EL ANALFABETA POLÌTICO
El peor analfabeta es el analfabeta polìtico èl no oye, no habla ni participa en los acontecimientos polìticos.
No sabe que el costo de la vida, el costo de los frijoles, del pescado, de la harina, del alquiler, del calzado y de las medicinas, dependen de las decisiones polìticas.
El analfabeta polìtico es tan animal que se enorgullece e hincha el pecho al decir que odia la polìtica.
No sabe el imbècil que de su ignorancia polìtica, proviene la prostituta, el menor abandonado, el asaltador y el peor de todos los bandidos que es el polìtico aprovechado, embaucador y corrompido lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.  Bertolt Brecht..

jueves, 23 de junio de 2011

Desbordado fisgoneo

De acuerdo con un pormenorizado informe del influyente diario The Washington Post, EEUU creó y desarrolló después del ataque terrorista del 11-S un sistema de espionaje y operaciones clandestinas tan complejo y secreto que “en realidad nadie sabe si funciona”.
(Fuente: IAR Noticias)

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Ante tal paranoia institucionalizada con tal de mantener a la ciudadanía en perenne estado de miedo, la publicación comienza por apuntar que nadie sabe a ciencia cierta cuánto cuesta ese sistema, cuántas personas trabajan ni cuántas agencias están dedicadas a lo mismo, y sobre todo si son eficaces. Pero de lo que más certeza se tiene es que le cuesta al contribuyente para que lo fisgoneen constantemente.

Se estima que por lo menos unas mil 217 organizaciones gubernamentales y mil 931 están dedicadas a programas relacionados con el “contra-terrorismo”, con servicios de inteligencia activos en más de 10 mil puntos del país, que en total destinan a 854 mil personas a esos menesteres invasores.

Sólo en Washington y sus alrededores para albergar a semejante tenebrosa burocracia de la sociedad del Gran Hermano controlador, anticipada por el escritor Orwell, hace décadas, ahora se dispone de unos 33 edificios, que si se le suman otras dependencias, podrían equivaler al espacio de 3 Pentágonos o 22 veces las instalaciones del Capitolio.

Lo más sarcástico de todo es que con tanto desbordado volumen de informes generados muchos destinatarios terminan por no hacerles caso, según concluyen los autores del informe.