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domingo, 29 de septiembre de 2013

Bangladesh recurre a paramilitares para reprimir huelgas de trabajadores del textil



El Gobierno de Bangladesh ha desplegado tropas paramilitares en un barrio industrial de la capital, Dacca, para contener a los miles de trabajadores del textil que se mantienen en huelga desde hace casi una semana para reclamar un aumento del salario mínimo.

Un oficial de la Guardia Fronteriza de Bangladesh (BGB) ha declarado a la agencia de noticias china Xinhua que “se ha desplegado a los paramilitares en distintos puntos estratégicos de la zona industrial de Gazipur, en el extrarradio de la capital, para impedir incidentes”. Gazipur alberga un centenar de fábricas textiles destinadas sobre todo a las grandes cadenas industriales de distribución.
Alrededor de 70 personas, entre trabajadores y agentes de Policía, resultaron heridas el jueves por los enfrentamientos en las zonas industriales de Narayanganj, Gazipur y Savar, en Dacca. Al igual que en días anteriores, miles de trabajadores tomaron este viernes las calles. Cerca de una decena de fábricas se han visto obligadas a suspender sus actividades a causa de las masivas protestas.
Las movilizaciones comenzaron el pasado sábado, cuando la federación de sindicatos del textil convocó una manifestación masiva –en la que participaron cerca de 50.000 trabajadores– para reclamar un aumento del salario mínimo hasta los 8.000 takas (cerca de 75 euros) y mejoras en las condiciones de trabajo.
La última actualización del salario mínimo para los 2,5 millones de trabajadores del textil se produjo en julio de 2010, cuando el Gobierno lo fijó en 3.000 takas. Los empresarios se han negado a aceptar las nuevas reivindicaciones de los trabajadores y no se mueven de su oferta de 3.600 takas.

El sector textil

Aparte, el sector está particularmente sensibilizado por las malas condiciones de trabajo desde el pasado 24 de abril, cuando al menos 1.130 personas perdieron la vida a causa del hundimiento del Rana Plaza, un edificio que albergaba cinco fábricas del textil en Savar, en Dacca. Los trabajadores habían sido obligados a permanecer en el inmueble a pesar de que había un evidente riesgo de derrumbamiento.
Aquel accidente puso en el punto de vista internacional al sector del textil de Bangladesh, el segundo mayor mundial exportador de ropa después de China. Los bajos costes de mano de obra y la inseguridad laboral hacen que Bangladesh, un país con 160 millones de habitantes, sea el lugar más barato para producir grandes cantidades de ropa, de las cuales el 60 por ciento tiene como destino Europa, y un 23 por ciento Estados Unidos.
EP

viernes, 17 de mayo de 2013

Camisetas hechas con sangre y lágrimas


El dolor de Bangladesh


The Palestine Chronicle

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

Mientras hablaba con el corresponsal de la BBC en su destartalada habitación a la que llaman hogar en Dhaka, Bangladesh, un hombre sollozaba junto a su hija de 12 años. La cara del padre, surcada de arrugas prematuras, era la expresión misma de la angustia. Solo podría entenderlo un padre cuyo hija agonizara bajo gigantescas losas de hormigón sin que se pueda hacer nada. “Si está muerta”, decía, “lo único que quiero es enterrarla con mis propias manos, para saber al menos que finalmente he encontrado a mi hija”. Este hombre desesperado se deshizo entonces en lágrimas incontrolables.

Su hija Hamida había estado trabajando hombro con hombro con su otra hija pequeña que escapó milagrosamente al desmoronamiento de varias fábricas en el edificio Rana Plaza de Dhaka el 24 de abril.

Se recuperaron cientos de cadáveres, la mayoría de ellos de mujeres jóvenes y de chicas que vivían de su trabajo en condiciones extremadamente duras en las muchas fábricas de confección del país en las que se explota a los y las trabajadoras. Otros cientos de personas continúan atrapadas entre los escombros y se cree que están muertas. Muchas de las personas que fueron rescatadas tuvieron que sacrificar un miembro ya que esa era la única manera de rescatarlas.
Las imágenes de la devastación predominaron en las noticias varios días después de que se derrumbara el edificio de ocho plantas sobre casi 3.000 trabajadores míseramente pagados que ya estaban atrapados en otro sentido, en la interminable pobreza y explotación de los dueños de la fábrica.

Más de 3.5 millones de personas trabajan en las aproximadamente 4.000 fábricas del país, que generan cerca del 80% de las exportaciones totales de Bangladesh. Según algunos cálculos, el salario mensual de estos trabajadores de Bangladesh es de entre 70 y 100 dólares al mes. Según otros cálculos es aún menor, teniendo en cuenta que el salario mínimo del país ronda los 38 dólares al mes.

En declaraciones a la BBC el pasado mes de agosto Rosa Dada de [la compañía] Four Seasons Fashion Limited consideraba que la lógica del negocio es simple y convincente: “En Bangladesh el salario medio mensual de los y las trabajadoras textiles es solo entre 70 y 100 dólares. Si produzco aquí, el precio es mucho más competitivo”. La clave es la competitividad, aun cuando sea a expensas de empobrecer a personas que no tienen más opción que aceptar un salario miserable y unas condiciones laborales extremadamente peligrosas. Por supuesto, un ejecutivo de Four Seasons no aceptaría trabajar por 70 dólares al mes. Dada debe de saber que la mayoría de los trabajadores de la industria textil de Bangladesh son mujeres. Cuando se calculan las perdidas a largo plazo que provoca la muerte de una madre que trabaja en unas condiciones inhumanas no hay cifras ni estadísticas ni gráficos ni, indudablemente, intento alguno por parte de Dada de superar a los rivales que pueda hacer justicia a esta tragedia.
La historia del dolor de Bangladesh está salpicada de tragedia, de corrupción del gobierno y de codicia en estado puro. También implica a muchas compañías y distribuidores de la industria de confección en los países occidentales, China, Oriente Próximo y otros lugares.

Por otra parte, no sería exagerado afirmar que de alguna manera nuestro anhelo constante de precios baratos, el indomable deseo de “gangas” y la codicia por las marcas son posibles a expensas del sudor, la sangre, las lágrimas y, en algunos casos, los huesos quebrados de la mano de obra barata como Hamida, de 13 años.

[Las compañías] Walmart, Gap, JCP, Abercrombie, Kohl's y muchas otras tienen mucho que ver con esta historia. Algunas de estas compañías se siguen negando a emprender acciones reales para evitar futuras tragedias.

El desmoronamiento del edificio Rana Plaza no fue el primero de estos desastres y probablemente no será el último, especialmente porque el gobierno no emprende acción alguna al respecto, por no decir más.

Por lo que se refiere a la mayoría de las compañías occidentales, se limitan a recurrir a tácticas de relaciones públicas para eludir sus responsabilidades directas e indirectas, lo cual es opuesto a replantearse su absolutamente negligente actitud.

Es cierto que ha habido una gran cobertura de la tragedia por parte de los medios, lo cual es inaudito incluso para las pobres condiciones de trabajo del país. Pero durante muchos años ha habido muchas pruebas de que se ha abusado, humillado y sacrificado a los trabajadores y trabajadoras de Bangladesh en nombre del beneficio. Los propietarios explotadores suelen cerrar con llave las puertas de salida para asegurarse de que los trabajadores no pueden salir. Construyen sin permisos y las autoridades hacen la vista gorda ante sus muchas prácticas ilegales.

Según Human Rights Watch, el gobierno cuenta con 18 inspectores que se supone supervisan e impiden prácticas ilegales en las miles de fábricas del distrito de Shaka, que es el centro de la industria de confección. Los activistas de los derechos de los y las trabajadoras mantienen que se paga espléndidamente a los funcionarios por su silencio. Human Rights Watch afirmó que “los dueños de las fábricas, una fuerza poderosa en Bangladesh, con vínculos con altos cargos del gobierno, suele recibir con antelación el aviso de que va a haber una inspección”.
Hace exactamente cinco meses murieron 112 trabajadores en una fábrica de confección Tazreen Fashions cerca de Dhaka. Algunos trabajadores se arrojaron a la muerte de desde ventanas situadas a gran altura para escapar del fuego porque las puertas estaban cerradas. Entre los restos del edificio quemado también se encontraron las huellas de la complicidad de las compañías internacionales.

El Foro Internacional de Derechos Laborales (International Labor Rights Forum, ILRF) afirmó recientemente que “en Tazreen se encontraron productos con etiquetas de Walmart y ahora una de las fábricas del complejo Rana, Ether-Tex, había incluido Walmart-Canada en la lista de compradores de su página web”. Como era de esperar, “todavía se espera que Walmart contribuya al fondo de compensación de los y las trabajadoras destinado a las víctimas de Tazreen”.

Pero hay más cosas que Walmart y otros no han hecho todavía. Todavía no ha firmado el Acuerdo de Bangladesh sobre Seguridad e Incendios de los Edificios que, según el ILRF, es un “acuerdo vinculante legalmente que solo lo han firmado dos marcas globales y que (si se implementara) crearía unas inspecciones, transparencia y vigilancia rigurosas, y garantizaría que tanto los y las trabajadoras como sus organizaciones son parte integral de la solución”.
Para evitar el “lío” de las responsabilidades algunas compañías han decidido llevar a cabo sus propias inspecciones y, por supuesto, asegurarse de que los medios de comunicación conocen su supuestamente enorme esfuerzo.

Las dos compañías que han firmado el acuerdo son el minorista alemán Tchibo y PVH Corp, dueña de las marcas Calvin Klein y Tommy Hilfiger. Pero para que el acuerdo surta efecto se necesitan las firmas de dos más. Walmart, junto con otras gran compañías, todavía tiene que firmar.

Considerando la corrupción galopante y la extrema necesidad de Bangladesh de fondos extranjeros que en parte garantizan los 20 millones de dólares anuales procedentes de la industria, hay pocas esperanzas de que el gobierno haga mucho para solucionar la injusticia que impera actualmente.

No han tenido éxito los intentos de sindicar a los trabajadores de la industria de confección. Según se ha informado, la policía acosó al respetado defensor de los derechos de los y las trabajadoras Aminul Islam, se le intervino su teléfono y, según informó The New York Times el pasado mes de septiembre, “agentes de la inteligencia interna lo secuestraron y le golpearon”. Cuando el pasado 4 de abril desapareció durante cuatro días todo el mundo sabía quién era el culpable de ello. Dos días después se descubrió su cuerpo. Habría sido torturado hasta la muerte. Su pequeña oficina estaba en unas edificios de torres, algunas de ellas seguramente construidas sin permiso. Los y las trabajadoras de Dhaka perdieron un gran amigo, un aliado, con su asesinato. Ahora han perdido a cientos de sus igualmente pobres colegas cuyo salario completo apenas llega para comprar un producto de la marca Tommy Hilfiger.

El periodista alemán Hasnain Kazim y otros escribieron en Spiegel International online que “[...] el desastre […] provocó imágenes y sonidos que para muchos serán difíciles de olvidar. Por ejemplo, Rezaul recuerda vívidamente a una mujer con el pelo alborotado y la cara ensangrentada cuya pierna estaba inmovilizada por una columna de hormigón. 'Me pidió que le cortara la pierna y la liberara', afirmó. 'Dio la casualidad que yo estaba ahí'". La foto principal del artículo era la de una cabeza que apenas sobresalía sobre un montón de hormigón, mientras que el resto del cuerpo, excepto un brazo, estaba sepultado. Era el rostro de un joven guapo, con los ojos plácidamente cerrados y el brazo que tenía libre descansando delicadamente sobre los cascotes.

Lo más doloroso de esta tragedia es que era completamente previsible, pero quizá ni al gobierno ni a Walmart y las demás compañías les parecía un asunto lo suficientemente urgente como para emprender una acción decisiva con el fin de evitar a estas personas pobres una muerte horrible.

Ramzy Baroud (www.ramzybaroud.net) es editor de PalestineChronicle.com. Su último libro es My Father Was A Freedom Fighter: Gaza's Untold Story (Pluto Press) [Véase, Entrevista a Ramzy Baroud con ocasión de la publicación en francés de su libro "Résistant en Palestine, une histoire vraie de Gaza", http://www.rebelion.org/noticia.php?id=168208]
Fuente: http://palestinechronicle.com/the-pain-of-bangladesh-t-shirts-made-with-blood-and-tears/#.UZJn69d5MxA

martes, 14 de mayo de 2013

Bangladesh: Obreros del textil paralizan 100 fábricas en demanda de mejoras laborales



Las autoridades textiles de Bangladesh ordenaron este lunes el cierre temporal de 100 fábricas del distrito industrial de Ashulia por las protestas de trabajadores contra la explotación laboral.

Los trabajadores no recibirán su sueldo durante el tiempo que se prolongue el cierre.
“Durante los últimos días ha habido protestas violentas y se ha decidido cerrar los talleres de Ashulia hasta que la situación vuelva a la calma”, explicó una fuente, que ha preferido mantenerse en el anonimato.
De esta forma, 100 fábricas textiles dejarán de producir, de manera indefinida, por lo que el parón podría prolongarse varios días.
Esta medida llega pocas horas después de que el Gobierno de Bangladesh anunciase la creación de una comisión que estudiará la subida del salario mínimo en el sector, para aplicarla con efecto retroactivo desde el 1 de mayo. Esta comisión estará integrada por representantes gubernamentales, de las fábricas y líderes sindicales que, según explico Tarek Zahirul, portavoz del Ministerio de Textiles, en un plazo de tres meses, realizarán una serie de recomendaciones.
Actualmente, el salario mínimo mensual en el caso de los puestos de menor rango y peor pagados en este sector ronda los 29 euros. La última vez que se subieron los sueldos fue en 2010, cuando se pagaba un mínimo de unos 16 euros.
Por otro lado, el Gobierno también ha aprobado un paquete de enmiendas a la Ley Laboral de 2006, que que será introducida en el Parlamento en un plazo de dos meses, que reconoce el derecho a crear sindicatos sin el permiso de las fábricas o la obligatoriedad de un seguro médico y de vida para los trabajadores.
El país se encuentra conmocionado desde que el pasado 24 de abril se derrumbase un edificio de nueve plantas a las afueras de Dacca, con cinco talleres textiles que producían para grandes marcas occidentales.
Según publicó la página web de la organización en defensa de los derechos de los consumidores, FACUA, dos de las fábricas que ardieron en el incendio fabricaban para marcas de moda como la española ‘Mango’.
En concreto, los talleres New Wave Style y New Wave Bottom, producían producto textil para ‘Mango’ y la italiana ‘Benetton’, ha afirmado la organización ‘Bangladesh Center for Workers Solidarity’. La primera también fabricaría para marcas muy conocidas en Reino Unido como ‘Primark’ y ‘Bonmarche’. El Corte Inglés también confirmó que tiene relación comercial con empresas locales implicadas en el siniestro.
Casi tres semanas después de la tragedia, en la que murieron más de 1.127 personas y otras 2.438 resultaron heridas, la operación de búsqueda de cuerpos y desescombro, liderada por el Ejército, pero que el martes será transferida a la administración local, continúan recuperando cadáveres entre las ruinas de la “zona cero”.
EFE

jueves, 2 de mayo de 2013

Dacca, símbolo del trabajo esclavo, exige justicia después del derrumbe que dejó 400 muertos



En el edificio había cinco talleres de confección que trabajaban en particular para las marcas españolas Mango y británica Primark. Siete personas, incluida el propietario del edificio Rana Plaza, fueron detenidas y acusadas de homicidio involuntario.
Luego de la tragedia de los talleres de confección que dejó más de 400 muertos, decenas de miles de manifestantes salieron a las calles de la capital de Bangladesh este 1 de mayo para exigir la horca para los dueños de los locales que fabricaban ropa para marcas occidentales.
402 muertos, un millar de heridos y 149 desaparecidos es el último balance de las víctimas del derrumbe del Rana Plaza, un edificio de ocho pisos que albergaba talleres de confección.
Una semana después del desploma del inmueble, los socorristas calculan que se necesitarán hasta 15 días más para seguir buscando cuerpos entre los escombros. La última persona con vida fue encontrada entre los restos del edificio el sábado.
“Queremos el castigo más severo para los responsables de esta tragedia”, dijo Kamrul Anam, uno de los dirigentes de la Liga Bangladeshí de la industria Textil y de Confección.
El gobierno del segundo exportador mundial de textiles -después de China- recibe críticas de todas partes. En el edificio había cinco talleres de confección que trabajaban en particular para las marcas española Mango y británica Primark.
Por lo pronto, Primark se comprometió a indemnizar a las víctimas de la catástrofe, en particular a los niños que quedaron huérfanos, mientras el grupo canadiense de distribución alimentaria Loblaw anunció también que iba a aportar una ayuda “significativa” a las familias de las víctimas.
Por otra parte, los familiares de las víctimas sospechan que el gobierno rechazó la ayuda propuesta por países extranjeros para participar en las operaciones de socorro, lo que las autoridades de ese país han desmentido.
Entretanto, siete personas, incluida el propietario del edificio Rana Plaza, fueron detenidas y acusadas de homicidio involuntario. Entre los acusados figuran también los ingenieros civiles que ordenaron a los obreros que volvieran a sus puestos de trabajo a pesar de las fisuras detectadas en los edificios.
En modo de protesta, la mayoría de las 4.500 fábricas textiles permanecen cerradas desde hace una semana.
RFI

lunes, 29 de abril de 2013

Bangladesh: Trabajadores del textil se rebelan ante explotación de empresas occidentales



Los trabajadores del sector textil en Bangladesh han protagonizado este viernes violentas protestas en distintos puntos del país después de que el derrumbe de un edificio, en el que había cinco fábricas de ropa, se haya cobrado ya la vida de 292 personas y haya dejado más de un millar de heridos, informan los medios locales.
Los equipos de rescate siguen trabajando contrarreloj en busca de supervivientes entre la montaña de escombros a que quedó reducido el miércoles el Rana Plaza, un edificio de nueve plantas en Savar, localidad próxima a Dacca.
Hasta mediodía han conseguido recuperar otros 34 cadavéres, lo que eleva el balance a 292 fallecidos, 241 de los cuales ya han sido entregados a sus familias, según informa el ‘Daily Star’, que cita a responsables del recuento de víctimas. Además, unas 2.100 personas han conseguido salir con vida de la tragedia.
Entretanto, miles de trabajadores del sector textil se han manifestado este viernes en Dacca por la muerte de sus compañeros en la tragedia y para reclamar que se castigue a los propietarios de las fábricas para las que trabajaban.
La Policía, tras inspeccionar el edificio, ordenó su cierre pero su propietario, Sohel Rana, pidió a un ingeniero que realizara un informe favorable en el que se aseguraba que el edificio era seguro que presentó a los cinco empresarios textiles que tenían sus fábricas en el mismo. Dos de ellos ordenaron a sus trabajadores que fueran a trabajar el miércoles.
La protesta de los trabajadores textiles ha cortado el tráfico en algunos puntos de la capital. Además, algunos de ellos, muy enfurecidos, han atacado un centenar devehículos armados con palos y otros utensilios en distintas zonas, según el ‘Daily Star’. Asimismo, también se han producido algunos ataques puntuales contra fábricas de ropa.
Precisamente, en la localidad de Gazipur, en la provincia de Dacca, trabajadores del sector textil han prendido fuego a dos fábricas de ropa, en las que los bomberos han tenido problemas para llegar ya que los manifestantes habían bloqueado el tráfico.
Las organizaciones por la defensa de los trabajadores textiles en Bangladesh han denunciado que la responsabilidad de que ocurran numerosos accidentes en este lucrativo sector es de la negligencia del Gobierno y de las empresas occidentales, más interesadas en el ahorro de costes que en la seguridad.
La catástrofe, pone en jaque una vez más a un sector que el año pasado generó 15 millones de euros en exportaciones, y que contribuyó a difundir en casi todos los hogares occidentales la etiqueta ‘Made in Bangladesh’.
Algunos de los trabajadores del edificio Plaza Rana Savar cobraban 28 euros al mes, haciendo ropa para la asequible marca irlandesa ‘Primark’, entre otras empresas.
En enero ya se produjo un incendio en una de las fábricas de suministro de la empresa española Inditex, líder mundial en la industria textil y propietaria de la marca Zara, que causó ocho muertos (dos de ellos, menores de edad).
LibreRed