Somos un Colectivo que produce programas en español en CFRU 93.3 FM, radio de la Universidad de Guelph en Ontario, Canadá, comprometidos con la difusión de nuestras culturas, la situación social y política de nuestros pueblos y la defensa de los Derechos Humanos.
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jueves, 28 de mayo de 2020

Mientras tanto, en Europa...



Este domingo llegó el primero de cinco buques cisterna, cargado de gasolina, de Irán a Venezuela. El país con mayores reservas petroleras del mundo importa combustible y recibe el gesto solidario de la hermana república con grande agradecimiento y entusiasmo. Los venezolanos pagan la gasolina más barata del mundo, y llevan así tantos años que consideran que la gasolina casi regalada es prácticamente un derecho ciudadano. Para ellos la gasolina debe ser libre, como el aire, porque a lo largo del siglo XX y XXI su patria se construyó con el lema de sembrar el petróleo. El petróleo era, entonces, la base de la riqueza colectiva. Un bien público indispensable.
Curiosamente, al día siguiente, lunes, apareció otra noticia, algo contrastante, y es que, en apenas dos años, la Unión Europea ha multiplicado (¡20 veces!) su inversión en la producción de autos eléctricos, pasando de 3.2 mil millones de euros en 2018 a 60 mil millones este año. A estas sumas, cuyo abultado monto ha dejado atrás a las inversiones chinas y estadunidenses en este rubro, se le agregan una cadena de inversiones suplementarias en tecnologías de almacenamiento eléctrico (baterías), al son de otros 900 mil euros, en tanto que una empresa china –la CATL– invierte otros 1.8 mil millones de euros en una fábrica de baterías en Erfurt, Alemania.
El ritmo de estas inversiones en autos eléctricos no se ha detenido con el Covid-19, a pesar de la caída de casi 30 por ciento que ha habido en ventas de autos en Europa durante el primer trimestre de 2020. El misterio de este aumento sostenido en las inversiones en automóviles eléctricos en Europa se explica así: el sistema regulatorio de la Unión Europea (UE) se ha tomado en serio los compromisos adquiridos de reducir emisiones de carbono, por su adscripción a pactos internacionales como el Tratado de París. De modo que, aunque el virus de momento ha reducido la venta de autos, la reconversión a energía eléctrica va, porque es un proyecto fundamental con el que está comprometida la UE.
¿Qué significa esto para el futuro del mercado petrolero? Todavía no se sabe a ciencia cierta. Existen demasiadas incógnitas para hacer alguna predicción segura, según alcanzo a entender. Si Joseph Biden ganara la elección estadunidense, por ejemplo, la reconversión de la industria automotriz en Estados Unidos se sumará al buen ejemplo europeo, y lo hará a paso redoblado, en tanto que una relección de Donald Trump significaría la prolongación del uso desenfrenado y pernicioso de hidrocarburos en ese país. Por otra parte, la estrategia de China frente a la reconversión de la industria automotriz seguramente será sensible a esta dimensión geopolítica, aun cuando ese país ha estado, en principio al menos, interesado en esforzarse por reducir sus emisiones de carbono, debido a su preocupación por los efectos internos del cambio climático en la propia China, así como por su dependencia neta en la importación de petróleo.
Como sea, y aun a pesar de esas y otras incógnitas, pareciera que, incluso si Europa se quedara sola en su gran apuesta por producir y adoptar masivamente vehículos eléctricos, esa decisión por sí misma repercutirá de manera importante en los mercados petroleros, y algunos de los proveedores más importantes de Europa, como Rusia, Iraq, Arabia Saudita, Kazajistán o Nigeria, tendrán que competir por conquistar mercados alternativos. En un encuadre así, el horizonte exportador de Pemex (que, por cierto, acaba de declarar una reducción en sus ingresos por exportaciones en el pasado abril de casi 50 por ciento) pareciera bastante incierto. Finalmente, Pemex tiene ya bastante competencia en el propio continente americano, como Estados Unidos –que es hoy el mayor productor del mundo– Canadá, Brasil, Venezuela y Ecuador que pueden atender muchos de los mercados de nuestra región. Y si Rusia y los países de oriente medio pierden mercado en Europa en los próximos años, parece razonable imaginar que voltearán en la dirección de Asia, en competencia con posibles exportaciones mexicanas.
Dada la tendencia a comprometerse con la reducción de emisiones –tan acelerada en Europa, pero que posiblemente se fortalezca en el futuro en Estados Unidos y en Asia– la apuesta petrolera mexicana parece estar dirigida principalmente a poder satisfacer el mercado interno y a cimentar la llamada soberanía energética. Para recaer en la metáfora que ha usado el Presidente respecto de su apuesta por la refinación de gasolinas: Si tenemos naranjas, debemos fabricar jugo de naranja. Hasta cierto punto tiene razón, pero tal parece que se está reduciendo el mercado internacional de jugo de naranja, y ahora habrá que cuidarse de que México no termine tan adicto a las naranjas que las consideremos una parte medular de la identidad nacional, o de los derechos ciudadanos –como ocurre en Venezuela–, y que desarrollemos alegremente una dependencia desmedida en una fuente energética que, a diferencia de las naranjas, es al final mala para la salud y para el ambiente.

domingo, 10 de mayo de 2020

Europa no estaba bien preparada para el brote

Pandemia
La mayoría de los países se centró en responder a la crisis en sus territorios para después ayudar a los demás, expresa ministro alemán

Foto
▲ Vacacionistas se asoleaban ayer en la playa Kitsilano de Vancouver, al superar el clima los 20 grados, en la provincia canadiense de la Columbia Británica.

Berlín. Europa debe reconocer que no estaba bien preparada para enfrentar la pandemia del coronavirus, que ayer alcanzó 4 millones de contagios y más de 279 mil muertes en el mundo, declaró el ministro de Exteriores de Alemania, Heiko Maas.
En un primer momento, la mayoría de los países, incluida Alemania, se centraron en responder al brote en su territorio, señaló Heiko Maas en un comunicado por el Día de Europa, que no tendrá celebraciones debido a la pandemia.
Señaló que la respuesta nacional fue necesaria para salvaguardar nuestra capacidad de actuar y de ayudar después a los demás, y agregó que la Unión Europea (UE) ha madurado en la crisis.
La lenta respuesta de la UE ha dado paso a la ayuda médica transfronteriza, un paquete masivo de ayudas financieras y programas coordinados de investigación científica.
El canciller indicó que la solidaridad de los socios era única en el mundo, al agregar que Alemania quiere que el bloque salga reforzado de la crisis. Berlín asumirá la presidencia rotatoria del grupo de 27 naciones el próximo 1° de julio.
La pandemia dejó ayer 279 mil 7 muertos, 4 millones 20 mil 878 personas contagiadas y un millón 369 mil 553 pacientes recuperados en el mundo, de acuerdo con la Universidad Johns Hopkins.
En Europa, el continente más afectado por la enfermedad, con más de 154 mil muertos, países como Alemania, Italia, España y Francia comenzaron a emerger del confinamiento, pese a que el miedo a un rebrote es mucho.
El canciller de la UE, Josep Borrell, y la ministra de Asuntos Exteriores española, Arancha González Laya, defendieron los nuevos instrumentos desarrollados por la UE para combatir la crisis generada por el coronavirus, si bien el diplomático europeo reconoció que se podría haber actuado con más rapidez.
Habríamos hecho lo mismo, pero más deprisa. Desde el punto de vista de la comisión podríamos haber hecho más coordinación. No debemos autoflagelarnos, declaró Borrell, acompañado de la ministra, en el foro digital “El momentum europeo. La unión hace la fuerza”.
Gran parte del foro estuvo dedicado a las discrepancias exhibidas entre los países del norte y el sur de Europa sobre la forma de abordar una respuesta común, y como reconoció el propio Borrell, todavía existe una distancia considerable. Estamos ya en sintonía, en coordinación de las competencias. En lo que se refiere a la crisis económica, estamos muy lejos de la respuesta adecuada. Allí se va a jugar el futuro de Europa.
Los 27 jefes de estado y de gobierno y los responsables de las tres instituciones de la UE apelaron a la solidaridad en un video publicado en Twitter. Nuestro objetivo es que Europa emerja más fuerte de la pandemia y de la crisis del Covid-19, y desempeñaremos nuestra parte del papel, aseguró la canciller alemana Ángela Merkel.
Al menos 3 mil personas protestaron en Múnich sin respetar ninguna regla de distancia por las restricciones impuestas para evitar contagios, que consideraban demasiado estrictas. También hay presión creciente para que Alemania reabra sus fronteras, al menos con Francia, donde la progresiva vuelta a la normalidad dará comienzo el próximo lunes.
El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, advirtió que el coronavirus sigue al acecho, en preparación para el lunes, cuando la mitad del país entre en la primera fase de desconfinamiento, excepto Madrid y Barcelona, en la que se podrán celebrar pequeñas reuniones y reabrir locales.
Mientras tanto, en Bielorrusia, que no ha impuesto cuarentena a pesar de la cantidad creciente de casos, decenas de miles de personas salieron a festejar el Día de la Victoria en la Segunda Guerra Mundial.
China admitió que el virus reveló lagunas en su sistema de salud y mecanismos de prevención de enfermedades infecciosas en el contexto de las acusaciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien critica la gestión de la crisis del gigante asiático.

Foto Ap
Periódico La Jornada

miércoles, 8 de abril de 2020

Propagando la solidaridad, no el virus

                 Comunicado del Partido de la Izquierda Europea en el Día Mundial de la Salud
Fuentes:

Hoy 7 de abril se celebra, como cada año, el Día Mundial de la SALUD. Tradicionalmente el PIE se adhiere y promueve los eventos que se desarrollan a escala global y en Europa en particular. Los Partidos que lo integramos damos soporte también en nuestros países a esta efemérides que siempre hemos considerado justa, digna y necesaria.
La salud y la vida son derechos anteriores y superiores a otros como la propiedad privada. La salud no es solo «no estar enfermo» sino vivir de una manera autónoma, solidaria y gozosa.
Y en esa reivindicación fundamental estábamos luchando, junto a los movimientos sociales por unos derechos sociales, atendidos por los servicios públicos, cuando en 2019 -20 ha estallado la terrible pandemia del Covid-19.
En esta ocasión el impacto es de carácter mundial y tanto el contagio (morbilidad) y la mortalidad como los efectos sociales están en curso y en expansión. Ahora ciertamente la sociedad está seriamente enferma y las personas se sienten amenazadas y atemorizadas
No podemos omitir la causalidad de la situación más allá de la incuestionable agresividad del nuevo virus. Aún con la heterogeneidad europea que nos caracteriza, han sido las políticas neoliberales imperantes en muchos estados y el austericidio consecuente en agresión sostenida, lo que nos ha llevado a la mercantilización/ privatización y debilidad de los sistemas públicos de sanidad.
En este estado de fragilidad la carga de stress provocada por la pandemia ha resultado insuperable. Con todas las diferencias de obligado análisis ya nadie cuestiona las trascendentes consecuencias para la sociedad, el trabajo y la economía. Para la salud y la vida.
Y las desigualdades disparadas incrementándose. Y los sectores más fragilizados una vez más vuelven a salir penalizados: mujeres, pobres, mayores, migrantes, excluidos. Las trabajadoras/es del sector sanitario y social de cuidados pagan con su propia salud su entrega y generosidad
Este 7 de abril vamos a proclamar que la SANIDAD PÚBLICA, nuestro servicio público, es la mejor, y es la única defensa demostrada y segura de la población.
Europa, y en concreto la U.E., no puede desmarcarse de estos hechos. Está obligada a responder y esta crisis es crucial hasta el punto de definir su propio futuro. Esta calamidad va a marcar la historia.
Por todo esto el Día Mundial de la Salud es una fecha de gran importancia. Debemos hacer ver que luchando unidas hay luz al final del túnel. Y la imagen de la campaña de la esperanza es el martes 7 de abril una sábana o tela blanca en tu ventana o balcón.
  • Propagando la solidaridad, no el virus