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miércoles, 1 de julio de 2015

Canadá no aliviará la sed de EU y México, según Stratfor


Bajo la Lupa
Alfredo Jalife-Rahme

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De acuerdo con Stratfor el agua es cara de mover; los cambios de elevación requieren de bombeo intensivo de energía para su flujo. Imagen de la ciudad de MéxicoFoto La Jornada


En forma impactante Canadá, que pertenece a todos los esquemas irredentistas de Estados Unidos (EU) –OTAN/NORAD/Northcom/ orteamérica/TPP/TTIP/TISA/Anglosfera/Mancomunidad financierista de la banca israelí-anglosajona, etcétera–, no ha podido ser arrastrada a la demencial bursatilización del agua, que contemplan el Banco Mundial y los megabancos de Wall Street/La City (Londres) como uno de los más suculentos negocios del siglo XXI (http://goo.gl/QlX6IW).
En mi columna NASA y UC-Irvine: mapa satelital de la dramática carencia de agua en el mundo (http://goo.gl/mjWiA2) inquiría que no se colegía la razón por la cual Canadá, una de las máximas superpotencias hidráulicas del planeta, no contribuya a abastecer con agua fresca las regiones estresadas de sus socios comerciales en el TLCAN: EU y México, al menos que oculten bajo la manga aviesos esquemas irredentistas del nuevo Norteamérica.
A esta samaritana inquietud potable ya había respondido seis días antes Stratfor: Por qué Canadá no puede exportar su agua a EU ni a México (https://goo.gl/GHAqbN).
A su juicio, la exportación hidráulica de Canadá a los sedientos EU (en su parte occidental; específicamente, California) y México, es inviable debido a dos pecados capitales: la oposición de la opinión publica canadiense a la bursatilización del agua (como materia prima) y a no ser rentable (¡supersic!).
Los ciudadanos canadienses son muy primitivos y no aceptan la postmodernidad de la privatización de los cuatro elementos de la naturaleza (tierra, fuego, agua y aire), ya que contemplan generalmente el acceso al agua como un derecho humano básico y se oponen a las tentativas de venderlo para su lucro.
Canadá exporta un número generoso de bienes –petróleo, gas natural, fertilizantes y trigo–, pero se obstina en no hacerlo extensivo a su riqueza hidráulica, que concentra 7 por ciento de los recursos renovables de agua fresca del mundo con menos de uno por ciento de la población global.
Dejando de lado la militarización del agua por Israel y su polémica empresa estatal Mekorot contra los sedientos palestinos (http://goo.gl/3Wcml7), Stratfor, que suele sesgar sus comentarios en beneficio de la banca israelí-anglosajona de Wall Street/La City (Londres), se salta por el arco del triunfo los acueductos históricos del imperio romano y desinforma sobre las “dificultades logísticas y la falta de viabilidad económica –no sólo en Canadá, sino globalmente– que hacen rara (sic) la voluminosa transferencia de agua a larga distancia”.
Stratfor se inclina por el mayor negocio de la desalinización local y las opciones de reciclaje, ya que el transporte de larga distancia hace cinco veces más cara el agua. A mi juicio, la desalinización y el reciclaje, debido a su tecnología acoplada, otorgan mayores ganancias a la banca israelí-anglosajona de Wall Street.
Con tanto parámetro financierista/economicista van a matar de sed al 99 por ciento de menesterosos del planeta con su misántropa política de costos y beneficios.
Cita el proyecto de transportar agua desde Canadá a áreas de mayor demanda en EU: North America Water and Power Alliance (Alianza Hidráulica y Energética de Norteamérica; Nawapa, por sus siglas en inglés), del que excluye deliberadamente a México, al que sentencia a su inevitable privatización del agua. ¿Bajo el esquema hipercorrupto de Conagua y su felón ex director David Korenfeld Federman (http://goo.gl/hFPmkC)?
Nawapa, que sus críticos financieristas tildan de faraónico, es un proyecto de manejo continental de agua propuesto por el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de EU y que en 1975 tenía un costo de 100 mil millones de dólares. Magnos acueductos han sido exitosos en China y Libia (uno de los motivos de su invasión por EU/Gran Bretaña/Francia).
Stratfor abomina los acueductos y arremete contra el magnífico Nawapa –que usaría las existentes vías fluviales, y series de nuevos canales, bombas, depósitos y otros elementos de infraestructura para redistribuir el agua en todo el continente–, así como contra Great Recycling and Northern Development Canal of North America (Gran Reciclaje y Desarrollo de Canal del Norte: GRAND/GCNA).
Afloran las inconsistencias/incongruencias de Wall Street y su portavoz Stratfor sobre el irredentista esquema integral de Norteamérica: viable para los hidrocarburos/finanzas/economía/seguridad/militarismo, pero inviable para el agua fresca.
Para la política de costos y lucro de Stratfor, el agua es cara de mover. El agua es pesada, y los cambios de elevación requieren bombeo intensivo de energía para su flujo. Calcula que, a valor presente, el proyecto GRAND/GCNA sería de 800 mil millones de dólares con otros mil millones por año para su operatividad que colecta el agua fresca en la bahía James y la redirecciona al sur hacia los Grandes Lagos.
La obsesión de Stratfor por el lucro es inocultable: los amplios gastos deberían ser justificados (¡supersic!) si existiese potencial para las ganancias (¡supersic!), ya que los precios del agua no reflejan seguido un mercado tradicional de oferta y demanda, por lo que los acueductos carecen de significado económico.
Como si lo anterior fuera poco, aún en caso de viabilidad económica, para Stratfor existen restricciones políticas insuperables, como son el sentimiento público y el ambiente político que prevendrían la exportación del agua, por lo que Canadá mantendrá el control de sus recursos críticos de agua y no llegará a un acuerdo para ceder su control a su poderoso vecino del sur (obviamente, EU, y no el emasculado “México neoliberal itamita”).
Rememora que tanto el tratado bilateral de libre comercio entre EU y Canadá como el tripartita TLCAN permitieron en un inicio la exportación de agua desde British Columbia por seis empresas privadas, lo cual fue impedido por la vigorosa resistencia publica a su exportación.
El tripartita TLCAN no obliga a ninguno de sus participantes a colocar un precio de mercado al agua en Canadá que abriría la puerta para una acción legal por EU o México. ¿Del “México neoliberal itamita”? ¡Vaya broma!
Pese a que Canadá y EU comparten la administración de los recursos hidráulicos en la región de los Grandes Lagos, Stratfor sentencia que la política y la economía impedirán la bursatilización y la transferencia internacional del agua, todo lo contrario a sus hidrocarburos.
El “México neoliberal itamita” no tendrá salvación hidráulica, si no la privatiza, según Stratfor (http://goo.gl/kPOHw1), además que se esgrime la idea de redireccionar su agua pletórica del sur (Chiapas) al noroeste de EU.
No estamos lejos de entrar a un juicioso debate sobre qué tanto los elementos comunes de la biosfera –el genial concepto del geoquímico ucraniano Vernadsky– son constitutivos de los derechos de supervivencia, fase superior del desarrollo evolutivo de la organización biológica: respirar, beber, comer y dormir ( El lado oscuro de la globalización, página 454, descarga gratuita http://goo.gl/gNHyDW).
Se escenifica la eterna colisión maniquea entre la oscurantista globalización –que coloca al mercado por encima del ser humano– y el luminoso humanismo, que posiciona al ser humano en el centro de la cosmogonía universal y de la biosfera.
Twitter: @AlfredoJalife
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