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martes, 30 de julio de 2019

Monsanto nos enferma y Bayer nos medica

¿Plan Colombia 2.0?

Poco duró la celebración de los colombianos con el fallo de la Corte Constitucional el 18 de julio en relación con las fumigaciones aéreas con glifosato en el país. Lo que al principio parecía una ratificación de la sentencia T-236 de 2017, que impuso condicionamientos para poder reanudarlas, después de haber sido suspendidas en 2015, terminó siendo en esencia una aclaración del sexto punto, en el cual se establecía que el Gobierno debía demostrar con evidencia científica, objetiva y concluyente la "ausencia de daño" que tenían las fumigaciones aéreas para la salud humana y el medio ambiente. 

Los mensajes del presidente Duque para que los jueces “modularan” sus fallos anteriores, surtieron efecto y el nuevo veredicto, aclaró que esas condiciones "no son absolutas" y que la evidencia científica no equivale a demostrar que existe certeza absoluta sobre la ausencia del daño, ni equivale a demostrar que la ausencia de daño es absoluta, o que “la actividad no plantea ningún riesgo absoluto". 

Ahora el gobierno a través del Consejo Nacional de Estupefacientes controlado por varios de sus ministros, solo deberá demostrar que posee planes de fumigación que minimizan los daños. En conclusión, el fallo le concede la razón al gobierno y no a millones de campesinos. El “riguroso” plan de Duque es elemental; arrancar las plantas de coca, rociar el glifosato a mano, más la fumigación aérea “renovada”. 

El ahora Bayer – Monsanto, productor del glifosato, lleva años contratando investigaciones científicas para demostrar lo inofensivo de su veneno sin lograrlo, por el contrario en el 2013 Monsanto se vio obligado a retirarse del mercado europeo, y recientemente el estado de California ha emitido una advertencia sobre su uso, al tiempo que Bélgica, Francia, y los Países Bajos, han puesto freno a su venta y aplicación. Estudios en todo el mundo han demostrado presencia de glifosato en leche materna y altos porcentajes de residuos de glifosato y otros agrotóxicos en el agua que se bebe en áreas donde se aplica. En 2013, un estudio encontró residuos de glifosato en la orina del 45 % de los ciudadanos muestreados en 18 ciudades europeas. 

El glifosato de Monsanto, también enferma y mata todo lo verde menos los brotes modificados genéticamente como la soja, el maíz y el algodón de Monsanto. Mientras tanto el gobierno colombiano, se apresta para el reinicio de las fumigaciones aéreas, las cuales habían sido suspendidas en el 2015, a raíz del informe de la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) de la OMS, que concluía que el glifosato, el ingrediente activo del herbicida RoundUp, es “probablemente carcinogénico para los seres humanos”. 

Hasta la senadora Paloma Valencia del Centro Democrático, inició la campaña de expectativa de lo que llamó: Plan Colombia 2.0, y en mayo de este año en el marco de la reunión entre la vicepresidenta Martha Lucia Ramírez y el secretario de defensa de EE-UU, Patrick Shanahan en el Pentágono, se confirmó el suministro de armas y equipos para la lucha antidrogas; las comunidades campesinas saben muy bien que las fumigaciones no vienen solas. Desde agosto de 2018, se conoce que el gobierno de los EE.UU., esta “listo para reiniciar el programa de fumigación en cualquier momento”. A pesar que el mismo Departamento de Estado indicó hace cinco años, que la erradicación aérea se estaba volviendo ineficaz. 

La experiencia colombiana demuestra que la llamada lucha contra las drogas patrocinada por la Casa Blanca desde principios de los años 90 hasta 2003 cuando el Congreso de EE.UU. autorizó el uso de sus recursos para el verdadero objetivo que era, combatir a la guerrilla y a la oposición social y política; fue un rotundo fracaso. 

En el lapso de más de 20 años en el que se rociaron con glifosato 1.790.000 hectáreas, no sólo no se redujo significativamente la extensión de los cultivos de coca en nuestro país sino que aumentó la cantidad de clorhidrato de cocaína que se exporta desde Colombia al mundo y el consumo interno de la pasta base de cocaína. 

Los daños producidos en términos humanos, materiales y ecológicos, a los cultivos de alimentos y a los animales de los campesinos, aumentó la dependencia de los agricultores a los cultivos ilícitos. 

Pero Bayer - Monsanto, con el beneplácito de las élites corruptas que gobiernan el país, le vende a los campesinos de las zonas fumigadas de Colombia, las únicas semillas que pueden resistir al glifosato y que también produce Monsanto; el negocio es redondo. Detrás de la guerra contra las drogas están las ganancias de Bayer - Monsanto y de los contratistas del Pentágono que efectúan las fumigaciones. En el año 2007 cuando se presentó el mayor volumen de fumigación aérea de cultivos ilegales, fue uno en los que la producción de coca en Colombia más aumentó. 

Por eso lo que si fue un éxito fueron las ganancias extraordinarias que arrojó el Plan Colombia, para empresas como Monsanto, Lockheed Martin, que elabora los helicópteros UH-60 Black Hawk;, y para la empresa de mercenarios Dyncorp, que presta servicios a la Policía y al Ejército. 

Hace pocos meses la farmacéutica Bayer, adquirió a Monsanto por 63 mil millones de dólares en la que fue llamada “la operación más costosa de la historia". Monsanto produce pesticidas y semillas modificadas genéticamente resistentes a sus propios productos químicos. 

Con esta adquisición, Bayer espera tener unas ganancias de 1.2 mil millones de dólares anuales a partir de 2022, y su nuevo poder evoca la frase de Henry Kissinger, en la década del 70: “Quien controla los alimentos, controla a la humanidad”. Hoy también podríamos afirmar con millones de afectados en el mundo: “Monsanto nos enferma y Bayer nos medica”. 

Bayer cuenta con antecedentes en la producción de productos utilizados en las cámaras de gas de los campos de concentración nazis durante la II Guerra Mundial, y Monsanto fue la empresa que aportó al gobierno norteamericano el llamado Agente Naranja, del cual se usaron 76 millones de litros en la guerra contra Vietnam, que dejó unos 500.000 niños afectados. 

Hoy Bayer domina el mercado farmacéutico, el cual supera las ganancias por ventas de armas o el del negocio de las telecomunicaciones, mientras que más de 2.000 millones de personas se ven privadas de su derecho a la salud en el planeta; y Monsanto controla el 41% de la producción de semillas y el 90% de las semillas modificadas genéticamente, al tiempo que produce el glifosato. 

Las diversas luchas sociales en contra de estos fenómenos, los paros campesinos como el del 2013, que obligó al Estado a “congelar” la ejecución de la resolución 970 del ICA (Ley Monsanto), que prohibía a los campesinos almacenar sus semillas, han sido respondidas con persecución y asesinato contra los líderes sociales en Colombia. Casi el 40 % de activistas sociales asesinados a nivel mundial son colombianos, y la mayoría luchan contra las políticas mancomunadas entre gobiernos neoliberales y multinacionales. 

Esto tiende a agravarse, Bayer - Monsanto necesita nuevos mercados para RoundUp, y en ese contexto, es obvio, que los programas de sustitución voluntaria, la Reforma rural integral, que incluye el reconocimiento de títulos de propiedad, carreteras de acceso al mercado, y otros servicios, que le permitirían al campesino desarrollar proyectos de cultivos alternativos y comercializarlos; no se lleven a cabo, y que en su lugar se planee ejecutar un “Plan Colombia 2.0” soslayando cualquier otra evidencia.

jueves, 6 de junio de 2019

Más de 600 personas piden a la UCR cancelar charla organizada por Bayer-Monsanto por promocionar herbicida cancerígeno

Costa Rica

La actividad fue cancelada por cuestionamientos de fondo de las organizaciones ambientales

Más de 600 personas solicitan la cancelación del foro “Science behind glyphosate”. Este 5 de junio estaba programada una charla de un empleado de Bayer-Monsanto llamado William Reeves en el Auditorio de la Escuela de Biología de la Universidad de Costa Rica. 

Mediante una carta pública dirigida a Daniel Briceño Lobo, director de la Escuela de Biología, unos 600 personas cuestionaron el uso de recursos públicos para promocionar el cuestionado herbicida glifosato. La Asociación Red de Coordinación en Biodiversidad es la impulsora de esta petición, los ambientales han denunciado la utilización de fondos públicos para anunciar una actividad considerada de propaganda a favor de un agroquímico cancerígeno. 

Deby Calderón de la Organización Ya Basta señaló que: “Hay pruebas convincentes de que el glifosato puede causar cáncer en animales de laboratorio y hay pruebas de carcinogenicidad en humanos (como por ejemplo el linfoma no Hodgkin). También causa daño en el ADN y en los cromosomas de las células humanas según la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC) de la Organización Mundial de la Salud -OMS-” 

En los últimos nueve meses Bayer haya sido condenada en tribunales estadounidenses en tres ocasiones a pagar miles de millones de dólares, en juicios planteados por personas cuya salud ha sido afectada por este herbicida: en agosto de 2018 US$78 millones, en marzo de 2019 US$80 millones, y en mayo pasado US$2000 millones. Actualmente hay más de 13 mil demandas similares pendientes de resolución en ese país (usrtk.org/monsanto-papers/) La carta firmada por más de 600 personas señala que: “Es censurable que la UCR sea utilizada para destinar recursos públicos para apadrinar conferencias patrocinadas por Bayer a favor de un peligroso herbicida, sobre el cual existen abundantes evidencias científicas independientes que confirman la toxicidad del glifosato, como puede corroborarse en la información compilada en bit.ly/2BpwjBS. Evidencia que ha motivado a prohibirse en diferentes latitudes a nivel global (ver: bit.ly/2TALAa7).

En Costa Rica la Defensoría de los Habitantes conformó la “Comisión Interinstitucional para el Estudio de los Efectos sobre la Salud y el Ambiente de las Formulaciones con Glifosato” con representantes técnicos del Ministerio de Salud (MS), Ministerio del Ambiente y Energía (Minae), Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS), Consejo de Salud Ocupacional (CSO), Comité Ambiente y Salud del Colegio de Médicos y Cirujanos de Costa Rica, y la Defensoría de los Habitantes, quienes elaboraron una propuesta de decreto de prohibición del glifosato basada en 30 considerandos (disponible acá: bit.ly/2VPgV9x). 

La carta dirigida al Escuela de Biología recuerda que esta charla contraviene el “Compromiso con el medio ambiente”, establecido en el artículo 4 (inciso f) de los Principios y Propósitos de la UCR, establecidos en el Estatuto Orgánico, y pone en tela de duda el prestigio y alta credibilidad de la que goza la UCR ante la ciudadanía costarricense, al prestar su sede, nombre y recursos, para promocionar la pseudociencia corporativa, con obvio conflicto de interés, como se denuncia en la publicación de Burtscher-Schaden et al. (2017) “Glifosato y cáncer: Comprando ciencia” (ver: bit.ly/2o92ZXp).

Henry Picado Cerdas Presidente de la FECON señaló que “es inaudito que la UCR destine recursos públicos para promocionar en la página de Laboratorios Ciproc, y prestar el auditorio de la Escuela de Biología para la charla “Ciencia detrás del glifosato”, a ser impartida por un empleado de Bayer, y como si fuera poco: nada menos que el día 5 de junio, Día Mundial del Ambiente.”

Las organizaciones ecologistas solicitaron suspender la charla, por consistir actividad propagandística a favor del glifosato, y por tanto defensa temeraria de los intereses de Bayer, con claro detrimento de la salud y el ambiente resguardados en nuestra Carta Magna, derechos que como institución pública la UCR está obligada a perseguir en todas sus actuaciones (artículos 11 y 50 de la Constitución Política y 113 de la Ley General de la Administración Pública).

La carta fue dirigida además a Henning Hensen P., Rector de la UCR y al Concejo Universitario de la UCR; Fernando García Santamaría, Vicerrector de Investigación; Catalina Crespo Sancho, Defensora de los Habitantes; Sala Constitucional de la Suprema Corte de Justicia y Medios de comunicación colectiva y redes sociales.

lunes, 27 de mayo de 2019

Espionaje de Monsanto y nueva sentencia millonaria



Dos mil millones de dólares por daños. Es la cifra que un tribunal de Oakland, California, sentenció a  Monsanto (ahora propiedad de Bayer) a pagar al matrimonio Alberta y Alva Pilliod, más 55 millones de dólares por costos médicos y de juicio, por haberles causado cáncer con su herbicida RoundUp. Al mismo tiempo, en Europa, el diario francés Le Monde reveló extensas operaciones de espionaje de Monsanto a periodistas y funcionarios públicos.
El abogado de los Pilliod –que tienen actualmente 70 años y han tenido cáncer linfoma no-Hodgkin por más de una década– pidió compensación por daños punitivos por mil millones de dólares, pero el juez, siguiendo las declaraciones unánimes del jurado, decidió doblar la suma. Esto, según explicó el jurado, para sentar ejemplo, porque de acuerdo con las evidencias presentadas Monsanto actuó a sabiendas de los efectos que tendría sobre los afectados y ocultando información intencionalmente. Según la agencia Bloomberg, es la octava suma más alta en Estados Unidos de compensación por daños debido a un producto defectuoso.
Sin embargo, no se trata de un producto defectuoso. Es un agrotóxico herbicida que cumple el objetivo biocida para el que fue diseñado. Además de matar plantas y otras formas de vida en los cultivos, también es cancerígeno para animales y humanos. Monsanto lo sabía desde la década de 1980, pero en lugar de advertir sobre el riesgo se dedicó a ocultarlo, tanto en el etiquetado como a través de manipulaciones mediáticas, pagando a académicos para escribir artículos científicos falseados y corrompiendo o engañando funcionarios en agencias regulatorias (https://usrtk.org/monsanto-papers/).
El principal ingrediente de RoundUp es glifosato, inventado por Monsanto y por el que tuvo una patente monopólica por 20 años que le rindió cuantiosas ganancias. Cuando la patente estaba por vencer inventó los cultivos transgénicos tolerantes a su propio herbicida RoundUp, con lo que siguió dominando el mercado con la venta casada de la semilla y el agrotóxico.
Un elemento importante que quedó claro en este juicio es que además de la toxicidad propia del glifosato, los surfactantes y otros ingredientes del RoundUp –agregados para enfrentar la resistencia de malezas al glifosato– son también altamente tóxicos. Esto es muy relevante, porque las regulaciones sobre agrotóxicos, tanto en Estados Unidos como en América Latina, no exigen a las empresas evaluaciones de inocuidad de estos componentes secundarios, cuyo uso ha aumentado vertiginosamente debido a la resistencia por la expansión de cultivos transgénicos tolerantes al herbicida.
Como refiero en un artículo anterior (El veneno que nos legó Monsanto, La Jornada, 11/05/19), este es el tercer juicio contra Monsanto-Bayer ganado por las víctimas. Bayer apelará esta sentencia, pero hay otros 13 mil 400 juicios en proceso y siguen creciendo (https://tinyurl.com/y6y5xaor).
Poco antes de esta sentencia, el diario francés Le Monde denunció que Monsanto había contratado en 2016 a la firma de relaciones públicas FleishmanHillard, que realizó un fichaje de 200 personas que consideraba relevantes en la regulación de glifosato, agrotóxicos y transgénicos. El expediente se conformó mientras la Unión Europea estaba discutiendo si suspendía la autorización de uso de glifosato, que finalmente decidió prolongar cinco años más, debido justamente al masivo cabildeo empresarial.
El fichaje confidencial realizado por FleishmanHillard para Monsanto en Francia abarcó periodistas de Le Monde y otros medios, funcionarios públicos, parlamentarios, dirigentes de organizaciones civiles, ambientalistas y de agricultores, académicos y científicos. En la lista figura también Ségolène Royal, ex candidata a presidenta. Más de la mitad de los espiados son periodistas. La empresa seleccionó y agrupó en una tabla a 74 objetivos prioritarios, dividos en cuatro grupos: personas a vigilar, personas a educar, aliados y potenciales aliados a reclutar. Además de nombre y lugar de trabajo incluyeron sus direcciones y actividades personales, gustos, preferencias y opiniones políticas. Registrar este tipo de información sin consentimiento es ilegal en Francia, por lo que la justicia francesa inició una investigación a partir de la demanda de Le Monde. Podría ocasionar multas de 300,000 euros y hasta cinco años de prisión.
Bayer dijo desconocer las actividades de espionaje de Monsanto, pese a que tenía hasta ese momento un contrato con la misma firma, pero luego de encargar una investigación, el 21 de mayo, se disculpó por el espionaje. Informó además que partían de la base de que FleishmanHillard había realizado actividades similares en Alemania, Italia, Holanda, Polonia, España y Reino Unido, además de Francia.
Tanto Monsanto-Bayer como FleishmanHillard son empresas trasnacionales, por lo cual es lógico pensar que las actividades de espionaje y fichaje de opositores no se restringen solamente a estos países, ni solamente a Monsanto y Bayer. Todas las empresas de transgénicos, DuPont, Dow, Syngenta, además de Monsanto y Bayer, han contratado firmas, como FleishmanHillard, para campañas encubiertas en favor de transgénicos y agrotóxicos. No tienen argumentos para dar un debate abierto y honesto.

* Investigadora del Grupo ETC

jueves, 4 de abril de 2019

Ambiente tóxico para Monsanto

Condena en Estados Unidos a la firma del glifosato
Página 12

Un jurado de California condenó a Monsanto-Bayer a pagar 80 millones de dólares por haber ocultado los riesgos del Roundup.



 Una protesta contra Monsanto-Bayer a la salida del juicio en California.
Las tabacaleras negaron durante medio siglo que producían cáncer. Las petroleras rechazaron durante décadas sus responsabilidades en el cambio climático. La multinacional Monsanto-Bayer niega desde hace años los efectos del herbicida Roundup (en base a glifosato), pilar del modelo transgénico. En sólo ocho meses, tribunales de Estados Unidos condenaron en tres oportunidades a Monsanto-Bayer por producir cáncer y, en la última sentencia, se destacó que la multinacional ocultó los riesgos del glifosato. En Argentina se utilizan más de 200 millones de litros del agrotóxico y, en Estados Unidos, más de 11.000 juicios esperan sentencia.
El 27 de marzo pasado, un jurado de California condenó a Monsanto-Bayer a pagar 80 millones de dólares por “negligencia”, al haber ocultado los riesgos de su herbicida Roundup. La demanda fue presentada por Edwin Hardeman, un jubilado de la ciudad de Sonoma. Fue la segunda parte del juicio. En la primera, diez días antes, se había concluido que el agrotóxico fue un “factor determinante” en el linfoma No Hodgkin (cáncer) que se le diagnosticó a Hardeman en 2015.
“El jurado responsabilizó a Monsanto por sus 40 años de conducta delictiva corporativa”, explicaron los abogados del demandante, Jennifer Moore y Aimee Wagstaff. Las abogadas aportaron pruebas de cómo Monsanto tenía (y mantiene) una política permanente y planificada para comprar científicos, medios de comunicación y funcionarios.
El jurado (ante el juez Vince Chhabria) ya había determinado que el herbicida de Monsanto-Bayer había contribuido al cáncer de Hardeman, que lo utilizó en su campo durante dos décadas.
La primera condena para Monsanto-Bayer sucedió en agosto de 2018, también en California. Dewayne Johnson fue indemnizado con 289 millones de dólares por contraer cáncer en su trabajo como jardinero. En segunda instancia, el tribunal confirmó la responsabilidad de Monsanto pero redujo el monto a 78 millones de dólares.
Dewayne Johnson y Edwin Hardeman son los primeros de 11.000 juicios que esperan a Monsanto-Bayer en Estados Unidos. La trama judicial es actualizada en monsantopapers.lavaca.org, único sitio en español que informa de manera permanente.
“Las pruebas acumuladas sugieren que Monsanto conocía la existencia de los riesgos asociados a la exposición al glifosato desde comienzos de la década del 80”, señaló Anabel Pomar, única periodista argentina que sigue los juicios de Estados Unidos.
La alemana Bayer, que compró Monsanto en 2018, defiende al glifosato (y otros agrotóxicos que vende) de la misma manera que la compañía estadounidense: niega los cientos de estudios independientes que confirman los efectos en la salud.
Las acciones de Bayer caen ante cada sentencia (descendieron 12 por ciento la semana pasada). Es una incógnita qué pasará si los fallos a favor de Dewayne Johnson y Edwin Hardeman se repiten en cadena. Anabel Pomar, de “Monsanto Papers”, reveló que la consultora británica Jeffries LLC calculó que los juicios pendientes podrían representar alrededor de 680.000 millones de dólares contra Monsanto-Bayer.
En Argentina se aplica glifosato en 28 millones de hectáreas. Los campos de soja, maíz y algodón son rociados con el herbicida. También se utiliza en cítricos, frutales de pepita, vid, yerba mate, girasol, pasturas, pinos y trigo. A partir del avance transgénico, aumentó geométricamente el uso del glifosato. Entre las empresas que comercializan glifosato en Argentina figuran Monsanto-Bayer, Syngenta, Red Surcos, Atanor, Asociación de Cooperativas Argentinas, Nufram, Agrofina, Nidera, DuPont, YPF y Dow.
Los medios que publicitan el agronegocio minimizan u ocultan desde hace décadas las consecuencias de los agrotóxicos. “No hay estudios”, suelen decir. El secretario de Ciencia, Lino Barañao, resumió en 2009 la postura empresaria: “Es como agua con sal”. Ya como funcionario de Cambiemos volvió a defender al glifosato y a las empresas: “Con los antibióticos también hay mal uso y muertes, y nadie se queja”.
La investigación “Antología toxicológica del glifosato”, realizada por Eduardo Rossi de la Campaña Paren de Fumigar Santa Fe, dio cuenta de la existencia de al menos 830 trabajos científicos que confirman los efectos en la salud y el ambiente.
En 2015, la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC, ámbito especializado de la Organizaciones Mundial de la Salud) ubicó al glifosato en segundo nivel de peligrosidad (de una escala de cinco). “Probablemente cancerígeno para los seres humanos”, determinó.
Los defensores del agronegocio (que tienen negocios vinculados al agro) implementaron dos estrategias ante la evidencia contra el glifosato: impulsar las “buenas prácticas agrícolas”, con la ilusoria promesa de disminuir los riesgos y, por otro lado, intentar reemplazar el glifosato con otros herbicidas.
Los afectados por el agronegocio (pueblos fumigados, campesinos, indígenas, asambleístas socioambientales) aclaran que el problema de fondo no es el glifosato, sino el modelo agropecuario en base a transgénicos y uso masivo de agrotóxicos.