José Steinsleger
La Jornada
Carece de importancia si
el presidente de Estados Unidos leyó (o no) a la escritora rusa Ayn
Rand (1905-82), pionera filosófica del credo neoliberal y del
objetivismo(sic, o
filosofía del egoísmo). El
pensamientode Rand (nacionalizada estadunidense en 1931) se inspira en personajes como Donald Trump.
Rand proclamaba el
egoísmo ilustrado, y en 1936 se declaró
fanática del individualismo. El escritor español Justo Navarro observa que la autora de El manantial (1943) “…practicaba un realismo capitalista, paralelo al realismo socialista. Si en la URSS los valientes eran obreros metalúrgicos o campesinos colectivizados, en el mundo de Rand se encarnaban en arquitectos de vanguardia e industriales, inventores de máquinas… sin contradicciones ni conflictos interiores ( El País, 27/12/09).
Agrega: “El universo de Rand no se divide en clases, como querían los
marxistas, sino en individuos creadores: productores de riqueza, contra
saqueadores y parásitos, gente de segunda mano […].”
Estrella intelectual de la televisión en los años del macartismo, y
en los 60 del siglo pasado, Ayn Rand testificó en 1947 frente al Comité
de Actividades Antiestadunidenses (HUAC, por sus siglas en inglés) del
Congreso estadunidense, para calificar de
propaganda soviéticael candoroso filme Song of Russia (1944).
Y es que en
América, el mal eran Rossevelt y su New Deal, la amenaza del Estado social, los izquierdistas, la palabrería hueca en torno al bien común, concluyendo que
A Estados Unidos lo hunde el peso del gobierno, la intromisión estatal, los impuestos y los servicios sociales.
La literatura de Rand, apunta Navarro, fue un arma viva con la que
los conservadores extremos atacaron a Obama, “[…]nuevo e inverosímil
peón del socialismo”. Y con ella nació
la vigente superstición de la autoestima.
En su novela La rebelión de Atlas (1957), Rand plantea que
la política debe subordinarse a los empresarios, con el espíritu de los
primeros colonos que se sublevaron contra Inglaterra a mediados del
XVIII, luchando contra el
intervencionismoy en defensa de sus derechos individuales.
El libro narra la decadencia de Estados Unidos como consecuencia del
excesivo intervencionismodel gobierno, y las tribulaciones de una huelga encabezada por los
saqueadores(sindicalistas y
místicos del espírituque piensan que la economía debe estar regulada y sometida a una fuerte imposición fiscal) contra los
no-saqueadores(empresarios, grandes capitalistas, patrones), obligados a buscar refugio.
Para Ayn Rand, el empresario capitalista es un titán mítico que carga
sobre sus espaldas los destinos del mundo. Así, la novela termina (cómo
no), con el triunfo de los
no saqueadores. Que luego de sufrir importantes derrotas, regresan victoriosos a Wall Street, en medio de banderas y estandartes que llevan el dólar como símbolo de su peculiar rebelión.
En su momento, La rebelión de Atlas vendió 4 millones de ejemplares, fortaleciendo el credo económico
neoliberaldesde la filosofía, y anticipándose a la alianza del Tea Party Movement republicano con el sionismo israelí y los
cristianos renacidosliderados por el pastor evangélico y ex comunista Marvin Olasky, ideólogo del
conservadurismo compasivo.
Según la investigadora y diputada argentina Gabriela Cerrruti, El manantial fue el libro de Rand que cambió la vida del presidente Mauricio Macri ( Big Macri, Planeta, Argentina, 2018), que releyó
una y otra vez. El que le regaló a su esposa Juliana Awada para decirle que estaba enamorado, y el que le sugirió leer a cada uno de sus ministros cuando se sumaron al gabinete. Un rito de iniciación. Junto con La rebelión de Atlas, son
la biblia de la religióndel gobernante, asegura Cerrutti.
Howard Roark, héroe de El manantial, es el arquitecto
individualista, egoísta, que no negocia ni un milímetro de sus creencias
y sus ideas […] el que cree que el altruismo destruyó a la humanidad, y
que el egoísmo es la fuerza que la salvará. El que divide la sociedad
entre creadores y parásitos, y cree que la hidalguía es un invento para
debilitar la fuerza de los buenos. Por eso nunca recibe consejos de
absolutamente nadie”.
En personajes como Trump, la señora Rand hizo escuela. En 1973,
cuando el pueblo de Vietnam asestaba los últimos golpes a los yanquis en
Indochina, la
filósofa del egoísmomanifestó en una conferencia dictada en la Academia Militar de West Point:
Puedo decir, y no como mero patrioterismo, sino con el conocimiento de las necesarias raíces metafísicas, epistemológicas, éticas, políticas y estéticas, que Estados Unidos es el más grande, noble y en sus principios fundadores originales, el único país moral en la historia del mundo.

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