Entrevista a Claudio Katz
Viento Sur
Webber:
Estoy acá en Buenos Aires, 5 de mayo de 2019, con Claudio Katz. Para
empezar: ¿podrías describir brevemente los aspectos más importantes de
tu formación política y tu formación intelectual?
Katz:
Bueno, yo soy un típico exponente de la generación del 70 en América
Latina. Comencé a militar en la izquierda cuando tenía 16 años, atravesé
la dictadura militando en un partido de izquierda, en una actividad
semiclandestina, pero también profesional. Fui periodista, después volví
a la universidad y ya en la universidad desarrollé mi actividad en los
últimos años, en las últimas décadas. Y después hubo un nuevo momento,
que fue la rebelión del 2001 que volvió a modificar mi acción política y
creamos una red de economistas de izquierda, estuvimos bastante
involucrados en ese proceso de las asambleas del 2001 y del 2002. Y
después con el cambio en América Latina hice muchos viajes a Venezuela,
Cuba, Brasil, a los distintos países de América Latina, participé
bastantes en las distintas iniciativas que hubo en este periodo. Y
bueno, todo lo que yo escribo está, como es usual actualmente, en mi
página web, como todo el mundo.
Webber: Para
contextualizar la historia de la ola de las nuevas izquierdas en la
región, en el principio del Siglo XXI, ¿podrías explicar las causas
principales de la insurgencia de los movimientos populares en muchos
países en el fin de la década de los noventa y el principio de los años
2000?
Katz: Hubo varias oleadas de resistencia popular
que estuvieron, en mi opinión, todas muy determinadas por los grandes
cambios estructurales que se registraron en América Latina en los
últimos 40 años.
Las resistencias fueron reacciones contra los
grandes cambios. En primer lugar, la primarización, el extractivismo,
que modificó la estructura social de la región, muy complementario fue
el retroceso de la industria en Sudamérica y la reorganización de la
industria en Centroamérica. Y el papel, siempre, de la deuda que por
momentos se dieron situaciones de alivio, pero se recrea como pesadilla
en la región, por esos cambios subyacentes en la estructura productiva,
por esa regresión en la estructura productiva de la región.
Y
esto ha generado crisis muy profundas, que son más graves que las crisis
tradicionales de la región. En dos planos: en el plano externo por el
déficit externo por las debilidades financieras; y por la fuerte
contracción del poder adquisitivo de la población.
Estos dos
hechos han creado situaciones de crisis social muy grande y muy novedosa
en América Latina. Es tradicionalmente la región más desigual del
mundo, es una región subdesarrollada, pero lo nuevo es el cambio en el
mundo campesino, en el mundo agrario, por un proceso de capitalización
agraria del agro-business en las tierras se ha producido una
modificación de toda la estructura social del agro, un empobrecimiento,
una migración a las ciudades y esta migración a las ciudades, sin
empleo, ha generado la precarización que en América Latina es distinta,
es mucho más seria, que la precarización neoliberal general del mundo y
la evidencia, el dato, de esto es el nivel de marginalidad, criminalidad
que tiene índices fuera de serie en toda la región.
Entonces,
yo creo que este cambio en la estructura generó que se retomaran las
tradiciones de lucha, que han sido muy profundas durante la segunda
mitad del Siglo XX. Y entonces, en la década del 90 tuvimos 4 grandes
rebeliones populares: Bolivia, Ecuador, Venezuela y Argentina, que
tuvieron varias novedades, sobre todo en los sujetos sociales. Si bien
estuvo la clase obrera presente, no estuvo de la manera tradicional o
con el protagonismo clásico que tenía en el pasado, en países como
Bolivia, en países como Argentina, en países como Brasil. Nuevos sujetos
populares, jóvenes precarizados informales, también parte de la clase
media pauperizada. Entonces, se generaron nuevas alianzas populares con
nuevos sujetos populares que le dieron, también, a estas rebeliones un
clima de radicalidad y de convulsión muy profunda.
Yo creo,
igualmente... yo utilicé el término en este momento de rebelión popular,
para distinguirlo de lo que fueron las clásicas revoluciones en América
Latina. Nosotros tuvimos cuatro grandes revoluciones en México, en
Bolivia, en Cuba y en Nicaragua y, a diferencia de esas revoluciones
sociales, estas rebeliones no incluyeron un desafío frontal al Estado,
no incluyeron la construcción de un poder popular autónomo y no tuvieron
un desenlace militar.
En ese sentido, la revolución está aquí,
la rebelión está aquí, es un proceso muy profundo pero comparado con
tradiciones más... con lo que fue la experiencia revolucionaria de
América Latina no llegaron a ese punto. Y así surgió el ciclo
progresista. El ciclo progresista es el resultado de estos dos grandes
procesos: la transformación económica social de América Latina y la
reaparición de un tipo de insurgencia, clásico en el sentido de las
tradiciones, novedoso en el tipo de sujetos y en el tipo de
movilización.
Yo creo que el ciclo progresista, claramente, fue
el efecto de esta irrupción popular y yo creo que su principal
consecuencia fue modificar las relaciones sociales de fuerza en toda la
región. No en toda la región, en Sudamérica, siempre es un vicio que
tenemos acá... nosotros acá tendemos a ver a Centroamérica como si fuera
lo mismo y es muy distinto. Te lo digo una sola vez, siempre voy a
hablar de Sudamérica. Voy a hacer alguna mención, pero todo este periodo
pasado está muy centrado en Sudamérica. Al contrario, Centroamérica
estuvo viviendo un proceso distinto. Lo que pasa es que fue tan fuerte
el ciclo progresista, que impactó sobre Centroamérica y tiñó a toda la
región.
Bueno, yo creo que cambiaron las relaciones de fuerza,
los proyectos neoliberales originales quedaron muy shoqueados, perdieron
el timón, perdieron sus gobiernos más directos y la combinación de esto
con un escenario económico internacional favorable a América Latina,
por la apreciación de las materias primas, generó un contexto de alivio
económico y social muy importante. Y además, sorprendente para lo que
pasaba en el resto del mundo. Eso fue, quizá, lo que tornó a Sudamérica
en un foco de atracción tan importante para el progresismo
internacional. Que es que mientras los ajustes, el ciclo de ajustes,
estaban a pleno en Estados Unidos, en Europa, en Oriente, en Sudamérica
se vivió como un pequeño oasis que llamó la atención, pero que fue
efectivo, un desahogo no sólo económico y social, es decir, no sólo que
la mejor internacional permitió en este contexto recomponer ingresos
populares, sino que el otro dato importante del ciclo progresista
fueron, lo que yo diría, lo que son las conquistas democráticas, tanto
en el plano inmediato de la calle, de las relaciones de fuerzas, del
retroceso de los aparatos represivos, la época previa fue muy represiva,
el ciclo progresista fue un período de alivio en el plano democrático.
Y, también, importantes conquistas legislativas y constitucionales.
Hasta hechos simbólicos como que un presidente de origen indio en
Bolivia, modificación de la tradición racista de la región,
constituciones muy, muy avanzadas en Venezuela, en Bolivia.
Bueno, yo creo que todo esto fue el efecto del ciclo progresista, pero
retomó tradiciones previas, tradiciones políticas ideológicas populares
previas de América Latina. Yo creo que hubo como un reencuentro con la
Revolución Cubana y un reencuentro con la tradición antiimperialista
previa. Y aquí también hay una originalidad de América Latina, el hecho
que la revolución cubana haya persistido, en situaciones de una
adversidad y un aislamiento inédito, en vez de haber sufrido el declive
de Europa del este o las modificaciones de Vietnam o China, que es otra
historia, el hecho de que haya persistido, al recrearse esto, se
reconectó. Y Cuba fue... participó, reingresó en la región y las
tradiciones de la Revolución Cubana se reencontraron.
Entonces,
en síntesis, yo creo que hubo un periodo de un ciclo progresista,
parece mentira que lo diga, pero ahora hay gente que piensa que no hubo,
que no existió, que fue una fantasía, no... no fue una fantasía,
existió fue un ciclo, fue un cambio, fue el resultado de un proceso
político. Yo no estoy de acuerdo con el concepto del consenso de
commodities, en el sentido de la idea de que no... de que en el fondo
fue todo igual, porque como todos los países continuaron dependiendo de
la exportación de productos básicos… Hay intelectuales que piensan que,
bueno, que como Venezuela vende petróleo y Colombia vende combustibles y
cualquier país vende bananas, la derecha es igual que la izquierda,
pero esa es una mirada economicista, es una mirada reductiva. Si un país
como Bolivia vende gas, y un país como Colombia vende gas, no son
iguales porque vendan gas, si uno tiene un gobierno reaccionario y el
otro un gobierno progresista, no importa que vendan gas... no se puede
nivelar a los países por lo que están vendiendo.
Entonces, sí
hubo un ciclo progresista, sí hubo cambios importantes. El ciclo
progresista justamente se ve por contraste a los gobiernos que se
mantuvieron de derecha, es decir hubo un ciclo progresista y hubo un
ciclo anti o no progresista en Colombia, en Chile, Perú, en México
antes... en lo previo... es decir, todo un segmento que se mantuvo ajeno
y hostil, pero esa hostilidad confirma lo que ocurrió aquí, confirma
que Piñera no es lo mismo que Chávez.
Pero yo te añadiría que
fue un ciclo progresista, pero no fue un ciclo pos-liberal. Yo no
concuerdo con el término pos-liberal. Pero no concordé en ese momento,
tampoco ahora, porque pos-liberal implica que las transformaciones son
lo suficientemente importantes como para dejar definitivamente atrás una
etapa. Yo creo que fueron transformaciones importantes, pero que no
dejaron atrás esa etapa. Entonces, fue un ciclo progresista, pero no fue
pos-liberal. Esa sería mi visión de qué consistió ese cambio.
Webber:
¿Cómo caracterizas las debilidades, al lado de estas fortalezas, de
estos gobiernos y cuáles fueron los casos en los cuales los cambios
populares fueron más sólidos, más avanzados?
Katz: Yo
distingo... la entrevista es el tema de dos libros míos ¿no? En este
libro, Neoliberalismo, neodesarrollismo, socialismo, del 2016, yo ahí
distinguí, dentro del ciclo progresista entre los gobiernos digamos de
centro izquierda y los gobiernos más radicales. Entre Kirchner, Lula y
Chávez, Evo Morales ¿no?
A mí me parece que no son los mismos,
hubo como dos peritos subclasificaciones distintas. Los gobiernos de
centro izquierda ampliaron derechos, pero mantuvieron sin cambios el
sistema político, sin ningún cambio relevante del sistema político. Y
además, fueron gobiernos que se asustaron cada vez que apareció una
movilización popular importante. Entonces eran gobiernos que aceptaban
cambios y mejoras, pero siempre con un gran temor a la acción popular.
En Argentina con Kirchner se vio cuando hubo marchas, y en Brasil es muy
nítido por la actitud que tuvo el gobierno frente a las marchas del
2013, que fueron las que cambiaron el escenario brasileño; a partir de
esas marchas el PT no quiso saber nada de eso y por eso la derecha
aprovechó.
En el plano económico, estos gobiernos fueron los
que yo llamo gobiernos neodesarrollistas, en el sentido que intentaron
una recomposición de la industria, una restauración de la regulación
estatal, pero sin modificar lo que había cambiado el neoliberalismo. El
neoliberalismo reorientó las economías, puso en el centro el agronegocio
y la exportación de productos básicos como eje. Y el neodesarrollismo
intentó limitar eso pero sin buscar una modificación sustancial de eso.
En Argentina eso fue muy visible con el peso del agronegocio y en Brasil
con el sistema financiero. Es decir, los dos grandes cambios que había
que hacer en estos dos países: acá en Argentina manejar el comercio
exterior y en Brasil manejar el sistema financiero, ni el kirchnerismo,
ni Lula quisieron avanzar en ese sentido. Entonces, lo que hubo fue, en
ambos casos, una mejora en el consumo. pero una mejora muy frágil en el
consumo, porque si vos mejoras el consumo sin ningún cambio en la
estructura productiva, cuando cambia al escenario eso es muy vulnerable,
¿no?
Y el efecto de eso, yo creo que ha sido... el efecto de
esas limitaciones, de esos gobiernos de centro izquierda, ha sido lo que
vino después. Yo creo que en el caso de Brasil el PT tiene mucha
responsabilidad en la llegada de Bolsonaro, responsabilidad en el
sentido que, especialmente en el último período, en el período de Dilma
defraudó por completo a los sectores que lo seguían. Por eso perdió peso
en la clase media, perdió peso en la clase obrera y sólo mantuvo
autoridad de los Estados del norte. Temer fue el vicepresidente de
Dilma, el ministro de economía era un neoliberal extremo. Y, entonces,
me parece que generó una desmoralización, una defraudación que se coronó
cuando Dilma abandonó el gobierno sin lucha, aceptó el golpe de Estado y
eso permitió la llegada de la derecha.
Argentina es distinto,
Argentina es muy distinto. Porque si bien en Argentina hubo también un
proceso de defraudación, un proceso de malestar, Cristina se retiró con
una amplísima simpatía popular, enorme, y además de eso durante todos
estos años las diferencias han sido enormes entre Brasil y Argentina, es
como negro y blanco.
Allí hubo desmovilización popular, aquí
hubo movilización popular, allí hubo retorno de los militares, aquí es
imposible al retorno de los militares. Allí hubo una desmoronamiento del
sistema político, acá hay una recomposición o mantenimiento del sistema
político. Aquí hubo nuevas formas de acción popular, como por ejemplo
las marchas de las mujeres por el aborto, millones de personas, un
mantenimiento del peso de los sindicatos... Argentina es un país que ha
tenido 40 huelgas generales desde el principio de los ochenta y cuatro
huelgas generales con Macri y cuando acá hay huelga general, hay huelga
general. Pasaba en Europa en los años 80 y 70... Entonces, la tradición
de la Argentina como un país convulsionado y de Brasil como un país del
orden se mantuvo.
Entonces, esto es quizás interesante porque
un mismo tipo de gobierno da un resultado diferente en el plano
político, aunque no en el plano económico, en el plano económico los dos
se enfrentaron con los mismos límites, pero una cosa es lo que pasa ahí
y otra cosa es lo que pasa acá.
Quizás hay un tercer caso que
es muy interesante, que es el de Ecuador y es muy interesante porque
Correa, sin ser... más o menos uno le podría situar como Lula, como
Kirchner en ese mismo espectro, aunque con algunos rasgos mucho más
autoritarios de los que vimos acá y en Brasil. De choque con el
movimiento social, muchísimo más fuerte que lo que vivimos en Brasil o
en Argentina. Ese nivel de irritación que generó Correa en muchos
movimientos populares no se dio ni acá, ni en Brasil. Pero lo
interesante, a mí me parece de Ecuador, es que allí Lenin Moreno, el que
terminó ganando las elecciones era un hombre de Correa. Ganó las
elecciones con una bandera contra la derecha y generó el gobierno más
derechista de América Latina, un gobierno que es igual que Macri, en la
política con el Fondo Monetario Internacional, es decir el hombre que
acaba de permitir la entrega de Julian Assange, le ha quitado la
posibilidad de defenderse; algo escandaloso. Lo importante es que su
nombre del propio proceso, o sea qué es lo que nos está diciendo, que
tanto en Brasil como en Argentina también dentro del proceso, dentro del
propio proceso, había elementos de plena derecha, puro de la derecha,
que no llegaron... Temer sería como la expresión de Lenin Moreno en
Brasil.
Aquí no llegó a notarse. Pero también es otro elemento bastante ilustrativo de los límites de estos procesos.
El otro tipo de gobiernos, yo los denominó radicales, pero para usar un
término, que es la línea: Venezuela, Bolivia en parte de Cuba. El punto
complejo ahí es el chavismo, probablemente el fenómeno más relevante de
toda la historia contemporánea de América Latina. El chavismo no tiene
parangón con el kirchnerismo, con Lula, yo creo que ni siquiera con Evo
Morales en Bolivia. En primer plano porque el nivel empoderamiento
popular que generó el chavismo no se vio, quizás en Bolivia, pero seguro
no en Brasil y Argentina. El nivel de intervención, la red de
organizaciones populares, la creación... El despertar político.
Probablemente es tan llamativo porque Venezuela no tuvo, a diferencia
de Argentina, de Brasil y de Bolivia, o de Ecuador, procesos previos, no
existió peronismo, no existió el MNR, no tuvo esa historia... Al no
tener esa historia, con ciertas décadas es como que concentró lo que ya
muchos países habían hecho previamente. Entonces eso lo hizo más
revulsivo todavía y, sobre todo, generó una reacción de las clases
dominantes venezolanas que no hubo en otra región. Porque la clase
dominante en la Argentina conoce al peronismo desde hace 70 años, en
Brasil antes de Lula ya hubo una experiencia con Prestes, ni que hablar
con la experiencia que hay en Bolivia con la sucesión de procesos
políticos. Bueno, como Venezuela no tuvo nada de eso es como que la
clase dominante reaccionó como si estuviera en los años 30 o 40, como si
descubriera por primera vez que existe el pueblo. Entonces eso lo hizo
un proceso tan crítico.
A esto se suma la radicalidad política
de Chávez. Chávez fue un personaje muy especial, fue una combinación de
la trayectoria antiimperialista de América Latina, pero con una enorme
absorción de la revolución cubana y este es un rasgo que tampoco estuvo
presente... es casi el ideario de la Revolución Cubana estuvo presente
como organizador del ideario de Chávez. Y sumale a eso que Venezuela es
el país que tiene el petróleo y que por lo tanto tiene para Estados
Unidos un papel que no tiene ningún otro país. Entonces Venezuela se
terminó convirtiendo en el punto de explosión de la región, por esta
combinación; pero incluso si no hubiera existido nada de lo que yo te
cuento sólo el hecho de que Venezuela tenga las mayores reservas
petroleras del mundo, hace con que los Estados Unidos la vea como Irak o
Libia, algo que no ocurre con el resto de los países. Ninguno tiene esa
relevancia estratégica... el hecho que CITGO, la empresa venezolana de
petróleo actúe en los Estados Unidos con una subsidiaria e incide tan
determinantemente en el precio del petróleo interno de los Estados
Unidos te da la pauta de lo estratégico que es ese país.
Bueno,
esto transformó al chavismo en el gran proceso que lo ubican dentro del
ciclo progresista, pero al mismo tiempo como algo cualitativamente
diferente al ciclo progresista, que ejerció relativamente un liderazgo
sobre el ciclo progresista, pero fue un ensayo de otra cosa. De algo
muchísimo más radical que el ciclo progresista. Eso se verificó,
también, en el plano de la economía porque hubo una redistribución de la
renta petrolera mucho más importante que la distribución de ingresos
que hubo en Argentina, Ecuador o en Brasil, pero paradójicamente sobre
una economía terriblemente más frágil, más dependiente de un solo
producto y por lo tanto sujeta a tensiones muchas mayores.
Bueno, por ese combo, Venezuela sigue siendo el centro de la
conflictividad latinoamericana, una vez que el ciclo progresista ya no
está más. Es tan relevante lo que pasó ahí, que con ciclo progresista,
sin ciclo progresista, con esta reacción derechista, con lo que quieras
Venezuela... si bien la muerte de Chávez cambió muchas cosas y si bien
el procesos sufrió cambios muy grandes, y sobre todo la guerra económica
generó prácticamente una degradación del país, la crisis económica de
Venezuela sólo es comparable con la del 30 en Estados Unidos, el mismo
porcentaje de caída del producto bruto, emigración masiva de la
población, colapso económico. Un escenario que combina la guerra
económica, la hostilidad de las clases dominantes, con un nivel de
improvisación, irresponsabilidad y corrupción dentro del gobierno
venezolano, que ha creado una situación completamente explosiva.
Ahora, yo creo que así como el ciclo progresista no está, pero
Venezuela está, Venezuela define lo que va a pasar en el futuro en
América Latina y qué es lo que finalmente puede terminar ocurriendo con
el ciclo progresista. Si Venezuela ya hubiera desaparecido, bueno
estaríamos en una conversación de balance del ciclo progresista y nada
más que eso... por qué pasó, qué no pasó... Pero Venezuela es tan
relevante que hace que todo lo que pasó no está terminado, porque queda
pendiente un eje de lo anterior y el eje más radical de lo anterior y el
problema más irresoluble de lo anterior.
Yo creo que, por
estas razones, lo que pase en Venezuela va a definir el futuro. Bueno,
ahora hay un nuevo intento de golpe de Estado, de nuevo hay casi un
discurso enfermizo de los medios de comunicación por el grado de doble
vara... digamos Venezuela es una tragedia humanitaria, pero Colombia que
tiene 6 millones de desplazados o la masa de centroamericanos que se va
a Estados Unidos no es crisis humanitaria. Es una tragedia para la
prensa pero en México asesinaron a 100 periodistas, en Colombia desde
los acuerdos de paz creo que hay, ya no sé si 100 o 200 líderes sociales
asesinados, en Venezuela no hay ni uno solo. Resulta un poco complicado
discutir Venezuela porque la propaganda enceguece el debate, no la
pasión, o sea la pasión es lógica... pero no se puede hablar de los
datos, porque la realidad está anulada.
Entonces, yo creo que
hay un tema clave de cómo se va a resolver la cuestión venezolana, es
una lucha en dos frentes, es una lucha contra el golpe, es una lucha
contra Estados Unidos y es una lucha dentro del chavismo para ver si hay
una recuperación o no del chavismo.
Efectivamente, yo comparto
todas las críticas del sector crítico del chavismo, en todos los
terrenos. Me parece que los errores, para llamarlos en forma suave, que
se han cometido en el terreno económico son completamente inadmisibles.
Pero, al mismo tiempo, hay un nivel de resistencia popular que es
completamente sorprendente. Ningún otro país podría resistir lo que le
están haciendo y, en parte, eso se explica por una construcción tan
fuerte desde abajo. Quienes hemos vivido otros procesos, y acá en
Argentina, sabemos lo que son las conquistas populares, es algo que no
se borra, dura décadas... Es algo que queda en la conciencia popular.
Entonces, quien ha vivido, quien conoce la Argentina, puede entender por
qué el venezolano se agarra, sostiene con tanta fuerza... sino es
inexplicable que no caiga Maduro, el proceso allí. Así que, veremos...
Es difícil hablar de la coyuntura, pero en dos meses fracasó la
autoproclamación de Guaidó, fracasó el intento de la crisis humanitaria
de ingresar camiones, fracasaron dos o tres intentos de golpe de Estado,
fracasó la guerra eléctrica... o sea, es llamativo, ¿no?
Y
bueno, entonces es interesante en contraste con Bolivia. Porque sería
casi un tema para indagar con mucha serenidad. Porque la radicalidad
discursiva e ideológica es muy semejante. Evo Morales, los discursos de
Evo Morales son parecidos a los de Chávez. Y sin embargo, ha logrado una
estabilidad macroeconómica, una mejora, una recomposición del nivel de
ingresos, hasta suscita la envidia de los gobiernos derechistas lo que
ha logrado Bolivia con la renta petrolera. Esto habla, me atrevo a
decir, de un dato objetivo y de una conducción. El dato objetivo, para
mí, es que Bolivia no es una amenaza, entonces hay una tendencia cuando
un país no es una amenaza a ignorarlo.
Nadie en el Departamento
de Estado mira a Bolivia, si le va mal le va mal, si le va bien le va
bien. Eso le ha dado un margen que no tiene Venezuela. Parte de un piso
de subdesarrollo mucho mayor que cualquier otro país, entonces cualquier
mejora es más significativa.
Y después, finalmente, han sabido
gestionar, con probablemente... la tradición campesina, localista,
cerrada, de altiplano de Evo Morales lo haya llevado a ser tan
conservador, es la antítesis de la exuberancia caribeña de Chávez, que
se lanzaba a grandes proyectos.
Al mismo tiempo, Bolivia nunca
fue una referencia para toda América Latina, mientras Venezuela sí.
Entonces, bueno, son destinos históricos diferenciados.
Y bueno
Cuba es un caso aparte. Pero lo interesante de Cuba es que Cuba tiene
algo como de Bolivia estabilizada, en el sentido que por esos milagros
que no puede entender la gente de derechas, un país que no tiene
absolutamente nada, nada de nada de nada, que es una isla… que solo
tiene turismo, algún mineral, nada…, tiene los niveles de escolaridad y
los niveles de alimentación y sobre todo de salud más admirados de la
región. Y, sobre todo, un dato que llama muchísimo la atención: un nivel
de delincuencia irrelevante, que es algo impensable en el resto de
América Latina. O sea un país al que llega un millón de turistas al año y
que ese turismo no contamina… ese mismo turismo en Puerto Rico, en el
Caribe mexicano o en Belice produce desastres y ahí no. Entonces, ahí se
ve el efecto de la construcción de largo plazo, en la conciencia de la
población, los valores de una sociedad, lo cual también es muy
llamativo, es un ejemplo bastante interesante para toda América Latina.
Pero igual sería… es como otro tema, no…
Por lo tanto… te
cierro con esto… el escenario del ciclo progresista ahora se concentra
en lo que pasa en Venezuela y según lo que pase en Venezuela seguirá de
distinta forma el futuro.
Webber: En términos económicos
y geopolíticos: ¿por qué no ha habido una ruptura más fuerte con la
dependencia del capitalismo extractivo y la inserción subordinada de la
región en el mercado mundial?
Katz: Mirá, ese es el tema
de este segundo libro, La teoría de la dependencia, cincuenta años
después Vos sabés que este libro salió a fin del año pasado, hicimos
varias presentaciones, acá, pero también en Brasil, y hay un
resurgimiento del debate sobre la teoría de la dependencia, para
responder a estos problemas. La teoría de la dependencia fue como la
teoría latinoamericana más original, más interesante, de los años de
gloria de los años 70 y ¿por qué hay tanto interés ahora? Porque, más o
menos, existe la percepción que los problemas de esa época son los
problemas de ahora. O sea que los problemas de un ciclo de reproducción
dependiente, de exportaciones básicas, una industria muy dependiente y
contraída, la novedad de una dependencia financiera mayor que en el
pasado, de una dependencia tecnológica mayor que en el pasado. Hace que
todos los países latinoamericanos sean más vulnerables que en los años
70. Y esto es importante porque lo que ha pasado con América Latina, es
que ha quedado muy afectada por la globalización neoliberal. O sea, es
de las regiones más perdedoras de todas las transformaciones de los
últimos cuarenta años.
Porque la globalización generó
situaciones muy distintas: desindustrializó Detroit, pero impulsó el
Sylicon Valley. En cada lugar hizo fenómenos muy contradictorios. Pero
en América Latina fue un desplazamiento de un bloque hacia atrás, en
bloque... prácticamente sin excepción. Y esto tiene que ver con que, en
la división global del trabajo actual, América Latina quedó como la gran
proveedora de productos básicos y perdió la industrialización que se
fue a Asia. Entonces, mientras Corea del Sur en los años 60 era un país
que estaba muy por debajo de la Argentina, ahora está muy por arriba de
Argentina o de Brasil. El Sudeste asiático subió, a la par que América
Latina caía. Porque el modelo con el cual se industrializó América
Latina, de sustitución de importaciones, perdió gravitación en la
globalización. Y América Latina no tiene la fuerza de trabajo barata de
China... tiene materias primas. Entonces el lugar que le tocó a la
región en el capitalismo mundial es totalmente adverso y por esa razón
se agravaron todos los problemas. Todos los viejos problemas de América
Latina se agravaron.
Por eso en el ciclo progresista hubo tanto
debate de alternativas y, por primera vez, se plantearon alternativas a
escala regional. Ese fue el gran cambio respecto del pasado. Argentina
no discutió Argentina, Brasil... sino que hubo un gran consenso, primero
en el Mercosur, después Unasur, y tratar de estructurar y avanzar en la
integración latinoamericana. Yo creo que ese fue el gran cambio y, al
mismo tiempo, fue la gran percepción que es la única vía que tienen
América Latina en la globalización actual. O sea, la captación que una
región que ha quedado desplazada así, solamente actuando en bloque puede
negociar a escala mundial e intentar un proceso de reindustrialización
que ya no puede hacerse a nivel de cada mercado local.
Lo que
pasa es que en el ciclo progresista, todo el intento por esa vía falló.
Falló por completo, falló el Banco del Sur, falló Unasur, falló el
intento de un manejo común de las reservas monetarias, todos los
proyectos de integración, coordinar los tipos de cambio... todo eso tuvo
la limitación del ciclo progresista. Hubo un intento más radical, que
tampoco prosperó que fue el ALBA. El ALBA tiene importancia más
política, porque el ALBA fue el gran intento de un proyecto radical a
escala latinoamericana y con ideas ya muy consistentes de cómo forjar la
soberanía monetaria, la soberanía alimenticia, la soberanía energética.
El ALBA no era un proyecto comercial como el Mercosur, era un intento
de un plan de desarrollo integrado. Bueno, por el devenir de los
procesos políticos no prosperó, pero a mí me parece que de la misma
manera que Venezuela se mantiene, el ALBA persiste como una vía, como
una idea, como un proyecto de cual es, a mi juicio el único camino, el
único, no ese... por ese lado, el único camino para que América Latina
pueda ponerse en pie, de otra manera es completamente imposible.
Webber: Desde tu perspectiva ¿cuándo y por qué empezó el llamado fin de ciclo?
Katz:
Mirá, con la restauración conservadora. Uno puede decir, eso terminó a
medida que se impuso la restauración conservadora y los momentos
centrales han sido el golpe de Estado en Brasil, y después Bolsonaro, y
el triunfo de Macri en Argentina. En realidad, la restauración
conservadora es una mezcla de elecciones y golpes. El gran cambio que se
está produciendo es en el sistema político latinoamericano. Todas las
formas de constitucionalismo están perdiendo peso frente a las formas
más autoritarias. Y, a pasos muy acelerados, está ganando peso la
estructura de poder. Y las elecciones son como un elemento secundario.
Por eso en los países donde está más firmemente asentada la derecha:
Colombia, Perú, Chile, las elecciones son irrelevantes. El nivel de
participación popular es bajísimo, se habla mucho en contra de
Venezuela, pero en Venezuela el número de votantes en cualquiera de las
elecciones es infinitamente superior al de Colombia, Perú o Chile.
La restauración conservadora gobierna sobre la base de la anulación de
la política, el disciplinamiento social más extremo. Entonces, el
problema acá es hasta qué punto la restauración conservadora se ha
estabilizado. Nosotros podemos decir que el ciclo progresista, tal como
lo conocimos, ya está... Pero ¿hay una restauración conservadora o es
frágil? Yo creo que es muy frágil. Yo creo que es muy frágil; genera
símbolos importantes, por ejemplo anulan Unasur e intentan crear el
Prosur, forjan la cumbre de Lima para hacer un golpe de Estado en
Venezuela, pero son proyectos, muy, muy, muy inconsistentes. Por
ejemplo, han perdido uno de sus pilares clave que es México, con el
triunfo de López Obrador.
Pero la base por la cual yo pienso
que son frágiles, es que el proyecto económico neoliberal clásico de los
años 90, de los años 2000, en América Latina ahora choca con el
escenario internacional cambiado. Entonces los neoliberales están
desconcertados, desubicados, no saben qué hacer. Y eso erosiona mucho el
proyecto político de la restauración conservadora... o sea, hay un gran
problema, porque el neoliberalismo es privatización, apertura
comercial, pero ¿cómo vas a hacer apertura comercial en medio de las
guerras comerciales que estamos viendo en el mundo? ¿Qué sentido tiene
decir yo soy neoliberal frente a Trump? El más aliado sería China, pero
ahí hay una contradicción bastante evidente, el neoliberalismo es una
doctrina americanista, proyanqui, con la impronta de Estados Unidos...
no puede decir que su ídolo va a ser el libre comercio de China.
Entonces, sumado a que las principales inversiones son de China, eso
hace que a diferencia de los 90, de los 2000, a diferencia de los
neoliberales anteriores, acá hay un neoliberalismo sin norte, sin
estrategia. Entonces sus expresiones políticas son muy frágiles. Porque
no se sabe muy bien qué es lo que querrían, cuál sería su proyecto.
Por lo tanto, yo te diría que acá estamos como en una restauración
conservadora con un neoliberalismo zombi y, entonces, está muy abierto,
el resultado está muy abierto. Está muy abierto por esta combinación de
circunstancias y por el choque... el ciclo progresista tenía un proyecto
latinoamericano que no caminó, pero acá no hay un proyecto neoliberal,
más allá de hacerle un golpe de Estado a Venezuela, pero eso no es un
proyecto. Incluso cuando ellos dicen "anulamos Unasur y creamos otra
cosa"... crearon otra cosa para hacer un golpe de Estado, no porque
"tenemos tal estrategia". Entonces, yo creo que no podemos todavía
hablar de un ciclo de restauración conservadora nítido.
Webber: Y esto explica la debilidad de, por ejemplo, Bolsonaro y Macri en la coyuntura actual.
Katz:
Sí. Yo creo que el gran test de la derecha es Bolsonaro. La pregunta de
qué son los regímenes derechistas en América Latina, Bolsonaro nos va a
dar la respuesta. Lo que pase con Bolsonaro nos dice qué ocurre con la
nueva derecha en América Latina.
Porque Bolsonaro es la
representación pura de la nueva derecha, muy familiar a todo lo que
estamos viendo en Europa, es la representación latinoamericana de ese
discurso derechista extremo, muy provocador, contra las conquistas
democráticas, alineamiento directo con Estados Unidos, política
económica neoliberal, y lo que hemos estado discutiendo el año pasado:
hasta qué punto Bolsonaro es fascista o no es fascista.
Yo creo
que uno puede decir que Bolsonaro tiene ingredientes, elementos
fascistas, pero el fascismo es un proceso y lo que sería el proceso de
fascistización de Brasil es una incógnita. Bolsonaro sería sólo el punto
de partida.
Para que haya un régimen fascista en Brasil
tendría que asentarse la represión y tener un liderazgo derechista muy
nítido. Hay dos antecedentes de lo que sería el fascismo, la primera es
Pinochet. Bolsonaro tendría que alcanzar primero el nivel de Pinochet,
ese nivel de represión y ese nivel de autoridad contrarrevolucionaria en
la clase media, ante el peligro... como reacción frente a Salvador
Allende, tener eso. Y esa ideología anticomunista asentada y esa solidez
de un régimen, y tendría que alcanzar las bases sociales que tiene
Uribe en Colombia. No sólo una estructura de paramilitares, sino también
un voto de un sector de clase media derechizada en la tradición de la
oligarquía colombiana. Bueno, Bolsonaro está muy lejos de empezar a
alcanzar esas dos cosas.
Y el problema es que el gobierno de
Bolsonaro, los tres meses o dos meses de Bolsonaro son una payasada, son
una risa, es un récord de tonterías. Hasta en el carnaval de Brasil
hubo comparsas riéndose de Bolsonaro, porque parece un programa cómico,
es un delirio, lo que él dice, pero es un delirio sobre un gobierno que
está en plena inacción, porque podría ser delirante como Trump, pero
Bolsonaro no es Trump, es un gobierno que no hace nada. La burguesía
brasileña está descontenta con Bolsonaro.
Ni siquiera el plan
básico, que es la reforma previsional, ni siquiera eso lo han puesto en
marcha. Y es un desgobierno, o sea no sabe el ABC de como manejar la
gestión pública. Incluso las aventuras internacionales: ir a Jerusalén,
ir a Israel, provoca problemas porque Brasil depende mucho de China y
depende incluso de ventas al exterior a los Países Árabes Entonces,
Bolsonaro está jugando con las exportaciones brasileñas, la clase
dominante no se lo va a permitir. Por esa razón el gobierno de Brasil
está en el ejército, el ejército es el...y si sigue esto así, el
ejército va a terminar reemplazándolo a Bolsonaro, el vicepresidente va a
terminar ejercicio de las funciones. Por lo tanto si la derecha, la
nueva derecha en América Latina es Bolsonaro, no hay nueva derecha. Si
es eso no hay nueva derecha... veremos, son tres meses, igual es todavía
prematuro.
Pero el otro dato interesante es que no hay otros
Bolsonaros en América Latina, hay derecha reaccionaria como Uribe,
tradicional, pero Bolsonaros... incluso es interesante que en México
ganó López Obrador, es decir hay un giro importante en el otro país
importante de la región, una crisis muy grande de la vieja derecha
mexicana y yo te diría que, además, de las elecciones de Colombia y de
Chile hay un crecimiento importante de la centroizquierda. O sea en los
dos, otros dos países que serían el bastión, más bien lo que está
creciendo es Petro en Colombia y las nuevas formaciones de
centroizquierda en Chile, entonces muy abierto el tema de la derecha.
Webber: ¿Cuál ha sido el papel del imperialismo dentro de todo eso y ha sido reducible a Estados Unidos; cuál es el papel de China?
Katz:
Es evidente que Trump es un intento de recuperar la hegemonía
estadounidense frente el desafío de China en el mundo. En eso consiste
Trump. El problema que en esa estrategia de recuperar peso frente a
China, América Latina es una pieza clave. Es una pieza clave porque para
Estados Unidos, América Latina es su patio trasero. Y el desafío de
China no es en el mundo, es en América Latina; o sea, para Estados
Unidos el problema de China no solo es el problema de China en el mundo,
es el problema de China en su dominio.
Por eso la actitud de
Trump en América Latina es la de recuperar dominio en forma muy burda,
en forma muy tosca. Volver a lo que se llamaba la política del garrote:
yo domino y todos se me subordinan. Por eso Trump insulta a los
mexicanos, construye el muro, insulta a los caribeños, desprecia a
América Latina, no tiene una política para intentar forjar un bloque,
sino que los considera como los vasallos que se someten. Trump está
jugando con fuego en esto, porque tiene gobiernos conservadores que lo
siguen, pero hay algo un poco complejo en lo que está haciendo Trump.
Porque Trump trata a América Latina como si fueran sus colonias, pero no
puede, no está en condiciones de actuar como una potencia militar
frente a sus colonias.
Entonces, Trump dice, pero no hace.
Entonces, hay un contraste... fijate el golpe de Estado de Venezuela, es
la típica de Estados Unidos: Abrams, Spence, Bolton, Rubio, Pompeo,
actúan como en la época de Roosevelt, del primer Roosevelt, de Theodore
Roosevelt, se consideran directamente los dueños para hacer lo que
quieren. Pero, sin embargo, hasta ahora no hay una invasión, como fue
Granada en 1983, Panamá en 1989... incluso el golpe de Zelaya en el
2009.
O sea, hay un divorcio entre lo que Estados Unidos dice y
lo que Estados Unidos puede hacer efectivamente. Estados Unidos es muy
improbable que pueda repetir en Venezuela lo que hizo en Libia, o lo que
hizo en Irak. Entonces, es una política bastante aventurera la de
Trump, y que hasta ahora, es muy temprano para hacer un balance, hasta
ahora no tiene un resultado nítido.
Yo creo que un hecho
importante es que, lo único que logró Trump, es la renegociación del
NAFTA. Y eso sí es un dato importante, porque eso es lo que busca
Estados Unidos. Trump no quiere irse de la globalización, lo que Trump
quiere es renegociar acuerdos multilaterales, transfromándolos en
bilaterales. Y al hacerlos bilaterales, hacer que los servicios de
Estados Unidos tengan más peso, que se cobre el copyright, que haya
mayor favoritismo para las empresas estadounidenses y eso lo logró en el
NAFTA. Entonces, es contradictorio, porque no puede usar la fuerza
militar, pero el único tratado en el mundo que logró rearmar es,
justamente, el de México. Por eso, curiosamente tiene una actitud cauta
hacia López Obrador. Por lo tanto, yo te diría que en este terreno hay
que separar mucho lo que se dice de lo que se hace.
Me parece
que la prioridad económica de Estados Unidos, renegociar tratados,
aumentar exportaciones, limitar la presencia China y competir con China,
es lo que ellos están buscando. Y para lograr eso, necesitarían cambiar
el gobierno de Venezuela. Venezuela es importante para Estados Unidos,
no sólo porque está el petróleo, sino porque sería el mensaje de que
China y Rusia, en este caso, no ingresan acá. Por eso lo que pase ahí
define todo, Venezuela es como... ahí se concentra todo, todo, todo,
todo.
Es decir, si Estados Unidos no lo logra, si el chavismo
se mantiene, va a ser como en Siria, donde Rusia va a afianzar su rol
militar, tiene militares en Venezuela y si Estados Unidos no modifica
esa situación Rusia se afianzó como una potencia que llega a América
Latina.
Y si no logra cambiar esa situación, este ingreso de
China así, de a poquito, tampoco se va a revertir. Entonces, hasta ahora
estamos ahí, viendo lo que ocurre, pero el dato estructural es que
China penetra y Estados Unidos retrocede y Estados Unidos quiere
recuperar.
El gran problema que tiene Estados Unidos es que su
aliado para eso que serían los gobiernos derechistas de América Latina,
son gobiernos cuyas clases dominantes tienen relaciones ya muy estrechas
con China y Estados Unidos no lesº ofrece nada a cambio. La Argentina y
Brasil le venden soja a China, pero Estados Unidos no es que no le va a
comprar soja... Estados Unidos vende soja, o sea es competidor...
Entonces qué puede ganar el agrobussines de Argentina o de Brasil
haciendo un acuerdo con su competidor, que es Estados Unidos, y no con
su cliente que es China. Entonces, lo que está intentando hacer Estados
Unidos es muy difícil. Y al mismo tiempo, cada clase dominante de
América Latina buscar mantener sus negocios, mantener sus negocios en un
equilibrio que es muy inestable porque no tiene estrategia. O sea,
Bolsonaro va a reconocer a Israel, pero hay que venderle a China y ahí
hay un conflicto; Macri apoya el golpe, pero aquí Argentina no sólo le
vende a China, las reservas del Banco Central dependen de un préstamo de
China; entonces ¿cómo manejarse?
Yo veo que es una situación
muy crítica, que te insisto, cuya definición así drástica la da
Venezuela. O sea, algo en un sentido o en el otro, ordena que el que va
ganando es este o el que va ganando es el otro.
Así que, para
mí China es la gran novedad. Y en ese sentido América Latina se parece
bastante a África, pero es distinto a África. Se parece al África porque
ha sido los dos lugares donde China ha concentrado sus inversiones en
materias primas y depende de las materias primas. Y las dos regiones
donde China está invirtiendo en infraestructura. El problema es que
América Latina tiene un desarrollo mayor y una experiencia política muy
superior al África y América Latina es el patio trasero de los Estados
Unidos, el África fue el patio trasero de Europa. O sea, es distinto...
Yo creo que acá hay un problema... en el ciclo progresista de la década
pasada, hubo cierta conciencia que hay que negociar con China de otra
manera, porque hasta ahora el gran perdedor de la relación América
Latina/China es América Latina. En el sentido que América Latina vende
bienes primarios, China vende manufacturas, hay un déficit comercial
enorme y la región está recreando la dependencia. Hubo una conciencia,
pero no una acción, por ejemplo, hubo muchas ideas de que había que
negociar con China en bloque, pero nunca se llevó a la práctica. Y nunca
se llevó a la práctica, porque negociar en bloque implica reducir la
autonomía de cada grupo nacional, de cada burguesía nacional. Si
negociamos en bloque somos Unasur con China y, en ese caso, no es que el
grupo exportador argentino va ahí y vende a China. Y como las clases
dominantes son tan fuertes frente a los Estados, no se logró armar eso.
Pero esa es la única vía de un desarrollo para América Latina, la única.
Yo no
creo que China sea igual a Estados Unidos para América Latina, me parece
que es una simplificación. Es una idea fuera de la política, una idea
del mundo intelectual, imperialismo 1, imperialismo 2, estoy mirando el
mundo de afuera. Yo estoy en América Latina, si yo quiero un proceso
progresista de desarrollo de nuestra región, no es lo mismo. Uno es el
opresor tradicional, el otro es una posibilidad de contrapeso que
dependerá de cómo la región actúa. Entonces América Latina podría tener
un socio en China, en un proyecto de emancipación. Hasta ahora es una
idea, pero es importante tomar el registro para no hacer, me parece a
mí, la simplificación de que pasamos de una dependencia a otra. Yo creo
que no, que es más complejo el tema.
Webber: En la
coyuntura actual en América Latina, ¿cuáles son las perspectivas por la
izquierda en términos de capacidad de lucha social y en términos
electorales?
Bueno, mirá, lo primero es la lucha, la lucha
popular. En estos momentos la derecha tiene la iniciativa, pero América
Latina sigue siendo una de las regiones de mayor movilización popular
del mundo, no como en el ciclo progresista, pero sigue siendo una región
con niveles de acción política mayores al resto del mundo.
Yo
creo que hay que tener cuidado, hay que tener cuidado con dos errores:
es un error pensar que no cambió nada y que ahora estamos igual que la
década pasada, no.
Los efectos de esas cuatro rebeliones que
generaron el ciclo progresista se agotaron y no apareció una nueva
oleada como esa. Tenemos resistencias, pero no hubo 4 rebeliones como
las de ese período. Entonces, hay un cambio pero al mismo tiempo no está
sepultado lo anterior, no se ha vivido un proceso como se vivió por
ejemplo en los años 70, con el golpe de Pinochet, con el golpe de
Videla, o sea procesos de contrarrevolución, no habido nada así.
Entonces, como no ha habido una contrarrevolución hay un proceso de
avance de la derecha, pero de resistencia popular. Y creo que tenemos
que situarnos en ese plano, la lucha está en ese terreno y donde hay una
nueva generación, que es interesante, hay una nueva generación, o sea
los que están en la lucha ahora ya no son los del ciclo anterior. Y los
que están en la lucha ahora han procesado la experiencia del ciclo
progresista. Veremos cómo se traduce políticamente, no sabemos... pero
al ciclo anterior la generación llegó sin experiencia, llegó desde el
neoliberalismo puro, ahora la nueva generación llega de este proceso.
Entonces, veremos... veremos qué resultado tiene esto en el futuro. Es
una incógnita, por el momento es una incógnita.
El otro plano
es el electoral... con el otro plano hay un sólo país que importa,
Argentina. Lo que pase acá es definitorio, así como Venezuela determina
todo el escenario geopolítico y social. El resultado de la elección en
la Argentina, en octubre, es lo determinante. Es la elección clave. Y es
tan importante, en un momento en el cual Macri está en un declive
total, Trump sigue apostando todas sus cartas a que Macri pueda ser
reelecto. Por eso el Fondo Monetario está haciendo estos préstamos
insólitos, donde a un país que va a la cesación de pagos, un país que no
va a poder pagar la deuda, le otorga préstamos que amenazan el propio
equilibrio financiero del Fondo Monetario. O sea, esto va a pasar a la
historia como la aventura del Fondo Monetario para salvar a Macri.
Mi impresión es que no lo va a lograr. Vos estuviste acá y habrás
notado que es muy improbable que Macri logre... muy improbable, no
descartable. Y entonces, el cambio de ciclo en la Argentina, la llegada
de un gobierno distinto y, ni que hablar, si la que llega es Cristina,
bueno, va a modificar todos los datos de la región.
Cristina
tiene una actitud muy conservadora, muy conservadora, trata de... pero
la llegada de ella... no importa lo que ella diga o lo que ella vaya a
ser, su llegada implicaría un cambio muy, muy, significativo. Así que
los próximos meses de la Argentina son claves, por el escenario
electoral y porque la Argentina muy probablemente va a una crisis
económica, a un default de la deuda o algo parecido muy grande que va a
impactar sobre toda la región. En un país donde los niveles de
movilización social son menores que lo que uno está acostumbrado aquí,
pero muy mayores a lo que es común en cualquier parte. Entonces, en los
próximos meses la Argentina está en el centro.
Y bueno, después
finalmente habrá que ver qué ocurre en el plano ideológico, en el plano
de la construcción de alternativas. Que, bueno, también ahí hay un
periodo difícil, pero todas las construcciones de la izquierda
latinoamericana de la última década están en pie. Y veremos cuál es su
traducción... está en pie el ALBA, está en pie el MST (Movimiento de los
sin tierra) de Brasil, están en pie todas las redes intelectuales de la
izquierda latinoamericana, está vivo el marxismo latinoamericano... yo
creo que quizás, en el terreno teórico es donde ha habido... ha sido una
década muy provechosa, muy provechosa. Hay muchos intelectuales
latinoamericanos que han escrito cosas muy interesantes, muy originales
y, por lo tanto, reflejando el contexto revulsivo de América Latina. Así
que, en el plano intelectual creo que también podemos ser optimistas
por lo que se está haciendo.
Jeffery R. Webber es profesor de economía política en Goldsmiths, Universidad de Londres y coautor de Los gobiernos progresistas latinoamericanos del siglo XXI. Ensayos de interpretación histórica, con Franck Gaudichaud y Massimo Modonesi (UNAM, 2019).
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