Poco más de una semana
atrás, comenzó a adquirir mayor efervescencia el debate político
argentino con consecuente aceleración de las intervenciones mediáticas y
también judiciales, cuya relación es estrecha y complementaria,
particularmente en la falacia y la impunidad. Faltando menos de un mes
para la definición de las alianzas y precandidaturas que competirán en
las elecciones de octubre, vio la luz una primera fórmula presidencial
que generó sorpresa. En verdad se trata de una de las que deberá
ratificarse en el sistema de internas, institucionalmente previsto para
tal fin: las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), un
engendro que disuelve la participación de la militancia en la elección
de las candidaturas dentro del conjunto de la ciudadanía. El instituto
fue aprobado por unanimidad parlamentaria durante el kirchnerismo.
Lamentablemente Uruguay tiene un sistema idéntico aunque no obligatorio,
lo que no quiere decir que, a diferencia de la otra orilla, no haya
competitividad al interior de los partidos ni que, en el caso del Frente
Amplio (FA), las precandidaturas no fueran sometidas a la decisión de
un nutrido congreso y una compleja “orgánica”.
No obstante, la razón
de la sorpresa mediática argentina no fue el hecho de haberse anticipado
al resto de los previsibles competidores, sino el lugar en el que la ex
presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, se posicionó por propia
voluntad en la fórmula, comunicándoselo personalmente al elegido al
tiempo que le solicitaba mantenerlo en secreto hasta el sábado
siguiente. Pidió a Alberto Fernández (jefe de gabinete durante los 4
años de gobierno de Néstor Kirchner y algo más del primer año de la
sucesión de su esposa) ser la cabeza que ella acompañaría como vice.
Es
el resultado y no el procedimiento lo que explica la sorpresa, porque
en Argentina a nadie puede sorprender que -aún en una fuerza que se
autodefine progresista- la decisión la tome una sola persona (a lo sumo
en consulta familiar) descontando luego que sus militantes, o más
precisamente seguidores, acompañen entusiastas la decisión inconsulta.
Es uno de los varios factores de despolitización de la sociedad
argentina y del progresismo en particular. Porque si bien el fundamento
de la inclusión de este procedimiento era evitar que los candidatos
fueran elegidos a dedo sustituyéndolo por un sistema de selección
participativo que iría a mejorar la calidad de la democracia, las
instituciones y los dirigentes que las conducen, en la práctica, la
totalidad de los candidatos depende del “regio” dedo que ungirá
candidaturas luego de secretas cavilaciones, con nula participación de
militante.
En cualquier caso, no es ni el único factor de
deterioro de la dinámica política ni tampoco el más significativo.
Adquiere significación inocultable el hecho de que, salvo muy honrosas
excepciones (casi en su totalidad situadas en la anoréxica izquierda,
prácticamente testimonial) la dirigencia es millonaria. No sólo la
dirigencia política sino también de organizaciones de la sociedad civil y
particularmente de la representación sindical. Algunos -pocos- con
fortunas previas a su aparición en las instituciones (como el actual
presidente Macri y su gabinete de CEOs) mientras la mayoría, se
enriquecieron en pocos años mediante incognoscibles -aunque intuibles-
mecanismos de apropiación de caudales.
Muy raramente se
explicitan como a muy escasos días de la muerte de su padre tuvo ocasión
de sincerarse el Presidente Macri, confesando que el hacedor del
inmenso patrimonio del que disfruta como heredero, lo hizo pagando
coimas a funcionarios del Estado, en sus orígenes, miembros de las
dictaduras militares, a cuya obra pública aportó los servicios
empresarios. Dado que jurídicamente se han seguido pasos similares a los
brasileños sancionando una “ley de arrepentidos” ya hay decenas de
empresarios (históricos y recientes) confesos coimeros. El
enriquecimiento no es sólo de la dirigencia, sino además de las
amistades próximas y los entornos familiares entablando relaciones
estrechas y pactos impunes entre las élites y los poderes tanto fácticos
como institucionales. Sin embargo no debería concluirse que los lazos
ocultos y los mecanismos de enriquecimiento, estén exentos de disputas,
traiciones y ferocidades.
Personalmente he sido víctima de la
misma sorpresa ante la candidatura, cosa que revela que mis limitaciones
analíticas no difieren de la media de la sociedad y la prensa, a lo que
añado el hecho de no haberle dado importancia a la discursividad del
ahora ungido, posiblemente por la sucesión de variantes políticas en
ocasiones diametrales desde las que ha ido apareciendo en su importante
carrera. No muy diferente de la mayoría de los dirigentes peronistas que
acostumbran a pendular por la atracción del poder, pero en este caso
con una muy acelerada cicatrización de las heridas que los traidores
pases de bando y las acusaciones, adjetivadas críticas y denuestos,
producen inevitablemente.
Pero al asombro por el rol que ocupará
se me sumó la curiosidad cuando los diarios publicaron el video del
primer reportaje en la puerta de su casa, sacando a pasear a su perro.
Inmediatamente reconocí el barrio de Puerto Madero, el más reciente y
caro de Buenos Aires donde habita la casi totalidad de los nuevos ricos y
fue adquiriendo un hálito de concentración de corruptos, aunque resulte
sólo una leyenda. Donde no existe propiedad por valor inferior a los
7.000 dólares el metro cuadrado. Según el diario La Nación la vivienda no le pertenece, sino que se la presta un amigo millonario que también fue integrante del gobierno kirchnerista.
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