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jueves, 18 de enero de 2018

Corte Interamericana de Derechos Humanos solicita expediente de indulto a Fujimori


Las autoridades han negado entregar copia del expediente sobre el indulto a la Defensoría del Pueblo, la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos y a congresistas opositoras.

Foto: Reuters
Redacción AN

La Corte Interamericana de Derechos Humanos solicitó al Ministerio de Justicia peruano el expediente del indulto presidencial otorgado al ex mandatario Alberto Fujimori, que el Estado peruano deberá entregar antes del próximo 29 de enero, dijeron hoy fuentes oficiales.

El diario peruano La República informó que el expediente debe ser entregado antes del 2 de febrero, cuando la Corte IDH prevé una audiencia para escuchar a las partes en los casos de La Cantuta y Barrios Altos, dos masacres atribuidas al gobierno de Fujimori, que reclaman anular el indulto al ex mandatario.

Según las fuentes, el pasado fin de semana, la Corte IDH hizo llegar una carta al Ministerio de Justicia en la que solicita una copia del expediente sobre el proceso de indulto y gracia presidencial que el presidente Pedro Pablo Kuczynski otorgó a Fujimori.

El ex presidente permaneció 12 años de su condena a 25 a los que fue sentenciado por violación de derechos humanos en los casos de La Cantuta y Barios Altos.

La República citó a la abogada Gloria Cano Legua, directora ejecutiva de la Asociación Pro Derechos Humanos (Aprodeh), quien dijo que el Estado peruano está obligado a cumplir el requerimiento de la Corte IDH, o de lo contrario “se estaría evidenciando el secreto con que se ha llevado a cabo el indulto”.

A su vez, el primer adjunto de Defensoría del Pueblo, José Elice Navarro, dijo que pese a la negativa de Justicia de entregar a esa entidad el expediente bajo el argumento de que el documento contiene información sensible sobre la salud de Fujimori, “vamos a reiterar el pedido”.

“Vamos a ver cómo nos responde esta vez, de acuerdo a eso determinaremos una postura”, indicó.

Hasta ahora, las autoridades han negado entregar copia del expediente sobre el indulto a Fujimori a la Defensoría del Pueblo, la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos (CNDDHH) y a las congresistas opositoras Marisa Glave e Indira Huilca.

“Hay una voluntad expresada por el propio ministro de Justicia, Enrique Mendoza Ramírez, de negarse a entregar esta información que es clave”, lamentó el secretario ejecutivo de la CNDDHH, Jorge Bracamonte Allain, lo cual implica “una franca rebeldía en transparentar cómo ha sido el proceso de indulto”.

La CNDDHH, que agrupa a 82 organizaciones, pidió el pasado 3 de enero conocer el Acta de la Junta Médica Penitenciaria del 19 de diciembre de 2017, el nombre del médico asignado por el Instituto Nacional Penitenciario para conformar la Junta Médica Penitenciaria, el expediente completo sobre el cual se basó el indulto, y el expediente de apoyo para otorgar la gracia presidencial.

“El miércoles se vence el plazo para que el Ministerio de Justicia lo haga”, refirió Bracamonte.

La CNDDHH también entregó el lunes una carta al Colegio Médico del Perú para que le proporcione los resultados y las conclusiones de la evaluación médica al indulto de Fujimori, conforme el anuncio en un comunicado del 27 de diciembre de Miguel Palacios Celi, entonces decano del Colegio Médico.

Para este miércoles, la Coordinadora de Comunidades Quechuas y Aymaras de Puno y el Comité de Lucha de la Macro Región Sur anunciaron una marcha en Lima para repudiar el indulto de Fujimori, exigir la dimisión del presidente Kuczynski y la instalación de una Asamblea Constituyente Plurinacional. (NTMX)

"El golpe de Estado lleva el 'sello' de EE.UU."

[Honduras] Entrevista a Gilberto Ríos Grillo, dirigente nacional del partido LIBRE

Investig'Action
Desde hace dos meses, la coalición electoral Alianza de Oposición reivindica a su candidato Salvador Nasralla como el ganador de las pasadas elecciones del 26 de noviembre. Gilberto Ríos Grillo es dirigente nacional del partido LIBRE, uno de los partidos que conforman la Alianza y cuyo secretario general es Manuel Zelaya, ex presidente constitucional de Honduras depuesto en julio de 2009 tras un golpe de Estado. Ante el anuncio de nuevas movilizaciones de la sociedad hondureña para protestar contra el gobierno, Ríos Grillo nos resume cual ha sido la evolución reciente de esta crisis social y política que ya ha provocado 34 muertes. También destaca la dimensión internacional de esta profunda crisis por la que atraviesa el país centroamericano.
A finales de diciembre hemos visto unas controvertidas declaraciones de la representante del Estado de EE.UU., legitimando el fraude electoral en su país. ¿Cómo ve actualmente la situación a nivel internacional ?
En general, la situación internacional que observamos es de disputa. Aunque Honduras es un territorio pequeño, para Estados Unidos es relativamente importante. Por eso, en este pleito por la hegemonía, a Honduras no se le permite entrar en la disputa.
Luego de la pérdida casi absoluta de la legitimidad de las instituciones en Honduras, sobretodo después de los acontecimientos del golpe de Estado, del fraude de 2013 y de este nuevo fraude que es más evidente que el anterior…quien ha tenido que dar el “sello” del visto bueno de las elecciones ha sido la propia embajada norteamericana a través de la Sra. Fulton, que es su representante en Honduras.
Hay una imagen muy clara del momento en que ella reconoce el triunfo electoral de Juan Orlando Hernandez, porque el presidente del Tribunal Supremo Electoral, David Matamoros Batson, aparece en televisión con sus manos en las bolsas, detrás de la embajadora norteamericana…como asumiendo que es ella quien tiene que dar la certificación o el visto bueno del triunfo electoral. La injerencia norteamericana frente a la comunidad internacional y la necesidad de que intervengan directamente en Honduras es bastante evidente.
¿En qué consiste esa disputa a la que hacía referencia antes?
En los últimos diez años ha habido un claro avance de la izquierda centroamericana, con el triunfo del frente sandinista en Nicaragua, del FMLN en Salvador, incluso de una izquierda en Costa Rica…También con la situación descontrolada que se vio en Guatemala, ya que a pesar de que la voluntad norteamericana fuera quitar al presidente, había una movilización popular importante.
En Honduras, si la primera fuerza política llegara a ser un partido de izquierdas, eso significaría que Estados Unidos perdería mayor control sobre la región. Lo que ha pasado en Honduras se da en ese contexto, y también en el contexto de la lucha contra Venezuela y Cuba. Son países que están en un claro posicionamiento de liberación nacional que se articula a nivel latinoamericano. Eso explica que EE.UU. no puede perder ni el más pequeño de los territorios. Por eso tenemos esta situación en Honduras.
¿Qué postura tuvieron los observadores de la Unión Europea y la Organizacion de Estados Americanos (OEA), que estuvieron presentes durante las elecciones?
En un primer momento, tras las elecciones tuvieron que reconocer que Salvador Nasralla, el candidato de Alianza, había sido el ganador por un margen superior al cinco por ciento, ya que por la cantidad de actas escrutadas la tendencia era prácticamente irreversible. Tuvieron que dar esas declaraciones porque había una presencia internacional.
Luego, dos días después, cuando se cae el sistema de conteo y la tendencia cambia, tanto la OEA como la UE tuvieron que dar informes donde decían que la situación no era clara. Incluso el secretario de la OEA Luis Almagro tuvo que decir que debían repetirse las eleccciones porque los resultados no eran transparentes. Esa ha sido la última palabra de la OEA.
Recordemos que la OEA tiene que supervisar o ejercer un papel legitimador de más de 18 procesos electorales este año 2018 en América Latina. De modo que no podía empezarlo manchando su prestigio, aunque ya estaba bastante desprestigiada…Pero el fraude había sido tan evidente que no se podía comprometer con él.
Tanto la UE como la OEA tienen posturas meramente declarativas, y no tienen ninguna forma de ayudar al cambio en Honduras.
Después de constatarse la falta de reconocimiento de la victoria de Salvador Nasralla, hubo intentos de dividir la Alianza de Oposición. Incluso, tras una visita a la sede de la OEA en Washington, Nasralla se prestó a ello…
Eso nos permite ver la ingenuidad de Salvador en politica, y de hecho él mismo lo reconoce. Es similar a la que tuvo hace siete años el presidente Zelaya cuando fue a la embajada de Brasil dos meses después del golpe de Estado. Alli recibió la visita de Thomas Shannon, representante del Departamento de Estado de EE.UU., y también recibía comunicaciones directas de Hillary Clinton. Ambos le manifestaron al presidente Zelaya que iba a ser restituido en el poder. Y él creía en ese retorno.
En el caso de Salvador, cuando después del fraude se ha ido a Estados Unidos, ha visitado el Departamento de Estado y a congresistas para mostrarles las pruebas de que hemos ganado las elecciones…Y claro, ellos le han dicho que van a hacer todo lo posible por reconocer su triunfo y no apoyar a Juan Orlando…
Pero Estados Unidos juega un discurso doble : dicen una cosa y hacen otra. Siempre es en función de sus intereses y por supuesto de las personas que representan sus intereses en nuestros pa í ses. En este caso, Juan Orlando es el mejor representante de los intereses de las transnacionales y de la l ó gica privatizadora-neoliberal norteamericana en Honduras. Yo creo que esa ingenuidad viene de su falta de conocimiento de la naturaleza del imperialismo.
En las pasadas Navidades vimos cómo la Alianza hizo un llamamiento a que la sociedad hondureña resistiera en las calles. Fuera de Honduras se conoce al COPINH, ¿Qué papel tienen los movimientos sociales en las movilizaciones de la Alianza?
Con el golpe de Estado, todos los movimientos sociales, los sectores de izquierda y una sección del partido del presidente Zelaya formamos el Frente Nacional de Resistencia Popular. Eso luego dio paso a la formación del partido Libertad y Refundación, que fue el que postuló y ganó las elecciones de 2013. Luego, también tras el golpe surgió otro partido, el de Salvador Nasralla, que era de centroderecha. Estos sectores, junto a otros partidos muy minoritarios, como el socialdemócrata Innovación y Unidad (PINU), decidimos unirnos y formamos la Alianza de Oposición.
En la Alianza de Oposición encontramos a todos los sectores que representan las clases nacionales. Es decir, incluso la burguesía nacional, sectores del comercio, trabajadores, movimientos sociales…no hay nada que esté fuera de la Alianza.
En lo que respecta al COPINH, ellos tuvieron su momento como movimiento social y luego se pasaron más a una lógica de ONG. Ellos también están apoyando la lucha contra la dictadura y se han sumado, pero no son un sector movilizador importante. Sobre todo después del asesinato de Berta Cáceres, el COPINH no tiene la misma beligerancia que tenía antes, al igual que otros sectores cercanos a ellos.
Los sectores sociales importantes aquí siempre han sido el magisterio, los trabajadores públicos, los estudiantes, que tuvieron un repunte muy importante en los últimos dos años…Todos esos están dentro de la Alianza y siguen las mismas orientaciones en coordinación con la Alianza de Manuel Zelaya Rosales.
Ahora mismo se prepara un paro general para el 20 de enero. ¿Cómo ve las siguientes movilizaciones?
Yo, que fui candidato en las elecciones, estoy encontrando más apoyo que el que teníamos para el proceso electoral. Y eso, teniendo en cuenta que ¡ el proceso electoral lo ganamos ! Hay más sectores de la población interesados en que Juan Orlando salga del poder.
El paro cívico nacional que se ha convocado del 20 al 27 de enero será una semana completa de toma de carreteras, bloqueo de calles, huelga de consumo, etc… Creemos que va a tener un impacto mucho mayor que el que tuvo cualquier otra manifestación anterior.
Vemos que la gente esta dispuesta y pide incluso acciones más radicales, aunque nosotros queremos seguir en una insurrección pacífica y la desobediencia civil, sin llegar en ningún momento a proponer ni impulsar acciones violentas.

“Hemos pasado de un mundo de vigilancia opresiva a uno en el que nos autoexponemos”

Entrevista a Bernard Harcourt, académico, jurista y escritor
CTXT (Contexto y Acción)

"Como supimos gracias a las revelaciones de Snowden, la NSA puede acceder directamente a los servidores de Facebook, Paltalk, Microsoft, Apple, Yahoo!, etc., de modo que obtienen toda nuestra información y pueden vigilarnos."

Bernard Harcourt no se deja encasillar. Doctor en Ciencias Políticas formado en Harvard, ha pasado decenas de horas en los juzgados del Sur de los Estados Unidos, defendiendo sin cobrar por ello a condenados a muerte por la justicia criminal más injusta y racista del mundo desarrollado. Jurista de prestigio, trabajó como financiero antes llegar a la Universidad de Columbia, donde actualmente dirige el Centro de Pensamiento Crítico Contemporáneo. Francófono integrante arquetípico de la élite neoyorquina, fustiga implacablemente a las estructuras de poder del mismo sistema en el que ocupa un lugar de privilegio. Y su trabajo académico, como no podría ser de otra manera, navega entre las diversas y turbulentas aguas de la teoría política (The Counterrevolution: How Our Government Went to War Against Its Own Citizens, en camino), la sociología del castigo (The Illusion of Free Markets: Punishment and the Myth of Natural Order, 2011) o la vigilancia digital (Exposed: Desire and Disobedience in the Digital Age, 2015). Es precisamente en la convergencia entre las nuevas tecnologías de la comunicación digital y el control político donde Harcourt pone el acento de sus análisis del Estados Unidos que produjo a Trump. Para Harcourt, Trump es un maestro del impacto mediático en la era del tuit, pero también reflejo de problemas estructurales sobre cómo se conforma (y para beneficio de quién) nuestra interacción social en la era digital. “Llegados a este punto”, indica, “debemos desarrollar intervenciones que den respuesta a los problemas y paradojas de cómo funciona el deseo en esta nueva era”.
Su último libro, Expuestos, tiene como subtítulo "Deseo y Vigilancia en la Era Digital". ¿Qué sentido tiene situar el binomio deseo-vigilancia en el centro de la ecuación? ¿A qué tipo de respuestas sobre el mundo en que vivimos le lleva su análisis?
Hay algo novedoso en las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías digitales para vigilar a la gente. El elemento clave es que nos presentamos constantemente, dejando rastros digitales adondequiera que vamos: la ubicación GPS, las compras online, etc., todo eso deja rastros digitales, y funciona aprovechándose de nuestro deseo y haciendo que nos auto expongamos.
En el libro, hace una suerte de cronología de las técnicas de vigilancia a lo largo de la historia en las sociedades occidentales: Orwell, Bentham, Foucault… ¿Ante qué paradigma nos encontramos ahora?
Antiguamente, la vigilancia utilizaba medios de coerción. Por eso siempre hemos pensado en la vigilancia como algo oscuro. Orwell hablaba de la telepantalla, que nos obligaban a instalar en casa y podía observarnos en todo momento. Para Foucault, la figura era el panóptico dentro de una prisión circular, en la que había una torre central que permitía ver el interior de todas las celdas, situadas en torno a la torre. Pero hoy en día el sistema es completamente diferente. Hoy, todo gira en torno a los ‘me gusta’ y la gente que te sigue en redes sociales, y la gente que comparte tus publicaciones, que a su vez ‘gustan’ a otra gente, etc. De modo que hemos pasado de un mundo de vigilancia opresiva, basada en el odio y la imposición, a uno en el que somos nosotros los que nos autoexponemos.
¿Podemos afirmar que el "estado de vigilancia" es algo del pasado, casi un oxímoron? Pareciera que debamos más bien hacia nuevos sectores como las grandes empresas tecnológicas de Silicon Valley, a las redes sociale o Wall Street para entender quién nos vigila hoy...
La idea del “Estado de vigilancia” pertenece al pasado, porque ya no es el Estado el que recaba toda la información. Simplemente la absorbe. Y las fronteras están cada vez menos claras; cada vez son más fluidas. Las entidades privadas como Facebook, Google, etc. son las que capturan inicialmente toda nuestra información, para luego venderla con el fin último del beneficio económico a través de la publicidad. Esa el la economía política de esta era digital.
Y a partir de ahí, el gobierno, la NSA y otras agencias de inteligencia pueden absorber toda esa información directamente de los servidores de las empresas privadas. Como supimos gracias a las revelaciones de Snowden, la NSA puede acceder directamente a los servidores de Facebook, Paltalk, Microsoft, Apple, Yahoo!, etc., de modo que obtienen toda nuestra información y pueden vigilarnos.
Usted afirma que "la sociedad expositiva explota, más que reprime, nuestros deseos". Da la sensación de que sitúa el peso de la culpa sobre los vigilados en lugar de los vigilantes. ¿Nos está acusando a nosotros, como sujetos, de desear irresponsablemente, o de no controlar nuestras conductas ante el deseo?
Se me podría acusar de estar echando la culpa a las víctimas de todo esto, pero al fin y al cabo somos nosotros los que compartimos nuestros propios datos en último término, y lo hacemos para satisfacer nuestros placeres. Es precisamente eso lo que está en el centro de la ‘sociedad de la exposición’: el deseo.
Así que debemos pensar de manera sofisticada en formas de resistencia, por un lado, y en las tecnologías digitales, y en cómo las unas se alimentan de las otras, como las formas de resistencia pueden utilizar las tecnologías digitales, pero también como las tecnologías digitales pueden afectar a las formas de resistencia. A menudo nos encontramos con formas de protesta o desobediencia que están muy digitalizadas, y que en realidad dejan rastros peligrosos de quienes participan en la desobediencia.
¿Está tratando, tal vez, de articular una crítica de la construcción del ‘yo’, una especie de construcción del sujeto como marca basado en la exposición virtual?
Cada vez más, la policía recurre a seguir a la gente en Facebook o en Twitter, a observar su actividad en redes sociales y lograr así rastrearlos. Y eso tendrá necesariamente un efecto de retroalimentación en cómo se producen la resistencia y la desobediencia.
Los rastros que dejamos crean un sujeto diferente, nuestro “doble de datos”. Por un lado, creemos que podemos manipular nuestra propia representación como sujetos. Por otro, están todos estos datos que permiten rastrearnos, cada email, cada ubicación, cada cosa en la que hemos hecho click, cada cosa que leemos. El GPS sabe donde dormimos y con quién lo hacemos. Podemos simular otra cosa, podemos decir que no tenemos una relación sentimental. Pero si se cruzan los datos del GPS, queda claro que la tenemos. No solo nos exponemos constantemente, sino que además nos dedicamos a observar a los demás. Como individuos, como sujetos, pensamos a la vez en la manera en la que nos presentamos, en producir un efecto viral en los demás.
¿En qué medida puede leerse a Trump como un caso paradigmático de nuestro tiempo de la lógica del ‘Doppelgänger’, concepto al que hace referencia con frecuencia en su trabajo?
Donald Trump es un maestro de la era digital, porque ha logrado crear ese efecto del que estaba hablando. Ese golpe de efecto que logra que la gente le preste atención. La manera en que circula el poder, lo que hace moverse a la sociedad de la exposición, es que logremos que la gente nos haga ‘click’. Es la temporalidad del ‘meme’ en cierta medida, con un subidón rápido y exponencial, al que sigue mucha atención, y acto seguido se olvida y se pasa a lo que venga después. Y tiene que haber siempre algo que viene después.
Da la sensación de que hemos cedido el control de aspectos fundamentales de nuestra vida, de nuestro propio ser social, a intereses privados. ¿Le preocupa quién es dueño de las tecnologías que dominan el mundo, y nuestra vida cotidiana?
La propiedad de la tecnología es clave. Y también lo es, desde un punto de vista político, no ya a quien le pertenecen las tecnologías, sino de quien son los datos. El hecho de que nuestra información personal no sea nuestra propiedad está, probablemente, en la raíz de todos estas desviaciones y problemas tecnológicos.
Podría decirse que incluso la actividad misma del control y el espionaje se ha privatizado...
Los actores económicos están empezando a desempeñar papeles que antes le estaban reservados al Estado. Apple decide qué aplicaciones se permiten y cuáles no, y en ese proceso resulta que siempre entran en juego consideraciones políticas.
Es algo que se entiende mejor cuando uno observa, por ejemplo, la relación entre la NSA y la empresa de telecomunicaciones AT&T. Vemos como se da la orden a AT&T de que, esencialmente, se quede con los datos de sus clientes, en lugar de simplemente redirigirlos a la NSA. De modo que llegamos al sistema neoliberal perfecto: el Estado, mediante las leyes, autoriza esencialmente a las empresas de telecomunicaciones a guardar nuestros datos. Le pide que recolecte y almacene esos datos, e incluso le paga por hacerlo. Así que vemos esta disolución de las fronteras, en la que de pronto los actores económicos hacen política. Y los actores políticos se dedican a la economía. Mientras, todo se convierte en una especie de gran banco de datos.
A menudo se observan estas dinámicas, incluso desde perspectivas críticas, como resultado de la desregulación que domina la política desde hace décadas. Usted, sin embargo, señala que debajo de esa fachada de liberalización hay un proyecto basado en el control y regulación. ¿A qué se refiere? ¿Cómo encaja la figura de Trump en ese esquema?
Lo cierto es que esta gubernamentalidad neoliberal, aunque hable mucho de desregulación, o no regulación, esta en realidad enormemente regulada, y va de la mano de una potente estructura disciplinaria. Históricamente, si nos remontamos al siglo dieciocho, al nacimiento del liberalismo, si nos fijamos en los fisiócratas del siglo dieciocho, había, ligada a la idea de la libertad en el contexto económico, otra idea de un estado policial. Aquello se llamaba Despotismo Legal del dieciocho. Esa teoría del Despotismo Legal, gradualmente, devino en el concepto que hoy tenemos del mantenimiento del orden público por parte de la policía.
Es algo que hemos visto en gobiernos demócratas. Lo vimos con Bill Clinton. E incluso si analizamos el discurso del propio Obama, adoptó mucha de esta retórica del libre mercado y la desregulación. Es la paradoja que ya vimos emerger en el siglo dieciocho y a lo largo del diecinueve, y que de nuevo ha cuajado durante el periodo neoliberal, desde los setenta.
Es una versión perfeccionada, ahora mismo, en alguien como Trump. Es el ejemplo perfecto de ese fenómeno, alguien que dice estar en contra del estado y querer recortar sus funciones sociales, pero sin embargo confía profundamente en sus funciones de seguridad. Se quiere eliminar al estado, porque es incompetente, pero por otro lado se mantiene el presupuesto militar más alto jamás visto en la historia de Estados Unidos.

Episodios para recordar (al cumplirse 18 años de la dolarización)

ALAI
 
 
Foto: CELAG
El segundo quinquenio de los 90 del siglo pasado estuvo signado para la economía internacional por la denominada crisis asiática, inaugurada en 1997 con el derrumbe del bath tailandés, a la cual siguieron las tormentas financieras en Rusia y Brasil, así como una agudización de la situación en la vecina Colombia.
Fisiología del crack financiero
No obstante su condición de eslabón perdido en la cadena del capitalismo mundial, Ecuador resintió esas conmociones por la vía del deterioro de sus exportaciones primarias (petróleo, banano, camarón, flores) y de la contracción de los flujos de inversión productiva externa. La asfixia fiscal no se hizo esperar, agudizada por las protuberancias del servicio de la deuda externa y por los coletazos de la corriente de El Niño que, entre 1997 y 1998, devastaron la agricultura y la infraestructura de la Costa.
Este orden de factores -desequilibrios externos y fiscales- galvanizaron una situación recesiva que no tardaría en proyectarse al sector financiero, que hasta entonces había sido el principal beneficiario de un modelo económico especulativo, exacerbado por las reformas liberales y aperturistas del gobierno de Sixto Durán y el “mago” Alberto Dahik. En esencia, tal modelo consistía en privilegiar al capital financiero sobre el capital productivo y en fomentar el ingreso de capitales externos cortoplacistas -“golondrinas”- garantizándoles elevadas tasas de interés.
Cuando Mahuad juró la presidencia con su memorable discurso cosmogónico (10 de agosto de 1998), el terreno de las finanzas se encontraba minado, tanto por las tendencias económicas descritas como por las recurrentes prácticas permisivas y corruptas de la mayoría de entidades bancarias. Apenas dos semanas después de la posesión del mandatario demócrata cristiano, el ministro de Finanzas, Fidel Jaramillo, anunciaba la liquidación del Banco de Préstamos. En noviembre del mismo año y a pesar de un jumbo e ilegal préstamo de salvataje por 760 millones de dólares otorgado por el Banco Central, se derrumbó La Filantrópica (Grupo Isaías), supuestamente la institución financiera más poderosa y sólida del país.
El liberalismo esquizofrénico de Mahuad —Estado del bienestar para los ricos, Estado mínimo para los pobres- terminó por desnudar el descalabro económico-financiero que había incubado en Ecuador el Consenso de Washington.
Presionado por la rancia oligarquía costeña liderada por “Corleone” Febres Cordero, el gobierno mahuadista hizo aprobar en el Congreso, a fines del 98, la creación de la Agencia de Garantía de Depósitos (AGD), un instrumento de protección estatal a la banca privada. Igualmente, respaldó un proyecto de ley, promovido por el entonces diputado socialcristiano Jaime Nebot Saadi, norma que sustituyó al Impuesto a la Renta por el Impuesto a la Circulación de Capitales (ICC). La entrada en vigor de esta última ley terminó por detonar la institucionalidad financiera nacional, puesto que para eludir el nuevo tributo los banqueros y financistas nativos y extranjeros intensificaron sus operativos de descapitalización del país.
Similar efecto tuvo la desaprensiva decisión de Carondelet de disponer, ateniéndose a una recomendación del FMI, la flotación del tipo de cambio. Algo similar a buscar apagar el fuego con gasolina.
A resultas de las susodichas medidas, entre enero y febrero de 1999 habrían fugado al exterior unos 2 mil millones de dólares, un equivalente a la mitad de las exportaciones anuales del país. De su lado, el servicio de la deuda extenuaba el presupuesto estatal (a comienzos de ese año el 80 ciento de los ingresos ordinarios del Fisco se destinaba al pago de ese tributo imperial, del cual se nutrían también connotados “buitres” criollos.
Esta constelación de factores tornaba inminente la “explosión” de la fragilizada economía ecuatoriana, misma que llegó en marzo de 1999.
La semana negra y el desplome del sucre
La primera y simbólica víctima del colapso económico/financiero de Ecuador fue la moneda nacional. Entre el 1 y el 5 de ese mes, el sucre se desplomó desde una relación de 7 mil por dólar hasta los surrealistas niveles de 17 y 18 mil.
A propósito de evitar nuevas “corridas” de depósitos y proteger a las entidades con problemas de liquidez-particularmente al Banco del Progreso (Grupo Aspiazu)- Mahuad decretó un feriado bancario que se extendió entre el 8 y el 12 de marzo. La reapertura del sistema se concretó ligada a un congelamiento/incautación de una gran masa de depósitos e inversiones del público, aproximadamente unos 4 mil millones de dólares.
El “corralito” ecuatoriano perjudicó inmediatamente a un estimado de dos millones de agentes económicos, pese a lo cual la mayoría de entidades financieras terminó desbarrancándose. A la quiebra del Banco del Progreso, en abril de 1999, siguieron las caídas del Banco Popular, Pacífico, La Previsora, Azuay, etc. La debacle bancaria derivó en una estatización pro capitalista del 70 por ciento del sistema financiero y en la fuga a Miami de sus principales protagonistas y responsables.
Ni qué decir que para comenzar a equilibrar nuestros desequilibrios económico/financieros, la mano invisible del mercado dispuso el éxodo de 1.5 a 2 millones de depauperados compatriotas, especialmente a USA, España e Italia.
Además de la macro “socialización de las pérdidas” y sus inherentes tragedias humanas, el derrumbe del sistema bancario debilitó aún más las finanzas públicas al punto que, en septiembre del 99, el régimen mahuadista se vio forzado a declarar una moratoria de la deuda Brady, aproximadamente unos 6 mil millones de dólares, y abdicar de la soberanía monetaria mediante la inconstitucional dolarización decretada el tristemente memorable 9 de enero del 2000, medida que nos convirtió en una opaca estrella de Washington y Wall Street.
Acción y reacción. La espectacular decisión del hasta ahora prófugo Mahuad derivó en vastas movilizaciones a lo largo y ancho del país con proclamas de orden ético y nacionalista. La mayor de ellas, concertada por la CONAIE y los mandos medios de las Fuerzas Armadas, y cumplida en Quito el 21 de enero del referido año, desalojó de Carondelet al mandatario “dolarizador”. A este evento, la prensa internacional lo identificó como “el primer golpe de Estado del siglo XXI”, en tanto que los shamanes lo bautizaron con el estético nombre de la Revolución del Arco Iris.
El futuro previsible
Jorge Luis Borges dejó escrito que “la historia de la humanidad no es más que un encadenamiento de simetrías”. El ingenioso apotegma borgeano aparece particularmente útil para comprender la actual transición político/económica ecuatoriana desde la fase I a la fase II del tozudo “correísmo”.

René Báez es autor de Antihistoria Ecuatoriana (Universidad Central del Ecuador, 2010), exdecano de la Facultad de Economía de la PUCE y miembro de la International Writers Association.