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lunes, 22 de octubre de 2018

American curios : ¿Cuál crisis?


David Brooks

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La inmigración indocumentada hacia Estados Unidos está hoy día en uno de sus puntos más bajos desde 2000. En 2017 llegó a su nivel más reducido en casi medio siglo. En la imagen, la barda en el punto fronterizo de Columbus, Nuevo México.Foto Ap

No hay una crisis migratoria en Estados Unidos.

Tal vez el peor error de políticos en México y América Latina –tanto de derecha como progresistas– es aceptar la narrativa del gobierno estadunidense y responder con promesas de cooperación para buscar soluciones a un problema que no existe. Al aceptar la ficción y participar dentro de ella, se hacen cómplices de un complot político derechista con tintes fascistas aquí.
Veamos: la inmigración indocumentada a Estados Unidos está hoy día en uno de sus puntos más bajos desde 2000, y el año pasado llegó a su nivel más bajo en casi medio siglo. Los cálculos sobre flujos de inmigración indocumentada generalmente se miden con base en el número de detenciones por las autoridades en la frontera con México. En 2000 se registraron aproximadamente un millón 600 mil detenciones, bajaron un poco a mediados de esa década a poco más de un millón, y desde entonces se han desplomado. Durante el gobierno de Obama se registró un promedio de medio millón de detenciones cada año, y en el año fiscal de 2017 fueron sólo 310 mil 531; la cifra más baja desde 1971.
Más aún, en años recientes se ha registrado un influjo neto negativo, es decir, que más mexicanos (aproximadamente un millón) han retornado a su tierra de los que han cruzando al norte de manera indocumentada.
Hoy día, los casi 44 millones de inmigrantes de todas partes que viven en Estados Unidos (una quinta parte de todos los inmigrantes en el mundo) representan 13.5 por ciento de la población nacional, casi el triple del porcentaje de hace medio siglo, pero aún debajo del nivel récord de 14.8 por ciento que representaban en 1890, reporta el Centro Pew. La gran mayoría –76 por ciento– son legales.
El régimen de Trump manipula las estadísticas para generar la idea de una crisis al medir incrementos en estos últimos meses comparados con el punto más bajo en la historia reciente el año pasado o enfocados sobre algún subgrupo (por ejemplo, menores no acompañados), para volverlos dramáticos (como recordaba Mark Twain: hay tres tipos de mentiras: mentiras, malditas mentiras y estadísticas).
Ahora, la insistencia de Trump en frenar la embestida de la caravana centroamericana –cuya imagen de una masa humana avanzando hacia Estados Unidos es oro para sus propósitos– tiene mucho que ver con la coyuntura político-electoral en la cual el presidente ha anunciado explícitamente que la retórica antimigrante es clave para la estrategia electoral republicana que busca defender su control de ambas cámaras del Congreso en los comicios intermedios el 6 de noviembre.
La migración de México y Centroamérica hacia Estados Unidos en años recientes es resultado directo de un sistema que margina a millones; uno de los mayores éxitos de este modelo es la exportación de los seres humanos.
Centroamérica y enormes regiones de México son subsidiados –y rescatados– por los inmigrantes. Los mexicanos en Estados Unidos envían entre 24 y 28 mil millones de dólares cada año. En 2017, las remesas a América Latina y el Caribe llegaron a 75 mil millones de dólares. En Honduras y El Salvador, las remesas representan casi 20 por ciento del PIB.
Estados Unidos es el principal promotor de este modelo, y el que impone las condiciones. Cuando países intentan otra ruta, como se ha demostrado en tiempos recientes en America Latina, son calificados de amenazas a la democracia y la libertad. Vale recordar que esto es una visión bipartidista. Por ejemplo, fue Hillary Clinton, como secretaria de Estado, quien apoyó el golpe militar en Honduras contra un presidente demasiado bolivariano que llevó a la instalación del régimen actual y, entre otras consecuencias, cobró la vida de luchadoras sociales como Berta Cáceres.
No hay crisis migratoria. En el contexto trumpiano, los inmigrantes son lo que eran los judíos para los nazis. Cooperar con ese régimen sobre este asunto es complicidad con algo parecido. Los nuevos campos de concentración en Estados Unidos ya están llenos de inmigrantes y sus niños, y todos los días hay redadas y detenciones, mientras en mítines masivos el líder nutre la histeria de odio contra los otros.
Que eso esté sucediendo es la crisis.

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