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jueves, 22 de febrero de 2018

Mapeo del imperio de Trump: activos y pasivos

La Haine y CDAM-Che Guevara

El imperio estadounidense se extiende por el mundo; se expande y se contrae, de acuerdo con su capacidad de asegurar activos estratégicos, dispuesto y capaz de aumentar el poder militar y económico para contrarrestar a los adversarios emergentes. El mapa del imperio es una medida abreviada de los vectores, el alcance y la durabilidad del poder y la riqueza global. El mapa del imperio está cambiando, añadiendo y restando activos y pasivos, de acuerdo con los éxitos y retiros de centros de poder nacionales y extranjeros. Si bien el imperio de los EE.UU. se ha dedicado a intensos conflictos en Medio Oriente, el mapa imperial se ha ampliado en otros lugares a menores costos y con mayor éxito.
Ampliando el imperio
El imperio estadounidense ha aumentado sustancialmente su alcance y presencia en varias regiones, especialmente en América Latina. Las adiciones y ampliaciones incluyen Argentina, Brasil, Colombia, México, América Central, Perú y el Caribe.
El activo más importante que rediseña el imperio en América Latina es Argentina. Estados Unidos ha obtenido ventajas militares, económicas y políticas. En el caso de Argentina, los avances políticos y económicos precedieron a la expansión militar. Estados Unidos brindó apoyo ideológico y político para asegurar la elección de su cliente Mauricio Macri. El nuevo presidente argentino transfirió de inmediato $ 5 mil millones de dólares al famoso especulador de buitres de Wall Street, Paul Singer, y procedió a abrir las compuertas para un flujo lucrativo de miles de millones de dólares capital financiero. El presidente Macri luego siguió invitando al Pentágono y Servicios de inteligencia estadounidenses para establecer bases militares, estaciones de espionaje y capacitación a lo largo de sus fronteras. Igualmente importante, Argentina abrazó a los EU directivas diseñadas para derrocar al gobierno de Venezuela, socavando al gobierno nacionalista de Bolivia bajo Evo Morales y seguir una política estadounidense centrada en la integración regional.
Argentina: un cliente sin patrón económico
Si bien Argentina es una adición política y militar útil al imperio estadounidense, carece de acceso al mercado estadounidense, todavía depende de China, y no ha logrado garantizar un acuerdo comercial estratégico con la Unión Europea. Washington ha ampliado su presencia militar con un cliente de una sola pierna.
Colombia y México, estados clientes desde hace mucho tiempo de EE.UU., han brindado trampolines para ampliar la influencia de Estados Unidos en América Central, la región andina y el Caribe. En el caso de Colombia, EE.UU. ha financiado su guerra de exterminio contra los insurgentes antiimperialistas y sus partidarios campesinos y de la clase obrera y aseguró siete bases militares como plataforma de lanzamiento para la desestabilización de Washington contra Venezuela.
México ha servido a una multitud de funciones militares y económicas, desde plataformas de fabricación de miles de millones de dólares para el lavado multimillonario de ganancias del narco a los bancos estadounidenses.
Brasil es la nueva incorporación al imperio con la expulsión y el arresto de líderes del Partido de los Trabajadores. El cambio en el poder político y económico ha aumentado la influencia de Estados Unidos sobre el país más rico en el continente. En resumen, EE.UU. ha ampliado la influencia imperial y el control a través de su adquisición de América Latina. Hay una advertencia: al menos en los casos de Brasil y Argentina, el avance de los Estados Unidos es provisional y está sujeto a reversión, ya que carece de firmeza y fundamentos económicos y políticos.
Si América Latina refleja una ampliación y un aumento de la influencia imperial estadounidense, el resto del mapa global es en su mayoría negativo o, en el mejor de los casos, contradictorio.
La misión de construcción del imperio no ha logrado ganar terreno en el noreste de Asia, Oriente Medio y África del Norte. En Europa, los EE.UU. conservan su influencia, pero parece enfrentar obstáculos para ampliar su presencia. La clave de la ampliación o el declive del imperio gira en torno al desempeño de la economía doméstica de los Estados Unidos.
Declive Imperial: China
La determinación de los Estados Unidos de re-mapear el imperio global es más evidente en Asia. El cambio más notable en las relaciones políticas y económicas de EE.UU. en la región ha tenido lugar con el desplazamiento de China de los EU como la inversión dominante, la construcción de infraestructura comercial y el país prestamista en la región. Por otra parte, China ha aumentado su papel como el principal exportador a los EU, acumulando excedentes de cientos de miles de millones de dólares cada año. En 2017, en el comercio de China el excedente alcanzó $ 375 mil millones de dólares.
Contra el relativo declive económico de los EE.UU., Washington ha compensado con la ampliación del alcance de su presencia marítimo-militar en el mar de China Meridional, y aumentó sus fuerzas aéreas y terrestres en Corea del Sur, Japón, Australia, Filipinas y Guam. En cuanto a cómo reforzar la presencia de su ejército y afectar el 'remapeo' de su presencia imperial, depende de la dinámica de la economía doméstica de los Estados Unidos y su capacidad de conservar su principales clientes militares: Corea del Sur, Japón, Australia y Filipinas.
La evidencia reciente sugiere que Corea del Sur muestra signos de deslizamiento fuera de la órbita económica y militar de los Estados Unidos, Seúl tiene problemas comerciales con el proteccionismo estadounidense y agenda oportunidades para expandir sus vínculos comerciales con China. Igualmente importante, Corea del Sur ha avanzado hacia la reconciliación con Corea del Norte, y ha degradado la escalada militar de Estados Unidos. Como le vaya en Corea del Sur, también le irá al poder militar estadounidense en el norte de Asia.
La estrategia militar de los EE.UU. se basa en mantener y expandir su red de clientes. Sin embargo, sus políticas proteccionistas llevaron al rechazo de acuerdos multilaterales, que erosionan sus lazos económicos y potencian los vínculos militares. A diferencia de América Latina, la reconstrucción del mapa imperial de Estados Unidos ha llevado a la contracción económica y al aislamiento militar en Asia. La Escalada militar de Estados Unidos ha vertido armas letales estratégicas aún más letales en la región, pero no logró intimidar o aislar a China o Corea del Norte.
Re-mapeo del Medio Oriente
Estados Unidos ha gastado varios billones de dólares en las últimas dos décadas en el Medio Oriente, África del Norte y Asia Occidental. La intervención estadounidense de Libia y de Sudán del Sur, Somalia, a través de Siria, Palestina, Irak, Irán y Afganistán ha resultado en enormes costos y avances dudosos. Los resultados son escasos, excepto en términos de sufrimiento. Estados Unidos ha esparcido el caos y la destrucción por Libia y Siria, pero no pudo incorporar la ampliación del imperio. Las guerras de Medio Oriente, iniciadas a instancias de Israel, han recompensado a Tel Aviv con un sentido de invulnerabilidad y sed de más, al tiempo que se multiplica y unifica adversarios.
Los imperios no se amplían de manera efectiva mediante alianzas con tribus armadas, organizaciones sectarias y separatistas. Imperios, con aliados dispares, fracturados y las entidades de autoengrandecimiento no expanden ni fortalecen sus poderes globales.
Estados Unidos libró una guerra contra Libia y perdió la influencia política y los recursos económicos que disfrutó durante el régimen de Gaddafi. Intervino en Somalia, Sudán del Sur y Siria, y ha ganado enclaves de luchas egoístas 'separatistas' y mercenarios subsidiados. Afganistán, la guerra más larga de Estados Unidos en la historia, es un desastre militar absoluto. Después de diecisiete años de guerra y ocupación, los Estados Unidos están encerrados en los enclaves amurallados de la capital, Kabul. Mientras tanto, el régimen títere se alimenta de subsidios mensuales de miles de millones de dólares.
Iraq es una avanzada imperial "compartida", resultado de quince años de intervención militar. Clientes kurdos, señores de la guerra sunitas y sauditas, milicia chiita, cleptócratas de Bagdad y mercenarios contratistas estadounidenses compiten por el control y un mayor pedazo del pillaje. Cada metro cuadrado de terreno disputado le ha costado a los EU cientos de millones de dólares y decenas de bajas.
Irán permanece bajo amenaza permanente, pero conserva su independencia fuera de la órbita de Estados Unidos, Arabia Saudita e Israel. El mapa geopolítico de EE.UU. se ha reducido a una dudosa alianza con Arabia Saudita y sus micro-clientes entre los Emiratos-miniestatales que luchan constantemente entre ellos, así como Israel, el "cliente" ¡que abiertamente se deleita en guiar a su patrón por la nariz!
Comparado con el período anterior al cambio de milenio, el mapa del imperio estadounidense se ha reducido y se enfrenta a una mayor reducción.
El Mapa EE.UU.-OTAN-UE
Rusia ha reducido y desafiado la búsqueda de Estados Unidos de un imperio global unipolar después de la recuperación de su soberanía y crecimiento económico posterior al desastre de la década de 1990. Con el ascenso del presidente Putin, el imperio EE.UU.-UE perdió su cliente más grande y lucrativo y la fuente del saqueo desnudo.
Sin embargo, EE.UU. conserva sus clientes políticos en el Báltico, los Balcanes y los regímenes de Europa Oriental y Central. Sin embargo, estos clientes son ingobernables y a menudo ansiosos por enfrentar a una Rusia con armas nucleares, confiados en que Estados Unidos-OTAN puedan intervenir, a pesar de la probabilidad de ser vaporizado en un Armagedón nuclear.
Los esfuerzos de Washington por recapturar y devolver a Rusia al vasallaje han fracasado. Por frustración, Washington ha recurrido a una creciente serie de fracasos, provocaciones y conflictos entre los EE.UU. y la UE, dentro de EE.UU. entre Trump y los Demócratas; y entre los caudillos que controlan el gabinete de Trump.
Alemania ha mantenido relaciones comerciales lucrativas con Rusia, a pesar de las sanciones de los Estados Unidos, subrayando el declive del poder de Estados Unidos para dictar políticas a la Unión Europea. El Partido Demócrata y la facción ultramilitarista de Clinton permanecen patológicamente nostálgicos para un regreso a la Edad de Oro del Pillaje de 1990 (antes de Putin). La facción de Clinton está obsesionada con la política del revanchismo. Como resultado, ellos vigorosamente lucharon contra la campaña del candidato Donald Trump quien promete seguir un nuevo entendimiento realista con Rusia. La investigación del Rusia-Gate no es simplemente una disputa electoral doméstica liderada por "liberales" histéricos. Lo que está en juego no es nada menos que un profundo conflicto sobre la reconstrucción del mapa global de los Estados Unidos. Trump reconoció y aceptó el resurgimiento de Rusia como una potencia global para ser "contenida", mientras que los demócratas hicieron campaña para revertir la realidad, derrocar a Putin y regresar a las orgías del barón ladrón de los años de Clinton.
Como resultado de este conflicto estratégico continuo, Washington no puede desarrollar una coherente estrategia global, que a su vez ha debilitado aún más la influencia de EE.UU. en la UE, en Europa y en otras partes.
Sin embargo, el intenso ataque Demócrata contra el trumpismo y su inicial política extranjera con respecto a Rusia logró destruir su "pivot to realism” y facilitó el surgimiento de una facción militarista fanática dentro de su gabinete, que han intensificado las políticas anti-Rusia de los demócratas Clinton. En menos de un año, todos los consejeros realistas de Trump y miembros del gabinete han sido purgados y reemplazados por militaristas. Su núcleo duro de confrontación política anti-Rusia se ha convertido en la plataforma para el lanzamiento de una estrategia militar mundial basada en grandes aumentos en el gasto militar, exigiendo que las naciones de la UE aumenten sus presupuestos militares, generándose la oposición a una alianza militar centrada en EU, como lo recientemente propuesto por el presidente francés Emmanuel Macron.
A pesar de que la campaña del presidente Trump promete 'retirarse', EE.UU. ha vuelto a entrar en Afganistán, Irak y Siria a lo grande. El viraje de Trump de la contención y realismo global al “retroceso y agresión” contra Rusia y China no ha podido asegurar una respuesta positiva de los aliados pasados ​​y presentes.
China ha aumentado sus lazos económicos con la UE; Rusia y la UE comparten vínculos comerciales estratégicos de gas y petróleo. A nivel nacional, el presupuesto militar de EE.UU. profundiza el déficit fiscal y amenaza drásticamente el gasto social. Esto crea un escenario de creciente aislamiento estadounidense con su fútil agresión contra un mundo dinámico y cambiante.
Conclusión
La reconstrucción Trump del imperio global ha tenido resultados desiguales, que son mayormente negativos desde un punto de vista estratégico. Las circunstancias que conducen a nuevos clientes en América Latina son significativas, pero han sido contrarrestados por los retiros en Asia, las divisiones en Europa, la incoherente agitación doméstica y estratégica.
Rehacer los imperios globales requiere realismo: el reconocimiento de un nuevo poder, alineaciones, alojamiento con aliados y, sobre todo, estabilidad política interna, equilibrar intereses económicos y compromisos militares.
El viraje clave del realismo hacia una Rusia recuperada a la militarización y la confrontación ha precipitado el colapso de los Estados Unidos como coherencia unificada y líder de un imperio global.
Los EE.UU. aceptan guerras perdedoras prolongadas en regiones periféricas mientras abrazan guerras comerciales destructivas en regiones estratégicas. Presupuestan vastas sumas en actividades productivas mientras empobrecen a los gobiernos estatales y locales a través de una "reforma" impositiva radical que favorece a los oligarcas.
La reconfiguración global ahora implica un imperio volátil e impulsivo impulsado por un Estados Unidos incapaz de tener éxito, mientras que las potencias emergentes están inmersas en el poder regional.
Ya no hay un imperio imperial coherente que controle el destino del globo. Vivimos en un mundo de mapas políticos centrados en poderes regionales y clientes ingobernables, mientras que los más incompetentes y políticos infames en Washington compiten con un Presidente Trump arrogante e ignorante y su régimen fracturado.

Traducido para La Haine y CDAM-Che Guevara por José Luis Ríos Vera. 

Un FSM, vaciado de ideas, pueblos y lucha, se muda a Salvador de Bahía

Desafíos del Foro Social Mundial (FSM)

Durante el último quinquenio ha proliferado el debate –entre movimientistas “puros” (en general aliados a las posiciones de la socialdemocracia europea y la Iglesia católica) y militantes sociales y políticos- sobre el futuro del Foro Social Mundial: ¿Qué relación debe haber entre partidos políticos anticapitalistas y movimientos sociales? ¿Qué vínculos con gobiernos progresistas de la región, qué estrategia ante el llamado de Hugo Chávez a impulsar una Quinta Internacional?

El Foro Social Mundial (FSM) nació en 2001 –hace 17 años- con la voluntad de ser un punto de encuentro de los movimientos sociales contrarios a la globalización neoliberal y constituirse en voz alternativa a las directrices del Foro Económico Mundial de Davos, que sigue reuniendo anualmente a empresarios y líderes políticos del capitalismo actual.
Cuando se anuncia para marzo un nuevo Foro Social Mundial en Salvador (Bahía), que corre el riesgo de pasar inadvertido por los ciudadanos a quienes se quiere conmover y movilizar, pocos parecen asumir que el mundo ha cambiado y el contexto en el que surgió es distinto al de hoy… aunque la lucha sigue siendo la misma.
Lo cierto es que en más de tres lustros, el FSM no estuvo exento de peligros como la rutinización, la oenegización, la cooptación, la burocratización la falta de participación de movimientos sociales reales, la dispersión, el copamiento.
Y hoy estamos transitando la crisis sistémica del capitalismo, con una crisis climática, política, social, alimentaria sin precedentes y a la puerta de la cuarta revolución industrial, es decir el efecto de las nuevas tecnologías en los trabajadores y la economía, así como las noticias falsas (fake news), la posverdad y la inteligencia artificial. De todo esto ni se hablaba en 2 001 en Porto Alegre…
Rita Freire, una de las animadoras del FSM de Salvador indica que esta edición, organizada con poco tiempo, escasos recursos - el apoyo de la Universidad Federal y del Estado de Bahía- y en una situación nacional e internacional compleja, cuenta con la fuerza y entusiasmo de los convocantes con la convicción que dejar de abrir el espacio del FSM a la resistencia, sería abdicar de lo que afirmamos en el 2001 en Porto Alegre. El problema es mayor cuando se cree que lo que faltan son recursos, cuando la real escasez es de ideas.
Si al principio del movimiento antiglobalización dominaban las tesis de “cambiar el mundo sin tomar el poder” de Toni Negri y John Holloway, la acuciante realidad hizo que el escenario del debate político y estratégico cambiara sustancialmente. Recién en 2007, en Belem do Pará se escenificó la primera muestra colectiva de rechazo a la crisis sistémica del capitalismo, destacando la necesidad de una ruptura con el mismo.
Durante el último quinquenio ha proliferado el debate –entre movimientistas “puros” (en general aliados a las posiciones de la socialdemocracia europea y la Iglesia católica) y militantes sociales y políticos- sobre el futuro del Foro Social Mundial: ¿Qué relación debe haber entre partidos políticos anticapitalistas y movimientos sociales? ¿Qué vínculos con gobiernos progresistas de la región, qué estrategia ante el llamado de Hugo Chávez a impulsar una Quinta Internacional?
¿Ha ganado peso e influencia el FSM desde que sus inicios? Seguramente es tiempo de discutir una actualización acorde a los tiempos, totalmente diferentes de cuando dos brasileños pensaron en la necesidad de un foro antiDavos. ¿Y Davos? Ah, al último Davos fueron más jefes de estado y primeros ministros que a la asamblea general de Naciones Unidas…
Es más, aquellos movimientos sociales que llevaron a nuestros presidentes reformistas (de izquierda, revolucionarios, como les quiera llamar) al gobierno, ya no estaban en las calles para defenderlos cuando hizo falta: sus dirigentes fueron cooptados (y burocratizados) para tareas del gobierno y los movimientos desmovilizados.
Lo cierto es que en el Foro Social Mundial ya no se debaten los temas cruciales, quizá porque a nadie se le ha ocurrido ponerlos en una agenda con demasiada inclinación onegeista y europeizante. Y si se discuten, quedará lo tratado entre los presentes, ya que no hay sistema de comunicación con los que no estaban en ese preciso foro.
Tampoco hay forma (ni estructura) de hacer una síntesis entre los paneles que tratan el mismo tema. O sea, los participantes solo acceden a saber que pasó en el panel donde estuvieron: las experiencias, los debates, las acciones no se socializan (o se hacen solo para ese pequeño sector). No sirve a los que luchan en contra de la realidad actual.
Los antes entusiastas y hoy críticos a la organización señalan que la tarea del FSM no es construir alternativas: es un espacio interno de los que participan, que se encuentran con otros igualmente motivados y convencidos, y vuelven a la sociedad más convencidos y más informados sobre lo mismo.
Frente a la crisis los retos se plantean como más urgentes que nunca. La escritora india Arundhaty Roy, ya en la cuarta edición del FSM en Mumbai (India), señaló la necesidad de abandonar discursos pomposos, discusiones intelectuales de café y debates baladíes, y ”centrarnos en blancos reales e infligir daño real”.
Los movimientos sociales internacionales son por ahora incapaces de encontrar una forma de conexión reticular que les permita actuar más conjuntamente y les cuesta mucho fijarse objetivos que vayan en una misma línea.
En inicios del milenio, el primer paso de muchos intelectuales y fuerzas políticas y sociales fue el de definir al enemigo, la globalización, para desde allí posibilitar que todos los que luchaban contra el mismo enemigo pudieran coordinar sus acciones. Pero si bien se logró conformar el movimiento, éste no coordinó luchas a escala mundial, como era de esperar. Se conformó con ser un movimiento de resistencia, no de acción, sin muchas otras formas de lucha más allá de los foros.
Mal nos pese, hoy el FSM es una fierecilla domada (la prensa hegemónica ni siquiera lo menciona), dispersa. La ofensiva ideológica de la globalización sigue, mientras el llamado reformismo latinoamericano continúa discutiendo el tema de la toma de poder.
En buena parte de los movimientos que integran el FSM se ha formado la idea básica de que no puede tratarse de tomar el poder, aun cuando en América Latina quedó demostrado que, con el poder en la mano, mucho se puede lograr para los pueblos. Sin el poder, seguiremos hablando, denunciando, lamentando... en una buena oportunidad para reunirse con los amigos, a veces a expensas de los trabajadores, campesinos, que son quienes aportan para el viaje de los delegados.
Muchas veces se confunde autogestión con desorden, con la falta más elemental de organización. Y con mesas autogestionadas donde solo se exponen las experiencias de cada uno, no se puede hablar de nivel intelectual, de debate, de coordinación para la acción, ni de la línea trazada (o sugerida) por un comité organizador, dotado de los elementos políticos, intelectuales, de primer nivel, como aquellos de los primeros años del FSM.
La fórmula del espacio que crea el debate más adecuado y eficiente en contra de la globalización neoliberal (hoy superada por la cuarta revolución industrial y en medio de la caída del multilateralismo) significa que es posible que a través de la acumulación de todos los sectores de la sociedad civil y de los movimientos sociales, se llegue a crear activistas con una visión holística.
Pero hasta ahora, esto no pasa. Cada organización tiene su tema, y ni siquiera aceptan sumarse en paneles. Esto crea una fragmentación, una pulverización y una falta de acción global, que son negativos, señala uno de los fundadores del FSM.
Hoy las viejas formas democráticas y republicanas son asediadas por populismos derechistas ultranacionalistas, se acentúa el autoritarismo y el proceso destituyente en la medida que los derechos sociales conquistados son conculcados, los dirigentes progresistas y sociales perseguidos, encarcelados y asesinados, crece la migración (incluso entre nuestros países), peligra el agua y la alimentación, crecen la desigualdad y el desempleo, junto a la crisis ecológica.
La agenda del foro de Salvador pareciera diseñada por ONGs europeas (al igual que la que se impuso durante la reunión de la OMC en Buenos Aires, dejando fuera de la discusión, por ejemplo, el acuciante tema del TLC Unión Europea-Mercosur). Ellos, siempre vendiendo espejitos.
La acción de muchas de estas organizaciones de la llamada sociedad civil han servido para imponer, en nombre de la democracia, gobiernos títeres que faciliten el saqueo de sus riquezas nacionales por parte de las empresas trasnacionales del norte, han servido para azuzar conflictos étnicos para garantizar políticas neoneocoloniales en África, y en los últimos años ayudaron a desestabilizar las naciones latinoamericanos que buscan un futuro para sus ciudadanos.
Los reveses del progresismo no suponen la extinción del proceso: sus causas no han cesado y tampoco las indignaciones y expectativas sociales que generan, y mucho menos la urgencia de encontrar soluciones alternativas a la problemática real de nuestra región.
La secretaría del FSM, que antes facilitaba el funcionamiento del Consejo Internacional, fue trasladada de Brasil a Marruecos y, obviamente la relación del Foro con el Estado brasilero se congeló con la entrada del gobierno de facto encabezado por Michel Temer. Para las organizaciones de Bahía, tiene un valor particular el deseo de protagonizar un Foro dedicado a la resistencia, señala Rita Freire, una de las animadoras del FSM de Salvador.
Hay temas de enorme actualidad que deben ser discutidos juntos con los movimientos y organizaciones sociales, como la lucha contra la domesticación mediática corporativa; las estrategias para incidir y cambiar sistemas y políticas de comunicación; la creación y promoción de recursos alternativos, agrega Freire.
Eso obliga a entender los mecanismos de filtro de Internet, ya que la protección de datos personales es absolutamente vulnerable. Se trata de defender principios para garantizar la neutralidad de la red y la privacidad, lo que está siendo demolido desde Estados Unidos en los últimos meses. La cuarta revolución industrial es un debate que va desde los medios populares a los movimientos sindicales en el FSM, dice desde Suiza.
Es necesario dejar de ver al Sur con ojos del Norte. La actividad de las organizaciones sociales no es para mostrar miseria sino para destacar la cooperación, la complementación, la solidaridad, valores difíciles de hallar en la información del Norte. Y ese es un problema ético.
Pero el tema del cambio climático parece no estar entre las prioridades de los organizadores. Como dijo el sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos, el capitalismo jamás va a ser de color verde, con excepción de los billetes de un dólar estadounidenses. ¿Y el altermundismo?
Estamos en una profunda crisis de gobernabilidad, de derrota cultural y seguimos reeditando un nuevo capítulo de la resistencia que ya lleva más de 525 años. Ya sería hora de pasar de la denunciología a la etapa de construcción de las alternativas unitarias de lucha. Si no, aquello de que otro mundo es posible (y necesario) quedará apenas como un pegadizo slogan más de tiempos mejores.
La idea que el FSM no pueda ganar espacio internacionalmente, seguramente le encantará a los dueños del mundo, los de la cofradía de Davos, a Trump, Orban, los fanáticos del Brexit, Temer, Macri… y siga contando. 

Rex Tillerson, de ExxonMobil al Departamento de Estado


El secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, ha acaparado la atención mundial con su reciente gira por varios países latinoamericanos. Antes y durante su visita a México, Argentina, Colombia, Perú y Jamaica, ha realizado declaraciones reiteradas sobre la necesidad de un cambio de régimen en Venezuela. [1] Sin embargo, su aparente preocupación por el destino de los ciudadanos de Venezuela podría confundirse con su ansiedad respecto del destino del petróleo venezolano.
Tillerson fue durante diez años (2006-2016) presidente y director ejecutivo de la petrolera ExxonMobil, de donde se trasladó al Departamento de Estado para dirigir la política exterior a principios de 2017. Entró a trabajar a dicha empresa en 1975 como ingeniero de producción [2] y escaló hasta llegar a la cúspide. Fue asimismo miembro del American Petroleum Institute [3] y del National Petroleum Council. [4] Cabe recordar que en 2007 ExxonMobil fue la única compañía estadounidense, junto con la ConocoPhillips, que se negó a aceptar las nuevas reglas establecidas en la Ley de Hidrocarburos, promulgada bajo presidencia de Hugo Chávez, que regulaban los porcentajes de regalías y la participación de las empresas extranjeras de extracción de petróleo que operaban en Venezuela. [5] El desacuerdo llegó a los centros de arbitraje internacional, entre ellos al Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI) vinculado al Banco Mundial. [6]
En 2013, el presidente ruso Vladimir Putin galardonó a Tillerson con la “orden de la amistad”. Este hecho y sus buenas relaciones con Rusia labradas durante sus años en ExxonMobil, sirvieron para que los demócratas cuestionaran su idoneidad para el cargo. Pero también desde las propias filas republicanas hubo voces como la de John McCain que se sumaron a las críticas. El presidente Trump defendió su elección como “hombre de negocios”: “Para mí, una gran ventaja es que conoce a muchas de las piezas clave y las conoce bien. Logra enormes acuerdos con Rusia, hace enormes acuerdos, no para él mismo, sino para la compañía”. [7] Dos conclusiones se extraen: lo que es bueno para ExxonMobil es bueno para EE. UU. (y para Donald Trump, que tenía acciones en la petrolera), [8] y el país se puede gobernar como se gestiona una empresa. De hecho, no hace falta tener experiencia previa en gestión pública, como lo muestran los casos de Tillerson [9] y Trump.
El perfil de Tillerson es un ejemplo más de los empresarios de la industria petrolera que incursionan en la gestión del Estado con un bagaje y relaciones institucionales y personales que pueden favorecer los intereses de las empresas a la hora de la toma de decisión. Algo muy frecuente en la política estadounidense. Son “ejecutivos” que, una vez fuera del Estado, hacen uso de la información e influencias acumuladas durante su función pública para beneficio particular y empresarial. En esa espiral, se convierten en protagonistas de las puertas giratorias (revolving doors) que garantizan la articulación permanente entre los intereses del sector público y privado estadounidense.
En este sentido, destacan sus vínculos con el Center for Strategic and International Studies , un think tank del establishment que marca línea en temas de Relaciones Internacionales y Seguridad, donde forma parte de la Junta Directiva desde 2005. Aquí, su área de trabajo prioritaria fue en la Comisión de Salud Global Inteligente. [10] El sector de la salud es otro importante nicho de negocio, que tiene a varias empresas estadounidenses entre las principales compañías mundiales según la lista de Fortune. [11]
Su gestión ha recibido hasta la fecha críticas por parte de algunos sectores del establishment estadounidense vinculados al Deep State, esto es, a los sectores burocráticos del Estado que permanecen por encima de las distintas administraciones. Se ha cuestionado su supuesto desmantelamiento de algunas áreas del Departamento de Estado [12] aunque las cifras globales del personal en servicio parecen mantenerse más o menos estables. [13]
Se desconoce cómo se posicionará el actual Departamento de Estado comandado por Tillerson en muchos de los temas de la agenda de política exterior estadounidense, si habrá continuidad o cambio y hasta qué punto. Lo que sí parece probable es que los intereses del lobby petrolero estén resguardados con la nueva administración. Nada nuevo, por otra parte, pues desde hace décadas han tratado de condicionar la política exterior de EE. UU. en América Latina y el Caribe. [14] Ahora tienen a un inside man para hacer este trabajo directamente.

Notas



Arantxa Tirado es investigadora de CELAG.

La guerra del gas de Netanyahu contra Líbano

Bajo la lupa
Alfredo Jalife-Rahme


Foto
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en la inauguración de una sala de urgencias en el Hospital Barzilai Foto Afp
Israel, con o sin Netanyahu, siempre ha ostentado su inextinguible voracidad por el gas ajeno, como sucedió en su implacable guerra contra los despojados palestinos de Gaza, donde impuso la mayor cárcel viviente al aire libre, según el Vaticano (https://goo.gl/fH61VH).
Mientras Bibi Netanyahu padezca la persecución de la justicia israelí, que le ha apretado las tuercas con los tres folios 100/2000/4000 por su adicción a la corrupción, buscará la clásica huida hacia delante cuando ha calentado cuatro frentes bélicos en sus fronteras y metafronteras en forma simultánea, sin contar su agria confrontación con Polonia y ciertos países de Europa.
A Israel –Netanyahu, en forma obscena, quien cuenta con el indeclinable apoyo de Trump, Jared Kushner y Kissinger– o le importa ser un Estado paria/racista/ Apartheid repudiado por el concierto civilizado de la aplastante mayoría de países del planeta, mientras lo sostengan Estados Unidos (EU) y la omnipotente comunidad israelí que controla la mayor parte de los resortes del poder –banca, Wall Street, Hollywood, multimedia, casinos, telecomunicaciones, etcétera–, con excepción del Pentágono, donde no es bien visto debido al espionaje del traidor a EU (no a Israel, que lo considera héroe) Jonathan Pollard. Tal es el desgarrador problema sicológico de la íntima jerarquía de quienes ostentan la doble nacionalidad cuando colisionan sus intereses patrióticos.
Israel, única potencia del Medio Oriente que cuenta con un máximo de 400 bombas atómicas, impone su voluntad catastral, energética y aérea –que quizá llegó a su epílogo con el reciente derribo de su avión F-16 en las ocupadas Alturas del Golán de Siria (https://goo.gl/6yMALS)– a los débiles países fronterizos tildados de terroristas (que defienden sus inalienables derechos) por la propaganda negra del Mossad y su desinformativa técnica Hasbara (https://goo.gl/4smjmV) que, por cierto, practica impúdicamente la casi quebrada Televisa con sus conocidos epígonos y goyim kosher (no-israelíes manipulados).
F. William Engdahl, uno de los máximos geopolitólogos del petróleo (https://goo.gl/2xRTWk), alerta que Líbano puede ser la próxima guerra de Israel a quien busca despojar de su gas (https://goo.gl/fZXZEu): Como la mayor parte de los conflictos en el Medio Oriente, se configura una nueva confrontación geopolítica que involucra la batalla por los recursos de hidrocarburos entre Israel y Líbano sobre su demarcación precisa (sic), donde intervienen Rusia, Hezbolá, Siria, Irán y EU en la sombra (sic).
A juicio de F. William Engdahl, el reciente ataque israelí sobre supuestas (sic) bases iraníes o campos de Hezbolá en territorio sirio se encuentra íntimamente ligado al objetivo (sic) israelí de impedir un vínculo terrestre de Irán, mediante Siria, con la infraestructura de Hezbolá en sus bases en Líbano.
F. William Engdahl comenta que en 2010, la geopolítica del petróleo y gas en el Mediterráneo cambió en forma profunda cuando “la empresa texana (sic) Noble Energy descubrió un inmenso yacimiento de gas natural offshore de Israel, en el mar Mediterráneo, el campo Leviatán, uno de los mayores descubrimientos de yacimentos gaseros en más de una década” (https://goo.gl/Tt59GE).
Noble Energy, que de noble no tiene nada, confirmó “otros recursos significativos en el offshore de Chipre, el campo Afrodita, cerca del Leviatán israelí”. Israel se despachaba con la pantagruélica cuchara gasera mientras incita(ba) a los caleidoscópicos rebeldes y yihadistas sirios (https://goo.gl/AHbaiA) para distraer a Líbano (contra Hezbolá, cuyas bases son frontera con Israel, enfrascada en la fratricida guerra en Siria) de explorar su potencial gasero. Nada nuevo: ¡Clásica perfidia de Israel!
Cuando la guerra en Siria se encontraba en su epílogo, Israel ha vuelto a encender la mecha en toda la región (¿con bendición de Trump/Kushner/Kissinger?) y, en particular, con Líbano, donde ha escalado la tensión cuando Rusia se ha acercado al País de los Cedros Milenarios en forma audaz.
El presidente libanés, el general Michel Aoun –a quien entrevisté en su residencia de Rabié, afuera de Beirut, meses antes de su asunción presidencial (https://goo.gl/prDpAu)–, firmó, coincidentemente un día antes de los masivos y desproporcionados ataques de Netanyahu, un relevante acuerdo con las gaseras Novatek (Rusia), Total (Francia) y Eni (Italia) para explorar su offshore gasero, lo cual produjo un feroz ataque del ministro de Defensa israelí Avigdor Lieberman, quien fustigó el acuerdo para explorar la parte del gas de Líbano, el bloque 9, de muy provocativo.
Avigdor Lieberman, anterior guarura (literal) de antros en Moldavia y hoy ministro de Defensa de Netanyahu, al más puro estilo cleptomaniaco de Israel –que por su depredadora naturaleza irredentista despoja todo lo que pueda desde territorios pasando por capitales (Jerusalén) hasta el término semita (https://goo.gl/pBA21X)– alega que el bloque 9 le pertenece (https://goo.gl/sSVxsf). ¿No lo sabrán países de la talla de Rusia, Francia e Italia?
La oferta gasera tripartita se escenifica con el fondo (sic) de dramáticas (sic) nuevas relaciones de defensa entre Rusia y Líbano, creando un nuevo cálculo (sic) político en el Mediterráneo.
Naturalmente que el espectacular acercamiento militar de Rusia y Líbano –que incluiría el uso de puertos y campos aéreos de este útimo por el primero, lo cual no ha pasado despercibido por China– ha indispuesto a EU que apoya sin tapujos a Israel.
La fuerza militar de Líbano es simbólica a grado tal que la guerrilla chiíta libanesa Hezbolá, a decir de los expertos, goza de mayor poderío y logística.
Dejo de lado las cuentas alegres que salvarían al Líbano de sus penurias económicas (https://goo.gl/Br7JNo) para centrarme en la posible zona de amortiguamiento de Rusia entre Hezbolá e Israel.
Según F. William Engdahl, al colocar su formidable presencia militar y energética en Líbano, Rusia en este punto, puede ser la única barrera (sic) a una nueva conflagración en el Medio Oriente.
Mientras The Jerusalem Post abreva en la orgía de una nueva guerra de Israel contra Hezbolá (https://goo.gl/iCmHLH), F. William Engdahl expone la coordinación de Netanyahu con Arabia Saudita a la que visitó (¡mega-súper-sic!) en noviembre pasado (https://goo.gl/7aL1P5) y comenta el artículo de Ghassan Kadi en The Saker, quien aduce que la reciente escalada entre Siria e Israel no es un preludio de una guerra mayor, sino que Israel mide las aguas, pone a prueba las capacidades de defensa aéreas de Siria y comprueba la determinación de Rusia para crear un verdadero equilibrio de poder en el Medio Oriente (https://goo.gl/XYwXnh).
A juicio de F. William Engdahl, la “decisión rusa de firmar un acuerdo de cooperación militar con Líbano, al mismo tiempo de que una importante gasera rusa obtiene derechos para explorar petróleo y gas en el offshore de Líbano, no es una decisión intempestiva. Es un movimiento calculado de ajedrez en una de las regiones más enredadas del mundo”.
Ahora ya sabemos la razón por la cual el atribulado Netanyahu atacó en forma desproporcionada a Siria/Irán/Hezbolá un día después al acuerdo petrolero de Líbano con Rusia/Francia/Italia que deja de lado a EU.
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¿Pronto llegará el día de su (mala) suerte?

El futuro de Kuczynski en Perú
Nueva Sociedad

Kuczynski está contra las cuerdas. El indulto a Fujimori y el escándalo del Lava Jato amenazan su futuro. ¿Lo seguirá acompañando la buena fortuna?


El presidente de Perú, Pedro Pablo Kuczynski (PPK), ganó la segunda vuelta en 2016 por 0,25% de diferencia con respecto a Keiko Fujimori. La campaña fue intensa y bastante crispada. Un mal reflejo de alguno de los candidatos pudo haber cambiado la historia electoral. Hacia el final de la campaña, PPK atrajo el voto antifujimorista, asociando a Keiko Fujimori con la dictadura, el autoritarismo y la corrupción. Este voto le permitió sobrepasar a Keiko Fujimori y sacar ese estrecho margen de victoria.
El antifujimorismo es una fuerza viva en la sociedad. En la elección de 2011 fue determinante en la victoria de Ollanta Humala contra la misma Keiko Fujimori. Se trata de un grupo heterogéneo de votantes, de izquierda, liberales y jóvenes, que enarbolan las banderas de la memoria de las épocas de Alberto Fujimori y reaccionan a la amenaza del autoritarismo de Fuerza Popular, el actual partido de su hija Keiko.
Desde el inicio del gobierno, Fuerza Popular mostró dientes contra el gobierno. La amplia mayoría lograda en el Congreso (73 de 130 curules) le permitía desafiar al Ejecutivo. El primer enfrentamiento serio se produjo a finales de 2016 por la interpelación y censura del entonces ministro de Educación Jaime Saavedra, un reconocido técnico que fue el único ministro que tuvo continuidad desde el gobierno anterior.
El sector de ciudadanos y líderes de opinión antifujimoristas le pedía desde ese entonces a PPK que se enfrentara abiertamente con el fujimorismo, planteando una cuestión de confianza a todo el gabinete. El contragolpe de esta jugada es que, según la Constitución peruana, si el Congreso censura a dos gabinetes, el presidente está facultado constitucionalmente para cerrarlo. Sin embargo, un par de días antes de la interpelación al ministro, el presidente anunció que no haría la cuestión de confianza.
En enero de 2017 se produjo el segundo choque. Esta vez el fujimorismo puso en la mira al entonces ministro de Economía Alfredo Thorne, uno de los cargos con mayor poder en el Ejecutivo. Luego de la presentación de Thorne en el Congreso, se le exigía su renuncia, pero, por el contrario, el ministro hizo un pedido de confianza a nivel personal. El congreso le negó la confianza por lo que Thorne tuvo que renunciar. El tercer choque se dio por una potencial moción de censura contra el ex ministro de Transporte y Comunicaciones y vicepresidente Martín Vizcarra. Ante la arremetida de la oposición, Vizcarra prefirió renunciar.
El enfrentamiento más fuerte se dio por un nuevo pedido de censura contra la ex ministra de Educación Marilú Martens en octubre de 2017. El entonces primer ministro Fernando Zavala solicitó cuestión de confianza a todo el gabinete, el congreso le negó la confianza y todo el gabinete tuvo que renunciar.
En todos estos enfrentamientos, la corriente antifujimorista clamaba por un enfrentamiento directo del presidente con el fujimorismo. Con la cuestión de confianza planteada por Zavala parecía que por fin PPK se animaba a frenar los arrebatos de Fuerza Popular. Se pedía que coloque como primer ministro a alguien abiertamente contrario a Keiko Fujimori. PPK actuó conservadoramente y nombró a su vice presidente Mercedes Aráoz como primer ministro.
Desde un comienzo, los líderes de opinión antifujimoristas proponían que las constantes censuras de ministros eran pasos previos para el objetivo final. Según esta versión, Keiko Fujimori, con ánimos revanchistas, tenía en mente la vacancia de PPK y la convocatoria anticipada a nuevas elecciones.
Cuando las cosas parecían ir en esta dirección, diversos hechos que excedían al gobierno le daban un respiro al Ejecutivo. El Fenómeno del Niño, por ejemplo, fue un desastre natural de gran magnitud que reunió a los peruanos bajo el objetivo de la ayuda humanitaria y calmó las arremetidas de la oposición. Otro hecho, más fortuito, fue la clasificación de Perú al mundial de fútbol, que inspiró un ánimo optimista aunque pasajero, pero que resultó muy útil para el gobierno. Este año, la visita del Papa Francisco también jugó un papel para calmar las tensiones políticas. A PPK se le han aparecido varios salvavidas a lo largo de su gestión.
Algunas voces indican que el presidente tiene estrella. La fortuna de PPK radica en salir bien parado de situaciones difíciles, muchas veces gracias a hechos fortuitos. Su fortuna se pondría a prueba en el último choque con Fuerza Popular.
A mediados de diciembre 2017, la comisión del congreso encargada del caso Lava Jato presentó documentos donde Odebrecht, una de las empresas involucradas, reportaba pagos a Kuczynski por asesorías, cuando fue ministro de Economía y primer ministro durante el gobierno de Alejandro Toledo. El Congreso presentó una moción de vacancia y la sesión de deliberación se programó para el 21 de diciembre. Un día antes, el presidente apareció en un mensaje a la nación donde se lamentó de no haber presentado una cuestión de confianza al primer intento de censura de sus ministros y calificó la vacancia como un golpe de estado. Este mensaje iba dirigido frontalmente al fujimorismo atacando uno de sus flancos débiles: sus raíces antidemocráticas. Con este mensaje el presidente se vestía nuevamente con el traje antifujimorista, con la esperanza de torcer el rumbo de la vacancia, como le funcionó en la elección.
Para vacar al presidente se necesitan un mínimo de 87 votos en el Congreso, más de los que tenía Fuerza Popular. Si en la votación para la presentación de la moción de vacancia, proceso inicial dado unos días antes, 93 congresistas votaron a favor, en esta oportunidad los votos eran contados uno a uno.
El antifujimorismo le permitió a Kuczynski ser presidente. Sin embargo, esta corriente de opinión, fuerte en las urnas, no tiene una presencia formal en el Congreso. El antifujimorismo no garantizaba votos en contra de la vacancia. La estrella de PPK no podía contar con esta ayuda.
La votación final depararía una gran sorpresa. Kenyi Fujimori, congresista de la república, acompañado de otros nueve parlamentarios, votaron en contra de la vacancia restando votos vitales a Fuerza Popular, partido dominado por su hermana Keiko. La fortuna del presidente Kuczynski no vino del antifujimorismo sino, vaya ironía, desde el mismo fujimorismo y ahí dentro, desde el mismísimo Alberto Fujimori, quien se dio el trabajo de llamar uno a uno a estos disidentes de Fuerza Popular que había congregado su hijo menor.
Kenyi Fujimori, congresista electo con la mayor votación en el actual Parlamento, tenía en la liberación de su padre el punto principal (y casi único) de su agenda legislativa. Al ver que dentro de Fuerza Popular no había avances para lograr la libertad de su padre, optó por vías alternativas. Kenyi Fujimori le pidió directamente al presidente por la libertad de su padre. El hecho es que tres días después de la frustrada vacancia, Kuczynski devolvió el favor y concedió el indulto humanitario a Alberto Fujimori.
A pesar de haber negado una negociación, la concatenación de eventos ha atado la vacancia al indulto. PPK tuvo la habilidad de usar este salvavidas en el momento oportuno y la fortuna del enfrentamiento entre hermanos Fujimori por la libertad de su padre.
Para el sector antifujimorista, el indulto fue un límite que PPK no debió cruzar. De aquí en adelante, el presidente ya no puede contar con este sector. Por el contrario, los sectores de izquierda asociados al antifujimorismo están impulsando una nueva moción de vacancia en el congreso. En la calle, donde el antifujimorismo es fuerte, diferentes colectivos se unieron para impulsar una serie de marchas contra el indulto.
El futuro del presidente es oscuro, pero era aún más sombrío en diciembre. Ahora, la nueva moción de vacancia no tiene la fuerza de la anterior. Las marchas en las calles se han desinflado. No queda claro si nuevas revelaciones del caso Lava Jato podrían afectar al presidente. La oposición fujimorista ha perdido fuerza y votos con la salida de la facción de Kenyi Fujimori de Fuerza Popular.
En el corto plazo, la estrella de PPK parece que juega a su favor, pues aparecen un par de salvavidas. Se vienen la Cumbre de las Américas en abril y sobre todo el inicio del mundial de fútbol en junio. Esos eventos pueden ser nuevos respiros a un gobierno conectado al respirador artificial.
Sin embargo, la debilidad del gobierno es tal que un cambio en alguna de estas condiciones inestables podría precipitar la caída de Kuczynski. El día de mala suerte de PPK podría llegar pronto si Jorge Barata, implicado en el caso Lava Jato, declara hechos graves con respecto al presidente y eso desencadena protestas masivas, unifica a la oposición y quiebra al Ejecutivo. Para gobernar, un presidente no puede depender demasiado de su buena fortuna. Requiere, sobre todo, de la virtud de hacer política, aspecto que PPK relega. O bien podríamos repetir el caso del ex presidente Alejandro Toledo: un gobierno permanentemente inestable y con baja aceptación ciudadana.

miércoles, 21 de febrero de 2018

Grupo de Lima le mueve la cola al amo



Kuczynsky, presidente de Perú haciendo gala de afición canina manifestó en la Universidad de Princeton: “Estados Unidos se enfoca en aquellas áreas donde hay problemas, como el Medio Oriente. No invierte mucho tiempo en América Latina pues es como un perro simpático que está durmiendo en la alfombrita y no genera ningún problema”. Anfitrión de la próxima Cumbre de las Américas quien logró librar su defenestración por los escándalos de corrupción con la empresa Odebrecht transando indulto al dictador Fujimori debió proponer el tema central de la misma y con soltura eligió “Gobernabilidad democrática y corrupción", en párrafo de carta invitación al presidente Maduro reseña “La expansión de este flagelo (la corrupción) socava las instituciones democráticas, reduce la credibilidad de los gobiernos y afecta directamente a los derechos de las personas". No hay información hasta el momento si dictará una clase magistral sobre probidad, si y tras la inspección de Tillerson los émulos de Caín y su gobierno retiran esta invitación comunicando que: “Maduro no puede entrar ni al suelo ni al cielo del Perú”. 

Los socios del Grupo de Lima se levantan de la “alfombrita” azuzados por Tillerson, quien agitando la Doctrina Monroe dirige su jauría contra el pueblo de Venezuela retornando a la época más obscura de la guerra fría, actualizando la zozobra de la guerra, las amenazas de dictaduras militares, la imposición de la intolerancia absoluta, el desplazamiento del clima Medio Oriente a Latinoamérica declarado Zona de Paz en la Cumbre de CELAC realizada en Cuba en 2014 , paz que la obsecuencia de los confabulados neoliberales amaga irresponsablemente. Emiten comunicado rechazando la convocatoria a elecciones presidenciales en Venezuela -las mismas que reiteradamente exigieron el año reciente-, demandan sibilinamente la creación de un corredor humanitario, pero no hay una sola referencia al llamado al golpe de estado o las amenazas de intervención militar, o a la asfixia financiera sobre el gobierno del presidente Maduro, menos a los recientes actos de terrorismo paramilitar contra el metro de Caracas y el suministro de energía eléctrica. Las maniobras son producto de la catadura de sus integrantes: un Temer que trepó al gobierno montado en golpe de estado parlamentario; Peña Nieto narcopresidente que ampara asesinatos de niños y periodistas; Macri que elimina políticas sociales, millares de pensiones y derechos laborales al tiempo que encarniza la represión; un Hernández que se eleva a presidente con el fraude y el crimen; los corruptos Cartes y Kuczynsky que tienen la osadía de participar en Cumbre que trata el tema que les concierne, o Santos que burla los tratados de paz con las FARC y ampara 30 asesinatos de dirigentes sociales en lo que va del año oficiando como el Netanyahu latino con las 7 base militares gringas. 

Los chilenos no olvidamos la experiencia del golpe contra Allende y las similitudes que hoy amenazan al pueblo de Venezuela. La coalición de gobierno saliente de la Presidenta Bachelet se caracterizó por su heterogeneidad, cohabitaron neoliberales, progresistas e izquierdistas, impulsando reformas al sistema, unos pretendiendo no afectarlos en su esencia y otros creando una base para cambios reales, se lograron avances importantes, pero en la confrontación de fuerzas se impusieron los conservadores principalmente en política internacional. De allí el vergonzoso rol de Chile frente a la al proyecto bolivariano. 

El Canciller Muñoz acompañante de la oposición en República Dominicana, afirma que “Nunca apoyaríamos una intervención militar en Venezuela”, lo hace al estilo de Versalles sin condenar al autor o la gravedad de la amenaza, no emplea el tono que usa cuando se refiere al Gobierno del país hermano, él sabe con la experiencia de decenios en el trajín de los pasillos diplomáticos en Estados Unidos, como el aislamiento político, la campaña mediática sostenida, las maniobras desestabilizadoras, el torpedeo al diálogo en República Dominicana, son insumos que requiere Trump para legitimar un agresión militar, para estimular un golpe de Estado, para terminar con el Gobierno de Maduro. Lo cierto es que al Canciller chileno no le gusta la Constitución Bolivariana surgida de una Asamblea Constituyente, no le gusta la democracia participativa y protagónica, le es cómoda la Constitución de Pinochet que aún nos rige, institucionalidad que permite la impunidad de la corrupción político empresarial, la entrega del litio a la voracidad transnacional, la Operación Huracán contra el pueblo mapuche, la vigencia del neoliberalismo contrario a los avances integradores que se dieron con la CELAC, UNASUR, ALBA. La política aplicada como Canciller de Gobierno de Chile abre paso al American First, versión siglo XXI de la Doctrina Monroe. 

El intento de justificar la injerencia en la política interna de Venezuela forjando un verdadero linchamiento de un mal llamada comunidad internacional, queda al descubierto al conocerse el acuerdo al que había llegado la oposición con el Gobierno de Venezuela avalado por Presidente Danilo Medina, el ex presidente Rodríguez Zapatero, los cuales fueron sorprendidos por la negativa de la derecha a firmar lo comprometido luego de la llamada desde Colombia de Santos mientras le visitaba Tillerson. La falta de garantías electorales que Muñoz y sus socios en Lima arguyen para arrinconar a Venezuela es desmentida por el Acuerdo de Convivencia Democrática por Venezuela, acuerdo que si el presidente Maduro ha instruido aplicar y que reza, entre otros, en el acápite pertinente siguiente:

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Elecciones Las elecciones se celebraran el día veintidós (22) del mes de abril del año dos mil dieciocho (2018). 

Garantías del proceso electoral Se exhorta para que sean seleccionados los dos rectores designados en fecha 13 de diciembre de 2016 por la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia. Estos sean fruto del consenso de los firmantes de este acuerdo. Gobierno y Oposición acuerdan proponer al Secretario General de Naciones Unidas se conforme una delegación de acompañamiento y observación electoral, así como una representación de los países acompañantes signatarios de este acuerdo. 

Se asegurará y favorecerá equidad en el acceso a los medios públicos y privados, y redes sociales nacionales e internacionales en el desarrollo de la campaña electoral. Se realizaran todas las auditorias técnicas con los estándares establecidos no inferiores a los utilizados en las elecciones del 7 de Octubre de 2012 y del seis de diciembre de 2015. En particular las citadas auditorias afectaran a todos los componentes del sistema con protocolos establecidos y presencia de la observación internacional. 

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El documento íntegro esta disponible en los medios internacionales e incluye un abanico amplio de temas cuya simple lectura desarma categóricamente los subterfugios para legitimar la impunidad de la furiosa agresión emprendida desde el exterior,- entre otros del Grupo de Lima-, que no es sino expresión de las oligarquías del continente sumisas a los dictados imperiales. 

Iván Muñoz Rojas es Coordinador del Comité Bolivariano de Solidaridad con Venezuela (CHILE) 

EE.UU. y sus ejercicios “humanitarios” en Panamá

Según la Cancillería panameña, las tropas norteamericanas entrenarán a las fuerzas locales.
La presencia militar norteamericana en la nación centroamericana genera suspicacia
Página/12

Las maniobras están en pleno desarrollo y se extenderán hasta junio con la presencia de 415 militares estadounidenses. Los efectivos portarán armas, pero sobre todo gozarán de inmunidad diplomática. De fondo, el rodeo a Venezuela.


Según la Cancillería panameña, las tropas norteamericanas entrenarán a las fuerzas locales.
En una región cada vez más militarizada, Panamá es un símbolo latente de la injerencia de Estados Unidos. Aunque Washington mira con mucha mayor atención a Venezuela, y pese a que este país no limita con el del canal, reverdecen historias de intervenciones planeadas desde la Casa Blanca. Siete veces invadió EE.UU a la pequeña nación centroamericana. La última fue en 1989. Por eso, cuando la principal potencia mundial pone un pie en su territorio, surgen de inmediato las respuestas negativas. Ahora son contra la llamada operación Nuevos Horizontes. Cuando se creó en 1984 tenía otro nombre: Fuertes caminos. Se trata de maniobras que, depende de quién lo cuente, adquieren dos sentidos. Para el Comando Sur que las dirige se trata de “ejercicios de asistencia humanitaria”. Para la cancillería local “un programa de entrenamiento dirigido a los estamentos de seguridad nacionales”.
Si se colocan en contexto los hechos de Panamá, deben analizarse junto a lo que pasa en otras fronteras vecinas. Sobre todo, a los 2.219 kilómetros de límites que comparten Colombia y Venezuela. También, pero en menor medida, a los que separan a este último país de Brasil y Guyana. Todo tiene que ver con todo y la presencia militar de Estados Unidos lo señala desde las entrañas de su historia. Esta vez el objetivo es el derrocamiento del gobierno de Nicolás Maduro. Le están rodeando la manzana. La visita reciente que hizo por la zona el jefe del Comando Sur de EE.UU, el almirante Kurt Tidd, es más de lo mismo. Se reunió con el vicepresidente colombiano, el general retirado de la Policía, Oscar Naranjo. Pocos días antes, habían conversado en Bogotá el presidente Juan Manuel Santos y el secretario de Estado Rex Tillerson.
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La ofensiva diplomática de Estados Unidos sobre Latinoamérica está a la vista. Sus resultados también. Desde México a la Argentina, los gobiernos amigos de Washington siguen como rebaño la política de aislamiento de Venezuela. Panamá es un engranaje más de ese movimiento de pinzas. En agosto pasado, cuando lo visitó el vicepresidente norteamericano Mike Pence, les recordó a sus autoridades que EE.UU había sido el primer país del mundo en reconocer su independencia. Y les manifestó su gratitud por cómo habían actuado contra Venezuela: “El presidente Trump y yo estamos sumamente agradecidos por el firme liderazgo del presidente Varela en el repudio al régimen de Maduro. Felicitamos a Panamá, en particular, por haberse sumado a los otros 11 países que firmaron la Declaración de Lima”, dijo en su discurso desde el gran canal que une a los océanos Atlántico y Pacífico.
No llama la atención entonces que Nuevos Horizontes ya esté en pleno desarrollo. Se extenderá hasta junio con la presencia de 415 militares estadounidenses. Los “ejercicios de asistencia humanitaria” como los describió Ramón Malavé, coordinador del Comando Sur en Panamá, fueron redefinidos por el columnista del diario La Estrella de Panamá, Mario Gándasegui (h) como una “invasión silenciosa”. Los efectivos portarán armas, pero sobre todo gozarán de inmunidad diplomática. Una situación que en Panamá la oposición y los movimientos sociales movilizados en la calle la viven como una violación del Tratado de Neutralidad del Canal firmado por los presidentes Omar Torrijos y Jimmy Carter en 1977. El mismo que permitió la devolución del corredor clave a fines de 1999, aunque con prerrogativas determinantes a favor de EE.UU. Un ejemplo: poder intervenir sobre la vía interoceánica a partir del año 2000 si se producían peligros a su seguridad.
Argumentos parecidos había utilizado George Bush padre cuando decidió invadir Panamá el 20 de diciembre de 1989 con una fuerza de 26 mil hombres. El problema era el ex socio político y comercial de Estados Unidos, el narco-dictador Manuel Noriega. Había prestado servicios a la CIA hasta que se retobó. Lo depusieron a costa de miles de víctimas durante el ataque. Se calculan unas 4 mil, según la Asociación de Familiares de los Caídos. El militar fue encarcelado en Miami y condenado a 40 años de prisión por la Justicia de Estados Unidos. Cumplió poco más de la mitad, fue enviado a una cárcel en Francia que también lo reclamaba y finalmente devuelto a Panamá, donde murió el 30 de mayo del año pasado. En los tres países acumuló 25 años en prisión. En 2015, a diferencia de otros militares latinoamericanos formateados en la Escuela de las Américas por EE.UU, pidió perdón por televisión a los panameños y se autodefinió como “un hijo de Dios”.
A poco más de 28 años de la invasión condenada por la ONU, hoy es revisada críticamente por la llamada Comisión 20 de diciembre. Fue aprobada en julio de 2016 por el gobierno. Su mandato expira el 1 de abril de 2019. Su presidente, Juan Planells, es el rector de la Universidad Católica Santa María (USMA) y avanza en un trabajo dificultoso para precisar el número de muertos. En diciembre de 2017 dijo que ya se estaban tomando muestras de ADN a los familiares. Pero los registros oficiales son solo parciales. En el estreno de la película Invasión de 2014, del cineasta panameño Abner Benaim, un trabajador de la morgue dijo que se habían contabilizado unos 800 asesinados hasta que se arrancaron las páginas del registro. La cuenta quedó inconclusa. El film ganó el premio de mejor documental en el festival de Biarritz, Francia, en 2015.
El recuerdo de la invasión y los bombardeos del 89 vuelve con fuerza cuando se concretan operaciones como Nuevos Horizontes. La Embajada de EE.UU le notificó al gobierno panameño sobre el ejercicio el 11 de diciembre de 2017. El gobierno lo aceptó casi un mes después, el 4 de enero de este año. Pero “las tropas norteamericanas entraron a Panamá el 2 de enero, dos días antes que la respuesta de la Cancillería”, escribió el periodista Eliécer Navarro en el diario local Crítica. Parece que estaban apuradas para realizar su tarea humanitaria en las provincias de Darién, Veraguas y Coclé.