Perú
El mensaje del
Presidente Vizcarra le ha dado una vuelta más a la tuerca. Cuando se
creía cerrado el círculo de la impunidad, luego de la votación congresal
del martes pasado, se abrió un nuevo escenario en esta inacabable
Cajita de Pandora, en la que se ha convertido la política peruana en la
última década. Por lo demás, el casi “ultimátum” presidencial, sembró la
confusión, tanto en los predios del fujimorismo más agresivo, cuanto en
las intemperantes voces de los radicales que, en las redes sociales,
algunas veces no dan pie con bola.
Veamos: el Presidente ha
cuestionado cinco decisiones recientemente adoptadas por el Parlamento:
La protección a la inmunidad Parlamentaria usada para blindar a
delincuentes y corruptos; La habilitación para que puedan ser candidatas
personas sentenciadas por delitos similares; la imposibilidad de hacer
elecciones internas en los partidos para promover candidaturas que no
sean impuestas por las cúpulas; la poca voluntad mostrada para la
eliminación del voto preferencial; la resistencia a asegurar la
participación igualitaria de las mujeres en los comicios públicos y
finalmente, la incapacidad de proscribir el uso del dinero sucio en las
campañas electorales.
En sentido contrario, el Mandatario afirma
que la inmunidad debe desaparecer, o regularse de otro modo, para que
no sirva como escudo protector para delincuentes; los sentenciados por
estos delitos no puedan aspirar al desempeño de funciones sometidas al
reconocimiento electoral; los candidatos sean promovidos en los partidos
en comicios internos democráticos y justos; el voto preferencial sea
eliminado; las mujeres tengan “cuota de género” que asegure su
participación igualitaria en las listas parlamentarias; y el
financiamiento abierto de los colectivos partidarios sea proscrito por
ser fuente de corrupción y otros.
Hasta ahí, los elementos formales del debate y en los que se basa lo que se ha dado en llamar el “pedido de confianza” del Presidente de la República al Congreso Nacional, y cuyo desenlace se producirá en pocos días.
Como han dicho los expertos, si se produce la “confianza” de la Cámara,
todo seguirá al mismo ritmo: habrá un diálogo desigual, se estabilizará
el oído de sordos en el que unos hablarán lo que esperan les sea
escuchado; y otros, oirán lo que les plazca Nadie desatará el Nudo Gordiano
de la política criolla, y todos sentirán que “ganaron”. El país,
seguirá en la misma. Si gana el SI, todo queda ahí. Si, por el
contrario, se rechaza la confianza –también lo dicen los juristas- el
Presidente Vizcarra se pondrá las botas, disolverá el Congreso y
convocará elecciones en el lapso de cuatro meses. Como no hay límite ni
objeción legal alguna, todos podrán ser candidatos, y podremos ver a
varios de los mismos, diciendo las misma cosas.
Porque eso es
así, el ánimo de los congresistas podrá trastocarse. Por un prurito de
dignidad, los parlamentarios fujimoristas y apristas debieran decir NO a
la confianza, pero eso no “les conviene”. Y los de la oposición a esas
tiendas debieran votar SI porque, en lo fundamental, comparten las ideas
que el Ejecutivo pone en consulta.
Ocurre, sin embargo, que a
la Mafia, le conviene que las cosas sigan igual, Por eso, están
dispuestos a todo, con tal que no se disuelva la Cámara, ni se convoque a
nuevas elecciones en las que sus posibilidades electorales serían
francamente remotas. En otras palabras, y más allá de principios y
valores propios, el SI se acomoda más a sus intereses. A la Oposición,
en cambio, le luce mejor el NO, es decir, el rechazo a la petición
presidencial, para que se dé el salto: se disuelva el Congreso y haya
nuevas elecciones. Pareciera que ese es el razonamiento de Marco Arana y
de Verónica Mendoza, dos de los que tienen tela que cortar en la
materia. Y es que, más allá de una, u otra opción; está el sentimiento
popular, la voz de las masas, que se hizo sentir ya en días pasados.
Núcleos de Colectivos –divididos por razones insondables- salieron, a
expresar la voz de la calle, la opinión ciudadana.
Vizcarra lo ha anotado. Hablando a los peruanos, ha reconocido: “son ustedes los que realmente pueden cambiar esta situación”.
Y claro. Hay que tomarle la palabra. En esa línea, debe prohibir que la
policía reprima al pueblo -ocurrió en Puente Piedra- y no facilite el
desplazamiento de la Mafia hacia la Plaza Bolívar. ¿Está claro?
La voz de las masas es diversa. No siempre homogénea. Es más, incluso,
luce contradictoria. Cada quien tiene su propia bandera. Para unos,
basta derrotar a la Mafia. Para otros, hay que asegurar “que se vayan todos”. Hay quienes piden ”elecciones ahora”.
Y otros que afirman que lo fundamental es que Chávarry sea destituido y
que –mejor- vaya preso; que se combata a la delincuencia, y que se
acabe con los favoritismo a las pandillas de “venecos” llegados a nuestro suelo a delinquir, bajo la protección de Popolizio y comparsa.
Casi todos coinciden, sin embargo, en respaldar a los Fiscales que ya pusieron tras las rejas a varios de los “cogotudos”
-una palabra favorita de Isidoro Gamarra, para aludir a los poderosos-
En el fondo, el sentimiento es el mismo: la gente no soporta ya lo que
ocurre en el país, pero no siempre percibe lo que avizorara, con
singular perspicacia Antonio Gramsci: “El viejo mundo se muere. El nuevo, tarda en aparecer. Y en ese claroscuro, surgen los monstruos”.
El italiano que muriera en abril del 37 , aludía a Mussolini; pero
nosotros podríamos hablar de un fascista cualquiera, de un criollo
dispuesto pescar a río revuelto bajo el impulso de los yanquis. Por
ahora, la “vacancia presidencial” será su carta. Los que piensan como Mulder, o García Belaunde se sumarán a ese carro, aunque estén “a la izquierda”.
Descontentos, por las coimas unos; los peajes, otros. Solidarios con
las Comunidades Campesinas; y rechazando todos la represión policial y
la impunidad de la Mafia, centenares de miles, harán valer la opción de
multitudes, la voz del pueblo.
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