, esposa de Macron, al hacer eco de un comentario publicado en Facebook. El mandatario francés calificó esta actitud de extraordinariamente irrespetuosa.
El comentario se burlaba del físico de Brigitte Macron –quien aparecía en una foto desfavorable–, y la comparaba con una de Michele, esposa de Bolsonaro, radiante el día de la investidura de su marido. ¿Ahora entienden por qué Macron ataca a Bolsonaro?, se lee a un lado de ambas imágenes. El gobernante brasileño respondió: No humilles al hombre, ja ja en referencia a Macron.
Yo no puse esa foto de su mujer. Fue alguien más y yo le dije que no hiciera tonterías, aseguró ayer Bolsonaro sobre el incidente en una rueda de prensa, a la cual puso fin de manera abrupta cuando los reporteros insistieron en pedirle explicaciones sobre su comentario.
A su vez, el escritor brasileño Paulo Coelho ofreció disculpas por lo que llamó la histeria de Bolsonaro respecto de Francia, el presidente francés y su esposa.
La tensión con Francia también amenaza un acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercado Común del Sur. El mandatario sudamericano ya antes había atacado a Alemania y Noruega luego de que decidieron retirarse del Fondo Amazonia. Bolsonaro dijo a la canciller federal alemana, Angela Merkel: toma tu dinero y reforesta tu país, querida Merkel.
Los datos satelitales del Instituto Nacional de Investigaciones Brasileñas habían contabilizado 82 mil 285 puntos de incendio desde enero hasta el pasado lunes, 51.9 por ciento de ellos en la selva amazónica.
La cifra total marca un aumento de mil 650 focos de incendio y representa un incremento de 80 por ciento respecto de 2018.
Brasil desplegó el lunes 2 mil 500 militares, cientos de vehículos y 15 aeronaves, entre ellas dos aviones cisterna Hércules C-130, para controlar las llamas.
En el estado de Rondonia, uno de los más afectados por el fuego y las humaredas, la situación daba señales de mejoría gracias a algunas lluvias en los últimos días.
En la carretera entre Porto Velho y Abuná, un pequeño pueblo de casas bajas en la frontera con Bolivia, ya no se ven llamas, pero sí mucha tierra quemada y árboles solitarios en medio de áreas deforestadas, y las capas de humo comienzan a llegar a Uruguay y Argentina.

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Periódico La Jornada

domingo, 21 de abril de 2019

Nuestra Dama, nuestro drama



Señala Juan Villoro en el Reforma de ayer: edificada del siglo XII al XIV, Notre Dame sobrevivió a dos guerras mundiales, pero no a los trabajos de quienes pretendían restaurarla. Desde muy pronto se dijo que se trataba de un accidente provocado por las obras de reparación; sin embargo, ningún medio francés entrevistó a los responsables de la tarea y no se levantaron las sospechas propias de los países donde las licitaciones se obtienen por corrupción y compadrazgo. El accidente se debió a un error o a una negligencia de la compañía contratada por una cifra millonaria. Con todo, las nociones de culpa y castigo quedaron fuera de la discusión durante la tragedia. Sólo en las redes sociales, donde la Edad Media dispone de tecnología, hubo teorías conspiratorias, algunas de ellas inspiradas en el siempre citable Nostradamus.
Se pregunta el filósofo Olivier Abel ante la magnitud del incendio a Notre Dame: ¿por qué este sentimiento de fin del mundo? Se responde. De partida es el descubrimiento que los símbolos pueden fenecer. Con Notre Dame, añade Abel, el sentimiento general de fragilidad afecta a las instituciones que nos parecían eternas, que formaban ese teatro más duradero que nuestras frágiles existencias y que se descubren de súbito frágiles a su vez, perecederas, entregadas a nosotros para su cuidado. ( Nouvel Observateur, 16-04-19)
Javier Aranda se refirió el miércoles, en estas páginas, a Víctor Hugo: con Nuestra Señora de París, Víctor Hugo resemantizó el mito de la bella y la bestia y del amor constante más allá de la muerte. Recordemos que, en la novela, después de la ejecución de Esmeralda, Quasimodo muere por voluntad ceñido al cuerpo de su amada. Son sus nupcias negras con el cadáver de una novia vestida de blanco.
El incendio de Notre Dame ocurre teniendo por trasfondo una larga erosión del espíritu francés, es decir, de aquello que a pesar de todo hace de un francés o de una francesa; eso, un francés y una francesa. ¿Hay algo que unifique a los franceses aparte del futbol, la bandera y la Marsellesa –y no a todos ni todas? (Casi lo mismo podríamos decir de los americanos, los españoles y los mexicanos).
La persistente y desgastante manifestación de los chalecos amarillos simboliza de manera gráfica el malestar francés, del cual se habla con sorprendente regularidad. Es la periferia contra el centro, el mundo rural contra las grandes urbes, los damnificados por la globalización contra sus beneficiarios, los provincianos contra los ciudadanos del mundo, los jóvenes sin futuro contra los viejos sin pasado.
Todo es cierto, con matices casi de cualquier parte del mundo. Pero nuestra reflexión debe ir más allá.
Cuando en 2015 y 2016 ocurrieron los terribles atentados terroristas en Francia decía que el terrorismo contemporáneo es el síndrome de la antipolítica. Basta ver la mayor parte de las encuestas de opinión recientes en casi cualquier parte del mundo para encontrar varias tendencias similares. Desconfianza frente a todas las formas institucionales republicanas: poder ejecutivo, parlamentos, partidos, gobiernos. Bajos índices de confiabilidad en instituciones no estatales: iglesias, medios de comunicación, asociaciones. Escepticismo respecto a las formas tradicionales para resolver conflictos: pactos, acuerdos, arreglos. Narcicismo político. Intolerancia frente a quienes no piensan igual. Fascinación por la violencia.
Proponía entonces que debíamos alzar la voz y decir Viva Franciano no sólo por lo que representa para la civilización, sino porque los ataques repetidos contra sus ciudadanos, muchas veces perpetrados por personas de nacionalidad francesa, es la señal inequívoca de todo lo que odian los enemigos de la democracia.
Pero ahora no mueren personas por ataques terroristas, sino que se lesiona severamente un símbolo universal por la incuria humana.
Y no puede dejar uno de exclamar: Notre Dame, notre drame.
Twitter: gusto47 

viernes, 19 de abril de 2019

Notre Dame: la luz del engaño

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De las tres resistencias al “engaño universal” de la belleza, la conspiranoica es la más peligrosa porque es la más acorde con los tiempos, que son casi más antiguos que la catedral de París

Aguantó nueve siglos en pie; sobrevivió a la guerra de los Cien Años, a la Revolución francesa, a la comuna de París y a dos guerras mundiales. Jamás sufrió un incendio, salvo en la ficción de Victor Hugo. Y ahora, en abril de 2019, entre algoritmos y drones, ha ardido como una cerilla en pocos minutos, ¡y sin motivo!
Lo confieso: viejo y ateo, el derrumbe rojo de la aguja de Notre Dame me ha estremecido. No es nada personal. Es que era grande y decrépita; ocupaba mucho espacio y desde hace mucho tiempo; y la había mirado tanta gente distinta y tantas veces que ya la habíamos visto todos antes de mirarla, investida de mucha más objetividad que un sonido o un árbol; de mucha más objetividad que la ciudad entera.
¿Y qué? ¿Con qué derecho nos estremecemos más viendo en llamas la aguja de la catedral de Notre Dame que las casas de Gaza o de Sana –o los bombardeos de Siria o las inundaciones de Tailandia? Con el derecho que nos da la intemperie compartida. Barbarie es quemar una ciudad; civilización es el olvido trabajoso, ingenioso, muy precario, de todos los incendios. Notre Dame se ha quemado de forma tan sencilla y natural que ha desnudado de un tirón nuestra humanidad común y sus enrevesados trabajos sin reposo. El que no sienta más horror instintivo ante la destrucción de un templo concreto –o de un niño concreto– que ante la destrucción de un país o un planeta es que da por perdida la salvación de la humanidad –y por indigna su existencia. La barbarie es verdad; la civilización es engaño. La verdad destruye muy deprisa; el engaño construye muy despacio. ¿Qué construye? Construye cuerpos, vínculos, estrellas; construye en piedra, carne y madera la antigüedad de nuestra estirpe o, lo que es lo mismo, la antigüedad de nuestro futuro. (Hoy, digamos de paso, como quiera que nuestros engaños son telarañas y no ábsides, imágenes solubles y no piedras, nos hemos quedado sin futuro: y que se queme el futuro ante nuestros ojos, viejo y pesado como un elefante, no puede dejar de impresionarnos: ¡estamos viendo arder los dinosaurios!).
Una catedral no se quema en el tiempo sino al final de los tiempos. Su incendio es en sí mismo, en efecto, el fin de los tiempos. Nos sitúa en ese punto crepuscular desde el que, acabada ya la historia, la contemplamos a nuestra espalda –la historia– como una sucesión acelerada de ruinas. El derribo de las Torres Gemelas fue apenas un trágico gag visual que, reactivando la crónica provisionalmente dormida, se encadenó obediente a los acontecimientos del mundo; o a los del no-mundo de la civilización de Wall Street. Pero hay cosas que, si se fabrican –como todas– en el tiempo, viven y perecen fuera de él. Notre Dame tardó 107 años en levantarse y sobrevivió ocho siglos, como un filamento fósil, a todos los cambios de París. “Tardó en levantarse”, digo, porque una catedral se levanta sola; trabajosamente, pero sola. ¿Cómo? ¿Olvidamos a los miles de escultores, orfebres, peones, herreros, canteros, que durante tres generaciones se azacanaron en su construcción? Va a ser que sí. Es nuestro derecho; y también el suyo, pues trabajaron a conciencia para construir algo más grande y más duradero que sus cuerpos. La belleza de Notre Dame tiene que ver precisamente con este olvido del origen (del yunque y el barro); una vez acabada la catedral, ya nadie la hizo. Por eso, como todas las obras materiales del espíritu, nos pone en contacto con un dios o al menos con un ángel: su precariedad misma (etimológicamente asociada al latín prex-precis, ruego o rezo) ya nos indica su génesis y su destino. Conviene mirarla así: como miramos el cuerpo del amado o las hojas del fresno mecidas por el viento. Como si existiera de veras. De hecho casi todos nosotros, malvados y virtuosos, blancos y negros, de derechas y de izquierdas, miramos de este modo ciertos objetos: olvidando no sólo su origen material –sangre y mierda– sino también todos los datos adventicios –culturales, simbólicos, turísticos– que nuestro ojo ha interiorizado como fuente espuria del placer. Cuando miramos Notre Dame –o cualquier otra catedral– ni la hizo nadie ni somos nadie. Eso es la belleza, que no puede arder. ¿Cómo va a arder la capa de Dios? ¿Cómo va arder el tiempo en sus vértebras? ¿Cómo va a arder la sobada corteza de la eternidad? ¿Cómo va a arder la objetividad misma y sus manzanas?
(Los hombres comunes y gremios plebeyos –orfebres, herreros y canteros– que construyeron Notre-Dame –añadamos– nos pidieron que olvidáramos su intervención, pero nos pidieron también que conserváramos su obra. ¿No podemos imaginar su dolor, y sumarlo al nuestro, viendo cómo la sociedad del dron y el algoritmo, capaz de cazar una proteína y contarle a una célula los cabellos, ha destruido en pocas horas novecientos años de tiempo aherrojado, cincelado, acumulado?)
Si no recordamos el origen, se dirá, olvidamos la historia y eso es peligroso. Muy peligroso, es verdad, a condición de añadir enseguida: pero si recordamos solo el origen, desaparece la obra misma y eso es trágico, pues los efectos que introduce precariamente (rogando de rodillas) la belleza en la historia son aún más serios que los que introducen el esfuerzo y el dolor, incluso el esfuerzo doloroso y necesario de desenmascarar los engaños. El origen es mierda y sangre; su olvido puede ser injusto, pero es también un hijo, una casa, una república, una catedral. Que arda ante nuestros ojos sin motivo el olvido materializado que llamamos belleza nos recuerda, de golpe, su vínculo olvidado con la general fragilidad humana y sus penosos artificios contra el tiempo. Nada más frágil que lo que dura ya nueve siglos. Nada más frágil que la eternidad sujeta entre alfileres. Por eso, si había algo universalmente bello en ver la catedral de pie, hay también algo bello en esta cosa imposible –increíble– de verla arder. ¡Y sin motivo! Porque la belleza está anunciando siempre –¡del principio al final de los tiempos!– su propia destrucción. Porque la belleza –como escribía Rilke– “es solo el comienzo de lo terrible que aún podemos soportar”. Notre Dame era bella porque aguantaba el paso del tiempo; Notre Dame era bella poniendo fin al curso del tiempo.
No nos hagamos trampas. No seamos demasiado históricos. Creo sinceramente que me afectaría mucho ver arder el Taj Mahal o la mezquita Al-Aqsa. Quizás –es cierto– menos que Notre Dame, porque yo también he sido fabricado en la historia; y mi biografía europea cuenta en mis emociones, como el pedal de un piano en la prolongación de una nota. Pero quiero creer que en el horror particular que sentiría un indio viendo arder el Taj Mahal o un musulmán viendo en llamas la mezquita de Al-Aqsa habría algo universal que nos obligaría a todos por igual y que traicionaríamos afectando una frialdad selectiva. Porque lo particular, admitámoslo, es la indiferencia. Lo particular sería, en efecto, mi relativa indiferencia; o el desdén idiosincrásico de los fanáticos y los chovinistas.
Desconsoladora me parece por eso, mientras arde Notre Dame, la legión de los que se resisten a este engaño universal –raíz del ser humano en el tiempo– y nos restriegan su pequeña e irrefutable verdad idiosincrásica, situándose al margen de la frágil comunidad humana universal que cristaliza en la belleza y sus incendios.
Están, por ejemplo, los que consideran el horror instintivo ante las llamas de Notre Dame injusto y agravioso con los otros horrores del mundo: “Ya podíais dirigir vuestra empatía hacia algo más serio que una iglesia”. He leído este mensaje en un tuit, junto a otros parecidos, cencerros de la conciencia justiciera y ofendida. El que ve “una iglesia” en Notre Dame no tiene ojos y ve también –no sé– a Torquemada en una chimenea encendida; entrega además al Vaticano una cosa grande y vieja que ocupa mucho espacio y dura mucho tiempo; y que integra en su recinto, por eso mismo, muchos más seres humanos de los que puede matar un misil o sumergir un tsunami. Por otro lado, el que no es capaz de sentir dolor por los males del mundo –y combatirlos– sin banalizar el incendio de una cosa grande y vieja que dura mucho tiempo y que integra en su recinto a más humanos de los que caben en el mundo o puede destruir el nazismo, es que desea, más que el alivio de los dolores del mundo, señalar su propia singularidad contra la banalidad común de los sentimientos atinados. Hacen pensar en ese reproche de Juan de Mairena a los que –tras haber compartido el entusiasmo de un aplauso– se levantan y silban con todas sus fuerzas: no creáis, dice Mairena, que esos hombres silban al héroe: silban al aplauso. Los que sugieren, sí, que el que se emociona viendo arder Notre Dame no “empatiza” con otras tragedias, no sienten nada en ninguna dirección: en realidad están “silbando” sin más al consenso común.
Están luego los que consideran ese horror instintivo una emoción ficticia, turística, sentimental, mercantil, “occidental”. Tienen razón. Notre Dame era también una mercancía; la mayor parte de sus visitantes no tenían ni idea del gótico y, los que la tenían, es porque eran ricos, blancos y occidentales (y probablemente heterosexuales). ¡Por no hablar de la arrogancia francesa y de su autobombo publicitario y colonial! ¡Y de los horrores de la Iglesia en América! Vale. ¿Y? Incluso si fuese esa historia y sólo ésa, la que contaba la catedral de Notre Dame, hacía falta mantenerla en pie para descifrarla y relatarla y refutarla; y justificar su destrucción, o hasta regocijarse con ella, umbral de no sé qué loca liberación, condenando a sus constructores y a sus visitantes, revela esa monstruosa tentación del “cero” histórico que comparten algunos izquierdistas con el ISIS. Si no se entiende que la humanidad son también sus agarraderos en el tiempo –engaños paganos de opacidad común y lenitiva– no se puede pretender liberarla de sus crímenes y errores sin encadenarla a la letra vacía y la página en blanco (que siempre llena alguna forma de totalitarismo). Tenemos que aprender a combatir el clericalismo, el machismo, el capitalismo y el colonialismo sin renunciar al conocimiento de los archivos de piedra –ni a los hombres comunes que los construyeron y los admiran, nuestros “indígenas” europeos. En 1978, en Transformación social y creación cultural, el marxista heterodoxo Cornelius Castoriadis escribía: “Si la catedral de Notre-Dame fuera destruida por un bombardeo, nos resulta imposible no imaginar a los franceses recogiendo piadosamente los restos, tratando de llevar a cabo una restauración o dejando las ruinas tal y como están. Y actuarían sensatamente, pues más vale una minúscula esquirla de Notre-Dame que diez torres Pompidou”.
Y están por fin los que desean, por fanatismo ideológico o desamparo religioso, que Notre Dame haya sucumbido a un acto de maldad (preferiblemente musulmán). No aceptan la idea, para mí terrible y tranquilizadora, de que las cosas puedan arder solas. Quieren, anhelan, necesitan encontrar un culpable, actitud tan atávica y universal como una catedral, pero sin belleza alguna. El admiradísimo Ferlosio, en una conversación sobre incendios que precisamente republicó CTXT hace dos años, decía que “los hombres prefieren que sus males procedan de alguna culpable intencionalidad humana porque lo accidental, lo azaroso, es moralmente improductivo”. Y añadía: “Sólo el daño recibido de otros hombres crea valor, porque la víctima se hace acreedora de retribución y se convalida, por tanto, como “de los buenos”. Sólo la culpa humana produce lo que podríamos llamar “víctimas morales”, porque son acreedoras de venganza. La “naturaleza” o la “fortuna” son, en cambio, moralmente improductivas; producen, ciertamente, víctimas, como los muertos de la carretera, pero no, en modo alguno, lo que podríamos llamar víctimas morales”. El “malvado”, decía Ferlosio, es “popular”; e incluso –diría yo– “populista". No es extraño, pues, que sea la órbita de Vox la que trata de colar esta “pequeña e irrefutable verdad idiosincrásica”, contra la realidad misma y la belleza terrible de los incendios, para alimentar el clima bélico en el que puede recoger votos: la de una conspiración anticristiana, es decir musulmana, contra las raíces religiosas de Europa.
De las tres resistencias al “engaño universal” de la belleza, la conspiranoica es la más peligrosa porque es la más acorde con los tiempos, que son casi más antiguos que la catedral de Notre Dame. En los años 30 del siglo pasado, el filósofo de la escuela de Frankfurt Franz Neumann escribió largamente sobre la relación entre la angustia, las teorías conspiratorias y el fascismo. En esas estamos. Se expande hoy una angustia mortal –causa y efecto del derrumbe civilizacional– que reclama a toda costa un enemigo nombrable y un linchamiento. Si en el siglo XX era fácil creer que todos los males del mundo (cuando ya los bienes habían renunciado a una autoría) eran atribuibles a alguna fuerza diabólica, hoy es casi imperativo encontrar una. En esta sociedad capitalista de drones y algoritmos no podemos creer que las cosas ardan sin motivo; y, retrasados como estamos, prisioneros de nuestros cuerpos, tampoco podemos aceptar una responsabilidad aérea y abstracta, de esquemas desbocados y redes autoplásticas. Lo único que puede tranquilizar a un “indígena” europeo es ponerle nombre, cara y fecha de caducidad al mal que nos golpea. Conocer no, etiquetar sí; recordar no, azotar sí; la belleza –y la tragedia– común no, la negación sí.
El derrumbe rojo de la aguja de Notre Dame nos dice dos cosas sobre la crisis de civilización que estamos viviendo. La primera es que la más mercantilizada y securitaria sociedad de la historia es incapaz de conservar una catedral que había sobrevivido a mil avatares de barbarie; y que se incendia sin motivo (se suicida) como para señalar que su lentitud es incompatible con la velocidad de nuestras comunicaciones y nuestras finanzas. Eso nos dice: que lo que más se parece a un tuit, en términos de memoria, es un incendio.
En cuanto a la segunda alerta, tiene que ver con la gestión política de nuestros indígenas –que lo somos todos– de derechas o de izquierdas. Da miedo esa parte de nuestra sociedad tan ideologizada y/o tan tuitera que no siente dolor viendo la destrucción del tiempo. O que, frente a la destrucción, se refugia en otro incendio.
El derrumbe rojo de la aguja de Notre Dame, vieja señora, es el colofón y la negación del atentado contra las Torres Gemelas, novicias postmodernas. Sin motivo y sin culpables, hito puro de civilización incivilizada, su incendio es la protesta de piedra de un mundo que se autoinmola. Estamos entrando en otra historia.