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viernes, 13 de marzo de 2020

Uruguay se retiró de Unasur y suspendió proceso de salida del TIAR

                 Giro proestadouniodense
Fuentes: Rebelión


La cancillería uruguaya anunció la decisión del gobierno derechista de Luis Lacalle de retirarse de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), así como la intención de reintegrarse al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), organismo del que había iniciado su proceso de salida en setiembre de 2019 durante la administración de Tabaré Vázquez.
El diputado frenteamplista Daniel Caggiani, expresidente del Parlasur, señaló que sorprende anuncio del Canciller sobre retiro de Uruguay de UNASUR y retorno al TIAR. “Genera suspicacias que se da luego de la llamada del presidente estadounidense Donald Trump al mandatario uruguayo”, quien asumiera el cargo el primer día de este mes, dijo.
Lacalle representa a la llamada Alianza Multicolor, que agrupa a un conjunto de Partidos de orientación política conservadora y alineada en materia económica con los postulados del neoliberalismo, que desplazó a la coalición de centroizquierda Frente Amplio, que desde  el  año 2004 dirigía el Gobierno de la República.
Como era de prever, las directrices de la política exterior de la Alianza Conservadora se subordinaron  a las aspiraciones de los Estado Unidos, de recuperar su posición hegemónica en el seno de Latinoamérica.
La presencia del Subsecretario estadounidense, David Hale, en el Uruguay, entrevistándose con Lacalle fue significativa, al manifestar que Uruguay era un socio vital para su país,  tratando en el encuentro temas relativos al fortalecimiento de las relaciones bilaterales y temas vinculados a la seguridad global.
La presión de Gale fue, entre otros temas, para impedir que la estatal de telecomunicaciones ANTEL, utilice la tecnología 5G desarrollada por empresa china Huawei, hecho este, que generó una fuerte declaración por parte de la embajada China con sede en Uruguay.
Consecuencias de la salida de Unasur
La cancillería uruguaya justificó su salida de la Unasur al considerarlo «un organismo regional, basado en alineamientos político-ideológicos». Además, el comunicado de la cancillería señala que ese organismo sudamericano ya fue abandonado por la «mayoría» de los países de la región en abril de 2018, a excepción de Bolivia, Guyana, Surinam y Venezuela. 
En ese momento, Uruguay decidió quedarse junto con Bolivia, aunque el actual gobierno dictatorial de este último país anunció en noviembre último que estudiaba la posibilidad de abandonar el bloque. 
La cancillería, a cargo de Ernesto Talvi, agregó en el escrito que el bloque «ha dejado de funcionar», ya que «no cuenta con sede y carece de secretaría general operativa». De hecho, en 2017 los países miembros no pudieron ponerse de acuerdo para nombrar a un secretario general, por lo que desde ese entonces el bloque está acéfalo. El último presidente fue el colombiano Ernesto Samper. 
El gobierno de Luis Lacalle Pou anunció que se pidió interrumpir el proceso de salida del TIAR que Uruguay había comenzado en setiembre de 2019. La salida del país iba a demorar dos años en concretarse, por lo que estaba previsto que Uruguay estuviera afuera para 2021.  Talvi se comunicó a través de una nota con el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), el uruguayo Luis Almagro, para interrumpir el proceso de salida y pedir el reintegro. 
El TIAR, que funciona en la órbita de la OEA, es un pacto bélico multilateral de la época de la guerra fría, que tiene como objetivo dar ayuda para enfrentar ataques armados o amenazas contra estados americanos. La intención de los miembros de la OEA de invocar el pacto de defensa por la crisis de Venezuela fue lo que provocó el rechazo de Uruguay y la salida de ese tratado. 
La resolución aprobada por la mayoría de los miembros proponía «perseguir» y «capturar» a «entidades asociadas al régimen de Nicolás Maduro», que estuvieran «involucradas en actividades ilícitas» además de hacerlo con «altos funcionarios» del gobierno que participaron en «hechos de corrupción». Para eso se resolvió crear una red en la que las autoridades de «inteligencia financiera» y «seguridad pública» de los estados partes sumen esfuerzos en la investigación y persecución.
Luego de esa reunión de la OEA, la cancillería, por entonces encabezada por Rodolfo Nin Novoa, anunció que se retiraría del TIAR al entender que la situación de Venezuela no presentaba «ninguno de los elementos que podrían fundamentar» la convocatoria de un pacto de defensa, ya que el espíritu del tratado es defender a los países americanos de amenazas externas y no para «permitir conflictos internos entre países del continente».
 «Nos salimos del tratado por obsoleto, por inconducente, (y) por uso inapropiado del mismo», dijo entonces el ministro Nin Novoa. Este martes, en tanto, la cancillería comunicó que con la permanencia en el TIAR el país «refuerza también su compromiso histórico con el sistema interamericano», mientras que seguirá haciendo oír «sus posiciones» en el marco de ese tratado. 
El comunicado también señala que la primera misión oficial del canciller Talvi será para asistir a la Asamblea General de la OEA en Washington el próximo 20 de marzo, con motivo de la elección del nuevo secretario general. El gobierno de Lacalle Pou anunció en las últimas semanas que apoyará la reelección de Luis Almagro. 
Este realineamiento con Estados Unidos, inevitablemente generará cambios sustanciales como el apoyo a la reelección de Luis Almagro como Secretario General de la OEA, contribuyendo aún más a que este organismo siga estando al servicio de la potencia hegemónica en la región, señala el exdiputado Roberto Chiazzaro, secretario de relaciones internacionales del Partido Slocialista.
Dado que resulta necesario a los intereses de Washington que caiga el gobierno de Maduro en Venezuela, Uruguay reforzará las acciones que se están instrumentando al tal efecto y seguramente pasará a integrar la Alianza de Lima y el Prosur, tras abandonar la Unasur. Asimismo, también abandonará todas las gestiones, llevadas a cabo, junto a México y el Caricom, buscando una salida pacífica para solucionar la crisis por la cual está atravesando el pueblo venezolano.
No sería de descartar que Uruguay pase a engrosar el coro de naciones que impulsan una solución militar para culminar con este conflicto y derrocar al gobierno constitucional venezolano, tras reconocer como presidente al autoproclamado (y hoy muy devaluado) Juan Guaidó.
Luvis Pareja. Periodista uruguayo, analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

domingo, 24 de marzo de 2019

Prosur, la estrategia divisionista de Washington para sepultar Unasur


Los presidentes de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Perú, Paraguay, y Guayana firmaron este viernes la Declaración de Santiago, por la cual se constituyó el Foro para el Progreso de América del Sur (Prosur), el nuevo espacio “flexible” que busca reemplazar a la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur).
No firmaron Uruguay, Bolivia ni Surinam, y tampoco participará de este acuerdo de gobiernos neoliberales, la no invitada Venezuela.
El canciller chileno Roberto Ampuero señaló que Prosur estará enfocado a una “integración pragmática” entre países de Suramérica, “alejada de términos ideológicos” y “sin ningún tipo de marginación”, lo que quedó desmentido en el acto de firma del documento. Chile y su presidente Sebastián Piñera buscan una presencia internacional que la realidad geopolítica mundial y socioeconómica de su país le niega.

Los firmantes son casi los mismos gobiernos que participan en el Grupo de Lima, mecanismo que no descansa en sus esfuerzos por estrangular la revolución bolivariana, una instancia que sólo se justifica por el intento de sepultar la Unasur, sirviendo los dictados del gobierno estadounidense que ya cumplen la Organización de Estados Americanos (OEA) y organismos financieros como el Banco Interamericano de Desarrollo.

Uno de los acuerdos del documento firmado en la mañana del viernes 22 por los mandatarios establece que Chile será el primer país que tendrá la presidencia del organismo “flexible” (a propuesta del presidente argentino Mauricio Macri), el cual se extenderá por 12 meses hasta que lo suceda Paraguay.

“Nuestra voluntad de construir y consolidar un espacio regional de coordinación y cooperación, sin exclusiones, para avanzar hacia una integración más efectiva que nos permita contribuir al crecimiento, progreso y desarrollo de los países de América del Sur”, indica el documento firmado por los jefes de Estado.
Establecieron que Prosur se implementará gradualmente, “tener una estructura flexible, liviana, no costosa, con reglas de funcionamiento claras y con un mecanismo ágil de toma de decisiones que permita avanzar a Sudamérica en entendimientos y programas concretos de integración en función de los intereses comunes de los Estados y de acuerdo a sus propias realidades nacionales”.
Además, se indica que en este espacio se “abordará de manera flexible y con carácter prioritario temas de integración en materia de infraestructura, energía, salud, defensa, seguridad y combate al crimen, prevención y manejo de desastres naturales”.
También se estableció que los requisitos para ser parte de esta organización “serán la plena vigencia de la democracia, de los respectivos órdenes constitucionales, el respeto del principio de separación de los Poderes del Estado, y la promoción, protección, respeto y garantía de los derechos humanos y las libertades fundamentales, así como la soberanía e integridad territorial de los Estados, con respeto al derecho internacional”.
Los representantes de Uruguay, Bolivia y Surinam, representados por funcionarios de menor categoría, no participaron de la firma de la declaración final del encuentro realizado en Chile.
Prosur, Pronorte, ProTrump
Varios dirigentes y analistas de la región calificaron a Prosur como una aventura divisionista y regresiva de gobernantes subordinados a Estados Unidos “Es impulsado por países al servicio de las transnacionales”, denunció David Choquehuanca, excanciller boliviano y actual secretario general de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), quien afirmó que el Foro obedece a intereses ajenos a la región.

El expresidente de Colombia y exsecretario general de Unasur, Ernesto Samper, señaló que la creación de Prosur, al estimar que profundizará la división regional. Afirmó que, contrario a lo que expresan sus mentores, los gobiernos que apoyan esta propuesta lo hacen a partir de una excluyente identidad ideológica que profundizará las diferencias entre los países sudamericanos.

Insistió en que el intento de constituir otro organismo de integración, sin haber hecho un esfuerzo de convergencia para el encuentro de los ya existentes, va a fomentar una mayor división regional y aclaró que si esta nueva afiliación implica el retiro de algunos países de Unasur es preciso recordar que ese trámite se encuentra regulado, que se deben respetar los compromisos financieros pendientes y cumplir las normas constitucionales de cada Estado antes de concretar el abandono de la entidad.

Consideró relevante señalar, además, que dejar Unasur supone prescindir de significativos derechos y privilegios, como los permisos temporales de trabajo que hoy benefician a más de tres millones de trabajadores sudamericanos, y otros beneficios como la utilización de los documentos nacionales de identidad como pasaportes o los descuentos en el valor de medicinas y vacunas, obtenidos por el Instituto Sudamericano de Gobierno en Salud.

El excanciller argentino Jorge Taiabna señaló que esta se trata de una propuesta improvisada, balbuceaba por el presidente de Chile luego de su visita a la Casa Blanca e impulsada a su pedido. “Es público y notorio que la misma no cuenta con el mínimo criterio de seriedad, ni con el trabajo conjunto de los gobiernos y de las diplomacias de los distintos países de nuestra región”.
Samper indicó que la salida de Unasur conlleva asimismo a la renuncia al trabajo concertado y acumulado durante más de diez años y que se traduce en las agendas sectoriales en materia de salud, educación, infraestructura, lucha contra el crimen organizado, cultura y defensa, entre otros frentes.
Entendida como alusión a la situación venezolana, la declaración establece: “Que los requisitos esenciales para participar en este espacio serán la plena vigencia de la democracia, de los respectivos órdenes constitucionales, el respeto del principio de separación de los Poderes del Estado, y la promoción, protección, respeto y garantía de los derechos humanos y las libertades fundamentales, así como la soberanía e integridad territorial de los Estados, con respeto al derecho internacional”.
El entierro del Unasur y la creación del Prosur es un nuevo capítulo de la disputa ideológica regional a través de la diplomacia multilateral y un triinfo de la presión estadounidense para terminar con los procesos de integración regional independientes y soberanos, sin injerencia de Estados Unidos.
Cecilia Vergara Mattei. Periodista chilena, asociada al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

martes, 22 de enero de 2019

La propuesta de Prosur, satanización de la integración y fracaso de la OEA


Foto: CELAC 

El 14 de enero el presidente de Colombia, Iván Duque, lanzó su idea de crear una nueva instancia de integración regional sudamericana que reemplace a la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), en un plan para desarticular todos los espacios de coordinación política y/o integración latinoamericano-caribeña, que devela también el fracaso de la Organización de Estados Americanos (OEA), manejada por EEUU.

Según Duque, su propuesta cuenta con el aval del chileno Sebastián Piñera, mientras intenta sumar aliados para dar nacimiento al nuevo agrupamiento “que más que una organización burocrática o al servicio de un gobierno particular, será un organismo de coordinación suramericana”, una herramienta "de políticas públicas, en defensa de la democracia, la separación de poderes y la economía de mercado".

En definitiva, significa la conformación en la región de un bloque ideológico, de derecha, de gobiernos conservadores, que no están de acuerdo con el concepto de integración que existía hasta este momento y que era liderada por países como Brasil, Ecuador, la propia Venezuela y Bolivia.

No se trata de discutir, debatir, acordar, buscar consensos, negociar unívocamente ante el mundo, sino que a través de una cúpula de presidentes de derecha y en el nombre del libre mercado, se abra camino a los intereses de EEUU, sus trasnacionales y el capital financiero. Quizá ni siquiera necesiten reunirse: pueden acordar por Twitter, que hasta significa un ahorro de palabras y de ideas.

Pero, más allá de seguir los dictados de Washington, los jefes de estado tienen sus proyectos e intereses propios, que no siempre son complementarios.

El reciente encuentro en Brasilia entre Mauricio Macri y Jair Bolsonaro lo demostró ya que solo acordaron revisar el arancel externo común del Mercosur, mejorar el acceso a mercados y avanzar en la facilitación del comercio y la convergencia regulatoria. Hablaron de la necesidad de “modernizar el Mercosur y de avanzar hacia un espacio de integración que se adapte a los desafíos del siglo XXI y que aproveche las oportunidades que el mundo ofrece”.

Ernesto Samper, expresidente colombiano y último secretario general de Unasur, señala que este organismo, en sus 10 años de existencia, puede demostrar que en otras oportunidades convivieron dentro de este espacio gobiernos de distinto signo ideológico, lo que permitió avanzaren temas fundamentales como la conformación del Consejo Suramericano de Defensa, que de alguna manera reafirmó la condición de la región como una zona de paz en el mundo.

A ello se puede sumar el Consejo Electoral que presidió más de 110 elecciones y envió más de 20 misiones electorales, o los avances que se hicieron en materia de salud a través del Instituto de Salud o las obras de infraestructura proyectadas para integrar la región, el proyecto de fibra óptica común que rompiera la dependencia de las megaempresas cibernéticas, los consejos de participación ciudadana, por ejemplo.

A pesar de todos estos avances, hay una idea distinta sobre lo que es la integración, alimentada por un pensamiento conservador que se podría expresar a través de un acuerdo en la misma Unasur, si es que el asunto se trata de darle un giro a los programas y a los 23 grupos de trabajo que todavía hoy están trabajando en la identificación de una agenda de intereses públicos, añade Samper en entrevista con el analista Pedro Brieger.

El retiro (solitario y siquiera concretado) de Colombia de Unasur va a producir un gran aislamiento de Colombia de la región, en momentos en que ésta se está viendo atacada desde distintos frentes, especialmente el de EEUU. “No podemos jugar a un aislamiento de Venezuela que termine legitimando una salida de carácter cruento o fáctico a la situación que actualmente se vive en la región, sin proponer o liderar para que haya una salida que sea el resultado de un acuerdo entre los actores políticos”, destaca.

Unasur hizo aproximaciones muy productivas entre los distintos actores políticos de Venezuela, tres etapas de negociaciones que permitieron que se eliminara la violencia como forma de hacer política, que fueron conducidas por los expresidentes Martín Torrijos (Panamá), Rodríguez Zapatero (España) y Danilo Medina (República Dominicana).

A partir de ese supuesto se intentó un diálogo entre los sectores políticos, orientado a la conformación de tres espacios: uno de garantías electorales, otro sobre reformas institucionales, y el tercero para orientar la parte social y la estabilización, con medidas de carácter cambiario, antiinflacionario, medidas de subsidios y de ajustes de precios de combustibles. El diálogo fue bombardeado por el gobierno de EEUU.

Mientras, la CELAC, el más importante instrumento de integración en la medida en que agrupa a los 33 países de América Latina y el Caribe (sin EEUU y Canadá) y más de 600 millones de habitantes, tiene entre sus temas de trabajo el desarrollo social, la educación, el desarme nuclear, la agricultura familiar, la cultura, las finanzas, la energía y el medio ambiente. Hay que recordar que la CELAC declaró a la América Latina y el Caribe como zona de paz, llamando a un desarme nuclear general y completo en el mundo, y a resolver las diferencias políticas de manera pacífica y democrática.

Los sepultureros

Duque tomó la delantera en su afán de demostrar que bien puede coinvertirse en brazo ejecutor de las políticas estadounidenses, pero tendrá competencia, ya que otros mandatarios quieren demostrar lo mismo, en especial el brasileño Jair Bolsonaro, y también el chileno Piñera y el argentino Mauricio Macri.

El gobierno colombiano ya había pateado el tablero, cuando en agosto de 2018 anunció su retiro de Unasur, cuatro meses después que junto a otros países sudamericanos -Argentina, Paraguay, Brasil, Chile y Perú- suspendiera su participación, en la ofensiva de la nueva derecha para sepultaron los organismos de integración como el Mercado Común del Sur (Mercosur), Unasur y la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe (Celac).

Fueron estos países los que trabajaron para sepultar Unasur, organismo autónomo de los mandatos de Washington, que había sido rápidamente vaciado, dejándolo sin secretario general desde febrero de 2017. A estos cinco países se sumó en julio pasado el anuncio del presidente de Ecuador, Lenín Moreno, de desalojar la sede del organismo en la Mitad del Mundo.

El objetivo de Duque y sus socios es, principalmente, seguir los dictados de Washington para que desde Prosur se coordinen acciones conjuntas para que "termine" el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, al cual calificó como una "dictadura".

Las intentonas realizadas en el marco de la OEA –promovidas por EEUU y el procónsul y secretario general del organismo panamericano Luis Almagro- no prosperaban por un hecho simple: no alcanzaban jamás consenso para desestabilizar Venezuela, ya que en la OEA participan países centroamericanos y caribeños.

EEUU ya no puede ser considerado como un socio confiable, en una decadente OEA, porque la agenda de Washington es esencialmente antilatinoamericana, que va en contra de los migrantes latinoamericanos con la construcción del muro con México, que desatiende los compromisos relacionados con el calentamiento global o subiendo aranceles a nuestros productos.

“Es una agenda antihemisférica en el sentido más exacto de la expresión; por eso no creo que se justifique que, además de los ocho mecanismos de integración que ya existen, ahora creemos uno distinto solamente para identificar unas pretensiones de derecha respecto a lo que debe ser la integración”, señala Samper.

No es un organismo… ¿qué es?

Duque definió el Prosur como una fuerza de coordinación (o de transmisión de los dictados de Washington), un foro de alto nivel; sin raigambre política, institucional ni económica. No un organismo: lo que Duque rechaza es una institucionalidad (acompañada de su burocracia), reglamentos, obligaciones.

La consigna de los gobiernos neoliberales es la de “integrarse al mundo”. En años pasados, Chile y México entraron a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y al Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), y los segundos firmaron un Tratado de Libre Comercio con EEUU.

Colombia se integró a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y con EEUU estableció el Plan Colombia, que supuso la instalación de siete bases militares estadounidenses en su territorio.

El analista argentino Federico Larsen señala que quienes impulsan Prosur son países que "prácticamente desde hace 30 años están totalmente por fuera de la integración latinoamericana". "Que ahora tengan estas posiciones habla de una necesidad por parte de ciertas fuerzas a nivel internacional como Washington, de empezar a presionar para redireccionar los esfuerzos a nivel diplomático".

Ya lo habían intentado con el llamado Grupo de Lima, conformado por 14 países. Trece de ellos -Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú y Santa Lucía– dijeron que desconocerían al presidente venezolano y México se abstuvo. El fracaso quedó manifiesto cuando muchos de ellos debieron luego rectificar su posición.

La posición mexicana, de reivindicar la no injerencia en asuntos de terceros países, marca un alerta para los prosuristas. Hoy México puede jugar un papel muy importante en esta coyuntura y en un escenario que se debe preservar, el de la Celac, que compaten todos los países latinoamericanos y caribeños juntos… y sin Estados Unidos.

El impulso del “otro” Brasil

Unasur se constituyó formalmente en 2008, pero la cancillería brasileña tenía ya en mente convertir el grupo de Río, de consulta política sudamericana, en un organismo donde pudiera proyectar los intereses brasileños a una plataforma regional, alternativa a la insistencia de EEUU en las llamadas Cumbres de América, para formalizar el Área de Libre Comercuioi de las Américas (ALCA)

En la propuesta brasileña que se discutía en las cancillerías sudamericanas, destacaban los temas de financiamiento e infraestructura (en especial previstos para la expansión de las trasnacionales brasileñas como los grupos Odebrecht, Camargo Correia, Andrade Gutierres, OAS, entre otros), para lo cual ya había creado el Banco Nacional de Desarrollo (Bndes), con alcance regional.

Convergencia

Ante el arcoiris de organismo de cooperación, diálogo e integración subregional, muchos de ellos en crisis y/o parálisis, se hace necesario pensar en una matriz de convergencia, de forma de terminar con la confusión, el caos, las duplicidades y los costos burocráticos innecesarios, que hoy sirven para satanizarlos desde los gobiernos de derecha, alineados con Washington.

Mercosur, Unasur, ALBA, la Alianza del Pacífico, el Sistema de Integración Centroamericana, la Integración Caribeña, el Pacto Amazónico, entre otros, debieran converger hacia una CELAC fortalecida, con una Secretaría General fuerte que permita que todos los países unificadamente puedan encontrar unos caminos comunes para salir todos adelante, propone Samper.

Ya que Brasil está renunciando a su protagonismo desde Unasur y Mercosur y a través de su búsqueda de entendimientos con la Alianza del Pacífico, hoy aparece México, con una política exterior –aparentemente- latinoamericanista, que bien pudiera liderar esta convergencia en la Celac, y rescatar los procesos que llevaron tanto esfuerzo y que por fin presentaron a nuestra región unida, coordinada, ante el mundo.

Más allá que simbólicamente se quiere sepultar al Mercosur, a la Unasur y a la Celac, los organismos de coordinación-integración eminentemente latinoamericano-caribeños (sin participación de Estados Unidos y Canadá), puede significar la agonía de la OEA, tan dependiente de Washington y tan carente de credibilidad.

Aram Aharonian

Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)


https://www.alainet.org/es/articulo/197641

jueves, 23 de agosto de 2018

Chau Unasur, adiós a la paz, ¿Sudamérica será zona de guerra?



En Colombia se respira una atmósfera de zozobra e inestabilidad social, tras el asesinato de 330 líderes sociales, la amenaza permanente a periodistas y el temor a que Iván Duque, el nuevo mandatario, se aventure en dos guerras: una interna y otra contra su vecino, Venezuela.
“La única forma de tratar de unir a la nación es inventando un enemigo externo, para apelar al nacionalismo, una guerra contra los “castrocomunistas” venezolanos, desviando la atención de la continuidad del genocidio interno y la crisis social, económica y financiera”, señala el analista Camilo Rengifo.
Durante cuatro períodos presidenciales, Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos, quien además fue ministro de Defensa del primero en epócas de los “falsos positivos” –campesinos asesinados y vestidos con ropa de guerrilleros para mostrar a la prensa victorias militares-, la hipótesis del conflicto siempre estuvo en al aire, en guerras de micrófonos o con injerencia directa en asuntos internos del vecino del noroeste.
Y, los mentideros políticos señalan que Santos quiso despedirse del gobierno apoyando el intento (frustrado) de magnicidio del presidente venezolano Nicolás Maduro, el 4 de agosto último. Pero esta última jugada del benemérito Nóbel de la Paz, no le salió bien.
James Mattis, secretario de Defensa de los Estados Unidos visitó a mediados de agosto Brasil, Chile, Colombia y Argentina, con una agenda que insistía en el tema de la inestabilidad política y la supuesta crisis humanitaria de Venezuela, que podría afectar el escenario regional, junto al temor por un conflicto armado entre Colombia y Venezuela tras el atentado fallido -con drones cargados de explosivos- contra Nicolás Maduro.
La gira busca resaltar los vínculos de Washington con lo que considera su patio trasero, según destaca un comunicado del Pentágono, pese a que EEUU no ofreció todavía ninguna agenda positiva de cooperación. Las alianzas panamericanas han sido punto focal de las visitas, este mismo año, del exsecretario de Estado Rex Tillerson, su sucesor Mike Pompeo y del vicepresidente Mike Pence a la región.
El ministro brasileño de Defensa, Joaquim Silva e Luna, dijo que entendió bien lo que quiso decir Mattis, “pero eso es una disputa comercial en todo el mundo; hay una gran reorganización en todo el mundo, en Asia, en la Unión Europea, es una disputa de mercado” y señaló que es posible que Brasil se beneficie de una guerra comercial entre EEUU y China.
Según Mattis, su país apoya “decisiones soberanas de estados soberanos, pero advirtió de “invasiones de otros países. El libreto pareciera convertir a Latinoamérica en un campo del juego geopolítico estadounidense.
Otra preocupación del mandamás del Pentágono es la reunión en Argentina del G-20, donde el anfitrión tiene responsabilidades en defensa y seguridad de los líderes del mundo “desarrollado”, que permitan la asistencia de Donald Trump: cómo participar de manera discreta sin resentir las pasiones nacionales. La propuesta de Mattis fue la posible cesión de equipos para un área específica; la prevención de ciberataques, con “inhibidores” de circulación de drones.
En los países visitados, Mattis auscultó la influencia y presencia en Sudamérica de dos rivales, China y Rusia. Y al respecto señaló que “hay más de una forma de perder la soberanía en este mundo. No es sólo por las bayonetas. Puede ser con países que llegan ofreciendo regalos, préstamos amplios que acumulan deudas masivas en otros países a sabiendas de que no podrán repagarlas, es lo que parecen ser los préstamos chinos a naciones como Venezuela y Filipinas”.
En este viaje, el jefe de Pentágono ultimó detalles sobre el tratado con Chile para que ambos gobiernos colaboren en materia de ciberseguridad. En Colombia, arregló el envío de un “buque hospital” estadounidense a las costas del Pacífico colombiano, con el propósito, dijo, de ayudar a sortear la crisis humanitaria que acecha al país, derivada de la llegada de miles de venezolanos.
La visita de Mattis a la región se produjo tras el encuentro del titular de la Armada estadounidense con sus pares de Argentina, Brasil y Chile en Cartagena, Colombia, en el marco de la 28 Conferencia Naval Interamericana que congregó a los jeraracas navales de Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú y Uruguay.
La fachada para imponer un bloqueo marítimo a Venezuela podría ser el eufemísticamente llamado ejercicio naval multinacional Unitas Lix-2018, del que Colombia será anfitriona en septiembre próximo, señala el analista mexicano-uruguayo Carlos Fazio.
El atentado buscaba que el poder fuera transferido sin demora a las “autoridades civiles legítimas, miembros de la Asamblea Nacional” presidida por Julio Borges, tras “liberar” una zona del país e instalar allí un “gobierno paralelo” que ejerciera funciones de hecho, con el respaldo de Washington, sus socios de la OTAN y el Grupo de Lima.
Hoy la producción de coca alcanza en Colombia niveles record, grupos armados ilegales luchan por territorios en los que el Estado tiene escasa o nula presencia y una oleada de 330 asesinatos de activistas sociales en los últimos meses, mostró que la paz sigue siendo un término relativo.
Si Iván Duque, el nuevo presidente -que quiere reformular el acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC que su antecesor Juan Manuel Santos se abstuvo de implementar-no logra llevar el Estado a las zonas rurales, hoy en manos de narcotraficantes y paramilitares (o no está interesado en ello), poco cambiará en Colombia, que registró al menos 260 mil muertos, 60 mil desaparecidos y más de siete millones de desplazados. 
¿Fin de la zona de paz?
La coordinación conservadora de varios presidentes suramericanos lograron desmontar los más importantes avances de la integración de los países de América del Sur que conformaron la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) como bloque referente de las relaciones mundiales marcadas por la multipolaridad de potencias y de proyectos integracionistas regionales y declararon a la región como zona de paz.
La potencia económica y política de los gobiernos de Argentina y Brail, respaldados por los presidentes de Perú, Chile, Colombia y Paraguay (el denominado Grupo de Lima), comenzó su tarea destructiva en abril pasado, cuando determinaron “suspender su participación” en el organismo
Y el momento “adecuado” (la asunción de la presidencia pro-tempore de Bolivia) finalizó dos años de sigilosos movimientos de debilitamiento y parálisis de todos los proyectos integracionistas construidos al margen de la influencia y predomino de Estados Unidos: Mercosur, ALBA, CELAC y Unasur.
Desmantelados los organismos de integración horizontal, vuelve el poder del panamericanismo monroista -América para los (norte)americanos-, dejando en pie a la Organización de Estados Americanos (OEA), bajo la tutela de Washington. Pero no logran consenso, porque Nicaragua, Venezuela y Bolivia, al menos, se oponen a la injerencia en asuntos internos de otros países. Y por eso, EEUU trata de desestabilizar sus gobiernos con todos los medios posibles,
La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), creada en 2008, auspició el Consejo de Defensa Sudamericano, integrado por 12 países, que entre sus propósitos principales tuvo consolidar a la región como zona de paz y servir de contrapeso a los afanes intervencionistas del Pentágono en los ejércitos locales, con fines de alineamiento y adoctrinamiento.
Pero la contraofensiva conservadora y del Comando Sur del Pentágono siguió adelamte. En mayo último, Juan Manuel Santos anunció que Colombia – con siete bases estadounidenses en su territorio- se sumaba como “socio global” de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, máximo exponente de las intervenciones militares, abiertas y encubiertas, después de la guerra fría. Ahora Chile quiere seguir el mismo camino.
Y ahora, de la mano del embajador de EEUU en Bogotá, Kevin Whitaker el nuevo presidente colombiano, Iván Duque, apadrinado por Álvaro Uribe, sindicado como genocida y unido al narcotráfico y el paramilitarismo, quiere ser protagonista del “Golpe Maestro”.
Este plan, fue diseñado por el almirante Kurt Tidd, jefe del Comando Sur, quien aspira a que el gobierno bolivariano sea derrocado a través de una “operación militar bajo bandera internacional, patrocinada por la Conferencia de los Ejércitos Latinoamericanos, bajo la protección de la OEA y la supervisión, en el contexto legal y mediático del secretario general, Luis Almagro”.
Según se supo en el Congreso estadounidense, Duque tiene una estrategia para negociar con EEUU una dispensa para Colombia con los aranceles de importación del acero y el aluminio: manejar la guerra encubierta del Pentágono contra Venezuela, desde la frontera colombiana.
A inicios de julio y antes de asumir la presidencia, negoció en Washington con el vicepresidente Mike Pence, el secretario de Estado, Mike Pompeo, la directora de la Agencia Central de Inteligencia, Gina Haspel, el zar antidrogas James Carrol, y el asesor de Seguridad Nacional, el superhalcón John Bolton.
A Pence, “preocupado” por la supuesta amenaza a Colombia de la “dictadura” de Maduro –como ya se lo había manifestado a Santos en su visita a Bogotá y en la reunión cuando la Cumbre de la OEA en Lima- le solicitó apoyo en materia militar, de inteligencia y seguridad.
El 10 de agosto, tres días después de asumir la Presidencia, anunció el retiro “irreversible” de Colombia de Unasur y abogó por la aplicación de la Carta Democrática de la OEA contra Venezuela, tras prometer que llevaría a Maduro ante la Corte Penal Internacional, la misma “justicia” internacional, donde Uribe, está acusado por crímenes de lesa humanidad, y donde hacen cola los mexicanos Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.
Un día antes, en la sede de la cancillería colombiana en Bogotá, el nuevo ministro del exterior, Carlos Holmes Trujillo, se reunió con Julio Borges, sindicado como uno de los coautores intelectuales del frustrado magnicidio del presidente venezolano Nicolás Maduro, para expresarle el “apoyo incondicional” del gobierno de Duque para “rescatar la democracia y la legalidad en Venezuela”.
Gustavo Álvarez Gardeazábal, al criticar las declaraciones de Duque en Washington, cuando afirmó que iba a liderar un bloque latinoamericano contra Maduro, en una nota titulada “¿A la guerra?’, advertía que así un presidente no esté de acuerdo con la ideología de una nación, no puede comenzar a hacer declaraciones que vayan en contra del principio del respeto soberano.Y advertía que si la guerra llegase a suceder con el país hermano, Colombia perdería “pues Venezuela está mejor armada que nosotros”.
La periodista María Jimena Duzán, en su última columna antes de que la amenazaran, recordaba las declaraciones del general retirado Leonardo Barrero (“Prepárense porque vuelve la guerra”) y se preguntaba cuál será el blanco principal de esta nueva guerra anunciada: ¿los líderes sociales que están cayendo como moscas, los ocho millones de ciudadanos que votaron por Petro, los diez millones de personas que votaron por Duque y que aún creen en ‘pajaritos en el aire’?
Paralelamente, desde junio está en Cúcuta y Maicao, poblaciones fronterizas con Venezuela, un contingente de “cascos blancos” de la cancillería argentina. Gabriel Fucks, extitular de estos “contingentes de paz”, señaló que la misión en la frontera colombiano-venezolana, más que una acción de asistencia sanitaria, forma parte de una política de presión contra Venezuela.
No es de extrañar que el gobierno de Mauricio Macri se haya sumado a los planes estadounidense-colombianos, dada su posición subordinada en la OEA. Macri, además, aceptó desplegar en el territorio argentino una nueva red de bases militares estadounidenses: una en Neuquén, en el estratégico sur patagónico, cerca de la reserva gasífera de Vaca Muerta, financiada por el Comando Sur con “ayuda humanitaria” y dos en Tierra de Fuego, la de Tolhuin y la de Ushuaia.
Un vasta frontera caliente
La mayor parte de los problemas que se suscitaron históricamente y se siguen suscitando en extensa frontera común de más de 2.200 kilómetros, los genera la actitud del establishment colombiano, generando tensiones que en algunos casos han estado a punto de desencadenar conflictos de carácter bélico, a veces alegando presuntas reivindicaciones territoriales.
Generar tensiones con Venezuela sirve para desviar la atención de la violencia de seis décadas en Colombia, parte de la normalidad en ese país y que contrasta en las últimas dos décadas por la existencia de sistemas sociales, económicos y políticos contrapuestos. El mensaje de la conducción política colombiana y los medios de comunicación hegemónicos, no ha cambiado: su lenguaje es agresivo, belicoso, xenófobo y permanentemente amenazante.
El periodista José Vicente Rangel, exvicepresidente y excanciller venezolano, señala que la provocación en política siempre ha estado en la base de cualquier aventura. Dos períodos constitucionales de Álvaro Uribe, dos de Juan Manuel Santos y el próximo de Iván Duque, cuyo lenguaje provocador antes de tomar posesión del cargo, es el mismo de sus predecesores.
La oligarquía y la derecha colombianas tienen planes políticos y militares contra Venezuela, no de ahora, con motivo del desarrollo del proceso bolivariano contra el cual aducen razones de carácter ideológico, sino de muy atrás en el tiempo, durante otros gobiernos venezolanos. Desde el intento de usurpación de los derechos venezolanos sobre Los Monjes, la provocación de la fragata Caldas en el Golfo de Venezuela
El poder fáctico colombiano ha estado involucrado en múltiples operaciones contra Venezuela: comerciales financieras en la frontera, con el contrabando de extracción, con la actuación de grupos paramilitares, infiltrando unidades a través de la frontera a fin de generar actos terroristas en territorio venezolano.
Uribe instrumentó una alianza con la oposición venezolana golpista, a la que orientó y financió abiertamente, e incluso se lamentó, en una insólita declaración, no haber tenido tiempo –siendo presidente– para atacar militarmente a Venezuela (a lo cual, por cierto, Chávez le contestó que lo que le faltó fueron cojones).
Santos, sibilino y de la aristocracia bogotana, intrigó en organismo internacionales y en gobiernos de la región para adelantar una campaña consistente en afirmar que con motivo de la elección de la Asamblea Nacional Constituyente, Maduro había acabado con la democracia venezolana, y se negó a reconocer su reelección.
El atentado que quiso acelerarlo todo
El 4 de agosto, durante la parada militar por el aniversario de la Guardia Nacional un grupo terrorista atentó con drones DJI M600 -de última generación, con un rendimiento de vuelo mejorando y una mayor capacidad de carga, utilizados con fines industriales y profesionales de diversos rubros, incluidos los militares- cargados de explosivos contra el presidente Maduro, para intentar conseguir por la vía del magnicidio lo que la oposición de ultraderecha no ha podido conseguir en una veintena de elecciones.
Tampoco lo logró con el golpe de Estado de 2002 contra el presidente Hugo Chávez, ni con el sabotaje petrolero de 2002-2003, ni con la desestabilización y las guarimbas de 2014 y 2017 desarrolladas éstas por sectores radical proestadouniodenses de la oposición venezolana, con el apoyo y financiamiento de Washington, Madrid y Bogotá , el aliento de la jerarquía conservadora de la Iglesia católica y los medios hegemónicos cartelizados, nacional y trasnacionales.Ni siquiera con las sanciones y la guerra económica, y la guerra de Cuarta generación, con campañas de intoxicación mediática, sabotajes y actos violentos, con apoyo de la Organización de Estados Americanos y los gobiernos del llamado Grupo de Lima.
Según los expertos, uno de los drones usó como explosivo pólvora y pentrita y el otro pólvora y C-4 (explosivo plástico de uso militar utilizado en las operaciones de bandera falsa de la Red Gladio de la OTAN y también por agentes de la CIA para derribar la aeronave de Cubana de Aviación sobre Barbados, en 1976 (murieron 73 personas), y en el asesinato del excanciller de Salvador Allende, Orlando Letelier, en Washington, ese mismo año.
Obviamente el Comando Sur estadounidense no detuvo sus planes por el fracaso del atentado con drones, que debía provocar –de acuerdo al plan- un asesinato en masa de líderes civiles y militares en Venezuela, el caos social y una guerra civil, sino que sigue tratando de generar divisiones en las Fuerzas Armadas bolivarianas, para impulsar algún levantamiento en guarniciones castrenses, como lo intentaran en el Fuerte Paramacay.
Los frustrados magnicidas confesaron que recibieron entrenamiento en la finca Atalanta en el departamento colombiano Norte de Santander, donde aprendieron a manejar drones, a cambio de 50 millones de dólares y residencia en Estados Unidos (no en Guantánamo).
Tras el atentado terrorista, la mayoría de los presidentes (¿conocían el plan?), mantuvieron silencio, minimizaron el incidente con drones, relativizaron el atentado o silenciaron la tentativa de magnicidio y el acto de terrorismo, y cuándo no, recuperando las nociones oscurantistas de siempre, lo calificaron como un “montaje”, “autoatentado” o “maniobra”. En los hechos estaban validando el (su) fracaso..
Colofón
Quedan muchas interrogantes: ¿Qué pasaría con los pueblos: aceptarían una guerra? ¿Es este todo el escenario deseado por todo el gran capital? ¿Qué actitud tomarían China y Rusia, por ejemplo? ¿Qué pasará en EEUU con las elecciones parlamentarias? ¿El gran capital seguirá apoyando a Trump o preferirá su reemplazo por Pence?
Sin duda hay que llamar a una actitud activa por la paz, crear conciencia de los peligros que corre Latinoamérica toda. Es la paz o la destrucción. Es el futuro de la región.
Aram Aharonian. Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la).

martes, 14 de agosto de 2018

Poderoso golpe contra UNASUR

Dramáticos días para la integración latinoamericana



Eduardo Paz Rada
Rebelión

La coordinación conservadora de los presidentes de Argentina, Mauricio Macri, y de Brasil, Michel Temer, ha conseguido desmontar los más importantes avances de la integración de los países de América del Sur que, en los pasados diez años, conformaron la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) como bloque referente de las relaciones mundiales marcadas por la multipolaridad de potencias y de proyectos integracionistas regionales.

La potencia económica y política de los dos gobiernos, respaldados por los presidentes de Perú, Chile, Colombia y Paraguay (el denominado Grupo de Lima), consiguió hacer tambalear las estructuras integradoras de la región en abril pasado, cuando determinaron “suspender su participación” en el organismo de confluencia de intereses y proyectos de unidad, anhelados durante casi dos siglos desde que Bolivar y San Martín lucharon por constituir la Patria Grande durante la Guerra de la Independencia. Ahora, el presidente conservador de Colombia Ivan Duque ha anunciado el “retiro” de Colombia de UNASUR.

Encontraron el momento preciso --la asunción de la presidencia Pro-Tempore de Bolivia en UNASUR-- para dar curso a su ofensiva conservadora y neoliberal en la región después de dos años de sigilosos movimientos de debilitamiento y parálisis de todos los proyectos integracionistas construidos al margen de la influencia y predomino de Estados Unidos: MERCOSUR, ALBA, CELAC y UNASUR.

VENGANZA HISTÓRICA

El trasfondo de esta decisión está vinculado a la “venganza histórica” del gobierno de Washington y de las clases y grupos aliados a su estrategia en la región latinoamericana por los avances conseguidos en los procesos nacionalistas, antiimperialistas y bolivarianos de los primeros tres lustros del siglo XXI. A pesar, incluso, del maltrato que reciben Macri y Temer del gobierno de Estados Unidos y de la profunda crisis económica y social que han producido en sus países.

La figura, liderazgo y carisma del comandante Hugo Chavez fueron trascendentales en la construcción de la integración emancipadora tanto por su rescate de la memoria histórica de las grandes gestas revolucionarias, como el haber desarrollado un proyecto político e ideológico que sentó las bases de la proyección latinoamericanista y caribeña hacia el siglo XXI. Ya el general Perón de Argentina y el general Torrijos de Panamá habían sentenciado que el siglo XXI nos encontrará “unidos o dominados”.

En estos años se recuperó el proyecto bolivariano de la unidad regional latinoamericana y caribeña al producirse primero el rechazo al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) en la Cumbre Presidencial de Mar del Plata, en 2005, en la que confluyeron los movimientos sociales y populares en coordinación con los gobiernos de los países de la región para impulsar una vía emancipadora e independiente, e ir construyendo después los organismos encargados de impulsar y llevar adelante la unidad.

UNASUR EN LA GEOPOLÍTICA MUNDIAL

De esta manera América Latina y el Caribe se convirtieron, en la acción unitaria y coordinada, en un interlocutor y protagonista de importancia mundial para debatir y promover estrategias propias frente a las potencias internacionales como Estados Unidos, Rusia, China e India, o a regiones que actúan cohesionadas defendiendo sus intereses.

Las políticas de defensa y protección, la recuperación del Estado como conductor económico, la recuperación industrial y las políticas de protección social y redistribución de la riqueza fueron rasgos centrales de los gobiernos reformistas.

En ese contexto, Brasil adquirió un lugar preponderante en el orbe no solamente porque encabezaba a una región de más de 650 millones de habitantes y con las reservas mundiales más importantes de recursos estratégicos como agua, energía eléctrica, bosques, hidrocarburos, biodiversidad y minerales diversos, lo cual lo posicionó en la confluencia BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) capaz de definir los destinos políticos, económicos y sociales de la humanidad y del planeta.

Al mismo tiempo, los distintos países de la región abrieron caminos importantes de relacionamiento con los países del Oriente Medio, del Asia Pacífico y África en una óptima perspectiva de consolidar las relaciones horizontales Sur-Sur como alternativa a la vertical e impositiva relación Norte-Sur, recogiendo así las experiencias solidarias del tercermundismo de la Organización de Países No Alineados (MNOAL).

RETROCESO INTEGRACIONISTA

Ante el retroceso integracionista de UNASUR y la suspensión de la participación de Brasil, el ex Canciller brasileño Celso Amorin manifestó que es “una decisión lamentable, una decisión absurda de geopolítica”. En el mismo sentido las organizaciones sindicales, populares y sectores de la izquierda de la región se manifestaron repudiando la decisión de los gobiernos neoliberales.

Entretanto, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dejó plantados a los miembros del Grupo de Lima en la Cumbre presidencial y el maltrato y desprecio de la cabeza del imperio ha sido clara frente a la genuflexión de presidentes como Macri, Kuczynski (expulsado de la presidencia de Perú por corrupción), Piñera o Duque.

Por otra parte, durante los últimos dos años no han cejado los esfuerzos por reflotar la OEA como referente hemisférico, especialmente con la finalidad de coadyuvar a la conspiración lanzada contra el gobierno del Presidente Nicolás Maduro de Venezuela, teniendo al Secretario General Luis Almagro como a uno de sus alfiles más peligrosos.

El panorama de multipolaridad mundial, en medio de la crisis del capitalismo occidental en Estados Unidos y Europa y el avance de China en la economía y política internacional demanda una estrategia propia de América Latina, en la que los movimientos populares, los sindicatos, y el pueblo reclaman retomar la senda de la unidad y la integración para que sean los conductos hacia la liberación y la independencia plena de América Latina y el Caribe.

Eduardo Paz Rada. Sociólogo boliviano y docente de la UMSA. Escribe en publicaciones de Bolivia y América Latina.

domingo, 29 de julio de 2018

Agenda de movilización por UNASUR y la integración regional será debatida en encuentro internacional de organizaciones sociales


FCINA

En conferencia de prensa, miembros de colectivos que impulsan el evento internacional “Los Pueblos Somos Unasur” denunciaron “los hechos que involucran atentados contra la integración latinoamericana y el sueño y la posibilidad de construir la Patria Grande”.

Así lo expresó Elena Marchán, integrante del comité organizador, quien agregó que la jornada prevista para este 28 de Julio frente a la UNASUR tiene la intención de ser un encuentro, pero también de permitir establecer líneas para una movilización permanente de todas las organizaciones desde todos los países en defensa del organismo continental.

Por su parte, Yumac Ortiz, del Comité ecuatoriano de Solidaridad con Bolivia –agrupación también convocante– indicó que tendrán lugar mesas y debates en los cuales “se va a construir un tejido de lo que representa UNASUR, la integración, la paz de los pueblos y sobre todo, la soberanía y las libertades.”

Ortiz rescató además cómo la UNASUR pudo conformarse a pesar de las diversidades culturales e ideológicas. Junto a exhortar a los gobiernos a reunirse para solucionar las divergencias planteadas luego de la salida del anterior Secretario General Ernesto Samper, remarcó que “los pueblos estamos atentos y no vamos a permitir que se desvanezca la UNASUR.”

Entre las temáticas a ser tratadas en el transcurso del Encuentro está la evaluación de la experiencia de los mecanismos de integración suramericanos y los retos de la participación ciudadana en Unasur, Alba y Celac, como así también la cuestión de los jóvenes como sujeto social de integración.

En otras mesas, las deliberaciones girarán en torno a la solidaridad internacional como mecanismo de los pueblos y la multiplicación de la experiencia del modelo “Todos somos Unasur”.

También está prevista la creación de la Red de Conocimiento del Sur y la Red Cultural por la Identidad y Unidad, al par de desarrollarse en el transcurso del evento distintas actividades de tipo artístico.

La convocatoria de los movimientos y las organizaciones sociales asume un papel central para la reactivación del proceso integrador, toda vez que los gobiernos de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Perú anunciaron la suspensión de su actividad en UNASUR pocos días después del inicio de la presidencia Pro Témpore de Bolivia.

A las dificultades de financiamiento y articulación que esta medida supone, se ha sumado el reciente anuncio del presidente Moreno acerca de la intención de su gobierno de solicitar la devolución del edificio sede de la Secretaría General, donado por Ecuador a UNASUR en 2016.

En este contexto, el Encuentro Internacional “Los Pueblos somos UNASUR” pretende generar una estrategia regional permanente de movilización social en reivindicación de la vigencia de UNASUR y de los procesos de integración, la defensa de la soberanía, la democracia y los derechos humanos en Suramérica, al tiempo de fortalecer la lucha por preservar a la región como Territorio de Paz.

Foro de Comunicación para la Integración de NuestrAmérica - FCINA

sábado, 26 de mayo de 2018

¿Qué le pasó a la UNASUR?

Alainet

La Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) entró en funciones en agosto del 2008 a través del Tratado Constitutivo de la Unión de Naciones Suramericanas, firmado por Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela y fue ratificado con su firma en marzo del 2011.
La búsqueda de su constitución fue motivada por la interferencia abierta de Estados Unidos en la vida política de Bolivia tras tres años de acciones sistemáticas de desestabilización incluyendo un intento de guerra interna, luego que Evo Morales fuera electo presidente.
El presidente Morales conversó con los presidentes Kirchner y Lula y acordaron que lo correcto era organizar un espacio de discusión autónomo que fuera autónomo de la OEA. El presidente Chávez estuvo de acuerdo con esto y se organizó la reunión de Brasilia del 2008 donde se juntó por primera vez UNASUR. Esto era un espacio análogo al Consejo de Europa para discutir temas de manera autónoma, sin interferencias extra regionales. UNASUR puso en evidencia que había una distancia entre América del Norte y Central que terminan en Panamá y América del Sur. También evidenció que la interfere4nciao en Sudamérica era inaceptable mientras que la otra mitad del hemisferio estaban abiertamente subordinados y era irremediable.
Apoyados en la convergencia política y económica de los gobiernos progresistas de Lula en Brasil, de Michelle Bachelet en Chile, Tabaré Vázquez en Uruguay, de Hugo Chávez en Venezuela, de Evo Morales en Bolivia, de Rafael Correa en Ecuador y de Cristina Fernández en Argentina, se conformó el bloque político más grande en la historia del continente. Desde entonces, sobre un particular esquema de integración definido como regionalismo abierto, a UNASUR le hubiera gustado conformar el Mercado Común del Sur, juntando Mercosur (1991), con la Comunidad Andina (1993) pero al final no se logró. Se fortaleció, en cambio, la autonomía de la región en materia de gestión de crisis política y construcción de condiciones regionales para superar las limitaciones de cooperación que impone la estructura de la Organización Estados Americanos (OEA) y la influencia de EEUU en el continente. Se avanzó de manera importante en la discusión sobre cooperación financiera regional y la promoción de fondos regionales de desarrollo, con la fundación del Banco del Sur y el lanzamiento en Quito en el 2007 de la arquitectura financiera regional.
UNASUR enfrentó cambios en la convergencia de sus objetivos regionales con los giros políticos de los gobiernos de Argentina (2015), Brasil (2016) y Chile (2017). Los desacuerdos y división generados llegaron al punto en que el organismo operó, desde el 31 de enero de 2017, sin Secretario General por falta de acuerdo; sin acuerdos en la agenda; ni consenso sobre las reuniones de los órganos colectivos de decisión; mientras que cada vez eran más repetidos los enfrentamiento políticos entre las facciones de los gobiernos. El organismo cayó en una situación de parálisis institucional que tornó su operación ineficiente, e irrelevante. En este marco se creó el grupo de Lima en agosto del 2017 para enfrentar al gobierno de Venezuela, por iniciativa del gobierno peruano, tomando los gobiernos sudamericanos un papel a la inversa del de UNASUR.
Una semana después de la VIII Cumbre de las Américas en Lima, y dos días después del nombramiento de la presidencia pro tempore boliviana de UNASUR, el 20 de abril de 2018 presentaron su baja temporal e indefinida de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Perú. Esta decisión fue anunciada bajo la consigna de la no reincorporación hasta que “no se garantice el funcionamiento adecuado de la organización”. Con esto, UNASUR se quedó con seis miembros activos, menos de la mitad más uno, lo cual la dejó sin fondos y sin poder de decisión, y la convirtió en un organismo únicamente testimonial. Se truncó este esquema de integración política como antes se truncaron todas las iniciativas planteadas desde que Bolívar primero, Diego Portales y Juan Bautista Alberdi, pensaron esquemas de integración recién obtenida la independencia de España.
La retirada de estos seis países se vincula, por una parte, con los diversos mecanismos de presión del gobierno estadounidense contra los esquemas de integración regionales en el tiempo. Esta vez el pretexto fue la oposición a Nicolás Maduro, en Venezuela vía el Grupo de Lima. Los seis miembros que suspendieron su participación son, casualmente, los mismos que se unieron a EEUU en la campaña de condena a Venezuela por violación de los derechos humanos y que pueden ser identificados como las “repúblicas de los empresarios”. Por otro parte, su salida expresa la divergencia política que existe entre los gobiernos suramericanos. Después de una década y media de gobiernos progresistas, con fortalecimiento de mercado interno y promoción de la integración regional, con el regreso de las repúblicas de los empresarios, se han fortalecido las políticas neoliberales de desregulación económica, crecimiento liderado por exportaciones y fortalecimiento de las políticas panamericanistas con EEUU. En la nueva visión no hay disputa por la autonomía política sino que los países latinoamericanos son vistos por el gobierno estadounidense como “un perro simpático que está durmiendo en la alfombrita y no genera ningún problema”. (Kuczynski, Discurso en la Universidad de Princeton. Febrero, 2017). Es una clara expresión de la subordinación esperada y obtenida, en la relación amo/siervo.
De manera oficial, la salida fue atribuida a la objeción al uso del consenso para la toma de decisiones. El desacuerdo que mostraron Venezuela y Bolivia a la candidatura argentina de Octavio Bordón, para la Secretaría General, fue percibida como un veto político y juzgada como parte del entrampe ideológico en el que había caído el organismo. Sin embargo, no ha sido casual la reaparición en escena de la OEA como el organismos de choque y truncamiento del proyecto de integración regional autónomo.
Desde su fundación, UNASUR planteó conformarse como un bloque regional que permitiera autonomía regional, especialmente comercial y financiera, frente a la subordinación y dependencia a las instituciones multilaterales del Consenso de Washington. La pérdida de un organismo regional como éste representa, no sólo un retroceso político en términos de integración, sino el reforzamiento del patrón económico neoliberal y dependiente del modelo primario exportador, en el marco de una guerra comercial entre Oriente y Occidente. El vaciamiento de UNASUR abre la puerta a la intervención legitimada, económica y política, de EEUU en Suramérica, donde el tema estuvo en discusión.
De la misma manera como el ALADI se truncó, y el ALALC, antes, y el Pacto Andino y la Comunidad Andina y el SIECA, y el Acuerdo de la Cuenca del Plata de 1941, ahora se trunca UNASUR. Queda claro que las elites sudamericanas se dividen entre las primario exportadores y las industrialistas, las modernizantes y las tradicionales y que estás últimas ahora están atadas al capital financiero internacional; con lo que la subordinación al mercado financiero y al capital trasnacional es rentable en términos financieros y políticos. Para esto la subordinación política es indispensable. De este modo, América Latina está, otra vez, a merced de las disputas hegemónicas y los intereses particulares en el continente, ahora encarnadas por el conflicto China, Rusia y EEUU y sus capitales trasnacionales. La subordinación ideológica parece ser el factor en común de todos los truncamientos en el tiempo.
Oscar Ugarteche, economista peruano, es investigador titular del Instituto de Investigaciones Económicas UNAM (México), SNI/CONACYT, Coordinador del proyecto Obela www.obela.org. Armando Negrete es integrante del proyecto OBELA, Técnico Académico IIEC UNAM. 

jueves, 17 de mayo de 2018

La partida de defunción de la Unasur


El Correo de la Diáspora

El gobierno argentino, junto al de Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Perú, ha firmado la partida de defunción de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), llevada a cabo por nuestra cancillería. Esta decisión marca una línea política internacional respecto de la región,totalmente contrapuesta a la tradicional que en el siglo pasado, impulsaron Yrigoyen y Perón.
Fuera de nuestro contexto actual, esta decisión parecería desopilante, pero desde la perspectiva de una administración que desde sus primeros actos –y a costa de descalabrar la economía nacional–, no cesa de transferir riqueza a los más ricos, resulta claramente coherente.
Pero no se trata de una coherencia ideológica, como podía ser la de la oligarquía de los años treinta del siglo pasado. Tampoco se agota en un simple alineamiento, como el de las dictaduras de seguridad nacional, sino que su coherencia es mucho más sustancial con la realidad. La clave de la íntima coherencia con la acción de gobierno la expuso sin tapujos el ministro Faurie, tratando de justificar ese lamentable voto que, por cierto, nos debe doler a todos los argentinos.
En efecto : el ministro explicó que lo hicieron porque la Unasur era una « tribuna de discusión ideológica y política ». Lamentó que la Unasur se haya convertido « en un escenario de discusión de posiciones políticas e ideológicas ». Es decir que, si un foro regional discute políticas e ideologías, merece ser descalificado por el ministro, como vocero del gobierno que integra. En otras palabras : el gobierno confiesa, por medio de su ministro, que no tolera discusiones ideológicas y políticas en un foro regional.
Podría pensarse que esa desvaloración de la « ideología » y de la « política » responde a la famosa « muerte de las ideologías » (que también es una « ideología ») y a la « antipolítica » propiciada por el corporativismo financiero, que va ocupando el lugar de la política, con su consabido método « lawfare » [Guerra Jurídica] de mostrar a ésta como corrupta y a los chief executive officers como vírgenes morales.
Pero la coincidencia del ministro con su gobierno no se eleva ni siquiera hasta esos bajísimos niveles de abstracción, sino que vuela aún mucho más bajo, quedándose en el puro terreno pragmático y empírico que caracteriza toda la acción de la actual administración en su inexorable y desorganizado avance catastrófico.
En ese nivel de baja y casi nula intensidad de ideas, responde a la realidad de una acción gubernamental que carece de toda política, pero sobre todo de política económica, puesto que no responde a la mínima coherencia de ideas y fines que, necesariamente, requiere una política, salvo que se presuma que persigue como objetivo la falencia o quiebra, lo que no es bueno, porque no es recomendable la presunción de dolo.
Este fenómeno de incoherencia extrema sólo podemos entenderlo si también nosotros nos damos cuenta de que, al caracterizar al actual gobierno como representante vernáculo del capitalismo financiero más despiadado, pasamos por alto que no se trata de un frente unido, sino de un conjunto de intereses sectoriales dispares, que sólo se coaligaron coyunturalmente para desplazar a la política y transferir riqueza.
Conforme a los dispares intereses que les llevaron a coaligarse, cada uno sigue tirando para su lado y le cobra al gobierno por su participación en la empresa de alcanzar el poder y de no quitarle apoyo, que éste paga religiosamente y, por ende, el resultado es el caos en que va sumergiendo a la sociedad.
No se trata de una situación que pueda caracterizarse metafóricamente como la imagen de la orquesta sin director, sino que debe apelarse a imaginar el ruido infernal de una orquesta en que cada músico ejecuta una partitura diferente, eligiendo del repertorio la que más le interesa.
Esta es la verdadera razón del rechazo a las ideologías y a la política que el ministro expresa en la justificación de su lamentable papel regional. Es absolutamente sincero al rechazar las ideologías, porque éstas imponen una coherencia política de la que el gobierno es por completo incapaz, en razón de la disparidad de intereses que lo llevaron al poder y que ahora lo jaquean con sus incompatibles exigencias.
Esto explica que no haya cuestión ideológica alguna a la hora de valorar esta triste realidad presente, porque aún colocándonos ideológicamente en posición por completo dispar con el llamado « neoliberalismo » económico, debemos reconocer que, de aceptarse sus premisas, éste llega a consecuencias al menos coherentes con ellas. Pero nuestra realidad ni siquiera tiene nada que ver con Adam Smith, pues si estuviese vivo, el pobre escocés se horrorizaría viendo que se usa su nombre para explicar el caos de los intereses sectoriales satisfechos desorganizadamente.
La incoherencia no admite explicación ideológica y, por eso, no puede explicarse por « ortodoxos » ni por « heterodoxos », sino sólo por la crisis de intereses contrapuestos y descontrolados.
No es necesario ser economista, teorizar por lo alto sobre los ciclos económicos, hacer cálculos actuariales y hablar el dialecto propio de los técnicos, para caer en la cuenta de que, en cualquier caso, quien se endeuda y, al mismo tiempo, renuncia a su trabajo remunerado y los otros ingresos que obtiene los regala, es un anormal, un irresponsable o un pródigo que, irremisiblemente, caerá en cesación de pagos y luego en quiebra o en concurso civil.
En estas condiciones, las ideologías y la política no pueden menos que causarle pánico y repulsa al gobierno –como lo expresa su ministro–, porque en el terreno de esas discusiones quedaría al descubierto el escándalo de su carencia de ideas que armonizar en ideologías y, por ende, de su incapacidad para formular políticas.
En la discusión ideológica que proporciona base coherente a las políticas, es claro que no faltan algunas ideologías irracionales, pero la valoración de su racionalidad corresponde a la crítica de las ideologías, o sea, a la discusión ideológica, que es propia de la democracia e imprescindible para ella.
Las ideologías, entendidas como sistemas de ideas con cierto grado de coherencia para aproximarse a la comprensión de la realidad, deben discutirse en toda democracia, pero esta premisa no puede ser compartida por quienes toman medidas sin coherencia ideológica y, por ende, carecen de política, pues no merece ese nombre el conjunto de retribuciones al apoyo de intereses dispares.
Precisamente por eso,la actual administración no puede tolerar la discusión ideológica y política, tal como lo expresó claramente el ministro comisionado para la triste tarea de comunicar la decisión de acabar con la Unasur.
Cabría preguntarle al canciller qué encuentra de malo en que haya « un escenario de discusión de posiciones políticas e ideológicas » y, si fuese sincero, debería responder que no es bueno un foro donde le resultaría imposible ocultar o disimular la carencia de ideología y de política de su gobierno.
Lo cierto es que la Unasur ha dejado de ser ese foro. No existe un lugar donde discutir lo que el ministro y su gobierno consideran que no debe discutirse. Pero la discusión sigue siendo indispensable para las democracias y éstas deban avanzar, continuar y fortalecerse, a pesar de las decisiones de nuestro gobierno. Por ende, ahora que ya no se dispone de la Unasur, es necesario otro foro o espacio donde hacerlo.
Los partidos y movimientos políticos populares latinoamericanos deben pensar en eso. En medio de la peligrosa regresión que sufren los Derechos Humanos en el mundo y en nuestra región, las fuerzas políticas populares no pueden eludir la responsabilidad de discutir ideologías y políticas, para salvar y fortalecer los sistemas democráticos.
Se trata de un ineludible imperativo de la hora. El costo que están pagando los presos políticos en nuestro país, comenzando por el escándalo de la discriminación múltiple de Milagro Sala y siguiendo por todos los otros, como el que pagan nuestras clases humildes en necesidades no atendidas, en servicios públicos desvirtuados con tarifas al « costo », en jubilaciones y salarios, en violencia de la pobreza, tiene como contrapartida positiva el reforzamiento de la conciencia popular de Patria Grande.
Esa ventaja,producto del sufrimiento, no la pueden ignorar nuestros movimientos populares, para que el dolor y el sacrificio de las injusticias actuales no sea en vano. Llega la hora de discutir en grande las ideologías y las políticas, lo que obviamente no quiere nuestro gobierno, como lo expresa claramente por boca de su ministro. El interrogante, una vez extinguido la Unasur, es cómo y dónde hacerlo.
Sin descartar otros caminos, creemos que se debería comenzar a pensar en posibilidades tales como una Internacional Popular Latinamericana, abierta y generosa, con un amplio abanico de ideologías y políticas consecuentes, sin exclusiones, que abarque a todas las fuerzas políticas de la región que se ubican del lado de la soberanía, de la independencia económica y de la justicia social en convivencia democrática.
Nuestros Pueblos reclaman coherencia, frente a juegos de puro poder, sólo movidos por el cobro de sus aportes a la obtención del poder. Existe hoy una clara línea de división de aguas, que no llega gratuitamente, sino a costa de conciudadanos que sufren injusticias y cárcel. Los movimientos populares no pueden actuar al margen del contexto regional y sin una coherencia de esa misma naturaleza. A diferencia de otros momentos, hoy nuestros Pueblos lo saben por efecto de vivencia pura, adquieren plena y creciente consciencia de esa necesidad.
Nuestros dirigentes populares deben estar alertas para ponerse a la altura de esos reclamos y responder a ellos, pues de lo contrario corren el riesgo de perder el tren de la historia, en momentos en que la confesión abierta de un ministro, al borde del andén, hace sonar el silbato que anuncia la partida del convoy que sigue y carga la dinámica siempre inquieta de los Pueblos.
Eugenio Raúl Zaffaroni es abogado y escribano argentino graduado en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires en 1962, doctor en Ciencias Jurídicas y Sociales por la Universidad Nacional del Litoral (1964), y ministro de la Corte Suprema de Justicia de su país desde 2003, hasta el 2014 cuando presentó su renuncia por haber llegado a la edad límite que fija la Constitución. Actual Juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

martes, 24 de abril de 2018

Unasur: las derechas del sur al servicio de USA


Declaración de ALBA Movimientos

El reciente anuncio de las cancillerias de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Perú de suspender temporalmente su participación en la Unasur es un paso más de estos gobiernos neoliberales al servicio del imperio norteamericano.

Se trata, en la superficie, de una extorsión para imponer como secretario gral de la Unión de Naciones a un delegado del presidente argentino, el otrora progresista José Octavio Bordón, de quien se intenta que haga un ''aporte'' a la causa imperialista continental similar al que viene realizando desde la OEA otro ex progresista, Luis Almagro. En lo profundo, sin embargo, apunta a acelerar el objetivo central, mucho más ambicioso: la desactivación total de la UNASUR, uno de los nuevos organismos de integración surgidos en el siglo XXI. En el horizonte, además, apuntan a liquidar también la CELAC, único organismo en la historia que reúne a todos los países de América Latina y el Caribe y excluye a USA y a Canadá.

No casualmente, este nuevo avance imperial sucede apenas el gobierno del Estado Plurinacional de Bolivia asume la presidencia Protempore de la Unasur, con una agenda soberana para Nuestra América, que -como ya adelantó el canciller Fernando Huanacumi- incluye una integración en materia de defensa ''que permita consolidar a la región como una zona de paz, libre de armas nucleares y de corrupción masiva, rechazando la guerra, promoviendo el desarme, la resolución pacífica de los conflictos y la cultura de paz'' y la promoción de la ciudadanía universal para respetar y promover los derechos de las personas migrantes, que en el caso de América somos un mismo pueblo, mestizo y diverso.

A esta visión soberana e integracionista que impulsan Bolivia y los demás países de ALBA-TCP se le opone la estrategia guerrerista de las derechas locales, subordinadas -como durante toda la historia- a las potencias imperiales, en este momento en particular a los Estados Unidos, cuya élite intenta volver a controlar lo que considera su patio trasero. Para este objetivo es el asedio político, mediático, económico y militar contra Venezuela y la ofensiva diplomática contra Unasur y CELAC.

En este contexto, los movimientos hacia el ALBA denunciamos que el intento de golpe contra Unasur no es para fortalecer la integración y la soberanía de nuestros pueblos, sino todo lo contrario: para contribuir a achicarlas. Acompañamos al gobierno del Estado Plurinacional de Bolivia en el sentido de promover el diálogo entre todos los integrantes en función de reactivar un organismo necesario para los pueblos de Nuestra América, que requiere profundizar sus políticas para que América del Sur sea territorio de paz, de dignidad y de justicia social, que permita la construcción de un socialismo Nuestro Americano 

Jaque a la UNASUR

CELAG

A cuatro días de haber asumido Bolivia la presidencia pro témpore de UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas) para el período 2018-2019, el canciller boliviano, Fernando Huanacuni, confirmó la recepción de una carta en la que los cancilleres de seis países miembros notifican que no asistirán a las próximas reuniones del organismo, aunque no se pronuncian con respecto a la membresía[1].
La carta fue firmada por los cancilleres de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Perú, quienes basan su decisión en la falta de nombramiento del Secretario General y en las fallas en el funcionamiento interno del organismo, a la vez que adelantan su intención de tomar más acciones en las próximas semanas[2].
Desde el 31 de enero de 2017 –luego de finalizada la gestión Ernesto Samper–, el más alto cargo del organismo se encuentra vacante. A este respecto, el canciller boliviano recordó que: “Durante la presidencia de Argentina, que nos ha antecedido, no se convocó a cancilleres o una cumbre de presidentes para un diálogo de alto nivel que dé solución a temas pendientes”[3].
El 13 de noviembre de 2017 trascendió la noticia de que Mauricio Macri –por aquel entonces Argentina ostentaba la presidencia pro témpore– abandonaría UNASUR. Entre las causas esgrimidas el mandatario argentina destacó:
La oposición del ALBA –bloque que integran Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua– a la candidatura de José Octavio Bordón como secretario general impulsada por el propio mandatario argentino.
La negativa a impulsar proyectos de infraestructura, interconectividad, acuerdos comerciales y otros esquemas de confluencia regional.
Aunque no hay una ruptura definitiva con el organismo, la autoexclusión de la mitad de los países que conforman UNASUR, significa un duro golpe a la integración regional, trabajada por más de una década desde instancias multilaterales creadas bajo el impulso, en su mayoría, de gobiernos progresistas, pero con un permanente respeto a la diversidad ideológica de la región. Tanto es así que cuando la UNASUR nació la integraban líderes políticos tan diversos como Álvaro Uribe, Nicanor Duarte y Alan García.
Recientemente, el presidente Evo Morales anunciaba el relanzamiento de UNASUR y de CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) como espacios tendientes a fortalecer la integración mediante proyectos de infraestructura, desarrollo energético y consolidación de la ciudadanía suramericana. Asimismo, se refirió a la necesidad de nombrar con celeridad al Secretario General de UNASUR, el cual, como reza el acta constitutiva, podría ser algún expresidente o excanciller de los países miembros[4].
Sin embargo, la voluntad de Bolivia para reactivar este espacio de integración regional chocó con la avanzada de la derecha regional que abogó por volver a instancias como la OEA para dirimir conflictos regionales, siendo Macri y Temer los grandes impulsores de este cambio de enfoque. En efecto, la misiva difundida en simultáneo por las seis cancillerías es, en definitva, una presión tácita para la elección de Bordón (actualmente el único candidato)
Huanacuni afirmó este viernes en una rueda de prensa en Quito, que no ha recibido ninguna notificación oficial y que el proceso de abandono requeriría un formalismo del cual no fue notificado. También adelantó que su intención es convocar una reunión de los titulares de Exteriores el mes de mayo. El sábado 21, el Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana de Ecuador, emitió un comunicado afirmando su posición de “total apoyo” al proceso de integración que significa UNASUR[5].
Desactivar la UNASUR se suma al decálogo de acciones emprendidas para echar por tierra los procesos de integración soberana y democrática en la región, y sustituirlo por instancias antidemocráticas tuteladas desde el norte, donde se fomentan iniciativas de injerencia y presión a los pueblos de la región. Buen ejemplo de este tipo de iniciativas es El Grupo de Lima conformado por 12 países americanos (Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay y Perú), el pasado 8 de agosto de 2017[6]. Con la virtual desactivación de la UNASUR, la región pierde un mecanismo más de diálogo intrarregional y diverso y da un paso atrás hacia la dependencia de Estados Unidos para dirimir los asuntos que atañen a los pueblos latinoamericanos.
Notas:
Giordana García Sojo (@Giordanags) es investigadora del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG)