Somos un Colectivo que produce programas en español en CFRU 93.3 FM, radio de la Universidad de Guelph en Ontario, Canadá, comprometidos con la difusión de nuestras culturas, la situación social y política de nuestros pueblos y la defensa de los Derechos Humanos.
Mostrando entradas con la etiqueta Mercosur. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mercosur. Mostrar todas las entradas

jueves, 10 de octubre de 2019

Acuerdo Mercosur-UE: Hay mucho abierto como para decir que ya está cerrado

Entrevista a Luciana Ghiotto, de la Asamblea 'Argentina mejor sin TLC'


M.H.: Estuviste participando de la contra cumbre del G7 en Biarritz.
L.G.: La Contra-cumbre fue en otra ciudad, en Hendaya, es un poco más al sur porque Biarritz estaba completamente sitiada. Es una ciudad pequeña, como si fuera Pinamar o más chica, es una ciudad veraniega para los franceses y de alto nivel económico. Estuvo sitiada durante los tres días de la cumbre, así que los comerciantes estaban bastante enojados. Agosto es un mes de muchísimo calor allá, es verano en el hemisferio norte, temporada alta y a Macrón se le ocurrió poner Biarritz como sede para la cumbre del G7. Así que la Cumbre de las alternativas estuvo situada en la ciudad de Hendaya que también es en el país vasco-francés pero en el límite con España por lo cual las actividades se hacían tanto del lado francés como del español, cruzando un puente porque están de un lado o del otro. Ese fue el contexto en el cual se hizo esta Contra-cumbre.
Fue una Contra-cumbre bastante franco-española, ha habido momentos en que el movimiento social europeo estaba más presente pero hay algunas condicionalidades que hicieron que no hubiera tantísima gente como en otras ocasiones. Hay que pensar que es verano, como si la hiciéramos en febrero acá. Había muy poca gente disponible. Aun así calculan unas 15.000 personas, que es un número bastante interesante y de hecho ese número había en la movilización del último día.
Fue una cumbre de alternativas basada en un trabajo local, con mucha experiencia vasca, muy centrada en el tema de los refugiados, así que el tema de las migraciones fue bastante fuerte. Ellos están atrasados con el tema del feminismo, de las luchas feministas. Tuvieron un encuentro, un foro feminista que intentó recuperar la experiencia del paro de mujeres, contaban allí que en Europa están recién empezando; entonces escuchar la experiencia argentina les resulta muy reconfortante porque ven que hay mucha más organización en el sur y también contar la experiencia de los ENM y de la lucha que explotó el año pasado por la Ley de legalización del aborto. Es interesante el diálogo entre Europa y el sur; uno puede aprender allá y ellos aprenden de nuestra experiencia acá.
M.H.: Con respecto al G7 ¿qué nos podes comentar? 
L.G.: El G7 estuvo pintado de la guerra comercial y el hartazgo de algunos líderes europeos con respecto a Donald Trump. Hubo una alianza tácita, que se vio en las actividades oficiales entre Angela Merkel y Macrón frente a Donald Trump.
No salió mucho del G7, tuvo más importancia lo que pasó alrededor. En el marco del G7 Macrón anunció esta idea de que en el contexto de las quemas del Amazonas él no estaba dispuesto a apoyar el acuerdo Mercosur-Unión Europea y también tiró esta idea, que le cayó tan mal a Bolsonaro, de que iban a movilizar un fondo para la reforestación del Amazonas.
Es cierto que en términos de lo que es la soberanía estatal se están metiendo en un territorio que no es del mundo sino territorio soberano brasileño, así que eso cayó muy mal en las altas esferas nacionalistas en Brasil pero, por otro lado, generó la simpatía de muchos sectores en Europa que no les cae para nada bien la política de Bolsonaro.
Estuvo teñida por todas estas cosas que suelen pasar en estos foros, en los que últimamente no se resuelve nada y parece más una novela, todo lo interesante pasa alrededor de la historia principal. Todo esto no está en las declaraciones finales del G7 aunque, sin embargo, tienen relevancia para la política global.
M.H.: Hacías referencia al acuerdo UE-Mercosur, y hoy es el Día de la acción global contra la OMC y los Acuerdos de libre comercio. Leyendo la declaración de Vía Campesina (VC), hacen una advertencia bastante interesante y me gustaría que hagas una reflexión al respecto. Ellos señalan “(…) Que no nos engañen con esta sarta de amenazas falsas, proferidas por los países occidentales para abandonar la Organización Mundial del Comercio. Lo que hemos estado viendo durante la última década es que han pasado al plan B, varios acuerdos bilaterales y regionales de comercio, aún más libre y nuevos bloques de comercio unificados”.
L.G.: Lo que ellos están planteando tiene un doble análisis, la VC es el espacio o red global que más ha criticado a la OMC. Hace muy poquito cumplió los 25 años, así que tiene los mismos años que el NAFTA, el acuerdo entre México, Canadá y EEUU. Estamos halando de 1994/5 que es cuando arrancan estos mega tratados. Y en ese año también arranca la OMC.
La VC tenía una política extremadamente radical frente a la OMC, mucho más que otras organizaciones dialoguistas o que han afirmado que los espacios multilaterales son mejores que los bilaterales. Es decir, el espacio multilateral del comercio es la OMC y que más allá de las críticas tenemos que preservarlo porque si no vienen los grandes y nos comen de a uno por separado.
La VC ha tenido una política muy coherente de decir que la OMC mata campesinos, la OMC es muestra de la injusticia de la relación campo ciudad a nivel global, de la falta de soberanía alimentaria e inclusive de seguridad alimentaria. Ellos han tenido esa política muy fuerte y el 10 de septiembre es el día en que ellos llevan adelante esta lucha global que tiene que ver con el aniversario trágico del suicidio de un campesino surcoreano en 2003 en las barricadas en Cancún, cuando se realizaban las ministeriales de la OMC en esa ciudad. Este campesino se hace el harakiri, se suicida con un cuchillo en señal de protesta.
M.H.: Se dedicaba a cultivar arroz en Corea.
L.G.: Exactamente, los campesinos surcoreanos que son realmente campesinos, no son pequeños productores con grandes terrenos como vemos en otros lugares; son campesinos asalariados en el campo que dependen de su fuerza de trabajo para vivir cada día y lo que ellos quieren demostrar con este tipo de actos es que la OMC mata campesinos. Es decir, ellos no pueden reconciliarse con una organización que por más que la quieran pintar de rosa, siempre va a quedar muy marcada por estas injusticias.
Eso es lo que la VC nos está marcando y es una de las grandes organizaciones que hay que escuchar, porque ellos nos están recordando esto hoy, en un contexto de la crisis de la OMC, donde claramente está por morir la OMC y donde muchos sectores reformistas, progresistas, han salido a querer salvar el multilateralismo frente a la guerra comercial.
La Vía Campesina nos recuerda que no hay que salvar a la OMC, en todo caso hay que discutir la creación de otra institución global multilateral que pueda dar cuenta de otras formas de comercio y de otras relaciones económicas, eso es lo interesante que nos dice VC de una manera muy coherente, no tratando de salvar las papas del comercio global en un contexto de guerra comercial entre China y EEUU. Ellos dicen que hay que seguir con una crítica a fondo y hay que discutir otro tipo de organización donde no sean las agendas de las corporaciones las que estén sobre la mesa sino que sean las de los pueblos.
M.H.: Otro aspecto que me llamó la atención es cuando ellos ubican a los denominados Tratados de comercio como plan B.
L.G.: Porque cuando entra en crisis el multilateralismo lo que proliferan son los tratados multilaterales, eso es lo que están viendo. Es discutible actuar por actuar, pero es cierto que en el caso de la UE en los últimos 5 años ha tenido una agenda bilateral muy fuerte a pesar de que son los que se presentan como los adalides del multilateralismo, frente al bilateralismo de EEUU.
La UE ha tenido una agenda súper agresiva de firma de Tratados de libre comercio en los últimos años, con países como Japón, Vietnam, Malasia. Avanzan con los países africanos, avanzan con el Mercosur ahora, intentaron cerrar un acuerdo con el propio EE UU, hay negociaciones con China dando vueltas. Es decir que tenemos una agenda súper prolífica de la propia UE.
Por otro lado, China avanza con su iniciativa del Belt and Road Initiative, esta Ruta de la Seda del siglo XXI que también es una movida bilateral, porque China es el grande que negocia con los países chiquitos, con mucha menor capacidad económica. Es una cuestión bastante compleja, incluso ese plan B que son los tratados de libre comercio, no son algo positivo porque se impone el más grande, pero tampoco eso supone volver al plan A que era la OMC porque tenemos todas estas críticas desde su inicio.
Hay que hacer un buen diagnóstico, me parece que está llamando la atención de esto la VC, y ser coherentes con las propuestas alternativas que se hacen ante ese escenario.
M.H.: ¿Cómo ves el futuro del acuerdo Mercosur UE a partir de estas críticas del Presidente Macrón? Porque hacia fines de julio, Clarín entrevistó a Cecilia Malmström, la Comisaria europea de comercio, y le preguntan precisamente si “los agricultores europeos son los perdedores en este acuerdo” y ella responde: “Claro que no, son grandes ganadores en vinos, quesos, bebidas espirituosas, comida procesada, no son en absoluto perdedores.” Y al mismo tiempo sostiene: “El acuerdo entre el Mercosur y la UE ya está hecho, no se renegocia”.
¿Cómo entender entonces la posición y la postura crítica de Macrón?
L.G.: Ambas posiciones están expresando las tensiones que hay dentro de la UE respecto de esta unión con el Mercosur. Por algo es el acuerdo que más años ha llevado a nivel global de negociaciones, fueron 20 años sin ningún acuerdo. Si pensamos acuerdos mega regionales como el Tratado Transpacífico que aun cuando se retira EEUU, entre que se negocia y se firma pasaron 5 años, piensen que 20 años es muchísimo tiempo. Parecía que nunca se iba a llegar a un acuerdo, pero tiene que ver con esas tensiones dentro de la UE porque, efectivamente, siempre con un tratado de libre comercio hay sectores que ganan y otros que pierden. Los que ganan, ganan muchísimo.
Ese es el tema, lo que están viendo en la UE es que hay sectores que van a ganar muchísimo, de manera inconmensurable, por ejemplo, los automotrices; y algunos sectores más pequeños en términos de agricultura de los países del sur como España, Italia, Grecia, con el acuerdo, al menos lo que hemos visto que ya está publicado, han logrado traer al sur aceite de oliva a arancel cero. Imagínense si compiten de igual a igual un aceite español con uno mendocino. El consumidor en la góndola ante un precio similar probablemente elija el español por una cuestión de marketing y costaría un trabajo muy grande de instalación de marcas de los del sur.
O sea que hay sectores que van a ganar y otros que van a perder mucho, por ejemplo, en la propia España, los productores de cítricos están viendo que van a entrar los famosos limones argentinos con cero arancel a la UE. Entonces esa tensión está de un lado y del otro.
El tema de los incendios en el Amazonas a Macrón, a Irlanda y Polonia les vino como anillo al dedo, porque fueron como una excusa externa para decir que están en contra del acuerdo. Cuando en realidad, cuando anuncian el acuerdo el 28 de junio que era un viernes, Macrón estaba llegando al G20 en Japon, él vuelve el lunes a Francia y cuando le preguntan por las negociaciones dice que tienen que revisar todo el acuerdo. Ahí se choca con las palabras de Cecilia Malmström, que dice que el acuerdo está cerrado.
En realidad no está cerrado. Lo que ellos anunciaron fue que se cerraban los puntos más problemáticos pero hace 3 días nos enteramos que sacaron ya lo que sería el capítulo final de propiedad intelectual. Eso deja en claro que sigue sobre la mesa y hasta que no se cierre todo el paquete no se puede afirmar que el acuerdo está listo y recién ahí tiene que ser firmado y luego pasar por el proceso de ratificación. Así que quedan varios pasos que son muy políticos, se sigue negociando, está abierto y va a depender mucho también de este escenario extra que son los incendios en el Amazonas, la postura de Bolsonaro con respecto a los acuerdos climáticos de París y ver qué pasa hacia fin de año en la COP 25 que va a ser en Chile, que es el espacio donde se discuten los avances en términos del Acuerdo de París. Hay mucho abierto como para decir que hay cosas que están cerradas.
La OMC está al borde de la muerte
M.H.: ¿Qué se puede esperar de la próxima reunión ministerial de la OMC en Kazajistán?
L.G.: Nada. La OMC está al borde de la muerte. No están pudiendo respetar los dos años entre una ministerial y otra. Esta va a ser a dos años y medio, están tratando de llegar a diciembre con vida, su director general Roberto Acevedo lo dijo con gran claridad.
M.H.: Sobre todo la burocracia de la OMC.
L.G.: Ni siquiera están pudiendo hacer que la burocracia funcione, eso es lo más notorio. El tema del bloqueo a la OMC desde que Trump estaba en campaña, por haber aceptado el ingreso de China como país mediano, cuando él dice que China es gigante desde 2001 y que tenía que entrar con condiciones de economía de mercado desde el principio, no como una economía con ciertas salvaguardas.
Lo que ahora hace Trump es no nombrar a los árbitros en el órgano de solución de diferencias de la OMC. Estos son los jueces de la OMC. Lo único que viene funcionando de la OMC en estos últimos años era este órgano y Trump lo bloqueó. Por eso esa burocracia de la OMC no está funcionando. Y era lo único que funcionaba porque ya desde 2003 la OMC no ha avanzado en grandes acuerdos como había a fines de los 90.
El escenario es muy diferente ahora y por eso están en período de supervivencia, en ver si sobrevive a esta guerra comercial, donde parecía que en agosto había una nueva tregua y a los 3 días Trump vuelve a subir los aranceles. Así que está todavía muy abierto el proceso. Y la OMC no tiene nada para decir ahí.
M.H.: No termina de cerrarse y lo más probable es que no se cierre, salvo que haya cambios en el gobierno norteamericano.
L.G.: Me parece importante mencionar la postura del Mercosur en el tema del tratado UE-Mercosur. Creo que hay que estar muy atentos a lo que viene en el próximo proceso en Argentina porque si se fijan en la postura del candidato Alberto Fernández es bastante ambigua con respecto al acuerdo.
Es importante estar alertas sobre todo algunas organizaciones que en un primer momento estaban contentas con que él dijera abiertamente que le parecía que había que revisar el acuerdo porque no es simétrico, sino que es un acuerdo que genera muchas desigualdades y ahora en España fue mucho más cauto, empieza a utilizar un lenguaje pragmático.
Entonces, hay que estar muy atentos desde las organizaciones sociales en la Argentina porque habrá que salir muy fuerte a presionar para que no se concrete.
M.H.: Precisamente España empujó mucho por este acuerdo. 
L.G.: España fue uno de los que siempre impulsó el acuerdo, además tiene a los inversores extranjeros que más invierten en Argentina, así que tienen mayor cantidad de inversiones ya en Argentina, los ejemplos de Telefónica, el Santander y el BBVA son sólo para arrancar.
M.H.: Alberto Fernández en España tuvo el trato de un Jefe de Estado.
L.G.: Totalmente. Por eso esa cena que trascendió que tuvo con Pedro Sánchez, pasa a ser un momento político muy relevante que hay que leer en este momento de pragmatismo frente a la alta posibilidad de que gane las elecciones, entonces en ese contexto tendrá que tomar la decisión de qué hacer con este acuerdo. Hay que ver quién será su Canciller y qué política se toma. Claramente la “real politik” está ganando ahí y las organizaciones sociales tenemos que salir fuertemente a decir que estamos en contra de este acuerdo. 

miércoles, 4 de septiembre de 2019

Se profundiza el proceso de desintegración regional en el Mercosur



Desde el momento en que se hicieron públicos los resultados de las PASO ( elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias), en la República Argentina , Jair Bolsonaro y dos Ministros de su Gabinete, los de Hacienda y Relaciones Internacionales, manifestaron públicamente, que, de resultar electo en Argentina el candidato Alberto Fernández, Brasil abandonaría el Mercosur.
El argumento esgrimido para lanzar tamaño exabrupto, que sorprendentemente no fue cuestionado por la cancillería argentina, fue que las políticas aplicadas, oportunamente, por los gobiernos kirchneristas, entorpecieron la celebración del Acuerdo con la Unión Europea (EE), el cual recientemente ha sido negociado. Por otra parte, durante la campaña electoral, Alberto Fernández, en más de una oportunidad, manifestó, que si resultaba electo, revisaría los contenidos del mismo.
El Acuerdo aún no está firmado, falta que se proceda a la revisión legal del texto y que se efectúen las traducciones correspondientes, para que los cancilleres estén en condiciones de firmar los textos del Acuerdo y remitirlos a sus respectivos Parlamentos, para su aprobación. Resulta evidente que estos eventos se llevarán a cabo cuando asuma el próximo gobierno argentino, el cual será, de neto perfil kirchnerista.
El Acuerdo Mercosur-UE consta de tres pilares, el económico, el político y el de cooperación. Los pilares político y de cooperación, por sus características y contenidos, son de naturaleza intergubernamental, por lo cual, requieren que cada uno de los miembros de la UE deban aprobarlos en forma individual, lo cual implica un proceso sumamente lento y engorroso.
Por el contrario el pilar económico–comercial es supranacional, por lo cual entra en vigor luego de la revisión jurídica y la aprobación por parte de la Comisión Europea y del Parlamento Europeo (ambos organismos supranacionales de la UE). Este pilar es el más relevante para los integrantes del Acuerdo, y su aprobación implica un trámite más simplificado.
De acuerdo a información proporcionada, se entiende que si un país decide no firmar el Acuerdo que ya está negociado, los demás pueden decidir seguir adelante, o sea se podría obviar la supuesta oposición de la Argentina
La única limitación que existiría es la Res 32/00 del Consejo Mercado Común , la cual en su Artículo 1 dice que los miembros del Mercosur reafirman el compromiso de” negociar en forma conjunta los acuerdos de naturaleza comercial con terceros países o agrupaciones de países extrazona en los cuales se otorguen preferencias arancelarias” Dado que, si bien es cierto que el Acuerdo no ha sido firmado, pero si negociado, cada uno de los miembros del Mercosur puede firmar y ratificar, individualmente el mismo.
Lo relevante de esta interpretación de la Res 32/00 del CMC es que, seguramente, las cancillerías de Uruguay, Paraguay y Brasil, estén de acuerdo con la misma, lo que implica apostar a la flexibilización del Mercosur. Esta apuesta genera la posibilidad, para los miembros del Acuerdo, de negociar a diferentes velocidades, lo cual, como ya lo hemos dicho, elimina la posibilidad que una Argentina kirchnerista se oponga a la puesta en práctica del Acuerdo Mercosur UE.  
El exabrupto de Jair Bolsonaro, al proferir la amenaza de abandono del Mercosur, apunta a concretar un giro de 180° en lo que respecta a las definiciones estratégicas asumidas en la Declaración de Foz de Iguazú firmada el 30 de Noviembre de 1985 por los Presidentes de Argentina, Raúl Alfonsín y por el Presidente de Brasil, José Sarney.
Acuerdo estratégico éste, que nacía al unísono del restablecimiento de la democracia en ambas naciones, el cual, dejando de lado la hipótesis bélica, sentó las bases de un proceso de Integración regional, que tuvo su momento cúlmine cuando se produjo el nacimiento del Mercosur. La Argentina y el Brasil sellaban así una alianza estratégica que hasta el día de hoy no se ha visto erosionada.
Dos son los motivos que impulsan a Bolsonaro a dar este paso, el primero de ellos es otorgar un respaldo a Macri en su disputa electoral con Alberto Fernández. Una victoria de éste, unida a la de Andrés Manuel López Obrador en México y a las muy probables del Frente Amplio en Uruguay y de Evo Morales en Bolivia, podrían llegar a interpretarse como la continuidad y la vigencia de los Ggobiernos progresistas en y una temprana y estrepitosa derrota del macrismo neoliberal.
El segundo motivo amerita llevar a cabo un análisis previo del proceso que llevó a que se generase a nivel mundial un nuevo sistema de producción global, que tiene su origen en la crisis del petróleo acaecida a medidos de los años 70 y que impactó fuertemente en la estructura económica mundial.
Las grandes empresas transnacionales buscaron los medios para recuperar la rentabilidad perdida, lo cual trajo aparejado el desarrollo de un nuevo sistema de producción global y la paulatina pérdida del “estado de bienestar” que se había desarrollado a lo largo de los años dorados, en el seno de los países desarrollados. En aquel entonces, como suele suceder, el peso de la crisis lo pagaron los trabajadores.
Es así que vamos a asistir al proceso de deslocalización de la producción de los países centrales hacia la periferia, fundamentalmente hacia los países asiáticos en donde hay abundancia de materias primas y mano de obra barata.
En esta llamada Nueva División Internacional del Trabajo, las potencias centrales mantuvieron esencialmente las tareas de innovación, diseño y comercialización, mientras deslocalizaban las tareas más simples de la manufactura. Con el tiempo se comenzaron a deslocalizar tareas cada vez más complejas, no obstante la lógica central de esta nueva división del trabajo seguía siendo la misma.
Este proceso permitió la acumulación de grandes ganancias a las transnacionales de los países centrales, pero generó en los mismos la fragmentación de la clase trabajadora. Se dio un proceso por el cual los trabajadores más calificados se especializaron en tareas de innovación y diseño, ganando, por lo tanto, elevados salarios.
Los que no tenían estas capacidades, como consecuencia del proceso de deslocalización, perdieron sus puestos de trabajo y tuvieron que emigrar hacia el sector de servicios, percibiendo bajas remuneraciones.
El sector financiero fue otro de los ganadores en este proceso de la deslocalización de la producción, grandes flujos de dinero ingresaban a Estados Unidos, producto de la remisión de utilidades e inversiones los cuales proveían crédito para los consumidores, capitales para la inversión directa en corporaciones estadounidenses o alimentaban la adquisición de deuda pública de EU.
La caída del Muro de Berlín y la implosión de la Unión Soviética produjo una transformación del mundo bipolar al unipolar, la hegemonía de EU, en todos los aspectos, resultaba, en aquel entonces, incuestionable.
Sin embargo los hechos parecen demostrar que esa hegemonía estaba, muy lejos de ser eterna, más allá de la capacidad de los medios de comunicación para elaborar una “posverdad”, en la actualidad, nociones como el éxito del capitalismo, la invencibilidad de los EU, su superioridad científica y tecnológica, las óptimas condiciones de vida de su sociedad, su hegemonía militar, etc. resultan ser absolutamente cuestionables.
Es que, el orden mundial, una vez más, ha sufrido una mutación: el mundo unipolar se ha transformado en un mundo multipolar, manifestándose en una cierta superioridad, económica, científica, tecnológica y militar de China y Rusia, en múltiples aspectos, siendo este el eje principal de la conflictividad global actual.
El declive de la potencia hegemónica, lleva a ésta a modificar su estrategia en materia de política exterior, extremando su agresividad, y provocando una alteración en la estabilidad del sistema internacional. Se generan multiples tensiones, fundamentalmente con China y Rusia, pero también con sus aliados de la UE, con Canadá, México, Turquía, Irán, Siria, Cuba y muy especialmente con Venezuela.
Esta estrategia desarrollada por los EU, explica la llegada de un Donald Trump, a la presidencia, debido a la necesidad de enfrentar los nuevos desafíos a la que se encuentra sometida la hegemonía estadounidense.
Desata una guerra comercial con China, bloquea económicamente a Rusia e Irán, y desembarca una vez más en su “patio trasero”, nuestra América Latina, desempolvando la vieja doctrina Monroe de “América para los americanos” -del norte agrego yo-, intentando desplazar a China y Rusia de la misma.
Esta tarea se ha visto favorecida por el acceso de las derechas sudamericanas a los gobiernos, apuntando a dejar de lado el tipo de integración regional que avance más allá de lo meramente comercial, estando en un todo de acuerdo con la estrategia esbozada por Donald Trump, quien ha señalado expresamente, que EU privilegia la negociación bilateral y asimétrica.
Desplazar la presencia de China y Rusia de la región no será por cierto una tarea fácil, China es el primer cliente comercial de prácticamente todos los países de la región y es la mayor consumidora de las commodities que se producen en la misma. Es también, actualmente, el mayor proveedor de Inversión Extranjera Directa, de insumos de bienes de capital y de consumo, desplazando en la región la presencia estadounidense en casi todos estos escenarios.
Como bien lo señala Diego Hernández Nilson, surge en la Región un Nuevo Panamericanismo que no solo reacciona contra el “giro a la izquierda” y al “regionalismo poshegemónico latinoamericano” liderados por Brasil, la Argentina de Macri, Chile y Colombia, buscando un realineamiento continental tras EU, cuyas expresiones más ostensibles han sido la propuesta de Prosur o el aval interamericano a los atropellos al Estado de derecho en Paraguay, Honduras y Guatemala.
Regenera además, este nuevo panamericanismo, el antiguo bloque continental hegemónico en el que convergía la oligarquía terrateniente, los intermediarios financieros, las elites políticas y los ejércitos de la doctrina de la seguridad nacional; en su nueva versión donde se agrega un nuevo sector financiero ligado al lavado de activos y las iglesias evangélicas.
Este realineamiento panamericano adquiere un significado mayor a la luz de las transformaciones recientes del sistema internacional: se abandona el multipolarismo esbozado en la última década (un mundo de regiones), para pasar a una nueva estructura bipolar que divide al mundo entre los renovados bloques occidentales y euroasiáticos (guerra comercial incluida).
La tensión mundial hace que para Estados Unidos sea fundamental contar con el alineamiento continental, como sucedió en otras coyunturas similares.
En la actual disputa hegemónica mundial, el bloque occidental abandona el liberalismo político, asumiendo un discurso occidentalista, asociado a la aparición de la nueva derecha conservadora y autoritaria (Trump, Brexit, Vox, Orbán y el propio Bolsonaro), que no solo rechaza al socialismo y a la socialdemocracia, sino también al liberalismo y el institucionalismo.
De esta forma, además del alineamiento geopolítico de países, los aspectos ideológicos asumen una renovada importancia. Hay una derecha conservadora que tensa la posición de Occidente en la disputa.
Brasil y su oligarquía conservadora son un jugador activo e importante en la actual disputa. Bien decía Henry Kissinger “Hacia donde vaya Brasil, irá América Latina”, y en tal sentido resulta sumamente significativa la declaración llevada a cabo por el Ministro de Economía de Brasil, Paulo Guedes.
Guedes señaló que “oficialmente estamos en negociaciones con EU para un Acuerdo de Libre Comercio”, y queda claro entonces cual fue el segundo motivo para anunciar el posible abandono del Mercosur. Si la Argentina kirchnerista pone trabas a la celebración de un TLC con EU, Brasil abandona el Mercosur y lo negocia, como Trump prefiere, bilateralmente.
EU prioriza un TLC bilateral con Brasil, el país con mayor territorio y población de América del Sur, con un importante mercado interno y una enorme reserva de recursos energéticos y naturales.
Sin dudas Trump desea recuperar Brasil de la influencia china. No fue casual la visita de su Secretario de Comercio Wilbur Ross, proponiendo, ante la implosión de Oderbrecht, cuantiosas inversiones en infraestructura y, ante la liberalización de las reservas de hidrocarburos del Pre-Sal, debido a la desarticulación de Petrobras, manifestó el interés de las grandes petroleras estadounidenses de participar en la explotación de las mismas.
La competencia que están llevando a cabo EU en Brasil, buscando desplazar la presencia de China implica reforzar los vínculos militares entre ambas naciones,
En ese sentido han sido múltiples los ejercicios militares llevados a cabo entre los ejércitos de ambas naciones y finalmente Brasil ha accedido a la firma de un acuerdo por el que liberará el uso de la Base de Alcántara por EU. De eta forma Washington obtiene una base de lanzamiento de satélites que permite un acceso privilegiado a la órbita geoestacionaria.
EU ha logrado la sumisión de Brasil, el gobierno de Bolsonaro le ha permitido lograr el mayor éxito geoestratégico de las últimas décadas. Lejos están aquellas iniciativas de Brasil para crear un bloque sólido en América del Sur con tendencias hacia un progresismo de izquierda.
En lugar de ello todo indica que vamos camino a la celebración de múltiples acuerdos bilaterales con la potencia hegemónica, y van quedando sepultados los sueños de una integración regional profunda y las aspiraciones de construcción de una Patria Grande, libre y soberana.
Roberto Chiazzaro. Representante (diputado) Nacional por el Frente Amplio (Partido Socialista). Distribuido por el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, estrategia.la)    

miércoles, 24 de julio de 2019

"El Acuerdo UE-Mercosur va a primarizar más la economía de nuestros países y a reducir nuestra industria a una expresión muy pequeña”

Entrevista a Eduardo Lucita de Economistas de Izquierda (EDI)


M.H.: Queríamos consultarte por el Acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, que implicaría un comercio bilateral entre las dos regiones de más de 90.000 millones de dólares anuales y abarcaría a 800 millones de personas.
E.L.: Potencialmente a 800 millones de personas, pero a cuánto puede ascender el intercambio está por verse. Lo cierto es que después de dos largas décadas finalmente se rubricó un Acuerdo de asociación estratégica. Es cierto que apareció en un momento en el que nadie lo pensaba, pero se viene discutiendo hace rato e inclusive durante 2006 y 2014 el kirchnerismo lo discutió ampliamente y buena parte de las ofertas que se hicieron ahora se habían aprobado en el 2010. Ha sido una sorpresa pero estaba en el aire dando vueltas.
Lo que hay que tener en cuenta es que no ha sido firmado sino rubricado por los negociadores, es decir, hay todo un protocolo de más o menos 8 pasos, empieza cuando se decide negociar, luego vienen las negociaciones en sí, que es lo que culminó ahora con la rúbrica de los negociadores, es decir, los técnicos que estuvieron de un lado y el otro finalmente ponen la firma para decir que todo está bien.
Lo que viene es un período de aproximadamente 2 años de revisión, porque hay que ver si los aspectos jurídicos del acuerdo son compatibles con las normas jurídicas de cada uno de los países involucrados que son nada menos que 32, 28 europeos y 4 sudamericanos. 28 europeos siempre y cuando el Brexit no haga retirar del acuerdo a Gran Bretaña.
Después de esto viene un proceso de firma de los gobiernos, lo firman los presidentes. Después viene un proceso que tienen que firmar los Parlamentos de los 32 países y el Parlamento europeo. Se calcula que todo esto terminaría y se podría poner en práctica en el 2025.
Hay que decir también que hecha la ley, hecha la trampa y los países centrales saben muy bien cómo hacerla. Porque hay un mecanismo que una vez que fue firmado por los gobiernos, el Concejo económico europeo le puede pedir al Concejo político de la UE que apruebe este acuerdo en forma provisoria y lo ponga en funcionamiento hasta tanto los Parlamentos lo rubriquen. Eso es lo que han hecho por ejemplo en el Acuerdo de libre comercio con Canadá. Hoy funciona alegremente con la aprobación de solamente 10 países de Europa cuando son 28. Algo similar hicieron con el acuerdo de la UE con Colombia, de la UE con Centroamérica, de la UE con Perú. O sea, que si esto es así y se hace lo mismo, en dos años y medio podría entrar en vigencia.
M.H.: Este Acuerdo ha tenido críticas, por ejemplo, de un país fundamental de la UE como es Francia. ¿Cómo incide eso en la ratificación?
E.L.: Yo consulté a los compañeros de Europa y me respondieron que este es un doble juego que hace Macrón, porque está condicionado por los granjeros y ganaderos franceses, que son los que principalmente se oponen, los granjeros franceses, los húngaros y los polacos. Sobre todo los franceses. Al mismo tiempo el que destrabó todo para la firma fue el propio Macrón, que se reunió con Bolsonaro y con Macri, el español Sánchez fue el que hizo de intermediario y aprobaron el acuerdo. Por eso se rubricó el acuerdo. Macrón va a doble agua. Fijate que esto estuvo a punto de firmarse hace dos años atrás y se frenó por la posición de Brasil que pedía una cuota de carne de 300.000 toneladas y este acuerdo aprobó 90.000. O sea, que hay que ver cómo se reparte. Y habría que ver si en esas 90.000 toneladas está incluida la cuota Hilton. Eso no lo sé. Pero es mucho menos de lo que pedía el Mercosur. Habría que ver si con una exportación de 90.000 toneladas de carne, que no toda va a Francia, sino que va a otros países europeos también, deja tranquilos a los agricultores y ganaderos franceses.
Lo que imponen es que por el tipo de cultivo y de alimentación no se sostienen las condiciones medioambientales que protegen efectivamente en Europa. Una gran parte de los gases de efecto invernadero que provocan el calentamiento global son producidos por el excremento de las vacas que tiene una proporción de este tipo de gases muy elevada. Habría que ver si están objetando el tipo de alimentación, también habría que ver si están objetando en otros productos del campo que podríamos exportar nosotros, que no sea la soja, si eso tiene que ver con que acá se usan muchos fertilizantes químicos que ellos han descartado.
M.H.: Falta la letra chica ¿no?
E.L.: Sí. Pero el avance es muy fuerte. Yo no creo que haya que confiarse en eso que dicen algunos, que este es un proto acuerdo, y que va a tardar. El Mercosur está estancado hace años, cuando iniciaron Alfonsín y Sarney la idea era hacer un bloque político y luego comercial, Menem y Collor de Mello lo convirtieron apenas en una unión aduanera. De esa unión aduanera el 90/95% se beneficiaron solo las automotrices que tanto aquí como allá son todas multinacionales. Si no fuera por el Mercosur la industria automotriz de Argentina y de Brasil casi no existiría porque tienen una protección del 35%. Ahora van a tener entre 10 y 15 años para hacerse más competitivos, pero es una industria que va a sufrir mucho, la industria automotriz de nuestro bloque. Ya se estaba por reconvertir antes, por ejemplo, en Argentina ya casi no se hacen más autos, se hacen pick ups para el trabajo en el campo, los autos vienen todos de Brasil. Están produciendo muchos cambios. No en vano el primero que pegó el grito fue el secretario general del SMATA, porque se ve venir cambios en las condiciones laborales, más profundas de las que ya hicieron ellos en los acuerdos empresa por empresa, porque la productividad nuestra comparada con los países europeos es muy baja.
M.H.: De lo que se conoce del acuerdo ¿cuál es tu opinión?
E.L.: Este es un acuerdo que va a primarizar más la economía de nuestros países y va a reducir nuestra industria a una expresión muy pequeña de algunos nichos que puedan insertarse en el mercado mundial. Porque la verdad es que nuestra industria no es competitiva, incluso desde su nacimiento, la industria argentina principalmente vive de los fondos provenientes de la renta agraria mediada a través del Estado. Esto es así desde que se creó el IAPI. Todo el impulso se dio a través de eso y en los ´60 era el dinero que venía por esa vía el que impulsaba grandes proyectos industriales.
Hay que decir que en los doce años del kirchnerismo se recuperó la industria pero era todo lo que había cerrado en el período anterior, no hubo ningún gran proyecto industrial. Es una industria, excepto algunos lugares, bastante obsoleta tecnológicamente donde no hay grandes inversiones. Salvo en algunos lugares como la industria química. Las fábricas automotrices, que ya no son fábricas, son simplemente armadurías están equipadas para eso. Lo mismo pasa con la industria metalúrgica electrónica de Tierra del Fuego. Es una armaduría, está equipada fuertemente para competir en términos de calidad del trabajo con otros lugares del mundo en el que hacen el mismo trabajo. Sin embargo, no es competitiva, acá si sacan los aranceles nadie va a comprar un teléfono local, van a traer todo importado.
M.H.: Envalentonado por este acuerdo, el canciller Faurie anunció la intención del gobierno en avanzar en un Tratado de libre comercio con los EE UU. ¿Qué información tenés al respecto?
E.L.: Esa. La explicación que me doy es que el gobierno Macri cabalga a dos aguas porque los acuerdos políticos son con EE UU y los acuerdos económicos son con China y ahora con la UE. Y van a avanzar con Brasil, según dicen, con un acuerdo económico. Es muy diferente porque las economías de Argentina y de EE UU no son complementarias, son competitivas, las dos hacen lo mismo. En EE UU no hay muchos proyectos industriales, hay soja, granos, ese tipo de cosas igual que acá. Entonces va a ser un Tratado de libre comercio que sí va a permitir que vengan también grandes industrias constructoras norteamericanas, junto con las europeas, porque se les va a abrir por esos acuerdos el mercado de las grandes obras públicas, las contrataciones del Estado a nivel nacional, provincial y municipal. Eso generalmente acá lo proveen las empresas medianas. O sea que eso sí va a ser un problema muy serio.
Si hay balotaje hay que votar contra Macri
M.H.: Junto con tu compañero de Economistas de Izquierda, Claudio Katz, publicaron un pronunciamiento la semana pasada respecto de la política electoral que debería adoptar el FIT. Me gustaría que compartieras esa reflexión con nuestros oyentes. 
E.L.: Nosotros partimos de una idea, que la continuación de cuatro años de gobierno Macri no es solo una continuidad de política de ajuste, que esa mal o bien podría venir con otro gobierno, sino que es la línea de restructuración completa de la economía argentina y de la sociedad en función de las tendencias mundiales, una restructuración que impondría una relación de fuerzas duradera absolutamente favorable al capital y en detrimento de los trabajadores y los sectores populares y además un nuevo triunfo de Macri sería un reforzamiento de las tendencias regresivas que ya hay en la región.
Para nosotros no da lo mismo quién gane en estas elecciones, en ese sentido llamamos a apoyar al FIT, que afortunadamente logró ampliar el campo con la unidad con el MST lo cual saludo alborozado porque tanto Claudio como yo venimos hace años insistiendo con esa unidad; y fortalecer una bancada de diputados de la izquierda para que dé pelea en el Parlamento. En base de que si uno mira los últimos años, los diputados de izquierda son los únicos consecuentes en la pelea no solo en el Parlamento, en las puertas de las fábricas, en las calles, algo que uno no puede ver en otras bancadas, por eso hay muchas razones para apoyar a la izquierda.
Pero sobre todo nosotros planteamos que si hay balotaje hay que votar contra Macri, no hay espacio para una posición neutral o independiente, no hay posibilidad de neutralidad ante lo que puede venir con un próximo gobierno. No es que nosotros pensemos que un triunfo de Fernández-Fernández va a resolver la crisis argentina, en absoluto. Pero un triunfo de Macri va a profundizar la tendencia regresiva, restructuradora y la implantación de una nueva relación de fuerzas. De eso no tenemos dudas.
M.H.: Para clarificar. Yo este tema lo conversé con Claudio aproximadamente hace un mes, y cuando charlamos sobre esto yo hablé de la fórmula PSOL, en el sentido de la actitud adoptada por el PSOL brasilero previo a las elecciones, llamando a votar en una primera vuelta a sus candidatos pero anticipando el voto al candidato del PT en segunda vuelta. ¿Esto es lo que ustedes están proponiendo?
E.L.: Nosotros en esa declaración no lo decimos. Si me pedís mi opinión personal te digo que sí, que sería muy productivo para la Izquierda decir antes de las PASO o antes de la primera vuelta qué harían en caso de un balotaje. Porque eso por un lado permitiría un diálogo distinto con las bases obreras y sindicales que son kirchneristas y peronistas en general, pero además, incluso haciendo una especulación puramente electoral, favorecería al corte de boleta.
Mucha gente que a lo mejor va a votar en primera vuelta a la fórmula F-F, frente a un posicionamiento de ese tipo tal vez cortaría boleta y a diputados votaría a la izquierda, que es donde la izquierda puede avanzar.
Aunque la polarización es muy fuerte, yo no sé cómo le va a ir a la izquierda en estas elecciones. Ya por los datos que dan, que no sé si son ciertas esas encuestas, pero allí se refleja una polarización del orden del 80% ahora en las PASO. Si uno se guía por patrones normales uno tiende a pensar que un gobierno con la crisis económica que tiene no puede tener una intención de voto como la que reflejan las encuestas. Pero las encuestas dicen que la tienen. Así que sinceramente no sé de dónde sale eso.
M.H.: Yo desde hace un tiempo tengo esa postura, hay que adoptar la posición del PSOL en Brasil, decir antes qué es lo que se va a hacer y creo que eso al PSOL le dio resultados muy positivos porque logró el ingreso de una serie de diputados a nivel nacional y federal que de otra manera hubiera sido muy difícil dada esta situación que señalás de polarización.
E.L.: En esta línea que mencionás, que nosotros llamamos a votar contra Macri en un posible balotaje, justamente el acuerdo UE-Mercosur viene a empujar desde afuera para esa restructuración, porque las industrias si quieren sobrevivir tienen que restructurarse totalmente. Y como dijo Grobocopatel, algunos van a desaparecer y algunos van a crecer. El problema no es que desaparezcan los capitalistas sino que eso va a traer desocupación, empeoramiento de las condiciones laborales y de los ingresos salariales, porque la forma de mejorar la competitividad es que haya inversiones en tecnología, etc. pero, por otro lado, equiparar las condiciones de concurrencia, mejorar los niveles de competencia bajando los niveles salariales y las condiciones de trabajo. Las condiciones de trabajo de los europeos son peores que las de acá, hay pocos países que tengan condiciones más favorables que la Argentina que todavía es un resabio del viejo peronismo que no han logrado destruir del todo.
M.H.: Yo creo que tenemos que hacer un avance en esta discusión, es muy importante, que aunque no ha tomado un estado público muchos militantes de la izquierda se están planteando en la intimidad de sus casas.
E.L.: La idea nuestra cuando aceptamos hacer la entrevista fue esta. Afirmar que vale la pena esto para sacar a la luz un debate que es subterráneo. Vos tenés un medio para generar un debate.
M.H.: Sí, pero creo que es importante que quienes pensamos de la misma manera tratemos de empujar en este sentido porque te insisto en esto, conozco a muchos compañeros que inclusive ante la duda ya estaban pensando en votar en primera vuelta a la fórmula Fernández-Fernández y teniendo la oportunidad de conversar esta alternativa logré convencerlos.
E.L.: Hay una cosa cierta, la movida de Cristina Fernández, el mandar al frente a Alberto Fernández adelantó todo, hoy prácticamente las PASO son una gran encuesta nacional que opera como primera vuelta, por eso las dos fracciones, el macrismo y F-F están diciendo que ganan en primera vuelta, atrayendo votos. Se ha adelantado todo, es muy complicado.
No es un buen momento para la izquierda a pesar de la crisis profunda del capitalismo. Incluso cierta crisis interna en el PO que conforma el FIT ha hecho perder el impacto de que se ha ampliado la alianza. Muchas veces en las campañas electorales los periodistas presionan preguntando por qué se presentan divididos, acá se había logrado una unión importante con el partido más grande de izquierda de los que estaban afuera del FIT que es el MST, ahora se logró la alianza. Eso se podría haber capitalizado pero otro tipo de crisis de un partido también importante termina opacando la alianza. Es un problema más.

martes, 23 de julio de 2019

Nueva hegemonía política en el Mercosur


El lenguaje de las declaraciones al finalizar la cumbre del Mercosur en la ciudad de Santa Fe en la Argentina mantiene el carácter diplomático, a veces anodino, pero queda muy claro el cambio de la hegemonía política de hace pocos años.
Se trata de un regreso al origen por constituir la institucionalidad de la liberalización económica en la región sudamericana. Recordemos que el Mercosur surge en 1991, momento de auge de la liberalización y el neo liberalismo, consecuencia directa de la ruptura de la bipolaridad entre capitalismo y socialismo derivado de la caída del Muro de Berlín y la desarticulación de la URSS. Es un proceso desplegado entre 1989 y 1991, con antecedentes diversos en los 80, sea un nuevo papado en la Iglesia católica, la crisis polaca y la impronta global de las presidencias de Thatcher y Reagan en Gran Bretaña y EEUU. Es una historia larga, de remotos antecedentes por enterrar cualquier posibilidad de construcción social no capitalista.
La ofensiva liberalizadora de los 80 se consolidó en la región latinoamericana y caribeña en los 90, Consenso de Washington mediante. La ofensiva liberalizadora del capital imponía la agenda de reorganización del sistema mundial y de las relaciones capitalistas, afectando derechos laborales, súper explotando a la Naturaleza y modificando la función del Estado. Claro que al mismo tiempo los pueblos presentaron resistencia, especialmente en los territorios de Nuestramérica y se habilitó una experiencia de cambio político que generó expectativas en el ámbito mundial.
Experiencias de cambio político
El laboratorio de los nuevos gobiernos surgidos de la dinámica de la resistencia popular a la globalización neoliberal y capitalista, retardó el proceso imaginado de una integración subordinada en la lógica imperialista del ALCA o de las negociaciones lideradas desde Europa por los países de la península Ibérica.
La novedad “nuestramericana” debía ser abortada y se aplicaron todas las estrategias posibles para revertir un fenómeno que aludía y ejercitaba nuevos mecanismos de una integración no subordinada, incluso con ideas en la articulación productiva del petróleo y la soberanía energética; la alimentación y la soberanía alimentaria; e incluso con propuestas sobre una “nueva arquitectura financiera” sustentando la soberanía financiera.
Con la foto de la cumbre presidencial de estos días en Argentina, se consolida una nueva hegemonía de orientación de derecha en el Mercosur, con el alineamiento y sintonía muy especial de los presidentes de Brasil y de Argentina, los dos mayores entre los socios de la articulación regional, los que se suman a la tradición derechista en Chile y Paraguay, condicionando fuertemente al Uruguay. Solo Bolivia sustenta hoy los valores que hasta hace pocos años hegemonizaban el proyecto de integración en la región, donde Hugo Chávez y Venezuela aportaban la dinámica de creatividad y renovación de los principales instrumentos de una integración no subordinada. Venezuela está afuera del Mercosur por la decisión de la hegemonía en el bloque, crecientemente subordinado a la política exterior de EEUU.
La disputa es por la institucionalización de instrumentos que faciliten la libre circulación de capitales, mercancías y servicios en el Mercosur. En esa disputa se juegan los acuerdos recientes con la Unión Europea, probables con EEUU y con variados países. Son acuerdos políticos entre Estados capitalistas para favorecer negocios de las transnacionales con origen en esos territorios o países.
Inserción mundial de la región
Es por eso que gana espacio la extensión de la mercantilización en tiempo de dominación transnacional de la economía mundial, y que define el lugar de la región en el sistema mundial.
De hecho, se configura una especialización productiva que privilegia un modelo primario exportador sustentado en la histórica dotación de recursos naturales, sea la tierra, el agua, los minerales, el petróleo, el gas, el cobre, la biodiversidad, etc.
La poca industrialización construida en tiempos de sustitución de importaciones deriva en una lógica de ensamble subordinada a la dominación tecnológica y financiera de las grandes corporaciones transnacionales.
Todo acompañado de una dinámica de especulación financiera, que al tiempo que alimenta el endeudamiento público y privado, compromete las finanzas en la región.
En rigor, se es parte de un proceso que apunta a alimentar un ciclo mundial donde la valorización del capital potencia la integración de los ámbitos productivos y de circulación con gran peso de la banca, los mercados de capitales y una política monetarista en los organismos internacionales y los principales países del capitalismo.
Aclaremos que los gobiernos del cambio político no modificaron esencialmente ese perfil productivo y el modelo de desarrollo consecuente, asociado al consumismo, aun cuando aparecieron novedosas propuestas de articulación productiva y financiera como comentamos.
Los gobiernos de la derecha en la región, pretenden en la coyuntura retomar el rumbo de los noventa, de inserción subordinada, y consolidar unas relaciones socio económicas convergentes con la demanda política de la hegemonía mundial capitalista. Por eso gana el discurso de apertura al mundo, lo que supone subordinación a la lógica de la dominación, sustentada en la concentración y centralización del capital.
Recreación de la hegemonía neo liberal
En ese camino se debe retomar el desarme de la lógica reformista construida por medio siglo entre 1930 y 1980.
Aun con matices en distintos países del mundo, las políticas de Estado benefactor o keynesianas son las que otorgaron dinámica en lo esencial a las políticas públicas en todo el mundo, con un resultado favorable a la ganancia, sí, pero también para el salario, el empleo y la seguridad social, con derechos sociales, individuales y laborales extendidos. Se pretendía alejar la demanda socialista entre los trabajadores y las trabajadoras
La política neo liberal se propuso desmantelar esas conquistas sociales, matizadas según la realidad de la lucha de clases en cada territorio.
Ese propósito fue interrumpido en el cambio de siglo en Nuestramérica, que, con la subsistencia del proyecto cubano, se reanimó la posibilidad de imaginar un destino socialista, del Siglo XXI para nuestros países. Eso era y es lo que había que frenar.
Solo así se puede explicar lo que viene aconteciendo, más allá de opiniones que puedan verterse sobre las diferentes realidades y experiencias. No es lo mismo el imaginario por el socialismo construido en algunos de los procesos, que las propuestas por un capitalismo “serio” o “normal” formulados por algunos gobiernos. Aun así, lo común era la crítica al discurso hegemónico de corte neo liberal, más allá de la no realización de mutaciones estructurales que afirmaran un rumbo anticapitalista o incluso reformista en el marco de las relaciones capitalistas.
Se trata ahora de recuperar el tiempo perdido y por eso se avanza con definiciones políticas por la apertura y la liberalización, las que inducen cambios estructurales de fondo, caso de las reformas laborales, previsionales y tributarias, con distinto nivel de avance según las realidades de cada país.
Desde el Mercosur se consolida un discurso por la liberalización, habilitando condiciones para la disputa hegemónica de los capitales más concentrados del sistema mundial, apoyados por las burocracias de los principales Estados del capitalismo y de su propio peso en los organismos internacionales. El interrogante pasa por las acciones de confrontación derivadas de la iniciativa popular, permeada por la lógica comunicacional contemporánea, también definida por la acumulación de poder económico y cultural del orden capitalista. 

sábado, 20 de julio de 2019

Una cumbre del Mercosur para anunciar una carrera por más TLC

Rodolfo Koé Gutiérrez
Rebelión

La firma del aún desconocido acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea fue motivo de celebración este miércoles durante la cumbre del bloque sudamericano realizada en la ciudad argentina de Santa Fe, en la que Mauricio Macri le traspasó la presidencia pro témpore a Jair Bolsonaro.

“Es una señal clara al mundo de que queremos que el Mercosur sea abierto, competitivo, dinámico, comprometido con la integración y el comercio, con las reglas de juego claras, para fomentar las inversiones y hacer negocios”, aseguró Macri. Bolsonaro habló del “compromiso de mi gobierno con la modernización y la apertura de nuestro bloque”.

Los presidentes de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay señalaron que los desafíos para los próximos seis meses serán los de cerrar los tratados de libre comercio con el EFTA -que integran Suiza, Islandia, Noruega y Liechtenstein- y Canadá, además de adelanhtar tratados de libre comercio con Corea del Sur y Singapur. Hay apuro, porque en octubre habrá elecciones presidenciales en Argentina y Uruguay.

Macri exhortó a sus pares del bloque a “seguir concretando avances en la convergencia con la Alianza del Pacífico, que permitan construir una región productiva con costas sobre dos océanos y ser uno de los polos de crecimiento más dinámicos del mundo”.

Sin perder el buen tono y deslizando algunos chistes sobre fútbol el presidente boliviano Evo Morales fue la voz discordante. “Cualquier acuerdo, convenio o tratado siempre deben estar orientados a resolver y atender las demandas de los más humildes, de los más pobres, de los más olvidados de la historia de la región”. Morales no firmó el documento que reclamó el restablecimiento del estado de derecho en Venezuela.

El Estado Plurinacional de Bolivia firmó el 17 de julio de 2015 en Brasilia el Protocolo de adhesión al Mercado Común del Sur. A partir de la entrada en vigencia del protocolo, Bolivia adoptaría en cuatro años, gradualmente el acervo normativo del Mercosur, la Nomenclatura Común, el Arancel Externo Común y el Régimen de Origen del bloque regional.

El anuncio del acuerdo con la Unión Europea, desventajoso a todas luces para los sudamericanos, aún debe ser aprobado por los parlamentos (tanto el europeo como los de los cuatro países mercosureños), pero fue utilizado como si fuera un éxito por Macri, en plena campaña electoral.

Macri aseguró que el acuerdo impactará “positivamente en la calidad de vida de nuestra gente, no es un punto de llegada sino un punto de partida” y dijo que es “una oportunidad para que el Mercosur vaya por más, en una ambiciosa agenda externa de negociaciones

Uno de los pocos anuncios de la cumbre fue la liberación del cobro del roaming en los países del Mercosur. Así, los habitantes de la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay podrán usar sus teléfonos celulares en cualquiera de los otros tres países sin tener que pagar adicionales, como ocurre entre los miembros de la Unión Europea, siempre y cuando los parlamentos de sus países lo apruebe.

Al tomar el mando semestral, Bolsonaro consideró al Mercosur como “un instrumento de comercio con el mundo sin interferencias ideológicas que tanto critiqué como parlamentario” y consideró el acuerdo con la Unión Europea como “resultado de esa orientación”.

Evo Morales marcó las diferencias entre servilismo y soberanía. Resaltó una frase de Bolsonaro sobre la necesidad de Estados autónomos. “Esa es la lucha histórica de nuestros pueblos. Un Estado con soberanía, independencia, pueblos con dignidad e identidad porque somos tan diversos”, dijo.

“ Por eso, en Bolivia cambiamos la Constitución y hoy es un Estado Plurinacional. ¡Qué bueno sería que tengamos un Mercosur Plurinacional y una América Plurinacional! Dentro de esa diversidad la unidad justamente para garantizar y trabajar la igualdad entre los seres humanos”, propuso.

También interpeló al “hermano presidente Macri”, quien planteó que la tarea del Mercosur era reducir la pobreza. “En Bolivia, cuando llegamos al gobierno gracias a nuestra revolución democrática y cultural, en 2005, la diferencia entre el diez por ciento más rico de Bolivia y el diez por ciento más pobre era de 128 veces. En 2017, con nuestras políticas sociales y económicas, ese indicador se redujo a sólo 40 veces”.

También comenzó el trabajo de “análisis y revisión” del arancel externo común (AEC), exigido por el ministro brasileño de Economía, el ultraliberal Pablo Guedes. El documento final de la cumbre señala que éste es “instrumento fundamental para la consolidación de la unión aduanera y que la política arancelaria del Mercosur debe fomentar la competitividad, la productividad y la inserción de los Estados parte en las cadenas regionales y globales de valor.

Bolsonaro: “No queremos una patria grande”

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, dijo que no quiere una “patria grande” en Sudamérica y atribuyó al “populismo” y la “irresponsabilidad” la crisis de Venezuela, al asumir este miércoles la presidencia rotativa del Mercosur.

“No queremos en un país más lo que lamentablemente está pasando en nuestra Venezuela”, “queremos que cada país sea autónomo, democrático y que cada uno sea grande. Como está diciendo Trump ‘queremos una América grande´”, afirmó el presidente ultraderechista y nostálgico de la dictadura brasileña.

A pesar de las diferencias políticas entre Uruguay y el resto de los países del Mercosur respecto de la situación de Venezuela, los presidentes del bloque –y también de seis países asociados, salvo Bolivia– emitieron una declaración conjunta en la que expresaron su preocupación “por la grave crisis que atraviesa Venezuela, que afecta seriamente la situación humanitaria y de Derechos Humanos” y pidieron la celebración de “elecciones presidenciales libres, justas y transparentes en el menor tiempo posible”.

Marchas en repudio al TLC

Organizaciones políticas y sociales realizaron una marcha desde el centro de la ciudad de Santa Fe hasta la sede de la 54° Cumbre de Jefes de Estado del Mercosur, para repudiar “el plan de ajuste y entrega de los gobiernos de Argentina y de Brasil”, y manifestar su oposición al acuerdo con la Unión Europea (UE).

Jorge Castro, del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH), explicó que se trató de “un acto político de la Multisectorial por los Derechos Humanos para expresar nuestro repudio, no al Mercosur, sino a los gobiernos que están llevando adelante un plan de ajuste y de entrega”.

“Los presidentes Macri y Bolsonaro son la expresión más avanzada de ese proyecto, que está tejiendo nuevas cadenas de la dependencia, tanto de los países sudamericanos como del resto de Latinoamérica”, añadió. “El último tratado (firmado por el Mercosur) con la Unión Europea (UE) es la expresión de que las multinacionales tienen garantizado que los pueblos van a pagar la deuda externa que se ha contraído”, afirmó el dirigente social.

Rodolfo Koé Gutiérrez, periodista económico argentino asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la )


viernes, 12 de julio de 2019

Acuerdo Mercosur-UE, un paso fundamental para la reconstrucción del país oligárquico

Ansol

El reimpulso de la alianza de libre comercio entre el Mercosur y el bloque europeo es un nuevo paso para la destrucción de las economías de Suramérica.

El acuerdo firmado con la Unión Europea (UE) por los gobiernos de Mauricio Macri y Jair Bolsonaro (llevando a la rastra a los gobiernos de Paraguay y Uruguay, y sin siquiera consultar al quinto miembro del Mercosur, Venezuela) ha sido analizado ampliamente como desastroso para nuestra economía desde cualquier óptica que no sea la de los neoliberales y la base mediática y política de apoyo gubernamental.
Se trata de un ruinoso tratado de “libre comercio” que busca hacer irreversibles las tendencias que las políticas del macrismo han venido instalando para consolidar la reconstrucción de un país oligárquico, con una mera actualización del modelo primario del siglo XIX.
En consecuencia, busca profundizar la concentración del poder económico en un puñado de corporaciones ligadas a la extracción simple de materias primas agropecuarias, ciertos sectores de la agroindustria, la exportación energética y de algunos minerales de creciente demanda para la tecnología de última generación, junto con una preminencia del negocio financiero sin barreras y sin límites.
Está más que claro que esto no solo nos condena a la casi desaparición a la industria y el comercio pyme, como ya es costumbre en las políticas neoliberales impuestas en diferentes etapas en nuestro país, sino también a grupos industriales hasta ahora poderosos, vinculados a la obra pública y ciertas grandes industrias, que hasta la “causa (fotocopias de) cuadernos” habían sido parte fundamental del bloque de poder en la Argentina, y que empiezan a perder su lugar de preferencia frente a los intereses corporativos arriba mencionados.
Se cae de maduro también, a esta altura del debate, que los grandes perdedores van a ser los sectores populares y, entre ellos, la economía autogestionaria, cooperativa y popular.
Este vasto espectro de expresiones de la economía surgida desde el trabajo, en algunos casos con décadas de implantación, en otros surgidas a partir de la resistencia a la destrucción permanente de puestos de trabajo y a la modificación regresiva de la relación capital-trabajo, es fuertemente vulnerable a los cambios de la matriz productiva y la dinámica socioeconómica.
Con la tendencia que marca el gobierno y que busca consolidar con este tipo de acuerdos, la economía de los trabajadores y trabajadoras será fuertemente afectada y condenada a la sobrevivencia en el “emprendedorismo” y el sometimiento a formas cada vez más refinadas de precarización, a través de la falsamente llamada “economía colaborativa”. Por supuesto, esto puede darse de todas maneras de continuar la hegemonía neoliberal, aun si no se logra aprobar definitivamente el acuerdo Mercosur-Unión Europea.

Esto último es por el momento bastante probable: el propio gobierno reconoce sotto voce que no va ni a intentar pasar por el Congreso el acuerdo para su ratificación, y también desde los países de la Unión Europea empezaron a surgir fuertes cuestionamientos (incluso en las economías más fuertes, como Alemania y Francia) que hacen prever un difícil tránsito hacia la aprobación.
El proceso puede tomar varios años, y eso llama la atención sobre el hecho de que el apuro de Macri para firmar cualquier cosa que los europeos le pusieran por delante tiene un gran porcentaje de efectismo electoral. Si el tratado llevaba veinte años de infructuosas negociaciones, era porque uno de los bloques (o ambos) tenía que ceder demasiado para llegar a un texto viable. Si bien Macri estaba dispuesto a entregar prácticamente todo lo que pidieran, era Brasil el que se negaba a avanzar desde el Mercosur.
La llegada al poder del fascista ultraliberal Bolsonaro destrabó cualquier objeción por parte del gigante sudamericano, cuya política económica está en manos de Paulo Guedes, un fundamentalista de mercado que sobrepasa todos los límites hasta ahora imaginables en la política brasileña. Macri sobreactuó, pero como parece norma, su papel se limitó a aceptar lo que Brasil estuviera dispuesto a ceder. Esta vez, el nuevo Brasil de ultraderecha cedió todo.
En relación al Mercosur, la firma del acuerdo mostró también la definitiva expulsión de Venezuela, por lo menos mientras tenga un gobierno bolivariano. Venezuela fue suspendida del bloque regional (y de casi cualquier instancia supranacional) en el marco de la estrategia de la derecha latinoamericana y del gobierno de Estados Unidos, tendiente a destruir el gobierno de Nicolás Maduro por cualquier medio. En los hechos, el país caribeño no forma ya parte del Mercosur, ni siquiera el presidente designado por la oposición y reconocido por casi todo Occidente fue objeto de consulta alguna (lo que solo hubiera realzado su ilegitimidad y nulo poder), y el acuerdo fue firmado por cuatro gobiernos del bloque sin siquiera mencionar la existencia del quinto miembro.
El último aspecto que vamos a destacar es la aparente contradicción al seguidismo que ambos gobiernos ejercen puntillosamente de las políticas de Donald Trump. Era impensable que Bolsonaro fuera presidente cuando el actual mandatario yanqui accedió al poder, pero el violento viraje que éste dio con respecto a las políticas de Barack Obama dejaron a Macri en una situación más que incómoda, no solo por haber apoyado sin ningún tacto a su rival Hillary Clinton en la campaña, sino porque la adhesión a los proyectos de mega-tratados de libre comercio que impulsaba Obama era una de las principales esperanzas del macrismo en materias de tratados internacionales. Mauricio Macri dijo en varias oportunidades que quería sumarse al Tratado Trans-Pacífico, uno de los dos megacuerdos de libre comercio que impulsaron tanto Obama como Bush como forma de consolidar las líneas maestras de una economía neoliberal a escala mundial (el otro era el TTIP, entre Estados Unidos y la Unión Europea).
Prácticamente lo primero que hizo Trump al sentarse en la Casa Blanca fue dar de baja esos acuerdos, largamente negociados por sus antecesores, y forzar a Canadá y a México a una brutal renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. No fue más que el preludio de la política “proteccionista” del actual presidente estadounidense y de la “guerra comercial” con China. Mientras tanto, a través de herramientas de presión por fuera de lo económico, es decir, políticas e incluso militares, los norteamericanos han ido debilitando a los BRICS, incluyendo dentro de esa estrategia el golpe contra Dilma Roussef, la prisión de Lula y el triunfo de Bolsonaro (entre otros factores de política interna y regional, por supuesto). La política de subordinación del macrismo a los intereses de las grandes corporaciones y del capital financiero mediante la incorporación en los términos más arrastrados al TPP sufrió un duro golpe, al cual debió acomodarse a través de un papel muy poco digno con respecto a Trump, que solo rivaliza con las “relaciones carnales” del menemismo.
Desde este punto de vista, el acuerdo con la Unión Europea es una suerte de recuperación de la intención original de volver irreversible la reestructuración de la economía y la sociedad argentina, a través de la subordinación a alguno de los mega-tratados de libre comercio. Aunque por ahora solo son fotos, humo y fuegos de artificio mientras no haya ratificación parlamentaria (en nuestro país y en el resto del Mercosur y la UE), si Mauricio Macri logra su reelección no cabe ninguna duda que va a acelerar el camino hacia la disolución de la actual economía argentina en las tinieblas del “libre comercio”, a través de éste o del tratado que le quede a tiro.

martes, 9 de julio de 2019

Se recrudece la propaganda neoliberal en el Mercosur


Julio C. Gambina

Rebelión

Los gobiernos de derecha de Brasil y Argentina apuraron la firma del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea en el marco de la reunión del G20 realizada hace una semana en Japón. Los países miembros del Mercosur apoyaron sin observaciones el protocolo que deberán suscribir los parlamentos nacionales de los países que suscriben el tratado comercial y de inversiones.

Ahora, ambos mandatarios, Bolsonaro y Macri, aceleran negociaciones para un tratado comercial con EEUU, para compensar la iniciativa política desplegada con los gobiernos europeos, y ratificar la cercanía ideológica y política con Donald Trump. La agenda del ALCA, desechada en 2005 como un todo, está de vuelta en la región.

En ambos casos, con Europa y con EEUU, se sostiene propagandísticamente los beneficios del libre comercio, incluso, señalan que favorecerá a los sectores pequeños y medianos de la economía, como si hubiese paridad entre estos y los monopolios más concentrados.

La realidad es que en materia de producción se confirma el destino de especialización primario exportador del orden económico para nuestros países, bajo la dominación del capital trasnacional, mayoritariamente extranjero. Una lógica especulativa acompaña ese perfil productivo y se asocia a la hipoteca de crecientes deudas internas y externas, agravado para el caso argentino con la hipoteca suscripta con el FMI.

Se trata de la profundización de la dominación de las transnacionales de la alimentación y la biotecnología, a lo que se suma el complejo petrolero para la explotación de la energía no convencional, sin descuidar, obvio, la energía convencional. No en vano, algunos empresarios del poder económico sostienen la necesaria desaparición de aquellos sectores económicos sin capacidad de competir. El mecanismo de mediación para este resultado regresivo socialmente resulta ser el Estado, hipotecado y condicionado por la creciente e impagable deuda pública, interna y externa.

Esa lógica que inspira la política oficial en Brasil y Argentina converge con el rumbo del Paraguay, y salvo por la programática y el discurso del Frente Amplio en Uruguay, tampoco desagrada entre los principales ejecutores de la política oriental, tal como lo sostiene recientemente una declaración pública de la Central sindical, el PIT-CNT.

Así, el Mercosur, sin la participación ya de Venezuela, excluido por el cambio de la agenda y las presiones de la política exterior estadounidense, avanza en la recuperación de sus formulaciones originarias a comienzos de los noventa, tiempo de fuerte ofensiva liberalizadora en el ámbito regional y mundial.

Vale interrogarse sobre la respuesta de la sociedad ante el retorno explícito de un discurso que enarbola las ventajas del libre comercio, la libre competencia y el libre cambio. Es más, el interrogante es sobre cómo instalar vías de discusión con la sociedad para imaginar otras posibilidades para la construcción de la cotidianeidad y la satisfacción de las necesidades de la población.

¿Libre competencia?

Recordemos que esas banderas “liberalizadoras” de los noventa del siglo pasado fueron el grito originario de la emergente burguesía europea y sus intelectuales forjadores de la nueva ciencia, la Economía Política, entre los Siglos XVI y XVIII. Fueron concepciones que subsistieron en el sentido común de los que dominaron históricamente en el capitalismo hasta la crisis mundial de 1930, aun cuando la presencia de los monopolios negaba cualquier posibilidad de competencia.

El discurso económico era y es fuertemente ideológico y propagandístico, por lo que también hace rato existe la crítica de la economía política, que no solo confronta con la realidad y su impacto regresivo sobre la mayoría de la sociedad, sino que refuta los preceptos teóricos falaces de la apología liberal ejercida por la academia y la corriente principal explicativa del orden económico contemporáneo.

Pero no alcanza con la crítica, por muy certera que sea si no es patrimonio de una conciencia social masiva, más aún en tiempos de predominio del accionar mediático vía internet y las redes sociales.

La apología del orden vigente define al discurso hegemónico y la única forma de confrontarlo es con la acción masiva de la sociedad en lucha por otro orden. Es el aprendizaje que nos deja el 2005, coronando el rechazo al ALCA, vía la confluencia de los gobiernos y especialmente de las luchas populares previas, en una larga campaña motorizada por variadas organizaciones y redes sociales y políticas.

En rigor, esas campañas articuladas, portadoras de diversas reivindicaciones son las que generaron la condición de posibilidad de los cambios de gobierno en la década pasada, favoreciendo el accionar estatal en sintonía con la dinámica reivindicativa del movimiento popular que demandaba otro mundo posible, consigna generalizada en el cambio del siglo.

Fue la dinámica de la sociedad la que demandó históricamente la libertad de circulación mercantil, contra el Estado pre-capitalista europeo, surgiendo de esa realidad la teorización sobre el funcionamiento del sistema económico, reproduciendo una forma de producción que favoreció la apropiación privada del excedente económico.

Ese mecanismo se internacionalizó por vía del colonialismo, de lo que Nuestramérica puede dar cuenta con la conquista y el carácter dual de su significado, sea para las naciones vencedoras y las derrotadas. Estas pagaron con millones de muertos la explotación humana y la apropiación y depredación de sus territorios.

Queremos señalar que la lucha por la libertad de comercio se transformó en política del Estado capitalista para estimular la expansión global del régimen del capital y solo ha sido frenado en ocasiones de lucha social y política intentando otro rumbo del orden económico, aun cuando no fue logrado.

Remito a las experiencias del socialismo, que más allá de los balances necesarios a realizar, aun constituyen un horizonte potencial para confrontar la situación barbárica del presente: especulación financiera, depredación de la naturaleza y acrecentamiento de los problemas sociales por insuficiencias en el acceso a derechos en condiciones de resolverse con la capacidad intelectual, productiva, científico y técnica de la sociedad contemporánea, incluso defendiendo los derechos de la naturaleza.

El keynesianismo y el Estado del Bienestar solo fue posible por la existencia de la experiencia socialista, aun con el resultado conocido de su derrumbe en el Este de Europa hace tres décadas.

La caída del socialismo europeo desacreditó la posibilidad de ir más allá del capitalismo, por lo que sorprendió y entusiasmó el debate reciente en la experiencia latinoamericana y caribeña por la recreación del horizonte no capitalista, algo que está todavía en proceso y en disputa con la lógica discursiva del libre comercio.

Pretendemos enfatizar que no existe la libre competencia, que solo es un discurso del poder que manipula la conciencia social. Al mismo tiempo llamamos la atención sobre la potencialidad de un discurso falaz para generar consensos ideológicos que soportan el injusto orden de cosas actuales. Discursos falaces posibilitaron experiencias olvidables de la historia humana. No es solo cuestión de racionalidad lo que se necesita para explicar ciertos momentos de la historia social y este es uno de esos momentos, donde discursos falaces generan consensos políticos para afectar la vida.

Construir nuevos imaginarios populares

Es cierto que falta un imaginario alternativo, dificultado por los límites de la experiencia humana por organizar económicamente la sociedad sin la perspectiva del lucro individual y la apropiación privada del producto social del trabajo. Contribuir a ese propósito es una dura tarea, siendo consciente que lo definitorio es el accionar popular.

Se puede explicar hasta el cansancio los efectos negativos de la apertura indiscriminada sobre la mayoría de la sociedad, con cierres de empresas, suspensiones y cesantías, del mismo modo que lo es el cierre de las fronteras para favorecer a ciertas franjas del capital.

Es un debate falso el de apertura o cierre de la economía. Lo que se requiere es una apertura para otro orden económico, social y político, privilegiando la satisfacción de necesidades ampliadas de la sociedad por encima de la lógica de la ganancia.

Con los acuerdos con Europa y con EEUU se privilegia un mecanismo de inserción subordinada de los países del Mercosur, que demandará reaccionarias reformas laborales y previsionales, con la consiguiente pérdida de derechas sociales.

Son debates que trascienden los procesos electorales en curso en la región, casos de Argentina, Bolivia y Uruguay y que definen el futuro cercano en nuestros territorios.

viernes, 5 de julio de 2019

TLC con Mercosur: Cuatro mil millones de euros al año gana la UE

CLAE

Este subjetivo título es para ilustrar una realidad que resume el objetivo de las negociaciones de la Mercosur-UE: a pocas semanas de que la Comisión Europea en funciones acabe su mandato, Bruselas ha conseguido, gracias al acuerdo comercial con los países del Mercosur, que las firmas del viejo continente puedan ahorrarse hasta 4.000 millones de euros al año.  
Esta cifra es significativa ya que es tres veces superior a los ahorros que se obtienen, por ejemplo, con el tratado de libre comercio con Japón, que entró en vigor este año. Y casi cuatro veces el beneficio económico que se logró mediante el polémico acuerdo comercial con Canadá, conocido como CETA.     
Estas cifras dan a entender la magnitud de lo acordado entre estos dos bloques regionales (que bien no se sabe qué es), justo mientras el multilateralismo parece en crisis con el rebrote de las políticas proteccionistas a raíz de la estrategia comercial de Washington.
Pero como suele ocurrir en este tipo de negociaciones, hay ganadores y perdedores, aunque algunos piensen que, en el balance conjunto, las ventajas acaban siendo superiores a las pérdidas. Queriendo resumir de forma muy esquemática, desde el punto de vista de la UE, la industria europea y el campo del Mercosur sacan los mayores beneficios mientras que los agricultores europeos y los sectores más protegidos de América Latina salen más perjudicados.
Por ejemplo, la industria automovilística europea, que sufría unos aranceles muy elevados (35%), tendrá la vía despejada para exportar sus vehículos a Sudamérica. Una inquietud diferente se respira en cambio en el sector agrícola y ganadero europeo, ya que las mayores exportaciones de Mercosur a la UE en el 2018 fueron precisamente manufacturas agrícolas.
Por ejemplo, según el acuerdo, Europa acepta una cuota de 90.000 toneladas de vacuno procedente del Mercosur sin aranceles en cinco años. Un triunfo, ya que el Mercosur demandaba no menos de cien mil toneladas.
El sector del campo francés, que es muy beligerante, es el más molesto y considera que el anuncio del acuerdo fue un “día funesto”. “El acuerdo Mercosur-UE es inaceptable y expondrá a los agricultores europeos a una competencia desleal y a los consumidores a un engaño total”, dijo Christiane Lambert, del sindicato agrícola francés FNSEA.
En el marco de la cumbre del G-20 en Japón ,el presidente galo Emmanuel Macron consideró que se trataba de un “buen” acuerdo, pero prometió que Francia se mantendría “vigilante” a su evolución.
En Alemania, Joachim Rukwied, máximo representante de Deutscher Bauernverband, el principal sindicato agrícola, habló de un “acuerdo totalmente desequilibrado”, que pondrá en peligro “muchas granjas familiares”. Al admitir que el texto genera “algunos desafíos para los agricultores europeos”, el comisario de Agricultura Europeo, el irlandés Phil Hogan, prometió “ayuda financiera” de hasta mil millones de euros “en caso de perturbación del mercado”.

Más matizada fue la reacción de las organizaciones españolas, que pidieron cautela. El sector agrario español, representado por las organizaciones Asaja, Coag, UPA y Cooperativas Agroalimentarias de España expresó su “preocupación”, ante “la firma de un acuerdo desequilibrado que no tenga en cuenta ciertas producciones agrarias, especialmente algunas mediterráneas”.
De todas formas, antes de que los respectivos parlamentos de las naciones involucradas ratifiquen el tratado, pueden pasar hasta dos años, y esto, salvo sorpresas advirtieron algunos analistas.

¿Un acuerdo o simplemente un tratado de libre comercio?
Habitualmente concebido y descripto como un proceso de integración internacional, empujado por la confluencia de ciertos adelantos tecnológicos como la informática, las telecomunicaciones , el transporte, revestidas con las engañosas luces del encanto de las tecnologías y presentada como la forma contemporánea del progreso, una promesa de abundancia y bienestar para sus poblaciones, los TLC terminan siendo calificados de «algo inevitable si queremos estar en el mundo», como una ley ineludible de la naturaleza.
Esta concepción tiene indudablemente un fuerte contenido ideológico y, como tal, encubre una realidad bien diferente. Estas orientaciones contienen en su diseño actual la «ética del lucro» un proyecto diametralmente opuesto, inspirado en el, de la » ética de justicia»
Es fácil concluir que asistimos en verdad a la puesta en práctica de una modalidad de tratados elegida, programada e impulsada por los poderes económicos y políticos más potentes de la historia cuyo objetivo es el control de la economía mundial en su amplia expresión y se inspira en la lógica de la acumulación incesante e interminable de capital y ánimo de lucro.
Entramos por la ventana de la guerra comercial, donde los países ricos tienen intereses opuestos en cuanto se disputan la hegemonía mundial, en particular en el terreno económico: la producción y comercialización de bienes y servicios, su distribución, el control de la explotación de los recursos básicos del planeta – la tierra, los bosques, el agua, el petróleo, los alimentos y las materias primas pasando por la información genética atesorada en la biodiversidad – así como el manejo y utilización del capital financiero a nivel universal.
Una rápida mirada sobre el mundo capitalista (en crisis) revela la existencia de dos grandes centros de poder económico-financiero, la Unión Europea y Estados Unidos, y un tercero hoy en discordia, China liderando el conjunto de países asiáticos de desarrollo reciente.
¿Y ahora qué?
Estamos ante una variante actualizada de la lógica colonialista de trocar oro y riquezas por espejitos y cuentas de colores. La diferencia es que ahora se busca legalizar esa vieja técnica mediante instrumentos jurídicos vinculantes y obligatorios, los tratados internacionales de “última generación”
Tenemos un tratado que forma parte del despliegue estratégico de los países desarrollados y en especial de las grandes corporaciones trasnacionales para continuar acumulando ganancias y extrayendo recursos de las economías en crisis de los países del sur.
A veces en el debate, en el ardor de la controversia intelectual y política, se deja de lado la correlación real existente de las fuerzas. El neoliberalismo es dominante mental y culturalmente en gran parte del planeta. En grandes sectores de la sociedad se ha perdido una visión de futuro. Dicho de otra manera, el futuro queda subsumido al mercado, al consumo y la rentabilidad de menos del 1% de la población mundial.
El comercio, entonces, es y se pretende libre para los ricos, para las transnacionales, para los inversores. No es libre para los pobres. Una gigantesca nube de pigmeos desorganizados no puede competir razonablemente con un escuadrón de gigantes entrenados y provistos de la mejor tecnología e inagotables recursos, aunque buena parte de estos recursos hayan sido capturados a los propios pigmeos.
La riqueza de pocos genera la pobreza de la mayoría y se alimenta de ella. ¿A quiénes van a explotar los pobres cuando les llegue el turno de compartir la mesa de la abundancia? ¿O se está proponiendo una carrera insensata para alcanzar los últimos lugares en esta mesa para tener acceso a las migajas del banquete a costa de reforzar la miseria de los perdedores?
Aceptar esta oferta inmoral implica incorporarse a esa carrera absurda y negarse a la solidaridad con los iguales, países y pueblos hundidos en el subdesarrollo. Por eso alarma la ineficaz oposición a este pensamiento hegemónico de la mundialización. Los análisis que de su deambular se hacen y las propuestas económicas que su merodear genera, no es más que un resumen de situación y un elaborado mapa de las posiciones a modo de conclusiones de las políticas dominantes.
Si un día despertamos de este letargo, con un mínimo de realismo, por solidaridad o por egoísmo, la promesa del desarrollo en los términos en que está concebida, solo puede merecer el rechazo a la barbarie de un sistema tan deshumanizador como el capitalismo.

Eduardo Camin, analista uruguayo, acreditado en la ONU-Ginebra, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)