Somos un Colectivo que produce programas en español en CFRU 93.3 FM, radio de la Universidad de Guelph en Ontario, Canadá, comprometidos con la difusión de nuestras culturas, la situación social y política de nuestros pueblos y la defensa de los Derechos Humanos.

sábado, 6 de junio de 2020

La rabia de los otros


Carolina Vazquez Araya

Vivimos en medio de pandemias, normalizadas por la fuerza de la costumbre.

El hambre que azota a naciones enteras alrededor del mundo, no es normal. La miseria en la cual se consume la vida de millones de seres humanos ha sido producto de sistemas económicos depredadores basados en la acumulación de riqueza, la cual se ha obtenido por la fuerza de las armas y la intimidación, la corrupción de líderes locales y la eliminación de cuadros políticos con arraigo popular y tendencia democrática. La consecuente captura de espacios de poder –entre los cuales se insertan las organizaciones políticas, los medios de comunicación, las grandes corporaciones y las instituciones religiosas- ha predispuesto a los sectores populares a aceptar como normal un estado de cosas capaz de privarlos de una buena cantidad de derechos garantizados mediante convenios y convenciones ratificados por la mayoría de Estados.
Como consecuencia, cuando las contradicciones entre el discurso y la práctica se agudizan al punto de poner en evidencia las fisuras del sistema, resulta inevitable la acumulación de rabia y frustración entre los sectores afectados y es cuando se abandonan los diálogos y se invaden las calles. Durante los años recientes se ha visto a las multitudes expresar su protesta en manifestaciones masivas cada vez más nutridas, a todo lo largo y ancho del planeta. Sin embargo, y a pesar de la pertinencia de sus demandas y la urgencia de medidas de corrección, los sólidos e inamovibles centros de poder se mantienen incólumes gracias a sistemas concebidos, diseñados e impuestos para blindarse contra cualquier amenaza de cambio. 
Una de las facetas más perversas de esta ideología del estatus quo ha sido la estrategia de dividir mediante conceptos insertos en el inconsciente colectivo, modulando la percepción de lo “nuestro” como diferente a partir de estructuras culturales definidas por los centros de poder económico y político. Es decir, se nos ha educado para considerar como positivas las actitudes de sumisión por clase, por etnia y por género. También se ha impreso de manera indeleble la visión de un orgullo nacional prefabricado el cual, entre sus máximas expresiones públicas, se traduce en desfiles de arrogante potencia militar, aplaudidos y admirados por la misma ciudadanía a la cual, llegado el momento, reprimirán con extrema violencia.
Por eso no es de extrañar la visión lejana y ajena de nuestros pueblos sobre las masivas protestas contra el racismo que se desarrollan actualmente en Estados Unidos. Es como seguir una serie televisiva que no nos toca fibra alguna. Sin embargo, nuestros países del cono sur se encuentran sumidos desde los inicios de su historia en los genocidios de pueblos originarios, desde el extremo sur -con la extinción de etnias completas por los colonos europeos y criollos chilenos y argentinos para dominar esas tierras- hasta los cometidos contra indígenas en México y Centroamérica, prácticas usuales de predominio económico en todo el continente, avaladas por las más altas autoridades religiosas y sus mejores promotores: las familias poderosas. 
La rabia de los otros es también –o debería ser- nuestra rabia. Las políticas de violencia racista en el país del norte no son más que un espejo de las nuestras, asumidas por la fuerza del miedo como parte inevitable de nuestro devenir; pero, más lamentable aún, aceptadas como parte integral de los procesos de desarrollo de nuestros países: el “blanqueamiento” propiciado por las clases dominantes como valor fundamental en la búsqueda de un progreso basado en el exterminio. 
Los estallidos contra las prácticas racistas son también nuestra rabia.
AUDIO:

No puedo respirar


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(77 días de confinamiento)

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El 25 de mayo, George Floyd murió de asfixia en la calle, después de tener la rodilla de un policía sobre su cuello por casi nueve minutos. Floyd, de 46 años, fue detenido luego de que, supuestamente, habría pagado en una tienda con un billete falso de veinte dólares, en Minneapolis, Minnesota. Sus últimas palabras: “No puedo respirar”, resumen la violencia a la que se enfrenta la población negra en Estados Unidos, donde “el patógeno mata a los negros a una tasa dos veces y media veces que los blancos”; esta vez, víctima de la policía, la peste azul (Monthly Review, 5/28/2020).

Los manifestantes, contra la brutalidad policial y que demandan justicia, son acusados por la Casa Blanca de ejercer un terrorismo doméstico. Únicamente es la respuesta a ese terrorismo de Estado que tiene en la desigualdad uno de sus signos ominosos; régimen que encabeza Donald Trump, este gángster neofacista, según la opinión del filósofo Cornel West (MR, 6/2/2020).

Para el actor George Clooney, “el racismo es nuestra pandemia, que nos ha infectado durante 400 años, y para la cual no hemos encontrado una vacuna”. Además, “el enojo y la frustración que hemos vuelto a ver en las calles es un recordatorio de qué tan poco hemos crecido como país desde nuestro pecado original de la esclavitud” (Daily Beast, 6/1/2020).

La zona donde se realizó la acción policiaca posee uno de los niveles más altos de bienestar de la sociedad estadunidense, en términos de ingresos, expectativas de vida y acceso a la cultura, además de ser sede de importantes corporaciones. En contradicción, la área metropolitana de Minneapolis-St. Paul tiene también los más elevados índices de desigualdad racial; situación que el economista Samuel L. Myers, de la Universidad de  Minnesota, denomina la paradoja de Minnesota (The New York Times, 6/1/2020).

La misma frase: No puedo respirar, se aplica a los afectados por la actual pandemia, al ser la dificultad de respirar uno de sus síntomas.

2

La aparición del coronavirus en esta sociedad global, de por sí virulenta, a pesar de su tamaño microscópico, vino a acabar con verdades y mitos. Tanto de orden político y económico, como en los espacios de la sociedad y la cultura. Pocas cosas han quedado de pie de nuestras certezas y deseos. No seremos los mismos, se nos repite y nos repetimos hasta el cansancio. El principio de incertidumbre. No sabemos si seremos mejores, como personas y humanidad. Un buen deseo.

El capitalismo no es universal ni inmutable, como lo quisieran muchos de los privilegiados –the one percent—  que ocultan sus intereses de clase y las hacen pasar como los intereses de la sociedad. De aquí a los llamados a la unidad nacional, sólo hay un paso, que usa para justificar intervenciones y guerras, como bien lo denunció Rosa Luxemburgo. Sin embargo, prosigue, de forma soterrada, la lucha de clases, que igualmente se oculta y enmascara.

 Las crisis, como la actual, no perjudican a los que más tienen, sino que de ellas se benefician. “Para los más ricos de Estados Unidos (America’s wealthiest), la pandemia es tiempo para ganar” (time to profit). Así lo dice Economy For All (5/27/2020), que anota que 10 por ciento de las familias concentra el 84 por ciento de la riqueza. El conservador Instituto Empresarial Estadunidense (American Enterprise Institute) asegura que es mejor desviar la atención a la disminución relativa de la tasa de productividad laboral y en el declive del empleo masculino, y no centrarse a discutir sobre la realidad de la desigualdad, que el sistema difícilmente puede ignorar.

La frase: “No puedo respirar”, resume la triple crisis, sanitaria, económica y ahora social, que desde la discriminación y el racismo –en última instancia, violencia de clase— nos envuelve y nos asfixia. La buena fe y los llamados de buena voluntad y unidad contra un enemigo invisible,  no son suficientes acciones como las que se ejercen contra gente  como George Floyd. Enemigos visibles que desnudan al status quo, donde muchas cosas apuntan a ser iguales o peores que antes. La normalidad del sistema.

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Que sí, que no, que cada quien…

Llegamos al 1 de junio, fecha en que, oficialmente, inauguramos –semáforo mediante— la Nueva Normalidad (NN), con diez mil 167 muertes. Volver a la normalidad de antes y de siempre, imposible. En el calendario de los grandes acontecimientos, 2020 quedará grabado como el año de la pandemia, y se hablará de un antes y de un después.

Aun cuando haya el semáforo nacional, mejor dicho federal, por el cual se guiarán las autoridades estatales y municipales, la verdadera luz verde y, por ende, la que determinará la nueva normalidad será el regreso a clases.

Sobre el alcance de la medida y la posibilidad de que las autoridades locales terminen por hacer las cosas, de acuerdo a las situaciones concretas de sus territorios, la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, advirtió, el 26 de mayo, que a algunos gobernadores “se les cuecen las habas” por reanudar actividades. Es el caso, también, del presidente Andrés Manuel López Obrador. Sintomático es que una sus primeras salidas sea para inaugurar las obras del Tren Maya. Sin tapabocas.

En la Ciudad de México, con la luz roja, las actividades se reanudarán, plenamente, hasta el 15 de junio, y las escuelas, el 10 de agosto, de manera presencial. Casi todo el país se encuentra, todavía, en alerta epidemiológica, nos indica el semáforo, y sólo se permitirían las actividades esenciales. Al respecto, cada quien tiene su escala de valores y necesidades, y por lo tanto lo que es esencial: la diferencia entre comer y no comer.

En fin, la NN significará un regreso gradual de las actividades, con horarios escalonados, con respeto a la sana distancia, el uso del tapabocas, el lavado de manos con agua y jabón, y las empresas tendrán que autoevaluarse.

La pandemia reveló que la economía está, literalmente, en la calle. Durante el mes de abril, 12.5 millones de personas perdieron su empleo, de los cuales 2.1 millones son de carácter formal. Ahora se trabajan menos horas y se reciben menos ingresos; se incrementó la subocupación, y las perspectivas es que la recesión haga que la economía se contraiga entre ocho y diez por ciento. La apuesta, entonces, ya no es por el crecimiento, sino por la distribución, a fin de que no aumente tanto el índice de pobreza, sólo tantito, y que no se descarrile el proyecto de la 4T

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La noción de salud pública se desarrolla, a contracorriente, a la salud convertida en una mercancía más dentro del gran arsenal, que se deteriora por la condiciones de vida, en las que se destaca una deficiente y mala alimentación. En estas condiciones, algunas enfermedades cobran relevancia en los días de la pandemia, que hace a las personas infectadas más vulnerables. Estas enfermedades son: la hipertensión, la diabetes y el sobrepeso o la obesidad, por sí solas, problemas de salud pública, y en términos de productividad del trabajo y calidad de vida, cada vez más precaria.

Reaparece el debate sobre el bajo número de muertes en México, en relación a la de otros países, como su vecino y socio comercial, Estados Unidos. Ha tenido que reconocerse que, como en todas partes, hay un subrregistro, cuyo rango es amplísimo, y que el verdadero número es de hasta treinta veces más grande, como apunta Julio Boltvinik, de El Colegio de México. Y eso apunta a un sistema de salud pública colapsado, por tanto años de abandono, a favor de los intereses mercantiles, tanto de grandes empresas farmaceúticas como de hospitales. De ahí que pueda decirse que no sólo es el virus el que mata, sino también un ruinoso sistema de salud (The New York Times, 5/28/2020).

Después de tanto tiempo en el abandono, no es sorpresivo que el personal médico, en la primera línea de atención, de combate, mejor dicho, multiplique por tres sus riesgos de ser ellos mismos víctimas: por el trato directo a los pacientes infectados, por la falta de equipo de protección, suficiente y adecuado, y por el ataque físico y verbal de que son objeto por parte de familiares y parte de la gente, que los insulta y discrimina. Y demandan un aumento del cuestionado PIB (Producto Interno Bruto) para el sector salud.

Lo que el sistema capitalista, en un largo proceso de más de quinientos años, había disociado, la vida y la economía, un virus hizo que se reencontraran. Sin una existe la otra. De esta manera, la salud le disputó al mercado la preeminencia. ¿Qué es más importante? Depende del momento, y hoy, sin descuidar la salud, la actividad económica está por volver a ser normal.

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Es indudable que el virus y las semanas de encierro vinieron a cambiar nuestra percepción de la vida y del mundo, así como nuestras relaciones interpersonales, dentro y fuera del hogar, y en espacios tan vitales como escuelas, fábricas y oficinas, que necesariamente estarán determinadas por normas y conductas que, aunque se dicen nuevas, en realidad son tan antiguas y esenciales, como el lavado de manos con agua y jabón; prácticas enmarcadas todas dentro de la nueva normalidad.

Se redescubrieron virtudes y limitaciones de ese espacio íntimo y familiar que es la casa/hogar, que recobró su importancia como refugio. Como en tiempos ancestrales, cuando las cuevas servían para protegerse de las inclemencias del clima, frío, calor y lluvia, así como del acoso de animales. Y hoy, de los estragos de un virus, que se transmite por contagio de secreciones de la boca, la nariz y los ojos. Pero, también, la casa como espacio de convivencia, con la revaloración del trabajo doméstico, impago, y su importancia en la reproducción social del trabajo.

La prolongada convivencia, muchas veces en espacios reducidos, hace que la violencia intrafamiliar se haga más visible, afectando, sobre todo, a niños y mujeres, y que se reflejan en el incremento de llamadas al 911, número de emergencia adoptado por la integración a Estados Unidos, a despecho de la visión idílica que se trata de mostrarse.

Entre los múltiples cambios a considerar, hay que resaltar los del ámbito del trabajo, no únicamente los del espacio y ambiente habituales, sino en la manera de hacer las cosas. Otro lugar es el de la escuela y las formas de enseñanza-aprendizaje. En ambas actividades se lleva al cabo una  transformación, por el uso intensivo de las tecnologías digitales y el concepto a distancia. Lecciones que deja la pandemia.

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Continúan los estragos económicos y sociales. En el segundo trimestre se habrían perdido 305 millones de empleos en el mundo. El 27 de mayo, un informe la Organización Internacional del Trabajo (OIT) revela “el efecto devastador que ha tenido la pandemia en los jóvenes trabajadores (entre los 15 y 24 años de edad): uno de cada seis ha perdido su empleo, y los que se mantienen ocupados han visto disminuir las horas pagadas; situación que afecta más a las mujeres.

De por sí, su situación es desventajosa. En 2019, la tasa de desempleo entre los jóvenes fue la más elevada entre los diferentes segmentos de la población, 13.6 por ciento, y había 267 millones, uno de cada cinco en el mundo, sin empleo y que no iban a la escuela.

El organismo de las Naciones Unidas subraya que, generalmente, se encuentran en labores mal remuneradas, en la economía informal o son migrantes, sin prestaciones sociales. Guy Ryder, director general de la OIT, advierte que, sin su participación, será “más difícil reconstruir una mejor economía post-Covid”.

No sólo por grupos de edad y género, los efectos de la pandemia son diferenciales. También, en cuanto al origen étnico, que posee hondas raíces histórico-sociales. En Estados Unidos, la población afroamericana representa 12.3 por ciento de la población total, pero tiene casi 23.6 por ciento de los casos de Covid-19 y 22.7 por ciento de las cien mil muertes. “Una alta tasa de enfermedades subyacentes como diabetes y enfermedades cardíacas, junto con trabajos históricamente mal pagados han puesto a muchas comunidades afroamericanas en mayor riesgo de Covid-19, dicen los expertos” (Time, 5/26/2020).

Se ponderan las cualidades del capital humano (para mí, fuerza de trabajo), cuyo funcionamiento, como una máquina más dentro del sistema, hay que mantener. Este es el objetivo de los sistemas de salud. Al respecto, Kevin Hassett, el principal asesor económico del presidente Donald Trump, afirma que “nuestro stock de capital humano está listo para volver al trabajo”. Stock que se define como “animales de granja y ganado, cerdos y ovejas, criados y mantenidos por su carne y leche” (Truthout, 5/26/2020).

Mientras Trump ridiculiza a Joe Biden, vicepresidente con Barack Obama y seguro candidato por el Partido Demócrata en las elecciones del 3 de noviembre, por la utilización del tapabocas, se destaca el hecho de que Estados Unidos, además de las cien mil muertes (al 27 de mayo) y  más de 1.6 millones de infectados, posee más de cuarenta millones de desempleados.

El dilema es, se reitera: la bolsa o la vida, pero no cualquier bolsa, sino la bolsa de valores, donde, en última instancia, se especula, se juega con la vida de millones de personas. El 82 por ciento de los créditos fiscales quedarán en manos de los que perciben más de un millón de dólares al año, es decir, el uno por ciento de la población estadunidense, que describe al resto, 99 por ciento, como “masas montadas en gérmenes” (Mint Press News, 5/27/2020).

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Al anteponer la economía a la salud, y abogar por la pronta reapertura y normalidad, Trump es un presidente, empresario él mismo, que vela más por los intereses personales y de grupo que por los de la gran mayoría de la población. No sorprende, entonces, que se vean carteles y mantas con la leyenda: “Próximamente en tu ciudad: los ataúdes de Trump” (Coming soon to your city: Trump´s caskets), con la imagen del presidente sonriendo sobre un ataúd abierto. La moraleja es que el espectáculo debe continuar, según el reporte de la revista Time.

Diferentes medios resaltan el hecho de que Estados Unidos haya alcanzado las cien mil muertes por el coronavirus. El inglés The Guardian (5/28/2020) resume la catástrofe debida a fallas, no sólo en cuanto a la política de salud, sino a las mismas declaraciones contradictorias de Trump, a las que sumaron las que tienen que ver directamente con las cuestiones de raza, género, desigualdad y desinformación por la infodemia. El resultado es que, con el cuatro por ciento de la población mundial, EU cuenta con el 28 por ciento de las muertes por el virus.

Puede concluirse que el Covid-19 ha expuesto a Estados Unidos como un Estado fallido, según el Independent Media Institute, en un reporte del 29 de mayo. También deja abierta la probabilidad de que haya una crisis constitucional, por los actos y declaraciones de Donald Trump, que es “el presidente más peligroso y, peor aún, el más mortífero” que ha tenido Estados Unidos.

Ante la retórica presidencial que incita más a la violencia que a la reconciliación, una pancarta: STOP to hate US (PAREN de odiarNOS)… US por NOSOTROS (en inglés), que es también la abreviatura de de Estados Unidos.

Y la frase lapidaria: No puedo respirar, que es ya una de las que mejor define a la administración plutócrata y nacionalista de Trump, escondido en el bunker de la Casa Blanca.

https://www.alainet.org/es/articulo/206956 

Protestas: Made in the USA



Varios analistas políticos y periodistas que reportan sobre América Latina han comentado que las protestas que estallaron después del asesinato de George Floyd en Minneapolis y otras ciudades son ejemplo de una supuesta latinoamericanización de Estados Unidos. Otros han indicado que las movilizaciones les producen la sensación de que están en Caracas, México o en Puerto Príncipe. Aunque estas comparaciones parezcan humorosas, la realidad es que se sustentan en viejos estereotipos sociales y raciales que representan a Latinoamérica como una región desestabilizada y Estados Unidos como el modelo de orden, desarrollo y democracia para el mundo. O sea, lo peor que le podría pasar a Estados Unidos es llegar a ser como América Latina.
La realidad es que la actual crisis por la que atraviesa Estados Unidos no viene del sur. Más bien es producto directo de más de 400 años de racismo y discriminación que, aún después de la manumisión en 1865, se manifiesta en las estructuras de poder y en la sociedad estadunidense mediante un sistema de segregación denominado Jim Crow que persistió hasta el final de los sesenta. El racismo estructural que se refleja en el sistema de justicia en Estados Unidos es lo que permite que un policía impunemente asesine, una y otra vez, a una persona afrodescendiente o latina. Es lo que permite que Estados Unidos tenga el número más alto de personas de color encarceladas y detenidas en el llamado mundo desarrollado.
El señor George Floyd no es la primera víctima de este legado, y lamentablemente no será la última. Su muerte se une a un sinfín de hombres y mujeres afrodescendientes que han sido asesinados por policías, como fue el caso de Breonna Taylor, Botham Jean, Freddie Gray, Tamir Rice, Michael Brown, Eric Garner, Laquan McDonald, Philando Castile y Oscar Grant, por nombrar algunos de los casos más recientes. En cada uno de estos asesinatos, la policía ha gozado de impunidad. Podemos agregar a estos casos la experiencia de Ahmaud Arbery, quien fue asesinado por hombres blancos en plena luz del día y a Christian Cooper, quien fue amenazado con violencia policial por Amy Cooper, una mujer liberal blanca, y queda claro cómo el racismo estructural y el cotidiano se entretejen.
La muerte de George Floyd fue la chispa que encendió el polvorín, pero no fue el único factor.
La ira que se expresa en las calles de Estados Unidos representa la acumulada frustración de tres meses de cuarentena, la experiencia de más de 40 millones de personas desempleadas (una de cada cuatro personas), un porcentaje desproporcional de los cuales son afrodescendientes y latino/as. Ante la pandemia, el gobierno establece la categoría de trabajador esencial para asegurar la producción agrícola, pero no ofrece protección laboral ni aumento salarial, y continúa realizando deportaciones de personas indocumentadas. Un porcentaje alto de trabajadores en el campo y en las procesadoras de carne, en su mayoría latino/as y afrodescendientes, se han contagiado de Covid-19. Acentuando las diferencias económicas y sociales y el acceso a los servicios de salud, el Covid-19 ha cobrado un nivel alto de vidas entre la población afrodescendientes y latina. El otro factor que condiciona las protestas es la tremenda carestía y desigualdad que impera en este país, donde 40 por ciento de la población carece de ahorros con qué enfrentar una crisis económica pero donde sólo ocho personas controlan más de la mitad de la riqueza del mundo.
Ésta no es la primera vez que ha habido un estallido social en Estados Unidos. Recordemos las protestas masivas que inspiraron el movimiento de afrodescendientes y chicano/a por sus derechos civiles de los cincuenta y sesenta y las movilizaciones en contra de la guerra en Vietnam y las continuas acciones por los derechos de la mujer y la comunidad LGBTQ. También hay otros precedentes incluyendo la explosión social que ocurrió en Los Ángeles en 1992 después de que los policías que le proporcionaron un ataque brutal a Rodney King fueron liberados.
Aunque la polarización cultural y social siempre ha sido un factor en Estados Unidos, a diferencia de los momentos anteriores, el presidente Donald Trump abiertamente manipula el racismo y la xenofobia para consolidar su poder. Sin duda Nixon, Reagan, Clinton y Bush sutilmente emplearon el racismo para lograr fines políticos, pero Trump lo hace de forma descarada negándose a criticar a grupos supremacistas que abiertamente fomentan el odio como ocurrió en Charlottesville en 2017. Trump promueve la violencia; la semana pasada sentenció por Twitter cuando comiencen los saqueos, que comiencen los balazos, repitiendo así una frase hecha por un jefe de policía racista del sur en los sesenta. Como lo ha hecho en el pasado, Trump buscará manipular los hechos recientes para consolidar su base, y le apuesta al voto del miedo entre la población blanca para asegurar su relección en noviembre de 2020. Lo que aún no queda claro es si los demócratas serán capaces de incorporar las demandas políticas hechas por las personas que tomaron las calles desde la semana pasada.
El tratar de asociar el descontento social y las protestas que han ocurrido en Minneapolis y docenas de otras ciudades con América Latina confirma que todo mal que Estados Unidos enfrenta es por causa externa y no producto de sus propias contradicciones internas. Que quede claro, los eventos que estremecieron a Estados Unidos la semana semana no tienen nada que ver con América Latina.
* Historiadores, Pomona College

Guatemala: La política de los tiempos cortos

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Foto: https://www.vaticannews.va/

El gobierno instaura la política de los tiempos cortos. Transitamos o nos hacen transitar de la amenaza de cierre total del país por quince días a la ampliación real del horario de movilización, sin que el Ejecutivo se digne a justificar las razones de una y otra medida.

Hace muy poco estábamos derrotando la pandemia (3 de mayo, Vamos bien, Giammattei dixit) y hoy empezamos el inicio del ascenso del ciclo de crecimiento acelerado (o algo así) sin que oficialmente se informe, se explique, se debata sobre los impactos, los sacrificios que exige esta etapa, las medidas necesarias (no las que se anuncian en cadena nacional), el tiempo que va a durar esta fase en la que no sabemos si estamos: no importa, dos semanas, un mes, un año, de todas formas vivimos desde marzo en el día de la marmota, y lo que viene es otro día igual (como parece gustar a los gobernantes.

Así estamos, sin estrategias de salud y estrategias sociales que indiquen cómo responder a la crisis derivada del COVID-19 y cómo atenuar la crisis social y económica, que el momento de la pandemia multiplica.

Esta falta de horizonte devela incompetencia técnica e incapacidad de gestión, que existen y en alto grado: por ejemplo, el presupuesto para salud y ayuda social (aunque escaso) no se ejecuta ni llega a la población. Pero la carencia de ruta de amortiguamiento o salida de la crisis revela sobre todo la sujeción de las políticas a las demandas del sector empresarial organizado, que finalmente impone sus criterios economicistas frente al incremento de casos de enfermedad y el número de muertos. Recordemos las presiones insistentes de las cámaras empresariales para reiniciar actividades económicas todavía suspendidas parcialmente, como los centros comerciales (no esenciales) y la construcción de grandes edificios (actividad no esencial, puesto que las viviendas construidas son destinadas sobre todo a sectores económicos de alto nivel adquisitivo.

La política de los tiempos cortos es funcional a la política del beneficio y la ganancia inmediata, que acelera una nueva normalidad igual de excluyente e injusta que la anterior. Es hija del individualismo y la insolidaridad, devenidas en conductas sociales y políticas públicas. Se opera magistralmente a través del ocultamiento de información o la tergiversación de la misma (muertes reportadas por el Ministerio de Salud versus muertes reportadas por el Hospital Roosevelt), la centralización de la toma de decisiones, la exclusión de la población en la definición de políticas.

La apelación imposible a la responsabilidad individual (quédese en casa, lávese las manos, guarde la distancia social) queda como la única medida consistente, a la vez que incoherente, para sobrevivir en este desorden autorizado y controlado. Consistente porque se repite desde el inicio de la propagación de la pandemia. Incoherente porque no tiene en cuenta la realidad social mayoritaria: la necesidad de salir cada día a buscar el sustento, la inexistencia de condiciones para el aislamiento (hacinamiento) en los hogares, la falta de agua y condiciones para la higiene adecuada en muchos hogares. Lo dice el Censo 2018:

•44% de los hogares cuenta solo con 1 dormitorio.

•28% de los hogares cuenta solo con un cuarto para todas sus actividades.

•15 % de los hogares obtiene agua a través de tubería fuera de la vivienda.

•11 % de los hogares comparte el servicio sanitario con otras familias.

La pandemia hegemónica agudiza la crisis estructural. Vivimos en la incertidumbre, la inacción, la mentira, el show mediático, a las puertas de un inminente colapso:

•del sistema de salud (colapso total insostenible, en palabras de médicos del Hospital San Juan de Dios),

•económico y social, por el incremento de la pobreza y el hambre,

•de la institucionalidad y el régimen político, que actúa siempre a espaldas de las demandas y problemáticas sociales. El Estado en general, la clase política y el sector empresarial insisten en mantener los tics autoritarios y excluyentes que definen la historia de este empobrecido país, aunque esta linealidad puede interrumpirse con estallidos sociales espontáneos y diversos, y el incremento de la acción social organizada.

Los tiempos cortos generan incertidumbre y vulnerabilidad social: provocadas, hasta que se les revierta en forma de hartazgo y estalle en los hocicos institucionales. En este momento es especialmente evidente un Estado omnipresente, incluso en su voluntad reguladora del espacio y las decisiones en el ámbito privado, a la vez que ausente e ineficaz en su papel de regulador de la convivencia y garantía de derechos básicos.

Los tiempos cortos tienen que ser respondidos con tiempos largos, aquellos que tienen en cuenta la multicausalidad que multiplica los focos de combustión social (a pesar de la lluvia) y a todos los actores involucrados, no solamente a las élites históricas. Planificación, propuestas integrales, participación social y comunitaria, con acciones construidas a partir de la búsqueda del bien común y el fortalecimiento de los derechos básicos colectivos: miradas y acciones en el corto y largo plazo, que vinculan la crisis coyuntural con la crisis estructural.


https://www.alainet.org/es/articulo/206963

En la mira de la justicia argentina por espionaje ilegal, 15 agentes de AFI


Buenos Aires., Suman 15 los integrantes de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), entre ellos el ex titular de la institución Gustavo Arribas, amigo íntimo del ex presidente Mauricio Macri –quien también está acusado–, que están en la mira de la investigación sobre el nuevo escándalo de espionaje ilegal que alcanzó desde la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner y su hija Florencia, hasta nada menos que el actual jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, hombre de la alianza Juntos por el Cambio, que con el nombre de Cambiemos gobernó entre 2015 y 2019.
La extensa lista de políticos, empresarios, periodistas, religiosos y organizaciones sociales ha creado una fuerte expectativa, con la sorpresa de que no sólo se espiaba a los considerados enemigos por Cambiemos, sino también a los propios, especialmente aquellos que destacaban y podían hacer sombra a Macri, quien aspiraba a relegirse en la presidencia, en este caso Rodríguez Larreta, o la ex gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal.
Entre los aliados, espiaron al jefe de la bancada de Cambiemos, Nicolás Massot, quien tuvo varios enfrentamientos con compañeros de partido; también al ex jefe de Seguridad de la provincia de Buenos Aires Cristian Ritondo, y al vicejefe de la municipalidad de Buenos Aires, Diego Santilli, todos macristas. Figuran por igual magistrados, entre ellos el presidente de la Corte Suprema, Carlos Rosenkrantz, quien, curiosamente, fue impuesto por Macri.
Cuando el ex mandatario llegó al gobierno en diciembre de 2015, estaba bajo proceso por una causa de espionaje ilegal, y aunque está prohibido que un presidente acceda al gobierno en esas condiciones, rápido se cerró esa causa, donde entre los espiados estaba la familia del presidente y sus hermanas Sandra, y Néstor Leonardo, su marido, y la menor Florencia Macri.
A partir de esta investigación se abre la posibilidad de que trasciendan datos importantísimos sobre el espionaje a organizaciones sociales. La pandemia oculta en parte el gran escándalo provocado por estos hallazgos, y además el silencio de los grandes medios masivos de comunicación, que llevan nuevamente a cabo una guerra sucia contra el gobierno de Alberto Fernández.

Corresponsal
Periódico La Jornada

Piñera hace ajustes en el gabinete en pleno auge de la pandemia en Chile

Rotundo fracaso para frenar contagios

Resignado con la crisis de salud, el mandatario se prepara para el próximo estallido social: académico


Santiago. En el peor momento hasta ahora del coronavirus en Chile, con las cifras de mortandad creciendo de manera acelerada y con protestas diarias en las poblaciones pobres, castigadas por el hambre y el desempleo, el presidente Sebastián Piñera realizó ayer un leve ajuste ministerial orientado a los equilibrios políticos en su coalición para apaciguar conflictos, más que al combate de la pandemia, señalaron analistas.
Para el científico social Mauricio Morales, académico de la Universidad de Talca, fue un ajuste pensando en la pospandemia más que en la situación sanitaria, apuntando a fortalecer el gabinete de cara a un segundo estallido social, pues se lleva a cabo cuando Piñera busca un acuerdo en materia de crecimiento y protección social con la oposición. Si hubiese sido un cambio orientado a enfrentar la emergencia sanitaria actual, habría removido al ministro de salud, declaró a La Jornada.
A un ritmo próximo a 5 mil contagios diarios, Chile llegó ayer a 119 mil infectados; los muertos suman ya mil 356 y la tasa sube.
–¿Significa esto que Piñera está resignado a que la evolución de la pandemia ha escapado de control?
–Piñera está resignado con dos cosas. Primero, con que la pandemia se descontroló de manera más que evidente, y que el discurso de la nueva normalidad se ha derrumbado como un castillo de naipes. Segundo, con que la tesis del siguiente estallido está muy viva dentro del gobierno. El mandatario sabe que la combinación de pandemia, crisis económica y estallido social, podría ser fatal para su gobierno y para la democracia chilena, por lo que está tomando resguardos. Como siempre le ha sucedido, elevó muy rápido las expectativas, anunciando un retorno seguro cuando las cifras empeoraban día a día. Resignado a que el virus no retrocede y a que se aproxima un invierno crudo en el más amplio sentido de la palabra, se está preparando para enfrentar la inevitable crisis social que se aproxima.
–¿Podrá capitalizar el presidente la entrega de alimentos, la cual según los alcaldes es lenta y caótica por la desesperación que causa su tardanza?
–Los alcaldes han sido la gran piedra en el zapato para Piñera. El problema del gobierno es que anunció esta ayuda sin tener un plan de acción concreto, por lo que de inmediato los alcaldes se le fueron encima. Son ellos los que ven a diario la desesperación de los más pobres y, por eso mismo, son ellos los más interesados en apurar la entrega de esas cajas. La idea del gobierno es anunciar periódicamente el número de cajas que se están entregando, para de esa forma tener el monopolio de esta acción e intentar capitalizar algo de popularidad. El proceso ha sido lento, pero la ayuda está llegando. La gran interrogante es si los ciudadanos verán esta ayuda como proveniente directamente del gobierno, o si es gracias a los alcaldes.

Especial Para La Jornada
Periódico La Jornada

Crece el repudio entre militares de EU a sacar el ejército a las calles

Servicios fúnebres por Floyd

¡Quiten sus rodillas de nuestros cuellos!, claman veteranos defensores de derechos civiles



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▲ Manifestantes que exigen justicia por la muerte del afroestadunidense George Floyd durante un arresto policial, ayer luego de un servicio religioso en su memoria celebrado en una universidad cristiana privada en Minneapolis, Minnesota.
Nueva York., Dos ex generales más se sumaron al repudio a la amenaza de Donald Trump de militarizar la represión contra manifestantes, mientras se celebraron ceremonias fúnebres en memoria de George Floyd –el afroestadunidense asesinado por policías en Minneapolis que detonó una ola de protestas que continuaron por décimo día consecutivo– donde veteranos líderes de derechos civiles y una nueva generación de activistas condenaron la violencia racista sistémica en Estados Unidos y declararon: quiten sus rodillas de nuestros cuellos.
El general retirado de cuatro estrellas, ex comandante de las fuerzas en Afganistán y de la OTAN John Allen, se sumó al creciente elenco de altos mandos militares que han condenado la amenaza del comandante en jefe Trump, de desplegar tropas contra los estadunidenses que protestan contra la violencia oficial a minorías como una violacion de la Constitución y un peligro para la democracia estadunidense.
Allen inicia su condena en un ensayo titulado: Un momento de vergüenza nacional y peligro –y esperanza publicado en Foreign Policy afirmando que podríamos estar viendo el inicio del fin de la democracia estadunidense con la amenaza del presidente de desplegar tropas contra sus conciudadanos.
Trump, indica, está calificando a los manifestantes de terroristas y el enemigo, pero la abrumadora mayoría de los que protestan están furiosos por la injusticia, la encarcelacion masiva, los frecuentes arrestos falsos, y una devaluación institucional de vidas propiedad de afroestadunidenses. De hecho, señala que la amenaza terrorista real no proviene de los manifestantes ni de radicales de izquierda, sino de supremacistas blancos que son responsables de la violencia racista en este país desde sus inicios. “Mucho más daño a Estados Unidos ha provenido de estos terroristas –fascistas, el Klan y neonazis, todos sintiéndose nuevamente empoderados hoy– que aquellos que se les oponen”.
Aunque Allen concluyó que estos han sido días oscuros para esta democracia, también indicó que los manifestantes y su aliados podrían ser el rescate: esto podría ser el inicio del cambio de la democracia estadunidense no al liberalismo, sino a las luces. Pero eso tendrá que venir desde abajo hacia arriba. En la Casa Blanca, no hay nadie.
Por su parte, John Kelly, ex general y ex jefe de gabinete de Trump, expresó su apoyo al ex secretario de Defensa James Mattis, quien esta semana condenó de manera fulminante el manejo de Trump de este momento, al acusar que estaba colocando en riesgo la democracia, y comparar el comportamiento presidencial con la propaganda nazi. Trump, como era de esperarse, tildó a su ex secretario de Defensa de general sobrevaluado a quien él despidió, pero Kelly, en comentarios al Washington Post, señaló que no fue así y sostuvo que Mattis es un hombre honorable.
Con ello, Allen y Kelly se suman a Mattis y a dos ex jefes del estado mayor, el almirante Mike Mullen y el general Martin Dempsey, en denunciar la propuesta de Trump de emplear la llamada Ley de Insurrección de 1807 para desplegar tropas militares contra las protestas con la justificación de la ley y el orden.
Mientras, el procurador general continuó promoviendo la línea del gobierno de Trump, de que los disturbios son provocados por grupos extremistas de izquierda como Antifa –el cual no es un grupo, sino una red informal de activistas que favorece la “acción directa– y afirmó: tenemos evidencia de que han secuestrado las protestas buscando incitar a la violencia.
En Minneapolis se realizó la ceremonia fúnebre en memoria de Floyd, con su familia y la presencia de varios líderes veteranos de derechos civiles como el reverendo Jesse Jackson, Martin Luther King III, un hijo del reverendo Martin Luther King, y el reverendo Al Sharpton, quien declaró: “la razón de que nosotros nunca podíamos ser quien queríamos y soñábamos ser es que ustedes mantuvieron sus rodillas en nuestros cuellos… Es hora de que nos levantemos en nombre de George y decir: ¡Quiten sus rodillas de nuestros cuellos!”
Al concluir el acto, los congregados mantuvieron silencio por 8 minutos y 46 segundos, el tiempo que el policía blanco Derek Chauvin mantuvo su rodilla sobre el cuello de Floyd. Ese rito simbólico se ha  repetido en las calles durante las manifestaciones que han sacudido a más de 140 ciudades por todo el país.
Otros actos en memoria de Floyd se realizaron en Nueva York. Miles acudieron a un parque en Brooklyn, donde el hermano del asesinado declaró que estaba orgulloso de las protestas en las calles, pero no de la destrucción, y el alcalde de Nueva York, Bill De Blasio, intentó ofrecer un discurso pero ante el abucheo masivo se vio obligado a retirarse.
En estos actos y otros se repitió la frase de que Estados Unidos sufre una pandemia de racismo.
En Nueva York, médicos, enfermeras y otros trabajadores del sector salud de seis hospitales se manifestaron en solidaridad con el movimiento Black Lives Matter: “hemos sido llamados héroes por  levantarnos ante el desafío de trabajar en las trincheras contra la pandemia del Covid-19. Ahora nos levantamos contra la injusticia racial y en la lucha contra esa enfermedad insidiosa que es la violencia  policiaca… Es nuestro deber luchar contra el racismo que mata a nuestros pacientes y comunidades”.
Las marchas continuaron por décimo día consecutivo por todo el país, donde después de las acusaciones formales presentadas contra los cuatro policías esta semana, han disminuido los disturbios. Sin embargo, continuaron brotes de violencia, en gran parte por algunos policías.
El saldo de arrestos en el transcurso de 10 días superó 10 mil, reportó la agencia Ap, y se sigue denunciando el uso de violencia indebida por fuerzas de seguridad pública contra manifestantes y representantes de los medios. A la vez, también se siguen registrando expresiones de solidaridad sin precedente de integrantes de las fuerzas de seguridad pública, incluidos jefes de policía de varias ciudades.
Mientras, se reportó que más barreras aparecieron alrededor de la Casa Blanca, donde ayer se construyó otra valla de protección a su alrededor, llevando a varios a comentar que Trump inició su presidencia prometiendo proteger al país con un muro en la frontera, pero acabó construyendo un muro a su alrededor para protegerse de estadunidenses. El senador Patrick Leahy se burló de que México no está pagando por el muro alrededor de la Casa Blanca.

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Corresponsal
Periódico La Jornada

viernes, 5 de junio de 2020

Líderes políticos se comprometen a luchar contra el racismo en Canadá



El primer ministro de Canadá, Justin Trudeau. (Foto: Canadian Press / ADRIAN WYLD)

Por Rufo Valencia

El primer ministro liberal canadiense, Justin Trudeau, y sus rivales de la oposición se comprometieron el lunes a luchar contra el racismo en el país mientras continuaban las violentas protestas en Estados Unidos tras la muerte de un hombre negro bajo custodia policial en Minneapolis la semana pasada.

Manifestación de protesta por la muerte del afro-estadounidense George Floyd en Houston el martes 2 de junio de 2020. Floyd murió después de que un policía de Minneapolis le aplastó el cuello de Floyd por casi nueve minutos, incluso después de que dejara de moverse y de pedir aire. (Foto AP/David J. Phillip)

Miles de personas organizaron una protesta pacífica el sábado en Toronto para exigir respuestas a la muerte de Regis Korchinski-Paquet, una mujer negra de 29 años que cayó desde el balcón de su apartamento en el piso 24 la semana pasada mientras la policía estaba presente.

Miles de personas marcharon por las calles del centro de Toronto el sábado por la tarde denunciando la violencia policial y el racismo.(Foto: Michael Charles Cole/CBC)

Vancouver y otras ciudades canadienses también fueron escenario de protestas pacíficas durante el fin de semana, pero las tensiones aumentaron después de una marcha en Montreal el domingo, en la que los manifestantes rompieron ventanas y provocaron incendios.

Trudeau se dirigió a los «jóvenes negros canadienses» durante su conferencia de prensa diaria este lunes, diciendo: «Quiero que sepan que los estoy escuchando y que su gobierno siempre los apoyará. Juntos, seguiremos tomando medidas significativas para luchar contra el racismo y la discriminación en todas sus formas».

El primer ministro también condenó el vandalismo en Montreal.

Trudeau ha hablado durante mucho tiempo de la necesidad de acabar con el racismo, pero su campaña en busca de su reelección estuvo a punto de descarrilarse el pasado mes de septiembre después de que aparecieran fotos suyas disfrazado de negro durante sus años de juventud.

Andrew Scheer, jefe de los conservadores en el Parlamento canadiense. THE CANADIAN PRESS/Cole Burston

El jefe de los conservadores canadienses, Andrew Scheer, que encabeza el derechista Partido Conservado, que conforma la oposición oficial, también se pronunció contra el racismo.

Por su lado, el jefe del Nuevo Partido Democrático, Jagmeet Singh, el primer líder proveniente de una minoría étnica a la cabeza de un partido político federal, habló del asesinato en Minneapolis de George Floyd, que desencadenó las protestas.

Jagmeet Singh, líder del Nuevo Partido Democrático. THE CANADIAN PRESS/Sean Kilpatrick

«Cuando ves a alguien que se parece a ti siendo asesinado de esa manera, te hace sentir como si no tuvieras ningún valor, que tu vida no tiene valor.» 

Jagmeet Singh, jefe del Nuevo Partido Democrático en el Parlamento canadiense.

Interrogada si las manifestaciones podrían ocasionar una nueva oleada de casos de coronavirus, la ministra de Salud de Canadá, Patty Hajdu, dijo que la gente debería llevar desinfectante para las manos, usar una máscara y tratar de mantener una distancia segura si asisten a una marcha de protesta.

Fuentes: CBC / Reuters / Canadian Press / RCI

Covid-19: secretos cubanos


Ha existido negligencia, dijo el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, en relación con un nuevo brote de Covid-19 reportado en La Habana. Este hecho nos ha demostrado que, aun con la experiencia que tenemos en el enfrentamiento a la enfermedad, todavía cometemos errores, y cuando hay un descuido miren lo que sucede, añadió. En efecto, cuando parecía que la pandemia iba en retirada, sin nuevos casos ni defunciones en la inmensa mayoría de las provincias, la capital cubana sufrió dos nuevos brotes. El lunes 1º de junio se reportaron 38 nuevos casos, la cifra más alta de los últimos 28 días, 32 de ellos debidos al nuevo foco de que habló el presidente, causado por negligencias administrativas en la tienda La Época, donde una trabajadora estuvo asistiendo cinco días a laborar, a pesar de presentar síntomas. Díaz-Canel comentó que era el mayor brote enfrentado en el país. Mientras, el gobernador de La Habana explicó que de los 57 casos reportados en los dos últimos días, 44 corresponden al foco en la tienda, lo que ha modificado el ostensible descenso del mal que se venía observando en la capital.
Ese y otro foco surgido en los laboratorios farmacéuticos AICA, aparentemente provocados por la pareja de alguien infectado en La Época, ya están en proceso de control y abatimiento. Pero aportan una importante alerta no sólo para Cuba, tal vez principalmente para otros países en etapas de contagio ascendente como México, donde la percepción de riesgo tiende a relajarse y la movilidad social a incrementarse considerablemente en cuanto se avanza hacia la nueva normalidad, o debido al cansancio provocado por el encierro de meses. Como ha dicho también Díaz-Canel, en la confianza está el peligro.
El enérgico ataque a estos dos brotes ejemplifica cómo se desmantelan en la isla las cadenas de contagio. Todos los contactos conocidos de los infectados en esos dos focos están bajo vigilancia por el sistema de atención médica primaria y en algunos casos internados en centros de aislamiento. A la vez, en ambos casos se ha procedido a realizar muestras PCR a todos los trabajadores, mientras los infectados, según su estado, se encuentran ingresados en hospitales o en su casa, también bajo vigilancia del sistema de atención primaria.
Cabe señalar que en Cuba se han realizado 110 mil 349 pruebas PCR, o de biología molecular; de ellas, 2 mil 107 positivas, que representan 1.9 por ciento del total. En resumen, se mantienen ingresados confirmados 192 pacientes en total y de ellos 188 (97.9 por ciento) presentan evolución clínica estable; 176 de ellos pertenecen a La Habana por las razones explicadas.
Dada la situación de la capital, la autoridad sanitaria instruyó la realización de mil 500 muestras diarias en el territorio en esta etapa para tener mucho más claro el panorama epidemiológico, pues la gran cantidad de contagiados asintomáticos o con síntomas muy leves, no permite confiar sólo en el resultado de la observación clínica de los pacientes.
Adicionalmente, Cuba está desarrollando un estudio único hasta ahora en nuestra región para obtener estimaciones precisas del estado inmunológico de la población, indagar la evolución de la pandemia a escala nacional e identificar los factores de riesgo más importantes. Se trata de ir a buscar nuevos casos con Covid-19 aplicando más de 4 mil pruebas de anticuerpos a personas seleccionadas de forma aleatoria en unos 70 municipios, lo que permitirá llegar a muchos lugares donde no se reportan signos de la enfermedad y detectar portadores y asintomáticos. Esta prueba se ha desarrollado en seis semanas con esfuerzos de varios centros de investigación. Se basa en una tecnología cubana prexistente, el Sistema Ultramicroanalítico (Suma), cuya fiabilidad se ha demostrado a lo largo de los años frente a enfermedades infecciosas y otras. Para su aplicación se cuenta con 242 laboratorios y personal experimentado en todo el país. Esta acción, combinada con las muestras PCR, permitirá adoptar las medidas epidemiológicas necesarias para evitar que se siga diseminando el patógeno. El Suma es empleado por 300 laboratorios en 10 países de América Latina.
Cabe añadir que la Biomodulina-T mencionada en la primera parte de esta entrega, es probadamente eficaz desde 1994 para prevenir enfermedades respiratorias a repetición y ha sido muy exitosa en prevenir que contraigan el Covid-19 todas las personas a las que se les ha inyectado en los hogares de ancianos y otras seleccionadas, por lo que se proyecta extender su aplicación a otros grupos de riesgo en la isla.
Reitero, sin la previsión y el impulso personal de Fidel, Cuba no dispondría hoy de 95 mil galenos, la mayor proporción en el mundo por habitante, ni la exportación de servicios médicos fuera su primera fuente de divisas, sin desdeñar la exportación de productos biotecnológicos. Es ello lo que permite que hoy en México, casi 800 trabajadores sanitarios cubanos combatan el coronavirus en estrecha hermandad con sus colegas mexicanos.
Twitter: @aguerraguerra03.

EU ¿bajo asedio de Trump?




A plazo la segunda entrega del trabajo sobre el sector energético bajo asedio porque tal parece que con Donald Trump, la ultraderecha y sus cuerpos de acción en la Casa Blanca, el que está bajo asedio es Estados Unidos. En la potencia norteña se sabe, desde el inicio mismo del siglo XXI, y el 11/ S, que es posible lanzar en EU una intentona contra la Constitución y los derechos civiles tan frecuentes en sus operativos diplo-militares en Latinoamérica y el Caribe. Al menos 40 ciudades de EU están bajo toque de queda con la Guardia Nacional en 15 estados, por la protesta general ante la atroz ejecución de George Floyd perpetrada por la policía de Minneapolis.
Asesinar afroestadunidenses: he ahí la marca de la esclavitud y del endémico racismo, admirado por el régimen nazi y alentado por un Trump agazapado en el búnker de la Casa Blanca durante días de protestas ¿en embeleso con el modus operandi de los nazis, lanzando dinamita al tanque del estallido social vía tuits, como queriendo incendiarlo todo como en el incendio del Reichstag? Él tampoco convocó a la unidad nacional. Jerrold Nadler, coordinador de Asuntos Judiciales de la Cámara de Diputados de EU dijo que Trump siempre ha querido ser un dictador.
Luego de varios días, sale Biblia en mano para la foto y mientras dice apoyar manifestaciones pacíficas, su policía en simultáneo lanzó gas lacrimógeno, granadas cegadoras y balas de goma. Acusa a demócratas y a terroristas de izquierda de los saqueos y amenaza con despliegues militares. A sabiendas que la ley permite al Ejecutivo ese despliegue sólo a petición de los gobernadores, Trump dijo si ante desmanes los gobernadores no me lo solicitan, lo haré por ellos. El sesgo hitleriano de Trump me lo advirtió Roberto Fernández Retamar, el notable historiador y presidente de Casa de las Américas, enviándome copia del libro de James Whitman, Hitler’s American Model (El modelo estadunidense de Hitler, Princeton, 2017).
Al revisar un acervo documental del Tercer Reich, Whitman se topó con valiosos testimonios en los abundantes registros taquigráficos de lo dicho en sesiones convocadas por Hitler desde el Ministerio de Justicia para generar las leyes raciales del Reich, tarea a cargo del ministro Franz Gurtner, quien presidió las reuniones entre abogados expertos en la elaboración e interpretación de leyes, con integrantes clave de la cúpula gubernamental nazi. Al inicio Gurtner presentó un memorándum especificando al detalle las leyes raciales de EU, material base en las sesiones, referido por los participantes como el modelo estadunidense de legislación racial. Para Whitman “es de lo más significativo que los nazis más radicales ahí presentes, de manera recurrente mencionaron esas leyes como la pauta a seguir por Alemania. De ahí emanó una atrocidad judicial: la feroz legislación antijudía, que incluyó a mestizos, mulatos y gente de color. Entre los admiradores del supremacismo blanco del sur de EU estaba Roland Freisler, quien luego presidió la Corte del Pueblo Nazi, cuya actuación fue aterrorizante, expresión clave de la salvajada judicial de las Leyes Nuremberg. En ese registro taquigráfico, Whitman encuentra sorprendente, en particular, descubrir que los nazis más radicales presentes eran los campeones más ardientes de las lecciones y perspectivas raciales de EU para Alemania”. Las fuentes del involucramiento nazi con la ley racial son variadas. A finales de los años 20 y 30, dice Whitman, “los nazis y el mismo Hitler se interesaron en la legislación racista de EU. En Mi Lucha, Hitler celebra a EU como el único estado que ha progresado hacia la creación de un orden racista del tipo de las Leyes de Nuremberg que estamos intentando establecer”.
El nacional trumpismo opera desde una base electoral que apoya la relección del magnate, objetivo central de su actuación orientada al fomento de la conflictividad, auxiliado por quienes saquean, queman y violentan ofreciéndole oportunidades para aparecer, según su preferencia electorera. La ley y el orden encubren su fracasado manejo del Covid-19 con resultados tan trágicos o aún más, que los cosechados por su par brasileño, el otro rotundo fracaso epidemiológico que arrastra enorme sufrimiento a millones de familias. A Trump sólo le importa su relección, con él de campeón de la mano dura, no como quien preside una economía que añade 40 millones de desempleados, en un medio global que va hacia una crisis, como advirtió Istvan Mészáros, que hará parecer a la Gran Depresión como una tarde de té en la vicaría, con EU como epicentro de eso y de la pandemia. El despliegue de la fuerza militar contra su población con la equívoca idea de eliminar su imagen como la personificación de la decadencia intelectual y moral de EU es asunto de alto riesgo mundial.
En EU persisten un atroz racismo escudado en un diseño judicial corrupto. Ambos deben desaparecer.
Facebook: JohnSaxeF

La derecha española se moviliza al son del idiota social




Mientras Madrid resiste al coronavirus, la ciudad muestra sus desigualdades, carencias y distintas formas de habitarla. Barrios burgueses viven el confinamiento como si se tratase de una prisión. Se sienten atrapados en sus casas de cientos de metros cuadrados o en sus chalets con amplios jardines y servicio doméstico. No aceptan la cuarentena, buscan culpables y lo encuentran en adjetivar el gobierno como un régimen filo-comunista, bolivariano y terrorista. Cansados de ser tratados como iguales ante la ley, aducen a sus derechos individuales para violar las normas que rigen el estado de emergencia. Ellos pueden hacer y deshacer a su antojo. No les pidan responsabilidad social. La pandemia no va con ellos. En una Comunidad Autónoma como Madrid, gobernada desde hace décadas por la derecha, la cifra de muertos por coronavirus alcanza ya 19 mil 175 personas, de las cuales 5 mil 972 son ancianos fallecidos en sus residencias. Los señoritos, hasta ahora intocables, miran hacia otro lado. Se retratan. Su actitud ha sido renegar de cualquier muestra de reconocimiento al personal sanitario y de paso a lo público. No participan de los aplausos que se producen día tras día a las 20 horas para honrar a los muertos y apoyar la sanidad pública.
La derecha madrileña vive en su mundo. Ellos no dan palmas. ¿Por qué deben salir a sus balcones a mostrar su respeto a los trabajadores de los servicios esenciales que han mantenido en pie el abastecimiento de la ciudad? ¿A los del trasporte público, supermercados, farmacias o gasolineras? No hay motivo. Eso sería tanto como proteger el bien común. Su razonamiento es otro. Se les ha privado de la libertad de movimientos. Se consideran rehenes de un Estado totalitario. Y las analogías no faltan. Sus ideólogos no pierden el tiempo para movilizar al idiota social. Vargas Llosa, Aznar, Casado, Rivera, acompañados de las autoridades locales emprenden una nueva cruzada. En Madrid su alcalde, Díaz Almeida, y la presidenta, Díaz Ayuso, se han trasformado en adalides del idiota social. Ellos los consideran un referente. Solicitan que se manifiesten y rompan el sistema carcelario, dirán, impuesto por un gobierno que busca acabar con la economía de mercado.
Promovidas por la derecha, violando las normas mínimas de salud impuestas en cuarentena, sushuestes buscan notoriedad. En sus afiebrados actos, como idiotas sociales, no respetan la distancia de seguridad, ni son capaces de entender que su comportamiento pone en riesgo la vida de los demás. Van a lo suyo. Hacen ruido, mucho ruido, golpean cacerolas, a la par que gritan consignas pidiendo la dimisión del gobierno, dan vítores a las fuerzas armadas y sus equipos de música emiten marchas militares, acompañadas del himno nacional. Ondean banderas, y se cubren el cuerpo con ellas. Portan cristos, celebran misas y rezan pidiendo a Dios les conceda sus peticiones. Reclaman acabar con el confinamiento. Quieren ir de compras, comer en los restaurantes estrellas Michelin, pasear por la Milla de Oro, consumir y sobre todo explotar a sus trabajadores, con el pretexto de retomar la actividad productiva y empresarial. Se consideran los únicos damnificados. No tienen conciencia social ni sentido del bien común, les mueve el egoísmo, el odio y la codicia. Aprovechan cualquier situación para expresar su descontento e inundar las redes de noticias falsas. Todo es válido si el objetivo, hacer caer el gobierno, se consigue. No les preocupan los miles de víctimas del Covid-19, consecuencia de un sistema sanitario debilitado por lasprivatizaciones y residencias de la tercera edad, donde la finalidad ha sido siempre ganar dinero. Los mayores son un buen negocio. Hay que explotarlo. La democracia es cuestión de pobres. Son los muertos de hambre, los sin techo, sin trabajo, los jubilados, los trabajadores a tiempo parcial, con contratos basura quienes exigen cambios y políticas públicas de calidad. Ellos, por el contrario, son gente de bien, empresarios, emprendedores. Sus barrios cuentan con zonas verdes, centros comerciales, cines, teatros, restaurantes de lujo, colegios y clínicas de uso exclusivo. Gozan de un servicio de recolectores de basuras ad-hoc, sus calles están iluminadas y una policía complaciente les rinde pleitesía. Ahora demandan recuperar lo que han dejado de ganar. Ellos no solicitan las migajas del pastel, se sienten dueños del pastel. Por eso se manifiestan. Así, las derechas del mundo movilizan al idiota social, cuya característica esencial es no poseer un ápice de inteligencia. Fácilmente manipulable hace lo que se le ordena. Incapaz de ejercer el juicio crítico y la reflexión, simplemente actúa como parte de un rebaño. En conclusión, respetar el bien común, preocuparse por sus conciudadanos, es cosa de necios. Así, un ejército de idiotas sociales recorre el mundo como expresión de una derecha que ha perdido los papeles y sólo le interesa la política de cuanto peor, mejor. Ellos salvarán a la patria.

EU: ¿hacia una ruptura institucional?

Editorial La Jornada



El secretario de la Defensa de Estados Unidos, Mark Esper, expresó ayer su desacuerdo con que se invoque la Ley de Insurrección para que los militares frenen las multitudinarias protestas contra el racismo y la brutalidad policial, pues consideró que las tropas en activo sólo deberían ser usadas como último recurso y sólo en las situaciones más urgentes y graves. El jefe del Pentágono también reconoció como error el haber posado junto al presidente Donald Trump para una fotografía frente a la iglesia de San Juan, en los terrenos de la Casa Blanca. Cabe recordar que, con el único propósito de hacerse retratar en el sitio, Trump ordenó un operativo de corte bélico (incluida la presencia de un helicóptero artillado) para desalojar una manifestación pacífica que ocurría fuera de la residencia oficial.
Este distanciamiento del encargado de las fuerzas armadas con respecto a la actitud incendiaria del magnate debe leerse en dos sentidos. Por una parte, constituye un motivo de alivio en medio de las tensiones creadas por el asesinato del ciudadano afroestadunidense George Floyd a manos de un policía blanco en la ciudad de Minneapolis, las cuales han sido sistemáticamente exacerbadas por la irresponsabilidad del mandatario.
Por otra parte, es inocultable que los dichos de Esper prefiguran una ruptura institucional sin precedente en la historia estadunidense y dan cuenta del nivel de aislamiento al que se ha condenado Trump al persistir en dislates como el de calificar a las manifestaciones con-tra la brutalidad policial de terrorismo doméstico, o llamar débiles a los alcaldes y gobernadores que no echan mano de las fuerzas armadas para ahogar el descontento social. Acaso la muestra más simbólica del creciente alejamiento entre el magnate y la realidad se encuentra en los gestos de solidaridad adoptados por agentes de policía de diversas ciudades de Estados Unidos, quienes han puesto una rodilla en tierra frente a los manifestantes como señal de empatía con la lucha contra la discriminación racial.
Las declaraciones del jefe del Pentágono y los gestos de los agentes conscientes dejan patente que en las calles de Estados Unidos no hay un enfrentamiento de malvivientes y perdedores contra la ley y el orden –por usar las palabras de Trump–, sino una expresión multitudinaria y mayoritariamente pacífica de hartazgo contra la intolerable desigualdad que padece la minoría negra. Asimismo, indican que entre los uniformados existe descontento por verse obligados a cumplir órdenes irracionales y absurdas en contra de la población a la cual deben proteger.
Está claro que, de cara a las elecciones presidenciales de noviembre próximo, Trump apuesta a repetir la fórmula que lo llevó a la Casa Blanca en 2016: agudizar las tensiones existentes en la sociedad estadunidense a fin de explotar las fobias del amplio espectro conservador. Como es costumbre en la conducta del político republicano, se trata de una apuesta al todo o nada: bien puede obtener los réditos electorales que espera y salirse de nueva cuenta con la suya, o puede llevar al desgarramiento del conjunto de la institucionalidad y llevar a su país al abismo.
Cabe esperar que el resto de la clase política haga gala de la sensatez y la temperancia de las que carece tan notoriamente su líder formal.

De qué no será capaz Trump para reelegirse

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La humanidad recordará siempre, con tristeza y dolor, la forma trágica en que concluyeron las hostilidades de la Segunda Guerra Mundial en el teatro de operaciones de Asia y el Pacífico.

El 6 de agosto de 1945, Estados Unidos aerotransportó e hizo estallar sobre la ciudad japonesa de Hiroshima una bomba atómica que asesinó de manera alevosa a 80.000 personas; cifra que aumentó a 200.000 hasta 1950 a causa de los efectos persistentes de la radiación nuclear. Tras aquel horrendo crimen de lesa humanidad en Hiroshima, en vez de mostrar su arrepentimiento poniendo fin a semejantes acciones contra civiles, los líderes políticos de Estados Unidos prosiguieron en sus empeños por la dominación del mundo con la amenaza del uso de la bomba atómica en función de sus intereses.

En la segunda ocasión lo hicieron sobre una ciudad aún más poblada, Nagasaki, donde el presidente Harry Truman se convirtió en el asesino de unos 300.000 seres humanos adicionales.

El mensaje era evidente y claro: Estados Unidos posee un arma terrible y está dispuesto a usarla contra cualquier nación que se oponga a su dominación mundial.

El gobierno del Japón era entonces una dictadura militar que nominalmente encabezaba un Emperador que había aplastado toda disidencia democrática, había proscrito al partido comunista del país y practicaba una política exterior muy agresiva contra sus vecinos. En diciembre de 1941, el imperio japonés -que había ocupado una parte considerable de las costas de China, Corea y las colonias francesas de Indochina (Vietnam, Laos y Camboya) cometiendo atrocidades en gran parte de las Indias Orientales Holandesas (Indonesia) -atacó a Hawái, una posesión de Estados Unidos.

Pero, no obstante aquellas victorias iniciales, en 1945 Japón era ya un imperio derrotado. Había perdido sus reservas de petróleo y su flota naval había sido destruida. La Alemania nazi, su mayor aliado, se había rendido en mayo del 45.

En junio de 1945, el gobierno de Japón había comunicado a los gobiernos neutrales de Suecia, Suiza, así como a su más fuerte contrincante, la Unión Soviética, su deseo de paz, solicitando, como una única condición para rendirse, que su emperador se mantuviera como jefe nominal del Estado nipón.

No obstante lo anterior, son muchos los que aún hoy, a 75 años de aquella monstruosa falacia, aceptan como cierta la mentira con que el entonces presidente estadounidense, Harry Truman, justificó la utilización del arma atómica tras el genocidio. “Hemos utilizado la bomba atómica para acortar la agonía de la guerra, con el fin de salvar las vidas de miles de jóvenes estadounidenses”. Aquella horrenda mentira -consistente en el ocultamiento de la disposición de Japón a poner fin a las hostilidades con una rendición prácticamente incondicional que habría ahorrado a la humanidad decenas de miles de muertos, heridos y recursos materiales fue el arma letal que usó el gobierno de Estados Unidos para prolongar innecesariamente la guerra unos días en aras de sus espurios objetivos de dominación global.

Desde entonces, Washington no ha cesado en la preparación de un enorme potencial militar en aras de ese objetivo. Ha adoptado una doctrina de guerra preventiva, ha planeado la militarización del espacio y, tras los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001, en su propio territorio desató la “guerra contra el terror”, utilizada para justificar agresiones alrededor del mundo y un estado de guerra permanente en el que el umbral para el uso del arma nuclear desciende cada vez más y su uso parece siempre sólo cuestión de tiempo.

El mundo vive hace algunas décadas pendiente de probables desenlaces nucleares de los “conflictos” que desata Washington en cualquier lugar del mundo ya sea para imponer o impedir algún tratado de libre comercio por medios violentos; derrocar los gobiernos que él mismo califica de “fallidos” y los movimientos populares que resisten el imperio corporativo mundial; promover el despojo del petróleo y otros recursos en los países más débiles, u otros fines incalificables. Con un idiota tan caracterizado por sus mentiras y trampas como Trump que sufre la población estadounidense actualmente como Presidente, a la Humanidad no le queda más remedio que resignarse a esperar un fenómeno de inteligencia popular en la ciudadanía de esa gran nación que impida que esta nueva vez el magnate no pueda manipular su elección con cualquiera que sea el ignominioso recurso a que apele para violar la voluntad popular.

Mucho más peligroso en el ambiente tan cargado de oprobios que ha creado el racismo en estos días con el alevoso asesinato del ciudadano negro estadounidense George Floyd por un policía blanco en la ciudad de Minneapolis, en el estado de Minnesota.

1º de Junio de 2020

Publicado originalmente en el diario ¡POR ESTO! de Mérida, México.

https://www.alainet.org/es/articulo/206957