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viernes, 24 de julio de 2020

EEUU quiere extender el mandato del resistido “presidente” haitiano Jovenal Moise


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Jovenal Moise

Después de una serie de desastres naturales que devastaron el país en 2010 y 2016, Haití ahora enfrenta un nuevo desafío: el avance del coronavirus y la presión de Estados Unidos para que se extienda hasta el 2022 el mandato del presidente Jovenal Moise, repudiado por la gran mayoría de los haitianos.

El país, que es el más pobre del continente, no tiene un sistema de salud pública y tiene poco más de 900 médicos para atender a toda la población. Esta semana superó los siete mil contagios por covid-.19 en una población de once millones de personas, con una tasa de letalidad del 2,07 %.,.

Las políticas neoliberales de los últimos gobiernos han agravado las condiciones de vida del pueblo haitiano y que hoy, además del virus, padecen aún más hambre.

“El país enfrenta desde el punto de vista económico una profundización de la pobreza extrema, una escasez de alimentos y un aumento excesivo de los precios de los alimentos. Incluso con una buena parte de la población incapaz de comprar alimentos. Alta inflación y devaluación de la moneda local, es decir, las políticas neoliberales del gobierno profundizaron la crisis en la sociedad haitiana.

La crisis se ha acentuado en Haití desde las elecciones de 2016, cuando Jovenel Moise, del movimiento de las cabezas rapadas, llegó al poder con el apoyo del gobierno estadounidense, en un proceso marcado por disturbios y acusaciones de un "gigantesco fraude electoral". 

La reciente nota de la secretaría general de la Organización de Estados Americanos (OEA), defendiendo la extensión del mandato del presidente hasta 2022, trajo aún más preocupación a las organizaciones populares.

“La destitución de Jovenel Moïse, debería suceder lo antes posible. Es un presidente que está involucrado en el despilfarro de fondos de Petro-Caribe y no cumple con las demandas de la juventud haitiana. Debería haberse ido en febrero del año pasado”, señaló Islanda Micherline del Movimiento Campesino de Jefes Unidos.

Los movimientos populares señalan, asimismo, que la influencia estadounidense sobre el gobierno haitiano es una falta de respeto a la soberanía del país y que la defensa de posponer el mandato es una afrenta para el pueblo haitiano. Significa otra intervención más del imperialismo, especialmente Estados Unidos, contra la sociedad haitiana .

Las huelgas organizadas por los movimientos sociales que exigen que el presidente se vaya y los levantamientos populares violentos hicieron que el Ministro de Justicia del país fuera depuesto después de que endureció la represión de las manifestaciones.

La Oficina Integrada de las Naciones Unidas en Haití, una misión política especial, expresó su "preocupación por el uso de armas de baja letalidad, incluido el gas lacrimógeno, con manifestantes pacíficos que no representan ningún peligro inminente o evidente".

Recordando la importancia del derecho a manifestarse y la libertad de expresión, Sylvie Tabesse, embajadora de la Unión Europea en Haití, indicó por su parte que "ciertamente" no es "normal que una población que reclama mejores perspectivas de vida sea blanco de represión".

Los movimientos sociales señalan los desafíos para el próximo período en el país: acumular fuerzas en el campo progresista en movilizaciones masivas para evitar el aplazamiento del mandato del presidente y generar una gran lucha en la lucha contra el nuevo coronavirus y sus repercusiones en la vida del pueblo haitiano.

Victoria Korn
Periodista venezolana asociada al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

jueves, 30 de enero de 2020

"Como mínimo Francia debería reembolsar más de 28.000 millones de dólares americanos a Haití"


Entrevista al economista francés Thomas Piketty
Le Nouvelliste

Le Nouvelliste publica en esta edición una entrevista realizada por el Doctor en Economía Thomas Lalime, cronista de la sección Economía del periódico, con el célebre economista francés Thomas Piketty sobre en qué forma sus trabajos podrían ayudar a esclarecer la elección de las políticas públicas en Haití. El director de los estudios en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (EHESS) y eminente profesor de la Escuela de Economía de París, Piketty, respondió de manera transparente y sin maquillajes a sus preguntas.
Según los cálculos, "la deuda de la Independencia representaba en 1825 el equivalente aproximado de tres años de la producción de Haití (300% del PBI diríamos en el lenguaje de hoy). Esto sin tomar en cuenta siquiera los intereses que los banqueros franceses, y anglo-sajones no dejaron de hacer pagar hasta 1950 a cambio del "refinanciamiento de esta deuda". Francia debería reembolsar a HAITÍ hoy mínimamente con el equivalente de tres años del PBI haitiano actual,o sea más de 28.000 millones de dólares norteamericanos. Nótese que el PBI nominal se elevaba a 632 millones de millones de gourdes(moneda haitiana) para el ejercicio fiscal 2017-2018, o sea, 9.600 millones de dólares norteamericanos a la tasa de cambio de entonces de 65,6 gourdes por un dólar USA.
Thomas Lalime (T.L) : Después de El Capital en el siglo XXI en 2013, usted presenta al gran público Capital e ideología en 2019 con el fin de presentar un cuadro bastante fiel de las desigualdades. Haití, antigua colonia francesa, permanece aún como uno de los países más desiguales del mundo. ¿Ocupó Haití un lugar importante en sus investigaciones?
Thomas Piketti (T.P) : Mi nuevo libre, Capital e ideología, presenta una historia de los regímenes de desigualdades, en particular los sistemas de justificación ideológica de las desigualdades. El caso de Haití juega un rol muy importante en mi libro, pues la manera en que la isla ha sido tratada por la potencia colonial francesa y los antiguos propietarios de esclavos ilustra de manera extrema (pero desgraciadamente representativa) la brutalidad de la ideología propietarista en vigor en el siglo XIX, teniendo como fundamento una cuasi-sacralización de los derechos de los propietarios, cualesquiera sean los orígenes y las formas de la propiedad.
T.L : ¿Por qué, según usted, las desigualdades son tan escandalosas en Haití? ¿Cuál es el rol de la herencia colonial en la emergencia, la agravación y la persistencia de esas desigualdades de riquezas en Haití?
T.P : La revuelta de los esclavos en Haití es sin duda el momento más subversivo de la Revolución Francesa. Algunos en Francia estaban dispuestos a responder positivamente a ella. Al final, la línea que se impuso en París fue dura y represiva. La monarquía francesa impuso en 1825 una muy dura deuda a Haití con el fin de compensar a los propietarios de esclavos despojados de su derecho de propiedad. Esta deuda injusta pesó gravemente en el desarrollo económico, político, y humano de la isla. La deuda fue oficialmente pagada hasta la mitad del siglo XX. En realidad, es hasta nuestros días que esta pesada herencia esclavista y colonial ha hecho sentir sus efectos.
T.L : Usted propone poner impuestos a los más ricos, pero en países de ingresos reducidos como Haití, en donde las instituciones son muy débiles, los ricos acaparan a menudo el aparato estatal que debería proceder a imponer estos impuestos. Frecuentemente, ellos no pagan impuestos o pagan muy poco. Estos últimos pueden bastante fácilmente provocar el cambio de un gobierno o de un funcionario que quisiera hacerles pagar más. ¿Cómo aplicar una medida semejante en este contexto?
T.P: Pienso que todos los países, comprendiendo a Haití, tienen necesidad de transparentar quién posee qué, quién recibe tal ingreso y cuánto los unos y los otros pagan o no de impuestos para contribuir a las infraestructuras colectivas, al sistema de educación y al sistema de salud. Un sistema fiscal justo debe basarse en un impuesto progresivo sobre la propiedad y un impuesto progresivo sobre los ingresos. Cualquiera sea el grado de desarrollo del país y de la administración fiscal, los gobiernos deben comprometerse a hacer un registro de las propiedades y los ingresos de sus ciudadanos, a aplicarles los impuestos adecuados y a publicar el resultado de estas operaciones. Cuántos contribuyentes fueron registrados con tal y tal nivel de patrimonio y de ingresos, en tal ciudad, año tras año. Así podrán los ciudadanos hacerse una idea del progreso(o de la ausencia de progreso) de la administración fiscal, podrán pedir cuentas, y apropiarse de la cuestión de la justicia fiscal y social.
T.L : Haití fue forzada a pagar una deuda de la independencia de 150 millones de francos-oro en 1825, o sea un monto capitalizado de más de 21.000 millones de dólares hoy, lo que en gran parte hundió la posibilidad de su despegue económico. ¿Piensa usted que Haití tiene derecho hoy a una reparación por parte de Francia?
T.P: Esta deuda representaba en 1825 el equivalente de alrededor de tres años de producción de Haití (300% del PBI con el lenguaje de hoy) Esto sin tomar en cuenta siquiera los intereses que los banqueros franceses, y anglo-sajones no dejaron de hacer pagar hasta 1950 a cambio del "refinanciamiento de esta deuda". Francia debería hoy reembolsar a HAITÍ, mínimamente con el equivalente de tres años del PBI haitiano actual.
En mi libro, estudio igualmente formas más ambiciosas de justicia trasnacional fundada en la desigualdad de acceso a la educación y a los otros bienes fundamentales, en dondequiera uno haya nacido, independientemente de los orígenes de los unos y los otros y de toda lógica de solidaridad inter generacional. Esto conduciría en la práctica a retribuciones mucho más importantes todavía en beneficio de los jóvenes Haitianos. Pero a partir del momento en que no se instrumente una norma de justicia de este tipo, hay que aceptar entonces la lógica de las reparaciones.
Traducción Mónica Riet, miembro del Comité por el retiro de las tropas uruguayas de Haití

martes, 28 de enero de 2020

Las organizaciones que llegaron a Haití para "reconstruir" y fueron más destructivas que el terremoto


Tiempo argentino

Diez años luego del sismo, el país sigue en ruinas, a pesar de que desde cascos azules, la ONU y cientos de ONG dispusieron de fortunas "despilfarradas" en robos, estafas y retornos a los propios donantes.

Ni los más de cien años de intervención continua de EE UU ni la voracidad de Francia, la potencia colonial, ni los sangrientos dictadores que lo sojuzgaron durante tres décadas –los Duvalier– tuvieron sobre Haití el efecto devastador del sismo del 12 de enero de 2010, que en 130 segundos se cobró más de 316 mil vidas y dejó sin casa a un millón y medio de personas. Una de las catástrofes humanitarias más grandes de la historia borró la precaria infraestructura haitiana. A las fuerzas extranjeras que lo ocupaban desde 2004, se sumó una horda de organizaciones no gubernamentales (ONG) que llegaron a “reconstruir” pero fueron más destructivas que el terremoto.
Aunque no cuenta en su haber con otro pecado que el de haberse independizado antes que todos (1804), cuando Francia era una monarquía poderosa, Haití sigue recibiendo el divino castigo de las potencias occidentales y padece, desde hace más de un siglo, la presencia de tropas extranjeras en su territorio. Apenas días después de la liberación, en los inicios del siglo XIX, el por entonces presidente norteamericano Thomas Jefferson –el esclavista que ilustra los billetes de dos dólares– ya había advertido que “pueden existir como quilombo, o palenque, pero ni se debate la posibilidad de aceptarlos en el mundo de las naciones. Les llaman libertos, pero son negros y eran esclavos”.
Así fue que en 1915 los marines desembarcaron por primera vez en Port-au-Prince. Desde entonces, esas excursiones exclusivas del Pentágono fueron una constante, hasta que en 2004 Estados Unidos encontró socios para la tarea sucia y armó unas fuerzas invasoras de 10 mil soldados de 31 países. Los mayores aportes llegaron, llamativamente, desde tres países donde gobernaban presidentes progresistas: Brasil, Argentina y Uruguay. Según la ONU, la excursión de sus cascos azules se justificaba porque Haití era “una grave amenaza a la seguridad internacional”, aunque su ejército había sido disuelto en 1995.
Diez años después del sismo Haití sigue en ruinas. Y, además, los cascos azules llevaron la vibro cholerae, la cepa más terrible del cólera, que mata en dos días a un adulto y en dos horas a un niño. Los soldados de la ONU dejaron, también, cientos de niñas y adolescentes, embarazadas de la que la ONU, las ONG y los países invasores no se hacen responsables. Uruguay ha sido una irónica excepción, y todo lo resolvió condenando sin prisión a cuatro cabos que se acostaron con menores haitianas a cambio de un paquete de galletitas.
En 2010, apenas se conoció la conmovedora solidaridad mundial con el pueblo haitiano, mensurable en cientos y cientos de billones de dólares, se multiplicaron las ONG que se anotaron para mandar sus “cooperantes” al país. Resultaron tan violadores como los cascos azules, pero a la promoción de la prostitución, femenina y masculina, agregaron un voraz apetito por el dinero, por las grandes sumas (ver aparte). En pocas semanas Haití pasó a conocerse como la “República de las ONG”, el país del mundo con más organizaciones de ese tipo per cápita. Así fue que en setiembre de 2017, el gobierno haitiano, un gobierno particularmente corrupto, ya había tenido que expulsar a más de 300 ONG.
En ese momento, la británica Oxfam se dio el lujo de enunciar los aterradores récords de sus pares. Para el armado de ese decepcionante cuadro se suman las investigaciones de los diarios Huffington Post, The New York Times, La Jornada y Miami Herald, las agencias EFE y Associated Press, la BBC e investigadores independientes. Diez años después del terremoto, diez años de saqueo, Haití sigue tan destruido como aquel día.
“El lento camino hacia la reconstrucción” se tituló el informe en el que Oxfam aseguró que 7 de cada 10 dólares que entran al país provienen de la cooperación, aunque “olvidó” decir que 9 de cada 10 de esos dólares son manejados por las ONG, Oxfam incluida, o empresas extranjeras. Tampoco dijo que 778 millones se van para el pago de las tropas de ocupación. Una investigación de la AP llegó a una comprobación sorprendente: apenas registrado el sismo, Estados Unidos destinó una ayuda de 379 millones de dólares, pero resultó que de esos 379 millones la mayoría no fue a Haití. La AP comprobó que 33 centavos de cada uno de esos dólares retornaron por razones no precisadas a alguna agencia de Estados Unidos. Quedó probado, además, que otros 42 centavos de cada uno de esos dólares, fueron a dar a las cuentas bancarias de la británica “organización sin fines de lucro” Save the Children.
Un equipo de relatores especiales de la ONU sintetizó todos los robos, estafas y desfalcos en un informe sublevante: por cada U$S 2500 millones de ayuda humanitaria, el 34% fue reembolsado a los propios entes donantes, el 28% se dio a las agencias de la ONU y a las ONG, el 26% fue a las contratistas privadas (entre otras, California Microwave Systems y Blackwater, empresas de Estados Unidos que han hecho fortunas prestando servicios paramilitares en Irak), un 6% se destinó a medicamentos y alimentos, el 5% a sociedades nacionales de la Cruz Roja y un 1% al gobierno de Haití. “Las ONG son una estructura paralela a través de la cual se puede delinquir con total impunidad con el producido del asistencialismo”, concluyó la relatoría de las Naciones Unidas. «
No se salvan ni las más afamadas

ecién en 2018 empezaron a filtrarse detalles del accionar aberrante de las ONG más afamadas del mundo, pero sus propias indagaciones revelan ahora que su quehacer delictivo ha sido una constante. El submundo de las ONG comenzó a visualizarse cuando Oxfam, el gigante fundado en Oxford en 1942, al que el Estado británico financia con 40 millones de dólares al año, admitió cuál fue su verdadero “papel humanitario” en Haití, el país más mísero del Occidente cristiano. Robo de fondos recibidos para asistir a las víctimas de catástrofes, desvío de cuantiosas fortunas a cuentas en paraísos fiscales, abuso sexual, promoción de la prostitución infantil, son algunos de los delitos que hoy azotan a Haití pero que son “normales” en África.
La denuncia del diario inglés The Times, que el 9/2/2018 desnudó toda la podredumbre oculta tras la estructura de Oxfam –hasta su director, Roland van Hauwermeiren, aceptó haber pagado a niñas y adolescentes haitianas para animar sus fiestas, y su cama–, abrió las puertas a un mundo jamás imaginado. Le siguieron la hasta entonces impoluta Cruz Roja, que admitió haber echado a 21 “cooperantes” por haber variados actos de corrupción. Y Médicos sin Fronteras, que despidió a 24 “voluntarios”. Y Save the Children, que se disculpó por el comportamiento de su director, Justin Forsyth, que luego ocupó el mismo cargo en UNICEF. Y Mines Advisory, la ONG a la que, en vida, financiaba Lady Di. Y el Comité Internacional de Rescate, creada en 1933 por el sabio y Premio Nobel Bertrand Russell.

sábado, 18 de enero de 2020

Tribunal popular juzgará crímenes de la MINUSTAH en Haití



El anuncio fue hecho durante el Coloquio Internacional “Ocupación, soberanía, solidaridad”.



El tribunal popular tendrá la tarea de evaluar y juzgar los crímenes cometidos durante 15 años de ocupación militar internacional en Haití, a través de las misiones “de paz” de Naciones Unidas (como la MINUSTAH y MINUJUSTH). Buscará promover “procesos de desocupación, justicia y reparación para todas las víctimas de la represión, la violencia sexual y el cólera introducido por parte de las tropas de ocupación”, informaron los organizadores.
La organización estuvo a cargo de la Plataforma Haitiana para la Promoción del Desarrollo Alternativo (PAPDA), el el Instituto por Justicia y Democracia en Haití (BAI/IJDH) y el Movimiento de Libertad e Igualdad de Haití por la Hermandad (MOLEGHAF), con el apoyo de La Vía Campesina, el MST y Jubileo Sur, entre otros.
Haití está bajo la ocupación militar de las Naciones Unidas desde 2004, después de un golpe de Estado apoyado por Estados Unidos contra el presidente electo Jean-Bertrand Aristide. Con la inestabilidad que siguió al golpe, el Consejo de Seguridad de la ONU clasificó al país como una «amenaza para la paz y la seguridad internacional en la región» y allanó el camino para la invasión de Haití por 10 mil soldados de 31 países.
El Tribunal Popular comenzará a funcionar en 2020 con la participación del pueblo haitiano, sus organizaciones y diversas fuerzas solidarias del mundo.
El Coloquio Internacional “Ocupación, soberanía, solidaridad: hacia un tribunal popular sobre los crímenes de la MINUSTAH” contó con casi 200 participantes que, del 7 al 10 de diciembre de 2019, debatieron, analizaron e intercambiaron experiencias. El trabajo en talleres permitió un balance sobre los procesos de solidaridad desarrollados en las últimas décadas por diversas organizaciones, movimientos sociales y comités de solidaridad.
Entre las manifestaciones de solidaridad de los pueblos, Radio Mundo Real recogió los testimonios de Nora Cortiñas -Madre de Plaza de Mayo, Argentina-, de la activista uruguaya Monica Riet, y de Candy Cebro integrante del sindicato petrolero de Trinidad y Tobago.
Le siguen llamando ‘ocupación’ a una invasión”
Nora Cortiñas, argentina integrante de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora y Danielle Magloire, coordinadora del Colectivo contra la Impunidad, compartieron la experiencia de resistencia de las mujeres contra los regímenes dictatoriales en sus respectivos países durante la última jornada de trabajo del coloquio.
Nora Cortiñas
Ambas protagonizaron un conversatorio convocado por la organización Solidaridad de las Mujeres Haitianas (SOFA) denominado “Argentina-Haití, intercambio de experiencias feministas en contextos de dictadura”.
“Van a tener que salir a la luz los responsables. No basta con una reparación global o económica. Se tiene que hacer sobre cada víctima una reparación. Este tribunal popular es el primer paso para decir: ‘Nadie queda impune’”, dijo Nora Cortiñas a RMR.
La idea es que el tribunal popular se replique en otros países como Argentina y Uruguay, explicó Mónica Riet.
Uruguay proporcionó efectivos militares para la MINUSTAH entre 2004 y 2017. Cascos azules uruguayos que participaron esa misión son parte de los militares extranjeros acusados de violar, explotar sexualmente y dejar embarazadas a mujeres y niñas en Haití. Hay 265 casos de niños concebidos por los cascos azules de la ONU, en una “mezcla preocupante de coerción y abuso que dejó a niñas de tan sólo 11 años para criar a sus hijos en condiciones de pobreza extrema”, dice una investigación publicada en diciembre pasado en los medios The Conversation y Washington Post.
De los 265 casos de embarazos, 74 serían responsabilidad de efectivos uruguayos -repatriados aunque se sabía que iban a ser padres-.
En el país sudamericano también recuerdan un video que se viralizó en 2011, que mostraba cómo tres efectivos se burlaban de un joven haitiano mientras lo retenían con los pantalones bajos y lo filmaban. La justicia uruguaya condenó a los militares sin prisión por el delito de violencia privada.
A 10 años del terremoto
Este 12 de enero se cumplió una década del fatal terremoto en el que murieron más de 300 mil haitianos y un millón y medio quedó sin su hogar.
En los últimos diez años, unas 10 mil personas murieron por epidemias como el cólera y más de 32 mil personas siguen viviendo en carpas, en unos 22 campamentos montados tras el terremoto de 2010.
Desde julio de 2018 las protestas se mantienen de forma ininterrumpida contra la corrupción y la burocracia del gobierno de Jovenel Moïse.
Agradecemos la colaboración de Lautaro Rivara para realizar este informe.
(CC) 2020 Radio Mundo Real


domingo, 12 de enero de 2020

Haití, un laboratorio de cómo lucrar con el dolor humano y salir impune

Sismo dejó 316 mil muertos hace 10 años


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▲ Una bebé con meningitis es cargada por su madre en un refugio.Foto Alfredo Domínguez
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▲ Barrio de Belair en Puerto Príncipe tras el sismo del 12 de enero de 2010.
Un par de gallinas picotean en medio del pasto del prado que alguna vez precedió la arquitectura neoclásica del Palacio de Gobierno de Haití, que se levantaba con sus columnas y cúpulas blancas al fondo. El 12 de enero de 2010, faltando unos minutos para las cinco de la tarde, un sismo de 7.3 grados sacudió la tierra y las cúpulas se desfondaron, al mismo tiempo que cientos de miles de casas y edificios de esta ciudad capital, Leogane, Jacmel y otras localidades.
Después de 35 segundos eternos, cuando cesó el estruendo y se disipó la polvareda, de las calles deshechas emergió un drama que a la fecha no se ha descrito en toda su magnitud.
A 10 años de esa catástrofe infernal, en la que murieron 316 mil personas (cifras oficiales), el espacio que ocupaba la sede del gobierno haitiano sigue vacío, con una solitaria bandera. Al frente, otro vacío, la plaza Campo Marte, que hace 10 años llegó a albergar una atestada ciudad de carpas con miles de damnificados, hoy fuertemente vigilada por la policía nacional que intenta mantener a raya las incesantes oleadas de protesta de una nación en crisis.
El Palacio Nacional no se volvió a construir. Lo que sí se reconstruyeron fueron las grandes extensiones urbanas, precarias y caóticas, que trepan por las laderas de los cerros y bajan hasta el fondo de las barrancas que forman la accidentada geografía de esta ciudad. No queda ni un hueco sin su construcción de mampostería frágil y ajena a cualquier norma antisísmica. El barniz de reconstrucción, gris como el cemento, apenas disimula un trazo urbano que parece esperar la siguiente sacudida para repe-tir la catástrofe.
Aquí una apretada numeralia del efecto del sismo: 316 mil decesos; 105 mil casas destruidas; 208 mil viviendas dañadas; mil 300 escuelas y sedes universitarias y 50 hospitales desaparecieron. El puerto y el aeropuerto quedaron inservibles, lo mismo que decenas de iglesias, entre ellas la catedral de Notre Dame (réplica exacta de la parisina, sólo que, tropical ella, estaba pintada de rosa) y el Sagrado Corazón.
De 29 edificios gubernamentales, sólo uno quedó en pie. Murieron 20 por ciento de los servidores públicos y 92 funcionarios de Naciones Unidas, la mayoría bajo los escombros del Hotel Christophe. También fallecieron decenas de curas, monjas y misioneros, incluido el obispo de Puerto Príncipe, catedráticos y estudiantes.
Las pérdidas económicas se estimaron en 113 por ciento del Producto Interno Bruto de ese año del país. Hubo 1.5 millones de desplazados.
La respuesta del mundo entero para tender una mano a los haitianos en esas horas terribles se manifestó en un abrir y cerrar de ojos. En pocas horas, un comando de militares estadunidenses se instaló en una hondonada de la zona de las pistas de aterrizaje del aeropuerto para gestionar una complicada operación aeronáutica. Más de mil 100 aviones de todo el mundo solicitaron permiso para aterrizar, cargados de todo tipo de asistencia.
En las primeras horas y días de la catástrofe, los haitianos rascaban los escombros con las uñas para rescatar a los suyos. Y en las esquinas, bajo el sol, se iban acumulando miles de cadáveres destrozados.
El frenesí por ayudar fue impresionante. El corredor humanitario por tierra que se formó desde el paso fronterizo de Malpaso con República Dominicana se congestionó en horas. Se instaló en el país la república de las ONG asistencialistas.
Pero a la larga, en el balance que permiten los años, todo devino en un laboratorio de cómo lucrar con el dolor humano y salir impune. Al primer impulso solidario se impuso el acento militarizado. El Pentágono fue el encargado de coordinar la logística de la ayuda. A los cascos azules de la ONU, por primera vez con un fuerte componente latinoamericano, le tocó resguardar la seguridad. El resultado, decepcionante, como lo documenta en su libro El fracaso de la ayuda internacional a Haití el académico y ex diplomático brasileño Ricardo Seitenfus.

Asistencia fatal
Raoul Peck, cineasta haitiano de talla mundial (No soy tu negro, El joven Marx, Lumumba, La muerte de un profeta, entre otros filmes), concluyó lo mismo después de tres años de inmersión en el mundo de los damnificados que nunca recibieron el apoyo prometido.
Peor que un fracaso, una Asistencia fatal. Así se llamó su documental, terminado en 2013, que ilustra cómo las mejores intenciones pueden infligir más daño que bien.
Aquí fragmentos de otra numeralia publicada en días recientes por Jake Johnston, del Centro de Investigaciones Económicas y Políticas en Washington:
Pocas horas después del terremoto, Estados Unidos envió 22 mil 200 militares (la mayoría nunca de-sembarcaron de los buques del Co-mando Sur anclados en la costa) con un costo de 461 mil dólares.

Millones esfumados
La Conferencia de Donantes de Haití ofreció invertir 107 mil millones de dólares. En dos años sólo desembolsaron 6.4 mil millones.
USAID planeó invertir 486 millones de dólares para la construcción de 15 mil viviendas. Edificó 900 a sobrecostos que multiplicaron por 10 el gasto. Las empresas contratistas Chemonics International y Development Alternatives Inc. nunca fueron llamadas a cuentas. La misma USAID invirtió 350 millones de dólares en un parque industrial, Caracol, que debía generar 65 mil empleos. En su mejor momento tuvo 10 mil trabajadores y ya cerró.
Pero además está el papel de las Naciones Unidas a través de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití, la Minustah, los cascos azules. En la experiencia haitiana, la Minustah fue la prueba de fuego de los países latinoamericanos en este tipo de operaciones de mantenimiento de la paz, bajo una comandancia brasileña (gobierno de Lula da Silva) y una mayoría de efectivos brasileños, uruguayos, argentinos y chilenos. México también participó con una minúscula fuerza policiaca.
Enfrentados a un desafío que provocó la furia de la naturaleza, desde Washington se decidió la siguiente estrategia: la fuerza militar estadunidense se haría cargo de la logística de la ayuda humanitaria y la Minustah, que triplicó sus efectivos en el terreno, de la seguridad.

Más mal que bien
El 23 de diciembre pasado, un editorial de The New York Times dedicó una pieza a hacer un balance de esta misión de los cascos azules. Un legado manchado de sangre de la ONU en Haití, lo tituló.
Vinieron a traer la paz; se marcharon 13 años después dejando atrás enfermedades y cientos de niños (265 se han registrado) nacidos de mujeres y niñas empobrecidas. Todavía se está calculando el daño total causado por estos hombres.
A inicios de octubre de ese fatídico 2010, en los hospitales de la región arrocera de la Artibonite, muy lejos del desastre por el sismo, los hospitales empezaron a verse inundados por pacientes con vómitos y diarreas incontenibles: cólera. Una de las cepas más terribles: vibro cholerae, que puede matar en dos días a un adulto; en dos horas a un niño.
El saldo oficial de esta pandemia que se extendió hasta Puerto Príncipe y Cité Soleil fue de 10 mil muertos registrados. Philip Alston, experto de las Naciones Unidas, y Renaud Pierraux, la eminencia en epidemiología, llegaron a calcular este saldo en 50 mil. Y concluyeron, sin duda, que el origen de la epidemia fueron los cascos azules.
Seis años tardó Ban Ki Moon en aceptar la responsabilidad de la ONU en esta catástrofe, ilustrada sin duda alguna por la fotografía de una cisterna de agua negras, con el logo de la ONU, procedente de un campamento de soldados de Nepal, en el río Meye, que riega los arrozales de la zona. En esas fechas, en Katmandú, de donde eran originarios esos cascos azules, se había registrado una epidemia igual de mortífera.
Un día antes de dejar la secretaría general de las Naciones Unidas, Ban Ki Moon pidió disculpas por la responsabilidad moral, pero rechazó indemnizar al país y a las víctimas.

Foto Alfredo Domínguez 
Periódico La Jornada

sábado, 28 de diciembre de 2019

Con motivo las violaciones por parte de los casos azules uruguayos en Haití


Declaración de la Coordinadora por el retiro de tropas de Haití/Uruguay


Encubrimiento y responsabilidad 

Una investigación independiente en Haití que cobra hoy alta difusión internacional por lo escandaloso de los hechos, muestra que la ocupación militar de la ONU llamada "misión de paz" ha incluido durante más de una década numerosas violaciones sexuales de sus efectivos sobre la población, abandonando además los hijos que resultaron, conocidos en Haití como «petits minustahs».

Esta práctica de abuso sistemático es parte integral de la violación de la soberanía del país y la opresión racial que esta ocupación significó, continuando una invasión de EEUU, Francia y Canadá que derrocó un presidente legítimo, y continuación también de más de un siglo de intervenciones coloniales de EEUU en Haití. Un país que no estaba en guerra ni era amenaza para nadie, y cuyo pueblo sigue hasta hoy rebelándose contra este estatus colonial y la miseria a la que se lo condena. Como se sabe. las violaciones y todo tipo de abusos son conducta habitual de todos los ejércitos de ocupación desde el fondo de la historia. 

Pero es muy significativo que Uruguay figure en el PRIMER LUGAR entre todos los países participantes, en violación, abuso y abandono. Varias decenas de casos, sistemáticamente y durante años. El precedente del Congo muestra que es un patrón de conducta habitual de las fuerzas armadas uruguayas, y las medidas institucionales de complicidad y encubrimiento también. Forma parte de una cultura de abuso y predación, como los numerosos casos violencia doméstica de los miembros de la corporación militar también aquí en casa. Que se suman a la impunidad que siguen teniendo por los peores crímenes. 

De la participación de Uruguay en esta ocupación militar han sido responsables durante más de una década el Poder Ejecutivo (Jorge Batlle y los sucesivos gobiernos frenteampistas), los ministerios de RREE y Defensa, las FFAA, y el Parlamento, en varios periodos de gobierno. Y en todo ese tiempo ha sido denunciada por distintas organizaciones sociales y de DDHH exigiendo que Uruguay se retire de todas las "misiones de violación". En particular la "Coordinadora por el retiro de las tropas de Haití" durante todo ese tiempo ha denunciado los hechos entrevistándose con ministros, parlamentarios, instituciones, partidos políticos, vinculándose a organizaciones haitianas y acompañando a sus voceros para sus reclamos ante nuestro gobierno. 

Los hechos que esta investigación revela hoy tienen plena confirmación oficial en la forma descarada en que el Ministro de Defensa José Bayardi trata de minimizarlos. Solamente acepta "porcentualmente pocos" casos de paternidad comprobada por análisis de ADN, dice que es abuso sexual pero no violación "strictu sensu". En el mismo sentido el futuro ministro de defensa Javier García habla de "solamente 24 indignos en 50 mil que defendieron el prestigio del país..." 

A la vergüenza de los actos oprobiosos se agrega la estupidez de las autoridades. 

Las relaciones sexuales de los efectivos de la ONU con mujeres u hombres de la población local está prohibida en todos los casos (aunque nadie cumpla esa norma), las relaciones con menores son siempre violación, y el supuesto "consentimiento" es una excusa cínica cuando las mujeres y niñas se ven forzadas a prostituirse ("por monedas", y hasta "por una comida" según surge de la investigación) por su situación de miseria extrema, miseria que a su vez es resultado de la ocupación misma, de la epidemia de cólera que introdujeron con decenas de miles de muertos y cientos de miles de afectados, de las consecuencias de la represión a mansalva. Y la indefensión de estas mujeres y niñas se acentúa por tener que mantener a los niños así concebidos, y la prostitución puede volverse permanente. Ese comercio sexual, aun cuando lo sea, es producto de la asimetría abusiva entre quien disfruta de comida, dinero y seguridad, y quien está en la más absoluta carencia e indefensión. 

Las mujeres de todo el mundo, y las uruguayas también, conocen perfectamente como siempre se minimiza la violencia contra ellas, y los obstáculos que tienen para denunciar estos hechos, siempre. Los casos registrados son apenas una pequeña parte de los casos reales, cosa totalmente sabida aquí también en Uruguay. Multipliquemos eso por el factor que corresponda cuando los violadores pertenecen a un ejército de ocupación, y a cómo conseguir una muestra de ADN de un niño pobre abandonado en Haití. Cuando, además, el país ocupante retira a los efectivos involucrados para cubrirlos y pasa a ser co-autor deliberado del abandono, encubridor deliberado de las violaciones. ¿Van a venir las mujeres haitianas para denunciar los hechos ante la justicia uruguaya? 

Las violaciones sexuales de las tropas ocupantes de la ONU en varios países (y tropas de cualquier país también) son ampliamente conocidas, la ONU mantiene una política institucional de impunidad y la aplica en Haití incluso para no responder por su responsabilidad por la epidemia de cólera, y para no reparar a las víctimas. Lo mismo hace aquí Uruguay. 

Tabaré Vázquez habló en 2017 en la ONU de "tolerancia cero" a los abusos, de "políticas de prevención", "justicia y reparación". Ni una palabra dijo de reconocer los abusos cometidos por tropas uruguayas, pero más allá de eso la pregunta es ¿en qué quedó todo lo anunciado? Sabían, toleraron, encubrieron. El violador es indigno cuando lo descubren. 

La propia ocupación de "estabilización" durante más de una década ha tenido el resultado que hoy vemos: Haití arde en llamas y la "comunidad internacional" se lava las manos, si es que no intenta una repetición, como otras "misiones de paz" que sigue sosteniendo en el mundo y que el gobierno uruguayo apoya y participa. Y evade su propia obligación de reparación ante el inaudito abandono de niños de los que es responsable tanto el gobierno como los militares individual y colectivamente, en un país asolado por la miseria. 

Pero Bayardi olvida incluso que sí hubo un caso de denuncia por violación "strictu sensu" ante la justicia uruguaya, el joven haitiano Johnny Jean violado por cuatro marinos uruguayos (que no pasaron en prisión más de tres meses) mientras un oficial filmaba el hecho. Los mandos negaron de mil formas que hubiese abusos; hasta que la propia estupidez de los autores hizo que esa filmación se filtrase a todo el mundo. Ni siquiera se ha cumplido en este caso con la reparación económica comprometida. 

Y ahora se conocen en todo el mundo estas otras violaciones. Mientras tanto los voceros militares y el ministro dicen que Uruguay tiene nomas más estrictas que la ONU. 

Así, están admitiendo la co-autoría de los actos violación y abandono de niños, y la política sistemática de encubrimiento. 

Y esto es además, parte de los "derechos adquiridos" de la corporación militar. 

Para cualquiera que rechace el colonialismo y la política guerrerista que azota al mundo, estas misiones de violación, del país y de su gente, son inaceptables. Y Javier García dice que en próximo gobierno esta participación de Uruguay en las invasiones militares "para proteger" se mantendrá. Y dos tareas fundamentales tenemos por delante a la cual convocamos: rechazar el colonialismo mercenario, desarmar la impunidad. 

Dos preguntas simples se hace cualquiera. 

Si somos el país más estricto en combatir esas aberraciones ¿por qué tenemos el número más alto de casos? 

¿Y por qué salen recién ahora a dar estas "explicaciones", ahora que los hechos han cobrado estado público? 

Ahora que el mundo entero señala a Uruguay: "El violador eres tú". 

Coordinadora por el retiro de tropas de Haití / Uruguay

sábado, 21 de diciembre de 2019

Cascos azules de la ONU, brasileños y uruguayos, violaron 2.000 mujeres y niñas en Haití



Más de dos mil mujeres en Haití, muchas de ellas menores, han sufrido abusos sexuales por parte de las fuerzas de paz de desplegadas por Naciones Unidas (Minustah) desde 2004 hasta 2017, según un estudio realizado por las profesoras británicas Sabine Lee y Susan Bartels, de la Universidad de Birmingham.
El mismo determinó que cientos de mujeres y niñas haitianas que vivían en las cercanías de las bases de la ONU fueron abusadas sexualmente. La investigación que fue publicada en el medio académico The Conversation, se basó en 2.500 entrevistas a mujeres de Haití a las que se les preguntó cómo es ser una mujer o niña que vive en una comunidad que acoge una misión de paz.Resultado de imagen para violaciones de minustah en haiti
La prensa brasileña señaló que comandados por general Augusto Heleno, militares  brasileños abandonaron más de 200 hijos en Haití.
De  acuerdo con los testimonios de las denuncias, los militares y otros funcionarios de las delegaciones de Naciones Unidos encargados de restablecer la paz en la zona habrían mantenido encuentros sexuales con incluso niñas de once años, aprovechándose de la pobreza y miseria que varios años de guerra civil y catástrofes meteorológicas han provocado entre la población.
Fruto de estos abusos, muchas de las mujeres – entre las que se cuentan menores – han concebido niños que han pasado ser conocidos como los ‘Petit Minustah’, en referencia al acrónimo de la misión de paz de la ONU en Haití. Algunas fuentes hablan de que cerca de un centenar de niños concebidos tras las violaciones. Según el informe, en 28,3% de las 265 historias de embarazos producidas por cascos azules hubo personal uruguayo identificado, y en el 21,9% personal brasilero
Militar uruguayo en misión de paz. | Foto: Gobierno Uruguay “Está bastante claro que se aprovecharon de niñas menores de edad”, ha denunciado Lee, cuyo estudio ha recogido unas 2.000 entrevistas a la población local que residía cerca de las bases militares que Naciones Unidos asentó en la isla desde 2004.
Cerca de un 10 por ciento de los entrevistados han mencionado la existencia de niños concebidos después de los encuentros sexuales que se habrían producido, mientras que otro tantos hablan de como algunos funcionarios de la delegación de la ONU “ponían monedas en las manos de las niñas”, o les daban comida a cambio de estos favores.
Por su parte, un portavoz de Naciones Unidas ha asegurado que desde la organización se toman muy en serio estos problemas y reconocen que al menos hay 29 víctimas y 32 niños nacidos de estos abusos sexuales. En ese sentido, ha informado de que la ONU está “activamente involucrada” y actualmente garantiza que los pequeños y sus madres están recibiendo la manutención y cuidados adecuados.
El estudio ha recogido unas 2.000 entrevistas a personas que residían cerca de las bases militares que Naciones Unidos asentó en la isla desde 2004, y denuncia que la política de actuación de la ONU es “ineficaz”, puesto que de acuerdo con el sistema actual, la organización internacional no puede procesar a sus trabajadores por los atropellos cometidos durante el cumplimiento de sus labores en el extranjero.
“El entrenamiento debe ir más allá, no puede ser que vengan a un sitio, violen a una mujer y se vayan”, ha denunciado Lee, para quien la ONU debería plantear medidas disciplinarias más duras contra aquellos trabajadores que lleven a cabo este tipo de abusos y conductas sexuales.
Niñas embarazadas por militares brasileños y uruguayos
Entre los casos más dramáticos se registraron niñas de 11 años embarazadas. “Te daban unas monedas a cambio te metían un bebé”, dice uno de los testimonios.  265 de estas mujeres hablaron, sin que se les preguntará directamente, sobre situaciones de abusos. Entre estos se incluían casos de niñas de hasta 11 años y en donde algunos abusos terminaron en embarazos.
Asimismo, se especifica que de las personas que realizaron las violaciones, en general eran “cascos azules” que provenían de 13 países, pero que en su mayoría correspondían a brasileños y uruguayos.
Una de las declaraciones más potentes reveladas en el estudio menciona que “te daban unas monedas y a cambio te metían un bebé”, lo que gráfica lo violento de la situación. Además se agrega que los militares ofrecían comida a cambio de tener relaciones sexuales. Finalmente, se resalta el hecho de que los miembros de las misiones de paz involucrados sólo eran sancionados con ser de vueltos a su país de origen, sin ningún otro tipo de condena.
Mientras aún resonaban los ecos de la denuncia por la violación del joven haitiano Johny Jean a manos de cinco soldados uruguayos en 2011, la ONU denunció la presunta «mala conducta» de efectivos uruguayos en la ciudad dominicana de Dajabón, donde otros efectivos fueron sindicados  de violar a mujeres, entre ellas menores de edad.
El caso más reciente tiene que ver con tres investigaciones abiertas a partir de una denuncia presentada por la ONU el 15 de octubre de 2012 ante la cancillería uruguaya.
Ante esto, el ministro de Exteriores haitiano, Bocchit Edmond, exigió que se haga justicia para las cerca de 2.000 mujeres y niñas que se han visto afectadas durante las misiones de paz de la ONU entre el 2004 y 2017.
Los “haitianos” en el gobierno de Bolsonaro
General Augusto Heleno, de Haití al Planalto
Los fantasmas de la masacre de Haití persiguen alos generales del gobierno de Jair Bolsonaro, la “clase haitiana” que ocupa posiciones estratégicas en Brasilia
Al amanecer del 6 de julio de 2005, las tropas de la Misión de Estabilización de la ONU en Haití (Minustah), lideradas por el ejército brasileño, llevaron a cabo una operación de «pacificación» en el barrio marginal más grande de la capital haitiana, Puerto Príncipe, conocida como Cité Soleil .
Según los testigos, unos 300 hombres fuertemente armados, comandado por el general brasileño Augusto Heleno, irrumpieron en el vecindario y mataron a 63 personas, dejando a otros 30 heridos. Hoy es el primer ministro de la Oficina de Seguridad Institucional (GSI), responsable de la inteligencia del gobierno de Jair Bolsonaro.
Además de los generales Floriano Peixoto (Secretario General de la Presidencia) y  Augusto Heleno, otros tres ministros estaban en el país caribeño los generales Ferando Azevedo da Silva (Defensa) y Carlos Alberto dos Santos Cruz  (Secretaría de Gobierno) y el capitán tarcisio Gomes de Freitas (Infraestructura).
También cuatro secretarías estratégicas están en manos de la “clase haitiana”: el coronel José Arnon dos Santos Guerra y Freibergue Rubem no Nascimento, del Ministerio de Justicia, el general Edson Leal Pujol, de Defensa, y el portavoz de la Presidencia General Otávio Santana do Rêgo Barros, además del general Ajax Porto Pinheiro asesor especial del presidente del Tribunal Supremo Federal (STF), Dias Toffoli.

* Investigadora brasileña, analista asociada al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

miércoles, 11 de diciembre de 2019

Las Naciones Unidas y Haití: 15 años de guerra unilateral


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Haití
Iamgen: Pavel Egüez

En el año 2004, una crisis política doméstica en Haití fue utilizada para justificar una operación inédita: el despliegue de una fuerza militar multilateral en un país que no afrontaba una guerra civil, no agredía a terceros países, ni estaba cometiendo un genocidio. Una pequeña nación insular, empobrecida y en crisis, cuyas fuerzas militares habían sido disueltas en el año 1995, fue invadida por más de 10 mil soldados y policías oriundos de 31 países. Según las Naciones Unidas, la OEA, Estados Unidos, Francia y Canadá, Haití representaba por entonces una inusual amenaza a la seguridad internacional. ¿Cuáles eran los actores de dicha amenaza? Los campesinos y pobres urbanos que escapando de la ruina agrícola, la miseria y el hambre, armaban balsas improvisadas que intentaban navegar hasta las costas de la Florida. ¿Y cuál el estímulo de estos sujetos amenazantes? Pues las políticas neoliberales de liberalización comercial y financiera aplicadas desde mediados de la década del '80 por el FMI y el Departamento de Estado norteamericano. Como castigo a su dolor, a Haití le será aplicado hasta el día de hoy el Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas, que establece las acciones a seguir "en caso de amenazas a la paz, quebrantamientos de la paz o actos de agresión".

Pero volvamos a la MINUSTAH y sus tropas estabilizadoras. La mayoría de ellas (un 70%), provenía de vecinos caribeños y latinoamericanos y había sido enviada por gobiernos progresistas. La rotunda negativa de Venezuela y Cuba y su defensa del principio de no intervención, merecen una mención aparte. Los mayores contingentes militares serían provistos, entonces, por Uruguay, Brasil y Argentina. El comando militar, tras las diligencias llevadas a cabo por el ex-presidente francés Jacques Chirac y por George W. Bush, sería otorgado a Brasil, quién de esta forma arrimaba posiciones hacia el codiciado asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Los delirios de gran potencia pronto habrían de sumir al Brasil en una onerosa operación que le ofrecería escasos rindes estratégicos. En un terreno desconocido, sus soldados ejecutarían el trabajo sucio de la geopolítica imperial, dado que la orientación política y la asesoría militar del organismo siempre estuvo bajo el control directo de los Estados Unidos. Como correlato, la injerencia humanitaria formaría en técnicas de represión interna y control poblacional a una nueva camada de tropas y oficiales que luego aplicarían los aprendizajes del laboratorio haitiano sobre las poblaciones jóvenes y racializadas de las favelas del país. Dando, además, prestigio internacional a una serie de oscuros generales que ocupan hoy por hoy un papel de relevancia en el gobierno de Jair Bolsonaro, posicionados al frente de Ministerios e instituciones claves.

La guerra librada contra Haití por la "comunidad internacional" fue un conflicto sin parangón: sin combatientes, fue ganada sin disparar un solo tiro, al menos no contra fuerza regular alguna, pero si contra poblaciones civiles pacíficas e indefensas. Una victoria pírrica en toda la regla. Si en los siglos anteriores las fuerzas belicosas justificaban sus aventuras militares bajo las tentativas de "civilizar", "evangelizar", "occidentalizar" o "democratizar", el nuevo eufemismo acuñado fue el de la "estabilización". Haití, la nación que trastabillaba por las zancadillas que las potencias occidentales le tienden desde hace 200 años, debía ser estabilizada. Para ello fue creada la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (MINUSTAH). Concebida para actuar seis meses, su ocupación se prolongaría desde el 2004 hasta el año 2017, cuando sería reemplazada por su sucesora, la MINUJUSTH. "Estabilizado" Haití, la nueva misión se abocaría, presuntamente, a favorecer la impartición de justicia hasta el presente año, cuando daría paso a una enésima de misión, esta vez de carácter "político": la BINUH. A 15 años de la ocupación militar, y a 26 años de la primera misión civil de la ONU y la OEA en el país, Haití es un país a todas luces más inestable, injusto y desigual. La emergencia de grupos delincuenciales que lograron equiparse comprando las armas que la ocupación ponía de pronto en circulación en el país, es tan solo uno de sus ejemplos.

Cuando la MINUSTAH fue concebida, las usinas de pensamiento occidental, no exentas de declaraciones bien intencionadas, desplegaron rápidamente una serie de argucias ideológicas: la necesidad de defender el "multilateralismo" (mientras se desarrollaba la unilateral Guerra de Irak), el principio de "no indiferencia" acuñado por la diplomacia brasileña, el oxímoron inmoral de la "injerencia humanitaria", la "responsabilidad de proteger" que presumía a una nación dependiente e incapaz, o los estados "fallidos" o "frágiles" descritos por los think tanks globales. O, en el sumun de la creatividad racista y colonial, las "entidades caóticas ingobernables". Incluso se acariciaba la idea de que la MINUSTAH fuera el puntapié inicial de la Organización del Atlántico Sur (OTAS), que debía plasmar una nueva concepción de seguridad colectiva regional. Incluso renombradas voces de la izquierda europea, como el periódico Le Monde, pedían a gritos una intervención internacional en una editorial del 18 de febrero del 2004: "¿Cuándo emplear el derecho a la injerencia? ¿Cuándo se hace necesario poner fin a la soberanía de un Estado? ¿No será demasiado tarde para llevar la seguridad a la población?" Las preguntas, claro está, eran meramente retóricas. Como durante las guerras europeas, la izquierda colonial, mas occidentalista que humanista, había estampado ya su firma en la aventura militar.

Como cuando la Revolución Francesa, otra vez Haití era el límite infranqueable en el que se estrellaba la pretendida universalidad de los valores occidentales. Al oeste de la isla en la que los jacobinos pregonaban la compatibilidad de la libertad, la igualdad y la fraternidad con el régimen de la esclavitud y la plantación colonial, volvían a repetirse los absurdos de la historia. Mucho más franco había sido Thomas Jefferson, el insigne patriota norteamericano, en el año 1801: "En tanto impidamos a los negros poseer navíos, podremos permitir su existencia, y continuar manteniendo con ellos intercambios comerciales muy lucrativos". "Haití puede existir como un gran poblado de cimarrones, un Quilombo o un Palenque. Pero está fuera de debate la posibilidad de aceptarlos en el concierto de las naciones". Dos siglos después, la vieja y venerable ONU y los ganadores occidentales de la Segunda Guerra Mundial pregonaban la vigencia de los derechos humanos y la participación de todos los Estados en el "concierto de las naciones", mientras se arrogaban el derecho de tutela. Haití, como consecuencia, era invadida, militarizada, estuprada y asesinada. La larga lista de crímenes de la ONU y su guerra unilateral puede ser resumida, más no agotada, en tres grandes líneas:

1) La consecución de masacres y asesinatos selectivos en las periferias urbanas que resistieron y enfrentaron activamente la ocupación internacional. Su número de víctimas, jóvenes en su mayoría, nos es todavía desconocido. Tal vez el acontecimiento más emblemático de control poblacional haya sido la masacre de Cité Soleil, en la cual, en una presunta persecución de grupos criminales, decenas de inocentes, al menos en su mayoría, fueron asesinados en la barriada más populosa del país. Según las asociaciones de víctimas, la MINUSTAH habría operado desde helicópteros artillados que sobrevolaban esa y otras periferias de forma recurrente.

2) La participación y la organización por tropas de la MINUSTAH en redes de trata y explotación sexual de niños, niñas y mujeres. El caso más resonante, pero no el único, fue el de los cascos azules uruguayos. Los soldados cometieron un número también desconocido de abusos y violaciones que lejos de ser el acto de depredadores aislados, fueron actos de guerra que tuvieron el claro objetivo de aterrorizar a la población mediante la violencia ejercida sobre cuerpos y territorios, como nos lo describiera recientemente la socióloga y feminista haitiana Sabine Lamour. Hasta el día de hoy la ONU solo reconoce 114 denuncias de abuso y explotación, de las cuales solo 34 fueron conformadas, hubo 11 detenidos, y una sola víctima indemnizada.

3) La introducción de la bacteria del cólera en un país en el que este flagelo era desconocido, y que se había mantenido al margen de las grandes epidemias coléricas de los últimos siglos. La enfermedad se difundiría desde el campo Annapurna de la MINUSTAH, introducida por soldados nepalíes. A pesar de los conocidos riesgos epidemiológicos asociados a la movilidad de ejércitos, las Naciones Unidas no hicieron nada por preservar a la población haitiana: ni realizaron análisis previos capaces de detectar la presencia de la mortífera bacteria intestinal, ni realizaron tratamiento alguno de los desechos fecales que eran vertidos a cielo abierto y terminarían llegando a uno de los afluentes del río más extenso del país. Mientras que se reconocen oficialmente 9 mil víctimas fatales, diferentes especialistas independientes estiman en 30 mil la cifra real, así como en 800 mil la cantidad total de infectados. En tres años, el cólera mataría a mas personas en Haití que en toda el África. La ONU falsearía reportes médicos, obstruiría las investigaciones de interés sanitario sobre el origen de la cepa, e iniciaría una fenomenal campaña de desinformación para evadir su responsabilidad. Tardaría seis lagos años en disculparse, pero rechazando in limine su responsabilidad legal, y por lo tanto la posibilidad de que los familiares de las víctimas y la sociedad haitianas la demanden y le exijan actos de reparación.

Por eso es que bajo las consignas de desocupación, reparación y justicia, decenas de organizaciones haitianas y una veintena de delegados y delegadas internacionales se darán cita para realizar una evaluación sobre los 15 años de ocupación internacional de las Naciones Unidas en Haití. Convocado por movimientos sociales y organizaciones de derechos humanos, el Coloquio Internacional "Ocupación, soberanía, solidaridad: hacia un tribunal popular sobre los crímenes de la MINUSTAH en Haití" se extenderá del 7 al 10 de diciembre en la capital Puerto Príncipe.

***

El año de finalización del mandato de la MINUSTAH, su jefa, Sandra Honoré, confió a la agencia EFE que "trece años después, Haití es un país muy diferente". Fue muy cuidadosa en no mencionar el sentido preciso de su evolución luego de una guerra larga, estúpida y completamente unilateral.

- Lautaro Rivara es sociólogo, periodista y brigadista de ALBA Movimientos en Haití
@LautaroRivara
https://www.alainet.org/es/articulo/203697

martes, 19 de noviembre de 2019

Haití y la crisis sistémica



La vuelta de hoja lleva otra vez a la urgencia de reconocer y difundir la extrema situación que se vive en Haití, meses de protestas y represión, años de manifestaciones cíclicas, siglos de olvido y negación. Haití es en América la crisis total del sistema capitalista y de la hegemonía imperialista de los Estados Unidos, es también, la crisis de la humanidad puesta en escena, es un grito cuyo eco no hemos alcanzado a escuchar y comprender por la ocupación en otros frentes de lucha y también por la ponderación de otras naciones como si fueran más relevantes, pero en Haití, se ponen de manifiesto no únicamente el real carácter del capitalismo por las condiciones de suprema de explotación, marginación, racismo y represión, se evidencia de igual forma, la aguda urgencia de la conformación de una alternativa de izquierda que alcance a aglutinar la esperanza en un sólo camino para dar salida a esta situación, las alianzas temporales que suelen presentarse en coyunturas particulares, en muchas ocasiones así como surgen se diluyen, dejando debilitado al movimiento o la implementación de las demandas, la insurrección tiene a los barrios populares organizándose, tomando las calles, montando barricadas, organizando marchas e incluso milicias, el pueblo está discutiendo las estrategias posibles para desafiar al régimen de Jovenel Moïse, presidente repudiado y cuya salida encabeza las demanda social. Los obreros, campesinos, estudiantes y demás sectores no han cesado en la resistencia, la profundidad de las heridas es equivalente al deseo de cambio y a la generación de conciencia proletaria que poco a poco va tomando mayor forma en el país caribeño.
El actual ciclo de protestas comenzó el mes de julio de 2018, cuando el presidente, Jovenel Moïse, aumentó el costo de los productos petroleros siguiendo las indicaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), el descontento se incrementó al vincularse al presidente con actos de corrupción al malversar fondos por más de dos mil millones de dólares provenientes del programa Petrocaribe y por el consecuente desabasto de combustible causado por la crisis arrastrada. Altos precios, sub-ejecuciones, contratos yuxtapuestos, obras fantasmas, liquidación precoz de fondos, evasión fiscal, nepotismo y otras acusaciones caen sobre el gobierno, temas de los que países como México saben mucho. Haití presenta movilizaciones recurrentes, la dura realidad muestra el alza de la pobreza así como de la violencia de Estado, más de cuarenta personas han sido asesinadas por el terrorismo del poder, cientos encarcelas y torturadas, junto a esto, la ocupación imperialista y neocolonial que está presente desde años atrás, impide la generación de vías alternas democráticas para el pueblo, el manto de silencio que cubre lo referente a Haití, es la cúpula de una permanente agresión por varias vías. La inflación, el desempleo y la precariedad crecen abismalmente con gran rapidez, las fuerzas productivas en lucha resisten para superar la mayor de la crisis y poner abajo al gobierno “neoliberal, antipopular, ilegítimo y antidemocrático”, tal y como lo definen los haitianos.
Los sectores sociales en resistencia han firmado un acuerdo político para sentar las bases de un gobierno de transición una vez se logre la renuncia del presidente Jovenel Moise, el pasado 9 de noviembre, se congregaron con la mira común de salir de una vez y para siempre del pesado lastre que significa cargar sobre las espaldas de los trabajadores y trabajadoras la crisis económica más larga de la historia latinoamericana, sin embargo, el presidente como es común, se aferra al poder y agudiza la represión, actitud compartida por ejemplo, con Sebastián Piñera, presidente de Chile. El acuerdo es en sí, una posible hoja de ruta, un camino que en realidad tendrá que buscar las diferentes veredas por las cuales andar, sin perder el rumbo pactado, en este proceso largo y complejo aún deben fijarse los tiempos de la transición, las estructuras y formas del gobierno futuro. Todo sin bajar la guardia en la lucha, sin dar oportunidad a qué el actual gobierno, las potencias que mantienen ocupación e intereses económicos, puedan desvirtuar el carácter emancipador de los acuerdos, la independencia de la resistencia como de la sociedad a construir es indispensable para garantizar que sean los haitianos quienes reciban los beneficios de cada uno de los logros consumados, como puede deducirse, la desconfianza de la población a las organizaciones tradicionales es alta, por ello, la independencia proletaria es indispensable para realmente hablar un nuevo gobierno y del establecimiento de las bases para reconstruir la nación.
La solidaridad internacional debe expresarse a favor del pueblo haitiano, por la salida del gobierno corrupto y opresor, por la unidad latinoamericana, en un contexto tan particular como el actual. Las luchas presentes no pueden entenderse en un contexto únicamente local o regional, la mirada global permite comprender que lo que se vive en Nuestra América y en todas las zonas en resistencia a nivel mundial, es sin dudas, la crisis final del capitalismo y del imperialismo estadounidense. La resistencia haitiana es síntoma y reflejo del nuevo mundo que habremos de crear, el proyecto socialista tiene que ponderarse como bandera, los pueblos latinoamericanos integrados deben contribuir a la reconfiguración de toda la humanidad.
Cristóbal León Campos es integrante del Colectivo Disyuntivas

sábado, 9 de noviembre de 2019

Gobierno de Haití busca crear una guerra civil y militarizar el país

                   

Reporte de Lautaro Rivara desde Puerto Príncipe.                    

El gobierno del Presidente Jovenel Moise empezó este 5 de noviembre una operación para sacar las barricadas en la calles de Puerto-Principe, tras 8 semanas de movilizaciones ininterrumpidas.
«La policía acompañada con civiles armados matan, hieren sin piedad a todas las personas que encuentran en su camino. La población civil defendió sus barricadas con piedras y lanzando botellas. Los sicarios de Jovenel han huido de la zona», informaron este martes medios solidarios con el pueblo haitiano.
El sociólogo y periodista argentino Lautaro Rivara, integrante de la Brigada Dessalines y de ALBA Movimientos, advertía este martes que «el gobierno de Jovenel Moise quiere llevar al país a una guerra civil para justificar una invasión estadounidense», dijo en diálogo con RMR. Compartimos su reporte desde Puerto Príncipe en el audio que acompaña esta publicación.
Rivara informó que Estados Unidos anunció que enviará 2.000 toneladas de alimentos a Haití a través de la USAID: «Según el Miami Herald «no habrá soldados americanos distribuyendo las raciones» tal como entrelíneas había solicitado el gobierno de Moise».
Según las fuentes de la USAID, el 35% de los haitianos atraviesan urgencias alimentarias. «Lo que no dicen es que fue la propia USAID, los Estados Unidos, el FMI y el Departamento de Estado quienes destruyeron la producción agrícola nacional desde la década del 80 -opinó Rivara- Así Haití pasó de ser un país que se autoabastecía y exportaba arroz y otros productos agrícolas, a ser el cuarto mayor importador de arroz norteamericano. La competencia desleal arruinó a los productores, generó un éxodo rural masivo y aumentó el precio de los alimentos».
«El origen de la crisis alimentaria está en las políticas neoliberales y neocoloniales. Sin un cambio de gobierno y de sistema el hambre seguirá agravándose. Debemos estar atentos a que ésta no sea la puerta de entrada de una nueva «invasión humanitaria» como tantas otras», advirtió Lautaro Rivara.
Es la octava semana consecutiva de protestas en el país, que incluye una amplia agenda de reclamos, como resultado de una grave crisis económica y energética que castiga a la gran mayoría de la población muy pobre y unificada bajo el demanda común de exigir la renuncia inmediata del presidente Jovenel Moïse (PHTK) y todo su gabinete.
“Otra dimensión importante es la represión policial: el silencio sostenido por los organismos internacionales de derechos humanos sobre el tema de Haití es escandaloso y casi cómplice”, nos decía también Lautaro Rivara. Entre el 16 de septiembre y el 27 de octubre, se registraron unas 51 personas asesinadas por armas de fuego, la mayoría de ellas víctimas de la represión policial durante las protestas.

(CC) 2019 Radio Mundo Real

martes, 5 de noviembre de 2019

Resistir la prepotencia y el pánico



Arde el planeta, no sólo el Amazonas o California. Arden la rabia y el hartazgo.
América Latina es sólo la punta del proverbial iceberg. Su ebullición es más visible, pero no es la única y ni siquiera la principal. La prolongada acumulación de iniquidades, la compulsión destructiva, la arrogancia, cinismo y prepotencia de las élites y en muchos casos el mero instinto de supervivencia mantienen una inmensa ola de rebelión en el mundo entero.
No caben en el mismo costal las expresiones del descontento. Se parecen algunas gotas que derraman el vaso, como aumentar el precio de transportes o combustibles, pero los vasos son muy diversos. No es lo mismo Líbano que Haití, Chile que Argentina, Hong Kong que Cataluña. El estado de ánimo general –rabia, hartazgo– toma muy diversas formas políticas. No hay todavía común denominador en esta inmensa y polifacética reacción al estado de cosas.
En las estructuras de poder las cosas son más claras y homogéneas. Comparten patrones de respuesta que combinan peligrosamente prepotencia y pánico.
El modo de producción capitalista se convirtió en modo de despojo mediante el desmantelamiento de buena parte de lo conseguido en siglos de lucha y el deterioro en las condiciones materiales de vida de la mayoría. Se buscó activamente la fragmentación de las estructuras comunitarias y el debilitamiento de las organizaciones de lucha.
Murió así el estado-nación democrático, la forma política del capitalismo. Su despotismo inherente se acentuó en el estado de seguridad. El terrorismo y otras amenazas reales o inventadas fueron pretexto para extender y profundizar dispositivos autoritarios. Como eso tampoco fue suficiente, en este siglo se empezó a conformar la sociedad de control. Nuevas tecnologías quedaron al servicio de dispositivos cuya meta última es controlar todos los aspectos de la vida cotidiana.
En todas partes, los gobiernos han aprendido a no hacer caso del descontento. Hay múltiples ejemplos de sus reacciones prepotentes y cínicas ante todo tipo de movilizaciones. Cuando éstas son más peligrosas o intensas, la respuesta general ha sido la represión directa, refinada con procedimientos normalizados que incluyen cada vez más el empleo de provocadores. Fue claro que organizaciones poderosas y experimentadas, como la Conaie de Ecuador, pudieron enfrentar mejor que los jóvenes chilenos o las primeras olas de chalecos amarillos esas estrategias gubernamentales.
Cuando el ejercicio represivo llega a sus límites y se vuelve contraproductivo, estimulando y profundizando la movilización, los gobiernos reaccionan con concesiones, tanto retóricas como reales. Empiezan dando marcha atrás a las medidas que detonaron las movilizaciones –como los aumentos de precios– y luego empiezan a acumular otras concesiones que satisfacen reivindicaciones explícitas. Su pánico aumenta cuando ninguna de estas medidas logra contener la rebelión. Empiezan entonces a afianzar los dispositivos de control y manipulación, como la societé de vigilance que acaba de proponer Macron en Francia.
Muchas reacciones populares siguen patrones convencionales. La rebelión se expresa en ocasiones como un simple vuelco electoral o toma formas aparentemente muy radicales… que pretenden cambiarlo todo para que nada cambie. Ninguna organización parece preparada para la exigencia creciente de cambio profundo, cuando el grito argentino ¡Que se vayan todos! significa realmente deshacerse de las estructuras dominantes en todos sus aspectos. Escasean propuestas hasta para la transición.
A ras de tierra, sin embargo, en los pueblos y en los barrios, se teje cada vez más una manera diferente de reaccionar que no rompe con el pasado –como hizo la modernidad– pero tampoco se arraiga en él. Se sabe por experiencia que las maneras convencionales de luchar resultan obsoletas y hasta contraproducentes. Desde la primavera árabe o la era de gobiernos progresistas se reconoce que cambiar un gobierno no es solución. Se emplean las herramientas convencionales solamente en forma circunstancial y para propósitos puntuales. Se hacen otras cosas. Las comunidades se distancian y desenchufan de las estructuras de poder. Sin tierras prometidas ni fantasías utópicas, siembran continuamente embriones de porvenir. Cultivan la idea de que los puentes se construirán cuando llegue el momento de cruzarlos.
Al generalizarse lo que parece una insurrección y al reconocerse fuerzas y pasiones que parecían fuera del alcance general, se alimenta una nueva esperanza y se le recupera como fuerza social. Viejas inercias y nuevas ambiciones, empero, limitan las capacidades de enfrentar lo que tenemos encima. La destrucción que acompaña al colapso climático y al sociopolítico y las reacciones a menudo devastadoras que trae consigo el pánico en los gobiernos plantean desafíos inmensos. No cabe adelantar vísperas ni cantar victorias. Nada nos detendrá ya, pero estamos apenas en las primeras batallas.

miércoles, 30 de octubre de 2019

Haití y la necesidad de otro mundo



Inicia la séptima semana de protestas en Haití, cuyo ejemplo es el extremo de las consecuencias suscitadas por las políticas neoliberales aplicadas en América Latina, su condena arrastrada por siglos, lo sumerge en una constante crisis de gobierno y social, durante todo el año de 2019, una cadena de manifestaciones itinerantes sean registrado, teniendo la común características con los recientes acontecimientos en otros países latinoamericanos en el rechazo tajante a las medidas económicas implementadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el imperialismo estadounidense, pero en Haití, los causes se desbordan porque a diferencia de otros países, este no ha tenido en décadas un periodo intermedio de estabilidad, aunque sea cierto también, que en muchos países (como Chile) ese periodo de estabilidad resultó ser más farsa que verdad, la pobreza extrema, la desigualdad, la violencia estructural, la sobre-explotación y el racismo, son elementos que definen casi por norma la realidad de la nación caribeña, que además, carga sobre su espalda, una permanente campaña de ocultamiento por los grandes medios de comunicación, pues de las crisis, protestas y reclamos sociales en Haití no se habla, ni siquiera para descalificarlos y tergiversarlos, el silencio es tal, que verdaderamente pone en entre dicho la integridad humana. Haití es la evocación continua de la necesidad de construir otro mundo.
Las protestas reiniciaron por la escasez de combustible y el aumento de su precio, la falta de comida, medicamentos, gas, agua potable y por la devaluación de la moneda, esto agudizando la crisis económica que se vive en el país más pobre de Latinoamérica, donde la mayoría de la población sobrevive con dos dólares al día, o, mucho menos. El pueblo ha tomado las calles para enfrentar al neoliberalismo, trabajadores y trabajadoras resisten la represión brutal que ha deja muchos asesinados y encarcelados, mantienen la fuerza para continuar, varios sindicatos y el movimiento feminista junto a diversos partidos políticos se van agregando, la organización de base permite otorgarse solidaridad entre los desposeídos (algo que el poder burgués jamás comprenderá), el magisterio y los estudiantes se han sumado al paro general, el pueblo se agrupa bajo el nombre de Foro Patriótico que ha propuesto ante el deseo de renuncia del presidente “ un “gobierno de transición por un período de tres años para atajar los problemas de hambre, miseria y desempleo que afecta a más del 80% de la población, y la reforma de las instituciones estatales según las necesidades de la población”. La lucha haitiana siempre tiene un toque más elevado en su densidad, pues no sólo se lucha por frenar medidas anti-populares, sino que se lucha por sobrevivir como pueblo, nación y seres humanos.
Frente a las movilizaciones populares, el presidente haitiano, Jovenal Moïse, ha declarado que “no se encuentra aferrado al poder si no a las reformas que pretende implementar”, pero no dice que las reformas pretendidas son modificaciones constitucionales, modificaciones a la ley aduanera y del sector energético, todo, para seguir beneficiando a las saqueadores y explotadores, el presidente Moïse, es acusado de corrupción y se ha exigido su renuncia, por lo que justifica su aferrado amor al poder diciendo que es necesario “ver cómo podemos sacar provecho de esta crisis, cómo hacer de esta crisis una oportunidad”, la realidad no es más que el cinismo de quien oprime, la oportunidad planteada es la permanencia de un estado de indefensión agudizado por la injerencia imperialista y neocolonial, Haití es la muestra de la soberbia y la venganza, la primera colonia liberada de América es hoy el país más lastimado por todas esas viejas potencias nostálgicas de su hegemonía, la muestra es el botón de oro, Haití vive una ocupación desde principios del siglo XXI, con el pretexto del envío de “ayuda humanitaria”, una coalición de naciones la mantienen asediada, el aval de la ONU a esta condición es otra de las muchas incongruencias en el seno del organismo internacional, el pasado 17 de octubre la ONU dio a conocer la continuación de su política intervencionista con el programa BITUH, que dará continuación del MINUJUSTH que precedió a los Cascos Azules, quienes cometieron múltiples vejaciones contra el pueblo haitiano.
Una de las grandes movilizaciones que se han registrado en estas nuevas jornadas de resistencia, fue justamente dirigida a ese intervencionismo, los manifestante se dirigieron al cuartel general de la ONU cerca del Aeropuerto Internacional de Puerto Príncipe, ahí expresaron su repudio al apoyo del Grupo Central al gobierno de Jovenal Moïse, este grupo lo conforman nada menos y nada más que un representante especial de la Secretaría General de la ONU, los embajadores de Alemania, Brasil, Canadá, Francia, Estados Unidos y los representantes de España, la OEA y la UE, todos estos piases y estas organizaciones guardan un silencio culposo sobre la real situación que se vive en Haití, todos desde luego, son cómplices de la opresión de larga duración que ha padecido, todos se benefician y extraen grandes riquezas, el neocolonialismo es real, tan real como la bota imperialista en el mundo. Haití libra una larga batalla contra todo el sistema mundial y es olvidado por la gran mayoría de naciones. Ya es tiempo de dar luz a la verdad en Haití y extremar las manifestaciones de apoyo, la liberación haitiana es también la emancipación de los pueblos latinoamericanos.
Ninguna solución favorable al pueblo haitiano vendrá de las políticas neoliberales impuestas por el FMI, el imperialismo y neocolonialismo, Haití como toda Nuestra América enfrenta el reto y la necesidad de construir un nuevo orden mundial, esta región del mundo está llamada a ser vanguardia en esta impostergable urgencia, la resistencia contra el neoliberalismo ha de conducir a los pueblos a la abierta crítica de todo el sistema capitalista y a la formulación de un proyecto emancipador global, el socialismo tiene que levantar la mano para dar cauce a las demandas sociales, reformularse para concretar el anhelo de un mundo realmente justo, libre y humano.
Cristóbal León Campos es integrante del Colectivo Disyuntivas