Somos un Colectivo que produce programas en español en CFRU 93.3 FM, radio de la Universidad de Guelph en Ontario, Canadá, comprometidos con la difusión de nuestras culturas, la situación social y política de nuestros pueblos y la defensa de los Derechos Humanos.

martes, 17 de julio de 2018

Gana López Obrador en México: ¿hay esperanza?

 Por Marcelo Colussi
En México, por un amplio margen, acaba de ganar las elecciones el candidato del Movimiento de Regeneración Nacional -MORENA- Andrés Manuel López Obrador.
El campo popular en su sentido más amplio y la izquierda -mexicana y mundial- lo festejan. Incluso hubo quien dijo que esto muestra que de ningún modo está terminado el ciclo de los gobiernos progresistas en Latinoamérica, tal como los resultados electorales de varios países lo pudieran hacer pensar, con el retorno de propuestas abiertamente neoliberales y la caída/salida de administraciones de centro-izquierda (Argentina, Brasil, Ecuador, Paraguay).
Por supuesto que es para saludar la llegada de aire fresco a la casa presidencial. De hecho, México es un referente en Latinoamérica, y su peso político influye considerablemente en el sub-continente. Más allá de todo lo que pueda decirse de la propuesta de López Obrador, está claro que no es el neoliberalismo descarado, una visión ultra-derechosa de las cosas, un proyecto antipopular. Saludémoslo entonces.
Pero no se pueden dejar de hacer algunas consideraciones críticas, imprescindibles dada la coyuntura. En estas últimas décadas todo el campo popular (de México y de toda América Latina) sufrió un tremendo retroceso. Sobre las sangrientas dictaduras que barrieron el continente (México fue la excepción en ese aspecto) se asentaron los terribles planes neoliberales dictados por los organismos crediticios de Bretton Woods: el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. En realidad, esas políticas fueron un rediseño del capitalismo a escala global donde los únicos beneficiados fueron las grandes potencias -Estados Unidos fundamentalmente, y más aún su banca- y la clase capitalista a nivel mundial. Esto último, en tanto estas líneas neoliberales (capitalismo salvaje, más precisamente dicho) significaron el retroceso y/o pérdida de conquistas laborales y sociales históricas de la clase trabajadora. El trabajo en situación crecientemente precarizada se hizo normal, y los sindicatos pasaron a ser instrumentos cooptados casi completamente por el capital.
México se tornó una abierta dependencia del capitalismo estadounidense, aumentando exponencialmente su pobreza, y como efecto derivado, su clima de violencia generalizada. La narco-política se enseñoreó en toda su geografía, y las migraciones irregulares hacia el “sueño americano” quedaron casi como la única vía de escape.
¿Cambiará eso con López Obrador? Ahí está la falacia que debe apuntarse: su llegada no deja de ser una buena noticia, pero con la aquilatada experiencia que existe después de todos los “progresismos” en nuestros países, debemos ser cautos.
Desde Salvador Allende en Chile, en la década del 70 del siglo pasado, hasta todos los progresismos surgidos ya entrando en el siglo XXI (Chávez/Maduro en Venezuela, el PT en Brasil, los Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia, Correa en Ecuador, Mujica en Uruguay, Lugo en Paraguay, el FMLN hecho gobierno en El Salvador), la situación estructural no ha podido modificarse. Si bien es cierto que planes asistenciales han ayudado mucho en todos esos países, no se han visto cambios sustanciales a largo plazo como sí pasó en Cuba. Si se puede hablar de “fin del ciclo progresista” es porque ha habido un agotamiento en la bonanza de los precios internacionales de ciertas materias primas, lo que hizo que, escaseando las divisas, los planes de ayuda se fueran esfumando.
Obviamente los planes de reconversión ultraderechista que llegaron estos años son una pésima noticia para el campo popular. Al lado de ellos, y ante el fenomenal retroceso del ideario de izquierda de estas décadas debido a la paliza tremenda sufrida por las fuerzas anticapitalistas, la llegada de un poco de oxígeno que representan estas propuestas de ¿capitalismo con rostro humano? se pueden sobredimensionar y ver como grandes avances sociales.
Ahora bien, la realidad, siempre obstinada y pertinaz, enseña algo a sangre y fuego: los cambios reales, profundos, los cambios por los que tiembla la clase dominante, no se consiguen en las urnas. El poder real nace de la movilización popular, no de figuras carismáticas. Puede decirse que estos intentos son eso: intentos, pasos de una larga marcha. Pero sin organización popular desde abajo (léase: revolución socialista) no es posible torcerle el brazo a la serpiente viperina del capitalismo. Aunque sin dudas: ¡bienvenido López Obrador!

América Latina: ¿persecución estadounidense a la centroizquierda?

 Por Carlos Santa María
La derecha latinoamericana, siguiendo las órdenes de EE.UU., busca impedir la postulación del expresidente ecuatoriano Rafael Correa a un nuevo gobierno.
El reciente caso donde se ordena apresar a Rafael Correa, quien se encuentra en Bélgica, demuestra las estrategias empleadas por la derecha latinoamericana supeditadas a las órdenes impartidas desde la Casa Blanca en una clara violación de la soberanía nacional, las que se hacen efectivas en la política de aprisionar, atentar o dificultar el regreso a Ecuador del ex presidente, con el único fin de impedir su postulación a una nueva gobernanza.
En este sentido, la judicialización de la política significa expedir órdenes de prisión preventiva a través del nombramiento interesado de funcionarios que interpreten los deseos de gobiernos vinculados a EE.UU., por encima de los marcos legales y constitucionales, utilizando la Fiscalía como un arma destructiva y obviando todas las posibilidades que se otorgan en la presentación personal cuando ésta se encuentra residiendo con su familia en el extranjero. La rapidez en los procedimientos de arresto y extradición, no realizado en la justicia interna con los connacionales, demuestra la persecución a toda costa de la cual también es parte el vicepresidente ecuatoriano Jorge Glas.
Las tres tácticas más utilizadas para destruir la expresión popular son: una, golpe militar o desestabilización a través de “pacíficos grupos estudiantiles-rebeldes” que luchan por la justicia, quemando, asesinando, ejerciendo terrorismo en su máxima expresión; dos, utilizar el sistema judicial con el fin de encarcelar políticos progresistas para impedirles postular a elecciones, o sancionando a todo aquel que se manifieste por la soberanía del país; tercera, manipulando los Medios para apoyar las intrigas, conjuntamente con un bloqueo o caos económico que propicie  resentimiento contra mandatarios dignos y nacionalistas.
El caso de Nicaragua y Venezuela es similar al de Siria o Libia, donde “masas espontáneas” nacen de la presión estatal y se organizan con armas para supuestamente liberar la nación. Brasil y Argentina son ejemplos modernos donde la Justicia ya abandonó todo el ideal de objetividad para parcializarse claramente a favor del sistema colonial de dominación.
La prisión de Luiz Inácio Lula Da Silva, sin contar con ninguna prueba sólida, excepto una supuesta propiedad donde la escritura está a nombre de una empresa capitalista y no del ex presidente, basado en “delaciones premiadas”, es decir, en mecanismos judiciales fundamentados en acusaciones orales de empresarios envueltos en tramas de sobornos, se emplea para impedirle alcanzar la primera magistratura. El caso Amia, donde explotó una sede judía en Buenos Aires, y cuya investigación demuestra la complicidad de argentinos e israelíes en ese complot, se traslada a la exmandataria Cristina Fernández de Kirchner quien encabeza sondeos para regresar.
Chile, incluso, se suma a los intentos del gobierno Trump de atacar a Venezuela liderando propuestas guerreristas, aunando en su interior la opacidad sobre los crímenes de lesa humanidad cometidos en el periodo de Augusto Pinochet al propiciar indultos improcedentes e ilegales. La condena de los asesinos de Víctor Jara ha sido un duro camino que ha tardado más de cuarenta y cinco años.
Cabe destacar en este caso la vía jurídica como expresión de las tendencias dictatoriales pues a fines de diciembre de 1970 Richard Nixon, su ministro Henry Kissinger, Richard Helms (CIA) y Agustín Edwards, representando los golpistas chilenos confabulados con el Congreso y el poder judicial, lograron finalmente quebrar la institucionalidad democrática del país.
En esta situación se encuentra Honduras, Paraguay y Brasil, donde presidentes legalmente elegidos son destituidos o nombrados sin requisitos de ley en una clara manipulación del Congreso, así como el Senado paraguayo destituyó al presidente Fernando Lugo, quien había acabado con la hegemonía capitalista violenta.
¿Enseña EE.UU., con experiencia comprobada, a corromper la justicia?
El gobierno estadounidense tiene una experiencia comprobada en corromper la justicia, hasta tal punto que el prócer Simón Bolívar alertó sobre la forma corrupta de actuar de dicho ente en contra de América.
Actualmente, utilizando presuntos juicios políticos con la finalidad de mermar la popularidad de presidentes demócratas para alejarlos de los cargos públicos y con el fin de derrocar las autoridades legalmente establecidas, amparándose en una falaz “lucha contra la corrupción”, se criminaliza proyectos políticos de transformación. Así se entiende el supuesto “Tribunal Supremo de Justicia en el exilio” para Venezuela, el cual asesorado por el Departamento de Estado de EE.UU. emite una orden de arresto contra el actual presidente, Nicolás Maduro, acusándolo de una participación directa en un esquema de corrupción, el uso indebido de instrumentos jurídicos con fines de persecución política, destrucción de imagen pública e inhabilitación de un adversario político.
Se conoce claramente que la USAID (Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional), conectada al centro de torturas Escuela de Las Américas, asesora a gobiernos latinoamericanos para "reformar" sus aparatos jurídicos, participando de la guerra no convencional. El trabajo con Ministerios Públicos, Procuradurías Generales y Fiscalías de la región colonizada es absolutamente condicionado.
La razón sigue siendo la misma: quien se oponga a su política de expoliación hay que exterminarlo por los canales que sean necesarios. Por este mecanismo, las transnacionales emplean el aparato de justicia, las agencias de inteligencia, las fuerzas armadas, el poder electoral y mediático, para adueñarse del continente.
Lo confirma la detención de Lula Da Silva. ordenada por el juez Sergio Moro, cabeza de la investigación judicial conocida como Operación Lava Jato, quien  el 2009 recibió entrenamiento en EE.UU.
La conclusión es obvia: duele al mundo que en Colombia se extermine a líderes transparentes, que en México muera la niñez, que en Venezuela y Nicaragua existan bandas ultraviolentas, que en diversos países sus dirigentes no escuchen el clamor del pueblo. Sin embargo, del aumento en la conciencia crítica, el avance movilizador y la denuncia cada vez más fuerte, proveerá el imperioso amanecer de una América libre y feliz.

La lección de Nicaragua


El vergonzoso final del gobierno Ortega-Murillo no tiene porqué ser la muerte del sandinismo



Manuel Cabieses Donoso

Rebelión

No quiero que mi voz se confunda con los rugidos del imperio o con los ladridos de sus perritos falderos. Pero no puedo callar. El heroico pueblo de Nicaragua, que en 1979 derrocó a la tiranía de los Somoza, necesita aliento en su lucha contra la dictadura corrupta y grotesca de Daniel Ortega-Rosario Murillo.

Es cierto que la reacción internacional, el “sicario” general de la OEA, los medios de desinformación, el empresariado y la Iglesia Católica se han adueñado de la crisis social y política que gatillaron los errores del gobierno. Los reaccionarios se han montado en la ola de la protesta popular; desplazaron a los estudiantes que están dando un ejemplo de coraje cívico, y se levantan como los jueces y verdugos de un régimen que protegió sus intereses. El derrumbe del binomio Ortega-Murillo es el destino que la historia reserva a los revolucionarios que traicionan sus principios, se asocian con los enemigos del pueblo y se enriquecen con los fondos públicos.

Por desgracia el silencio de las izquierdas -de las que soy militante- permitirá que el desastre de Nicaragua pueda interpretarse como una derrota histórica del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Otro estigma en el castigado cuerpo de la Izquierda latinoamericana en momentos que explora nuevos caminos para salir de su prolongada atonía política.

El vergonzoso final del gobierno Ortega-Murillo no tiene porqué ser la muerte del FSLN. Son asuntos diferentes. El FSLN lo fundaron en 1961 un puñado de exiliados nicaragüenses en Costa Rica. En La Habana conocí a uno de ellos que sería su líder indiscutido, Carlos Fonseca Amador. Fue en una reunión que “cuadraron” los compañeros del Departamento América del Partido Comunista de Cuba que dirigía el comandante Manuel Piñeiro. Nos reunimos en una habitación del hotel Habana Libre.

Carlos Fonseca, alto, flaco, cegatón, llegó con dos compañeros que también se preparaban para volver clandestinamente a Nicaragua. Tenían interés en conocer las luchas sociales y políticas que en Chile gestaban el cuarto intento presidencial de Salvador Allende. Carlos Fonseca, modesto, de pocas palabras, ya tenía un respetable historial revolucionario. El FSLN agrupaba con dificultades tendencias que se materializaron en tres frentes guerrilleros casi hasta la victoria de 1979. Tengo el recuerdo de un Carlos Fonseca claro y preciso en sus palabras, radical en sus opiniones y de una impresionante sencillez, como todo verdadero revolucionario.

Fonseca no alcanzó a ver la victoria del FSLN. Cayó el 8 de noviembre de 1976. Su gesto de bravura -la de un guerrillero miope- le costó la vida. Le cortaron las manos para una identificaron en Managua y la prensa somocista publicó una foto del cadáver del líder sandinista para desalentar al FSLN. Sus restos descansan hoy en el panteón de los héroes deNicaragua.

El sacrificio de Fonseca no fue en vano: las tendencias del FSLN terminaron por unirse y en 1979 derrocaron al dictador Anastasio Somoza Debayle. La lucha guerrillera contó con el decisivo apoyo logístico y asesoría militar de la Revolución Cubana. En la guerra participaron numerosos voluntarios latinoamericanos, entre ellos muchos chilenos. En suelo nicaragüense se foguearon militantes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, del MIR y del Partido Socialista de Chile.

La victoria sandinista significó un extraordinario estímulo para la Izquierda latinoamericana -maltrecha desde la derrota en Chile-. Atrajo la atención y militante solidaridad de intelectuales de todo el mundo, entre ellos Julio Cortázar.

Aunque el FSLN se matriculó en la Internacional Socialdemócrata y se entrampó en las redes de corrupción de esos partidos, el prestigio de la revolución sandinista se mantuvo intacto. Esto permitió al FSLN gobernar hasta 1990 cuando sufrió una derrota a manos de la derecha. El tropezón que se prolongó hasta 2007 cuando Daniel Ortega y Rosario Murillo consumaron el matrimonio morganático del FSLN con el empresariado neoliberal y la Iglesia Católica. Estos son los mismos “aliados” del FSLN que ahora intentan derrocar al binomio Ortega-Murillo.

Un importante sector del pueblo de Nicaragua sigue fiel al sandinismo y ha hecho demostraciones masivas para frenar el golpismo apoyado por EE.UU.

Nicaragua vive una crisis que requiere pronta solución. Se ha derramado mucha sangre y se corre el riesgo de un levantamiento que costaría miles de vidas.

La crisis de Nicaragua requiere también de un análisis profundo y desprejuiciado de las izquierdas. Hay que rescatar lecciones valiosas para los proyectos de cambios sociales que están resurgiendo en América Latina.

Las izquierdas que se identificaron con los principios del FSLN, con su lucha de más de 40 años para derrocar a la tiranía de los Somoza y luego para aplastar a la Contra financiada por EE.UU.; las izquierdas que confiaron en el FSLN y sus reformas de dignidad y justicia para el pueblo de Nicaragua, tenemos que contribuir a una solución pacífica del conflicto. Una solución que no deje en manos de la burguesía y del buitre del Norte a una revolución que se vio atrapada en los tentáculos de la corrupción y de la traición.

La guerra contrainsurgente

Nicaragua en la mira



Stella Calloni

Tortilla con sal

Si la oposición más seria al presidente Daniel Ortega en Nicaragua no se diferencia de los mercenarios, que siguen cometiendo crímenes atroces, mediante torturas y flagelación pública contra decenas de sandinistas por apoyar al gobierno, como lo muestran los videos filmados por periodistas y si además no se separan de organizaciones que reciben fondos de Estados Unidos y las derechas europeas, quedarán en la historia como verdaderos traidores a la patria.

No hay eufemismo posible para decirlo de otra manera, ni “academicismos” que los amparen ante sus acciones, cuando precisamente Estados Unidos avanza en su proyecto recolonizador con una despiadada guerra contrainsurgente, de Baja Intensidad y de Cuarta Generación para controlar directamente a Nuestra América, dentro de lo cual se enmarca el golpe “blando” o suave, disfrazado de “rebelión antidictatorial”.

Lo que comenzó el 18 de abril pasado en Nicaragua, desde un inicio fue relatado por la corporación mediática falseando la verdad, manipulando en forma criminal los hechos y no sólo lo hicieron los medios del poder hegemónico, que son mayoría en el mundo, sino los escasos que sobreviven a esta supeditación, ocultando una tragedia de dimensiones aún no valoradas, como sucedió con Irak, Libia, Siria, Afganistán, como sucede en Yemen y en otros lugares y más cercanamente en Honduras, en Colombia, México y Guatemala,.

Muchos periodistas, incluso intelectuales, identificados como progresistas o de izquierda, tan diversa en Nuestra América, sin conocer nada de la actual realidad nicaragüense sólo dieron voz a los supuestos “rebeldes” contra la también supuesta dictadura, un espejo de lo que fueron los comienzos de las guerras coloniales de ocupación en Oriente Medio.

Entre los que desafiaron el discurso Jorge Capelán, desde Nicaragua habló del “golpismo tóxico que se ceba con saña contra el pueblo nicaragüense” y recordó el viaje de 16 representantes del Movimiento "Renovador Sandinista"(MRS) a Washington para reclamar en el llamado Foro de la Sociedad Civil de la Organización de Estados Americanos (OEA)que tomara la decisión de enviar cascos azules a Nicaragua, entre otros graves hechos. Es decir pedían una intervención.

La actitud del gobierno ante la primera manifestación de protesta el 18 de abril fue derogar ley previsional- que se supone desató la tormenta golpista- y llamó al diálogo. Pero no era el diálogo lo que esperaba Washington que había preparado el golpe en el esquema de la guerra contrainsurgente que está aplicando, cuando la estrategia de dispersión del Comando Sur, les ha permitido la instalación de Bases y establecimientos de control militar en varios países, elegidos también estratégicamente..

Por otra parte la región está invadida desde mediados de los años 80 por una red de Fundaciones como la National Endowment for Democracy(NED), o la USAID (Agencia Internacional para el Desarrollo) de tan larga y oscura historia en el continente, entre otras que l mantienen una red de Oganizaciones No Gubernamentales mediante las cuales reparten generosas partidas de dinero a sus cómplices internos, sus aliados naturales, las derechas regionales, Esto les permitió infiltrar no sólo las estructuras jurdiciales en los países de la región y la prensa , sino todos los sectores de la sociedad, creando verdaderos monopolios para la manipulación informativa, la desconcientización y desculturización de los pueblos.

Años trabajaron en forma encubierta esas Fundaciones de la CIA, complicadas en cada intento o golpe de Estado que se produjo en la región en este siglo, desde Venezuela en el 2002 hasta la actualidad.

Nicaragua tiene decenas de ONG dependientes de las Fundaciones y en este caso colaboran activamente los grupos terroristas cubano-americanos de Miami, que tienen representantes republicanos en el Congreso estadounidense como Ileana Ros-Lehtinen y Marco Rubio, Ted Cruz y otros. Rubio, devenido en “asesor” del presidente Donald Trump para América Latina, es intermediario entre este y la derechas recalcitrantes de América Latina.

La corporación mediática internacional e imperial que maneja el 95 por ciento de las noticias que circulan por el mundo, originadas nada menos que en el Pentágono, es clave para la guerra de Cuarta Generación o guerra psicológica, un arma tan importante como los misiles.

No hubo nada espontáneo en las protestas de Nicaragua, como tampoco puede ser espontánea la presencia de mercenarios que se dedicaron a secuestrar sandinistas a los que sometían a brutales castigos y torturas, desnudados y varios de ellos flagelados públicamente, asesinados y luego quemados como en los tiempos de la Guardia Nacional de Anastasio Somoza. Esto está comprobado y filmado, lo que se ha convertido en una prueba del horror.

A lo largo de estos de casi tres meses quemaron escuelas, centros de salud, oficinas que se ocupaban en su mayoría de los temas sociales, cooperativas, “el Banco de la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América (ALBA). las Radios “Ya” y Nicaragua. Quemaron la Caja Rural Nacional, un banco cooperativo con los récords de cientos de miles de socios, y el mismo día quemaron la sede del ministerio de Economía Familiar y Comunitaria y una cantidad de edificios de funcionarios gubernamentales, casas escuelas, centros de salud, hospitales.

La lista de crímenes y destrucción es extensa, pero casi tres meses después el pueblo sandinista está en las calles, y el ejército logró recuperar varias poblaciones tomadas por los mercenarios y se va conociendo el verdadero alcance del golpismo con los millones de pérdidas en la destrucción criminal que afectará a todo el pueblo.

DENUNCIAS DESDE EE.UU.

Las investigaciones del periodista estadounidense Max Blumenthal, pusieron al descubierto el rol de entidades como la (USAID), Freedom House, y la NED en el financiamiento de ONG’s nicaragüenses, que llamaron al derrocamiento del Presidente Ortega del Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN.

De acuerdo a Blumenthal la USAID, destinó para Nicaragua en 2017 la suma de 5,2 millones de dólares, “con la mayoría de los fondos destinados a la capacitación de la sociedad civil y las organizaciones de medios de comunicación”. También destacó que en junio, los dirigentes del M19, el grupo estudiantil que comenzó las protestas antigubernamentales viajaron a Washington a reunirse con la ultra derecha de EEUU, con figuras como Rubio, Ted Cruz y Ross Lehtinen. De la misma manera se reunieron con Mark Green, director del USAID, quien manifestó su apoyo contra el gobierno sandinista. El viaje fue pagado por Freedom House”.

Se destaca que el M19 no es espontáneo ni fruto del “descontento” contra Ortega sino que uno de sus organizadores Félix Madariaga está al frente del ·Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas, y es uno de los principales voceros contra el Sandinismo, que recibió 260,000 dólares de la NED. on la mayoría de los fondos destinados a la capacitación de la sociedad civil y las organizaciones de medios.

Hay referencias a fundación “Hagamos Democracia”, de Luciano García, reconocido opositor al sandinismo, quien recibió también 525,000 dólares de la NED desde 2014 y se constituyó en otro instrumento de intervención en Nicaragua, entregando en 2017 un millón de dólares a diversas organizaciones de la llamada “sociedad civil” que exigen la renuncia del Presidente Ortega.

Entre ellas la Comisión de DDHH de Nicaragua (111,000 dólares), Centro para la Empresa Privada (239,000 dólares), Instituto Republicano Internacional (150,000 dólares), Fundación Iberoamericana de Culturas ($79,000 dólares), Fundación Desarrollo Económico Social (40,000 dólares); entre otras. (Fuente: NED digital) También la NED destinó 305,000 dólares en 2017 a grupos anónimos de Nicaragua, para lo que ellos llaman “promoción de la democracia”, entiéndase, la organización de la contrarrevolución y la subversión antisandinista” destacando el papel que cumplen en la Guerra de Cuarta generación en América Latina.

La NED citada por Max Blumenthal, fue creada en 1983 por la administración de Ronald Reagan y desde entonces colaboró activamente en la Guerra encubierta de Estados Unidos contra Nicaragua en los años 80-90, apoyó y financió a los medios y la oposición antisandinista en ese país y fue clave preparando la invasión de EE.UU a Panamá en diciembre de 1989.

Asimismo como la USAID es responsable como parte y máscara que es de la CIA, de los miles de nicaragüenses muertos durante la guerra encubierta de los años 80 para lo cual inventaron el llamado contra-gate, llevando droga desde el Comando Sur en la zona del Canal de Panamá a Miami de donde salían armas para los mercenarios de la “contra”. Nada nuevo en la historia de EE:UU en Vietnam y en la actualidad para armar los mercenarios que usó y usa la OTAN en las actuales guerras coloniales de Medio oriente , el Norte de Africa y en Asia.

Un mes antes de las reuniones del M19 con legisladores ultraconservadores en Washington, la NED “afirmó sin rodeos que las organizaciones respaldadas por ellos han pasado años recibiendo millones de dólares sentando las bases para la insurrección" en Nicaragua, como lo señala el sitio web de noticias enfocado en América Latina, Global Americans, escrito por el académico estadounidense Benjamin Waddell , director académico de la Escuela de Capacitación Internacional en Nicaragua!(…)Después de la publicación de este artículo, Global Americans reemplazó el término "insurrección" con la palabra más inocua "cambio". Sin embargo, el título original aún se puede ver en la URL del artículo.

Lo cierto es "La prensa internacional describió la rápida escalada de disturbios civiles en Nicaragua como una explosión espontánea de descontento colectivo” escribió Waddell y agregó que "la participación actual de la NED en nutrir a los grupos de la sociedad civil en Nicaragua arroja luz sobre el poder del financiamiento transnacional para influir en los resultados políticos en el siglo XXI". "Mucho de lo que hacemos hoy fue hecho encubiertamente hace 25 años por la CIA", comentó por su parte Allen Weinstein, fundador de la NED.

“Las caras más visibles del movimiento anti Ortega no han sido los jubilados afectados por las reformas de la seguridad social, sino los estudiantes urbanos, políticamente no afiliados, que buscan una victoria total. Han forjado una alianza con los opositores a la derecha.“Mientras tanto, hombres enmascarados con morteros y armas de fuego han formado la primera línea de los bloqueos viales que ya han drenado la economía de Nicaragua de unos $ 250 millones en ingresos..

Es tan obvia la acción de Estados Unidos en Nicaragua, que asombra por un lado que figuras importantes de este país, surgidas del sandinismo, cuya oposición a Ortega ´se basa en diferencias internas, y que por supuesto no nos corresponde juzgar, hayan hecho silencio en estas circunstancias y con ese silencio haber permitido este desangre del país con apoyo público de EE:UU, verdugo de Nicaragua desde el siglo XIX es un hecho que se debe analizar dentro del comportamiento de una buena parte de la llamada izquierda en este período histórico..

De la derecha o de un sector de la Iglesia o de las organizaciones de bonitos nombres “democráticos” sostenidas por los dineros de la CIA, no podríamos haber esperado otro tipo de conducta. Pero el silencio sobre los crímenes aberrantes y el terror sembrado en las poblaciones más humildes e indefensas, es un caso de complicidad extrema, donde algunos sacerdotes parecieron desafiar al Vaticano actual con su conducta .

Se Intenta derrocar a un gobierno que en Centroamérica no permitió el ingreso de las maras, que se destacaba en medio de la violencia en Centroamérica , que logró avances sociales únicos en esa región reconocidos por organismos internacionales y que permanece en el ALBA, contra todas las presiones de Washington, ese organismo integrador que tanto ayudó a los pueblos más necesitados. En momentos en que el gobierno de Trump amenaza con invadir Venezuela, Nicaragua es estratégica.

Nadie puede confundirse en un escenario como el actual en América Latina, donde ha quedado evidenciado que la Doctrina Monroe regresó con un imperio en decadencia y cada día más brutal, que intenta apropiarse directamente de lo que considera su ”patio trasero” y coloca a la Patria Grande en la disyuntiva : recolonización o independencia..

Fuente: http://tortillaconsal.com/tortilla/node/3515

lunes, 16 de julio de 2018

Progresismo: la oleada que empieza






Los acontecimientos pronto han mostrado que el llamado progresismo que ‑‑mutatis mutandis‑‑ brotó a comienzos de siglo por varios puntos de América Latina estuvo lejos de constituir un “ciclo” y haberse acabado. Y mucho más de haber sido mero efecto de una oscilación de los precios internacionales de las materias primas.


 

Al inicio de los años 90, la primera gran ofensiva neoliberal se potenció con el colapso soviético y, además de imponer grandes cambios de política económica, asimismo articuló un extendido tsunamiideológico, que unas izquierdas divididas y desorientadas malamente pudieron enfrentar. Ni esa política ni los efectos culturales de este tsunami han concluido; la crisis global aflorada en 2008 desenmascaró al neoliberalismo sin remplazarlo todavía.

 

En menos de 10 años, los efectos de las políticas neoliberales sumaron disgustos sociales suficientes para dinamizar una variopinta marea progresista, pero aún más nutrida de rechazos que de proyectos sostenibles, que animó los primeros tres lustros de este siglo. Los gobiernos que ese proceso permitió elegir, además de aportar avances contra la pobreza y la inequidad, dieron lugar a significativos adelantos en autodeterminación nacional y solidaridad latinoamericana.

 

Era más que ingenuo suponer que esto pudiera ocurrir sin motivar, a su vez, una contraofensiva del imperialismo estadunidense y las élites locales. Con sobrados respaldos económicos, sociales y mediáticos, la derecha reconfiguró imagen, reactualizó métodos y recuperó iniciativa política, para volver a Palacio y emprender un roll back más ambicioso: revertir asimismo las conquistas ciudadanas obtenidas desde los años 50. Del pormenor de esos fenómenos ya me ocupé en su momento.[1]

 

Pero no todos los éxitos obtenidos por la contraofensiva reaccionaria pueden achacarse a la avidez, las artimañas y el poder económico y mediático de las derechas, ni al patrocinio común del imperialismo. Más debe atribuirse a acomodamientos, imprevisiones y equívocos del liderazgo que administró sus gobiernos y minusvaloró el papel de sus partidos y de las organizaciones populares. Poco útil es atribuir su actual reflujo solo a las vilezas de los medios de la clase dominante y sus mentores foráneos: esos medios solo son tan eficaces como las deficiencias de las izquierdas se lo facilitan al hacer más vulnerables a sus gobiernos.

 

Tres lustros de éxitos y fiascos de esa diversidad de gobiernos progresistas suman una experiencia de enorme valor político, que debe analizarse con autocrítica responsabilidad. Lo que dará sentido a evaluarla es obtener lecciones prácticas para erradicar las equivocaciones y desarrollar los aciertos de la recién pasada oleada progresista, para darle mejor armazón ética, política y de organización popular a la que ahora viene.

 

Porque esta viene, y antes de lo que nos figurábamos. Las barrabasadas de Macri y de Temer, como las de otros que también remplazaron gobiernos progresistas, vuelven a exhibir el fracaso de las derechas ‑‑viejas o “nuevas”‑‑ como opción de gobierno. Sus hazañas ya alimentan nuevas ofensivas sociales que demandan liderazgos y proyectos confiables. La votación obtenida por Petro, las expectativas que levantan un Lula y un PT regenerados, la potente victoria electoral de López Obrador, están entre sus primeros indicios.

 

Como, por su parte, en Washington los desplantes de un paquidermo desorbitado hacen ver que el sistema global de dominación está lejos de poder recuperar visión y coherencia estratégicas.

 

El asunto radica, pues, no en si los procesos progresistas, de liberación nacional u orientados al socialismo democrático han menguado o concluido, sino en cómo toca liderar su próxima oleada, para que esta sea más eficaz y concrete objetivos sostenibles de mucho mayor alcance.

Esto es: ¿cuánto aprendimos de nuestra pasada experiencia?

- Nils Castro es escritor y catedrático panameño.

La izquierda latinoamericana: en la unión está la fuerza



XXIII Foro de Sao Paulo: julio 2017

Foto: Cuba Debate


El XXIV Encuentro del Foro de Sao Paulo, que en esta edición tiene su sede en La Habana, Cuba, asume la insoslayable misión de fortalecer la unidad latinoamericana y caribeña, única forma efectiva de enfrentar los enormes retos planteados por la ofensiva global de una derecha en decadencia y por eso más peligrosa que nunca.


 

Más de un centenar de representantes de partidos y organizaciones de la izquierda de la región se han dado cita en el Palacio de las Convenciones capitalino para buscar mecanismos de concertación más adecuados y dinámicos que los actuales, impelidos por una agresiva política ultraconservadora encabezada por Estados Unidos que no da tregua ni permite dejar para mañana las urgentes acciones que la situación continental del momento exige.

 

El foro, creado en Sao Paulo en 1990 por el líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro, y (ahora el expresidente) Luiz Inácio Lula da Silva, sesionará hasta el martes 17 con una amplísima agenda de trabajo en consonancia con las amenazas y agresiones que se ejecutan para impedir una recuperación de los gobiernos progresistas en aquellos países donde han sido duramente golpeados, y derribar a los que han soportado con firmeza los ataques más furibundos de los últimos tiempos.

 

La derecha ha regresado al poder en países como Argentina, Paraguay, Brasil y Honduras como resultado de una escalada de la agresividad de Estados Unidos ante la pérdida de hegemonía en la región, y presiona con fuerza contra Bolivia, Venezuela y Nicaragua para aniquilar a las fuerzas revolucionarias y populares que sostienen esos gobiernos.

 

Lo importante es que la izquierda sigue viva y con deseos de recuperar el terreno perdido, como sucedió en México donde, después de numerosos intentos, las fuerzas más prometedoras encabezadas por Andrés Manuel López Obrador arrasaron en las urnas; y lo mismo puede suceder en Brasil si el pueblo logra derrotar a los golpistas encabezados por Michel Temer y el juez Sergio Moro, sacar a Lula de la injusta, ilegal y cobarde prisión, y permitir su candidatura a la presidencia en las elecciones de octubre.

 

De que la izquierda sigue coleante lo demuestran las luchas actuales del pueblo argentino contra el gobierno entreguista, proyanqui y fondomonetarista de Mauricio Macri, y en Ecuador donde una derecha sibilina intenta liquidar la Revolución Ciudadana del expresidente Rafael Correa, revertir lo logrado hasta ahora en materia social y económica, y tergiversar burdamente la historia reciente del país de Sucre.

 

Nicaragua estará en el centro de los debates y el presidente Daniel Ortega recibirá todo el apoyo del continente ante el golpe sangriento y brutal dirigido por Estados Unidos.

 

Al igual que ocurrió en el pasado, el Frente Sandinista saldrá del hueco en el que lo han tratado de enterrar las fuerzas mercenarias que han ensangrentado al país.

 

Venezuela será uno de los focos de gran atención por parte de los delegados, y Nicolás Maduro tendrá, como ha sido hasta ahora, el apoyo unánime del foro en su heroica lucha de mantener fuerte y firme, siempre victoriosa, la revolución chavista que tanto les duele a los imperialistas y sus secuaces nativos.

 

En La Habana, se volverá a sentir el clamor de América Latina contra el bloqueo económico y financiero de Estados Unidos y la demanda de que sea levantado de inmediato y sin condiciones.

 

El foro alertará del regreso de la Casa Blanca a la era de las cañoneras cuando, bajo la égida de la doctrina Monroe de América para los norteamericanos, los yanquis saquearon el continente hasta dejarla en el hueso.

 

De igual manera, los líderes de izquierda sostendrán una discusión fraternal y franca de los aciertos y errores de los gobiernos progresistas y de izquierda, un asunto insoslayable para conseguir las metas más ambiciosas de la reunión y demostrar que en la unión está la fuerza.

 

La izquierda latinoamericana y Nicaragua


Iosu Perales

Rebelión

En estos días se encuentra reunido el Foro de Sao Paulo en La Habana. Numerosos partidos políticos participan en este evento en el que, salvo milagro, se firmará una declaración de apoyo cerrado al régimen de Daniel Ortega. Ocurre que la mayor parte de la izquierda funciona con un marco teórico elaborado, preconcebido, en el que trata de hacer encajar la realidad, independientemente de que los hechos señalen una realidad distinta a la que esa izquierda quiere ver.

Ciertamente, desde algunas voces de la izquierda se defiende al régimen de Daniel Ortega aludiendo a que con la derecha sería peor o que la lucha contra el neoliberalismo justifica la utilización de cualquier medio, a tal punto que la crítica a lo nuestro se interpreta como un regalo al enemigo. Con frecuencia la izquierda latinoamericana ha caído en un pragmatismo funcional para defender causas indefendibles sin explorar en explicaciones sin trampas que permitan alcanzar el conocimiento objetivo de la realidad Por esa razón, ha tolerado la supresión de la libertad en nombre de la libertad. Y ha tolerado la corrupción y despotismo de algunos sus líderes, por ejemplo de Ortega, en nombre de la necesidad urgente de acceder o mantenerse en el poder. Pero una moralidad socialista no se puede construir a partir del despotismo y la corrupción.

El espíritu conservador en la izquierda se manifiesta habitualmente en la incapacidad de cultivar un sentido de la crisis, una atención crítica continuada a lo que sucede en la vida real. Se prefiere obviar los hechos, enmarcarlos en todo caso en un cuadro explicativo unilateral y acrítico, con tal de salvar unas categorías ideológicas y políticas ya obsoletas. Este espíritu conservador no está preparado para depurar legados ideológicos y producir ideas e imágenes más ricas y adecuadas a nuevas situaciones. Convierte lo revolucionario en una pieza arqueológica en lugar de hacer de ello una palanca para, si hace falta, recomenzar de nuevo. Es verdad que la idea de criticar lo propio no tiene una historia muy extensa y la del pensamiento crítico menos todavía, pero las gentes de izquierda necesitamos recorrer un camino que nos libere de camisas de fuerza intelectuales que nosotros mismos hemos construido, mediatizados por nuestros propios temores.

Para quienes defienden a Ortega y Murillo, hagan lo que hagan, una formulación recurrente es la siguiente: "No hay duda que el hecho de criticar a los nuestros no puede sino favorecer el proyecto imperial sobre la región". Es una formulación descorazonadora y lo que es peor, reflejo de un viejo lenguaje y de un pensamiento que ha hecho mucho daño a las izquierdas en su historia. Este espíritu inquisitorial, amenazante al decir "quién actúa fuera de lo nuestro es ya parte del enemigo", debe ser dejado atrás, en ese oscuro pasado a veces fronterizo con el dogmatismo más perverso. Al contrario, en América Latina, como en cualquier parte del mundo, el pensamiento crítico necesita fundarse sobre una visión realista de la sociedad sobre la que se desea actuar. Una visión que incluye el diagnóstico de lo que somos y la crítica de nuestros errores, como condición para reconstruir. Precisamente, el mejor servicio al imperialismo es vivir en la mentira, en la adulteración de la realidad, en el ocultamiento de nuestros errores en la negativa a una autocrítica, en creer de forma errática que defender a Daniel Ortega es defender lo nuestro, nuestro proyecto libertario.

El pensamiento crítico es un pensamiento de combate. No se acomoda en la costumbre, en la inercia, para terminar diciendo "este líder es un hijueputa pero es nuestro hijueputa, y hay que seguir apoyándolo". Pensamiento de combate quiere decir rebelarse para hacer caminos nuevos, no importando que se pierdan privilegios, puestos políticos, ni electorados cautivos. Pero, además, el pensamiento crítico debe ser una herramienta para construir identidades colectivas, mediante la movilización en la calle pero también de las ideas. Identidades construidas no alrededor de una cúpula, de un caudillo, sino desde la relación democrática de base, desde el valor de la multitud que actúa consciente y rechaza la sumisión. Finalmente, el pensamiento crítico tiene toda su fuerza en el rigor con que acomete no sólo la crítica del campo contrario sino que también del campo propio.

Muchas voces de izquierda tienen una opinión anticuada sobre la realidad de Nicaragua. Anticuada porque pertenece a lo que fue, no a lo que es en la actualidad. Es una construcción ideológica la que expresan esas voces, no parten de los datos, más bien los obvia porque sólo así la ideología puede prevalecer. Me da pena, pues el socialismo deseable necesita más que nunca construirse desde los datos de una realidad viva, sea la que sea. Yo, con humildad, aconsejaría a los defensores de Ortega que vayan estos días a Nicaragua. Que hablen si quieren con las autoridades, pero que hablen también con la gente, que vayan a las universidades y barrios, que dialoguen con los pobladores y escuchen sus testimonios que denuncian el despliegue de fuerzas paramilitares que disparan con armas de guerra. Vayan, vayan, a Nicaragua, sean consecuentes con la idea de que la verdad es siempre revolucionaria.

¡Viva Sandino!

Iosu Perales. Periodista y politólogo. Veterano de la solidaridad con Nicaragua, autor del libro “Los buenos años: Nicaragua en la memoria”

El rompecabezas de la realidad nacional

El Salvador




Luis Armando González

Alainet

Pensar la realidad nacional como un rompecabezas puede ser un buen ejercicio mental, que a lo mejor puede ayudar a clarificar (o a ver de otra manera) la actual coyuntura. No nos referimos, en estas líneas, a que la realidad nacional sea un quebradero de cabeza para quienes buscan comprender, con seriedad y honestidad, sus dinamismos y tendencias políticas, económicas, culturales o sociales.

Más bien, se alude a ese juego de mesa, conocido como “rompecabezas”, que consiste en ensamblar piezas sueltas (y revueltas) de forma tal que al final da como resultado un conjunto armónico y unitario (que puede ser un paisaje, un animal, etc.). Lo interesante del juego es ir probando, mediante ensayo y error, el enganche de una pieza con otra, hasta lograr que todas las piezas estén en su lugar.

¿De qué manera este juego puede ayudar a entender la realidad nacional? No, naturalmente, en lo que tiene de “juego”, pues hay demasiadas cosas duras y trágicas en el país como para divertirse con ellas. Sin embargo, como “imagen” sí puede tener alguna utilidad: el rompecabezas puede servir de imagen (si se quiere, como metáfora) de una realidad nacional en la cual hay diferentes piezas cuyo ensamblaje (mental) puede dar lugar, dependiendo de cómo se lo elabore, a diferentes interpretaciones de cómo se mueve el país en estos momentos.

Así, para comenzar, el rompecabezas de la realidad nacional puede verse como ya armado, con cada pieza (partidos, liderazgos, grupos empresariales, etc.) ocupando sitios definidos y configurando un “dibujo” de El Salvador (un mapa político, económico, social y cultural) en el cual todo está ya determinado.

En el plano específicamente político, para quienes tienen este rompecabezas completado en su mente, es claro cuál será el desenlace de las elecciones presidenciales de 2019. Desde marzo de este año, las cartas ya están echadas y lo que queda es esperar lo que de todas maneras sucederá. En esta visión, no hay lugar para lo inédito, lo novedoso o lo probable.

En fin, ya tienen armado el rompecabezas de la realidad nacional, con lo cual esta ha dejado de ser, precisamente, un rompecabezas: es una figura fija, con sus contornos bien definidos, cuando menos desde aquí hasta 2019. En ella, para decirlo de una vez, la derecha controla el aparato del Estado (Asamblea, Corte Suprema de Justicia y el Ejecutivo) y los grupos empresariales más poderosos reafirman su control del aparato económico y, desde el mismo, la vida y destino de la sociedad.

Una variante de este rompecabezas, ya armado, es la de uno que aunque no lo está todavía, casi llega a estarlo, salvo por unas piezas que todavía no han sido ajustadas, pero de las cuales ya se sabe dónde van a encajar. Es decir, sólo es asunto de detalles y de un poco de tiempo para que ese ensamblaje se dé.

De nuevo, esta es una visión muy del gusto de la derecha: las piezas que falta por ensamblar para que su rompecabezas de la realidad nacional quede bien armado son, por ejemplo, las del nuevo fiscal o las de los nuevos magistrados de la Sala de lo Constitucional. Son piezas que se ajustarán a su “dibujo” de país, que se completará, en su visión, con el triunfo electoral en 2019.

Un tercer rompecabezas de la realidad nacional puede ser pensado como un conjunto de piezas aún no armadas, por lo tanto, revueltas y con varias (aunque no infinitas) configuraciones posibles. Desde esta perspectiva –y ciñéndonos a lo político— las cartas en vistas a 2019 no están echadas, o por lo menos no totalmente. En esta visión, las piezas del rompecabezas de la realidad nacional, en el plano político-electoral, deben irse encajando (se están encajando), pero no está predeterminado el modo cómo lo harán ni tampoco el resultado final, pues no hay una sola forma de hacerlo.

Hay, en el conjunto de las piezas “políticas” del país, bloques (figuras, dibujos) heterogéneos unos respecto de los otros, con lo cual su ensamblaje en un solo mapa (dibujo mayor) será prácticamente imposible. Así las cosas, en este tercer rompecabezas, el resultado final –el mapa político del país en 2019— no se puede anticipar con una seguridad absoluta en estos momentos, aunque se puedan vislumbrar posibles tendencias a partir de la fortaleza y perfil de los principales “bloques de piezas” que lo constituyen.

Una variante de este rompecabezas de la realidad nacional consiste en añadir que algunos de sus “bloques de piezas” (y algunas de sus piezas individuales) no están totalmente definidas, con lo cual no hay certidumbre de que sean parte definitiva del rompecabezas ya armado que se tendrá en 2019.

Es decir, en esta variante, las cartas para las elecciones del otro año no sólo no están echadas, sino que en la baraja con la que se juega hay cartas que, por ahora, no tienen un valor definido. O sea, para armar un rompecabezas se requiere que todas las piezas que formarán parte del mismo tengan las dimensiones y el tamaño adecuados para su ensamble con otras, pues de no ser así se tratará de piezas que quedarán fuera del mismo. Y en la situación actual del país –según la visión que exponemos— hay piezas, con las que se pretende configurar el mapa político en 2019, sin una definición precisa y, por ello, no se sabe si serán parte del rompecabezas final.

Cada cual puede elegir la idea del rompecabezas de la realidad nacional que más le guste. Sin embargo, al menos por intuición, se puede pensar que las dos últimas formulaciones pueden ser más ilustrativas de la dinámica salvadoreña actual (en materia política-electoral).

Si ello fuera así, el escenario en el que se realizarán las elecciones presidenciales (y sus posibles resultados) no está totalmente montado, con lo cual los diferentes actores tienen un importante margen de maniobra –en un tiempo corto— para perfilarse como piezas importantes del mapa político que se formará en 2019.

En el caso del FMLN, se ha abierto un margen de maniobra que inmediatamente después del evento electoral de marzo no se veía en el horizonte. En el mismo, los efemelenistas –como una pieza del rompecabezas nacional que ha logrado mantener sus contornos— tiene una ventaja importante respecto de otras piezas cuyos contornos o bien se han difuminado (o se están difuminando) o bien no logran ajustarse en el bloque de piezas del cual forman parte.

Con todo, es prematuro asegurar desenlaces políticos-electorales para 2019 a partir de lo que se tiene en estos momentos. Para hacer conjeturas al respecto, hay que esperar –sin comer ansias— la definición de los actores que van a tener una participación real –no sólo en redes sociales— en el proceso electoral de 2019. Y, luego de eso, explorar, en primer lugar, su posicionamiento entre sus militantes y simpatizantes, y, en segundo lugar, entre los distintos sectores de la sociedad.

Luis Armando González es Licenciado en Filosofía por la UCA. Maestro en Ciencias Sociales por la FLACSO, México. Docente e investigador universitario. 

Fuente: http://www.alainet.org/es/articulo/194078

EE.UU. y América Latina: retórica proteccionista y avance neoliberal


Arantxa Tirado

CELAG

Donald Trump anunció a finales de mayo un nuevo arancel del 25% para gravar las importaciones a los Estados Unidos (EE.UU). de determinados productos industriales chinos por un valor de 34.000 millones de dólares.[1]Este arancel entró en vigencia el 6 de julio y días después se añadieron más aranceles a otros productos valorados en 200.000 millones de dólares.

El Gobierno de EE.UU. afirma que, entre otras cuestiones, China no está respetando las reglas de propiedad intelectual, y que eso estaría afectando la propia seguridad nacional estadounidense. Por su parte, China respondió estableciendo, también, aranceles a las importaciones estadounidenses y denunciando las acciones unilaterales de EE.UU. como violatorias de las leyes internacionales suscritas por ambos países en el marco de la Organización Mundial del Comercio (OMC).[2] Esta “guerra de los aranceles” entre EE.UU. y China ha hecho saltar las alarmas en algunos sectores del establishment estadounidense, preocupados por las repercusiones que las medidas “proteccionistas” de la administración Trump puedan tener en la expansión de sus negocios en terceros países.[3]

No obstante, en América Latina y el Caribe (ALC) prosigue la expansión económica del sector público-privado estadounidense. Pese a la retórica del presidente Trump, el Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN) se está renegociando para que EE.UU. salga aún más beneficiado del intercambio económico con Canadá y México.[4] Aunque ahora las negociaciones se encuentran detenidas temporalmente -debido al proceso electoral mexicano y su consiguiente transición gubernamental- los tratados de libre comercio que Estados Unidos tiene suscritos con otros países de la región siguen avanzando.

En ALC, EE.UU. tiene firmados acuerdos de libre comercio bilaterales con Chile,[5] Colombia[6], Panamá[7] y Perú[8]; y tratados multilaterales con México (TLCAN) y con República Dominicana, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua (CAFTA-DR).[9] A excepción del TLCAN, el resto de tratados puede considerarse una respuesta al fracaso del proyecto de liberalización hemisférica propuesto en el Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA), sepultado en Mar del Plata (Argentina) en 2005, durante la IV Cumbre de las Américas.

El compromiso con el libre comercio está garantizado en la región, no sólo por parte de EE.UU. sino también de sus socios principales, muchos de ellos integrantes de la Alianza del Pacífico. De hecho, el 21 de julio tendrá lugar una nueva XIII Cumbre de la Alianza del Pacífico en México. Los países miembro de la Alianza (Chile, Colombia, México y Perú) llegaron a expresar su adscripción al libre comercio incluso en medio de la salida de EE.UU. del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica -TPP, por sus siglas en inglés-. Desde marzo de 2018 el TPP pasó a denominarse Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP o TPP11)[10]por sus once miembros, entre los que se encuentran Chile, México y Perú. Esta actividad contrasta con la parálisis en la que se encuentra sumida la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) tras el cambio en la correlación de fuerzas en la región y las recientes declaraciones de funcionarios ecuatorianos sobre la conveniencia de repensar el uso de su sede en Quito.

Tampoco desde el sector público-privado estadounidense se observa una voluntad de abandonar su interés por la expansión económica en ALC. Recientemente, la Corporación de Inversión Privada en el Extranjero (OPIC) y el Departamento de Energía estadounidense anunciaron una “Alianza para impulsar a las Américas”[11] con una inversión de mil millones de dólares en el sector energético mexicano durante los próximos tres años, un área estratégica para EE.UU.[12]Está por verse cómo impactará la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de México en estas inversiones, en las relaciones EE.UU.-ALC, o en las negociaciones del TLCAN. En efecto, el cambio político en México es ahora mismo uno de los temas de mayor debate entre los analistas del establishmentestadounidense,[13] pues podría tener un impacto significativo en las relaciones bilaterales y, también, en el rumbo político regional. Dejando a un lado el poco margen de maniobra que puede tener un presidente de un país subordinado en el sistema internacional y cuya economía depende en más del 80% de EE.UU., se abre un nuevo horizonte político que tendrá correlato en lo económico, aunque sea de manera mínima o simbólica.

En conclusión, lo que observamos en la Administración Trump es una nueva retórica beligerante en materia económica que debe ser ponderada con los hechos. Si bien es cierto que se han anunciado algunas iniciativas en una línea “proteccionista”, habría que analizar hasta qué punto este proteccionismo es incompatible con el funcionamiento del libre comercio e, incluso, del neoliberalismo.

El proteccionismo estadounidense, tal como ha sido aplicado en otros momentos de la historia, implica la exigencia de la apertura de otros países mientras se protege con subsidios a determinados sectores productivos nacionales. Este proteccionismo no ha impedido u obstaculizado de modo significativo ni el intercambio comercial, ni la expansión del neoliberalismo, ni la de los intereses del sector público-privado estadounidense por todo el planeta. Cabría preguntarse, como en tantos otros temas, qué porcentaje hay de retórica y qué porcentaje hay de hechos en las propuestas de la Administración Trump. Pero, sobre todo, cabría preguntarse qué tanto puede Washington llevar adelante determinadas iniciativas sin el respaldo de importantes sectores del establishmentdel país, considerando el impacto que esto puede tener en la economía y la mayoría de los países de América Latina y el Caribe que mantienen estrechos vínculos comerciales y financieros con la economía estadounidense.

 

Notas:

[1] https://ustr.gov/about-us/policy-offices/press-office/press-releases/2018/june/ustr-issues-tariffs-chinese-products

[2] http://spanish.xinhuanet.com/2018-07/13/c_137321981.htm

[3] https://www.univision.com/univision-news/opinion/trumps-protectionism-undermines-economic-strength

[4] http://www.celag.org/eeuu-mexico-tlcan-renegociacion-al-gusto-estadounidense/

[5] https://ustr.gov/trade-agreements/free-trade-agreements/chile-fta

[6] https://ustr.gov/trade-agreements/free-trade-agreements/colombia-tpa

[7] https://ustr.gov/trade-agreements/free-trade-agreements/panama-tpa

[8] https://ustr.gov/trade-agreements/free-trade-agreements/peru-tpa

[9] https://ustr.gov/trade-agreements/free-trade-agreements/cafta-dr-dominican-republic-central-america-fta

[10] https://www.direcon.gob.cl/tpp/capitulos-del-acuerdo/

[11] https://www.opic.gov/press-releases/2018/opic-and-us-department-energy-announce-partnership-power-americas

[12] https://www.csis.org/analysis/can-energy-close-americas-trade-deficit

[13] Véase, entre otros, https://www.thedialogue.org/energy-advisor/ , http://www.americasquarterly.org/content/amlo-week-pension-plans-business-charms-and-major-move-corruption ,   https://www.economist.com/leaders/2018/06/21/amlo-mexicos-answer-to-donald-trumphttps://www.foreignaffairs.com/articles/mexico/2018-07-02/lopez-obrador-and-future-mexican-democracy

Arantxa Tirado, investigadora CELAG.

Fuente: http://www.celag.org/ee-uu-america-latina-retorica-proteccionista-avance-neoliberal/

Cumple Lula 100 días encarcelado injustamente: Rousseff




La ex presidenta de Brasil Dilma Rousseff aseguró que su antecesor, Luiz Inacio Lula da Silva (2003-2010), quien ayer cumplió 100 días recluido tras ser sentenciado a 12 años y un mes de prisión por la supuesta comisión del delito de corrupción, es la esperanzapara el país.

Lula hoy es nuestra esperanza y ellos (los de la derecha) piensan que nosotros vamos a sacar a Lula del proceso electoral, pero no lo vamos a hacer. Lula cada día que pasa se acerca más a las urnas y es lo que nosotros más queremos, declaró la ex mandataria, quien fue destituida por un golpe de Estado parlamentario en agosto de 2016.

Recordó que Lula da Silva cumple 100 días detenido injustamente, y declaró que la justicia de Brasil dejó de ser imparcial y pasó a condenar a un inocente y perseguirlo políticamente.

Encarcelado desde el 7 de abril en la sede de la Policía Federal de la sureña Curitiba, Lula encabeza los sondeos de intención de voto con más de 30 por ciento.

Explicó que Lula debe ser absuelto antes del 15 de agosto, fecha en que puede quedar oficialmente inhabilitado por el Tribunal Superior Electoral, para ser candidato, si continúa en prisión.

Lula da Silva está acusado sin prueba alguna de cometer los delitos de corrupción pasiva, lavado de dinero, tráfico de influencia y organización para delinquir.

En Brasil dieron un golpe y Lula puede pararlo y hacer crecer nuevamente al país, declaró la ex mandataria brasileña.

Al mismo tiempo, tejer relaciones internacionales activas y no sometidas a Estados Unidos y a las grandes potencias, agregó la política brasileña.

Dijo que por ese motivo acude al 24 encuentro del Foro de Sao Paulo, que sesiona del 15 al 17 de este mes en la ciudad de La Habana, para recabar la solidaridad de partidos políticos y movimientos progresistas de la región.

Xinhua

Periódico La Jornada
Lunes 16 de julio de 2018, p. 25
La Habana

A gritos

American curios




David Brooks


▲ Yeni Maricela González García, acompañada por sus hijos y abogados. La familia, guatemalteca, fue reunificada en la ciudad de Nueva York.Foto Afp


Los gritos de dolor y susto que se escuchan de niños pidiendo por sus padres, imágenes de caras aterrorizadas y traumatizadas, innumerables cuentos de padres e hijos sobre cómo fueron separados por hombres uniformados, son las historias de nada menos que uno de los mayores secuestros masivos en la historia contemporánea –todo, parte de una política oficial.

Se supone que buena parte de estas familias serán reunificadas antes de finales de mes, bajo una orden judicial contra el régimen de Trump. La gran ola de condena universal –nutrida por magníficas expresiones de denuncia, acciones de desobediencia civil y más (https://bit.ly/2Lf4zGu)– ya había obligado al presidente a suspender la práctica de arrebatar a niños de los brazos de sus padres.

Pero hoy día siguen separados miles de niños –algunos detenidos en albergues, donde tenían prohibido hasta abrazarse para consolarse– y, aunque ahora el gobierno está reunificando a algunas familia separadas, un par de preguntas necesitan respuesta: ¿Cómo se permitió esto? ¿Quedarán impunes los responsables?

Aproximadamente 3 mil y, posiblemente, hasta 4 mil (es que el gobierno no sabe cuántos exactamente) niños fueron arrancados a la fuerza de los brazos de sus padres desde el año pasado hasta junio de este año por el régimen de Trump. Las autoridades insisten en que esto es legal y explican que cuando capturan a un migrante indocumentado cruzando la frontera está cometiendo un delito, y como cualquier delincuente es enviado a la cárcel y como resultado la consecuencia es ser separado de su familia.

Pero casi todas estas familias se presentan ante autoridades solicitando asilo, y eso no es un delito. Abogados explican que las leyes nacionales e internacionales garantizan el derecho de un refugiado a buscarlo.

De hecho, hace sólo unos días un juez federal emitió un fallo contra el régimen de Trump afirmando que el gobierno está violando sus normas al encarcelar a solicitantes de asilo en lugar de otorgarles una libertad condicional (lo cual se hacía en la abrumadora mayoría de los casos antes de este gobierno) mientras esperan el proceso de su caso ante un tribunal de inmigración.

Buscar asilo no es delito. El ilícito lo está cometiendo el gobierno al intentar criminalizar a los refugiados, separar a sus familias, incluyendo arrebatarles a sus niños bajo justificaciones oficiales ,que van de argumentos legales torcidos (casi siempre rechazados por los jueces, hasta la fecha) a seguridad nacional y hasta la Biblia. A esta práctica se le debe llamar lo que es: secuestro.

Esta política no es nueva en la historia de este país. Políticas oficiales llevaron a que miles de niños indígenas fueran secuestrados de sus familias para ser lavados de su cultura (idioma, costumbres, historia). Fue una práctica común contra las familias esclavas. Se separaron y/o encarcelaron en campos de concentración a familias japonesas-estadunidenses. Fueron caracterizados como alimañas infestando Estados Unidos, como una amenaza a la seguridad nacional, recuerda la escritora y crítica literaria Michiko Kakutani, cuya madre fue una de las 120 mil personas de descendencia japonesa internadas en centros de detención en la costa oeste del país, durante la Segunda Guerra Mundial, sin ningún proceso debido de ley.

Es increíble observar a este gobierno presentarse como juez ante otros países y sostener intercambios respecto de la cooperación sobre valores compartidos, incluyendo democracia y justicia.

Los gritos y sufrimiento de niños deberían colocar al responsable, a este juez, en el banquillo de los acusados. Logarlo es responsabilidad y deber de esta sociedad y de los representantes de lo que llaman comunidad internacional.

Mientras tanto, perdón por tener que repetir mucho lo que ya se sabe. Perdón por insistir. Perdón por no hacerlo de manera suficientemente efectiva para ya no tener que hacerlo más. A veces uno tiene que gritar también.

domingo, 15 de julio de 2018

El gran trueque de Trump y Putin en el Bazar de Helsinki, según The New Yorker y Susan Rice

Bajo la Lupa


El gran trueque de Trump y Putin en el Bazar de Helsinki, según The New Yorker y Susan Rice


Alfredo Jalife-Rahme


▲ The New Yorker dice que Donald Trump acordará con Vladimir Putin fin del conflicto sirio.Foto Ap


P

ese al fallido torpedeo del Deep State (https://sptnkne.ws/jaSM), la cumbre de Trump y Putin se escenificará un día después de la final de la exitosa copa mundial de futbol de Rusia (http://bit.ly/2ul3P8O).

Adan Entous, de The New Yorker, asevera que “funcionarios israelíes, sauditas y de los Emiratos empujaron en forma privada (sic) a Trump a realizar un ‘gran trueque’ con Putin” para resolver el conflicto en Siria a cambio de levantar las sanciones contra Rusia por el contencioso de Ucrania (http://bit.ly/2NdP4Mi): Israel, Arabia Saudita (AS) y los Emiratos Árabes Unidos (EAU) gozan de una influencia sin paralelocon Trump.

Se trata de estimular a Moscú de disminuir su asociación con Irán en Siria, a cambio de suculentas inversiones en Rusia, lo cual fue orquestado en las islas Seychelles (https://wapo.st/2uAk7KB).

Susan Rice, ex asesora de Seguridad Nacional de Obama, da por hecho el gran trueque y avizora que Trump capitularáante el más sagaz Putin (https://nyti.ms/2uo1daz).

Se generarán grandes y medianos trueques en el gran bazar de Helsinki.

Según The Times of Israel, el Kremlin admite que la presencia de Irán en Siria será un tema relevante de la cumbre de Trump y Putin, pero que Rusia ha advertido que no es realista esperar una retirada total (sic) de Teherán, como exige Israel, por lo que busca crear una zona de amortiguamiento de 80 kilómetros de la frontera de Israel(http://bit.ly/2NPLauc).

No deseo arruinar la cumbre de Trump y Putin, pero ¿cuál es la frontera con Siria después de que Israel anexó las Alturas del Golán?

Un día después del encuentro del primer Netanyahu y el zar Vlady Putin, los multimedia de Israel dedicaron mucho espacio a la reu-nión de Ali Akbar Velayati (AAV), asesor del ayatola Jamenei, con el presidente ruso para sopesar los alcances de un acuerdo triangulado con la dupla Trump/Netanyahu que ostenta la misma postura pugnaz contra la antigua Persia (http://bit.ly/2NdNDNU).

El asesor iraní invocó hábilmente su influencia con el gobierno de Irak: sólo dejaremos Siria si Assad y Bagdad (sic) lo piden.

El trueque del premier Netanyahu con el zar Vlady Putin versa en la tácita aceptación del régimen sirio de Bashar al Assad, apunta-lado por Rusia, a cambio de la salida de las milicias que patrocina Irán –que incluye al libanés Hezbolá.

The New Yorker y Susan Rice alegan que detrás de las exigencias de la dupla Trump/Netanyahu se encuentran los deseos de sus dos aliadas petromonarquías árabes: AS/EAU.

Muchos fantasiosos comentaristas israelíes –como Daniel Shapiro, ex-embajador de Obama en Israel– afirman que existe un trueque de “Ucrania por Siria (http://bit.ly/2KTyioS)”, que parece mas bien Ucrania por Irán, porque no toman en cuenta la opinión del presidente sirio.

No es para tanto, ya que ante la anexión irreversible de Crimea por Rusia –donde el presidente Petro Poroshenko de Ucrania sólo recibiría órdenes de EU–, en el caso de Siria, Irán es aliado, no súbdito, de Rusia, la que, con el fin de concertar un acuerdo que favorezca doblemente a Moscú –tanto en Crimea como en Siria– podría redesplegarse en Siria a cambio de otros apoyos tangibles cuando ni al mismo zar Vlady Putin le convendría una derrota de Irán,aunque sea en el papel, y que rechazaría la dirigencia chiita de Teherán.

En este bazar desplegado desde el Mar Negro hasta el Golfo Pérsico no podía faltar la legendaria perfidia británica del The Financial Times (13/07/2018), cuyos principales accionistas son los banqueros Rothschild, creadores del Estado de Israel –que divulga, quizá con el objetivo de perjudicar a Irán, un acuerdo para que Rusia invierta US$50,000 millones en la industria energética persa, con el fin de eludir las sanciones asfixiantes de Trump.

Más que gran trueque, vislumbro que habrá un gran truco geoestratégico, que saldrá de las tratativas de varias bandas entre Trump y Putin, que asiente el nuevo “orden post-occidental multipolar (http://bit.ly/2uCLzHI)”.

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Una farsa consolidada pone a Brasil rumbo al abismo


Eric Nepomuceno


Faltan dos meses y medio para que alrededor de 150 millones de brasileños elijan el próximo presidente, quien sucederá al ilegítimo y golpista –además de corrupto– Michel Temer. Cada día que pasa se hace más evidente que la de este 2018 será la más imprevisible y, por eso, peligrosa elección de al menos los pasados 30 años.


Los mentores y autores del golpe que en abril de 2016 defenestró a la presidenta Dilma Rousseff e instaló en Brasilia a una pandilla, han cumplido con el objetivo inicial: destrozaron conquistas sociales de más de década y media, anulando, inclusive, la pequeña parte positiva creada por el ex presidente Fernando Henrique Cardoso. El mismo Cardoso, a propósito, que ha sido figura clave en el actual desmonte del país.

El resultado de miles de millones de dólares destinados a crear la tecnología más avanzada de explotación y producción de petróleo en aguas ultraprofundas, por ejemplo, es ahora regalado a las trasnacionales del sector. La industria de la construcción, tanto como la industria naval, fue diezmada. Por donde quiere que se mire, el legado de Temer y su pandilla es de puros destrozos.

La tan prometida recuperación económica es un sonoro fracaso. Pese a eso, el sistema bancario brasileño está entre los más lucrativos del mundo. Tiene tasas de interés astronómicas, frente a la indiferencia del equipo económico y de las autoridades monetarias.

Al mismo tiempo, entre desempleados y subempleados o con trabajo más que precario, tenemos una población de 27 millones de personas. Nueve veces la población de Uruguay, más de la mitad de la de Argentina, casi un Canadá, más de un Chile y medio. El país volvió al mapa del hambre y millones de sus habitantes volvieron a la miseria.

A lo largo de los pasados meses se aprobó –por tres mil 800 millones de dólares– la venta (disfrazada de fusión) de la Embraer, la tercera mayor fabricante de aviones del mundo, a la Boeing. El valor corresponde a poco más de 10 por ciento de lo que el Estado brasileño destinó a financiar a la Embraer. Y cuando digo que por donde quiere que se mire lo que se ve es puro desastre, me refiero, por ejemplo, a que el Congreso –el de más bajo nivel ético, moral, político, intelectual– desde el retorno de la democracia acaba de aprobar la utilización de agrotóxicos producidos en Estados Unidos y que en Europa están rigurosamente prohibidos. O que el vicepresidente estadunidense Mike Pence, en visita oficial a Brasilia, se haya dado el derecho de darle una durísima reprimenda a Michel Temer, que, como buen vasallo, bajó la cabeza y listo. Cuando se recuerda el rol y el espacio que Brasil conquistó en tiempos de Lula da Silva y su canciller Celso Amorim, lo que resta es un profundo sentimiento de vergüenza.

Y nos detenemos con un escenario de susto: la derecha, los grandes conglomerados de comunicación, el mercado financiero, los intereses de las trasnacionales, en fin, el golpe, no tienen ningún candidato viable. Hicieron lo que hicieron, lograron parte sustancial de sus objetivos de saqueadores, pero no tienen cómo asegurar la continuidad de lo que consideran esencial para su avidez.

El más rechazado y despreciado gobierno civil de la historia brasileña no tiene delfines. ¿Quién heredará los destrozos para seguir destrozando?

Nada más indignante, sin embargo, en este escenario que provoca pura indignación, que la falencia de las instituciones, empezando por la de Justicia.

La omisión cobarde y cómplice, la más absoluta degradación del Poder Judicial de mi país será, muy probablemente, la marca más fuerte de esos tiempos de vergüenza y descalabro.

La descarada persecución al ex presidente Lula da Silva quedó más que evidente el pasado domingo, cuando el juez Sergio Moro, de primera instancia, ordenó que la Policía Federal no cumpliese una determinación de un magistrado de instancia superior, e inclusive llamó por teléfono, desde Portugal donde vacacionaba, al ministro de Seguridad de Temer para darle la misma instrucción. Frente a semejante absurdo, ¿qué le pasará? Pues nada. El justiciero tiene asegurada su impunidad, en tiempos de dictadura togada.

Y se consolidó el jueves 12, cuando el juez federal Ricardo Leite, de Brasilia, desestimó las acusaciones contra él y otros cinco, por no aceptar como prueba la simple delación, sin comprobación alguna, como sustancia para juzgarlo.

Pues ha sido exactamente así –la delación de un solitario delator, sin ninguna otra evidencia, o indicio, y de pruebas mejor ni hablar– que el provinciano Sergio Moro lo condenó y tuvo el pleno respaldo del tribunal de segunda instancia cuyo presidente clasificó de irreprochable la sentencia sin siquiera haberla leído.

Lula no podrá disputar una elección en la cual los sondeos siguen indicando su amplísimo favoritismo.

Hay otro dato en los sondeos: sin Lula, victoriosa será la suma de votos en blanco, nulos y abstenciones.

Ese es el legado del golpe mediático-jurídico-parlamentario que lanzó mi país al abismo.

Foro de Sao Paulo: nuevos debates del cambio de época




Katu Arkonada


Guerra de posiciones. Ese concepto gramsciano es el que mejor ilustra la situación continental después del cambio de época inaugurado por el comandante Hugo Chávez en 1998, que llevó a que una izquierda aglutinada en el Foro de Sao Paulo, que hasta ese año sólo gobernaba (eso sí, desde 1959) la Cuba socialista, pasara a gestionar hasta 11 gobiernos latinoamericanos (Venezuela, Argentina, Brasil, Uruguay, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, El Salvador, Honduras, Paraguay y un Perú que comenzó con signo progresista y terminó con un claro carácter conservador). Sin embargo, tras una ofensiva de carácter conservador, fue perdiendo por la vía electoral (Argentina) o de los golpes de Estado (Honduras) y parlamentario-judiciales (Paraguay o Brasil) las posiciones conquistadas. Otras veces la contrarrevolución llegó desde dentro, como es el caso de Ecuador, donde la derecha ni siquiera tuvo que ganar electoralmente al correísmo para hacerse con el poder.


La reciente victoria del uribismo en Colombia y del lopezobradorismo en México, junto con los vaivenes judiciales en torno a la liberación de Lula en Brasil, todo ello en menos de un mes, ilustran a la perfección esa especie de empate catastrófico en la que se encuentra América Latina, empate entre los proyectos progresistas y los intentos de restauración conservadora.

Es en este contexto que entre el 15 y 17 de julio se celebra el 24 Foro de Sao Paulo en La Habana, Cuba. Un foro ideado por Fidel Castro y Lula da Silva allá por 1990, cuando caía el mundo y se imponía el fin de la historia. Foro que siempre ha recogido en su seno las correlaciones de fuerza existentes en cada país y momento histórico. Al fin y al cabo, de eso se trata la política. Por eso también no es casualidad un FSP en la Cuba post Castro, con Díaz Canel como presidente, y el PCC, de Raúl, de anfitrión del evento.

Y todo ello en un momento de crisis.

Crisis del capitalismo que sólo puede seguir el proceso de acumulación profundizando el despojo, en un proceso de financiarización de la economía, con Trump y el Brexit poniendo en jaque la globalización neoliberal, y China y Rusia haciendo jaque mate al mundo unipolar.

Crisis del imperialismo, que sin embargo continúa su ofensiva en todo el planeta, haciendo lo único que sabe hacer, y aprovechando también errores ajenos. En el caso de América Latina y el Caribe, ha cambiado el enemigo externo, Cuba por Venezuela, pero continúan las mismas viejas practicas en un nuevo tablero de juego.

Crisis política de la que no se salvan ni los gobiernos de izquierda ni los de derecha. Ahora mismo el escenario continental tiene incendios en Nicaragua, El Salvador, Ecuador, Brasil, Colombia y Argentina.

Al igual que en 1990, el foro nació en un escenario tremendamente complejo. En 2018 el foro se reunirá en Cuba en otro momento complejo. Del fin de la historia al fin del ciclo progresista es el relato que quieren imponer. Quieren (re) imponer una versión tecnocrática de la política, dejando como mucho espacio para un progresismo light.

Para ello la ofensiva mediática, judicial e incluso religiosa es abrumadora. Quieren vencer culturalmente y cuentan para ello con la potencia de fuego mediática, con el avance de la derecha evangélica entre los sectores populares y la herramienta del lawfare cuando es necesaria, especialmente contra los líderes de la izquierda.

Los riesgos son grandes, la ventana de oportunidad que supuso el FSP, tal como la define el politólogo y ex diplomático cubano Roberto Regalado, uno de sus fundadores, puede abrirse, pero también cerrarse, con el riesgo de que del posneoliberalismo se pase a una socialdemocracia con características latinoamericanas.

Por eso los desafíos de esta edición del Foro de Sao Paulo son probablemente los mayores en la historia de esta herramienta de confluencia y unidad para la izquierda latinoamericana.

Todo ello en medio de un proceso de integración en retroceso: un Alba ralentizado, una Unasur en crisis y una Celac estancada.

Y con debates viejos, pero que necesitan de nuevas respuestas, como la relación partido-movimiento-gobierno-Estado. Para ello es imprescindible el diálogo con las nuevas fuerzas de izquierda y/o progresistas latinoamericanas, desde Nuevo Perú a Colombia Humana, del Frente Amplio de Chile a Morena de México.

Y, sobre todo, repensar los límites de los proyectos progresistas construidos hasta el momento. Repensar los límites para catapultarse hacia adelante en la edificación de un proyecto nuevo y más ambicioso que ya tiene un punto de partida, el Consenso de Nuestra América, documento de proyecciones para un programa político de acuerdos de la izquierda, los partidos y movimientos populares de América Latina y el Caribe.

Y, sobre todo, unidad, la que proclamaba Fidel Castro en su discurso en la clausura del cuarto Foro de Sao Paulo celebrado en La Habana el 24 de julio de 1993: Vean cómo a pesar de la diversidad de organizaciones tenemos un gran número de puntos en común y luchas en común, y esa declaración, que puede tener una coma más y una coma menos, una palabra más y una menos, una que nos satisfaga más y otra que nos satisfaga menos, es prácticamente un programa de lucha.

sábado, 14 de julio de 2018

Claves históricas para entender el triunfo de López Obrador en México


Camila Matrero

Rebelión

La victoria de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en México con el 53% de los votos frena, o al menos pone en entredicho, la restauración conservadora en la región. Desde los tiempos de la hegemonía indiscutible del Partido Revolucionario Institucional (PRI), un presidente no superaba los 50 puntos. 

López Obrador en el tablero político mexicano 

AMLO supo conjugar en estas elecciones la esperanza de transformación, en una apelación al futuro, pero sustentada en el pasado mítico de la primera revolución social exitosa del continente y el cardenismo de los años treinta, el movimiento nacional popular que terminó de concretar las promesas revolucionarias al extender la reforma agraria, nacionalizar el petróleo y establecer un programa de educación socialista en la república.

La apelación a Lázaro Cárdenas como fuente de inspiración no es azarosa. En un país que hace décadas perdió la soberanía alimentaria y actualmente depende de la importación de maíz estadounidense, base de la alimentación de su población, AMLO recupera al hombre que más tierras repartió entre campesinos en la historia del país, para hablarle a ese Sur que quedó rezagado a partir del Tratado de Libre Comercio del Atlántico Norte (NAFTA-TLCAN).

A ellos les dijo que su trabajo vale, que el crecimiento económico no se puede conseguir sólo mediante la industria maquiladora (emplazada en la frontera norte) y que los necesita organizados. No es casual el decidido apoyo que recibió del Movimiento Campesino Plan de Ayala Siglo XXI 2.0, con gran presencia indígena.

AMLO fue el primer candidato que recupera los preceptos del Buen Vivir (claves en los momentos fundacionales del proceso boliviano y ecuatoriano) y propone recuperar los conocimientos de las grandes civilizaciones prehispánicas.

Otro actor clave de la alianza actual, que recrea una de las bases de apoyo que tuvo el proyecto cardenista, es el sector docente. AMLO supo ganarse el respaldo del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), organizaciones que estuvieron en pie de lucha contra la Reforma Educativa que impulsó Peña Nieto y el nuevo Presidente electo prometió desarmar.

El tercer aspecto que emparenta a AMLO con el movimiento nacional popular de los años 30 es el energético. Si Lázaro Cárdenas al nacionalizar el petróleo dio el golpe más audaz contra las compañías estadounidenses, el gran desafío de este tiempo es revertir la reforma energética promulgada en la última administración del PRI, criticada fuertemente por AMLO.

Entre sus propuestas de campaña se encuentra la revisión de las adjudicaciones petroleras, la baja de los precios de los combustibles y la construcción de 5 refinerías, con lo cual la producción de hidrocarburos volvería a ser una política estatal en términos de desarrollo económico y generación de puestos de trabajo. 

Crónica de un ascenso

Atender a estos procesos de acumulación histórica nos enseña que López Obrador no salió de un repollo. AMLO no es un fenómeno completamente novedoso de la política mexicana, como sí fueron los procesos de Venezuela (1998) Bolivia (2005) y Ecuador (2006), en donde nuevas formaciones pudieron canalizar de una manera democrática la crisis en el sistema de partidos, que amenazó con transformarse en una verdadera crisis orgánica.

El liderazgo de “Andrés Manuel” y la construcción de MORENA como partido político tiene más parentescocon la construcción política del Partido de los Trabajadores (PT) y LuizInácio Lula da Silva en Brasil, o el Frente Amplio (FA) y Tabaré Vázquez en Uruguay, en tanto las contundentes victorias, se explicaron/explican –en parte- por la acumulación política que supieron recoger en décadas de militancia los tres líderes; al tiempo que en los tres casos existe una preeminencia de la estructura partidaria, frente al carácter movimientistas de los casos de Venezuela, Bolivia y Ecuador.

A diferencia del PT y el FA, partidos creados en los últimos años de las dictaduras suramericanas, MORENA es el emergente de una doble fractura política que se gesta inicialmente en el seno del partido dominante (el mismísimo PRI).

El PRI, formado por Camacho y Alemán, representantes de las tendencias burguesas nacionales, es el heredero del Partido de la Revolución Mexicana cardenista (1938), que a su vez se reformula a partir del Partido Nacional Revolucionario, constituido por Calles en 1929 para organizar políticamente a los caciques vencedores de la Revolución Mexicana (1910-1920).

Fue el partido dominante por 70 años, hasta que en el año 2000 se produce la alternancia en favor del histórico partido de derecha Acción Nacional (PAN) con Vicente Fox, representante de los nuevos empresarios CEOs de la región norte.

El PRI fue verdaderamente hegemónico hasta 1988, momento en el cual después del sexenio de Miguel de la Madrid (1982-1988) que da inicio al proceso de liberalización, extranjerización y privatización que culminaría en la firma del TLCAN (1994); se desprende una corriente de izquierda que apelando a los valores revolucionarios le dará vida al tercer partido de masas en México, el Partido de la Revolución Democrática (PRD), llevando a Cuauhtemoc Cárdenas (hijo del ex presidente) como candidato presidencial en las elecciones de 1988, 1994 y 2000.

En las primeras que participa, el PRD queda en segundo lugar, pero en medio de denuncias de fraude (fundamentadas en que, de las 55 mil casillas electorales del país, solo se conocen las actas de 29.999). En las dos posteriores el PRD queda en un tercer lugar.

En 2006, se presenta por primera vez por el PRD López Obrador y obtiene 35,3% de los votos, apenas medio punto debajo de Felipe Calderón (PAN), sin segunda vuelta. En 2012 el candidato volvió a posicionarse en el segundo lugar, seis puntos atrás de Peña Nieto (PRI), a pesar de una ardua campaña deslegitimadora.

La tercera fue la vencida para el tabasqueño. Esta vez llega a la presidencia por un nuevo partido formalizado como tal recién en 2014, luego de que las alianzas locales del PRD con el PAN más las denuncias de connivencia con el crimen organizado de algunos de sus dirigentes (los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecieron en un municipio y estado gobernado por esta fuerza), produjera la segunda fractura política de la izquierda nacional. 

En esta oportunidad la fuerte campaña mediática y el llamado de los empresarios a no votar por AMLO no logró perforar la voluntad ciudadana.

Se inicia un nuevo tiempo en México. La promesa de una vuelta al mercado interno, al desarrollo económico con bienestar y la presencia activa del Estado, podría poner en jaque la ofensiva neoliberal que se respira en la región con el gobierno golpista de Temer, y la derecha “democrática” en Argentina, Colombia, Perú, Paraguay, Chile y el transformismo ecuatoriano (a diferencia del resto de los países, aquí no fue electo un partido de derecha, sino que es el Presidente, una vez en el cargo es el que vira el contenido programático).

Si López Obrador logra tener éxito en su política económica, social y en materia de seguridad, desbarata los preceptos y explicaciones de la nueva derecha regional, podríamos estar asistiendo al hecho fundacional para una contraofensiva popular en América Latina. 

 

Camila Matrero Licenciada en Sociología, integrante del Observatorio Electoral de América Latina (OBLAT-UBA), colaboradora del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE).