Somos un Colectivo que produce programas en español en CFRU 93.3 FM, radio de la Universidad de Guelph en Ontario, Canadá, comprometidos con la difusión de nuestras culturas, la situación social y política de nuestros pueblos y la defensa de los Derechos Humanos.
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sábado, 12 de septiembre de 2020

Fiskiadas



“Los periodistas tenemos que ser parciales del lado de la justicia” suele subrayar Robert Fisk, el viejo corresponsal de guerra en Medio Oriente y columnista de The Independent (y colaborador de La Jornada). “¡La idea de darle ‘el espacio igual’ a los dos antagonistas es ridícula! Si estuvieras escribiendo sobre la trata de esclavos en el siglo XVIII –decía en una entrevista− no les estarías dando el mismo espacio al capitán del barco esclavista y a los esclavos. Si estuvieras presente en la liberación de un campo de exterminio nazi, no le darías el tiempo igual al vocero de la SS; irías a hablar con los sobrevivientes y escribirías sobre las víctimas” (bit.ly/3h8OOwC). Siguiendo a Amira Haas, la decana del periodismo israelí (bit.ly/32b9DDx), que igualmente pone en cuestión la noción de la objetividad, también para él el periodismo ha de servir ante todo para monitorear y desafiar al poder (bit.ly/35kfFDM). Así que cuando Adam Shatz en un viejo, encontrado por azar y por otro lado apasionante ensayo sobre trampas y desafíos de reportear desde el Medio Oriente (bit.ly/3jQdcok) remarcó que el cri de coeur fiskiano suele dificultar esta tarea –aparentemente su parcialidad del lado de la justicia entra en la categoría de llamados partidistas y falta de objetividadsustituyendo la rabia por el entendimiento y la denuncia por el análisis (sic) y que sus libros –particularmente Pity the nation (1990) sobre la guerra civil en Líbano− carecen de otras voces más allá de la suya, algo sonó un poco fuera de tono.
El problema no sólo que los, al final, legítimos (cada uno escoge estilo de reportear que le agrada) sentimientos de Shatz, un lúcido editor del London Review of Books, parecen hacer un simple eco a las rutinarias críticas a Fisk, uno de los periodistas más atacados mundialmente, entre otros, por su estilo personal y/o bombástico –en la blogosfera el término fiskear ( fisking), derivado de los habituales modos de cuestionar su credibilidad, fue acuñado para denominar un tipo poco honesto de crítica interlinear y punto por punto calculada para ridiculizar a toda costa al atacado−, sino que al insistir en la omnipresencia de la voz de Fisk (que, bueno sí, suele hablar mucho...), ignoran precisamente −y/o no aguantan la prueba del tiempo: han sido expresadas al final ya hace tiempo− la heterogeneidad de voces que Fisk incluye en sus crónicas, como las recientes p.ej. sobre:
• Siria y su guerra civil, un conflicto tan lleno de torceduras (bit.ly/2GCkA8y9), dónde aquel corresponsal habló con todos, menos con al-Assad bit.ly/3iczmkq), incluyendo los simples militares sirios (bit.ly/2R3jQeO), las voces ausentes en los medios dominantes que preferían hablar con los radicales militantes islamistas (ISIS et al.) que curiosamente en todo el mundo eran malos y sólo en Siria eran buenos.
• Líbano, su país de adopción desde 1976, atrapado y convulsionado por una crisis sin fin (bit.ly/2ZDhJDh) y protestas (bit.ly/3k05FDv) que nunca curiosamente ganaron tanta simpatía o legitimidad, como p.ej. las de Hong Kong, y que recientemente ha sido golpeado por la tremenda explosión en Beirut (bit.ly/2FaBzym).
• Israel y Palestina dónde Fisk no sólo habla con los críticos de la ocupación como la mencionada Amira Haas o Gideon Levy (bit.ly/2FllohH), los simples refugiados palestinos y víctimas de Nakba (bit.ly/3k6hrfT), sino también con los colonos israelíes (bit.ly/3lZYAoA) que, dicho sea de paso, con sus propias palabras desnudan la perversidad y falsos alegatos del proyecto colonial sionista mejor que cualquier crítico.
Es más, yo digo que sólo un periodista con un buen oído y sensible a las voces de otros –y encima uno comprometido con desmantelar las narrativas oficialistas ( vide: “ desafiar al poder”) respecto p.ej. a la olvidada guerra en Yemen que combina tragedia, hipocresía y farsa (bit.ly/2ZcMM8n), al Medio Oriente en general junto con interminables afanes del Occidente de liberarlo y los clichés y las banalidades con las que se acostumbra hablar de él (bit.ly/3heJmbJ) o los acontecimientos en torno al 11/S estadunidense (bit.ly/334buJv) del cual hoy es el aniversario− era capaz de captar y censurar puntualmente p.ej. el modo de cómo con la pandemia del Covid-19 llegó también la infección del lenguaje (toda una avalancha de analogías y comparaciones históricas sin ningún rigor usadas para describirla) que ocasionó una verdadera infestación, contaminación y destrucción de la semántica y que más que esclarecer ayudaba sólo a aislar el significado y trivializar la crisis (bit.ly/335AVu6). Al criticar la verdadera pandemia de obsesión periodística con el Covid-19, Fisk apuntaba con ironía: “Que Dios nos libere tanto de los clichés como del virus. Puede ser que creo en el peligro de la ‘segunda ola’ –hoy ya un cliché en sí mismo– pero la segunda ola de clichés seguramente disminuirá nuestro lenguaje, nuestra semántica, nuestras meras maneras de comunicarnos” (bit.ly/3m3xVas). Yo digo que esto se llama ser parcial del lado de la justicia del lenguaje.
En fin. También a Kapuściński, otro gigante del periodismo e igual un antiguo corresponsal de guerra, que solía decir que “no existe tal cosa como ‘la objetividad’”, también le llovieron las críticas.

martes, 19 de mayo de 2020

El plan de EU para Medio Oriente, oportunidad histórica: canciller israelí


Jerusalén. El plan estadunidense para Medio Oriente es una oportunidad histórica para Israel, defendió ayer el nuevo ministro de Relaciones Exteriores, Gabi Ashkenazi.
Israel estrenó antier un gobierno de unión, tras 500 días de bloqueo político, en el cual se compartirán el poder el derechista partido Likud, de Benjamin Netanyahu, y la formación de centro Azul-Blanco, de Benny Gantz.
Durante la ceremonia de toma de posesión del Ministerio de Relaciones Exteriores, Ashkenazi –socio político de Gantz– declaró que “el presidente Donald Trump nos ofrece una ocasión histórica de dar forma al futuro de Israel para las próximas décadas.
El plan será promovido de forma responsable y en coordinación con Estados Unidos, manteniendo los acuerdos de paz y los intereses estratégicos de Israel, aseguró Ashkenazi.
Según el acuerdo firmado por Gantz y Netanyahu, el gobierno deberá presentar a partir del primero de julio su plan de aplicación del proyecto estadunidense, que prevé la anexión a Israel del valle del Jordán y de más de 130 colonias de Cisjordania ocupada, así como la creación de un Estado palestino en el territorio restante.
En respuesta a esas declaraciones, el primer ministro palestino, Mohammed Shtayyeh, advirtió que se avecina un verano caliente si el Estado israelí sigue adelante con su proyecto de anexión.
En un comunicado, advirtió de las consecuencias peligrosas que tendría una anexión ilegal de territorios e instó a la comunidad internacional a actuar para frenar el plan estadunidense.
El movimiento Fatah, del presidente palestino Mahmoud Abbas, pidió a los palestinos estar bien preparados para resistir al plan anexionista, y solicitó a la Unión Europea aclarar su postura conforme a sus obligaciones y compromisos legales y a sus objetivos políticos ante el plan israelí de anexión.
El alto representante de la Unión Europea (UE) para la Política Exterior, Josep Borrell, felicitó al nuevo gobierno de Israel, pero aclaró que Bruselas no reconocerá acciones unilaterales en Medio Oriente.
En tanto, la justicia israelí condenó a un colono judío por el asesinato en 2015 de un bebé palestino y sus padres. El tribunal de Lod, en el centro de Israel, declaró culpable a Amiram Ben Uliel, de 25 años, de intento de asesinato, incendio criminal y conspiración para cometer un crimen racista.
En julio de 2015, Ali Dawabsha, de 18 meses, murió quemado mientras dormía. Su casa, en Duma, Cisjordania, territorio palestino ocupado por Israel desde 1967, ardió después de que lanzaron artefactos incendiarios. Sus padres, Saad y Riham, que también dormían, fallecieron semanas más tarde debido a las quemaduras.
Sólo Ahmed, hermano de Ali, entonces de cuatro años, sobrevivió.
Cuando su abuelo Husein Da-wabsha, le dijo a Ahmed que una persona había sido condenada, el niño exclamó: ¡¿sólo una?!
Estamos convencidos de que el incendio fue perpetrado por más de una persona, declaró Naser Dawabsha, tío de Ahmed, a la agencia de noticias Afp tras el anuncio de la sentencia. Ahora tenemos miedo de ser blanco de la venganza de las otras personas que incendiaron la casa.
La familia dijo que espera una sentencia severa para Amiram Ben Uliel.
Agregó que se trata de un atentado de carácter racista perpetrado como un acto de venganza por la muerte de Malachi Rosenfeld, judío asesinado por palestinos en junio de 2015, cerca de Duma.

 
Periódico La Jornada

lunes, 13 de abril de 2020

“Hemos sobrevivido a varias guerras pero nunca nos enfrentamos a algo así”

                 En los campos de refugiados en el Líbano se preparan para el coronavirus
Fuentes: The Independent

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Si Fairuz, de 45 años, estira su brazo lo suficiente, puede tocar la tienda de su vecino. La distancia entre su maltrecho refugio y el adyacente es de solo 50 cm.
Esa es una cuarta parte de la distancia mínima a la que se supone deben estar unos de otros si las personas siguen las regulaciones de distanciamiento social del coronavirus.
Como la mayoría de las otras 30 familias en este campamento informal de refugiados sirios en Arsal, en el noreste de Líbano, Fairuz, madre de tres niños, vive con los cuatro miembros de su familia en una habitación y no disponen de suficiente agua para lavarse las manos siquiera someramente. Y tienen también racionada la comida.
Fairuz huyó de su casa en Qusayer, en el oeste de Siria, bajo el rugido del fuego de artillería, pensando que regresaría en unas pocas semanas cuando todo se hubiera calmado. Cuatro años y medio después, todavía vive en una tienda de campaña en Arsal, a pocos kilómetros de la frontera.
“Cada año es más difícil, pero nunca imaginamos que llegaríamos a tener que enfrentarnos a algo como esto”, dice en una llamada de video desde su casa.
“Mi mayor temor es que uno de mis hijos contraiga el virus, ya que no todos estamos registrados como refugiados y no tenemos acceso a la atención médica ni a dinero para pagar el tratamiento”.
Dijo que están intentando desinfectarlo todo pero que es muy complicado hacerlo en un campamento donde el acceso al agua es limitado.
“Sencillamente, no creo que los niños y yo podamos resistir esto”.
Las autoridades libanesas han impuesto un bloqueo estricto a los campos de refugiados para tratar de detener la devastadora propagación de la enfermedad.
En otro campamento, a pocos kilómetros de distancia, Jalid Malit, de 41 años, que huyó de Siria hace ocho años, usa su teléfono para llevar a The Independent por un recorrido virtual pixelado. (*)
“La distancia social es aquí imposible porque cada tienda está a menos de un metro de distancia”, dice deslizándose por entre los callejones de tiendas.
Señala una línea de tanques de agua y dice que los 40 litros por día que consiguen ahora no son suficientes para poder cumplir los requisitos de higiene para combatir la enfermedad.
Jalid señala que si bien las personas registradas en las Naciones Unidas reciben asistencia monetaria y paquetes de alimentos, no es suficiente para sobrevivir y ahora la gente no puede abandonar el campamento para ir a trabajar. “Los que no están registrados no tienen ningún tipo de apoyo y están desesperados”.
“La gente está racionando ya su comida, pero no dejaré que nadie muera de hambre, encontraremos comida para ellos”, agrega.
Los refugiados en el Líbano se encuentran entre las personas más vulnerables del mundo ante esta pandemia mortal. Muchos de ellos, como Fairuz y Jalid, viven en carpas rudimentarias o en barrios abarrotados en pésimas condiciones de vida.
Hasta ahora, el Ministerio de Sanidad libanés ha anunciado 500 casos de Covid-19 y 15 muertes en todo el país, aunque la cifra real puede ser mucho mayor. No se han registrado casos entre la población de refugiados.
Las autoridades se han apresurado a tratar de frenar la propagación de la enfermedad imponiendo algunas de las medidas más estrictas en la región, incluido un confinamiento nacional total y toque de queda nocturno. También han cerrado las fronteras terrestres y marítimas, así como los aeropuertos.
Soldados libaneses patrullan por la barriada de Sabra, en Beirut, donde siguen viviendo muchos refugiados palestinos
El potencial para el desastre está bien servido. El Líbano tiene el mayor número de refugiados per cápita del mundo: según la ONU, una de cada cuatro personas en el Líbano es un refugiado.
Entre ellos se estima que hay 1,5 millones de sirios, el 40% de los cuales no está registrados en la agencia de la ONU y, por lo tanto, no son aptos para recibir asistencia en efectivo, paquetes de alimentos o, hasta hace poco, atención médica.
Hay otros 470.000 refugiados palestinos registrados por la ONU en el Líbano, incluidos los 30.000 que han huido de Siria desde el comienzo de la guerra civil. Tienen asimismo que enfrentarse a la carencia de permisos de trabajo y restricciones de atención médica que los hacen también vulnerables.
Antes de que esta pandemia global llegara a las costas del Líbano, el país estaba ya intentando recuperarse de una crisis financiera sin precedentes y de los últimos  momentos revolucionarios.
Antes del coronavirus, el Banco Mundial estimó que para fines de 2020 un 40% del país iba a estar por debajo del umbral de la pobreza.
Los economistas libaneses piensan ahora que esa estimación es optimista. Con el bloqueo cerrando empresas y empleos, la tasa de pobreza real será mucho más alta.
Ese porcentaje es ya mayor entre la población de refugiados. La agencia de la ONU para los refugiados, ACNUR, dijo que al menos las tres cuartas partes de la comunidad siria en el Líbano viven bajo el umbral de la pobreza.
“El mundo entero está en crisis por vez primera y hay pocos que puedan ayudarnos”, dijo Mohamed, un refugiado palestino.
En el campamento de Shatila, en el sur de Beirut, la refugiada palestina Iman Husein, de 29 años, que huyó del campamento de refugiados de Yarmuk en Siria, dijo que tiene miedo de que los nuevos bloqueos de coronavirus impidan que pueda alimentar a su nuevo bebé.
“Ni yo ni mi esposo tenemos documentación de la ONU para permitirnos trabajar o movernos por el país, ni siquiera para obtener ayuda alimentaria”, dice ella.
“Luchamos mucho antes de que todo esto sucediera, pero ahora estamos realmente asustados. Mi bebé solo tiene siete meses de edad, no sabemos cómo sobreviviremos a este período”.
Abdel-Mayid Ayub, de Siria, que ayuda a administrar dos campamentos informales en la zona norte de Akkar, dijo que quienes tenían ahorros estaban ahora alimentando a los que no disponían de nada.
“Al menos el 80% de las personas que están aquí estaban ya desempleadas antes de la pandemia”, dice por teléfono. “Hemos creado un grupo de cinco personas que salen a buscar suministros. La gente está utilizando todos sus ahorros para apoyarse mutuamente”.
El trabajo ha sido durante mucho tiempo un problema para los refugiados en el Líbano.
El año pasado, los refugiados palestinos, que por ley no pueden buscar empleo en 39 profesiones en el Líbano, estuvieron protestando contra la nueva legislación del Ministerio de Trabajo libanés que les exige permisos especiales de trabajo.
El Consejo Superior de Defensa de Líbano ese mismo año tomó medidas enérgicas contra los sirios que trabajaban sin autorización, según Human Rights Watch.
Ahora, Abdel-Mayid dice que una de las principales preocupaciones era el coste del tratamiento si se contrae el coronavirus. Hace tres años, su propio cuñado murió de cáncer porque la familia no podía pagar las facturas médicas.
“Nos preocupa que las personas no declaren su enfermedad por temor a los costes sanitarios”, dice.
Representantes del ACNUR y de la Agencia de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en el Cercano Oriente (UNRWA, por sus siglas en inglés) dicen que cubrirán la mayoría, si no todos, los costes médicos de los refugiados con Covid-19 y han comenzado una campaña de sensibilización en los diferentes campamentos y áreas de asentamiento informales para explicarlo e informar de que hay una línea directa a la que los refugiados pueden llamar si experimentan síntomas.
Pero hay un signo de interrogación para las decenas de miles que no son refugiados registrados.
“Estamos trabajando en la construcción de unidades de autoaislamiento en los campamentos o asentamientos informales para refugiados”, dijo Lisa Abu Jaled, del ACNUR. Agregó que buscaban fondos para poder proporcionar más ayuda en efectivo.
La UNRWA, que se enfrenta a la peor crisis de financiación de su historia, también está buscando donaciones adicionales para aumentar la asistencia en efectivo y alimentos a los palestinos en el Líbano. Pero están bajo una presión extrema: el próximo mes se   quedarán sin dinero.
Claudio Cordone, director de la UNRWA en el Líbano, dijo que estaban trabajando con la organización benéfica médica Médicos Sin Fronteras para convertir uno de los centros de la UNRWA en un centro dedicado al aislamiento de refugiados para tratar los casos leves y aliviar la carga del sistema de salud libanés, que afronta ya bastantes dificultades.
“Las autoridades libanesas nos han asegurado que todos los residentes en el Líbano serían tratados en los hospitales”, dijo Cordone.
“El problema se producirá cuando el sistema de salud esté desbordado y haya que elegir entre un paciente palestino y uno libanés”, agregó.
También preocupan otras prácticas discriminatorias contra los refugiados.
Human Rights Watch declaró el jueves que 21 municipios libaneses han introducido medidas más duras para la población de refugiados que para los ciudadanos libaneses, incluidos toques de queda más estrictos.
En otras partes del país, como el municipio norteño de Darbaashtar, a los sirios se les prohibió salir por completo de sus hogares, por lo que preocupa que no puedan acceder a la ayuda médica.
“El coronavirus no hace discriminaciones y para limitar la propagación y el impacto de Covid-19 en el Líbano hay que garantizar que todos puedan acceder a los centros de pruebas y tratamiento”, dijo Nadia Hardman, investigadora y defensora de los derechos de los refugiados de HRW.
Los trabajadores municipales libaneses a cargo del mantenimiento de los campamentos dicen que están trabajando las 24 horas y que cuentan con un personal mínimo para poder ayudar.
“El problema es que los libaneses se están enfrentando ya a graves problemas, por eso nos resulta difícil ayudar a los refugiados”, dijo Jaled Isultan, del municipio de Arsal.
“La realidad es deprimente, los refugiados van a sufrir más problemas aún este año”, dijo. Debido a las restricciones de coronavirus, sus empleados y los voluntarios no pueden trabajar en el campamento.
Se están realizando campañas de desinfección para tratar de mantener a las personas seguras, pero muchos refugiados temen no poder seguir las pautas de la Organización Mundial de la Salud en medio de la escasez de agua limpia.
“He sobrevivido a tres guerras, pero incluso en 2006 siempre podíamos salir y encontrar comida, obtener apoyo”, dice Mohamed Kasem, de 40 años, del campamento palestino de Nahr al-Bared, en el sur del Líbano, que estuvo bajo asedio y fue parcialmente destruido en 2007.
“Observamos con horror la situación que atraviesan Italia, Francia y España. Por primera vez, el mundo entero está en crisis. Por tanto, sabemos que hay pocos que puedan ayudarnos. Y esto lo complica todo aún más”.
(*) Véase video en fuente original.
(Se han cambiado los nombres de algunos de los refugiados para proteger su identidad.)
Bel Trew es corresponsal de The Independent en Oriente Medio, donde vive. Bel ha cubierto la región desde el comienzo de la Primavera Árabe en 2011 y ha informado sobre los levantamientos y conflictos posteriores en Egipto, Libia y Yemen. También ha cubierto las dos últimas guerras de agresión de Israel contra Gaza, y siguió también la aparición del Daesh en Túnez.
Esta traducción puede reproducirse libremente a condición de respetar su integridad y mencionar a las autoras, a la traductora y a Rebelión.org como fuente de la misma.

domingo, 12 de abril de 2020

Dinero compra justicia en Medio Oriente



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▲ Trabajadores rocían desinfectante como medida de precaución contra el coronavirus en Bagdad. Irak impuso toque de queda para combatir la pandemia.Foto Ap
¿Cómo salir de una lista de terroristas? Parece ser que el dinero contante y sonante ayuda.
Veamos a Sudán. Su Ministerio de Justicia acaba de anunciar que ha finalizado un convenio iniciado en febrero pasado con las familias de los 17 marinos estadunidenses muertos en el ataque suicida al destructor estadunidense Cole en el puerto de Adén, en octubre de 2000. Los estadunidenses muertos dejaron 11 niños, por lo que el acuerdo, presuntamente por 70 millones de dólares, servirá para su manutención también. Los familiares afirmaban que Sudán, en el gobierno del ex presidente y criminal de guerra Omar Al Bashir, había dado apoyo a Al Qaeda, la cual se atribuyó el ataque.
Estados Unidos enlistó a Sudán como Estado patrocinador del terror en 1993, el mismo año en que me reuní con Osama Bin Laden en la aldea sudanesa de Almatig, rodeado por sus guerreros desarmados y por los muy bien armados guardias de seguridad de Sudán. Pero tres años después lo expulsaron a Afganistán, es decir, cuatro años antes de que dos atacantes suicidas de Al Qaeda, en una lancha explosiva de fibra de vidrio, se estrellara en el casco del destructor misilístico Cole, de clase Aegis y cuatro años de antigüedad, cuando se reabastecía en el puerto de Adén. Omar Al Bashir asumió el poder en Jartum en 1989.
Ahora que ha sido derrocado, el gobierno sudanés de transición necesita con desesperación un rescate de su deuda y financiamiento internacional. El ministerio de justicia fue muy franco al respecto esta semana: Quitar el nombre de Sudán de esa lista es necesario para retirar el estigma de terrorismo al pueblo sudanés y reintegrar a Sudán a la comunidad internacional.
El gobierno, al parecer, negoció primero con las familias de los marinos muertos y luego con el gobierno estadunidense para compensar los ataques de Al Qaeda en África oriental. Pero no es tan sencillo. El jefe de la unidad de dos atacantes del Cole era un yemení llamado Jamal Al Badawi, a quien se dio muerte en una incursión estadunidense el año pasado. Sin embargo, de acuerdo con Estados Unidos, el hombre que planeó el ataque al Cole fue Abd Rahman Al Nashiri, un árabe saudita que actualmente está preso en Guantánamo. Inútil es decir que Arabia Saudita –que nunca ha estado implicada en ningún ataque a nadie– se deslindó del hecho, como hizo siete años después del ataque de Adén, cuando 15 de los 19 secuestradores del 11/s resultaron ser ciudadanos sauditas. Pero esa no es la cuestión.
El aspecto más interesante del dinero que será pagado por Sudán –dinero ensangrentado, a los ojos árabes– es que Sudán no se considera responsable del ataque al Cole, ni de cualquier otro acto terrorista.
El Ministerio de Justicia en Jartum fue muy explícito al respecto en su declaración formal de esta semana. El acuerdo se llevó a cabo, explicó, “por los intereses estratégicos de Sudán… de modo que sea retirado de la lista estadunidense de patrocinadores del terrorismo”. Funcionarios sudaneses afirmaron también que su gobierno quiere que Estados Unidos deje de castigar al pueblo de Sudán por crímenes cometidos por el régimen anterior.
Ahora bien, esto tiene sentido… hasta cierto punto. Pero ¿se puede en verdad derrocar a un dictador con la promesa de democracia, y luego afirmar que se tienen las manos limpias? Los alemanes ya no apoyan a Hitler, pero siguen creyendo que su nación fue responsable por el mayor mal cometido contra la humanidad en la historia moderna. No se les permitió hacer un solo pago ex gratia y luego lavarse las manos.
No comparo el Sudán de Al Bashir con la Alemania nazi, pero, una vez que se consigna la responsabilidad moral a lo que viene a ser un pacto comercial se han sentado nuevos precedentes. El problema en este caso es que el precedente no tiene nada de nuevo. La mayoría de nosotros hemos olvidado cómo la Libia de Muammar Kadafi se zafó de la acusación de terrorismo cuando –después de que a Tony Blair se le caía la baba con el orate dictador, cuya entrega de armas nucleares inexistentes fue descrita como sabiduría política por el entonces parlamentario Jack Straw– pagó mil 500 millones de dólares en compensación a las víctimas del ataque con bomba a un avión de Pan Am en Lockerbie, Escocia (total de muertos: 270), y un ataque a una disco de Berlín en el que murieron dos militares estadunidenses y una mujer turca. De manera interesante, este arreglo también incluyó 300 millones de dólares en compensación para las víctimas libias de los posteriores ataques aéreos de Ronald Reagan a Trípoli y Bengazi.
El hombre que más adelante fue apresado en Escocia por ese ataque, Abdel Baset al-Megrahi (entregado por Kadafi junto con otro agente), fue liberado después por razones humanitarias y se le permitió volver a su país porque tenía cáncer de próstata. Deudos británicos de las víctimas de Lockerbie dudaban que Megrahi fuera responsable, en especial después de descubrir que la evidencia presentada en el juicio no resultó creíble en un examen posterior. Y, pese a que Libia accedió a la compensación, el hijo de Kadafi, Saif, declaró específicamente que Libia no era responsable del ataque en Lockerbie. Kadafi también sostuvo que no había ordenado esa atrocidad, aunque un antiguo miembro de su gabinete –hablando después del derrocamiento– dijo que el dictador estuvo personalmente involucrado.
Pero el dinero había hablado. Todavía en el poder en Libia, el régimen de Kadafi se sacudió toda responsabilidad una vez que entregó el efectivo. Más tarde fue echado del poder con ayuda de la OTAN, y luego vuelto a acusar de crímenes de lesa humanidad, entre ellos el ahorcamiento en masa de opositores en Bengazi en la década de 1970. Pero Kadafi fue ejecutado, mientras Al Bashir sigue vivo.
La justicia –siempre un tema espinoso en Medio Oriente– se ha resuelto a menudo con el pago de dinero ensangrentado, con frecuencia compensación en lugar de castigo. Y los ejércitos de Occidente han pagado a menudo retribuciones a las víctimas inocentes de bombardeos aéreos y ataques militares.
Esos pagos, en los que han participado militares tanto británicos como estadunidenses, se han hecho sobre el entendido de que las muertes no fueron causadas intencionalmente. Por tanto, se considera que las víctimas han sido, en la más repulsiva de las frases, daños colaterales. En algunos casos, oficiales militares han negociado directamente o por conducto de terceros con los deudos.
Dudo que Al Bashir llegue a ser juzgado alguna vez por el ataque al Cole –aun si fue culpable por asociación– y, como sabemos, no fue posible someter a Kadafi a ningún enjuiciamiento personal ni siquiera después de su derrocamiento. La verdadera pregunta es si es posible responsabilizar a las naciones, y cuánta justicia se puede lograr mediante transferencias financieras en vez de verdaderos procesos judiciales.
Estados Unidos tiene un montón de acusaciones de terror contra Irán. El ataque en Lockerbie pudo haber sido una de ellas si los estadunidenses no hubieran echado la culpa a la Libia de Kadafi. Y también vale la pena registrar cómo reacciona Washington cuando su personal militar está involucrado en el asesinato deliberado –el homicidio– de iraquíes y afganos inocentes. Después del asesinato de 24 civiles iraquíes por marines estadunidenses en Haditha, en 2005, por ejemplo, Estados Unidos pagó 38 mil dólares a las familias de 15 de los muertos, es decir, poco más de 2 mil 500 dólares por cadáver. De los ocho marines a los que se fincaron cargos, seis casos fueron desechados, un séptimo fue declarado inocente y al octavo se le halló culpable de negligencia en el cumplimiento del deber, pero escapó a la prisión.
Después de la masacre de Kandahar de 2012 –en la que cuatro hombres, tres mujeres y nueve niños fueron muertos a balazos o acuchillados–, sólo un soldado estadunidense fue sentenciado a prisión perpetua. Testigos afganos afirmaron que otros militares estuvieron involucrados. Washington pagó 46 mil dólares por cada civil afgano muerto y 10 mil por cada herido. Por su parte, Gran Bretaña pagó 2.8 millones de libras a la familia del iraquí Baha Moussa, asesinado bajo custodia británica en Basora en 2003, y a nueve hombres tundidos por británicos en ese tiempo. Como resultado, un solo soldado británico fue convicto de maltrato de detenidos y condenado a un año de prisión.
Ni los gobiernos estadunidenses ni los británicos, por supuesto, se han considerado responsables de ninguno de esos asesinatos. Esos escándalos, después de todo, fueron asesinatos patrocinados por el Estado. Pero se libraron de culpa haciendo lo mismo que los libios antes y ahora los sudaneses. Pagaron en efectivo.
© The Independent
Traducción: Jorge Anaya 

lunes, 3 de febrero de 2020

El plan de Trump más que un regalo para Tel Aviv

La ocupación israelí en Medio Oriente, la más prolongada en la historia moderna
Robert Fisk

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▲ El presidente palestino, Mahmoud Abbas, muestra mapas de la Palestina histórica, el plan de partición de 1947 de las Naciones Unidas, las fronteras de 1948-1967 entre los territorios palestinos e Israel y un mapa actual durante una reunión de emergencia de la Liga Árabe.Foto Afp
Beirut. Cuando los dos defraudadores políticos salieron esta semana en la Casa Blanca con la tragicomedia más desquiciada y ridícula en la historia de Medio Oriente, era difícil saber si reír o llorar.
El plan de paz de 80 páginas de la Casa Blanca contiene 56 referencia a la Visión en las primeras 60 páginas, y sí, con V mayúscula en cada ocasión para sugerir, supongo, que el trato del siglo era una revelación sobrenatural. No lo es, aunque tal vez fue escrita por un súper israelí.
Dice adiós a los refugiados palestinos, al famoso y malhadado derecho al retorno y a todos los que hoy languidecen en los campamentos de Medio Oriente; adiós a la vieja ciudad de Jerusalén como capital palestina; adiós a la UNRWA, la agencia de ayuda de Naciones Unidas. En cambio, da la bienvenida a una ocupación permanente israelí en Cisjordania y a la anexión total de casi toda colonia judía construida allí en contravención del derecho internacional.
Es un hecho, por supuesto –y lo ha sido durante días– que esta tontería puede arrojar un poco de polvo mágico sobre las tribulaciones de los líderes de Estados Unidos e Israel. Cuando los dos rufianes, el indiciado Donald Trump y Benjamin Netanyahu, acusado de corrupción, recibían sonrientes el aplauso de sus partidarios en Washington, quedó claro al instante que este mendaz documento –que contiene absurdos, parodia y banalidad en casi igual proporción– destruye para siempre cualquier esperanza de un Estado palestino independiente de cualquier tipo. No es lo que dice, pero uno solo tiene que echar un ojo a la palabrería, en la que la ocupación israelí, la más prolongada en la historia moderna, se describe como un enclave de seguridad y el acuerdo de Oslo es desechado como un pacto que produjo oleadas de terror y violencia.
Cierto, todos deben leer las 80 páginas. Y todo lector debe repasarlas dos veces, en caso de que en la primera lectura pasen por alto algunas indignidades adicionales infligidas a los palestinos.
El documento no sólo es un regalo a Israel. Encarna todas las demandas israelíes presentadas a Washington (y algunas más) y destruye de hecho todo esfuerzo hecho por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, toda resolución de la ONU sobre la retirada israelí, todo esfuerzo de la Unión Europea y del Cuarteto para Medio Oriente de producir una resolución justa a la guerra palestino-israelí.
En pocas palabras, conforme a este trato perverso, condenado al fracaso desde los primeros segundos, Israel obtendrá para siempre la totalidad de Jerusalén, la mayor parte de Cisjordania, será dueño de casi toda colonia judía en territorio ocupado y dominará a un pueblo palestino desarmado, trunco y neutralizado, el cual debe prometer referirse a Israel como el Estado nacional del pueblo judío (aunque casi 21 por ciento de su población es árabe), censurar sus propios libros de texto, arrestar e interrogar a quien ose oponerse al ocupante israelí, y que tendrá un puñado de aldeas fuera de las murallas de Israel a las que podrá llamar su capital.
Cierto, es un documento único e histórico el que los maquinadores de Trump (en especial su yerno Jared Kushner) han producido, puesto que su creencia de que los palestinos soñarían con aceptar un conjunto tan absurdo y desquiciado de demandas políticas no tiene precedente en el mundo occidental. Pero ¿cuándo debemos los periodistas ponerle un freno, me pregunté al terminar de leer las 56 Visiones –hay otras, por cierto, en minúsculas, así como varias misiones– y la lista de prohibiciones impuestas a los palestinos?
Entre estas prohibiciones figura, debemos hacer notar, la instrucción de que el Estado de Palestina no puede afiliarse a ninguna organización internacional si tal afiliación contradice los compromisos del Estado de Palestina con la desmilitarización y el cese de la guerra política y judicial contra el Estado de Israel. Así que adiós también a la protección de la Corte Penal Internacional.
Algunos de mis colegas sufrieron una apoplejía, como Marwan Bishara, de Al Jazeera. Farsa, fraude, demencia, surrealismo, oportunismo, populismo y cinismo. Usó todas esas descripciones. Gideon Levy, mi héroe del diario israelí Haaretz, no se mostró tan apopléjico, más bien apocalíptico. Es el último clavo en el ataúd de ese cadáver viviente llamado solución de dos estados, escribió, y crea una realidad en la que el derecho internacional, las resoluciones de la comunidad internacional y en especial las instituciones internacionales carecen de sentido.
No hay Estado palestino, cito a Levy, y jamás lo habrá. Tendrá que ser una democracia entre Jordania y el Mediterráneo –derechos iguales para israelíes y palestinos–, o Israel se volverá un Estado de apartheid. Trump ha creado un mundo en el que el yerno del presidente de Estados Unidos es más poderoso que la Asamblea General de Naciones Unidas. Si se permiten los asentamientos, todo está permitido. Así es.
Pero ¿los escritores, periodistas y expertos tenemos todavía las herramientas para hacer frente a esta locura? ¿No es momento –no solo el fin de la moralidad, la justicia, la integridad, la dignidad– de hacer una pregunta más importante que nunca: cuándo los periodistas dejarán de tomar en serio estas tonterías (y a sí mismos)? Ya sólo escribir de esta vacilada de Trump como si fuera real o viable, o incluso discutible, es degradante, humillante, ridículo. No sólo para la gente de los medios, sino para quienes deben sufrir las consecuencias de este espantoso documento, los palestinos y todos los que han apoyado de buena fe sus perfectamente razonables demandas de libertad y justicia.
Pocas horas después de leerlo me di cuenta de que, para cada musulmán antiisraelí que cree en la fantástica y demencial verborragia de la conspiración sionista, estas 80 páginas de la Casa Blanca reforzarán sus desquiciadas creencias. En casos como este, tal vez deberíamos invitar a nuestros comediantes a volverse reporteros. O pedir a nuestros cartonistas que escriban la nota. O tal vez deberíamos volver a esa vieja tira cómica, Aunque usted no lo crea, para que se entienda lo que ocurre. Aunque usted no lo crea: un presidente de Estados Unidos dio a una potencia extranjera el poder de ocupar eternamente la tierra de otro. Para mí, eso captura la historia en 15 palabras.
Pero no olvidemos que, a cambio de su abyecta rendición, los palestinos obtendrán dinero, dinero y más dinero: millones de billetes verdes desglosados en páginas de gráficas y planes de financiamiento, y turismo fast track (esa frase se usa realmente en el documento), así como inversiones masivas, mejoramiento social (sic), autodeterminación (sic de nuevo, creo) y “una vía hacia una vida nacional dignificada, respeto, seguridad y oportunidad económica…”
Y ¿acaso nuestro Boris Johnson no le dijo a Trump que es un paso positivo hacia delante? ¿Y nuestro Dominic Raab no la llamó una propuesta seria, digna de consideración genuina y justa?
Aunque usted no lo crea, de hecho.
© The Independent
Traducción: Jorge Anaya

jueves, 16 de enero de 2020

Destruir un legado: arma favorita del dictador




Foto
▲ Las antiguas ruinas de Persépolis, donde los líderes occidentales y la realeza británica viajaron alguna vez para celebrar con el sah los 2 mil 500 años del imperio persa.Foto Francesco Bandarin/Página de Internet de la Unesco
Hay algo profundamente ritual, además de ultrajante, sobre nuestra cobertura en torno a la comedia del absurdo de Medio Oriente. El presidente de Estados Unidos lanza otro tuit al mundo y –sin importar qué tan infantil o clínicamente enfermo sea su contenido– lo tratamos como un pronunciamiento político serio. Luego, millones marchan por las calles del mundo árabe al grito de muerte a Estados Unidos y muerte a Israel, y reportamos estas consignas –que he escuchado en Medio Oriente por décadas– y que son en realidad producto de un debate político serio. Sus consignas son comprensibles, pero no dan ninguna indicación de cuál será la reacción futura de Irán al asesinato de Qasem Soleimani.
Entonces, los canales internacionales disfrazan toda esta verborrea de periodismo de crisis –siendo escrupulosamente justos con ambas partes mendaces– y abren un viejo manual de vocabulario periodístico: escalada, represalia, repercusiones, venganza, odio; la crisis más grave desde la última crisis más grave, sea cual sea.
Esto es territorio conocido y me recuerda los primeros días de la guerra en Irlanda del Norte, cuando jugábamos los mismos absurdos e infantiles juegos de palabras.
En uno de sus exasperados poemas de principios de los 70, Seamus Heaney, el futuro premio Nobel y ahora, lamentabemente, el difunto Seamus, expresó una furia casi idéntica. Escribió sobre los periodistas de Belfast “que probaron su pulso: ‘escalación’/ ‘repercusión’/ y ‘medidas enérgicas’…/ ‘Polarización’ y ‘odio arraigado’…”
El poema de Heany titulado Lo que sea que usted diga no dice nada, es muy aplicable. Entre más términos periodísticos pronunciamos, más banales nos volvemos. Y cuanto más banal se vuelve, menos entendemos. O, más precisamente: menos se supone que debemos entender.
Porque nosotros constatamos que estas palabras que llevamos en el pulso conspiran con los conflictos sobre los que escribimos. Somos componentes esenciales del falso drama. El asesinado Soleimani es un ícono barbado, un oponente empedernido de Estados Unidos; cosa muy peligrosa ahora que Trump ha ejecutado un salto dramático en la escala del recrudecimiento. Y así seguimos, y seguimos. Y seguimos.
Ciertamente, esta jerga de la crisis es muy adictiva. Comencemos con la sugerencia trumpista de que podría haber futuros objetivos para el ejército estadunidense importantes para la cultura iraní. La manada en Washington de inmediato señaló que usar como blancos sitios culturales constituye un crimen de guerra, al menos según las convenciones firmadas en Ginebra y La Haya, sin mencionar la resolución de 2017 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que condena la destrucción de sitios culturales.
Los iraníes dijeron tonterías sobre Genghis Khan (que es exagerar un poco) y Hitler, que tiene mucho más qué ver, pese a que los clérigos chiítas no son normalmente expertos en jurisprudencia de la Segunda Guerra Mundial.
Y luego todo fue analizar lo que Trump dijo o quiso decir. Desde luego estaba muy claro. Proponía un culturicidio”. Ésta era una palabra que usábamos en Bosnia cuando los croatas o los serbios o los bosnios deliberadamente hacían estallar los puentes otomanos, mezquitas antiguas e iglesias y cavaban las tumbas de antiguos cementerios para vengarse unos de otros.
El culturicidio es lo que viene en segundo lugar después del genocidio. No se asesina masivamente a una raza de personas; se destruye el legado pasado y futuro de una raza de personas de manera que las generaciones por venir no puedan experimentar o disfrutar la prueba histórica de su propia existencia. Cuando el genocidio no funciona (como ocurre a veces) esta es la opción que sí se logra.
Los nazis eran expertos en culturicidio. ¿Qué otra cosa fue quemar 267 sinagogas durante la Noche de los Cristales? ¿O la destrucción de 427 museos rusos en Smolensk, Poltava, Estalingrado, Novogorod y Leningrado por parte de la SS alemana en 1941? ¿O prender fuego al almacén temporal del Louvre en el castillo de Valencay en 1944, por parte de la segunda División Panzer de la SS del Reich? ¿O lo que pasó, unos meses después, cuando Hitler mandó destruir lo que quedaba de Varsovia, y hacer que el comando Spreng volara en pedazos el Castillo Real polaco y derribara la iglesia en la que alguna vez estuvo sepultado el corazón de Chopin?
Es esencial recordar estos actos de barbarie si queremos comprender lo que propuso Trump. No porque esté cuerdo –está completamente loco–, sino porque muchos de los que ordenaron un culturicidio han estado tan dementes como el presidente estadunidense. Goering dijo al presidente checo Hacha que destruiría Praga si el anciano no aceptaba la ocupación nazi, pues Hitler estaba impaciente. Hacha se dio cuenta de que lo nazis no estaban jugando y entendió el mensaje.
Pero este culturicidio –el atacar lugares importantes para la cultura, según las palabras inmortales de Trump– no es algo que se pueda englobar limpiamente en unos cuantos años. En 1914 el ejército alemán que invadió Bélgica incendió deliberadamente la gran biblioteca de la universidad Lovaina (Leuven), destruyendo 300 mil libros, muchos de ellos manuscritos medievales. Tampoco olvidemos la quema de bibliotecas armenias, iglesias cristianas y antigüedades romanas –piensen en Palmira, que fue obra de Isis.
Tampoco debemos hacer de lado el recuerdo del mariscal de las fuerzas armadas reales, Sir Arthur Garris, quien subió al tejado del ministerio aéreo de Londres la noche del 29 de diciembre de 1940 para mirar los incendios que provocó el bombardeo nazi y el cielo sobre la capital. En sólo seis semanas la fuerza aérea alemana destruyó el centro de Coventry y su catedral medieval.
En su autobiografía, Harris describe cómo, al dar la espalda a los incendios, le dijo a su jefe, el comandante aéreo (y capitán de bombarderos) Sir Charles Portal: Bueno, están arando en el viento. Sobre los alemanes que bombardeaban Londres, Harris citó Hosea 8:7 errónemente, pues la frase real es cosechar un remolino. Lo que vino después, desde luego, fueron tormentas de fuego sobre Hamburgo y Dresde, cuando Harris encabezó a los bombarderos.
De nada sirve decir que Dresde no fue un ataque de venganza. Se logró cerrar vías ferroviarias y la industria gracias al avance de las fuerzas rusas. Pero se eligió a Dresde y a Hamburgo porque las bombas incendiarias destruían fácilmente casas medievales aún habitadas por civiles, pues eran de madera. Fueron tan efectivas que los incendios en Dresde, que recibió el impacto de 650 mil bombas incendarias, destruyeron la gran iglesia de Nuestra Señora, del siglo XVIII. Y liquidó al pueblo de Dresde.
Qué raro que no se dijo nada de la Noche de los Cristales, de Poltava, Novogorod, Leningrado, Lovaina, del castillo de Valencay y del pobre y viejo presidente Hacha después del tuit de Trump. Unos cuantos pulsos sobre Isis y Dresde fueron toda la memoria histórica que se manifestó.
Pero olvidamos otro elemento notable: la espuria exigencia de venganza. Los nazis alegaron que la Noche de los Cristales de 1938 fue una represalia por el asesinato de un diplomático alemán a manos de un judío en Berlín. Los museos rusos fueron destruidos porque las fuerzas soviéticas seguían resistiéndose a la Wehrmacht. El castillo del Louvre fue atacado porque la SS culpó a los franceses de ayudar a los aliados en el desembarco en Normandía. Los alemanes destruyeron el centro de Varsovia por órdenes de Hitler porque sus habitantes se atrevieron a alzarse contra la ocupación. Praga fue amenazada porque la tardanza de Hacha exasperó al führer. Los alemanes quemaron Lovaina después de que sus tropas fueron atacadas por francotiradores belgas. Hamburgo y Dresde vinieron después de la primera destrucción nazi de Varsovia en 1939 y luego Coventry en 1940.
El Isis pulverizó iglesias y antigüedades porque ofendían las interpretaciones literales del islam.
El intento ridículo de Trump de perpetrar culturicidio –si bien pudo haber sido mucho más serio– fue hecho para advertir de una represalia estadunidense que pudo ser respuesta a una represalia iraní, que aún no se ha materializado, por el asesinato de Soleimani. Dicho asesinato, a su vez, fue la venganza de Estados Unidos por los soldados estadunidenses muertos en Irak que fueron ahí para vengar el inexistente papel del presidente iraquí Saddam Hussein en el 9/11.
Y ahora, según periodistas que deberían dar las noticias como si fueran un show de comedia, dicen que el asesinato de Soleimani fue, según el vicepresidente Mike Pence, una represalia por su ayuda en el traslado clandestino de entre 10 y 12 terroristas que perpetraron los ataques del 11 de septiembre. Sin embargo, se trató de 19 asesinos de los cuales se comprobó que 15 eran sauditas a quienes les hubiera encantado ver muerto a Soleimani.
Eso es a lo que yo llamo una mentira obvia y enorme. Casi tan tan descarada como George W. Bush diciendo hace 19 años que Saddam estuvo involucrado en el 9/11 ¿se acuerdan? y que por lo tanto tenía que invadir Irak. Esto, en la escala del uno al 10 es exactamente igual a Hitler alegando que la invasión de 1939 a Polonia era su obligación porque Polonia intentaba invadir Alemania. ¡Esto es exactamente lo que Hitler dijo!
Estas son señales, desde luego, de que algunos de los militares estadunidenses de más alto rango están un poquito espantados de que su comandante en jefe los lleve por el camino de injustificables crímenes de guerra. El Pentágono se está mostrando algo distante de la Casa Blanca en este tema. Esto me lo contó personal árabe militar que habla regularmente con el ejército estadunidense en el golfo, cuyos representantes son dos funcionarios estadunidenses de alto nivel radicados en la región.
Es un problema simple. Los Trumps del mundo vienen y se van –aun cuando tengamos que aguantarlos otros cuatro años como sucederá con el verdadero Trump– pero los tenientes coroneles se vuelven generales que aún estarán esperando un retiro honorable cuando un abogado internacional toque a su puerta dentro de 10 años.
No cuenten con sus soldados, ni con sus servicios de inteligencia. Me dicen fuentes muy confiables que los estadunidenses trataron de matar con un dron a Solemani en Siria hace unos 18 meses y fallaron.¿Qué hubiera pasado si lo hubiesen asesinado entonces? No hubiéramos podido decir que el asesinato se debió a las próximas elecciones estadunidenses o a que Trump enfrenta un proceso de impeachment. Pero esperen, ¿no habría coincidido el asesinato, entonces, con la investigación de Mueller de los contactos entre Trump y los rusos durante las elecciones de 2016?
Sólo dos detalles más antes de que dejemos este tema sórdido y empapado de mentiras. Uno es que fue Qasem Soleimani quien acordó con el Hezbolá libanés que el grupo intentaría poner fin a las protestas laicas en el centro de Beirut antes de Navidad en las que chiítas, sunitas y cristianos exigían un gobierno no religioso. Vi a jóvenes del Hezbolá, a quienes muchos consideran héroes de las guerras antisraelíes del sur de Líbano, golpeando y maltratando a los inocentes manifestantes. No son más defensores de Líbano.
En Irak, los hombres armados de Soleimani, iraquíes que formaban parte de la gran milicia chiíta iraní del país, reprimían otra manifestación justa que exigía poner fin a un gobierno de corrupción. Dispararon contra cientos de sus propios correligionarios en Bagdad y en la ciudad más sagrada de Irak. Incluso el poderoso ayatola Sistani objetó la interferencia de Irán. Este no fue el momento más honorable de Soleimani. Y así, los estadunidenses lo mataron justo cuando su campaña para promover el poderío iraní estaba fracasando. ¿Fue esto simplemente estupidez o hay algo que no sabemos?
De cualquier forma, he aquí un breve cuestionario: Todos nos hemos sumado al asustadizo debate de cuándo responderá Irán, pero no hemos decidido cuál sitio cultural. Los trumpistas atacarán Irán para vengarse por ___? Ustedes pueden responder a la pregunta escribiendo en la línea la afrenta que les plazca.
Como posibles objetivos están, por ejemplo, las antiguas ruinas de Persépolis, desde luego, donde los líderes occidentales y la realeza británica viajaron alguna vez para celebrar con el sah los 2 mil 500 años del imperio persa. Nixon, Pompidou, el duque de Edimburgo, la princesa Ana. Toda la crema y nata. Entonces supongo que debo incluir las grandes mezquitas de Isfajan y Mashad.
Pero tengo una sospecha sobre el tipo de sitio cultural que el presidente loco de Estados Unidos tiene en mente. Está en el mismo centro de Teherán. Tiene paredes de concreto, es feo , está repleto de eslóganes anacrónicos y fue abandonado hace mucho por sus ocupantes originales. Los iraníes lo llaman la guarida del espionaje.
Se trata de la embajada de Estados Unidos en Teherán donde fueron tomados en rehenes 52 estadunidenses en noviembre de 1979. Durante mucho tiempo el inmueble ha sido un símbolo de humillación para Estados Unidos. Es el complejo cuya captura por parte de los así llamados estudiantes del ayatola Jomeini comenzaron toda la catástrofe estadunidense-iraní; o como diría Seamus Heaney, el odio arraigado. El edificio juega un papel activamente pernicioso que está en el centro de las vidas políticas iraní y estadunidense. Es, potencialmente, el edificio cultural más importante de toda la capital.
¿No sería esto muy atractivo para Trump? Presidente loco de Estados Unidos ordena que dron sin piloto haga estallar embajada estadunidense vacía.
Eso sí sería de importancia cultural.
© The Independent
Traducción: Gabriela Fonseca

viernes, 10 de enero de 2020

Medio Oriente y la pequeñez del liderazgo occidental

 
Editorial La Jornada


Ante la irresponsabilidad con que el presidente Donald Trump dispone de las fuerzas armadas más poderosas del planeta, el liderazgo de la oposición demócrata busca que exista un mayor control legislativo sobre las acciones militares ordenadas por el Ejecutivo. Por su parte, conscientes del peligro que los actos impulsivos del magnate representan para el conjunto de los intereses estadunidenses, pero decididos a cerrar filas en torno al mandatario (ya sea por lealtad partidista o por cálculos electorales), los legisladores republicanos han entrado en una dinámica esquizofrénica, en la que respaldan todas las medidas de Trump y al mismo tiempo llaman a reducir las tensiones generadas por el asesinato del general iraní Qasem Soleimani el pasado 3 de enero.
El mismo mandatario republicano parece haber cobrado finalmente conciencia de los alcances de su imprudencia temeraria, pues desde el martes emprendió un tour de malabarismo verbal para acallar los tambores de guerra que hizo resonar la semana anterior. En un discurso a cada momento más incoherente, Trump presentó los ataques con misiles lanzados por Teherán contra bases militares iraquíes que albergan a efectivos estadunidenses y de otros estados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) como un ejemplo de disminución de las tensiones, y retomó la igualmente ilegal, pero menos explosiva, política de asfixia económica mediante sanciones.
En otro giro de esta campaña de señales cruzadas, el canal de las amenazas de una escalada bélica se mantiene abierto a través del manejo político y mediático del siniestro ocurrido el martes a un Boeing 737 de Ukraine International Airlines, en el cual perecieron los 176 ocupantes (82 iraníes, 63 canadienses y 11 ucranios). Inicialmente reconocido por todos los actores como un accidente, ayer el presidente estadundiense declaró que el derribo pudo deberse a un misil de Teherán lanzado por error; horas después el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, afirmó contar con pruebas (pero no ofreció presentarlas) de que éste había sido el caso, y, finalmente, el premier británico, Boris Johnson, respaldó la versión de su homólogo. Aunque de momento los tres jefes de gobierno sostienen que el lanzamiento del misil habría sido resultado de una equivocación, nada les impide modificar arbitrariamente sus declaraciones y usar el lamentable fallecimiento de casi dos centenares de personas con fines de propaganda bélica.
Por último, no puede soslayarse que todo lo anterior ocurre mientras Trump enfrenta un inminente juicio político en su contra, y con las elecciones presidenciales a la vuelta de la esquina. En este contexto, la escalada de tensiones en Medio Oriente sólo puede leerse como una alarmante prueba de la pequeñez de los líderes políticos occidentales, quienes empujan al mundo hacia un conflicto de dimensiones imprevisibles con tal de favorecer sus intereses más inmediatos y egoístas: además de los resortes que mueven al inquilino de la Casa Blanca, debe recordarse que Trudeau encara el momento más bajo en su gobierno, tras relegirse con una abrupta caída en el respaldo popular, mientras Johnson coquetea descaradamente con Washington como parte de su pulso frente a Bruselas en las negociaciones del Brexit.

Matar a un general




Blog Personal

Estados Unidos ha asesinado a una de las principales personalidades de Irán que estaba visitando oficialmente en misión diplomática un país amigo. El mensaje del asesinato de Gasem Soleimani es la persistencia de Washington en el empeño de mantener revuelta la primera región energética del mundo e impedir cualquier distensión entre Irán y Arabia Saudí.
El general Gasem Soleimani, uno de los principales hombres de Estado de Irán, fue asesinado por Estados Unidos el viernes 3 de enero. Su cortejo fue atacado por drones al salir del aeropuerto de Bagdad en una acción en la que también murieron otras seis personas, entre ellas uno de los jefes de la mayor milicia chiíta iraquí, Abu Majdí al-Mujandis. Ya sabíamos que en este mundo las grandes potencias, y en primer lugar Estados Unidos, practican la sistemática violación de la legalidad internacional, pero las características y circunstancias de este asesinato lo convierten en un extraordinario atropello, particularmente grave y provocador.
Soleimani había llegado a Bagdad como invitado del gobierno de Irak en lo que su primer ministro, Adil Abdul Majdí, describió como una “misión diplomática”. El gobierno de Irak estaba mediando para rebajar la tensión entre Irán y Arabia Saudí, asunto oficialmente bendecido por la administración de Estados Unidos. El general portaba una respuesta de Teherán a mensajes previos de los saudíes, explicó Abdul Majdí ante el parlamento en Bagdad. “Tenía que encontrarme con Soleimani la mañana que lo mataron, vino para traerme un mensaje de Irán de respuesta al mensaje que les enviamos de parte de los saudís”.
Estados Unidos relacionó a Soleimani con un “inminente peligro” de acciones iraníes contra ciudadanos americanos, pero no hay prueba alguna de que estemos ante un nuevo caso de “asesinato preventivo”. Fuentes del Pentágono han reconocido la ausencia de informes sobre ataques inminentes. El general iraní llegó a Bagdad en un vuelo regular provisto de su pasaporte diplomático. No era un “viaje conspirativo”. Estados Unidos ha asesinado a una de las principales personalidades de Irán que estaba visitando oficialmente en misión diplomática un país amigo. Es como si Irán hubiese asesinado al Secretario de Estado americano y a uno de los principales generales del Pentágono al salir de un aeropuerto europeo cuando se dirigían a sostener conversaciones con la canciller Merkel o el Presidente Macron sobre seguridad europea. Algo inaudito e inimaginable: una pública y abierta declaración de guerra. Cuando el ministro de exteriores iraní Javad Zarif ha dicho precisamente eso, Washington le ha denegado el visado para asistir a la prevista sesión del Consejo de Seguridad de la ONU donde el ministro iba a denunciar el crimen. La denegación de visado es otra violación del derecho internacional relativo al estatuto de la ONU.
Soleimani era un gran estratega que alcanzó tres señaladas victorias en los últimos diecisiete años: fue uno de los organizadores de la resistencia armada al ocupante americano en Irak tras la invasión de 2003, jugó un gran papel en la expulsión del Estado Islámico de Irak y derrotó luego al conglomerado yihadista en Siria (Estado Islámico, Al Qaeda, Al Nusra, etc.) financiado y sostenido por la CIA y las monarquías petroleras del Golfo. Fue Soleimani quien en 2015 convenció a Vladimir Putin de la conveniencia de ayudar militarmente al gobierno de Siria, que ha acabado restableciendo su control del país frustrando una nueva operación de cambio de régimen que se ha saldado con otra enorme matanza.
El mensaje que contiene este asesinato es el de la persistencia de Washington en el empeño de mantener revuelta la primera región energética del mundo, un pilar del dólar, e impedir cualquier arreglo pacífico entre Irán y Arabia Saudí.
¿Peligro de guerra?
Desde el viernes 3 de enero, todos los comentaristas anunciaban una respuesta iraní a esta “declaración de guerra” de Trump, o de sus generales, poco importa. Se olvida que esa guerra es un hecho desde hace muchos años. Históricamente comenzó con el golpe de estado contra Mossadeq, el primer ministro iraní que nacionalizó el petróleo, y prosiguió con la reacción a la Revolución Jomeinista de 1979, que indujo a Occidente a azuzar la sangrienta guerra entre Irak e Irán de los años ochenta con centenares de miles de muertos. El propio Trump lo ha recordado al amenazar con destruir 52 objetivos iraníes si Teherán se atrevía a responder al asesinato de Soleimani, un objetivo por cada uno de los rehenes que la revolución iraní tomó en la embajada de Estados Unidos en Teherán en aquella época. El Imperio no olvida. Detalle significativo: en su respuesta Trump mencionó la posibilidad de destruir entre esos objetivos algunos “importantes para la cultura iraní”, es decir, algo expresamente prohibido por las convenciones internacionales de 1954 y 1977 y que colocaría a Washington a la par con los talibán que destruyeron los Buda de Bamyan y con el Estado Islámico destruyendo museos en Irak o las ruinas de Palmira en Siria.
La retirada unilateral de Estados Unidos, en mayo de 2018, del acuerdo nuclear alcanzado con Irán, así como las sanciones que sufre ese país, los asesinatos de científicos iraníes y los atentados, sanciones y el bloqueo financiero y petrolero que asfixia la economía iraní, forman parte de esa guerra. Desde hace 19 meses, la exportación petrolera iraní que en 2017 era de 2,5 millones de barriles diarios ha caído a unos cuantos centenares de miles como consecuencia de las sanciones de Trump. Todo eso son motivos sobrados de guerra a los que Irán ha respondido en la medida de sus reducidas posibilidades. El asesinato del General Soleimani representa una nueva fase de esa vieja guerra.
Millones de iraníes han salido a la calle pidiendo venganza por el asesinato del General. Una movilización popular sin precedentes desde el funeral del Imán Jomeini de 1989. La prometida respuesta no era fácil para Teherán. Por un lado es enorme la desproporción de fuerzas en presencia. El Pentágono ha destacado bombarderos estratégicos B-52, de largo alcance y capacidad nuclear, en la base de Diego García desde donde se puede atacar Irán pero fuera del alcance de los misiles iraníes. Por otro, hay que satisfacer de forma convincente la indignación popular. Sea cual sea el desenlace, de momento la solución ha sido comedida. Teherán tiene armas de precisión e información detallada sobre cómo y donde hacer daño a las fuerzas americanas en la región, pero el ataque con misiles de la noche del martes se ha dirigido contra bases militares en Irak alejadas de Bagdad y de una forma aparentemente pensada para evitar muertes americanas. La prensa iraní habla de 80 víctimas, lo que podría ser farol.
Y mientras tanto en Europa…
El domingo 5 de enero, 48 horas después del asesinato en Bagdad, los mandatarios de las tres principales potencias europeas, Angela Merkel, Emmanuel Macron y Boris Johson, divulgaron su declaración conjunta. En ella el asesinato de Soleimani ni siquiera es mencionado. “Hemos denunciado los recientes ataques a las tropas de la coalición en Irak y estamos profundamente preocupados por el negativo papel jugado por Irán en la región, especialmente a través de los guardias de la revolución y de la unidad al-Quds bajo mando del General Soleimani”, señala la declaración. “Llamamos especialmente a Irán a abstenerse de mas violencia”, continua. En otras declaraciones personales Johnson le dijo a Trump que Soleimani “representaba una amenaza a todos nuestros intereses” y que “no lamentamos su muerte”. Macron expresó su preocupación por el papel desestabilizador de las fuerzas dirigidas por el general asesinado y el ministro alemán de exteriores Heiko Maas declaró que el General “había dejado un rastro de devastación y sangre por Oriente Medio” y que “la Unión Europea tenía buenas razones para tenerle en su lista de terroristas”. Esta declaración hizo que Teherán convocara al embajador alemán y le censurara por su apoyo al “ataque terrorista de Estados Unidos”. Por su parte, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha responsabilizado en solitario a Irán de la escalada de tensiones en Oriente Medio y ha justificado el asesinato como una reacción a las provocaciones sufridas por los americanos en Irak. Una vez más la “política exterior europea” queda retratada.
Es en Alemania, en la base de Ramstein, donde se encuentra el punto de mando y control de los ataques con drones de las fuerzas de Estados Unidos. Un anónimo ciudadano alemán ha presentado una denuncia en la localidad de Zweibrücken para que se elucide si el asesinato se pilotó desde Ramstein. Siendo tal acción una violación del derecho internacional y del derecho alemán, ha formulado una denuncia “contra todos los sospechosos de tal crimen en Alemania y Estados Unidos”. Quienes a estas alturas aún crean en el “estado de derecho” europeo a efectos internacionales, pueden agarrarse a ese simbólico gesto sin el menor futuro.
(Publicado en Ctxt)

Trump mira las encuestas y apuesta a la muerte


Tiempo Argentino

El presidente de los EE UU provocó una notable escalada de la tensión en Medio Oriente con la decisión de matar al general iraní Qasem Soleimani, mientras alardea de su apoyo popular en un año electoral y frente al impeachment. Reacciones en el mundo. Nuevos ataques en las últimas horas.


"La venganza está en camino". Fue el clamor más escuchado en las calles de Bagdad donde miles de iraquíes, entre ellos importantes autoridades del país, marcharon homenajeando al poderoso general iraní Qasem Soleimani, muerto en el ataque de dron, ordenado por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.