Somos un Colectivo que produce programas en español en CFRU 93.3 FM, radio de la Universidad de Guelph en Ontario, Canadá, comprometidos con la difusión de nuestras culturas, la situación social y política de nuestros pueblos y la defensa de los Derechos Humanos.

lunes, 16 de julio de 2018

Progresismo: la oleada que empieza






Los acontecimientos pronto han mostrado que el llamado progresismo que ‑‑mutatis mutandis‑‑ brotó a comienzos de siglo por varios puntos de América Latina estuvo lejos de constituir un “ciclo” y haberse acabado. Y mucho más de haber sido mero efecto de una oscilación de los precios internacionales de las materias primas.


 

Al inicio de los años 90, la primera gran ofensiva neoliberal se potenció con el colapso soviético y, además de imponer grandes cambios de política económica, asimismo articuló un extendido tsunamiideológico, que unas izquierdas divididas y desorientadas malamente pudieron enfrentar. Ni esa política ni los efectos culturales de este tsunami han concluido; la crisis global aflorada en 2008 desenmascaró al neoliberalismo sin remplazarlo todavía.

 

En menos de 10 años, los efectos de las políticas neoliberales sumaron disgustos sociales suficientes para dinamizar una variopinta marea progresista, pero aún más nutrida de rechazos que de proyectos sostenibles, que animó los primeros tres lustros de este siglo. Los gobiernos que ese proceso permitió elegir, además de aportar avances contra la pobreza y la inequidad, dieron lugar a significativos adelantos en autodeterminación nacional y solidaridad latinoamericana.

 

Era más que ingenuo suponer que esto pudiera ocurrir sin motivar, a su vez, una contraofensiva del imperialismo estadunidense y las élites locales. Con sobrados respaldos económicos, sociales y mediáticos, la derecha reconfiguró imagen, reactualizó métodos y recuperó iniciativa política, para volver a Palacio y emprender un roll back más ambicioso: revertir asimismo las conquistas ciudadanas obtenidas desde los años 50. Del pormenor de esos fenómenos ya me ocupé en su momento.[1]

 

Pero no todos los éxitos obtenidos por la contraofensiva reaccionaria pueden achacarse a la avidez, las artimañas y el poder económico y mediático de las derechas, ni al patrocinio común del imperialismo. Más debe atribuirse a acomodamientos, imprevisiones y equívocos del liderazgo que administró sus gobiernos y minusvaloró el papel de sus partidos y de las organizaciones populares. Poco útil es atribuir su actual reflujo solo a las vilezas de los medios de la clase dominante y sus mentores foráneos: esos medios solo son tan eficaces como las deficiencias de las izquierdas se lo facilitan al hacer más vulnerables a sus gobiernos.

 

Tres lustros de éxitos y fiascos de esa diversidad de gobiernos progresistas suman una experiencia de enorme valor político, que debe analizarse con autocrítica responsabilidad. Lo que dará sentido a evaluarla es obtener lecciones prácticas para erradicar las equivocaciones y desarrollar los aciertos de la recién pasada oleada progresista, para darle mejor armazón ética, política y de organización popular a la que ahora viene.

 

Porque esta viene, y antes de lo que nos figurábamos. Las barrabasadas de Macri y de Temer, como las de otros que también remplazaron gobiernos progresistas, vuelven a exhibir el fracaso de las derechas ‑‑viejas o “nuevas”‑‑ como opción de gobierno. Sus hazañas ya alimentan nuevas ofensivas sociales que demandan liderazgos y proyectos confiables. La votación obtenida por Petro, las expectativas que levantan un Lula y un PT regenerados, la potente victoria electoral de López Obrador, están entre sus primeros indicios.

 

Como, por su parte, en Washington los desplantes de un paquidermo desorbitado hacen ver que el sistema global de dominación está lejos de poder recuperar visión y coherencia estratégicas.

 

El asunto radica, pues, no en si los procesos progresistas, de liberación nacional u orientados al socialismo democrático han menguado o concluido, sino en cómo toca liderar su próxima oleada, para que esta sea más eficaz y concrete objetivos sostenibles de mucho mayor alcance.

Esto es: ¿cuánto aprendimos de nuestra pasada experiencia?

- Nils Castro es escritor y catedrático panameño.

La izquierda latinoamericana: en la unión está la fuerza



XXIII Foro de Sao Paulo: julio 2017

Foto: Cuba Debate


El XXIV Encuentro del Foro de Sao Paulo, que en esta edición tiene su sede en La Habana, Cuba, asume la insoslayable misión de fortalecer la unidad latinoamericana y caribeña, única forma efectiva de enfrentar los enormes retos planteados por la ofensiva global de una derecha en decadencia y por eso más peligrosa que nunca.


 

Más de un centenar de representantes de partidos y organizaciones de la izquierda de la región se han dado cita en el Palacio de las Convenciones capitalino para buscar mecanismos de concertación más adecuados y dinámicos que los actuales, impelidos por una agresiva política ultraconservadora encabezada por Estados Unidos que no da tregua ni permite dejar para mañana las urgentes acciones que la situación continental del momento exige.

 

El foro, creado en Sao Paulo en 1990 por el líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro, y (ahora el expresidente) Luiz Inácio Lula da Silva, sesionará hasta el martes 17 con una amplísima agenda de trabajo en consonancia con las amenazas y agresiones que se ejecutan para impedir una recuperación de los gobiernos progresistas en aquellos países donde han sido duramente golpeados, y derribar a los que han soportado con firmeza los ataques más furibundos de los últimos tiempos.

 

La derecha ha regresado al poder en países como Argentina, Paraguay, Brasil y Honduras como resultado de una escalada de la agresividad de Estados Unidos ante la pérdida de hegemonía en la región, y presiona con fuerza contra Bolivia, Venezuela y Nicaragua para aniquilar a las fuerzas revolucionarias y populares que sostienen esos gobiernos.

 

Lo importante es que la izquierda sigue viva y con deseos de recuperar el terreno perdido, como sucedió en México donde, después de numerosos intentos, las fuerzas más prometedoras encabezadas por Andrés Manuel López Obrador arrasaron en las urnas; y lo mismo puede suceder en Brasil si el pueblo logra derrotar a los golpistas encabezados por Michel Temer y el juez Sergio Moro, sacar a Lula de la injusta, ilegal y cobarde prisión, y permitir su candidatura a la presidencia en las elecciones de octubre.

 

De que la izquierda sigue coleante lo demuestran las luchas actuales del pueblo argentino contra el gobierno entreguista, proyanqui y fondomonetarista de Mauricio Macri, y en Ecuador donde una derecha sibilina intenta liquidar la Revolución Ciudadana del expresidente Rafael Correa, revertir lo logrado hasta ahora en materia social y económica, y tergiversar burdamente la historia reciente del país de Sucre.

 

Nicaragua estará en el centro de los debates y el presidente Daniel Ortega recibirá todo el apoyo del continente ante el golpe sangriento y brutal dirigido por Estados Unidos.

 

Al igual que ocurrió en el pasado, el Frente Sandinista saldrá del hueco en el que lo han tratado de enterrar las fuerzas mercenarias que han ensangrentado al país.

 

Venezuela será uno de los focos de gran atención por parte de los delegados, y Nicolás Maduro tendrá, como ha sido hasta ahora, el apoyo unánime del foro en su heroica lucha de mantener fuerte y firme, siempre victoriosa, la revolución chavista que tanto les duele a los imperialistas y sus secuaces nativos.

 

En La Habana, se volverá a sentir el clamor de América Latina contra el bloqueo económico y financiero de Estados Unidos y la demanda de que sea levantado de inmediato y sin condiciones.

 

El foro alertará del regreso de la Casa Blanca a la era de las cañoneras cuando, bajo la égida de la doctrina Monroe de América para los norteamericanos, los yanquis saquearon el continente hasta dejarla en el hueso.

 

De igual manera, los líderes de izquierda sostendrán una discusión fraternal y franca de los aciertos y errores de los gobiernos progresistas y de izquierda, un asunto insoslayable para conseguir las metas más ambiciosas de la reunión y demostrar que en la unión está la fuerza.

 

La izquierda latinoamericana y Nicaragua


Iosu Perales

Rebelión

En estos días se encuentra reunido el Foro de Sao Paulo en La Habana. Numerosos partidos políticos participan en este evento en el que, salvo milagro, se firmará una declaración de apoyo cerrado al régimen de Daniel Ortega. Ocurre que la mayor parte de la izquierda funciona con un marco teórico elaborado, preconcebido, en el que trata de hacer encajar la realidad, independientemente de que los hechos señalen una realidad distinta a la que esa izquierda quiere ver.

Ciertamente, desde algunas voces de la izquierda se defiende al régimen de Daniel Ortega aludiendo a que con la derecha sería peor o que la lucha contra el neoliberalismo justifica la utilización de cualquier medio, a tal punto que la crítica a lo nuestro se interpreta como un regalo al enemigo. Con frecuencia la izquierda latinoamericana ha caído en un pragmatismo funcional para defender causas indefendibles sin explorar en explicaciones sin trampas que permitan alcanzar el conocimiento objetivo de la realidad Por esa razón, ha tolerado la supresión de la libertad en nombre de la libertad. Y ha tolerado la corrupción y despotismo de algunos sus líderes, por ejemplo de Ortega, en nombre de la necesidad urgente de acceder o mantenerse en el poder. Pero una moralidad socialista no se puede construir a partir del despotismo y la corrupción.

El espíritu conservador en la izquierda se manifiesta habitualmente en la incapacidad de cultivar un sentido de la crisis, una atención crítica continuada a lo que sucede en la vida real. Se prefiere obviar los hechos, enmarcarlos en todo caso en un cuadro explicativo unilateral y acrítico, con tal de salvar unas categorías ideológicas y políticas ya obsoletas. Este espíritu conservador no está preparado para depurar legados ideológicos y producir ideas e imágenes más ricas y adecuadas a nuevas situaciones. Convierte lo revolucionario en una pieza arqueológica en lugar de hacer de ello una palanca para, si hace falta, recomenzar de nuevo. Es verdad que la idea de criticar lo propio no tiene una historia muy extensa y la del pensamiento crítico menos todavía, pero las gentes de izquierda necesitamos recorrer un camino que nos libere de camisas de fuerza intelectuales que nosotros mismos hemos construido, mediatizados por nuestros propios temores.

Para quienes defienden a Ortega y Murillo, hagan lo que hagan, una formulación recurrente es la siguiente: "No hay duda que el hecho de criticar a los nuestros no puede sino favorecer el proyecto imperial sobre la región". Es una formulación descorazonadora y lo que es peor, reflejo de un viejo lenguaje y de un pensamiento que ha hecho mucho daño a las izquierdas en su historia. Este espíritu inquisitorial, amenazante al decir "quién actúa fuera de lo nuestro es ya parte del enemigo", debe ser dejado atrás, en ese oscuro pasado a veces fronterizo con el dogmatismo más perverso. Al contrario, en América Latina, como en cualquier parte del mundo, el pensamiento crítico necesita fundarse sobre una visión realista de la sociedad sobre la que se desea actuar. Una visión que incluye el diagnóstico de lo que somos y la crítica de nuestros errores, como condición para reconstruir. Precisamente, el mejor servicio al imperialismo es vivir en la mentira, en la adulteración de la realidad, en el ocultamiento de nuestros errores en la negativa a una autocrítica, en creer de forma errática que defender a Daniel Ortega es defender lo nuestro, nuestro proyecto libertario.

El pensamiento crítico es un pensamiento de combate. No se acomoda en la costumbre, en la inercia, para terminar diciendo "este líder es un hijueputa pero es nuestro hijueputa, y hay que seguir apoyándolo". Pensamiento de combate quiere decir rebelarse para hacer caminos nuevos, no importando que se pierdan privilegios, puestos políticos, ni electorados cautivos. Pero, además, el pensamiento crítico debe ser una herramienta para construir identidades colectivas, mediante la movilización en la calle pero también de las ideas. Identidades construidas no alrededor de una cúpula, de un caudillo, sino desde la relación democrática de base, desde el valor de la multitud que actúa consciente y rechaza la sumisión. Finalmente, el pensamiento crítico tiene toda su fuerza en el rigor con que acomete no sólo la crítica del campo contrario sino que también del campo propio.

Muchas voces de izquierda tienen una opinión anticuada sobre la realidad de Nicaragua. Anticuada porque pertenece a lo que fue, no a lo que es en la actualidad. Es una construcción ideológica la que expresan esas voces, no parten de los datos, más bien los obvia porque sólo así la ideología puede prevalecer. Me da pena, pues el socialismo deseable necesita más que nunca construirse desde los datos de una realidad viva, sea la que sea. Yo, con humildad, aconsejaría a los defensores de Ortega que vayan estos días a Nicaragua. Que hablen si quieren con las autoridades, pero que hablen también con la gente, que vayan a las universidades y barrios, que dialoguen con los pobladores y escuchen sus testimonios que denuncian el despliegue de fuerzas paramilitares que disparan con armas de guerra. Vayan, vayan, a Nicaragua, sean consecuentes con la idea de que la verdad es siempre revolucionaria.

¡Viva Sandino!

Iosu Perales. Periodista y politólogo. Veterano de la solidaridad con Nicaragua, autor del libro “Los buenos años: Nicaragua en la memoria”

El rompecabezas de la realidad nacional

El Salvador




Luis Armando González

Alainet

Pensar la realidad nacional como un rompecabezas puede ser un buen ejercicio mental, que a lo mejor puede ayudar a clarificar (o a ver de otra manera) la actual coyuntura. No nos referimos, en estas líneas, a que la realidad nacional sea un quebradero de cabeza para quienes buscan comprender, con seriedad y honestidad, sus dinamismos y tendencias políticas, económicas, culturales o sociales.

Más bien, se alude a ese juego de mesa, conocido como “rompecabezas”, que consiste en ensamblar piezas sueltas (y revueltas) de forma tal que al final da como resultado un conjunto armónico y unitario (que puede ser un paisaje, un animal, etc.). Lo interesante del juego es ir probando, mediante ensayo y error, el enganche de una pieza con otra, hasta lograr que todas las piezas estén en su lugar.

¿De qué manera este juego puede ayudar a entender la realidad nacional? No, naturalmente, en lo que tiene de “juego”, pues hay demasiadas cosas duras y trágicas en el país como para divertirse con ellas. Sin embargo, como “imagen” sí puede tener alguna utilidad: el rompecabezas puede servir de imagen (si se quiere, como metáfora) de una realidad nacional en la cual hay diferentes piezas cuyo ensamblaje (mental) puede dar lugar, dependiendo de cómo se lo elabore, a diferentes interpretaciones de cómo se mueve el país en estos momentos.

Así, para comenzar, el rompecabezas de la realidad nacional puede verse como ya armado, con cada pieza (partidos, liderazgos, grupos empresariales, etc.) ocupando sitios definidos y configurando un “dibujo” de El Salvador (un mapa político, económico, social y cultural) en el cual todo está ya determinado.

En el plano específicamente político, para quienes tienen este rompecabezas completado en su mente, es claro cuál será el desenlace de las elecciones presidenciales de 2019. Desde marzo de este año, las cartas ya están echadas y lo que queda es esperar lo que de todas maneras sucederá. En esta visión, no hay lugar para lo inédito, lo novedoso o lo probable.

En fin, ya tienen armado el rompecabezas de la realidad nacional, con lo cual esta ha dejado de ser, precisamente, un rompecabezas: es una figura fija, con sus contornos bien definidos, cuando menos desde aquí hasta 2019. En ella, para decirlo de una vez, la derecha controla el aparato del Estado (Asamblea, Corte Suprema de Justicia y el Ejecutivo) y los grupos empresariales más poderosos reafirman su control del aparato económico y, desde el mismo, la vida y destino de la sociedad.

Una variante de este rompecabezas, ya armado, es la de uno que aunque no lo está todavía, casi llega a estarlo, salvo por unas piezas que todavía no han sido ajustadas, pero de las cuales ya se sabe dónde van a encajar. Es decir, sólo es asunto de detalles y de un poco de tiempo para que ese ensamblaje se dé.

De nuevo, esta es una visión muy del gusto de la derecha: las piezas que falta por ensamblar para que su rompecabezas de la realidad nacional quede bien armado son, por ejemplo, las del nuevo fiscal o las de los nuevos magistrados de la Sala de lo Constitucional. Son piezas que se ajustarán a su “dibujo” de país, que se completará, en su visión, con el triunfo electoral en 2019.

Un tercer rompecabezas de la realidad nacional puede ser pensado como un conjunto de piezas aún no armadas, por lo tanto, revueltas y con varias (aunque no infinitas) configuraciones posibles. Desde esta perspectiva –y ciñéndonos a lo político— las cartas en vistas a 2019 no están echadas, o por lo menos no totalmente. En esta visión, las piezas del rompecabezas de la realidad nacional, en el plano político-electoral, deben irse encajando (se están encajando), pero no está predeterminado el modo cómo lo harán ni tampoco el resultado final, pues no hay una sola forma de hacerlo.

Hay, en el conjunto de las piezas “políticas” del país, bloques (figuras, dibujos) heterogéneos unos respecto de los otros, con lo cual su ensamblaje en un solo mapa (dibujo mayor) será prácticamente imposible. Así las cosas, en este tercer rompecabezas, el resultado final –el mapa político del país en 2019— no se puede anticipar con una seguridad absoluta en estos momentos, aunque se puedan vislumbrar posibles tendencias a partir de la fortaleza y perfil de los principales “bloques de piezas” que lo constituyen.

Una variante de este rompecabezas de la realidad nacional consiste en añadir que algunos de sus “bloques de piezas” (y algunas de sus piezas individuales) no están totalmente definidas, con lo cual no hay certidumbre de que sean parte definitiva del rompecabezas ya armado que se tendrá en 2019.

Es decir, en esta variante, las cartas para las elecciones del otro año no sólo no están echadas, sino que en la baraja con la que se juega hay cartas que, por ahora, no tienen un valor definido. O sea, para armar un rompecabezas se requiere que todas las piezas que formarán parte del mismo tengan las dimensiones y el tamaño adecuados para su ensamble con otras, pues de no ser así se tratará de piezas que quedarán fuera del mismo. Y en la situación actual del país –según la visión que exponemos— hay piezas, con las que se pretende configurar el mapa político en 2019, sin una definición precisa y, por ello, no se sabe si serán parte del rompecabezas final.

Cada cual puede elegir la idea del rompecabezas de la realidad nacional que más le guste. Sin embargo, al menos por intuición, se puede pensar que las dos últimas formulaciones pueden ser más ilustrativas de la dinámica salvadoreña actual (en materia política-electoral).

Si ello fuera así, el escenario en el que se realizarán las elecciones presidenciales (y sus posibles resultados) no está totalmente montado, con lo cual los diferentes actores tienen un importante margen de maniobra –en un tiempo corto— para perfilarse como piezas importantes del mapa político que se formará en 2019.

En el caso del FMLN, se ha abierto un margen de maniobra que inmediatamente después del evento electoral de marzo no se veía en el horizonte. En el mismo, los efemelenistas –como una pieza del rompecabezas nacional que ha logrado mantener sus contornos— tiene una ventaja importante respecto de otras piezas cuyos contornos o bien se han difuminado (o se están difuminando) o bien no logran ajustarse en el bloque de piezas del cual forman parte.

Con todo, es prematuro asegurar desenlaces políticos-electorales para 2019 a partir de lo que se tiene en estos momentos. Para hacer conjeturas al respecto, hay que esperar –sin comer ansias— la definición de los actores que van a tener una participación real –no sólo en redes sociales— en el proceso electoral de 2019. Y, luego de eso, explorar, en primer lugar, su posicionamiento entre sus militantes y simpatizantes, y, en segundo lugar, entre los distintos sectores de la sociedad.

Luis Armando González es Licenciado en Filosofía por la UCA. Maestro en Ciencias Sociales por la FLACSO, México. Docente e investigador universitario. 

Fuente: http://www.alainet.org/es/articulo/194078

EE.UU. y América Latina: retórica proteccionista y avance neoliberal


Arantxa Tirado

CELAG

Donald Trump anunció a finales de mayo un nuevo arancel del 25% para gravar las importaciones a los Estados Unidos (EE.UU). de determinados productos industriales chinos por un valor de 34.000 millones de dólares.[1]Este arancel entró en vigencia el 6 de julio y días después se añadieron más aranceles a otros productos valorados en 200.000 millones de dólares.

El Gobierno de EE.UU. afirma que, entre otras cuestiones, China no está respetando las reglas de propiedad intelectual, y que eso estaría afectando la propia seguridad nacional estadounidense. Por su parte, China respondió estableciendo, también, aranceles a las importaciones estadounidenses y denunciando las acciones unilaterales de EE.UU. como violatorias de las leyes internacionales suscritas por ambos países en el marco de la Organización Mundial del Comercio (OMC).[2] Esta “guerra de los aranceles” entre EE.UU. y China ha hecho saltar las alarmas en algunos sectores del establishment estadounidense, preocupados por las repercusiones que las medidas “proteccionistas” de la administración Trump puedan tener en la expansión de sus negocios en terceros países.[3]

No obstante, en América Latina y el Caribe (ALC) prosigue la expansión económica del sector público-privado estadounidense. Pese a la retórica del presidente Trump, el Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN) se está renegociando para que EE.UU. salga aún más beneficiado del intercambio económico con Canadá y México.[4] Aunque ahora las negociaciones se encuentran detenidas temporalmente -debido al proceso electoral mexicano y su consiguiente transición gubernamental- los tratados de libre comercio que Estados Unidos tiene suscritos con otros países de la región siguen avanzando.

En ALC, EE.UU. tiene firmados acuerdos de libre comercio bilaterales con Chile,[5] Colombia[6], Panamá[7] y Perú[8]; y tratados multilaterales con México (TLCAN) y con República Dominicana, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua (CAFTA-DR).[9] A excepción del TLCAN, el resto de tratados puede considerarse una respuesta al fracaso del proyecto de liberalización hemisférica propuesto en el Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA), sepultado en Mar del Plata (Argentina) en 2005, durante la IV Cumbre de las Américas.

El compromiso con el libre comercio está garantizado en la región, no sólo por parte de EE.UU. sino también de sus socios principales, muchos de ellos integrantes de la Alianza del Pacífico. De hecho, el 21 de julio tendrá lugar una nueva XIII Cumbre de la Alianza del Pacífico en México. Los países miembro de la Alianza (Chile, Colombia, México y Perú) llegaron a expresar su adscripción al libre comercio incluso en medio de la salida de EE.UU. del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica -TPP, por sus siglas en inglés-. Desde marzo de 2018 el TPP pasó a denominarse Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP o TPP11)[10]por sus once miembros, entre los que se encuentran Chile, México y Perú. Esta actividad contrasta con la parálisis en la que se encuentra sumida la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) tras el cambio en la correlación de fuerzas en la región y las recientes declaraciones de funcionarios ecuatorianos sobre la conveniencia de repensar el uso de su sede en Quito.

Tampoco desde el sector público-privado estadounidense se observa una voluntad de abandonar su interés por la expansión económica en ALC. Recientemente, la Corporación de Inversión Privada en el Extranjero (OPIC) y el Departamento de Energía estadounidense anunciaron una “Alianza para impulsar a las Américas”[11] con una inversión de mil millones de dólares en el sector energético mexicano durante los próximos tres años, un área estratégica para EE.UU.[12]Está por verse cómo impactará la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de México en estas inversiones, en las relaciones EE.UU.-ALC, o en las negociaciones del TLCAN. En efecto, el cambio político en México es ahora mismo uno de los temas de mayor debate entre los analistas del establishmentestadounidense,[13] pues podría tener un impacto significativo en las relaciones bilaterales y, también, en el rumbo político regional. Dejando a un lado el poco margen de maniobra que puede tener un presidente de un país subordinado en el sistema internacional y cuya economía depende en más del 80% de EE.UU., se abre un nuevo horizonte político que tendrá correlato en lo económico, aunque sea de manera mínima o simbólica.

En conclusión, lo que observamos en la Administración Trump es una nueva retórica beligerante en materia económica que debe ser ponderada con los hechos. Si bien es cierto que se han anunciado algunas iniciativas en una línea “proteccionista”, habría que analizar hasta qué punto este proteccionismo es incompatible con el funcionamiento del libre comercio e, incluso, del neoliberalismo.

El proteccionismo estadounidense, tal como ha sido aplicado en otros momentos de la historia, implica la exigencia de la apertura de otros países mientras se protege con subsidios a determinados sectores productivos nacionales. Este proteccionismo no ha impedido u obstaculizado de modo significativo ni el intercambio comercial, ni la expansión del neoliberalismo, ni la de los intereses del sector público-privado estadounidense por todo el planeta. Cabría preguntarse, como en tantos otros temas, qué porcentaje hay de retórica y qué porcentaje hay de hechos en las propuestas de la Administración Trump. Pero, sobre todo, cabría preguntarse qué tanto puede Washington llevar adelante determinadas iniciativas sin el respaldo de importantes sectores del establishmentdel país, considerando el impacto que esto puede tener en la economía y la mayoría de los países de América Latina y el Caribe que mantienen estrechos vínculos comerciales y financieros con la economía estadounidense.

 

Notas:

[1] https://ustr.gov/about-us/policy-offices/press-office/press-releases/2018/june/ustr-issues-tariffs-chinese-products

[2] http://spanish.xinhuanet.com/2018-07/13/c_137321981.htm

[3] https://www.univision.com/univision-news/opinion/trumps-protectionism-undermines-economic-strength

[4] http://www.celag.org/eeuu-mexico-tlcan-renegociacion-al-gusto-estadounidense/

[5] https://ustr.gov/trade-agreements/free-trade-agreements/chile-fta

[6] https://ustr.gov/trade-agreements/free-trade-agreements/colombia-tpa

[7] https://ustr.gov/trade-agreements/free-trade-agreements/panama-tpa

[8] https://ustr.gov/trade-agreements/free-trade-agreements/peru-tpa

[9] https://ustr.gov/trade-agreements/free-trade-agreements/cafta-dr-dominican-republic-central-america-fta

[10] https://www.direcon.gob.cl/tpp/capitulos-del-acuerdo/

[11] https://www.opic.gov/press-releases/2018/opic-and-us-department-energy-announce-partnership-power-americas

[12] https://www.csis.org/analysis/can-energy-close-americas-trade-deficit

[13] Véase, entre otros, https://www.thedialogue.org/energy-advisor/ , http://www.americasquarterly.org/content/amlo-week-pension-plans-business-charms-and-major-move-corruption ,   https://www.economist.com/leaders/2018/06/21/amlo-mexicos-answer-to-donald-trumphttps://www.foreignaffairs.com/articles/mexico/2018-07-02/lopez-obrador-and-future-mexican-democracy

Arantxa Tirado, investigadora CELAG.

Fuente: http://www.celag.org/ee-uu-america-latina-retorica-proteccionista-avance-neoliberal/

Cumple Lula 100 días encarcelado injustamente: Rousseff




La ex presidenta de Brasil Dilma Rousseff aseguró que su antecesor, Luiz Inacio Lula da Silva (2003-2010), quien ayer cumplió 100 días recluido tras ser sentenciado a 12 años y un mes de prisión por la supuesta comisión del delito de corrupción, es la esperanzapara el país.

Lula hoy es nuestra esperanza y ellos (los de la derecha) piensan que nosotros vamos a sacar a Lula del proceso electoral, pero no lo vamos a hacer. Lula cada día que pasa se acerca más a las urnas y es lo que nosotros más queremos, declaró la ex mandataria, quien fue destituida por un golpe de Estado parlamentario en agosto de 2016.

Recordó que Lula da Silva cumple 100 días detenido injustamente, y declaró que la justicia de Brasil dejó de ser imparcial y pasó a condenar a un inocente y perseguirlo políticamente.

Encarcelado desde el 7 de abril en la sede de la Policía Federal de la sureña Curitiba, Lula encabeza los sondeos de intención de voto con más de 30 por ciento.

Explicó que Lula debe ser absuelto antes del 15 de agosto, fecha en que puede quedar oficialmente inhabilitado por el Tribunal Superior Electoral, para ser candidato, si continúa en prisión.

Lula da Silva está acusado sin prueba alguna de cometer los delitos de corrupción pasiva, lavado de dinero, tráfico de influencia y organización para delinquir.

En Brasil dieron un golpe y Lula puede pararlo y hacer crecer nuevamente al país, declaró la ex mandataria brasileña.

Al mismo tiempo, tejer relaciones internacionales activas y no sometidas a Estados Unidos y a las grandes potencias, agregó la política brasileña.

Dijo que por ese motivo acude al 24 encuentro del Foro de Sao Paulo, que sesiona del 15 al 17 de este mes en la ciudad de La Habana, para recabar la solidaridad de partidos políticos y movimientos progresistas de la región.

Xinhua

Periódico La Jornada
Lunes 16 de julio de 2018, p. 25
La Habana

A gritos

American curios




David Brooks


▲ Yeni Maricela González García, acompañada por sus hijos y abogados. La familia, guatemalteca, fue reunificada en la ciudad de Nueva York.Foto Afp


Los gritos de dolor y susto que se escuchan de niños pidiendo por sus padres, imágenes de caras aterrorizadas y traumatizadas, innumerables cuentos de padres e hijos sobre cómo fueron separados por hombres uniformados, son las historias de nada menos que uno de los mayores secuestros masivos en la historia contemporánea –todo, parte de una política oficial.

Se supone que buena parte de estas familias serán reunificadas antes de finales de mes, bajo una orden judicial contra el régimen de Trump. La gran ola de condena universal –nutrida por magníficas expresiones de denuncia, acciones de desobediencia civil y más (https://bit.ly/2Lf4zGu)– ya había obligado al presidente a suspender la práctica de arrebatar a niños de los brazos de sus padres.

Pero hoy día siguen separados miles de niños –algunos detenidos en albergues, donde tenían prohibido hasta abrazarse para consolarse– y, aunque ahora el gobierno está reunificando a algunas familia separadas, un par de preguntas necesitan respuesta: ¿Cómo se permitió esto? ¿Quedarán impunes los responsables?

Aproximadamente 3 mil y, posiblemente, hasta 4 mil (es que el gobierno no sabe cuántos exactamente) niños fueron arrancados a la fuerza de los brazos de sus padres desde el año pasado hasta junio de este año por el régimen de Trump. Las autoridades insisten en que esto es legal y explican que cuando capturan a un migrante indocumentado cruzando la frontera está cometiendo un delito, y como cualquier delincuente es enviado a la cárcel y como resultado la consecuencia es ser separado de su familia.

Pero casi todas estas familias se presentan ante autoridades solicitando asilo, y eso no es un delito. Abogados explican que las leyes nacionales e internacionales garantizan el derecho de un refugiado a buscarlo.

De hecho, hace sólo unos días un juez federal emitió un fallo contra el régimen de Trump afirmando que el gobierno está violando sus normas al encarcelar a solicitantes de asilo en lugar de otorgarles una libertad condicional (lo cual se hacía en la abrumadora mayoría de los casos antes de este gobierno) mientras esperan el proceso de su caso ante un tribunal de inmigración.

Buscar asilo no es delito. El ilícito lo está cometiendo el gobierno al intentar criminalizar a los refugiados, separar a sus familias, incluyendo arrebatarles a sus niños bajo justificaciones oficiales ,que van de argumentos legales torcidos (casi siempre rechazados por los jueces, hasta la fecha) a seguridad nacional y hasta la Biblia. A esta práctica se le debe llamar lo que es: secuestro.

Esta política no es nueva en la historia de este país. Políticas oficiales llevaron a que miles de niños indígenas fueran secuestrados de sus familias para ser lavados de su cultura (idioma, costumbres, historia). Fue una práctica común contra las familias esclavas. Se separaron y/o encarcelaron en campos de concentración a familias japonesas-estadunidenses. Fueron caracterizados como alimañas infestando Estados Unidos, como una amenaza a la seguridad nacional, recuerda la escritora y crítica literaria Michiko Kakutani, cuya madre fue una de las 120 mil personas de descendencia japonesa internadas en centros de detención en la costa oeste del país, durante la Segunda Guerra Mundial, sin ningún proceso debido de ley.

Es increíble observar a este gobierno presentarse como juez ante otros países y sostener intercambios respecto de la cooperación sobre valores compartidos, incluyendo democracia y justicia.

Los gritos y sufrimiento de niños deberían colocar al responsable, a este juez, en el banquillo de los acusados. Logarlo es responsabilidad y deber de esta sociedad y de los representantes de lo que llaman comunidad internacional.

Mientras tanto, perdón por tener que repetir mucho lo que ya se sabe. Perdón por insistir. Perdón por no hacerlo de manera suficientemente efectiva para ya no tener que hacerlo más. A veces uno tiene que gritar también.

domingo, 15 de julio de 2018

El gran trueque de Trump y Putin en el Bazar de Helsinki, según The New Yorker y Susan Rice

Bajo la Lupa


El gran trueque de Trump y Putin en el Bazar de Helsinki, según The New Yorker y Susan Rice


Alfredo Jalife-Rahme


▲ The New Yorker dice que Donald Trump acordará con Vladimir Putin fin del conflicto sirio.Foto Ap


P

ese al fallido torpedeo del Deep State (https://sptnkne.ws/jaSM), la cumbre de Trump y Putin se escenificará un día después de la final de la exitosa copa mundial de futbol de Rusia (http://bit.ly/2ul3P8O).

Adan Entous, de The New Yorker, asevera que “funcionarios israelíes, sauditas y de los Emiratos empujaron en forma privada (sic) a Trump a realizar un ‘gran trueque’ con Putin” para resolver el conflicto en Siria a cambio de levantar las sanciones contra Rusia por el contencioso de Ucrania (http://bit.ly/2NdP4Mi): Israel, Arabia Saudita (AS) y los Emiratos Árabes Unidos (EAU) gozan de una influencia sin paralelocon Trump.

Se trata de estimular a Moscú de disminuir su asociación con Irán en Siria, a cambio de suculentas inversiones en Rusia, lo cual fue orquestado en las islas Seychelles (https://wapo.st/2uAk7KB).

Susan Rice, ex asesora de Seguridad Nacional de Obama, da por hecho el gran trueque y avizora que Trump capitularáante el más sagaz Putin (https://nyti.ms/2uo1daz).

Se generarán grandes y medianos trueques en el gran bazar de Helsinki.

Según The Times of Israel, el Kremlin admite que la presencia de Irán en Siria será un tema relevante de la cumbre de Trump y Putin, pero que Rusia ha advertido que no es realista esperar una retirada total (sic) de Teherán, como exige Israel, por lo que busca crear una zona de amortiguamiento de 80 kilómetros de la frontera de Israel(http://bit.ly/2NPLauc).

No deseo arruinar la cumbre de Trump y Putin, pero ¿cuál es la frontera con Siria después de que Israel anexó las Alturas del Golán?

Un día después del encuentro del primer Netanyahu y el zar Vlady Putin, los multimedia de Israel dedicaron mucho espacio a la reu-nión de Ali Akbar Velayati (AAV), asesor del ayatola Jamenei, con el presidente ruso para sopesar los alcances de un acuerdo triangulado con la dupla Trump/Netanyahu que ostenta la misma postura pugnaz contra la antigua Persia (http://bit.ly/2NdNDNU).

El asesor iraní invocó hábilmente su influencia con el gobierno de Irak: sólo dejaremos Siria si Assad y Bagdad (sic) lo piden.

El trueque del premier Netanyahu con el zar Vlady Putin versa en la tácita aceptación del régimen sirio de Bashar al Assad, apunta-lado por Rusia, a cambio de la salida de las milicias que patrocina Irán –que incluye al libanés Hezbolá.

The New Yorker y Susan Rice alegan que detrás de las exigencias de la dupla Trump/Netanyahu se encuentran los deseos de sus dos aliadas petromonarquías árabes: AS/EAU.

Muchos fantasiosos comentaristas israelíes –como Daniel Shapiro, ex-embajador de Obama en Israel– afirman que existe un trueque de “Ucrania por Siria (http://bit.ly/2KTyioS)”, que parece mas bien Ucrania por Irán, porque no toman en cuenta la opinión del presidente sirio.

No es para tanto, ya que ante la anexión irreversible de Crimea por Rusia –donde el presidente Petro Poroshenko de Ucrania sólo recibiría órdenes de EU–, en el caso de Siria, Irán es aliado, no súbdito, de Rusia, la que, con el fin de concertar un acuerdo que favorezca doblemente a Moscú –tanto en Crimea como en Siria– podría redesplegarse en Siria a cambio de otros apoyos tangibles cuando ni al mismo zar Vlady Putin le convendría una derrota de Irán,aunque sea en el papel, y que rechazaría la dirigencia chiita de Teherán.

En este bazar desplegado desde el Mar Negro hasta el Golfo Pérsico no podía faltar la legendaria perfidia británica del The Financial Times (13/07/2018), cuyos principales accionistas son los banqueros Rothschild, creadores del Estado de Israel –que divulga, quizá con el objetivo de perjudicar a Irán, un acuerdo para que Rusia invierta US$50,000 millones en la industria energética persa, con el fin de eludir las sanciones asfixiantes de Trump.

Más que gran trueque, vislumbro que habrá un gran truco geoestratégico, que saldrá de las tratativas de varias bandas entre Trump y Putin, que asiente el nuevo “orden post-occidental multipolar (http://bit.ly/2uCLzHI)”.

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Una farsa consolidada pone a Brasil rumbo al abismo


Eric Nepomuceno


Faltan dos meses y medio para que alrededor de 150 millones de brasileños elijan el próximo presidente, quien sucederá al ilegítimo y golpista –además de corrupto– Michel Temer. Cada día que pasa se hace más evidente que la de este 2018 será la más imprevisible y, por eso, peligrosa elección de al menos los pasados 30 años.


Los mentores y autores del golpe que en abril de 2016 defenestró a la presidenta Dilma Rousseff e instaló en Brasilia a una pandilla, han cumplido con el objetivo inicial: destrozaron conquistas sociales de más de década y media, anulando, inclusive, la pequeña parte positiva creada por el ex presidente Fernando Henrique Cardoso. El mismo Cardoso, a propósito, que ha sido figura clave en el actual desmonte del país.

El resultado de miles de millones de dólares destinados a crear la tecnología más avanzada de explotación y producción de petróleo en aguas ultraprofundas, por ejemplo, es ahora regalado a las trasnacionales del sector. La industria de la construcción, tanto como la industria naval, fue diezmada. Por donde quiere que se mire, el legado de Temer y su pandilla es de puros destrozos.

La tan prometida recuperación económica es un sonoro fracaso. Pese a eso, el sistema bancario brasileño está entre los más lucrativos del mundo. Tiene tasas de interés astronómicas, frente a la indiferencia del equipo económico y de las autoridades monetarias.

Al mismo tiempo, entre desempleados y subempleados o con trabajo más que precario, tenemos una población de 27 millones de personas. Nueve veces la población de Uruguay, más de la mitad de la de Argentina, casi un Canadá, más de un Chile y medio. El país volvió al mapa del hambre y millones de sus habitantes volvieron a la miseria.

A lo largo de los pasados meses se aprobó –por tres mil 800 millones de dólares– la venta (disfrazada de fusión) de la Embraer, la tercera mayor fabricante de aviones del mundo, a la Boeing. El valor corresponde a poco más de 10 por ciento de lo que el Estado brasileño destinó a financiar a la Embraer. Y cuando digo que por donde quiere que se mire lo que se ve es puro desastre, me refiero, por ejemplo, a que el Congreso –el de más bajo nivel ético, moral, político, intelectual– desde el retorno de la democracia acaba de aprobar la utilización de agrotóxicos producidos en Estados Unidos y que en Europa están rigurosamente prohibidos. O que el vicepresidente estadunidense Mike Pence, en visita oficial a Brasilia, se haya dado el derecho de darle una durísima reprimenda a Michel Temer, que, como buen vasallo, bajó la cabeza y listo. Cuando se recuerda el rol y el espacio que Brasil conquistó en tiempos de Lula da Silva y su canciller Celso Amorim, lo que resta es un profundo sentimiento de vergüenza.

Y nos detenemos con un escenario de susto: la derecha, los grandes conglomerados de comunicación, el mercado financiero, los intereses de las trasnacionales, en fin, el golpe, no tienen ningún candidato viable. Hicieron lo que hicieron, lograron parte sustancial de sus objetivos de saqueadores, pero no tienen cómo asegurar la continuidad de lo que consideran esencial para su avidez.

El más rechazado y despreciado gobierno civil de la historia brasileña no tiene delfines. ¿Quién heredará los destrozos para seguir destrozando?

Nada más indignante, sin embargo, en este escenario que provoca pura indignación, que la falencia de las instituciones, empezando por la de Justicia.

La omisión cobarde y cómplice, la más absoluta degradación del Poder Judicial de mi país será, muy probablemente, la marca más fuerte de esos tiempos de vergüenza y descalabro.

La descarada persecución al ex presidente Lula da Silva quedó más que evidente el pasado domingo, cuando el juez Sergio Moro, de primera instancia, ordenó que la Policía Federal no cumpliese una determinación de un magistrado de instancia superior, e inclusive llamó por teléfono, desde Portugal donde vacacionaba, al ministro de Seguridad de Temer para darle la misma instrucción. Frente a semejante absurdo, ¿qué le pasará? Pues nada. El justiciero tiene asegurada su impunidad, en tiempos de dictadura togada.

Y se consolidó el jueves 12, cuando el juez federal Ricardo Leite, de Brasilia, desestimó las acusaciones contra él y otros cinco, por no aceptar como prueba la simple delación, sin comprobación alguna, como sustancia para juzgarlo.

Pues ha sido exactamente así –la delación de un solitario delator, sin ninguna otra evidencia, o indicio, y de pruebas mejor ni hablar– que el provinciano Sergio Moro lo condenó y tuvo el pleno respaldo del tribunal de segunda instancia cuyo presidente clasificó de irreprochable la sentencia sin siquiera haberla leído.

Lula no podrá disputar una elección en la cual los sondeos siguen indicando su amplísimo favoritismo.

Hay otro dato en los sondeos: sin Lula, victoriosa será la suma de votos en blanco, nulos y abstenciones.

Ese es el legado del golpe mediático-jurídico-parlamentario que lanzó mi país al abismo.

Foro de Sao Paulo: nuevos debates del cambio de época




Katu Arkonada


Guerra de posiciones. Ese concepto gramsciano es el que mejor ilustra la situación continental después del cambio de época inaugurado por el comandante Hugo Chávez en 1998, que llevó a que una izquierda aglutinada en el Foro de Sao Paulo, que hasta ese año sólo gobernaba (eso sí, desde 1959) la Cuba socialista, pasara a gestionar hasta 11 gobiernos latinoamericanos (Venezuela, Argentina, Brasil, Uruguay, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, El Salvador, Honduras, Paraguay y un Perú que comenzó con signo progresista y terminó con un claro carácter conservador). Sin embargo, tras una ofensiva de carácter conservador, fue perdiendo por la vía electoral (Argentina) o de los golpes de Estado (Honduras) y parlamentario-judiciales (Paraguay o Brasil) las posiciones conquistadas. Otras veces la contrarrevolución llegó desde dentro, como es el caso de Ecuador, donde la derecha ni siquiera tuvo que ganar electoralmente al correísmo para hacerse con el poder.


La reciente victoria del uribismo en Colombia y del lopezobradorismo en México, junto con los vaivenes judiciales en torno a la liberación de Lula en Brasil, todo ello en menos de un mes, ilustran a la perfección esa especie de empate catastrófico en la que se encuentra América Latina, empate entre los proyectos progresistas y los intentos de restauración conservadora.

Es en este contexto que entre el 15 y 17 de julio se celebra el 24 Foro de Sao Paulo en La Habana, Cuba. Un foro ideado por Fidel Castro y Lula da Silva allá por 1990, cuando caía el mundo y se imponía el fin de la historia. Foro que siempre ha recogido en su seno las correlaciones de fuerza existentes en cada país y momento histórico. Al fin y al cabo, de eso se trata la política. Por eso también no es casualidad un FSP en la Cuba post Castro, con Díaz Canel como presidente, y el PCC, de Raúl, de anfitrión del evento.

Y todo ello en un momento de crisis.

Crisis del capitalismo que sólo puede seguir el proceso de acumulación profundizando el despojo, en un proceso de financiarización de la economía, con Trump y el Brexit poniendo en jaque la globalización neoliberal, y China y Rusia haciendo jaque mate al mundo unipolar.

Crisis del imperialismo, que sin embargo continúa su ofensiva en todo el planeta, haciendo lo único que sabe hacer, y aprovechando también errores ajenos. En el caso de América Latina y el Caribe, ha cambiado el enemigo externo, Cuba por Venezuela, pero continúan las mismas viejas practicas en un nuevo tablero de juego.

Crisis política de la que no se salvan ni los gobiernos de izquierda ni los de derecha. Ahora mismo el escenario continental tiene incendios en Nicaragua, El Salvador, Ecuador, Brasil, Colombia y Argentina.

Al igual que en 1990, el foro nació en un escenario tremendamente complejo. En 2018 el foro se reunirá en Cuba en otro momento complejo. Del fin de la historia al fin del ciclo progresista es el relato que quieren imponer. Quieren (re) imponer una versión tecnocrática de la política, dejando como mucho espacio para un progresismo light.

Para ello la ofensiva mediática, judicial e incluso religiosa es abrumadora. Quieren vencer culturalmente y cuentan para ello con la potencia de fuego mediática, con el avance de la derecha evangélica entre los sectores populares y la herramienta del lawfare cuando es necesaria, especialmente contra los líderes de la izquierda.

Los riesgos son grandes, la ventana de oportunidad que supuso el FSP, tal como la define el politólogo y ex diplomático cubano Roberto Regalado, uno de sus fundadores, puede abrirse, pero también cerrarse, con el riesgo de que del posneoliberalismo se pase a una socialdemocracia con características latinoamericanas.

Por eso los desafíos de esta edición del Foro de Sao Paulo son probablemente los mayores en la historia de esta herramienta de confluencia y unidad para la izquierda latinoamericana.

Todo ello en medio de un proceso de integración en retroceso: un Alba ralentizado, una Unasur en crisis y una Celac estancada.

Y con debates viejos, pero que necesitan de nuevas respuestas, como la relación partido-movimiento-gobierno-Estado. Para ello es imprescindible el diálogo con las nuevas fuerzas de izquierda y/o progresistas latinoamericanas, desde Nuevo Perú a Colombia Humana, del Frente Amplio de Chile a Morena de México.

Y, sobre todo, repensar los límites de los proyectos progresistas construidos hasta el momento. Repensar los límites para catapultarse hacia adelante en la edificación de un proyecto nuevo y más ambicioso que ya tiene un punto de partida, el Consenso de Nuestra América, documento de proyecciones para un programa político de acuerdos de la izquierda, los partidos y movimientos populares de América Latina y el Caribe.

Y, sobre todo, unidad, la que proclamaba Fidel Castro en su discurso en la clausura del cuarto Foro de Sao Paulo celebrado en La Habana el 24 de julio de 1993: Vean cómo a pesar de la diversidad de organizaciones tenemos un gran número de puntos en común y luchas en común, y esa declaración, que puede tener una coma más y una coma menos, una palabra más y una menos, una que nos satisfaga más y otra que nos satisfaga menos, es prácticamente un programa de lucha.

sábado, 14 de julio de 2018

Claves históricas para entender el triunfo de López Obrador en México


Camila Matrero

Rebelión

La victoria de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en México con el 53% de los votos frena, o al menos pone en entredicho, la restauración conservadora en la región. Desde los tiempos de la hegemonía indiscutible del Partido Revolucionario Institucional (PRI), un presidente no superaba los 50 puntos. 

López Obrador en el tablero político mexicano 

AMLO supo conjugar en estas elecciones la esperanza de transformación, en una apelación al futuro, pero sustentada en el pasado mítico de la primera revolución social exitosa del continente y el cardenismo de los años treinta, el movimiento nacional popular que terminó de concretar las promesas revolucionarias al extender la reforma agraria, nacionalizar el petróleo y establecer un programa de educación socialista en la república.

La apelación a Lázaro Cárdenas como fuente de inspiración no es azarosa. En un país que hace décadas perdió la soberanía alimentaria y actualmente depende de la importación de maíz estadounidense, base de la alimentación de su población, AMLO recupera al hombre que más tierras repartió entre campesinos en la historia del país, para hablarle a ese Sur que quedó rezagado a partir del Tratado de Libre Comercio del Atlántico Norte (NAFTA-TLCAN).

A ellos les dijo que su trabajo vale, que el crecimiento económico no se puede conseguir sólo mediante la industria maquiladora (emplazada en la frontera norte) y que los necesita organizados. No es casual el decidido apoyo que recibió del Movimiento Campesino Plan de Ayala Siglo XXI 2.0, con gran presencia indígena.

AMLO fue el primer candidato que recupera los preceptos del Buen Vivir (claves en los momentos fundacionales del proceso boliviano y ecuatoriano) y propone recuperar los conocimientos de las grandes civilizaciones prehispánicas.

Otro actor clave de la alianza actual, que recrea una de las bases de apoyo que tuvo el proyecto cardenista, es el sector docente. AMLO supo ganarse el respaldo del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), organizaciones que estuvieron en pie de lucha contra la Reforma Educativa que impulsó Peña Nieto y el nuevo Presidente electo prometió desarmar.

El tercer aspecto que emparenta a AMLO con el movimiento nacional popular de los años 30 es el energético. Si Lázaro Cárdenas al nacionalizar el petróleo dio el golpe más audaz contra las compañías estadounidenses, el gran desafío de este tiempo es revertir la reforma energética promulgada en la última administración del PRI, criticada fuertemente por AMLO.

Entre sus propuestas de campaña se encuentra la revisión de las adjudicaciones petroleras, la baja de los precios de los combustibles y la construcción de 5 refinerías, con lo cual la producción de hidrocarburos volvería a ser una política estatal en términos de desarrollo económico y generación de puestos de trabajo. 

Crónica de un ascenso

Atender a estos procesos de acumulación histórica nos enseña que López Obrador no salió de un repollo. AMLO no es un fenómeno completamente novedoso de la política mexicana, como sí fueron los procesos de Venezuela (1998) Bolivia (2005) y Ecuador (2006), en donde nuevas formaciones pudieron canalizar de una manera democrática la crisis en el sistema de partidos, que amenazó con transformarse en una verdadera crisis orgánica.

El liderazgo de “Andrés Manuel” y la construcción de MORENA como partido político tiene más parentescocon la construcción política del Partido de los Trabajadores (PT) y LuizInácio Lula da Silva en Brasil, o el Frente Amplio (FA) y Tabaré Vázquez en Uruguay, en tanto las contundentes victorias, se explicaron/explican –en parte- por la acumulación política que supieron recoger en décadas de militancia los tres líderes; al tiempo que en los tres casos existe una preeminencia de la estructura partidaria, frente al carácter movimientistas de los casos de Venezuela, Bolivia y Ecuador.

A diferencia del PT y el FA, partidos creados en los últimos años de las dictaduras suramericanas, MORENA es el emergente de una doble fractura política que se gesta inicialmente en el seno del partido dominante (el mismísimo PRI).

El PRI, formado por Camacho y Alemán, representantes de las tendencias burguesas nacionales, es el heredero del Partido de la Revolución Mexicana cardenista (1938), que a su vez se reformula a partir del Partido Nacional Revolucionario, constituido por Calles en 1929 para organizar políticamente a los caciques vencedores de la Revolución Mexicana (1910-1920).

Fue el partido dominante por 70 años, hasta que en el año 2000 se produce la alternancia en favor del histórico partido de derecha Acción Nacional (PAN) con Vicente Fox, representante de los nuevos empresarios CEOs de la región norte.

El PRI fue verdaderamente hegemónico hasta 1988, momento en el cual después del sexenio de Miguel de la Madrid (1982-1988) que da inicio al proceso de liberalización, extranjerización y privatización que culminaría en la firma del TLCAN (1994); se desprende una corriente de izquierda que apelando a los valores revolucionarios le dará vida al tercer partido de masas en México, el Partido de la Revolución Democrática (PRD), llevando a Cuauhtemoc Cárdenas (hijo del ex presidente) como candidato presidencial en las elecciones de 1988, 1994 y 2000.

En las primeras que participa, el PRD queda en segundo lugar, pero en medio de denuncias de fraude (fundamentadas en que, de las 55 mil casillas electorales del país, solo se conocen las actas de 29.999). En las dos posteriores el PRD queda en un tercer lugar.

En 2006, se presenta por primera vez por el PRD López Obrador y obtiene 35,3% de los votos, apenas medio punto debajo de Felipe Calderón (PAN), sin segunda vuelta. En 2012 el candidato volvió a posicionarse en el segundo lugar, seis puntos atrás de Peña Nieto (PRI), a pesar de una ardua campaña deslegitimadora.

La tercera fue la vencida para el tabasqueño. Esta vez llega a la presidencia por un nuevo partido formalizado como tal recién en 2014, luego de que las alianzas locales del PRD con el PAN más las denuncias de connivencia con el crimen organizado de algunos de sus dirigentes (los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecieron en un municipio y estado gobernado por esta fuerza), produjera la segunda fractura política de la izquierda nacional. 

En esta oportunidad la fuerte campaña mediática y el llamado de los empresarios a no votar por AMLO no logró perforar la voluntad ciudadana.

Se inicia un nuevo tiempo en México. La promesa de una vuelta al mercado interno, al desarrollo económico con bienestar y la presencia activa del Estado, podría poner en jaque la ofensiva neoliberal que se respira en la región con el gobierno golpista de Temer, y la derecha “democrática” en Argentina, Colombia, Perú, Paraguay, Chile y el transformismo ecuatoriano (a diferencia del resto de los países, aquí no fue electo un partido de derecha, sino que es el Presidente, una vez en el cargo es el que vira el contenido programático).

Si López Obrador logra tener éxito en su política económica, social y en materia de seguridad, desbarata los preceptos y explicaciones de la nueva derecha regional, podríamos estar asistiendo al hecho fundacional para una contraofensiva popular en América Latina. 

 

Camila Matrero Licenciada en Sociología, integrante del Observatorio Electoral de América Latina (OBLAT-UBA), colaboradora del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE). 

Hallan en EU a 313 niños separados de sus padres


Diplomáticos hondureños visitan albergues

Presentan en Washington iniciativa para eliminar el ICE

Allison y su madre Cindy Madrid, dos migrantes que fueron separadas.

Foto Ap
Afp y Ap
Periódico La Jornada
Sábado 14 de julio de 2018, p. 21
Tegucigalpa

Un total de 313 niños hondureños separados de sus padres por la política de tolerancia cero a la migración indocumentada fueron identificados por miembros de la red consular de Honduras en Estados Unidos, informó una fuente migratoria.

En Washington, mientras tanto, demócratas liberales revelaron ayer una propuesta de ley para abolir el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés).

La directora de Protección del Migrante, Liza Medrano, indicó en rueda de prensa que miembros de los consulados de Honduras en Estados Unidos visitaron albergues en busca de niños, luego de que la administración de Donald Trump ordenó reunir con sus familias a los hijos separados de sus padres.

Tenemos 313 niños separados e identificados por nuestra red consular en diferentes entrevistas y visitas a albergues, detalló la funcionaria.

El gobierno de Trump ordenó el 7 de mayo separar a padres e hijos que entraran sin documentos por la frontera sur, medida disuasoria para los migrantes sin documentos, pero el mandatario desistió a finales de junio ante la presión local e internacional, y firmó un decreto para autorizar que los menores fueran retenidos junto con sus padres en centros de detención durante el proceso penal.

Medrano indicó que el 26 de julio deberá estar reunificadas las familias que fueron separadas, y tanto los cónsules hondureños como la canciller María Eugenia Agüero realizan gestiones para disponer de información completa sobre los menores separados.

Informó que algunos padres prefirieron dejar a sus hijos en Estados Unidos con algún pariente mientras regresaban a Honduras, pero aclaró que están actualizando esas cifras.

Por otra parte, demócratas liberales dieron a conocer una propuesta de ley con la que buscan abolir el ICE, en lo que observadores consideran una medida con miras a ganar el favor de los electores para los comicios de noviembre. El presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Paul Ryan, se burló de la iniciativa presentada el jueves por la tarde y los líderes del Partido Republicano se movilizaron para someterla a votación, con la esperanza de avergonzar y dividir a los demócratas.

Los puntos de vista discordantes sobre el posible impacto de la propuesta son el ejemplo más reciente de la importancia del tema de la migración para las próximas elecciones de medio mandato presidencial, en las que los demócratas esperan quitarles el control a los republicanos de la Cámara de Representantes y, probablemente, del Senado.

No parece que la inquietud pública sobre el tema vaya a disminuir pronto, en un contexto en el que el gobierno de Trump pasa apuros para reunificar a más de 2 mil niños migrantes que fueron separados de sus padres.

Es la posición más loca que he visto y simplemente están tropezándose entre ellos para hacerse demasiado a la izquierda, dijo Ryan a la prensa en relación con la propuesta de los demócratas. Están fuera de la corriente principal de Estados Unidos, y esa es una de las razones por las que me siento muy bien para este otoño, concluyó.

La propuesta de eliminar el ICE no tiene oportunidad de llegar a ningún lado en la Cámara de Representantes, pues es controlada por los republicanos.

Un asistente republicano dijo que el representante Steve Scalise recibió una reacción favorable de otros altos republicanos el jueves, cuando sugirió someter la iniciativa a votación. El asistente habló bajo condición de no ser identificado, porque no está autorizado a revelar conversaciones privadas.

Para los activistas demócratas liberales, la agencia de control se ha convertido en símbolo de la aplicación agresiva de las leyes migratorias por parte de Trump y eliminarla se ha convertido en consigna de campaña.

El presidente está usando al ICE como fuerza de deportación masiva para destrozar la moral en el país, expresó el representante demócrata Mark Pocan, principal patrocinador del proyecto de ley. En una entrevista un día antes, afirmó: Aquí es donde está el apoyo popular.

Mientras muchos liberales aseguran que el ICE ha aterrorizado a la comunidad migrante al perpetrar redadas afuera de escuelas y sitios de trabajo, los republicanos dicen que eso ayuda a reducir la delincuencia. Republicanos y algunos demócratas ven la abolición del ICE como un exceso político que ayudará al Partido Republicano a pintar a los candidatos demócratas como extremistas.

Elecciones latinoamericanas: Brasil desempata



Emir Sader


El calendario electoral latinoamericano de 2018 incluía disputas importantes que podrían cambiar la fisonomía política del continente. El año empezó en el contexto de la contraofensiva conservadora, con esa tendencia siendo confirmada o cuestionada según los resultados electorales, por lo que representaría continuidad o cambio de gobiernos en países muy importantes del continente.


Estaban previstas elecciones en algunos de los países más importantes de la región, como México, Brasil, Colombia, Venezuela, Costa Rica y Paraguay. A mitad del año casi todas los comicios ya se realizaron, siendo posible analizar las tendencias predominantes.

En las elecciones en los países de más peso ha triunfado, en México y Venezuela, la izquierda, mientras la derecha ganó en Colombia. En las otras dos naciones, Paraguay y Costa Rica, ha vencido la derecha.

Analizando más en detalle, la victoria de López Obrador es la más significativa en el continente, por lo que representa como llegada, por primera vez, de la izquierda al gobierno, a la par que produce una profunda crisis en los dos partidos de la derecha y por la dimensión de la victoria de Morena en todo México. Se cierra un largo periodo en la historia del país y se abre otro en el que las fuerzas progresistas tienen condiciones de promover cambios estructurales en México. Sus proyecciones para el conjunto de América Latina dependen de otros factores, entre ellos el resultado de las eleciones en Brasil, como mencionaremos más adelante.

En Colombia el uribismo volvió al gobierno, pero tiene frente a sí, por primera vez, un liderazgo de izquierda con Gustavo Petro, quien llegó a la segunda vuelta con 40 por ciento de votos, ubicándose como el principal líder de la oposición al gobierno desde el Senado. Si la extrema derecha ha triunfado, lo hizo en un escenario político bastante menos favorable que en gobiernos anteriores, con una proyección de futuro favorable a la izquierda.

En Venezuela la relección de Nicolás Maduro se hizo en un marco muy difícil para el mismo gobierno, sea por el alto nivel de abstención o por la continuidad de la profunda crisis económica y social en que se encuentra el país, además del cerco internacional.

En Paraguay el Partido Colorado dio continuidad a su gobierno de derecha, triunfando sobre la oposición, la alianza entre el Partido Liberal y la izquierda. En Costa Rica fue derrotado el candidato evangélico, victorioso en la primera vuelta, pero quien lo ha vencido es un político tradicional con un programa neoliberal.

El balance general, por el momento, está equilibrado entre la derecha y la izquierda, aunque el transcurso del año no confirma todavía la continuidad del viraje hacia la derecha, empezado hace algunos años, aún con los triunfos en Colombia, Costa Rica y Paraguay.

Particularmente la victoria en México, pero también en Venezuela, equilibran relativamente la situación.

Los ojos se vuelven ahora hacia las eleciones brasileñas, cuyos resultados van a desequilibrar las transformaciones de este año para el continente. Si la derecha brasileña, mediante algun nuevo ardid, logra mantenerse en el gobierno, con un representante directo o con algún otra versión que indirectamente dé continuidad al modelo neoliberal, las transformaciones electorales de este año tendrían un carácter de continuidad de viraje a la derecha en el continente.

Si, al contrario, por medio de la elección de Luiz Inacio Lula da Silva o de alguien del PT que él indique, si es impedido de presentarse a las elecciones, la izquierda vuelve a triunfar, el desempate se hará en favor de la izquierda este año. Con las victorias en México y Brasil se habrá impuesto un fuerte freno a la contraofensiva de la derecha como mediante la alianza entre esos gobiernos, se dará un nuevo impuso al proceso de integración latinoamericana, además de reafirmar políticas antineoliberales –de forma más moderada en México, más acentuada en Brasil.

El desempate se dará entonces de aquí a menos de tres meses, si hay un resultado en primera vuelta, el 7 de octubre, o en tres semanas a partir de esa fecha, si se produce en segunda vuelta. América Latina saldrá con una nueva fisonomía, con un nuevo ciclo antineoliberal y de integración regional.

América Latina ante el reto de la imaginación


Gustavo Espinoza M.

Rebelión

Impedir la liberación de Lula en Brasil, dictar orden de captura contra Rafael Correa en Ecuador, amenazar con cárcel a Cristina en Argentina, acorralar a Daniel Ortega en Nicaragua, incriminar al paraguayo Lugo, desplegar una ofensiva en todos los planos con Nicolás Maduro en la República Bolivariana de Venezuela, y centrar fuegos contra Cuba.

En algo más de cuatro líneas, ésta formulación refleja la esencia de la táctica del Imperio en nuestro continente. Su objetivo estratégico, en consonancia, sigue siendo el mismo: mantener maniatados a los países de la región para arrebatarles petróleo, gas, cobre, productos cárnicos, agrícolas, recursos hídricos, y otros. Y avasallar la Independencia y la Soberanía de los Estados, para uncir a todos a su carro de dominación a fin de extender su control sobre el hemisferio, y otras latitudes del planeta.

Es curioso que justo en esta coyuntura es que se celebre en La Habana el XXIV Encuentro del Foro de Sao Paulo precisamente para analizar la ofensiva imperial y las tareas de los pueblos de América Latina en el escenario que nos rodea. Tendrá ante sí el reto de la imaginación: es decir, idear conceptos que ayuden, en esta hora difícil.

Se ha dicho –y es verdad- que desde enero de 1959, cambiaron las cosas en nuestro continente. La epopeya de la Sierra Maestra abrió cauce a un nuevo proceso emancipador que fue asumiendo variantes, y adquiriendo modalidades diversas. Las más notables, en los años 70 del siglo pasado fueron la gesta insurgente de los militares peruanos liderados por Juan Velasco Alvarado; el gobierno de la Unidad Popular en Chile, conducido por Salvador Allende; y la episódica, pero rica, vivencia boliviana de Juan José Torres.

El “Triángulo rojo” le llamaron los voceros del Pentágono a estos tres países unidos, en ese momento, por su experiencia liberadora. Y no sólo por odio al color, sino sobre todo por miedo al ascenso de los pueblos, aplastaron con las armas que tuvieron a la mano, cada uno de esos procesos sociales que marcaron época en el siglo XX, y que fueran complementados, en su momento, por la valiosa experiencia sandinista, que aún perdura.

En el nuevo siglo –y cuando el Imperio ya cantaba victoria definitiva- la gesta venezolana liderada por Hugo Chávez cambió el rostro de todos. A partir de allí cobraron fuerza movimientos emancipadores que enarbolaron la bandera de los pueblos. “El Socialismo del Siglo XXI” se le llamó -quizá con precipitación- a esa ola de verdaderas acciones antiimperialistas que pergeñaron un camino inédito de luchas al sur del rio Bravo.

Un trago amargo para los Estados Unidos, sin duda, del que busca hoy recuperarse en una nueva etapa de contraofensiva. Esa, es la que anotamos hoy; y a la que debemos responder con la fuerza de una causa que se levanta desde la base misma de la sociedad latinoamericana. Bien mirada la cosa, ya van casi veinte años de lucha en este escenario complejo en el que los pueblos avanzan y sufren derrotas; y el Imperio retrocede, pero no renuncia. Eso explica, en buena medida, lo que hoy ocurre.

Como línea general, la administración norteamericana y las oligarquías criollas buscan escarmentar a los pueblos castigando a sus conductores más calificados. Piensan que, de este modo, van a lograr que la gente renuncie a luchar por los cambios, y que quienes lideran las acciones emancipadores, habrán de terminar ”tirando la esponja”. Craso error, sin duda. Que los pueblos no se cansan nunca lo acreditan los hechos que hoy nos conmueven: el ascenso de Cuba, la consolidación del proceso bolivariano, la derrota de los grupos sediciosos en Nicaragua; pero también el 42% de los votos alcanzados por la oposición progresista colombiana, y la impresionante victoria de López Obrador en tierra azteca.

No hay mucho tiempo para ponerse a analizar si se mantendrá, o no, la fuerza popular colombiana que ungió como su vocero a Gustavo Petro. Más importante que eso es trabajar para que la unidad surgida –casi imprevistamente- en los comicios pasados en la tierra de Nariño, se consolide y avance Y asegurar, al mismo tiempo que el proceso mexicano cuente con la solidaridad de los pueblos de todo el continente, a fin que no retroceda, ni muestre debilidad alguna.

Lo mismo puede decirse de otras experiencias que hoy asoman en nuestro suelo. Lo fundamental no es discutir los supuestos –o reales- errores de Lula, sino arrancarlo de la prisión; ni examinar con lupa las deficiencias del Sandinismo, sino derrotar a los grupos sediciosos que trabajan para derribar a Ortega. Tampoco resulta hoy lo mejor especular en torno a la capacidad que tenga el nuevo mandatario mexicano de resistir las maniobras del Imperio, sino dotar a su gobierno del apoyo continental necesario para enfrentar la agresividad de la Casa Blanca en cada una de sus modalidades operativas.

Y para eso, lo que hace falta es consolidar la unidad de los pueblos, encontrar un lenguaje común, que nos permita enfrentar unidos la agresividad del Imperio, y diseñar una práctica concreta que nos ayude a avanzar por la ruta compleja de la liberación nacional y social. Pero, sobre todo, empinarse sobre la imaginación para multiplicar esfuerzos, voluntades solidarias, caminos entrecruzados y batallas simultáneas.

Cada uno de nuestros países -sobre la base de una historia común- tiene vivencias distintas. Nos une la herencia cultural y los elementos de una lucha que se entroncara desde los años de Túpac Amaru hasta nuestros días. Para salir adelante debemos dar rienda suelta no sólo a nuestra lucha, sino también a nuestra rica capacidad creadora. Ella, nos ayudará a encontrar la ruta del futuro. Para eso necesitamos –decía José Carlos Mariátegui- “una poderosa facultad de imaginación. Los libertadores fueron grandes porque fueron, ante todo, imaginativos. Insurgieron contra la realidad limitada, contra la realidad imperfecta de su tiempo”. Y es eso, lo que nos corresponde hoy.

Gustavo Espinoza M. Colectivo de dirección de Nuestra Bandera.

AMLO: golpe al golpismo en Nicaragua


Miguel Ángel Ferrer

Rebelión

Formalmente, a partir del 1 de diciembre de 2018 el gobierno mexicano regirá de nuevo sus relaciones exteriores por los principios de no intervención, libre autodeterminación de los pueblos y solución pacífica de las controversias. 

De modo que a partir de esa fecha el gobierno mexicano dejará de inmiscuirse en los asuntos internos de Venezuela y Nicaragua. O dicho de otro modo el gobierno mexicano dejará de atender y acatar la agenda de Estados Unidos con respecto a esas dos naciones. O expresado de una manera más clara y específica, el gobierno mexicano ya no participará en los esfuerzos de Washington por derrocar a los gobiernos de Venezuela y Nicaragua. 

Este abandono de las prácticas intervencionistas bajo las órdenes de la Casa Blanca no tardará en producir un segundo efecto: México dejará de pertenecer al Grupo de Lima, organismo artificioso ideado por Washington con el confeso propósito de aislar diplomáticamente a Venezuela y Nicaragua con miras al posterior derrocamiento del chavismo y del sandinismo. 

El retorno a los principios históricos, éticos, políticos y constitucionales de la nación mexicana representa, en consecuencia, un significativo cambio en la correlación de fuerzas entre el imperialismo y los sectores antiimperialistas, patrióticos y democráticos de Latinoamérica, pues con la arrolladora victoria electoral de Andrés Manuel López Obrador, Estados Unidos ha perdido un aliado-vasallo de enorme peso en la región. 

Y no sólo eso: el triunfo del tabasqueño implica una verdadera vuelta a la tortilla: de aliado servil, México ha pasado a convertirse en sólido obstáculo a las tradicionales políticas intervencionistas y guerreristas de Washington en las naciones al sur del río Bravo. 

Tanto para Venezuela como para Nicaragua el retorno de México a los mencionados principios constitucionales representa un alivio en la dura lucha de resistencia contra los aprestos golpistas internos organizados y financiados por Estados Unidos. Y también, obviamente, en los esfuerzos por evitar una intervención militar extranjera, paso previsto en el caso del fracaso del golpismo en marcha. 

Ciertamente el gobierno de Venezuela ha logrado resistir y hasta fortalecerse. Los grupos golpistas están desunidos y desprestigiados. Y si bien hace pocos días Donald Trump volvió a plantear la posibilidad de actuar militarmente contra Venezuela, lo cierto es que no se ven en el horizonte, al menos por ahora, posibilidades reales de emprender esa aventura bélica. 

En el caso nicaragüense las cosas son un tanto distintas. El tema de una invasión militar no está en la agenda de Washington. Pero sí se observa que, como en Venezuela, el golpe blando en curso va perdiendo fuerza. Y no hay duda de que el triunfo de López Obrador contribuirá a desinflar aún más el golpismo disfrazado de ansias democráticas. 

Por lo pronto, Washington, el somocismo-chamorrismo, la jerarquía católica, la OEA, la burguesía nativa y los intelectuales de derecha han tomado nota del cambio en la correlación de fuerzas. Y aunque felicitan a López Obrador por su victoria electoral y cantan loas a la democracia mexicana saben bien que han perdido el apoyo de México. 

Aunque, aun así, alguno de esos intelectuales de derecha, como el ex sandinista Sergio Ramírez, fingiendo no entender nada, le demande a López Obrador, como si éste fuera Peña Nieto, continúe brindándoles apoyo. 

Blog del autor: www.economiaypoliticahoy.wordpress.com

El dilema de la unidad de la izquierda peruana

Valentín Pacho

Rebelión

Desde los destapes de Lava Jato las masas indignadas y los trabajadores encabezados por la Confederación General de Trabajadores del Perú -CGTP- y demás organizaciones sociales y populares entre ellas los jóvenes, así como diversas fuerzas de izquierda, con justa razón, respondieron con grandes movilizaciones a nivel nacional, para expresar su condena y repudio a la administración neoliberal de Pedro Pablo Kuczynski, así como al fujimorismo liderada por Keiko Fujimori, para exigir que el presidente mentiroso y corrupto renuncie y que el indulto a Alberto Fujimori sea anulado. Se constituyó el Comando Nacional Unitario de Lucha CNUL, como un paso importante para impulsar y centralizar las acciones de las masas. Pero falta algo.

La razón de las movilizaciones se resumía en lo siguiente: 1) anulación del indulto a Alberto Fujimori, 2) renuncia o vacancia de PPK , 3) proceso penal por corrupción a PPK, Keiko Fujimori y Alan García por el caso Lava Jato y otros. Pero, luego ¿qué? ¿Nuevas elecciones? ¿Qué alternativa ofrece CNUL? ¿Puede incrementarse con mayores movilizaciones o disminuir sus acciones? Al CNUL no se le puede exigir más, porque no es un frente político con un programa de gobierno, sino un frente de organizaciones sociales al que se han sumado algunos partidos de izquierda.

Ahora bien, frente a la crisis generalizada de la clase social que detenta el poder y el gobierno, como la que determinó la caída de Kuczynski y reemplazado por Martin Vizcarra pero su política es la continuación del primero y la crisis se sigue agravando en detrimento de los trabajadores y de las grandes mayorías. La respuesta, si se quiere una salida democrática y popular, tiene que ser política y que levante la causa de las clases desposeídas, para ello debería constituirse un frente con esas características, conformado por todos los partidos políticos que dicen ser de izquierda y con los de la izquierda, con un programa de gobierno alternativo al modelo neoliberal, para ofrecer al pueblo un proyecto de verdaderos cambios y una gran transformación que la situación actual requiere.

Experiencias de frentes o coordinadoras nacionales constituidas por organizaciones sociales y populares en el que ha participado el movimiento sindical no es nuevo en el Perú, a finales de 1990 se organizó la Asamblea Nacional Popular (ANP) producto de un proceso de acumulación de fuerzas hacia la articulación de las luchas populares encabezados por la Confederación General de Trabajadores del Perú CGTP; fue la experiencia más grande y representativa cuyo congreso fundacional fue en Noviembre de 1987 en el distrito más popular y combativo de Villa el Salvador, teniendo como columna vertebral política a la Izquierda Unida (IU) que por entonces era la segunda fuerza electoral del Perú; sin embargo, el languidecimiento de la ANP se produjo porque IU se auto disolvió por obra de sus propios dirigentes que propiciaron conflicto interno y con ello se perdió la oportunidad de que el Perú tuviera una gran alternativa de izquierda. 

Esa experiencia no se ha vuelto repetir -en esa dimensión y representatividad- porque ya no existe un Frente Político como Izquierda Unida. CNUL puede seguir vigente pero necesita como soporte una estructura política e ideológica con un programa anticapitalista y antiimperialista alternativo al neoliberalismo y dirigido hacia la transformación de la sociedad en el que estén representados todos los partidos de la izquierda y todas las organizaciones sociales progresistas.

Sin embargo, en el país sigue vigente ese electorado progresista que quiere una alternativa al neoliberalismo, con esa esperanza dio sus votos a Alejandro Toledo y luego a Ollanta Humala; ambos traicionaron. En las últimas elecciones, ese mismo electorado, dio sus votos al Frente Amplio (FA) y en menor cantidad a Gregorio Santos con relativo éxito demostrando que sigue en pie el electorado que aglutinó IU. Pese a las nefastas experiencias que genera la división, el Frente Amplio se ha dividido y la izquierda en general sigue fragmentada. Lo ideal sería que para las próximas elecciones municipales y de gobiernos regionales; las organizaciones de la izquierda participen unidos en un solo frente. 

Experiencias sobre la unidad de las fuerzas progresistas existen, como el caso de la izquierda en El Salvador que en 1980 la clase trabajadora y pueblo salvadoreño soportaban una dictadura sangrienta llena de promesas electorales incumplidas y matanzas perpetradas por las fuerzas represivas con aval de la derecha, la oligarquía y el imperialismo; las fuerzas de la izquierda lograron constituir el Frente Farabundo Martí para Liberación Nacional (FMLN) conformado por 5 partidos de izquierda; Fuerzas Populares de Liberación (FPL), Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), Partido Comunista de El Salvador (PCS), Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos (PRTC), y el partido Resistencia Nacional (RN), cada cual con visiones discrepantes, pero decidieron fundar el frente. Es un digno ejemplo que demostró, en los hechos, que cuando hay voluntad política, responsabilidad y principios coherentes, todo es posible.

El FMLN, creado en octubre de 1980 como un organismo de coordinación de las cinco organizaciones político-guerrilleras respondió con las armas al régimen pro imperialista de ARENA apoyado por el gobierno de Estados Unidos que les suministraba armas en la guerra civil que duró 10 años, hasta que la derecha salvadoreña fue obligada a firmar en Chapultepec-México el 16 de Enero de 1992, el acuerdo de Paz entre el gobierno de El Salvador y el FMLN lo mismo que el cese de la guerra civil, con la mediación de la Organización de las Naciones Unidas ONU.

Si los partidos de la izquierda salvadoreña no se hubieran mantenido unidos en el FMLN lo más probable hubiera sido que los hubiesen derrotado. Tampoco hubieran tenido la Solidaridad Internacional cuyo apoyo fue decisivo. Posteriormente el FMLN ha competido en los procesos electorales ganando las dos últimas elecciones a la derecha salvadoreña atrincherada en el partido ARENA. 

Igual fue la experiencia del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) de Nicaragua, donde existieron varias tendencias, con fuertes discrepancias entre ellos; pero los unió el interés en el pueblo nicaragüense para solucionar los problemas nacionales, así se enfrentaron unidos a la derecha y al imperialismo en la guerra civil y triunfaron. Ahora tanto el FSLN como el FMLN enfrentan al poder de sus países por la vía electoral habiendo triunfado en sucesivas competencias. Ni el FMLN ni FSLN han caído en el juego de la división.

Hoy, en nuestro país, a pesar de que las camarillas corruptas neoliberales en el Ejecutivo y en Congreso de mayoría fujimorista siguen haciendo de las suyas aparentando pelearse; los partidos de la izquierda peruana siguen en discusiones bizantinas pero no se forja la formación de un verdadero frente político que ofrezca un programa de gobierno hacia la gran transformación como alternativa a la política neoliberal que los trabajadores y el pueblo demandan.

La solución no está en tener un grupito de congresistas, si no en la toma del poder por la vía que nos ofrece el sistema. De esta forma debemos de propiciar los cambios en todos los niveles, desde municipios, gobiernos regionales, parlamento o poder ejecutivo; pero eso no será posible con una izquierda fraccionada. Cuando esta izquierda esté en un solo frente, grandes sectores sociales, brindarán su apoyo, desde intelectuales y profesionales, hasta organizaciones sociales progresistas, y de seguro el movimiento sindical como la CGTP y CNUL estarán en primera fila. 

Por tanto las dirigencias y las bases de los partidos de la izquierda deben dejar la bronca doméstica y asumir esa responsabilidad histórica. Las masas quieren luchar y siguen luchando, quieren cambios, anhelan la izquierda unida. La pelota está en las dirigencias y militantes de los partidos de la izquierda.

Valentín Pacho. Secretario General de la CGTP 1983-1992 y presidente de dicha central 1992-1995 y ex Senador de la República 1985-1990, actual Vicepresidente de la FSM.