Somos un Colectivo que produce programas en español en CFRU 93.3 FM, radio de la Universidad de Guelph en Ontario, Canadá, comprometidos con la difusión de nuestras culturas, la situación social y política de nuestros pueblos y la defensa de los Derechos Humanos.

jueves, 25 de mayo de 2017

Teoría de la Risa Falsa





Estrategias (antipáticas) para cierta "convivencia" 

Fernando Buen Abad Domínguez

Rebelión/Instituto de Cultura y Comunicación 

 

Pocas expresiones humanas son más desagradables (dicho con cautela) que las risas falsas. Y sin embargo abundan. Allá donde uno va encuentra, sin atenuantes, alguien dispuesto a sonreír, reír o carcajearse de manera falsa y, no pocas veces, estruendosa. Bajo el supuesto –estereotipado- de que "con una sonrisa se logra todo" tenemos a granel aventureros de la antipatía dispuestos a echarnos en cara una risotada sonora y falaz para auto-complacerse, convencido de que eso es "simpático". Y uno quisiera salir huyendo.

 Convertidas en muecas huecas, para una convivencia de fachada, las sonrisas falsas provienen de fuentes diversas. Unos piensan que es cortés (y de buena educación) interactuar, con todo mundo, muñido de algún estiramiento de labios más o menos creíble. Que eso ayuda a vender o a convencer a otros de que se es persona "segura", "sincera" y "divertida".  En no pocos manuales de "relaciones públicas" se exige y se entrena a los trabajadores para que logren "naturalidad" en su sonreír falso y, no pocas veces, buscan y buscan en las revistas "del corazón" por ejemplo, una sonrisa imitable bien ensayada por alguna "estrella" del glamour político, empresarial o de la farándula. Formas de la extorsionar a la simpatía.

Se puede decir que una persona sufre de risa falsa cuando representa, confiado en nuestra complicidad, una especie de contracción de los músculos de la cara, parecida a la risa. Es una forma de aparentar una expresión con la que se finge lo que en el fondo son otros sentimientos. La risa falsa puede ser una enfermedad que se origina de cierta urgencia por ser aceptado a toda costa y que perturba el sentido común. El reidor falso también retuerce los labios, hace como que ríe, parece risa que busca la solidaridad de otros que no siempre tienen razones para contemporizar ni ser solidario. Es una falsedad urgida de connivencia  que no es fácil si no se tiene habilidades pertinentes, ganas o paciencia.  

También los mass media educan al "público"  para adquirir una risa o sonrisa que opera como defensa psicológica para conjurar cargas de angustia que, cuando se generalizan las defensas, pierden estructura y se convierten en gesto neurótico, perverso o psicópata lleno de culpa, vergüenza o asco. El sonreidor impostado se construye una fantasía "plena de goce" en donde la sonrisa falsa es, muy a su pesar, la manifestación de un delirio de simpatía falaz. Se trata de sonrisas o risotadas producto de montajes mentales delirantes que no ocurrirían sin una lógica de las apariencias donde sujetos interlocutores también viven y practican el goce de lo falso, del engaño, de los discursos para quedar bien con todos. 

Nos dejan ver que en el delirio del que sonríe falsamente, solo queda reinante él en su escenario mental que con piel de oveja esconde entre "risas" sus más profundos complejos sublimandos (con risas falsas) en aparentes luchas contra la indiferencia, la negación o el desprecio ajeno. Y sin embargo en el fondo, esas risotadas falaces guardan dentro de sí un profundo miedo e inseguridad en el que tal risotada es su espejo barnizado con vehemencia protagónica porque sienten no ser aceptados sino a fuerza de esgrimir muecas sonrientes sacadas de los estándares de sus "alter ego".

Lo que son las sonrisas falsas es un arreglo pactado tácitamente entre una especie de secta, en donde confluye la lucha de clases, las aspiraciones políticas, empresariales e incluso "académicas", entre cientos de sujetos, hombres y mujeres, que desconocen la crítica y la auto-crítica y deciden armar un montaje de risas para ser aceptados o queridos por alguno de sus pares y para legitimar el velo sonriente que cubre sus inseguridades o angustias. Basta de reír agobiado por esconder limitaciones sociológicas…es, acaso, más divertido reírse, naturalmente, de ellas.

En University College de Londres, por ejemplo, realizaron una investigación que ayuda a reflexionar algunas líneas del problema. Dicen ellos que sólo el 20% de las risas provienen de alguna broma. Dicen que "la mayoría de las risas humanas son fingidas" y que se nota mucho. Realizaron un experimento basado en mostrar risas descontroladas y fingidas a un grupo de personas. Casi todos los participantes fueron capaces de identificar las risas falsas. El mérito, no muy ingenioso, de la investigación ayuda a probar que se nota mucho la risa falsa. También encontraron que "a pesar de saber que era falsa, las personas reaccionaron de forma positiva a la risa fingida". Y eso es lo verdaderamente terrible. Incapacidad para reconocer la estupidez propia.

Nos hemos acostumbrado a la falsedad incluso para reír y ya llegamos al punto en que se ofrecen cursos, de lo más diverso, para que la risa tenga certificado de buena imitación. Se enseña, incluso, como especialidad en algunos clubes de "yoga de la risa".  Y ya hay gurúes oferentes de "coaching" para fingir la risa porque trae "beneficios" contra el estrés. Por suerte también está vivo el debate y aún hay quienes insisten en que es mucho más bella la experiencia de la risa auténtica surgida en la dialéctica de las relaciones sociales fraternas. 

No obstante hay quienes con una capacidad de comprensión ineluctable (o ignorancia cómplice) se adaptan y hacen creer al reidor falso que es gracioso, que se lo tolera y que se comprende su grito desesperado de aceptación. Muchas relaciones sociales depende de con quién se encuentre uno a la hora de las risas. No importa si se trata de mujeres u hombres, suele aparecer un payaso armado con risotadas que provienen de hacerse sentir a sí mismo el alma de la reunión y emprende el desafío de bromear, en el trabajo, en las casas, en la vía pública… sin importar el grado de fingimiento y ruido que despliegan. No se lo puede desear a nadie. Inseguridad, miedo e inferioridad. La risa falsa, además de cansar, da mucho miedo si se piensa que ella expresa una tensión interna extrema a la que no se da atención en los servicios de salud pública y se atiende poco en los códigos de convivencia urbana. La risa natural debería cultivarse como emancipación social desde la casa y, en público, debería estar prohibida la risa falsa, y más cuando es escandalosa. 

 


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Correa se va invicto en Ecuador



Juan Manuel Karg*
La Jornada 
No es una semana cualquiera para Ecuador: Rafael Correa Delgado deja la presidencia tras diez años y cuatro meses ininterrumpidos en el Palacio de Carondelet. Se trata de una de las personalidades más influyentes de la política latinoamericana de las décadas pasadas, que modificó sustancialmente el panorama político-electoral en su país, fundando una nueva institucionalidad y gobernando de cara a las mayorías populares. ¿Qué dejan los diez años de Correa, tanto en términos internos y externos? ¿Por qué el oficialista Alianza País, que continuará gobernando el país con el binomio Lenín Moreno-Jorge Glas, habla de década ganada?
Poco más de tres meses, como ministro de Economía de Alfredo Palacio, durante 2005, le bastaron al joven economista para comenzar a patear el tablero político en su país. Renunció a su cargo denunciando poderosos intereses petroleros y de las eléctricas, fundó el Movimiento Alianza País y se presentó como candidato presidencial, venciendo a Álvaro Noboa en la decisiva segunda vuelta. Era el cierre de un periodo de gran inestabilidad política en ese país, que tuvo en el feriado bancario de Mahuad y en la pérdida de la moneda nacional –vía dolarización– dos momentos de creciente convulsión económico-social que aún permeaban en la memoria de corto plazo de millones de ecuatorianos. Una vez en el gobierno, el mandatario se sumó a una corriente de presidentes que apelaron a la redistribución de los ingresos que podía proveer el alza de las materias primas a escala internacional, con un horizonte de justicial social que siempre asomó en sus discursos.
En 2007, Correa llamó a una asamblea constituyente, en Montecristi, Manabí. Un año después, en 2008, la Constitución del país fue reemplazada. Existieron aportes concretos de la ciudadanía ecuatoriana en el extenso debate público que significó aquella reforma institucional, donde se trabajó la noción de democracia participativa como complementario de la representativa. Para Correa fue una bisagra: significó su consolidación política, dejando en claro que había llegado para transformarlo todo, para fundar un nuevo ordenamiento político que retomara las mejores tradiciones emancipatorias de la región. El propio preámbulo de la Carta Magna lo dejaba en claro, reivindicando la soberanía nacional; la integración latinoamericana, recuperando a Bolívar y Alfaro; y el buen vivir o sumak kawsay, eje nodal de la propuesta de socialismo a la ecuatoriana. Así, en 2009 se reelegitimó en las urnas con un contundente 52 por ciento en la primera vuelta.
Sin embargo, la revolución ciudadana también tuvo su contrarrevolución naciente: en 2010 una rebelión policial intentó tomar la forma de golpe de Estado, manteniendo retenido por horas al jefe de estado. La entonces reciente experiencia hondureña, donde Zelaya había sido depuesto tras una incursión militar de madrugada en su propio hogar, activó a la naciente Unasur, que se movilizó en defensa del orden constitucional ecuatoriano. La rápida respuesta regional, sumada al apoyo popular al mandatario, desactivó la intentona golpista. Lo que no mata, fortalece, dice el dicho que Correa verificó en aquellas aciágas horas.
La política de integración regional también fue uno de los aspectos sobresalientes de la década ganada ecuatoriana. A fines de 2014 inauguró, junto a Cristina Fernández, la sede de Unasur en Mitad del Mundo, Quito, que lleva el nombre de Néstor Kirchner en honor al primer secretario general del bloque. Instaló a Ecuador como voz decisiva –y cada vez más influyente– en los asuntos de la región, siendo presidencia pro témpore de la Celac durante 2015. Pero fue más allá: asiló a Julian Assange en su embajada en el Reino Unido, ante la persecución que el fundador de Wikileaks sufrió (y aún sufre) de parte de la UE y Estados Unidos. Y en enero de este año asumió la conducción del G77+China, el bloque de 133 países emergentes en el marco de la Organización de las Naciones Unidas.
Pero no todas fueron buenas: en su último año al frente del Ejecutivo, Correa tuvo que hacer frente al trágico terremoto de abril de 2016, que se sintió fuertemente en la provincia de Manabí, precisamente donde se había efectuado la propuesta de reforma constitucional al inicio de su mandato. Megáfono en mano, el presidente acudió durante los primeros días al lugar de los hechos, volviendo de urgencia de un viaje que estaba realizando por Europa. Pasó días recorriendo, explicando al país la gravedad de los hechos y las medidas que se iban a realizar para reimpulsar la economía de la zona. El pueblo manabita le respondió votando masivamente por Moreno en el decisivo ballotage contra el banquero Guillermo Lasso.
Rafael te vas invicto, decía, días atrás, un cartel en el programa Enlace Ciudadano, con el cual comunicó sus políticas todos los sábados. La frase tiene doble connotación: el no haber sido derrotado jamás electoralmente, claro, pero sobre todo el no haber renunciado a los principios y valores que lo llevaron a Carondelet hace ya una década. Correa se va invicto. Su proyecto político sigue en pie en una América Latina donde, en los años recientes, la inestabilidad es moneda corriente. Podrá estar satisfecho al pasarle la banda presidencial a Lenín Moreno Garcés, su primer vicepresidente: a fin de cuentas, tal como el mismo ha dicho en infinidad de ocasiones, Ecuador no vivió una época de cambios, sino un verdadero cambio de época bajo su presidencia.
Twitter: @jmkarg
* Politólogo de la Universidad de Buenos Aires y analista internacional

EU: oligarquía versus mundo



John Saxe-Fernández/ I
La Jornada 
Tanto en asuntos de guerra y paz, como de calentamiento climático antropogénico (CCA), la fracción dominante de la cúpula política de Estados Unidos actúa día a día contra el mundo, incluidos su población y territorio. Esta autodestructividad la captó Noam Chomsky cuando calificó a Estados Unidos de la nación más peligrosa del mundo, y agregó que el resultado de las elecciones presidenciales “colocó el control total del gobierno –el ejecutivo, el Congreso, Suprema Corte– en manos del Partido Republicano”, y de Trump, quien además acelera la ruta al abismo climático. Esta tendencia se intensificó desde que la Corte Suprema con mayoría republicana aprobó la Ley Citizens United (2010), que abrió el financiamiento sin límite de las campañas presidenciales a los grandes monopolios y al 0.1%.
Así se instauró lo que Jimmy Carter calificó de una oligarquía con capacidad ilimitada para el soborno político en la nominación y elección de presidente, que luego, en 2014, se amplió a las campañas de senadores, diputados y jueces. Esto ocurre nueve años después del 11/S, cuando se formalizó un estado de excepción (Ley Patriota, Ley Marcial, Leyes de Comisiones Militares), disimulado. Desde entonces se acentúa una pulsión hacia el abismo climático y/o nuclear que emana de un capitalismo senil así calificado por Jorge Beinstein, de la Universidad de Buenos Aires, en una de cuyas hipótesis percibe a esa formación social en un recorrido descendiente donde el sistema se va apagando, desarticulando, caotizando, perdiendo vitalidad, racionalidad. Es un capitalismo parasítico, que va a la explotación hasta la extinción de naturaleza y recursos planetarios, incluidos bienes comunes esenciales a la existencia de la biota global, la humanidad y su civilización incluidas: océanos, forestas y atmósfera.
En Alertas rojas: señales de implosión en la economía global, el capitalismo global a la deriva (beinstein.lahaine.org) que algunos atribuyen a los desequilibrios financieros de China, a la recesión en Brasil o a las turbulencias europeas, dejan a un lado lo que para Beinstein es una señal de alarma desde la economía de Estados Unidos: la hiperconcentración financiera agravada cuando constatamos que dicha masa financiera se está desinflando de manera irresistible. Por ejemplo, en diciembre de 2013, los derivados globales llegaban a unos 710 billones de dólares y dos años después el Banco de Basilea registraba 490 billones de dólares, en sólo 24 meses se evaporaron 220 billones de dólares, cifra equivalente a unas 2.8 veces el producto bruto global de 2015. (Ibid)
La de Estados Unidos es una oligarquía con rendimientos de fabulosas apuestas para la guerra (sea la tercera o las masacres en Irak, Libia, Yemen o entre los sauditas e Irán, con la reciente venta de armas a Riad cerrada en 110 mil millones de dólares (mmd) ahora y 350 mmd más hasta 2027.
En medio de negocios/masacre hay síntomas de implosión de la economía global. Se profundiza el desequilibrio entre la economía real y la especulación financiera desatada desde firmas bancarias y de inversión too big to fail receptoras entre 2007 y 2010 de un magno rescate estimado por la Auditoría Gubernamental de Estados Unidos en 16 billones de dólares, orden de magnitud mayor al PNB de Estados Unidos entonces. Es cuando se visibiliza más que la pérdida de sensatez dio un salto cualitativo con Trump hacia el CCA. Irracionalidad concretada en la institucionalización de la posposición de toda medida regulatoria sobre las emisiones de gases con efecto invernadero (GEI) un tema sociológico analizado en revistas de alto calibre (R. Brulle Climatic Science 2013) y a una profundización del negacionismo climático que hoy prevalece como nunca antes en la cúpula política que dirige los destinos imperiales, con efectos planetarios de inusitada gravedad, dado el peso económico y militar de Estados Unidos en el mundo.
Esto se detecta en un valioso texto, Silencing science (2014) de CommonCause.org, que contrasta la centralidad que gozaba el CCA en el debate nacional de 2006 y en la primera campaña de Obama (2008), cuando a diario en todo periódico o programa noticioso de tv se destacaban el reto y los riesgos climáticos y ambos candidatos debatían el asunto. Era cuando Al Gore discutía el documental Una verdad inconveniente y del bipartidismo salían fílmes de los daños del CCA. Todo acabó de un plumazo al entrar en vigor la Citizens United. Se abrieron las compuertas a cientos de millones de dólares, a más de los 900 mil millones anuales que la industria fósil, vía indirecta, usa para mantener el vigor de la base social del negacionismo climático y sus redes, desde un entramado conservador dedicado a la institucionalización de la posposición de todo intento por regular los GEI. Ante el magno flujo de dinero diputados, senadores, radio y tv callaron. Entre Romney y Obama ni pío sobre el clima. Nada. En Estados Unidos el cambio climático sale de pantalla cuanto más se deja sentir en el mundo.
Facebook JohnSaxeF
Javier Valdez in memoriam

Venezuela, situación de peligro



Ángel Guerra Cabrera
La Jornada
No creo que en Venezuela exista un estado de guerra civil todavía. Sí aprecio una situación en extremo peligrosa que requiere ser atajada rápidamente.
Está en marcha el guión del Comando Sur de Estados Unidos, cuyo objetivo es no sólo acabar con la revolución, sino convertir a Venezuela en otra Libia u otra Siria, y ha conseguido algunas de sus metas. Tal vez la más importante sea el desabasto de alimentos y medicinas, creado artificialmente por las grandes empresas alimentarias, cuyos dueños, junto a otros oligarcas y funcionarios corruptos, han ganado fortunas a costo de los fondos asignados por el Estado para la compra de insumos y materias primas.
Este conjunto de problemas afecta severamente la vida cotidiana, ha creado irritación en sectores populares y aminorado el enorme caudal de apoyo popular que logró conquistar el chavismo con el genio estratégico de Chávez al mando y altos precios del petróleo. En aquella etapa Venezuela incluyó como ciudadanos plenos, con salarios dignos, atención médica, servicios educativos, pensiones decorosas, viviendas de calidad y, sobre todo, participación y protagonismo políticos a las grandes mayorías hasta entonces marginadas y en muchos casos discriminadas por el color de la piel.
Pocas veces en la historia se pusieron en marcha en tan poco tiempo programas sociales de esa envergadura. Pero aunque mejoró ostensiblemente el nivel de vida de grandes masas, no parece haberse elevado por igual la conciencia política, sin contar el inherente culto al consumo del modelo rentista petrolero aún vigente, arraigado incluso en los sectores anteriormente más desfavorecidos.
Cuando Chávez fue electo nuevamente presidente en 2012 ya existían barruntos de guerra económica, aunque lejos de llegar al grado de perfeccionamiento y rigor a que ha sido llevada por la contrarrevolución en la presidencia de Maduro.
La gran diferencia de votos a favor de Chávez entre esa elección y la de Maduro en 2013 evidenció los daños adicionales de la guerra económica, pero también el insuficiente trabajo político del PSUV para esos comicios e, igualmente, confirmó el relevante papel de los grandes liderazgos carismáticos y aglutinadores.
Con esas condiciones en contra Nicolás Maduro ganó limpia e indiscutiblemente la elección presidencial, pero inmediatamente se desencadenaron protestas de tinte golpista por el candidato opositor Henrique Capriles que condujeron a actos violentos y la muerte de nueve personas. Maduro se entregó a una vorágine de trabajo sin pausa en cinco años. Debió construir su propio liderazgo, fortalecer la unidad cívico militar, combatir la guerra económica con soluciones de masa y, pese a las dificultades, continuar y restaurar las grandes misiones sociales creadas por Chávez. No menos importante, su esfuerzo honesto por encaminar un diálogo con la oposición.
Tuvo que soportar las guarimbas (protestas) de febrero de 2014, que con saldo de 43 muertos y astronómicos daños materiales fueron instigadas por Leopoldo López, de nuevo con el sesgo golpista invariable en la oposición. Poco después vino otro rudo revés para el chavismo al perder las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015, su primera derrota electoral en 17 años.
La derecha se sintió con el derecho de derribar a Maduro mucho antes de cumplir su mandato e inició una serie de acciones sediciosas desde el cuerpo legislativo, que llevaron al Tribunal Supremo a declararla en desacato hasta hoy.
El mayor aliento a la contrarrevolución en su permanente propósito de derrocar a Maduro y a la revolución viene con la llegada de Almagro a la Secretaría General de la OEA, secundado por el frustrado candidato presidencial republicano Marcos Rubio. Desde ese infecto lugar, el uruguayo ha articulado una coalición antivenezolana de gobiernos de derecha, entre ellos los de México, Colombia, Brasil y Argentina, en ciega obediencia a los planes de Estados Unidos.
Esa y no ninguna preocupación por la democracia y el orden constitucional es lo que ha movido a la derecha a la criminal espiral de violencia fascista en curso, que ya ha cobrado medio centenar de vidas. No cabe duda que si no se desmantela esta feroz embestida con urgencia, la contrarrevolución hará cuanto esté a su alcance para deslizar al país hermano hacia la guerra civil y la intervención extranjera. El golpe a la derecha violenta fortalecerá la posición chavista hacia la Asamblea Nacional Constituyente y facilitará encausar el gran diálogo nacional que se busca.

Tesis sobre la situación política y la coyuntura electoral en México



1.- México vive un proceso de ocupación integral de sus territorios, un proceso de anexión neocolonial pactado entre las elites estadounidenses, la clase política mexicana y la oligarquía local. Las estrategias neoliberales con sus reformas estructurales, sus tratados comérciales y político militares (TLC-ASPAN- Plan Mérida) han sido el vehículo del proceso de recolonización del país, del desmantelamiento de las bases materiales e intelectuales de la nación.

2.-La crisis que vive nuestro país es similar a las que dieron origen a las guerras de Independencia, Reforma y Revolución; un largo proceso de decenas de años donde se conjugan crisis económicas locales e internacionales, pugnas entre grandes potencias e intervencionismo extranjero, además de contradicciones y divisiones entre las diversas facciones dominantes; momentos donde las luchas campesinas, indígenas, obreras, de mujeres y capas medias abrieron causes a las reformas progresistas y a las revoluciones, que estamparon su huella en la fisonomía del Estado Nacional, a pesar de que las burguesías resultaron triunfantes. Momentos de regresiones, pero también de posibles reformas y revoluciones.

3.- El eje en que se anudan todos los procesos de la crisis general, políticos, económicos y culturales, es la crisis del Estado Nacional. Por la naturaleza del momento histórico al que arribamos producto del proceso de implantación del capitalismo neoliberal, casi 50 años si reparamos en la introducción del régimen laboral maquilador, la única manera de evitar el desmantelamiento del país, de superar la crisis en un sentido progresivo, a favor de las clases y mayorías nacionales, es la refundación del Estado mexicano. Cualquier otra alternativa cancela nuestro futuro como pueblo y nación, como pueblos y naciones originarias.

4.- La ocupación neocolonial de México y la desarticulación del Estado Nacional es una condición primordial para mantener el sistema de dominación hemisférico encabezado por Estados Unidos. Para el Estado y la burguesía estadounidense, el hemisferio americano es su retaguardia, su reserva estratégica en la lucha por el  control del mundo; en ella México ocupa un lugar primordial, no sólo por los bienes naturales y humanos que aún le quedan sino porque como parte de Mesoamérica, es un corredor muy importante para la circulación de mercancías y para cerrarle el paso a cualquier tentación independentista del resto de Latinoamérica y el Caribe.

5.- Hoy, este sistema de dominación regional que integra a las oligarquías criollas del hemisferio también está en crisis, la hegemonía de los Estados Unidos y la de sus aliados locales ésta severamente cuestionada, la implantación del caos, los golpes de Estado “blandos” y duros, la dictadura mediática, y el estado de guerra permanente en varios países como México y otros de América Latina, no han logrado contener el ascenso de la  lucha por la democracia, la soberanía y la justicia social, convirtiéndose en su “Talón de Aquiles”. La naturaleza depredadora del capitalismo neoliberal, su “carácter salvaje” deterioró su capacidad de representación ética y política; hoy tienen mayores dificultades para respetar sus propias leyes, sus procesos electorales y todo el entramado de derechos sociales y nacionales conquistados por nuestros pueblos.

6.- No es accidental que en nuestro país las insurgencias civiles electorales y sociales no hayan logrado sacar del gobierno a la clase política abiertamente neoliberal a pesar de las derrotas electorales de sus principales partidos y de diversos levantamientos civil-pacíficos e incluso armados. Los aparatos de seguridad estadounidense y las trasnacionales son corresponsables de los fraudes electorales, los magnicidios, el desmantelamiento de la Constitución, la implantación del estado fallido y el terrorismo de estado con su secuela de cientos de miles de víctimas entre asesinad@s, torturad@s, desaparecid@s, además de los millones de desplazados por la guerra contra la delincuencia; sin contar a los millones de opositor@s criminalizad@s, a los masacrad@s, torturad@s y prisioner@s polític@s por no aceptar el quebranto de sus derechos. El pueblo mexicano ha enfrentado simultáneamente a la clase política, a la oligarquía “mexicana”, a los cuerpos represivos y al imperialismo. Eso explica, además de las incongruencias, vacilaciones y errores de las direcciones políticas de las resistencias ciudadanas y populares, muchos de los fracasos en los momentos de insurgencia en que el cambio de gobierno era factible.

7.- La solución de la crisis del Estado-Nación, la superación del proceso de neocolonización capitalista, no puede venir de quienes son los promotores de la ocupación integral de nuestro país, de quienes la provocaron. Tampoco será resultado del accionar político de quienes ocultan la naturaleza de la crisis que estamos viviendo; de quienes confunden por ingenuidad o por mala intención el fondo del problema con sus derivaciones. De quienes suponen que la corrupción es el problema fundamental y no un asunto derivado de un tipo de capitalismo dependiente y neocolonial; que todo se puede arreglar con la buena disposición de funcionarios, sin proceder con el desmantelamiento del régimen político partidocrático y a la recuperación de las fuerzas productivas nacionales. No podrá venir de quienes procuran una alianza con grupos de la clase política y sectores empresariales oligárquicos vinculados a intereses de empresas trasnacionales y grupos de la clase política estadounidense.

8.- No se pueden revertir las reformas neoliberales, el proceso de neocolonización de México sin tomar el gobierno, sin luchar por el gobierno y el poder, sin refundar la nación y los procesos de gobierno sobre nuevas bases comunitarias y ciudadanas. Lo cual únicamente puede lograrse con la unidad de los opositores al régimen y al proceso de desmantelamiento del Estado nacional. Pero está unidad de la nación no puede entenderse más que como lucha por frenar y revertir el proceso de su disolución. Como el desarrollo de nuevo protagonismo social que convierte a las clases trabajadoras, a las mujeres, a las y los indígenas, a las y los indígenas-mestizos y a las clases medias en el eje de la representación y la conducción del país; en la nueva coalición hegemónica antimperialista y anti oligárquica.

9.- La unidad de nación en aras de superar la crisis, la recolonización y desmantelamiento del país, es viable si los procesos de resistencia civiles y pacíficos confluyen en un proceso de levantamiento civil que logre articular la mayoría de los procesos de resistencia gremial, comunitarios, ciudadanos, electorales y no electorales, en una o varias propuestas y proyectos que persigan la refundación del Estado y la nación sobre bases comunitarias y ciudadanas. Y que, además, logren trazar un plan de acción política concreta, una ruta para disputar el gobierno y el poder; que rebase las declaraciones programáticas y las consignas. Sin menosprecio a la acción gremial y a la acción puramente electoral, se precisa la configuración de uno o varios movimientos que den pasos concretos en el establecimiento de nuevos gobiernos de base comunitaria, por medio de la acción directa combinada, si fuera el caso, con la lucha electoral. El gremialismo, el sectorialismo y el electoralismo son las caras de un solo proceso, el que lleva a la postración de las clases trabajadoras y de las mayorías nacionales. A convertirse en comparsas, en simples aditamentos del régimen político, meras clientelas a las que se les mantiene en la subalternidad, atrapadas en disputas menores, por demandas de poca monta que revitalizan al sistema e impiden que las y los trabajadores, los pueblos originarios y las clases medias, luchen por lo que les pertenece, la tierra y el fruto de su trabajo.

10.- Los próximos dos o tres años serán especialmente severos para las mayorías nacionales, los escenarios son de recrudecimiento de la crisis social; pobreza, desempleo, caída de los salarios, despojo de bienes naturales y violencia que se corresponden con las expectativas de un débil o nulo crecimiento económico a nivel nacional y la inestabilidad de la economía mundial. Todo esto, en medio de señales de guerra en varias partes del mundo incluida Venezuela. La militarización del país, el intervencionismo estadounidense son el complemento del despliegue de las trasnacionales mineras, energéticas, financieras y delincuenciales que van por lo que nos resta de país.

11.- Quien piense que el resultado de las elecciones presidenciales está resuelto a favor de uno de los candidatos de la oposición ajeno al PRI y el PAN se equivoca. El grueso de los grupos de poder estadounidenses, incluido Donald Trump, no muestran disposición a tolerar a ningún opositor sospechoso de “populismo” por más moderado que se muestre. En la misma línea se mantiene la mayoría de los grupos que integran a la “oligarquía mexicana”, tal vez a la espera de mayores seguridades, o de un as bajo la manga. Entienden el desgaste de los partidos y la partidocracia y están buscando salidas de coalición a través de figuras que se ostenten como representantes de la sociedad civil, pero conectadas con la clase política. La determinación de “La Casa Blanca” de proseguir con su plan de revertir los procesos antineoliberales y de democracia popular y comunitaria en el Caribe, Meso y Sudamérica, que avanza en los preparativos de invasión a Venezuela, dificultan la llegada a la presidencia de México de alguien que no sea completamente aceptable. A pesar de que en este momento dentro del campo abiertamente neoliberal carecen de una posible figura presidencial confiable y con la legitimidad suficiente, que pueda ser aceptado por buena parte de la población en un escenario de nuevo fraude electoral, no han dado su visto bueno al principal candidato opositor, por más señales que ha dado y sigue dando de que su propuesta no va a tocar los intereses fundamentales del capital trasnacional y de los Estados Unidos.

12.- El deterioro político del régimen, del Estado y del gobierno, amenaza con recrudecerse en pleno proceso electoral. Cuando menos tres sucesos ocurridos en los últimos años confirman la existencia y desarrollo de una tendencia social a la ruptura con el régimen y al levantamiento civil pacifico: las movilizaciones y las muestras de rechazo de amplios sectores de la población incluidos sectores burgueses a la “Masacre de Iguala” y a la desaparición de los 43; las jornadas de lucha magisterial dirigidas por la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación contra la reforma educativa de 2016, que desencadenaron una especie de levantamiento civil pacífico en varias zonas del país; y las protestas contra el gasolinazo que cimbraron a buena parte del territorio nacional. (1) Estos acontecimientos apresuraron a la clase política y a la burguesía para hacer los arreglos del caso con la finalidad de que la conflictividad social se canalice dentro de las inercias del proceso electoral y el sistema de partidos. En eso todos han coincidido; no obstante, algunos de los más distinguidos servidores del régimen alertan de la posibilidad de que en 2018 esta tendencia al levantamiento civil pueda convertirse en un problema mayor. (2) Conscientes de eso toda la clase política, opositora y no opositora, han cerrado filas ante esa eventualidad, sacando a relucir que todo candidato opositor asume que la única manera de llegar a la presidencia dependerá del respaldo de la oligarquía mexicana, de los demás capitales trasnacionales y de la venía de Washington. Que en ningún momento le apuestan a un levantamiento civil pacifico, a la movilización generalizada de la población, de ahí su insistencia en quedarse en el ámbito del cuidado de las urnas y de todo tipo de alianzas con viejos actores del régimen y de la oligarquía mexicana.

13.- Sin embargo, la crisis política sigue su curso, las contradicciones interburguesas no amainan, en diversas latitudes de la geografía nacional emergen con más fuerza procesos de gobierno comunitario y popular no sancionados por el sistema electoral. En Chiapas, la crisis política sigue su caminar; cada vez es más evidente  el desarrollo de una conflictividad que nos remonta a los escenarios que precedieron al levantamiento zapatista, con otras características más civiles y pacíficas, aunque con movilizaciones más extendidas y diversas, mientras tanto el ambiente internacional se enrarece y aumentan las probabilidades de una intervención militar en Venezuela que sacudiría a toda la región.

14.- La incertidumbre es un dato duro y permanente en la coyuntura; su temporalidad va más allá del 2018; si triunfa Andrés Manuel López Obrador (AMLO), los compromisos contraídos por éste con diversos sectores de la “mafia del poder” son tan numerosos como los derivados de la previsible agudización de los problemas económicos, que neutralizara toda mejora para revertir la crisis social que ya ha tomado las dimensiones de crisis humanitaria. No por nada somos el segundo país en el mundo si de violencia se trata. Si no gana y las elecciones no son creíbles, amplios sectores de la población tenderán a levantarse más allá de los curses electorales previsibles; si AMLO repite la inercia que lo ha caracterizado, abortará todo intento de resistencia y levantamiento civil pacífico no simulado. Las posibilidades del establecimiento de un golpe de Estado es una  eventualidad que no debe descartarse. De repetir los neoliberales, ya sea bajo la forma descarnada de un presidente priista o panista, o bajo la sombra bienhechora de un personaje del régimen que se ostente como de la sociedad civil, el futuro no es nada halagüeño.

15.- La estrategia del levantamiento civil pacifico es una vía que asume la lucha desde la legalidad constitucional, el articulo 39 en particular y desde los usos y costumbres que se aplican en una buena cantidad de municipios. Le apuesta a un sujeto constituyente que ha venido emergiendo desde 1988 a raíz del fraude electoral o “Golpe de Estado Técnico” como se le conoció. Dicho sujeto es diverso socialmente hablando, fuertemente antineoliberal. Igual ha nutrido las movilizaciones sociales en contra de las reformas estructurales o privatizaciones, que algunas de las acciones convocadas por el Ejército de Liberación Nacional, además de las jornadas electorales opositoras. El problema de la unidad para la refundación nacional estriba en cómo desbrozar caminos de convergencia de dicho sujeto, más allá de las inercias políticamente dominantes, es decir, de las conducciones de tipo liberal, bajo sus formas tradicionales o progresistas. Esto no se resuelve exclusivamente con un programa, sino con un plan político concreto, con una ruta de disputa de la hegemonía desde las mayorías nacionales. La única forma de hacerlo, aprovechando todo lo recorrido y todas las expresiones de la resistencia popular, es apostándole a la potencialidad contenida en la crisis, a los sectores dispuestos a romper con las inercias del régimen político. Aquí, en esta dimensión, los actores que pueden y que en los hechos ya desarrollan un proceso de ocupación política de sus territorios, son las comunidades indígenas y campesinas mayormente. Sus posibilidades de impactar a la sociedad, de convertirse en millones, radica en la crisis misma y en su capacidad de maniobra, en sus programas y en su capacidad de no perder de vista al enemigo principal, en no perderse en disputas menores, por ejemplo, contra el principal candidato opositor, lo que no excluye la denuncia y la lucha contra la partidocracia que está profundamente desprestigiada, además de los tres poderes.

16.- El levantamiento civil pacífico puede y debe combinar diversos escenarios y planes de acción específica, dentro de un plan general o ruta de lucha por el gobierno. Los puntos más avanzados de dicho proceso lo constituyen las resoluciones de organizaciones sociales y comunidades para implantar Concejos de Gobierno Popular, gobiernos municipales o locales que incluyen a toda o casi toda la población del lugar, hay que huir de la idea de estructurar gobiernos con los puros simpatizantes. Aquí se deben apoyar resueltamente a quienes se están pronunciando por impedir la realización de campañas electorales por los partidos, la instalación de explotaciones mineras y otros emprendimientos de las transnacionales; además de proponerse la organización de sistemas de seguridad comunitarios, y lanzar en los casos que lo vean adecuado candidaturas independientes como parte del proceso de crear gobiernos alternos; como ya se lo están planteando algunos movimientos sociales y civiles en Chiapas, recuperando la figura del Gobierno en Rebeldía de Amado Avendaño en 1994 . Además de exigir que los militares se regresen a sus cuarteles y retiren las bases militares construidas recientemente, con la clara intención de respaldar a las trasnacionales mineras.

17.- El levantamiento civil pacifico es el proceso de transformación de luchas y movimientos muchas veces gremiales y electorales en un proceso de ocupación política de los territorios y territorialidades, en la idea de adelantar posiciones frente a un eventual recrudecimiento de la crisis social y de la violencia estatal y, sobre todo, en aras de establecer una ruta de unidad popular desde procesos de lucha por el gobierno y el poder. Cada cual, desde su trinchera grande o pequeña, aún electoral o gremial, apostándole a sumar fuerzas en la ruta de la Refundación del Estado y la Nación y en la ruta de una Constituyente Ciudadana Popular para la descolonización y liberación del país. En esa ruta es crucial sumar los apoyos internacionales posibles, en particular de los pueblos mesoamericanos y de sus comunidades nacionales en los Estados Unidos. En nuestro caso, la solución al problema nacional depende en gran medida de cómo nos conectamos con el sur del continente.

Notas:
(1) Flores Olea, Víctor, “¿Insurrección o apaciguamiento en el país?”, en La jornada, 12 de julio de 2016.
(2) Ugalde, Luis Carlos, “ La democracia estancada (México 2006-2016)”, en Letras Libres, 1 de agosto de 2016. 

Presidente Santos, cese las hostilidades contra la población de Buenaventura, restablezca la mesa de concertación y solucione sus demandas




El presidente Juan Manuel Santos es el único responsable de desactivar la violencia que la fuerza pública ha desatado contra los participantes del Paro Cívico de Buenaventura iniciado el 16 de mayo. También debe restablecer la Mesa de Concertación con los voceros de la comunidad para encontrar soluciones eficaces a los problemas estructurales que aquejan a la población.

La empobrecida población del puerto más importante sobre el Pacifico –que suministra billonarios ingresos al país- exige, entre otros, su derecho humano al Agua Potable en una geografía en que abundan los recursos hídricos. Agua que es negada sistemáticamente como parte de una estrategia genocida que busca el desplazamiento forzado de sus territorios de los pueblos originarios -indígenas y afro descendientes– para seguir implementando mega proyectos que arrasan con el entorno ambiental, material y espiritual de las comunidades e imponer el hierro ardiente del capital.

La dosificada represión estatal a la justa reclamación ciudadana liderada por varias organizaciones sociales busca la desviación de la demanda de espacios políticos que permitan resolver las elementales necesidades a un escenario de expresión descontrolada de la centenaria rabia contenida por las injusticias.

Pese a la fuerza pública solicitada por el Gobierno Departamental y Distrital causó graves daños a las comunidades bonaverenses el día de ayer 19 de mayo de 2017, hoy en lugar buscar canales civilizados y políticos, arrogantemente el Gobierno nacional ha informado de que :“ 1. Se reforzará el pie de fuerza con otros 530 uniformados que se sumarán a los mil actuales. 2. Ejército apoyará a la policía en el control vial, para garantizar la movilidad en la carretera”.

Señor presidente , cualquier daño a la vida y a la integridad individual o colectiva de los manifestantes es su responsabilidad.

Lo de Buenaventura es la expresión de un descontento nacional del cual hacemos parte los pueblos, comunidades, autoridades tradicionales y organizaciones indígenas que sentimos como propia la agresión a nuestros hermanos. En este sentido estamos invitando a movilizarnos que desde el municipio de Jamundí haremos el día 23 hasta la ciudad de Cali y a la audiencia pública el día 24 de mayo de 2017 en Cali convocado por la Macro-occidente de la Organización Nacional Indígena de Colombia –ONIC-, sectores sociales, sindicales y populares del suroeste Colombiano.

En esta movilización y audiencia pública denunciaremos: 1. La violación sistemática de los derechos humanos, espacios de vida, DIH y los DESCA (derechos económicos, sociales, culturales y ambientales); 2. La implementación nefasta de la política minero energética en nuestros territorios (minería legal e ilegal, exploración y explotación de hidrocarburos, construcción de represas, mega proyectos, entre otros); 3. La amenaza paramilitar en los territorios del sur occidente colombiano y el resto del país que hoy más que nunca arrecian su accionar; 4. El incumplimiento de todos los acuerdos por parte del Gobierno nacional con los pueblos indígenas, comunidades negras, campesinas, sindicales y demás organizaciones sociales; 5. La privatización de los bienes públicos y comunitarios.

Exigimos al Estado y al Gobierno colombianos respeto a los derechos humanos a las poblaciones afrodescendientes, indígenas y demás sectores sociales en el reclamo de sus justas luchas.

Llamamos a las organizaciones sociales, a las organizaciones y organismos de defensa de los derechos humanos nacionales e internacionales a sumarse a la movilización por los derechos de todas nuestras comunidades .

Instamos a la Comisión Interamericana de Derechos, a la Organización de Estados Americanos, a la Unasur, a la Celac, A la Corte Penal Internacional, al Alto Comisionado de DDHH y al Consejo de Seguridad de la ONU a que exija al Estado de Colombia pronta solución de las demandas comunitarias y cesar la represión a la población que exige derechos elementales.

ORGANIZACIÓN REGIONAL INDIGENA DEL VALLE DEL CAUCA –ORIVAC-

CORPORACION JUSTICIA Y DIGNIDAD

Valle del Cauca, 20 de mayo de 2017


Buenaventura: https://www.las2orillas.co/los-multimillonarios-duenos-del-puerto-de-buenaventura/#.WR-JGdVoV28.facebook

http://www.pachakuti.org/textos/campanas/paracos/10da-a-la-buenaventura.html

La escandalosa desigualdad de la propiedad rural en Colombia


Reforma rural, necesaria pero ¿solucionará el problema de concentración?
Carlos Alberto Suescún


El último Censo Agropecuario demuestra que este problema se ha seguido agravando. Y a pesar del acuerdo de paz, la Ley de Zidres y el proyecto sobre tierras van a aumentar la desigualdad en el campo.   

Carlos Alberto Suescún* - Andrés Fuerte Posada**

Entre chiste y amenaza

Proponer una reforma agraria en Colombia parece ser un chiste o ser una amenaza:
  • Para algunos es un chiste proponer una política que consideran obsoleta, porque Colombia dejo de ser rural y es un “país urbano”, o porque los avances tecnológicos han hecho que la tierra importe menos en la “función de producción”  agropecuaria.
  • Para otros es una amenaza porque consideran la tierra como un simple patrimonio o una fuente de rentas, cuando es más que eso: es un factor productivo fundamental para cualquier sociedad, además de un elemento trascendental para la cultura campesina.
Pero entre chiste y amenaza, la inexistencia de reformas agrarias de verdad es quizás el mayor lastre que ha impedido el desarrollo de Colombia. La reforma agraria es necesaria para el progreso económico y social, a más de ser la garantía para dejar atrás la violencia como instrumento para resolver los conflictos rurales.  

El Censo Agropecuario

Juan Manuel Santos, firma de la Ley ZIdres.
Juan Manuel Santos, firma de la Ley ZIdres.
Foto: Presidencia de la República 
El Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) llevó a cabo el Censo Nacional Agropecuario 2015 (CNA-2015), que arroja información actualizada y muy valiosa sobre el campo colombiano. A título de ilustración, en este artículo examinamos el tema de la distribución a partir de la unidad de análisis que utilizó el CNA-2015, la Unidad de Producción Agropecuaria (UPA).
La definición de UPA que empleó el DANE se basa en identificar a la persona que toma las decisiones sobre el uso del suelo o que son responsabilidad del productor, que en este caso no incluye categorías como mayordomo, capataz, etc. Es decir, esta medida se centra en la gerencia de la unidad productiva, y por tanto corresponde a la categoría real de propietario o poseedor efectivo del predio en cuestión.
En efecto: de acuerdo con el CNA-2015, el universo de predios recolectados en el área rural dispersa (distante de los poblados) fue de 3.081.207, de los cuales 737.068 fueron clasificados como predios no agropecuarios. Es decir que como predios agropecuarios se tendrían 2.344.139, un número casi igual al de las UPA: 2.370.099.
Hecha esta aclaración, pasamos a analizar la distribución de las Unidades de Producción Agropecuaria.
Cuadro  1. Formas de tenencia y pertenencia étnica de las UPA
Formas de tenencia
Fuente: Microdatos – CNA-2015. DANE
El Cuadro anterior describe la forma de tenencia de las UPA según la naturaleza -colectiva o no colectiva- de la propiedad. El Cuadro muestra que en la ruralidad dispersa la mayor parte de las UPA son de naturaleza no colectiva (86,3 por ciento). De igual manera, la mayor parte de estas UPA son consideradas propiedad privada por parte de los productores (66 por ciento).
Este cuadro ya es un análisis claro de la realidad rural colombiana. Sin embargo, para efectos de ilustración, vamos a exponer la distribución del área de las UPA que corresponden a la forma de tenencia propia y que no tendrían reconocimiento bajo la categoría de territorios colectivos de grupos étnicos. Las UPA bajo esta clasificación fueron 1.409.193, que corresponden a cerca del 60 por ciento del total del universo del CNA-2015.
Recordemos que el grado de desigualdad en la distribución de un activo suele medirse a través del Índice de Gini, una medida que va de 0,0 (igual absoluta) hasta 1,0 (un solo propietario posee todo el activo).  Pues para las 1.409.193 UPA del Censo de 2015, el Gini resulta ser 0,902. Este sería el grado de concentración de la propiedad de la tierra con uso agropecuario en Colombia en UPA reconocidas como privadas en territorios no colectivos: ¡la propiedad de la tierra en Colombia está muy próxima a la concentración absoluta!
La anterior es una cifra escandalosa, y tanto así que parece exagerada.  Pero resulta que  tiende a coincidir con los datos sobre el uso inadecuado de la tierra en Colombia, con predominio de los pastos como lo muestra el Gráfico siguiente:

Fuente: CNA-2015
En 2010 Ana María Ibáñez y Juan Carlos Muñoz estimaron el Gini de tierras en 0,86 y el Gini de propietarios en 0,88. Y aunque la fuente de sus datos no es comparable exactamente con los del CNA-2015 (por diferencias en las definiciones y los métodos), podríamos inferir que la concentración de la propiedad se está intensificando o – por lo menos- que no está disminuyendo.
La nueva medición confirma que Colombia está entre los países con más concentración de la propiedad rural. Por ejemplo en 2014, la organización internacional Grain publicó  un listado de países con el índice Gini más reciente disponible: entre los 87 países incluidos, Colombia ocupaba el séptimo lugar de concentración de la tierra – y con el nuevo dato del CNA-2015, ascenderíamos al quinto lugar en el escalafón-. 
Cuadro 2. Diez países con mayor concentración de tierras
País
Gini más reciente
1
Barbados
 0,94
2
Paraguay
 0,94
3
Czech Rep
 0,92
4
Chile
 0,91
5
Colombia
 0,90
6
Kyrgyzstan
 0,90
7
Qatar
 0,90
8
Venezuela
 0,88
9
Brazil
 0,86
10
Nicaragua
 0,86
Fuente: Grain y cálculos propios

Santos en contravía del Acuerdo de La Habana

Desigualdad en la propiedad de la tierra en Colombia tiene cifras escandalosas
Desigualdad en la propiedad de la tierra en Colombia tiene cifras escandalosas
Foto: Ministerio de Agricultura
La política rural del gobierno tiende a agravar en vez de corregir la tendencia a la concentración de la propiedad sobre la tierra.
La agenda del gobierno está enmarcada por el Acuerdo con las FARC pero también por  el Plan de Nacional de Desarrollo y por las recomendaciones de organismos multilaterales sobre el mundo rural. Y aunque “Reforma Rural Integral” es el título del primer punto del Acuerdo de la Habana, su implementación – hasta ahora- no coincide  con el propósito de democratizar la propiedad sobre la tierra.
En efecto: las negociaciones entre el gobierno y la insurgencia coincidieron en el tiempo con el trámite de la llamada Ley de Zidres, que autoriza la concesión de baldíos a empresarios en determinadas zonas del país y el aporte de predios bajo diferentes modalidades a proyectos agroindustriales sin ningún límite. Las críticas a esa iniciativa fueron abundantes, pero el Congreso aprobó la Ley, que luego fue validada por la Corte Constitucional.
Pero además se conoció una propuesta de decreto-ley de ordenamiento social de la propiedad y tierras rurales (OSPTR), cuyo supuesto objetivo es desarrollar el punto 1 del Acuerdo de La Habana. Este borrador (cuya última versión analiza Juan Carlos Muñoz en esa misma entrega de Razón Pública) dio pie a reacciones muy diversas, pero los medios de comunicación han hecho eco sobre todo a los reparos de Fedegán y del uribismo.  Según estos sectores, el gobierno estaría poniendo en peligro la propiedad privada y promoviendo la expropiación administrativa o arbitraria de las tierras. Pero una lectura seria del proyecto ofrece un panorama muy distinto:  
  • En primer término, la versión inicial del proyecto no propone una reforma rural integral – que ya además había sido derogada por la hoy vigente Ley Ley 160 de 1994, desnaturalizando aún más la destinación de baldíos a campesinos sin tierra e insistiendo en figuras que solo permiten proyectos agroindustriales de gran escala, como el derecho real de superficie.
Igualmente el proyecto legaliza acumulaciones indebidas de Unidades Agrícolas Familiares realizadas por grandes grupos económicos nacionales y extranjeros (Cargill, Mónica Semillas, el Grupo Corficolombiana, etc.), casos que han sido recogidos en informes de la Contraloría General de la República desde 2012.
  • En segundo lugar -y lejos de promover la expropiación por vía administrativa en casos que violan el principio constitucional de función social de la propiedad- el proyecto hace más lentos los procesos de extinción de dominio y añade procedimientos que hoy no existen. Asimismo, el proyecto otorga derechos de uso en casos de apropiaciones indebidas de tierras.
Por eso puede decirse que las posturas de José Félix Lafourie y Jorge Enrique Vélez resultan infundadas.
Pero después de presentar el proyecto en varias ciudades y debido a las críticas, el gobierno decidió presentarlo al Congreso y tramitar por decreto solo una parte de la iniciativa. El decreto que se presentará a la Comisión de Seguimiento, Impulso y Verificación a la Implementación del Acuerdo Final (CSIVI) no contiene los puntos más problemáticos. Pero aún no se conoce el proyecto de ley definitivo que tramitará el gobierno por la vía de fast track en el Congreso.
Aun así la conclusión es evidente: el modelo agroindustrial de vocación agroexportadora, que implica consolidar grandes extensiones de tierra, se está imponiendo en Colombia. Hoy se sigue la senda de los ajustes legales para mantener o agravar la desigualdad en la distribución de la propiedad e incluso para amnistiar las ilegalidades, a la vez que estas grandes propiedades resultan valorizarse como fruto de las políticas de fomento.
El proceso de concentración de la tierra se mantiene, aunque ya la propiedad no sea lo único determinante: derechos de uso, concesiones, arrendamiento y otras figuras emergen, y en esa misma línea van las Zidres y el OSPTR.
La agricultura campesina no tiene cabida dentro de este escenario, pues el modelo le apuesta exclusivamente a la gran empresa, con un agravante que en el caso colombiano tiene mal sabor histórico: la propiedad de la tierra no se concentra  para producir, sino con fines especulativos o de control territorial.
Que el indicador Gini sea cercano a 1, y a su vez exista una alta correlación en el uso en pastos, es una evidencia más de esta trayectoria histórica que nos revela el Censo Nacional Agropecuario.
Todo esto ocurre mientras nos preparamos para transitar a la esperanza de un cambio histórico en el posconflicto. Vaya paradoja.
* Economista de la Universidad Nacional de Colombia, integrante del Grupo de Socioeconomía, Instituciones y Desarrollo – GSEID. casuescunb@unal.edu.co
** Economista de la Universidad Nacional de Colombia. andresfuertep@gmail.com
Se agradece el apoyo de la profesora Ángela Kageyama, de la Universidad Estadual de Campinas, quien ha brindado asesoría en desarrollo de este trabajo.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Anticuerpos contra el asedio neoliberal




La fábrica de generar pobreza que es el neoliberalismo ha demostrado que puede dejar de lado las formas y arremeter con todo a fondo. En Argentina, en Brasil y en todas partes. Hacer un ejercicio de reflexión no parece solo un imperativo moral, sino también una cuestión de supervivencia.
Días atrás, la Plaza de los Pañuelos fue algo más que un saludable acto de memoria y justicia. El 10 de mayo pasado, las cientos de miles de personas movilizadas en todo el país y el mundo contra el funesto fallo de la Corte Suprema, que había habilitado el 2x1 a genocidas, lograron mucho más que contrarrestar la impunidad en un tema que parecía saldado por la historia: mostraron también que la socialización de un reclamo es el mejor antídoto contra toda pretensión del neoliberalismo, emblema siniestro de la individualización de las sociedades.
Fue a partir de los años setenta y ochenta que la aparición del capitalismo neoliberal generó, según el sociólogo Ulrich Beck, un repliegue institucional en el que lo colectivo fue desplazado por procesos de individualización de la sociedad, los cuales suponen la capacidad –pero también las vulnerabilidades– de cada individuo para enfrentarse a las transformaciones constantes y a la flexibilidad de sus vínculos. Esa individualización tiene que ver con aquellos ajustes subjetivos en los que ya no tienen preeminencia las instituciones ni las clases sociales.
El tercer desembarco neoliberal en la Argentina –de la mano de Cambiemos– tiene muy en claro sus metas: achicar el Estado, endeudarse, beneficiar a los sectores empresarios corporativos y debilitar el salario de los trabajadores, acentuar la primarización de la economía menoscabando la industria, promover la sumisión de las clases trabajadoras asfixiando la protesta social o forzando la capitulación sindical. Y fomentar la amnesia, condenando el pasado y la memoria histórica al olvido.
Cada una de estas medidas tiene correlación con el análisis que planteó Beck: el Estado solo debe ser garante de la seguridad, y por lo tanto ya no tiene que comprometerse a reducir las desigualdades. La protesta y el reclamo social van en contra de ese modelo de desinstitucionalización e individualización, que tiene como objetivo hacer que la vida de las personas sea responsabilidad de cada individuo. En esta dirección va, por ejemplo, el planteo del macrismo de discutir las condiciones laborales –horarios, salarios, derechos sociales– en forma individual: una concepción inspirada en la desarticulación de la acción colectiva cara al neoliberalismo. Por eso este tipo de sociedades solo se organizan montadas en un proyecto político policial y represivo.
Este modelo propone, además, flexibilizar las relaciones identitarias, de tal forma que el individuo evalúe todo ascenso económico como producto de un esfuerzo personal y no social. Ese sujeto prescinde del colectivo, de su representación del Otro social y hasta de las instituciones. Pero ese individuo en constante transformación vive en riesgo e incertidumbre permanente: el Estado ya no lo asiste, y queda librado al arbitrio de una sociedad que no lo contiene. El neoliberalismo necesita sujetos preparados para lidiar con esa incertidumbre laboral y social, ya que no está en su naturaleza la idea de asistencia ni el concepto de colectivo. Y si ese riesgo se democratizó, como afirmó Beck, afectando de manera inesperada a personas y grupos que hasta entonces habían mantenido unas estables y seguras condiciones vitales, los efectos han sido y serán mayores para aquellos que partan de condiciones más precarias o frágiles.
Ahogar la protesta social es su imperativo cultural, generar la mansedumbre y la subordinación de los individuos a la incertidumbre y el riesgo. Como afirmó el ministro Esteban Bullrich, “es necesario fomentar sujetos que puedan afrontar aquella incertidumbre disfrutándola”. ¿Cómo acostumbrarse a la incertidumbre de no llegar a fin de mes o de vivir en medio de la precariedad laboral? ¿Cómo sostener el riesgo provocado por la falta de horizontes personales o sociales? ¿Cómo vivir manteniendo unas inestables e inseguras condiciones de vida?
Sin embargo algo ha cambiado en nuestra sociedad, que pretende disputarle al neoliberalismo algo más que su blasón cultural. La ampliación de derechos impulsada por los gobiernos populares de la década anterior, aquí y en Latinoamérica, ha permeado en la ciudadanía, que no parece dispuesta a ceder las conquistas ni a mirar indiferente el deterioro de sus condiciones de vida. En medio del asedio neoliberal, han surgido algunos anticuerpos: si en otros tiempos fueron toleradas las leyes de Punto Final y de Obediencia Debida, así como también los Indultos a civiles y militares que cometieron crímenes durante la dictadura, el 10 de mayo pasado quedó claro que la sociedad argentina está determinada a condenar el negacionismo y la impunidad, al marchar contra el fallo de la Corte Suprema de Justicia. Y la protesta hizo claudicar las pretensiones de los cortesanos, que debieron retroceder quedando expuestos ante la sociedad.
Negociaciones paritarias, movilizaciones gremiales, reclamos sociales: toda acción colectiva desbarata el propósito neoliberal. Está claro que esas acciones colectivas minan la resistencia de los gobiernos conservadores de derecha. Un grafiti en las calles de la Buenos Aires de los años noventa –cuando aconteció el segundo desembarco del neoliberalismo en la Argentina– expresaba su contundencia: “Venzamos el aislamiento. Ganemos la calle”. Sin dudas hoy existe una conciencia mucho más lúcida respecto de ese enemigo que, más allá de los nombres, parece invisible. Conciencia de, al menos, una gran porción de la ciudadanía que intenta hacer de la historia reciente un ejercicio de memoria. “El mayor problema que encaran Macri y Temer, y con ellos las élites que los respaldan -afirmó Andrés Mora Ramírez, investigador del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional de Costa Rica- es la creciente y multitudinaria movilización social en rechazo de sus políticas”.
Algunas estadísticas son elocuentes respecto de la acción nociva del neoliberalismo en nuestro país: en 1974 el desempleo tuvo su mínimo histórico de 2,7% para alcanzar, en 2001, el récord de 21,5%. El nivel de la deuda externa pública en relación al Producto Interno Bruto (PIB) en aquellos años setenta previos a la dictadura estaba en 10%, y fue aumentando desde Martínez de Hoz para ubicarse al final del mandato de De la Rúa en 160%. A su vez, la pobreza representaba en ese tiempo pre-dictadura el 7%, en tanto llegó a superar el 50% veinticinco años después. ¿Qué ocurrió entre los primeros años setenta y la crisis terminal de 2001? Gobernó el neoliberalismo, con su estela de miseria y destrucción, de la mano de Martínez de Hoz durante la dictadura y de Menem en los noventa, con el interregno de Raúl Alfonsín.
El experimento se volvió a repetir una vez más con el triunfo de Cambiemos. Y el gobierno se anima a reincidir con las mismas recetas que llevaron al país a la desolación. Son los arrestos de la vieja oligarquía y los nuevos dueños del país que nunca se resignarán a desatender sus dominios. Lo tienen todo: los medios de producción, el poder simbólico y estratégico y los medios de comunicación. Si fuesen más inteligentes y menos angurrientos, si tuviesen políticas apenas más equitativas y éticas en la distribución del ingreso, podrían gobernar sin sobresaltos. Sin embargo, se atreven a depredar el país y sus instituciones, con el descaro que se les reconoce: meter jueces por la ventana para proteger sus derechos corporativos, arropar la impunidad del 2x1 y luego desdecirse como si nada, negar la verdad con entusiasmo adolescente, beneficiar a los suyos evidenciando el obsceno conflicto de intereses en las propias narices de los ciudadanos, sumir en la pobreza y el desempleo a millones de argentinos sin que se les mueva un pelo.
No es tiempo de apatía social, como sucedió en los años noventa. Y contra toda pretensión de despolitización de la realidad, debemos esforzarnos por otorgar mayor contenido y compromiso político a cualquier pensamiento o acción: cuestionar el discurso hegemónico, desnudar las estrategias de la prensa oficialista, sostener el reclamo colectivo, todo dentro del marco que nuestra democracia exige. Y, por sobre todas las cosas, decirles NO en octubre.
Gabriel Cocimano (Buenos Aires, 1961) Periodista y escritor. Todos sus trabajos en el sitio web www.gabrielcocimano.wordpress.com