Somos un Colectivo que produce programas en español en CFRU 93.3 FM, radio de la Universidad de Guelph en Ontario, Canadá, comprometidos con la difusión de nuestras culturas, la situación social y política de nuestros pueblos y la defensa de los Derechos Humanos.
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sábado, 26 de septiembre de 2020

La derecha y el siempre deseado blanco de la educación

 Boaventura de Sousa Santos

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Boaventura de Sousa Santos
Foto: Guilherme Santos/Sul21
Los movimientos translocales de ideas, filosofías, visiones de mundo, doctrinas sobre la vida, la política y la sociedad son tan antiguos como la difusión del uso de metales, el comercio, la escritura y las primeras civilizaciones urbanas de la Edad de Bronce hace 3000 o 4000 AC. Ciertamente se originó en Mesopotamia y lo que hemos llegado a llamar el antiguo Oriente Medio, estos intercambios se extendieron por esta vasta área de Eurasia, que más tarde comenzamos a dividir entre Occidente (Europa) y Oriente (especialmente China y la India). Hoy sabemos que Mesopotamia fue el lugar de nacimiento de la cultura griega y que estaba presente en el norte de la India en los primeros siglos de la Era Común, mucho antes de que se convirtiera en un patrimonio europeo, que, por cierto, sólo fue posible gracias a la magnífica traducción de los textos griegos emprendida en Bagdad por los árabes de la dinastía Abássida a partir de mediados del siglo VIII, una época que se conoció como la Edad de Oro del Islam.

 A lo largo de los siglos, estos movimientos de ideas siempre han tenido un origen local (a veces en varios lugares simultáneamente) y desde allí se han extendido y se han convertido en movimientos globales. Los intercambios, las influencias cruzadas y las adaptaciones locales siempre han sido una constante del movimiento de ideas. El protagonismo de Europa en estos movimientos es muy tardío. Sólo comienza en el siglo XVI y, para muchos, sólo en los siglos XVIII y XIX. Para limitarme a los últimos cien años, podemos decir que la marca europea sobre las ideas políticas está presente en los siguientes movimientos globales contemporáneos: liberalismo, socialismo, derechos humanos, conservadurismo. Este último es una contracorriente en relación con los demás, ya que, si bien están formados por la tensión entre la regulación y la emancipación social, donde se producen avances en la mejora de las condiciones de vida de las mayorías y la inclusión social, el conservadurismo da plena prioridad a la regulación social y se opone a las ideas de mayorías e inclusión social (de ahí su racismo y sexismo). El conservadurismo tiene tres características principales: Al ser un movimiento de carácter global, se afirma como contrario a la globalización; siendo tan moderno como los otros tres, se presenta como un regreso al pasado, una reacción que puede ser tanto moderada (derecha) como extremista (extrema derecha); tiene una visión muy selectiva de la soberanía nacional que no le impide que sea subordinado a la globalización capitalista neoliberal. Después de la Segunda Guerra Mundial, el eje de esta difusión de ideas se trasladó al Atlántico Norte, debido a la supremacía de los Estados Unidos. Pasó luego a hablarse de eurocentrismo. 

Estos cuatro movimientos de ideas tienen tres facetas importantes: ocurren simultáneamente, pero se alternan en la predominancia; se adaptan creativamente a diferentes contextos locales; se centran en los procesos educativos porque allí se forman las próximas generaciones que pueden reproducirlos. El período en el que vivimos marca una transición hacia el predominio del conservadurismo. Pero es una transición muy incierta debido principalmente a los nuevos problemas que ha planteado la pandemia del nuevo coronavirus. Señalan ideas (por ejemplo, nuevas relaciones con la naturaleza, alternativas al desarrollo, relaciones entre Occidente y Oriente) que no encajan en las versiones dominantes del liberalismo, el socialismo o los derechos humanos. Vivimos, por lo tanto, las transiciones de señales contrarias que a veces dan la apariencia de estancamiento o agotamiento ideológico. Hoy, me centro en el predominio global del conservadurismo, tanto en su versión moderada y extrema, y en sus recientes manifestaciones en el área de la educación en Brasil, India, Colombia y Portugal. 

Antes de la pandemia, esta ascendencia era particularmente visible en países tan diferentes como el Reino Unido, EE. UU., Brasil, India, Filipinas, Hungría, Polonia, Turquía, Rusia, Bolivia, Ecuador, Chile, Colombia, Israel Guinea-Bissau, Marruecos, Egipto, y Camerún. La pandemia creó un problema inesperado para la derecha: los países en los que estaba en el poder eran aquellos en los que la protección de la vida era, en general, más deficiente. Los gobiernos de derecha no sólo han demostrado ser incompetentes para proteger la vida, sino que en algunos casos extremos (Estados Unidos y Brasil) han tomado medidas que han puesto en riesgo la vida de los ciudadanos. Sin embargo, no está claro que en los próximos procesos electorales los castiguen en las urnas. El riesgo existe y, para prevenirlo, asistimos al desarrollo más preocupante posible: el conservadurismo de derecha se desliza hacia la extrema derecha. En Estados Unidos, Donald Trump ante la perspectiva de perder las elecciones, impulsa campañas masivas de desinformación, utilizando fuerzas militares y movilizando milicias neonazis de extrema derecha, que podrían poner al país al borde de una nueva guerra civil, especialmente si Trump no logra manipular con éxito los procesos electorales y pierde elecciones. Brasil puede seguir el mismo camino en 2022. 

Como indiqué, uno de los objetivos privilegiados del nuevo (viejo) conservadurismo de derecha y de extrema derecha es la educación. Cito cuatro casos a modo de ejemplo. En Brasil, pueden identificarse dos acciones principales. La primera consiste en la iniciativa “Escuela Sin Partido”, creada en 2004 con el objetivo de supuestamente eliminar el “adoctrinamiento ideológico” en las escuelas. A partir de 2013, con el giro de la política brasilera para la derecha (intensificando la desinformación por parte de la extrema derecha por vía de las fakenews, persecución político-judicial al Partido de los Trabajadores (PT) en el ámbito de la operación de Lava-Jato, especialmente en contra de la Presidenta Dilma Rousseff en 2016, y la elección de Jair Bolsonaro en 2018) la “Escuela Sin Partido” intensificó su acción con decenas de proyectos de ley presentados a los órganos legislativos en los varios niveles de gobierno (municipal, estatal y federal) con medidas que violaban los derechos humanos fundamentales, la libertad de cátedra y la propia Constitución, un conjunto ideológico altamente conservador cuya inconstitucionalidad ha sido cuestionada por varios organismos nacionales e internacionales. La segunda acción consiste en el ataque multifacético a las universidades públicas, que implica, en particular, recortes presupuestarios con la consecuente falta de financiación y el cuestionamiento del sistema democrático para la elección de los rectores de las universidades públicas federales. El gobierno de Jair Bolsonaro ha ido ignorando la elección de rectores progresistas e incluso ha nombrado rectores-interventores como en la época de la dictadura que imperaba en el país entre 1964 y 1985. 

En India, desde que Narendra Modi y su partido (BJP) llegaron al poder (2014) ha habido un ataque sin precedentes contra la libertad académica. El sistema universitario indio es muy diverso y está compuesto por universidades públicas y privadas, centrales (o federales) y estatales, universidades para minorías, universidades religiosas, etc. Los ataques a las universidades públicas centrales son los que han tenido más publicidad. Se intensificaron a partir de 2014 aunque anteriormente habían estado dirigidos por la organización juvenil del partido que ahora está en el poder. Tanto profesores como líderes estudiantiles han sido criminalizados bajo la ley antiterrorista y las reuniones o encuentros promovidos por estudiantes o profesores han sido prohibidas con el pretexto de abordar temas políticamente sensibles. Al igual que ha sucedido en otros países, los ataques directos a la libertad académica se han complementado con ataques indirectos, es decir, con la precariedad de los contratos de los docentes, el nombramiento de administradores impuestos por el Estado, la supervisión ideológica de los planes de estudios y el nombramiento sistemático en los principales puestos universitarios de ideólogos de derecha y partidarios del BJP, a menudo sin las calificaciones académicas necesarias. 

En Colombia, el conservadurismo ha tenido como objetivo constante la universidad pública y el pensamiento crítico. Mediante acusaciones temerarias, estigmatizaciones y montajes judiciales se ha querido incriminar a lo largo de los últimos años a profesores y estudiantes y así poder vincularlos a grupos terroristas. Pero no se han quedado solo allí. Recordemos que también han amenazado y atacado la vida de aquellos profesores “que incomodan”, quienes, muchas veces, hacen parte también del movimiento universitario en defensa de la educación pública o de los sindicatos de sus respectivas universidades. 

Cuando no han logrado doblegar a los protagonistas de la lucha por la educación pública, la estrategia optada por estos grupos retardatarios ha sido desfinanciar y ahogar presupuestalmente el sistema universitario público transfiriendo fondos a las universidades privadas. Las políticas de la derecha, y sobre todo de la derecha neoliberal, luchan contra la idea de universidad pública y su respectivo proyecto de país cada vez más incluyente y solidario, que obviamente el neoliberalismo no está dispuesto a permitir. En esta vía, el capitalismo universitario desea transformar la idea de universidad en una idea de empresa, para así colocar a los profesores como proletarios y dejar a los estudiantes en el plano de meros consumidores. En ultimas, quieren una universidad y una escuela “sin ideología”, pero que en la práctica estará dotada con toda la ideología del mercado. 

En Portugal, el conservadurismo de extrema derecha, que siempre existió antes y después de la Revolución del 25 de abril de 1974, hoy tiene un partido, Chega, que reúne a su alrededor a todos los movimientos neonazis y nacionalistas que nunca se conformaron con la derrota que sufrieron con la Revolución. Su estrategia a futuro se basará en la capitalización del descontento que puede causar la crisis económica y social derivada de la pandemia. El conservadurismo moderado se vio inmovilizado por la pandemia porque el consenso en la lucha contra la crisis de salud fue inicialmente abrumador y el gobierno de izquierda mostró eficacia y coherencia en las medidas a corto plazo. Desesperado en busca de una agenda que pueda atraer a sus partidarios, la encontró recientemente en la disputa sobre el carácter obligatorio u opcional de la asignatura de Ciudadanía y Desarrollo en la educación secundaria. Dicha asignatura es obligatoria. La polémica surgió cuando los padres de dos estudiantes de Vila Nova de Famalicão (al norte del país) invocaron la objeción de conciencia para no permitir que sus hijos asistieran a la asignatura, con el argumento de que los temas de esta eran una responsabilidad familiar. Los estudiantes reprobaron por ausencias, fueron admitidos por la escuela para pasar de nivel, el Ministerio de Educación rechazó el trámite y exigió que los estudiantes asistieran a un plan de recuperación, plan que los padres rechazaron, adelantando una medida cautelar que fue aceptada por el tribunal. La decisión de fondo está aún pendiente. 

Curiosamente, el conservadurismo y la derecha en Colombia aplicaron igualmente la receta de luchar contra la educación sexual en las escuelas. Llegando incluso a acusar al Acuerdo de Paz de 2016 de ser portavoz de la “ideología de género”. Múltiples marchas en contra de cartillas sobre educación sexual para las escuelas públicas y notificas falsas sobre el enfoque de género en el Acuerdo de Paz, dejaron entrever el carácter prejuicioso de un sector amplio de la sociedad. 

En Portugal, personalidades de derecha, tanto seculares como religiosas, han publicado un manifiesto a favor del carácter opcional de la asignatura. No podían elegir un objetivo menos adecuado y un tiempo menos oportuno. Vivimos en medio de un período de crisis sanitaria que nos ha estado enseñando la necesidad de un consenso político sobre los temas de los que depende nuestro futuro y el de las generaciones que nos siguen. Educar para la ciudadanía, en todas sus expresiones, es ahora más urgente que nunca. En este contexto, afirmar libertades que pueden desestabilizar la educación de los jóvenes y cuestionar aún más sus expectativas adquiere una gravedad particular. Todo el mundo recuerda las manifestaciones en los Estados Unidos de las fuerzas de derecha y de extrema derecha contra el uso de máscaras y el distanciamiento sanitario. La repulsión fue general. En el caso de la educación sexual (porque este es el quid de la molestia) no está en cuestión la desobediencia a las directrices de la OMS, se trata de la violación de los tratados internacionales de derechos humanos que Portugal ha ratificado. 

Recordemos que el principio de igualdad de género y respeto por la diversidad sexual es ahora reconocido internacionalmente, y es de ahí que surge la demanda de educación sexual en las escuelas, que, además, está ocurriendo en toda Europa. Y para sorpresa de los conservadores portugueses, los estudios muestran que los padres estadounidenses, cualquiera que sea su orientación política, están abrumadoramente a favor de la educación sexual en la escuela. Entre otras motivaciones, muchas de ellas prefieren que la escuela trate temas que, por importantes que sean, pueden ser inconvenientes cuando se tratan en la intimidad familiar. Otros temen que, a falta de escuela, las redes sociales ocupen este espacio sin ningún control. 

La controversia que ha surgido en la sociedad portuguesa muestra hasta qué punto el Portugal profundo sigue siendo sexista (y ciertamente también racista, ya que los dos prejuicios van juntos, como muestran varios casos recientes). Hace cincuenta años las escuelas enseñaban que las mujeres debían obedecer a sus maridos, que no podían ocupar ciertos cargos porque carecían de capacidad física o mental, y que los homosexuales eran enfermos (si no criminales). Las transformaciones políticas que hemos atravesado y los movimientos sociales que les siguieron en favor de los derechos sexuales, y todo el movimiento mundial por los derechos humanos, fueron sedimentando una nueva cultura de paz y convivencia, de reconocimiento de la diferencia y de respeto por la diversidad. Esta cultura se solapa con siglos de prejuicios y siglos de privilegio, en los que tales prejuicios se han traducido y siguen traduciendo. La inercia social que esto causa se produce en todo momento, como en el presente caso. De ahí la necesidad de que la escuela participe activamente en el aprendizaje de una cultura democrática, no excluyente, promotora de los derechos humanos. Y las escuelas ciertamente lo hacen de una manera mucho más confiable que las redes sociales.

 A la luz de cualquiera de los tres movimientos globales de ideas de origen europeo (liberalismo, socialismo, derechos humanos), esta iniciativa del conservadurismo portugués significa una violación de los objetivos de inclusión social igualitaria que dominaron en los últimos cien años y, en Portugal, solo en los últimos cincuenta años. Debido a esta particularidad portuguesa, poner en duda la vigencia plena de la educación para la ciudadanía es particularmente grave. Es que, detrás de la convicción de los conservadores de la derecha moderada, se esconde la extrema derecha, probablemente con el objetivo de sobreponerse en la polarización que explotará a toda costa. La presencia de la jerarquía de la Iglesia católica, en abierta desobediencia al Papa Francisco, es una señal adicional de preocupación. No olvidemos que la jerarquía de la Iglesia católica portuguesa defendió el fascismo (y el colonialismo) hasta sus últimos momentos. Y, por supuesto, es particularmente importante que los tribunales no renuncien al hacer valer los derechos de igualdad y orientación sexuales consagrados en las leyes y la Constitución. Recordemos que en esta materia hubo decisiones recientes muy problemáticas y justificadas por motivos ilegales. 

No es opcional volver atrás. Los contratiempos en la educación son siempre un terrible presagio para la sociedad. Si la igualdad sexual fuera la ideología de género, la igualdad racial sería la ideología racial y la lucha contra la pobreza sería la ideología clasista. Y, en última instancia, la lucha contra el fascismo sería la ideología...democrática. 

- Boaventura de Sousa Santos es Director Emérito del Centro de Estudos Sociais da Universidade de Coimbra. 

Traducción de Bryan Vargas Reyes

https://www.alainet.org/es/articulo/209064    

martes, 22 de septiembre de 2020

Por la defensa de la democracia en Ecuador

 Nota firmada por ex Presidentes y ex Cancilleres

Cristina Fernández de Kirchner, et al

Expresamos nuestra honda preocupación por las decisiones adoptadas por las autoridades electorales ecuatorianas con el objetivo de proscribir a la agrupación política denominada “Revolución Ciudadana”, en la que participa el ex presidente Rafael Correa, junto a destacados dirigentes políticos ecuatorianos. En los dos últimos años, les fue negada en tres ocasiones la autorización para obtener vida jurídica. 

Finalmente, el martes 15 de septiembre, el Consejo Nacional Electoral eliminó del Registro de partidos políticos a “Fuerza Compromiso Social”, la agrupación en la que la Revolución Ciudadana había encontrado un espacio de participación y ya había iniciado las actividades con miras a las próximas elecciones de febrero del 2021. 

Esta eliminación se produce después de cuatro años que esa agrupación política fuera aprobada legalmente, después de haber participado en tres procesos electorales y dos días antes del período de inscripción de candidaturas. Cabe mencionar que, con el auspicio de Compromiso Social, dicha fuerza política obtuvo dos de las tres prefecturas o gobernaciones de mayor caudal electoral del país. 

Lo más grave es que estas decisiones estatales violan lo expresamente contenido en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de las Naciones Unidas (art. 25 y 26), en la Convención Americana sobre Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos (art. 16 y 23) y en la Constitución de la República del Ecuador (art. 11 y 95), que garantizan el derecho a la libre asociación, a la no discriminación y a la participación política de la ciudadanía. 

A pesar de todo esto, los militantes de la Revolución Ciudadana han conseguido en los últimos días que otra organización política, denominada “Centro Democrático” les permita un nuevo espacio de participación, con la que inscribirán a sus candidatos en los próximos días. Sin embargo, un vocal del CNE ha hecho declaraciones en el sentido de que no aceptarían la inscripción de Centro Democrático alegando preceptos legales inexistentes, lo que devendría en quebrantamiento de la democracia y marginación de millones de ecuatorianos que han expresado su voluntad de apoyar al proyecto político de la Revolución Ciudadana. 

Exhortamos a las autoridades ecuatorianas a respetar los principios y normas nacionales e internacionales que aseguren la vigencia de la democracia efectiva en el Ecuador. 

Firman: 

Cristina Fernández de Kirchner ( ex Presidenta y vice Presidenta de Argentina), Fernando Lugo (ex Presidente de Paraguay), Luis Inácio Lula da Silva (ex Presidente de Brasil ), Dilma Rousseff ( ex Presidenta de Brasil ), Ernesto Samper (ex Presidente de Colombia y ex Secretario General de Unasur ), Evo Morales (ex Presidente de Bolivia), Manuel Zelaya (ex Presidente de Honduras), Alvaro Colom (ex Presidente de Guatemala),Tabaré Vázquez (ex Presidente de Uruguay), José Mujica (ex Presidente de Uruguay), Martín Torrijos (ex Presidente de Panamá), Salvador Sánchez Cerén (ex Presidente de El Salvador), Leonel Fernández (ex Presidente de República Dominicana), Oscar Laborde (Presidente del PARLASUR), Jose Miguel Insulza (ex Canciller de Chile y ex Secretario General de la OEA), Jorge Taiana (ex Canciller de Argentina), Celso Amorim (ex Canciller de Brasil), David Choquehuanca (ex Canciller de Bolivia) , Rodolfo Nin Novoa (ex Canciller de Uruguay), Jorge Lara (ex Canciller de Paraguay), Hugo Martínez (ex Canciller de El Salvador), Fernando Carrera Castro (ex Canciller de Guatemala).

 Link para quienes quieran firmar la carta: https://secure.avaaz.org/community_petitions/es/consejo_nacional_electoral_de_ecuador_por_la_defensa_de_la_democracia_en_ecuador/?wNxrurb&utm_source=sharetools&utm_medium=twitter&utm_campaign=petition-1121149-por_la_defensa_de_la_democracia_en_ecuador&utm_term=Nxrurb%2Bes

 https://www.alainet.org/es/articulo/209005    

sábado, 19 de septiembre de 2020

Manuel Ugarte y el socialismo latinoamericano

Bitácora Internacionalista

Mara Espasande

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Demasiado nacional para los socialistas y demasiado socialista para el ala conservadora de la política argentina. Una exhumación histórica de Manuel Ugarte, un pensador maldito de y por la Patria Grande.

Predicador de la unidad latinoamericana, precursor del socialismo nacional, deudo de Jean Jaurès, antiguo compañero del Partido de Alfredo Palacios y Juan B. Justo; hombre de la bohemia –aunque al decir de su biógrafo Norberto Galasso una bohemia particular, sin hambre ni tuberculosis- Manuel Ugarte fue sin dudas, una de las figuras más destacadas de la llamada Generación del 900.

En pleno auge del semicolonialismo y la presencia del imperialismo británico en América del Sur y de Estados Unidos en América Central y el Caribe, se gestó una generación que reflexionó sobre las raíces de “lo nacional” en cuanto latinoamericano. Nacidos entre 1874 y 1882 comenzaron a estudiar la historia regional y a rescatar los fundamentos que permitían ver a América Latina como una unidad: la herencia hispánica, el idioma en común, la cultura compartida y el sometimiento semicolonial a la cual había sido sentenciada constituían las bases de dicha unión.


Manuel Ugarte en la Revolución Mexicana, año 1910

En 1911 Ugarte sostuvo: “Nadie puede poner en duda que la frontera de México es un límite entre dos civilizaciones. Al Norte resplandece el espíritu anglosajón, al Sur persiste la concepción latina. (…) El problema de saber si los anglosajones de América deben reinar sobre el Continente entero o si los latinos, más mezclados con las razas aborígenes y más viejos en la ocupación, conseguirán defender de Norte a Sur su lengua, sus costumbres (…) No somos un pueblo independiente, porque tenemos aquí y allá una bandera en una asta y una demarcación en el mapamundi, sino porque dentro de nosotros existe una diferenciación, un alma fundamentalmente propia, y porque aún bajo el despojo, después de borrada la entidad nacional, conservaríamos los rasgos inalterables que nos personalizan”.

Ugarte fue pionero en sostener la hipótesis de que la fragmentación regional era clave para comprender la dependencia latinoamericana. Para él, el desmembramiento estaba estrechamente relacionado con las otras tareas inconclusas de la etapa de la emancipación pues al crearse veinte países donde debía fundarse una nación, se habían constituido en semicolonias subordinadas al imperialismo. “Todo nuestro esfuerzo tiene que tender a suscitar una nacionalidad completa (...) respetando todas las autonomías” proponía. La reconstrucción de la Patria Grande –tal como denominaba a la región- era requisito para el ejercicio de la soberanía.

Pero esta unidad, para él, debía desarrollarse de la mano del socialismo. Por ello, desde joven militó en las filas del Partido Socialista en la Argentina, pero su postura nacional y antiimperialista lo llevó a enfrentarse –en numerosas oportunidades- con la conducción. ¿Qué le criticaba a Juan B. Justo y sus seguidores? Advertía que es necesario “…evitar las absorciones económicas y mentales…”. Desde esta idea cuestionó la antirreligiosidad, el internacionalismo abstracto y la defensa del librecambismo realizadas por el Partido.

El carácter situado y atento a la realidad nacional del pensamiento de Ugarte –producto de combatir el colonialismo ideológico en el que reconocía haber sido formado- se contraponía al carácter universalista y el internacionalismo abstracto del PS. Dicho partido estaba profundamente compenetrado con la concepción filosófica positivista (también racista y evolucionista), donde la fórmula civilización o barbarie estructuraba la forma de analizar la realidad latinoamericana en general y la argentina en particular. Afirmó Juan B. Justo en La realización del Socialismo: “los gauchos constituían una clase bárbara y débil, el paisanaje tenía que sucumbir”. Las consignas electorales para enfrentar al radicalismo mostraban también esta concepción: “Si usted es enemigo de la alpargata y amigo de la civilización, vote por el Partido Socialista”. Cuando, en 1913, en ocasión del regreso de Ugarte a Buenos Aires luego de la realización de su Campaña Hispanoamericana el periódico La Vanguardia sostuvo: “…Ugarte viene empapado de barbarie, viene de atravesar zonas insalubres, regiones miserables, pueblos de escasa cultura, países de rudimentaria civilización… Y Ugarte no viene a pedirnos que llevemos nuestra cultura litoral al norte atrasado para extenderla después, si se quiere, a más (sic) al norte. No. Viene a pedirnos una solidaridad negativa”.

Desde una concepción diametralmente opuesta, Ugarte cuestionó esta dicotomía fundante del pensamiento antinacional y estimó positivamente el carácter de los pueblos latinoamericanos. Advirtió como el sofismo positivista de “civilizar a los pueblos atrasados” era una falacia al servicio de justificar la dominación colonial: “nada sería más funesto que admitir, aunque sea transitoriamente, la superstición semicientífica de las razas inferiores”. Por otro lado, identificó que el modelo agro-minero-exportador era la causa estructural de la dependencia y que se debía avanzar hacia el proteccionismo económico para obtener el desarrollo industrial. En este esquema, el libre comercio estaba al servicio de la dominación colonial.

Frente a las diferencias insalvables con el Partido al cual supo adherir, Ugarte sostuvo que era necesaria la conformación de una nueva fuerza política que llegara al poder y que impulsara el desarrollo de las fuerzas productivas, en el marco del avance en la resolución de la cuestión nacional. Propuso entonces un nacionalismo popular anticapitalista; “porque, así como el nacionalismo, que significa la preservación de la colectividad, no puede realizarse plenamente sin aceptar las tendencias populares, el gobierno en su amplio desarrollo, no logra sostenerse por ahora sin ayuda del nacionalismo”.

Este posicionamiento lo llevó a adherir al peronismo por considerar que constituía un proyecto que defendía el sentir y pensar en nacional. Con 71 años se encontró por primera vez con Juan Domingo Perón. Fue Ernesto Palacios quien, el 31 de mayo de aquel año, lo acompañó a la Casa Rosada. Luego del 17 de octubre de 1945, Ugarte había expresado en diversos medios periodísticos su entusiasmo por la nueva fuerza política que emergía en el país semicolonial. En declaraciones al periódico Democracia afirmó: “…creo que ha empezado para nuestro país un gran despertar (…) Más democracia que la que ha traído Perón, nunca vimos en nuestra tierra. Con él estamos los demócratas que no tenemos tendencia a preservar a los grandes capitalistas y a los restos de la oligarquía…”.

Luego de su muerte, en 1951, la vasta obra del adalid de la unidad fue sumergida en el olvido. Demasiado “nacional” para los socialistas, demasiado “socialista” para el ala conservadora de la política argentina. Pero la fuerza y profundidad de su obra -anclada y construida desde y para la realidad latinoamericana- siguen tendiendo hoy más vigencia que nunca para aquellos que pensamos que el único camino hacia el ejercicio pleno de la soberanía sigue siendo la unidad regional.

Mara Espasande
Lic. en Historia, directora del Centro de Estudios de Integración Latinoamericana “Manuel Ugarte” de la Universidad Nacional de Lanús, Buenos Aires, Argentina.
  

https://www.alainet.org/es/articulo/208910