Somos un Colectivo que produce programas en español en CFRU 93.3 FM, radio de la Universidad de Guelph en Ontario, Canadá, comprometidos con la difusión de nuestras culturas, la situación social y política de nuestros pueblos y la defensa de los Derechos Humanos.
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lunes, 12 de octubre de 2020

Disputas semióticas en los territorios de la Realidad

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Carta de la Verdad


Fernando Buen Abad Domínguez

 

¿No es el primer deber del que busca la verdad dirigirse directamente a la verdad sin mirar a diestra o siniestra?” K. Marx


Conquistar la verdad es un trabajo… es una lucha. La verdad no es una moneda que pueda darse y recibirse, sin más, en el mercado de la información. No nos cuenten que la verdad es “incognoscible”, o subjetiva, porque el estado actual del conocimiento esté limitado, mientras fabrican escondites, o mentiras retorcidas, para dificultar el camino del saber. La verdad se alcanza, y se defiende, con el esfuerzo militante del pensamiento y la acción organizados. Se alcanza en la dialéctica tensional entre el error y la certeza. En el debate capital-trabajo. Al margen de reduccionismos. El problema de la verdad (tanto como la mentira) es un problema humanista de nuestro tiempo. Sólo se resuelve en la praxis.

Para nosotros es fundamental una concepción totalizante, e indisoluble, de la especie humana y el universoen función, objetiva y subjetiva, transformadora del mundo. Para nosotros es fundamental un método crítico de toda información (sentido amplio) que produce la sociedad en que vivimos; por tanto, en función de esa crítica, como resultado de ella, necesitamos un plan de acción superadora, con un programa de transformación revolucionaria, para la creación de un tipo nuevo de relaciones entre los seres humanos hacia un nuevo orden mundial de la información y la comunicación. Con un punto de no retorno lógica y políticamente. La verdad al alcance de todos. La mejor contribución al proceso revolucionario es la crítica inspirada por la lealtad, la crítica científica que empodera a la razón de la lucha para profundizarla. La crítica sin complacencia, sin torpeza. La que alimenta a la revolución y esmerila al capitalismo. La verdad sea dicha.

Empeñarse en la búsqueda de la verdad, sobre una base semiótica concreta y científica es, en más de un sentido, un cambio histórico que revoluciona a la historia misma. Transforma a la búsqueda, y sus métodos, en un instrumento magnífico. No esperemos “bienvenidas” por parte de los poderes hegemónicos expresados en sus trincheras políticas, económicas ni académicas. La bienvenida deben darla, si se ofrecen resultados potentes, las bases en pie de lucha. Quienes asumen el deber de estudiar y defender el problema de la verdad, trabada en las luchas de clase que se verifican en sus entrañas, deben desarrollar métodos, hipótesis y teorías correctas capaces de ascender a la praxis correcta que no es otra más que la praxis emancipadora dirigida desde las bases.

Las premisas de una semiótica científica están íntimamente vinculadas al desarrollo histórico, a las condiciones objetivas de la economía y de la vida material determinadas por leyes objetivas y cargadas, a su vez, de significación histórica, aunque sea imperfectamente, explicado en su praxis misma. La base del carácter científico de la semiótica que debemos desarrollar exige, desde su definición, capacidades predictivas (y preventivas) sobre el destino marcado por el modo de producción de sentido que interesa a las clases dominantes y sus componentes esenciales. ¿Cómo están pensando y proyectando la “manipulación simbólica”?

Falsificar la realidad es una actividad sistémica del capitalismo, una religión en la que las falacias son esencia y necesidad vital para poner, fuera de la vista de la clase trabajadora, los modos y los medios de hurto contra el producto del trabajo. No sólo invisibilizan la plusvalía, además nos embriagan con ilusiones o espejismos que hacen de las víctimas cómplices solidarios de sus verdugos. La producción de embrutecimientos, borracheras y anestesias simbólicas tiende a expandirse y a producir mutaciones aberrantes, afamadas porque son muy rentables. A cualquier costo. No nos cansaremos de repetirlo.

Es una necesidad imperativa prever a dónde quiere llevarnos la maquinaria fabricante de falacias. Identificar sus horizontes, sus métodos, sus recursos y sus consecuencias. Es crucial la tarea de producir anticuerpos y desplegar de inmediato fuerzas para la defensa y para la vanguardia en el estudio de la realidad y la búsqueda de la verdad. Sin los relativismos tóxicos de las filosofías con sordina, sin las baratijas ideológicas de los individualismos ni las metafísicas del cangrejo. Ya está en el horno “el nuevo orden”, la “nueva normalidad”, el “happytalism” (capitalismo feliz y progre). Matrices teóricas y “categorías nuevas” de donde se desprenderán cifras y paisajes para anestesiarnos a golpes de silogismos espurios y “entretenimiento familiar”.       

Hoy, la “clase dirigente” sabe bien lo que necesita para darse sobrevida y prepara lo necesario para frenar a las fuerzas revolucionarias que se mueven desde abajo. Es tarea de la semiótica emancipadora, luchar en cualquier frente de disputa simbólica para descubrir, explicar y combatir, toda forma de esclavitud. El cuento de que tanto la realidad como la subjetividad, son incognoscibles e impredecibles, debe combatirse con herramientas científicas que permitan probar cómo operan las herramientas de dominación económico-ideológicas y explicar cómo derrotarlas. La verdad, que no es propiedad privada, es un espacio de trabajo y lucha permanentes donde debe desplegarse una creatividad metodológica capaz de generar información correcta, con rigor ético, y sin esclavitudes mercantiles. La verdad no es un ente intocable ni místico, es una construcción social que reclama intervención colectiva, debate y consenso. Es una responsabilidad colectiva. Requiere fuerza científica y vigilancia irrestricta, sin amos, sin reformistas, sin oportunistas ni sectarios. Cultiven el santoral que cultiven.

No debemos temerle a la verdad, ni a los mitos fabricados para desfigurarla, ni a sus acólitos. No temerle a la verdad, mejor aún interrogarla, socializarla, democratizarla, re-politizarla y hacerla patrimonio de la humanidad bajo una práctica de acción directa y organización revolucionaria. Desatar todos los velos que la cubren y encierran, desmentir todas las falacias que la acorralan, desarticular los templos y los calabozos que la encierran. Emancipar a la verdad y combatir a las falacias, vengan de donde vengan, valgan lo que valgan, beneficien a quién beneficien. La verdad es un organismo social vivo, es dinámica y pertenece a todos. Hay que conocerla. ¿Por qué las mentiras de unos cuantos han de valer más que las verdades de millones? 


Dr. Fernando Buen Abad Domínguez
Director del Instituto de Cultura y Comunicación
del Centro Sean MacBride
Universidad Nacional de Lanús
Miembro de la Red en Defensa de la Humanidad 
Miembro de la Internacional Progresista
Miembro de REDS (Red de Estudios para el Desarrollo Social)

martes, 29 de septiembre de 2020

Síndrome de Plañidera Del dolor no se sale sólo llorando.

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Fernando Buen Abad Domínguez

 

En la lógica de toda transformación es paso obligado inconformarse, protestar. Al ascender sus fases de desarrollo hacia la práctica, todo proceso tiende a modificarse tensionado por la dialéctica que ya no permite a lo anterior permanecer en pie mientras lo naciente no termina de incorporarse. Y es de tal magnitud y complejidad dinámica tal proceso que ocurre permanentemente en todo lo que vemos y vivimos, en lo particular y en lo colectivo. Es la vida misma.

Ese enjambre permanente de transiciones ocurre con la música que alguna vez nos gustó y ahora no tanto; pasa con las comidas, con las relaciones humanas, con los atuendos, con los afectos y con los pensamientos. Nada se detiene. Aunque lloren los conservadores. Algunos han fundado, incluso, corrientes “filosóficas” para oponerse a los “cambios”, han inventado religiones y también sectas. Han ideado trucos y emboscadas para el engaño con lo “quieto” y han prohijado movimientos políticos especializados en producir “cambios” falaces… para que nada cambie. Algunos se reconocen como reformistas o “gatopardos”.

En algún momento se puso de moda el lamento como fin último. Se lo usó como sustituto de la acción, como acto suficiente que garantiza la inmutabilidad de las cosas. A diestras y siniestras, comenzó una moda (o pose) basada en quejarse, denunciar, criticar y vociferar inconformidades de todo y por todo. Incluso comenzó a parecer muy “progresista” el culto a la protesta. Hubo “canción de protesta”, teatro, cine, danza y sinnúmero de expresiones que transitaron la realidad incomodando a la tranquilidad burguesa y también al conservadurismo que, a su vez, nunca abandonó su propia forma de protesta contra los cambios. Protestar, en más de un caso, también se convirtió en mercancía. Muy rentable.

Quejas, por aquí y quejas por allá, proliferaron al calor de una emboscada ideológica que logró organizar actos masivos de protesta que luego mandaban a las masas “a casa”, ya relajadas tras la catarsis de su inconformidad reducida a sólo gritos. Hay, incluso, leyes y reglamentos que los estados burgueses elaboraron para “encausar” las protestas como un “derecho” civil que acompaña a la “Libertad de Expresión” y como una forma del “poder” ciudadano que debe expresarse ¡civilizadamente! en los límites jurídico-políticos del sistema. Todo listo para que la queja se institucionalice y sirva como analgésico de sus propios dolores.

Bajo el capitalismo la protesta se metaboliza de manera conservadora. Se profesionaliza, se legaliza y se difunde en los medios de masas. Quejas salariales, urbanas, éticas o morales. Todo entra en el reino de la protesta mientras no se convierta en fuerza transformadora. Los umbrales entre un salto cuali-cuantitativo están celosamente custodiados con lebreles ideológicos y policías del conservadurismo. Y carros antimotines. Hay antídotos para disuadir a los quejosos de querer convertir sus inconformidades en revoluciones. Especialmente aquellas inconformidades que no puedan ser convertidas en negocios. Represión se llama llanamente. Especialmente contra las formas de la queja, o de la protesta social organizada, que han desarrollado un plan que no se ahoga en lágrimas de plañideras y que asciende como lucha fundamentada en la emancipación económica e intelectual de los pueblos. Esa, deja de ser queja celebrada por el sistema para convertirse en sublevación. Según ellos y sacan a sus perros a las calles.

No deja de ser cierto que hay iniciativas rebeldes sanas, de origen social legitimado por consenso y lucha, que arrastran los vicios o las esquirlas de la metralla ideológica cotidiana en nuestros cuerpos, nuestras cabezas y nuestros corazones. No deja de ser cierto que muchos buenos movimientos se estancan en la lloradera permanente y no logran dar el salto de calidad organizativa que la realidad reclama. Van y vienen, muchos magníficos luchadores y dirigentes, cargados con sus amarguras, de un lado al otro, sin lograr salir de la trampa plañidera que imposibilita la organización e intoxica la interlocución. Hay casos muy severos.

No faltan los oportunistas que navegan, vidas enteras, en las aguas de las lágrimas ajenas. Son capitanes diestros pilotando trasatlánticos de burocracias variopintas que llevan por nombre o emblema una batalla, una tragedia o un apelativo tomado del sufrimiento social. Usurpación simbólica convertida en negocio. Lenin propuso la pregunta ¿Qué hacer? y toda la secuencia de respuestas que, de él y de miles, han surgido no alcanzan aún para construir, en la praxis, el gran movimiento humano organizado que permita derrotar a todas las calamidades que nos asfixian. Convertir las lágrimas en tareas, las quejas en acciones y los pretextos en movilizaciones. Mientras el inventario de las excusas sea mayor que el de las luchas, seguiremos trabajando para el conservadurismo. Tributaremos garantías de sobrevida al capitalismo.

Marx dio una clave que se concentra en la última palabra del manifiesto escrito con Engels: uníos. Y acaso una buena primera tarea para salir del plañiderismo tóxico sería organizarnos. Es decir, poner el trabajo organizativo como agenda de primer orden en toda agenda de lucha y, por lo tanto, impulsarse desde las protestas, no quedarse en ellas, para ir hacia los programas deseables, posibles y realizables. Como lo plantea Sánchez Vázquez. Orientarse hacia la organización pero no la organización de ínsulas sino la organización de organizaciones con un programa de unidad… no de uniformidad.

Si pudiésemos obtener un resumen de todo lo aprendido en las fauces del quejumbrismo, rescataríamos seguramente miles de aportes humanistas muy específicos y valiosos pero, justamente, por su valor y abundancia es injusto no saber aprovecharlos para pasar a la acción planificada por consensos… y es injusto no lograr conducir objetivamente la fase de transición con un programa de transición en lucha permanente. Devolverle la dialéctica a las penurias para que florezcan en combates. Respetar el derecho a sus etapas incluyendo el derecho a superarlas. Sanar las penurias con la dialéctica de las luchas y ascender a lo realizable.



Dr. Fernando Buen Abad Domínguez
Director del Instituto de Cultura y Comunicación
y Centro Sean MacBride
Universidad Nacional de Lanús
Miembro de la Red en Defensa de la Humanidad 
Miembro de la Internacional Progresista
Miembro de REDS (Red de Estudios para el Desarrollo Social)

lunes, 14 de septiembre de 2020

Sin unidad de las fuerzas comunicacionales no hay clamor emancipador

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Un Inmenso Archipiélago Inconexo
Fernando Buen Abad Domínguez
            Somos un archipiélago inmenso de iniciativas comunicacionales inconexas. Tanto daño ha hecho el individualismo, el sectarismo y el aislacionismo… en todas sus metástasis, que incluso cuando se trabaja en equipo, algunos piensan que los otros son parte de un decorado que sólo está para servir al que se cree “jefe” y “obra de sí mismo”. Estamos bajo peligro si permanecemos como un archipiélago inmenso de semiósferas inconexas, archipiélago inmenso cargado con “buenas ideas”, pero incomunicado. Un conjunto de islas sólo unidas paradójicamente por lo que las separa. Para nuestra especie es imposible vivir aislados, aunque nos pensemos autosuficientes, auto-creados. Nuestra hipotética “personalidad singular”, no es más que el producto de las relaciones sociales y vivir como archipiélago es algo más que un aislamiento… en una patología.
            Algunos piensan que es todo lo contrario, que vivimos una “proliferación” de comunicación híper saturada con mensajes vacíos. Que hay sobredosis de medios tele-producidos y redes sociales “participativas” y “democratizadas”. Que no sufrimos insuficiencia de comunicación sino saturación de interactividad mediática. Pero tal descripción en nada coincide con el mapa real de la propiedad de las herramientas para la comunicación, de los motores semánticos mercantilizados y mucho menos en el modelo de acumulación monopólica dominante en el que la inmensa mayoría de los seres humanos vive silenciada y reducida a reproducir, objetiva y subjetivamente, los dispositivos de su enajenación rentable para colmo.
            Pero la asimetría no ha cancelado la necesidad de expresarse. Comunicar es una necesidad social, una cualidad y un derecho humano de primer orden y, por eso, proliferan las iniciativas bajo la dinámica de las tensiones históricas de clase y las urgencias de todo tipo con que nos agobia el capitalismo. Desembozadamente, o clandestinas, las comunicaciones se dejan sentir de manera desigual y combinada. Aunque no siempre, por el aislamiento, nos enteremos.
            Unirnos no implica uniformarnos. Implica, sí en primer lugar, informarnos con todo rigor, de tiempo y forma, qué pensamos y cómo nos proponemos intervenir en la transformación del mundo hacia otro de condiciones objetivas. El qué y el cómo por consenso meticuloso y dinámico. El qué y el cómo resolviendo los problemas más añejos y de abajo hacia arriba. Desde los más postergados y los más urgentes hasta los específicos de algunos sectores estratégicos. Sin derroches, sin emboscadas, sin oportunismos ni reformismos. Para empezar. Solo así podremos construir puentes pertinentes a las necesidades y convertir el “archipiélago” en una “red”. No faltan herramientas para conectar, falta democratizarlas para la unidad política y falta voluntad política para la unidas desde las bases. Los “poderes” le temen mucho a eso.
            La Unidad debe ser expresión concreta de vínculos organizativos nuevos, creadores de soluciones prácticas, hacia condiciones de existencia en sintonía con las luchas y sus programas emancipadores. En primer lugar, el internacionalismo que nos expresa como una fuerza social planetaria, creada por el capitalismo, que busca emanciparse con una lucha mundial, económica y cultural, contra el sistema que depreda al planeta y a las personas. “Estar de acuerdo” debe definir el cómo.
            Se trata de tender puentes en el archipiélago para romper el aislamiento y los antagonismos inducidos entre los pueblos. Luchar juntos contra las divisiones de clase en el comercio y el mercado mundial y en la producción industrial secuestrada por la dictadura de la usura. El internacionalismo de los oprimidos convertido en red de puentes contra los monopolios de la comunicación y la información. Nosotros debemos recordar siempre que las “alianzas” internacionales entre la clase dominante son sólo acuerdos temporales de negocios que financiamos nosotros en perjuicio nuestro siempre. Cada puente sobre el archipiélago debe ser fraternidad organizada para la lucha. No tiroteo de vanidades.
            Tales puentes sobre el archipiélago no son una meta exclusivamente nuestra, ha sido anhelados durante mucho tiempo. Lo que se actualiza en estos puentes es lucha que descubre la urgencia de una sociedad sin clases ni divisiones como posibilidad deseable, posible y realizable (Adolfo Sánchez Vázquez). Y eso se debe al desarrollo de la consciencia porque, tal como está el mundo, aislados oprimidos dentro de la sociedad, sólo tenemos como salidas necrófilas. Todas las clases que en el pasado lograron hacerse dominantes trataron de consolidar la situación adquirida sometiendo a toda la sociedad a las condiciones de su modo de apropiación. Nosotros hoy no podremos conquistar las fuerzas productivas sino aboliendo el modo hegemónico de apropiación, y con él, todo modo de apropiación ilegítimo. Nosotros sólo salvaremos lo salvable y deberemos modificar todo lo que ha garantizado la ingeniería del despojo. Nuestra unidad de redes y puentes debe ser una transición hacia un “Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación” o sea, nuevos medios y modos para informarnos y comunicarnos en un contexto de nuevas relaciones de producción.
Pero la forma específica de tal unidad de nuestras fuerzas debe ser motor de los trabajadores desarrollado durante sus propias luchas. Se trata de lograr que la humanidad deje de ser una mercancía más, atomizada, para reproducir mansamente su propia subordinación. La materia prima de los “puentes” es, precisamente, esa consciencia de clase dispuesta a emanciparse construyendo convergencias de forma y fondo. Priorizar los principios sin desatender a las personas. Es una praxis que se va transformando minuciosamente en instrumento de precisión para desactivar el sometimiento de todos nosotros bajo la economía dominante. La unidad se hará esencial sólo si se garantiza su evolución permanente basada en la supremacía de la humanidad sobre el capital. 
Prioridad de acción es construir la unidad. Puentes y redes que, a su vez, se desarrollen continuamente hasta cambiar la correlación de las fuerzas y los paradigmas. Las piedras angulares de nuestros puentes o interconexiones, en todos los sentidos, no pueden ser arbitrarias, sino expresiones concretas del ser social que planifica emanciparse. El de la comunicación es un asunto tan importante y duradero que no puede dejarse (sólo) en manos de los gobiernos efímeros. En última instancia, si los gobiernos deben definir sus políticas de comunicación, deberán hacerlo en colaboración orgánica con la calidad democrática que los medios emancipados y emancipadores sepan exigir e imponer como fuerza social real. Pero eso, ni con mucho, resuelve la necesidad de la tarea comunicacional más sólida que es la comunicación nueva transformada y transformadora que no depende de la agenda semántica de los gobiernos ni las burocracias pero que debe asumir sus responsabilidades y derechos para su desarrollo económico, tecnológico y estratégico. Ese es el reto. 



Dr. Fernando Buen Abad Domínguez
Director del Instituto de Cultura y Comunicación
y Centro Sean MacBride
Universidad Nacional de Lanús
Miembro de la Red en Defensa de la Humanidad 
Miembro de la Internacional Progresista
Miembro de REDS (Red de Estudios para el Desarrollo Social)

jueves, 13 de agosto de 2020

PRÓXIMO ESTRENO: UNA DELGADA LÍNEA PANDÉMICA

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Crítica “cinematográfica” sobre una película que aún no se filma 
Fernando Buen Abad Domínguez 

Todo es predecible. Pronto (antes de lo que uno imagine) aparecerá en las pantallas de las salas cinematográficas (cada día más convertidas en tele-salas caseras) o en sus variantes de exhibición “bajo demanda” (on demand), el show de la pandemia en manos de la ideología dominante. No es difícil adelantarse a las productoras fílmicas. 
Protagonizado por alguno de los “galanes” más taquilleros y alguna de las mujeres más objetualizadas por el mercado de la imagen audiovisual, (en ese orden) veremos el drama desgarrador de una “historia de amor” atravesada por nociones científicas de moda y la “fatalidad” de una guerra inter-imperial entre chinos, rusos y yanquis, por el control de una vacuna milagrosa y planetaria, donde “el bien y el mal” de disputan el mercado farmacéutico trasnacional. Tendrá condimentos fuertes de horror. 
Habrá escenas de alcoba y desnudez al límite, tensión dramática, violencia con sangre e insultos, diálogos perversos, miradas cándidas, vestuarios de lujo y contrastes de clase. Habrá persecuciones en automóviles en las avenidas más imposibles de las capitales mundiales más saturadas. Efectos especiales a granel, impactos sonoros, música planeada para manipular emociones y gran derroche de recursos con procedencia ignota: limusinas, aviones, yates, motocicletas y mansiones infestadas de lujuria burguesa. Podría ser una coproducción triple.
Es de esperarse que la pandemia sea usada, como todo lo que el capitalismo es capaz de manosear, a su impúdico e impune antojo sempiterno. Es de esperarse que al COVID-19 termine siendo inoculado ideológicamente y que para culpar y exculpar aberraciones de toda especie, aparezca en las pantallas como un género nuevo de maldad que amenaza a “la vida feliz burguesa” agazapada ya en algunos proyectos de “nueva normalidad”. 
Y, desde luego, los mercachifles de la industria cinematográfica ya deben estar adelantando propuestas para comerciar con el número de contagios, muertes y devastaciones sufridas por causa del virus y por causa del sistema económico que hizo letal. Unos pensarán en largometrajes de acción y otros ya estarán diseñado series de 5, o más, temporadas. Quizá algunos “reality shows”, obras de teatro, novelas, cuentos y “stand up”. Nadie querrá quedarse afuera de un negocio que ayude a sublimar, con tramas cursis, el drama crudo de un sistema económico putrefacto que ha exhibido sus entrañas inhumanas.
No han tenido pudor para usar los muertos de Hiroshima y Nagasaki, los campos de exterminio financiados por los nazis, los golpes de estado y el asesinato de lideres y movimientos sociales… no hay límite para la voracidad de los mercachifles del espectáculo y sus patrocinadores. Y no hay sanción imaginable contra el abuso desaforado que somete las desgracias humanas al negocio de unos cuantos empresarios de la farándula. 
La obscenidad no está sólo en el oportunismo (predecible), no está sólo en el hecho de comerciar con las tragedias humanas, tampoco está sólo en la desfachatez de acusar, en los “otros”, los defectos propios, ni en buscar compulsivamente, a quién echar la culpa de las canalladas vernáculas. La barbarie se expresa, con toda su amplitud, en el empeño desmesurado por inundar las cabezas de los pueblos con ideología chatarra basada en anestesiar conciencias con sobredosis de entretenimiento burgués. Y hacer de eso un negocio. 
La obscenidad es despilfarrar dinero para fabricar historias cuyo “glamour” de mercado tiene por objeto aniquilar la crítica y suplantarla con solidaridad de clase. Empatías con el verdugo para mejorar sus ganancias. Muy mal. Pero con todo y lo obsceno, no se trata sólo de un problema moral. Se trata de una guerra semiótica, se trata del despojo y de la usurpación simbólica orquestada por los latifundistas de los “mass media” contra una población mundial ensimismada en sus miedos y en las fragilidades que se nos han multiplicado a raíz de la pandemia declarada sin consulta. 
Toda esa parafernalia mediática, amasada por los monopolios de la información y las mafias de las farmacéuticas, militares y bancarias… tendrá, tarde o temprano, expresión en una y varias películas o “series” cargadas con el recetario nauseabundo del éxito mediático burgués. Repetirán su cursilería melosa, sus re-manidos  gestos de dolor, alegría y éxtasis; sus trabucadas frases, de corte psicótico y supremacista, con ambición de “slogan”. Harán lo imposible por comprimir una pandemia de magnitudes inmensas en una cápsula ideológica “pay per view”.
Todo eso ya lo sabemos, todo eso es predecible y adivinable. Quizá nos sorprendan con algún hallazgo tecnológico o algún efecto “3D”. Por lo demás será más de los mismo. Ya lo sabemos antes de que lo filmen. El gran desafío radica en estar, nosotros, preparados para dar la batalla semiótica. Estar alertas y en guardia intelectual y creativa, con el pensamiento crítico afilado y las precauciones indispensables para no quedar contaminados por una ideología tóxica y paralizante, como es la ideología de clase dominante. Otra pandemia para la cual aún no contamos con vacunas suficientes y al alcance de las luchas sociales. Preparémonos.



Dr. Fernando Buen Abad Domínguez
Director del Instituto de Cultura y Comunicación
y Centro Sean MacBride
Universidad Nacional de Lanús
Miembro de la Red en Defensa de la Humanidad 
Miembro de la Internacional Progresista
Miembro de REDS (Red de Estudios para el Desarrollo Social)

jueves, 6 de agosto de 2020

Los hijos de la violencia, Hay niños encerrados en jaulas!


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Fernando Buen Abad Domínguez 

9 de agosto día Internacional de los Crímenes Estadounidenses contra la Humanidad 
¿Hay un plan para encubrir los crímenes contra la Humanidad? Sí, se llama Capitalismo. 
Quedarse quieto es hacerse cómplice. Ésta no es una denuncia cómoda para tranquilizar conciencias pequeño-burguesas. Es denuncia y es autocrítica. Mientras Trump y sus jaurías criminales reprimen, humillan y encarcelan a familias de “inmigrantes”; todos los Crímenes Estadounidenses se coagulan en las injusticias fronterizas, la inmensa mayoría de nosotros aporta su cuota de ignorancia, indolencia e inutilidad funcionales. Algunos claman a cielo y oran, otros se subliman mentando madres, algunos hacen donativos, limosnas y gestos compungidos. Otros más, alzan los hombros y siguen viendo sus noticiero favorito. 
La única solidaridad concreta ocurre desde abajo, de la mano del pueblo que mira en el que sufre sus propios sufrimientos. Para no importunar al magnate de La Casa Blanca, cientos de funcionarios se cosen la boca con hilos de burocracia y silencian lo que les queda de consciencia para que el horror no les quite el sueño. Algunos abogados fabricaron trincheras de “jurisprudencia” a prueba de toda vergüenza, desde ahí pontifican deyecciones leguleyas expelidas por el “Estado de derecho” y los “tratados internacionales”. 
Se exhiben muy pulcros para el tecnicismo y muy puntuales para la cobranza. Van y vienen de congreso en congreso, de conferencia en conferencia, de burocracia en burocracia… mientras los niños aprenden, tras las rejas, que viven en un mundo donde ser pobre se castiga, no importa de dónde vengas ni qué edad tengas. Castigo inclemente sin delito, sin juicio sin defensa. “La única forma de salvar la vida de las personas detenidas es su liberación”, dice el periodista Jacob Soboroff, que ingresó a estas cárceles del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) donde, ya en 2008, vio niñas y niños encerrados en jaulas. Soboroff lo relata en su nuevo libro “Separated: Inside an American Tragedy” (Separados: una tragedia estadounidense). 
Es uno más de los Crímenes Estadounidenses contra la Humanidad, convertido en mercancía “mediática”. Mercancía del horror prefabricado por intereses de clase a cuyo servicio está el Estado, para venderla en el mercado de la dominación de una clase sobre otra. Esta vez usando a los niños, sin clemencia, sin defensa, sin piedad. En el alma de esa violencia la complacencia de gobiernos reformistas y oportunistas escupiendo a mansalva discursos legalistas. Se descargan, minuto a minuto, ráfagas de violencia ideológica para esconder la tortura a que son sometidos los más indefensos en el imperio oligarca de la indefensión social. No importa el horario, no importa el tema y no importa el impacto… siempre hay violencia a destajo contra niñas y niños victimados tras las rejas del imperio. Y parece tan “natural”. “Según diferentes cables, en mayo ICE tenía a unos 184 menores, pero los activistas creen que pueden ser más, después de trascender que el gobierno federal está deteniendo a los niños en hoteles de Texas y Arizona antes de deportarlos a sus países de origen.” 
Esto no es una arenga contra la solidaridad genuina, es una reflexión contra esa violencia infiltrada en las cabezas de los pueblos para naturalizar todo lo que  el capitalismo impone como modelo para mentalidades dóciles, cómplices de las aberraciones del saqueo y la explotación que reinan planetariamente. “Casi 2.000 niños han sido separados de sus padres desde que el fiscal general, Jeff Sessions, anunció la política que determina que los funcionarios de seguridad interna deriven todos los casos de ingreso ilegal a los EE.UU. para procesamiento.
Esto es un llamado de atención no sólo sobre el papel que cumple el aparato de Estado y gobiernos gerenciadores de esclavitudes a diestra y siniestra, sino también contra las jaurías de burócratas que, con toda impunidad, violan los derechos humanos. El plan de exterminio contra las “familias de inmigrantes”, desatado por Trump, es una declaración de guerra a la que debemos presentar frentes de lucha de todo tipo y a toda costa. Los niños y las niñas enjaulados no pueden defenderse y menos si encuentran otra forma de violencia agazapada en la indiferencia, la ignorancia y la apatía nuestras.



Dr. Fernando Buen Abad Domínguez
Director del Instituto de Cultura y Comunicación
y Centro Sean MacBride
Universidad Nacional de Lanús
Miembro de la Red en Defensa de la Humanidad 
Miembro de la Internacional Progresista
Miembro de REDS (Red de Estudios para el Desarrollo Social)

miércoles, 1 de julio de 2020

Semiótica de la Pandemia II :¿Flexibilización laboral a la sombra del “Coronavirus”?

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Fernando Buen Abad Domínguez 

Sacudida planetaria. Aprendimos, a golpes de realidad “sorpresiva” (y avazallante) que poco será igual después de la pandemia del COVID-19. Especialmente los salarios y los empleos. Desde la palabra “virus” hasta la iconografía sanitaria, pasando por la noción de muerte y vida, tenemos “cambios” en marcha que darán por resultado territorios semánticos “nuevos” que, como todo campo semántico, es un escenario en disputa. Aprendimos, con la “nueva” didáctica del capitalismo, que nadie pide permiso y nadie ofrece disculpas por una tragedia global que ha costado millones de vidas y descalabros inmensos para la clase trabajadora. 

Estamos asimilando los alfabetos actualizados de la dominación entre las ecuaciones malthusianas, y la didáctica del “sálvese quien pueda”: Inflación descontrolada, devaluaciones a placer, desempleo a mansalva y castración del poder adquisitivo. Nos han descargado sobre la espalda todo el paquete de las “reformas laborales” burguesas, en tiempo récord, mientras estamos en cuarentena. A la sombra de la pandemia un gran negocio camuflado. “A esta altura, ya nadie ignora que la pandemia no es sólo una crisis sanitaria. Es lo que las ciencias sociales califican de “hecho social total”, en el sentido de que convulsiona al conjunto de las relaciones sociales y conmociona a la totalidad de los actores, de las instituciones y de los valores”. Ignacio Ramonet https://www.eldiplo.org/wp-content/uploads/2020/04/Ramonet-pandemia-sistema-mundo.pdf 

Algunos salieron ganando. “Cambia” de significado el Estado burgués que resucita desde los sótanos del neoliberalismo y se apresta, si nos descuidamos, a repetir más de lo mismo. “Cambia” de significado la “democracia” que ahora seguirá siendo burguesa, plagada de contradicciones y “defectos” muy convenientes para el establishment. “Cambia” todo para que nada cambie. Incluso los progresistas parecen conservadores al lado de la catarata de “cambios” que aluden a la “propiedad privada” burguesa (que en un diccionario decente debería significar saqueo o hurto). “Cambian”, en teoría, las Leyes y la Justicia, “cambia” el poder ejecutivo, el legislativo y el judicial... ahora sesionan a distancia. “Cambian” las academias y sus saberes. No cambia el peso de la barbarie contra los oprimidos. Sólo se incrementa el desempleo, el hambre, la insalubridad, la intemperie, la carencia de educación, la falta de agua, luz, medicamentos... y respeto. 

Hay más pobreza y desigualdad. Por “alguna razón” se hacen esfuerzos denodados para hacernos creer que el mundo será “distinto” sin tener que modificar el sistema económico capitalista. Incluso algunos andan con el cuento de que puede “mejorarse”, hacerse “más humano”, hacerse “Progresista”. Tratan de convencernos de que “cambio” es lo mismo que “reformas”. Que “distinto” es lo mismo que “igual”. Que las guerras son un negocio que puede “salvarnos”; que los bancos son nuestra mejor ayuda con sus “créditos”; que los “mass media” son imprescindibles para ayudarnos a entender la “realidad” y que es mentira que existan las “Fake News”. El paraíso Post-pandemia. “La Organización Internacional del Trabajo advirtió este miércoles que casi la mitad de la población activa mundial, unos 1600 millones de trabajadores que laboran en el sector informal, están en riesgo de perder sus medios de subsistencia debido al constante descenso del número de horas trabajadas a causa del brote del COVID-19.” https://news.un.org/es/story/2020/04/1473582 
Esto todavía no termina. Lo “nuevo” es quedarse en lo mismo y hacer lo imposible para que nos dure. En la refriega ideológica por dominar el “sentido común” el capitalismo convierte su agonía en Apocalipsis para nosotros. Y anhela que lo salvemos -entre todos- para ofrecerlo a nuestra prole como su mejor herencia. Como un “cambio” radical. ¿Cuántos rebrotes de pandemia hacen falta hasta pulverizar (hasta donde el capitalismo anhela) los salarios de la clase trabajadora? Tiene la palabra los “anti-cuarentena” globales. Dentro del capitalismo no hay solución a los problemas sanitarios mundiales. Ni solución para los problemas del planeta y de la humanidad en general. 

Bajo el capitalismo nada es suficiente para cuidar a los pueblos. Unos cuantos ricos serán más ricos gracias a que habrá más pobres y más empobrecidos. De esa semántica no se habla pero toda la burguesía trabaja para darle forma. Los gobiernos que quieran tener “sentido” de pueblo deberán cambiarse desde sus entrañas y sacudirse todo reformismo parásito. Incluso los viejos conservadores que se atrincheraron en la “ciencia” y en la “academia”, con sus relatos  de estadísticas tecnócratas y positivistas, hoy parecen adalides del progresismo ad hoc que maquillará al nuevo viejo estado. Sin tocarle un pelo al capital. Cuándo alguien se asume “dueño” de un campo semántico, de manera explicita o implícita, en lo teórico o en lo práctico, ejerce un tutelaje auto-refereincial despótico propio de una lógica mediocre y de una ignorancia supina. 

Suelen hablar con suficiencia y jerigonza. Con énfasis y con superioridad demuelen el poder adquisitivo. Desde su perspectiva somos todos discapacitados intelectuales. Se los puede encontrar en congresos simposios y conferencias. Van y vienen con sus papers, ponencias o textos empapados de exageraciones y exaltados por el éxito acelerado que se atribuyen a sí mismos gracias a los puntos ganados en las lides burocráticas entre certificados, diplomas y  “publicaciones”. Todo por la salud del mercado. Son latifundistas de la nada asombrados por su inteligencia alpinista que en el “reino de los ciegos” funda tronos de nadería exhibicionista. Antípodas de la humildad. Pero mansos ante el capital. Las propias reglas del Mercado académico burgués han creado esos monstruos de sabiduría sedicente que llegan a creerse sus propios cuentos “científicos” a costillas de la paciencia, la ignorancia o la abulia imperantes. Mientras tanto, en la proliferación de publicaciones, PowerPoint y saliva “docta”, la ciencia de la opresión económica avanza en manos de esos “vendedores ambulantes” de programas económicos de espaldas a los pueblos. Infestaron las carreras, los posgrados y las bibliotecas. Impusieron sus destrezas burocráticas y formalistas para vaciar de contenido a la producción teórica. La prestidigitación cuantitativa sin firmeza lógica. La flexibilización laboral infestada por “asesores científicos”. 

Nos quieren dóciles. Están haciendo de las suyas con los salarios de la clase trabajadora bajo el abrigo de la pandemia. El viejo truco de esconder los libros contables se acompaña con el viejo truco de apoderarse de los “diccionarios”, de imponer los significados que a la clase dominante le convengan. Dicen que el “corona virus” es causante de una crisis económica sin precedentes, que debemos ayudar o rescatar algunas empresas sin detenernos demasiado en revisarles las cuentas ni los prontuarios. Nos cueste lo que nos cueste. Dicen que se debe crear millones de empleos pero no se fijan blindajes ni políticas para que no desciendan los salarios ni la calidad del trabajo. ¿Llegaremos a los excesos insaciables que determinen los dueños del mundo?. 

Virus ideológicos. “Home office”, “tele-trabajo”… Una estampida de palabrejas, confusas y nerviosas, galopa abiertamente sobre los territorios de la semántica post-pandemia. Pero la opresión sobre los salarios no tiene nombre. Truena su tropel y nos aturde mientras los noticieros se empeñan en ilusionarnos con un futuro sacado de la chistera semiótica del gatopardismo. Ni una sola noticia sobre las protestas obreras en todo el planeta. La pandemia nos desmovilizó y la “reforma laboral” o “flexibilización” disfrazada destroza todo sin que podamos meter las manos. Todo cambia para que nada cambie. Y ahora, el “Internet way of life” se ilusiona con la tierra prometida del “tele-mercado”, la “tele-salud”, las relaciones obrero-patronales remotas, el aprendizaje a distancia caminando sobre la “banda ancha”… 

Vacunas políticas. Necesitamos organizarnos para recuperar capacidad de protesta y de confrontación. Buscar soluciones que se puedan presentar ahora y acelerar la utilización de la tecnología en los objetivos emancipadores de la consciencia transformadora para la defensa de los derechos laborales adquiridos… y revolucionar la pandemia. Ahora que proliferan los sabelotodo “expertos en pandemias”, los psicológicos de la pandemia, los economistas, los astrólogos e incluso teólogos… es urgente una respuesta de la clase trabajadora que avance pasos concretos y haga los cambios verdaderos que sólo pueden venir de una organización, irreverente y nueva, del trabajo por encima del capital. Que los estragos de la pandemia no los paguen los trabajadores, que la dictadura de la “reforma laboral”, camuflada, no se adueñe del futuro. Eso significa muchas cosas. ¿Lo entenderemos? 

Sólo organizados. Semejante lucha no es tarea fácil: la ideología dominante es “mistificante” de la realidad. “Disuelve” con reconciliaciones las contradicciones del modo capitalista de producción y se apodera de la conciencia de los trabajadores, para disminuir el nivel de la movilización. Ellos quieren convencernos de que no hay ideología en su discurso y que no existen los campos de batalla simbólicos. Que las luchas dentro de la superestructura son sólo por el desarrollo y que no hay contenido revolucionario en sus contradicciones sino que son luchas por el “poder coyuntural”. Todo para no aceptar que la resistencia semiótica de los pueblos hará visible el funcionamiento del capitalismo que se basa en la extracción de plusvalía. Hará visible la lucha de clases como motor de la historia. Y hará visible la superestructura ideológica tributaria de la explotación de los seres humanos. Por eso es urgente, también, una revolución de las comunicaciones, una revolución de la semiótica entendida en su sentido más genuino, y radical, de sustituir el capitalismo. Pero hay que estar organizados. En la demora se incuban los peligros. Alemania advirtió que el desempleo por el coronavirus puede tener un “impacto político explosivo”.


Dr. Fernando Buen Abad Domínguez
Director del Instituto de Cultura y Comunicación
y Centro Sean MacBride
Universidad Nacional de Lanús


miércoles, 15 de abril de 2020

Fanáticos


Critica de la razón nublada 
Fernando Buen Abad Domínguez
Instituto de Cultura y Comunicación UNLA 

dd78653a2024bd230f7730678dc537aa.jpgDícese del: “1. m. Apasionamiento y tenacidad desmedida en la defensa de creencias u opiniones, especialmente religiosas o políticas”. (Diccionario de la Real Academia). Definido así, no parece una conducta tan perniciosa, como lo es, en sus expresiones concretas y con sello de clase. Dicho como lo dice ese diccionario, parecería una “virtud” de esas prohijadas por la compulsión burguesa de exagerarlo todo… tal como nos lo ha enseñado, insufrible y avasallante, la publicidad capitalista, por ejemplo. Se aplaude el fanatismo de la mercancía y de la plusvalía, el fanatismo futbolero; el fanatismo por las farándulas y sus esperpentos; el fanatismo por los “videojuegos” y todos sus adláteres digitales o “web”. “Fanas”, “fans” de políticos, de gurúes, de periodistas… hasta la náusea. Algunos, incluso, lo utilizan para exagerar algo que debe ser escondido porque ya se ha exagerado, hasta el paroxismo, en alguna emboscada ideológica. Mientras el fanatismo se naturaliza. La razón, el pensamiento crítico y la ciencia quedan arrinconados. Fanáticamente.
Pero el “fanatismo” es una amenaza muy seria contra la humanidad. Ataca las fibras más sensibles de la inteligencia social y la destruye desde sus cimientos históricos. Todas las formas del fanatismo se han coagulado en la fase imperialista del capitalismo, se han multiplicado y expandido bajo el manto de impudicia, e impunidad, impuestos por el poder económico y la ideología de la clase dominante. Se ha convertido en un “sentido común” y no pocos lo reproducen, a sabiendas o no, en los contenidos y en las formas, en los dichos y en los hechos. No pocos afirman que uno puede “creer” o decir (o ambas cosas) lo que se “le venga en gana”, que se es “libre” para reproducir creencias u ocurrencias como si se tratara de resultados científicos o verdades universales, que el hecho sólo de creer basta y sobra para imponer, a otras personas, sofismas a destajo… y que basta y sobra un tonito mandón, autoritario o de suficiencia bravucona para convertir en irrefutable cualquier silogismo trasnochado. Fanático, pues.   
En eso basa su estilo Donald Trump, Bolsonaro y otros muchos “fantoches” paridos por el dogmatismo de la “economía de mercado”. Son supremacistas, racistas y nazi-fascistas con bases epistémicas que se sustentan en saliva ácida y golpes, en retruécanos de la necedad y la represión militar o policiaca, contra todos aquellos a quienes consideran seres inferiores y descartables, es decir, el 80% de la especie humana. El proletariado.
El fanatismo, y sus fanáticos, practican el arte de la sordera selectiva. O dicho de otro modo, escuchan sólo lo que les conviene para exacerbar el delirio de sus argumentos irracionales o para torcer los razonamientos ajenos y convertirlos en combustible de sus incendios verborrágicos. Es, por ejemplo, el neoliberalismo en pleno. Neoliberalismo de iglesias, clubes de futbol, excursiones espiritualistas, partidos políticos mercantiles… No entiende razones, no admite interrogaciones, no admite la realidad. Un fanático, de tiempo completo (o parcial), del todo o de alguna especificidad, se aferra tenazmente a su nadería y lo hace afianzándose de esa mediocridad que lo hace parecer muy seguro de sí mismo. Es un “círculo vicioso” irrefrenable en el que, a punta de afirmaciones fanáticas, intenta demoler todo principio de duda. Y para salvaguardar los néctares de tal “círculo vicioso” son capaces de cargarse la vida de otro, de otros… de muchos. Por eso son tan peligrosos. Hay fanáticos que niegan el fanatismo, fanáticamente, mientras lo practican. 
Son radicales de sí mismos. Gramsci se quedó corto. Los fanáticos se disfrazan de todo, incluso de transparencia y de espejo. Son la obcecación violenta y la iglesia de su metástasis como opio mass media. El fanatismo es una “ nube negra” mutante y conservadora, camuflada de “pensamiento político radical” pero basada en puras abstracciones enemiga de los hechos o deformadora de los hechos. Y no es lo mismo “entusiasmo” que fanatismo aunque lo disfracen de moral, Herr Kant. Los fanáticos no están huérfanos de cierta consciencia ególatra para la organización política. Incluso en el desarrollo revolucionario ciertas “rebeldías” se han infiltrado los fanáticos y sus fanatismos con categorías nucleares como “conciencia” y “organización”. Peligroso. Un fanático es un apasionado de lo que se imagina y, tal es su amor por sus propias disquisiciones, que odia la realidad y, con ella, todo dato que ponga en riesgo sus alucinaciones y sus vociferaciones de ser superior. Por eso en su cabeza esta negada toda posibilidad la reconsideración, aunque la finja. Marx lo vio clarito en el 18 Brumario de Luis Bonaparte. 
En uno de sus extremos son “la mano que mece la cuna” del terrorismo, no sólo individual, y en el otro extremo, son la fuente de las peores cursilerías de gran éxito mercantil. Así de prolífico es el fanático. En el fanatismo se dan cita muchas formas del escapismo como salida de la realidad “en hombros”, gracias a la negación violenta de toda complejidad empírica pero, eso si, con mucha autoridad. 
Tenemos el pensamiento crítico, por ejemplo, como antídoto, pero sólo el pensamiento crítico que lo es, incluso, de sí mismo. Pensamiento de praxis (Sánchez Vázquez) para combatir a todo fanatismo que sueña dirigir con sus “emociones” la acción política, las relaciones de producción y las relaciones interpersonales. El antídoto es la razón científica revolucionaria con espíritu crítico en guerra contra el dogmatismo, el supremacismo, el triunfalismo, el mercantilismo, el individualismo y la brutalidad del nazi-fascismo. Es el capitalismo que, no lo perdamos de vista, es un sistema de fanáticos. Sólo entre Hiroshima y Donald Trump tenemos bastante para demostrarlo. Vivimos tiempos de “recrudecimiento de las pasiones y del fanatismo” que quieren dar por muerto todo sentido crítico contra la dominación de los seres humanos, eso ha producido ya estragos evidentes y algunos irreversibles. Por eso es crucial la Batalla de las Ideas, en los hechos, contra la Ideología de la Clase Dominante. Insistiremos.  

Dr. Fernando Buen Abad Domínguez
Director del Instituto de Cultura y Comunicación
y Centro Sean MacBride
Universidad Nacional de Lanús

miércoles, 29 de enero de 2020

El Capitalismo, sus médicos y sus medicamentos


Una sociedad enferma lucra, incluso, con las enfermedades
 Filosofía de la Salud
Fernando Buen Abad

El Capitalismo, sus médicos y sus medicamentos Filosofía de la Salud
Mientras la salud (o las enfermedades) de los pueblos sean un negociado de mercachifles en el que estén prendidos como vampiros muchos laboratorios, universidades, instituciones gubernamentales, hospitales y médicos... mientras existan personas y pueblos enteros sin seguridad médica... mientras reinen los hábitos y las manías patológicas que inoculan las mafias publicitarias en contra de la salud pública... viviremos una injusticia monstruosa que se ha naturalizado como parte del decorado miserable de las sociedades divididas en clases. Todos los días, durante las madrugadas, las filas de personas a las puertas de los hospitales, en espera de una consulta, padecen listas enromes de violaciones a los derechos humanos mientras, por ejemplo, la industria farmacéutica (13 de los 20 más voraces) instalada en Puerto Rico, recibe beneficios fiscales caimánicos y mueve saludables fortunas en el orden de 60 000 millones de dólares.
El capitalismo entrena a los médicos, a las enfermeras y a los trabajadores de la salud como se entrena a un ejército de mercenarios vendedores de análisis cínicos, estudios diagnósticos, cirugías, medicamentos y terapias. Las materias y reflexiones humanísticas, la conciencia social, brillan fulgurosamente por su ausencia y precariedad. Les uniforman las cabezas con aspiraciones y sueños burgueses (estereotipados hasta las náuseas) para que exhiban impúdicamente su lealtad convenenciera a los negocios de dueños de los laboratorios que ya antes entrenaron a sus jefes. “Pfizer es actualmente la mayor compañía farmacéutica, y se reporta 45 mil millones de dólares de rentabilidad. Las empresas multinacionales entre ellas Glaxo Smith Kline, Merck & CO., Bristol-Myers Squibb, AstraZeneca, Aventis, Johnson & Johnson, Novartis, Wyeth y Eli Lilly, acapararon el 58,4% del mercado alrededor de 322 mil millones de dólares en ganancias”.1
Hay que ver los desplantes de prepotencia y petulancia que pasean muchos jefes de sección, de guardia, de departamento... en cada clínica, hospital o laboratorio frente a las enfermeras, los estudiantes y los trabajadores que deben aprender primordialmente a convertir su humillación en buenas calificaciones, diplomas, nombramientos especiales o premios... como la asistencia a congresos, la publicación de “papers” y los regalitos de los laboratorios. No nos asustan, ni silencian, los medicuchos que se envuelven con enjambres terminológicos y estadísticos par inmolarse en el reino de la erudición archi-especializada y donde no sólo no se aceptan las denuncias más obvias sino que éstas son vistas como desplantes de “mal gusto”. De esos bonzos demagogos, tecnócratas y burócratas, están repletas las academias y asociaciones de especialistas... y muchos hospitales. No todos, claro... claro. Pero. Muchos estudiantes son adiestrados con excelencia “técnica” para sustentar la servidumbre de clase que justifica el negocito y justifica también algunas dádivas de la filantropía médica que, con su ética mesiánica, beneficia a algunos pobres en hospitales para pobres y con burocracia para pobres.
¿Es esto muy exagerado?
Los médicos, las enfermeras y los trabajadores de la salud suelen ser amaestrados para que adopten, como suyas y originales, ideas reaccionarias y conductas mediocres. Su heroicidades se reduce a ser serviles y mansos con el negocio y llevar al reino de su individualismo las glorias de las cuentas bancarias y los bienes terrenales. Su heroicidad tiene por alma mater una vanidad inmisericorde entrenada diariamente en el campo de concentración a que someten a sus “pacientes” y a los familiares de ellos. Muchos “doctorcitos” se hacen pagar su magnanimidad con agradecimientos eternos, y halagos, gracias a extorsionar a todo mundo con el viejo truco de regatear información, hablar con tono didáctico y condescendiente, jugar a que el tiempo nunca les alcanza y sacarse de la manga soluciones milagrosas. Muchas bajo el método de la escopeta... algún perdigón le pegará a la perdiz. Cuantos más medicamentos ensayen... mejores regalitos mandarán los laboratorios. Existe un ranquin internacional de premios en hoteles, líneas aéreas y merchandising variopinto. Lo aprenden los médicos, las enfermeras y los trabajadores de la salud desde las primeras lecciones.
Sueñan con infectarnos la vida con saliva de burócratas serviles a la carnicería neoliberal son “doctores” de inoculados de epidemia usurera entre los mercados farmacéuticos caldo infecto de la demagogia neoliberal el peso de la miseria y el crimen, el hambre, el desempleo, la injusticia galopante. Nosotros lo pagamos. Ellos se autonombran “doctores” para esconder su prepotencia y suficiencia de ignorantes funcionales indolentes a la miseria, desnutrición, hospitales destruidos, escuelas desvencijadas, podredumbre y hediondez a diestra y siniestra. Depresión, mal humor, desesperanza, hartazgo, tristeza, melancolía rabia... furia... odio. Cansancio y soledad, trabajadores humillados. Ancianos victimados con indolencia... enfermos carcomidos por la burocracia. Los niños miran atónitos el futuro que les heredamos. Es una Monstruosidad. Vivimos infestados de negligencia. Los más pobres están más desprotegidos, no están bien alimentados, no pueden ir al doctor, imposible pagar medicamentos y en general no tienen posibilidad de atender su salud. No es poca cosa.
Nosotros sabemos que la guerra contra la medicina corrupta debe ser una guerra contra el capitalismo, también. El negocio de los laboratorios farmacológicos ha sacado una tajada monstruosa. Y no hemos visto lo peor. Sabemos que las corporaciones fabricantes de medicamentos son dueñas de la seguridad de miles o millones de personas. Reina el cinismo. Sabemos que la crisis sanitaria expresa la irracionalidad capitalista. Los monopolios imponen sus negocios como si fuesen políticas de salud e imponen condiciones de mercado para especular con medicamentos y precios. Son dueños de la salud de millones de seres humanos.
¿Y el pensamiento ético en materia de salud?
Está claro que la pachanga obscena de comerciar con las enfermedades, al alcanzar sumas millonarias en cualquier moneda, requiere gerentes gubernamentales encargados de legalizar la tranza e idear mecanismos creativos para sacarle más jugo a las víctimas. Por eso construyen hospitales cuyo sello de clase garantiza un modelo de consumo perfecto para el nivel de corrupción alcanzado por los “doctorcitos” y sus compinches. Por ejemplo construyen hospitales para consumir los mil y un productos que, encarecidos a precio de gobierno, mejor convengan a las empresas proveedoras; por ejemplo gastarán a manos llenas los impuestos de los pueblos para congraciarse con empresas fabricantes de aparatologías y artículos de toda índole, para, recurrentemente, tapizar la ruta de las entregas con diezmos a granel para los intermediarios; por ejemplo pondrán salas de espera, quirófanos, habitaciones, pasillos, oficinas y salas de urgencias... al servicio de la lógica “fordista” aplicada a la atención médica. Todo esto tributario de desentenderse rápido de los “pacientes” para que no engorden los gastos que pudieran amenazar la pachanga de las corruptelas. Hoy, en la obscenidad extrema del sistema de corrupción médica, los pacientes son obligados a llevar a los hospitales sus sábanas, tenedores, agua, vendas y bacinicas... no hay muchos médicos protestando por eso.
Muchos médicos, y sus compinches, gustan de celebrar cifras de eficiencia y atención a los pacientes. Se embriagan en estadísticas exitosas que desbordan gráficas powerpoint, libros, tratados y enciclopedias. Si cada página editada con guarismos triunfalistas implicara a una persona atendida con eficiencia... no habría crisis sanitaria en el mundo. Y la medicina habría dejado de ser una industria burguesa para ser un derecho socialista inalienable.
En la cúspide del alma mater en los médicos medicamentalizados (es decir con la mente puesta en ayudar a vender medicamentos muchos de ellos innecesarios) están los laboratorios farmacéuticos anudados todos en una red multinacional de inversionistas que, cómo en todo comercio, rigen sus tareas por las leyes capitalistas de la oferta y la demanda. ¿Nos sorprendería saber cuántas veces han inventado epidemias, pandemias y contagios para hacer circular millones de vacunas, jeringas, pastillas, cremas o ungüentos? La base material capitalista de esta industria mundial sustenta una cúspide ideológica -metodológica- vestida de “ciencia” en la que se han protocolizado operaciones técnicas con operaciones financieras donde los que ganan son los dueños del negociado. ¿Se ofenderán mucho con este retrato?
¿Es poco filosófico?
No son pocos los médicos que viven de mentir y de mentirse. Fabrican fantasías y explicaciones desopilantes para ganar la “confianza” de sus pacientes-clientes. Si hubiese una colección mundial sobre las fantasías inventadas por muchos médicos sobre el comportamiento del organismo humano, y su relación con los químicos prescritos, tendíamos una enciclopedia del horror monumental. La “filosofía” burguesa de la “industria de salud” ha producido durante su historia un monstruo insaciable enredado con las más deplorables anécdotas de corrupción e impunidad. Lo que menos les importa es la erradicación de las enfermedades porque tal cosa disminuye los ingresos farmacéuticos. No importa que muchos de los productos “médicos” (de quirófanos, farmacias, hotelería hospitalaria y toda la parafernalia) no tengan eficacia probada... lo importante es cubrir las metas mensuales en materia de ventas y cobros. Es esa su “filosofía” y punto.
Su “filosofía” no se compromete con una lucha efectiva contra las enfermedades que agobian a los trabajadores, lo que importa son las regalías y el secuestro de las patentes para gozar de exclusividad en el usufructo de una enfermedad y más si se vuelve epidemia. Sin importar (hay casos de infamias insondables) cuán tóxicas sean para las personas las medicinas, las operaciones o los tratamientos, ni sus consecuencias colaterales, las enfermedades asociadas ni la muerte (que el capitalismo también ha convertido en negocio)
Su “filosofía” también consiste en invertir millonadas, para esconder bajo el tapete, los planes de negocios relativos a la investigación que ellos llaman “científica”. No es el bien social lo que determina inversiones ni lo que determina las políticas sanitarias... es descarnadamente, la búsqueda de beneficios financieros privados para un puñado de monopolios alcahueteados por los gobiernos serviles. Si para eso hay que manipular y falsificar datos, si para eso hay que publicar revistas, organizar congresos y entregar “premios nobel”... no se detendrá una industria tan pesada. No tendrá pruritos metodológicos o morales, una industria deshonesta que se disfraza con la palabra Ciencia para esconder su “filosofía” de los negocios.
La lista de ligerezas y errores con que se maneja la fabricación industrial de medicamentos es enorme. Hay denuncias y debates que generalmente se esconden porque afean el panorama. La industria farmacéutica tiene controles sobre la inmensa mayoría de publicaciones especializadas y las revistas de divulgación científica. La industria farmacéutica gasta fortunas en publicidad y en regalos para sus médicos favoritos. Se trata de una dictadura del negocio farmacéutico.
Los médicos son la tercera causa de muerte en los EE.UU.: causan 250.000 muertes por año.2 No todos, claro, no todos.
¿Está todo tan mal?
Contamos con Cuba, por ejemplo. Algunas tareas indispensables para superar las patologías generadas por la industria médico-farmacéutica del capitalismo deberían pasar a estas horas por la expropiación, sin pago, y bajo control obrero, de todo el negociado obsceno que hoy deambula impunemente por el mundo. No hay alternativas. El capitalismo es un delito3 y una maquinaria infernal de producir crisis ecológica, enfermedad y muerte. A estas horas es preciso reformular todas nuestras concepciones teórico-metodológicas en materia de salud y de políticas socialistas de salud. Aprovechar los mejores logros, los que son realmente útiles y liberarlos de las garras del capitalismo. Reformular nuestras ideas y preconcepciones sobre el organismo humano sus interdependencias con la naturaleza toda, su desarrollo y su situación actual.
Reformular la investigación científica y los principios mismos de la actividad médica adaptados a la realidad concreta y las urgencias de esta etapa. Transformar los modelos de enseñanza y la educación médica en todos sus niveles. A estas horas es inexcusable garantizar la salud y los servicios en condiciones que permitan soberanía política en políticas concretas, democracia médica revolucionaria, erradicación del rezago médico y de las enfermedades de la pobreza. Prevención socialista y planificación, educación y la cultura de la salud, empleo digno para los trabajadores de la seguridad social... afincar una Filosofía socialista de la salud que privilegie la vida digna como un derecho concreto e inalienable. Vincular el problema de la salud con la preservación de los ecosistemas. Garantizar condiciones materiales de existencia, justas y democráticas. Los más avanzados descubrimientos de la medicina no pueden ser propiedad privada de un puñado de capitalistas. El movimiento obrero debe exigir su nacionalización inmediata al lado de la nacionalización de los grandes bancos, los latifundios y los monopolios que someten nuestras vidas a la dictadura del Capital. Sólo una economía socialista planificada racionalmente podrá desarrollar la riqueza de los conocimientos en materia de salud para ponerlos realmente al servicio de la humanidad y su desarrollo. Eso será realmente curativo.
1    http://www.militante.org/medicinas-laboratorios-monopolios-y-nuestra-salud
2    http://www.bibliotecapleyades.net/ciencia/ciencia_industryweapons02.htm
3    Antonio Salamanca http://www.aporrea.org/ideologia/a97634.html