Somos un Colectivo que produce programas en español en CFRU 93.3 FM, radio de la Universidad de Guelph en Ontario, Canadá, comprometidos con la difusión de nuestras culturas, la situación social y política de nuestros pueblos y la defensa de los Derechos Humanos.

domingo, 21 de julio de 2019

¿Es posible superar el capitalismo?


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Cuando en los años 1960 nos incorporamos a la lucha gremial y de inmediato a la político-militar en el Movimiento de Liberación Nacional – Tupamaros (MLN-T) de Uruguay, no sólo parecía evidente que el capitalismo podía ser superado, sino incluso la militancia que reivindicaba el socialismo estaba convencida en su gran mayoría de que el mundo ya estaba superando el capitalismo.

Los comunistas uruguayos, siguiendo las palabras del Partido Comunista de la URSS, daban por hecho que, por lo menos una sexta parte de la Humanidad ya vivía en el socialismo y había dejado atrás el capitalismo.

Los pro-chinos, a pesar de criticar el “revisionismo” del PCUS, no negaban ese aserto, sino que incluían a China y a Vietnam como parte de  esa porción de la Humanidad que había dejado el capitalismo en su pasado.

En América Latina los cubanos revolucionarios y quienes se inspiraban en la Cuba revolucionaria consideraban un hecho que la Isla construía el socialismo.

Por nuestra parte sólo muchos años después, leyendo las ideas económicas del Che, y en especial sus propuestas y realizaciones económicas en su período de dirigente en Cuba (ver Guevara 1964 y 1970) y su crítica al Manual de Economía Política de la Academia de Ciencias de la URSS (Guevara 2006), escrita en su estadía clandestina en Europa poco antes de ir a combatir a Bolivia (pero publicada por primera vez sólo en 2006), nos re-preguntamos a partir de Marx  qué  caracteriza el capitalismo, y por ende cuál sería el perfil general de un orden socioambiental que lo superase.

El capital es la relación social que media entre los dueños de medios de producción y los que trabajan para ellos como asalariados en esos medios.

El capitalismo reposa sobre la valorización del valor que ocurre a través del robo de plusvalía arrancada por los capitalistas a sus asalariados. El valor es la cantidad de tiempo socialmente necesario para producir una mercancía.

La mercancía es la entidad de doble faz constituida por el valor (de cambio, llamado simplemente valor) y el valor de uso, que es el soporte material del valor. El valor (a través de procedimientos que no analizamos aquí) se expresa como precio en una determinada suma de dinero.

El dinero es la medida universal de valor, que facilita el intercambio de todas las mercancías, incluyendo la mercancía fuerza de trabajo, cuyo valor (que el capitalista paga o debería pagar como salario) es la suma de los valores de las mercancías necesarias para que el trabajador reproduzca en él y sus descendientes la fuerza de trabajo (que el capitalista pondrá a su servicio en las generaciones presente y futuras).

La plusvalía es la suma de valor que supera el valor de la fuerza de trabajo (el salario) y que el capitalista se embolsa gratuitamente, a costa del asalariado. Tal remanente deriva del hecho de que el trabajador trabaja más allá del tiempo que equivale al necesario para “pagarle” al capitalista el valor de la fuerza de trabajo, recibido como salario (plusvalía absoluta) y/o del hecho de que disminuye el valor de la fuerza de trabajo por las innovaciones tecnológicas que hacen posible reducir el valor de los bienes que conforman su valor, sin que disminuya la jornada laboral del asalariado (plusvalía relativa).

La ganancia es el remanente de valor de que se apropia el capitalista (mediante la plusvalía) luego de haber compensado los desembolsos que hizo por concepto de salarios, materias primas y auxiliares, fracción de las maquinarias desgastadas en el proceso de producción de una determinada cantidad de mercancía, y cualquier otro gasto generado por esa producción.

Ahora, como dijo Marx (anticipando la actual devastación ecológica y la mercantilización de todas las dimensiones de la vida humana), en la lógica de la ganancia propia al capitalismo, se ven socavadas la dos fuentes de la riqueza (el ser humano y la Tierra).

En esos conceptos simples (y que presentamos de forma simplificada) reside la explicación de la esencia del capitalismo. Y así, como lo señaló el Che en las obras antes citadas, y en especial en la última, mientras haya aplicación de la ley del valor, mercancía, salario y dinero, el capitalismo no habrá sido superado (y tampoco eventualmente otras formaciones económicas que lo precedieron históricamente y pueden convivir con él, aplicando las categorías mencionadas).

Analizando a la URSS, el Che previó que la sobrevivencia de esas categorías en su vida económica amenazaba retrotraer a la URSS al capitalismo puro y duro; y 35 años después la Historia le dio la razón.  Por nuestra parte mostramos la inconsistencia con las propuestas, críticas y advertencias del Che en relación a la URSS, que tenían los nuevos “lineamientos económicos” aprobados por el Partido Comunista cubano en 2011 (ver Israel Semino, María y López Velasco S., 2014, anexo 1).

Decíamos que lejos de acercar a Cuba a lo sugerido por el Che en su oposición a lo que sucedía en la URSS, esos lineamientos se aproximaban precisamente a lo que criticaba el Che.

Hoy, 5 años después, reafirmamos esa posición. No tenemos respuesta para la pregunta sobre si es posible que un país o un grupo de países puede efectivamente ir más allá de la ley del valor, la mercancía, el salario y el dinero, mientras el resto del mundo permanece capitalista; menos aún tenemos esa respuesta si ese o esos países son poco desarrollados tecnológica e industrialmente.

Pero ya sea posible eso o haya que esperar-imaginar la posible superación del capitalismo sólo cuando la misma ocurra a nivel planetario (y hay que preguntarse cómo sería posible esa transformación global simultánea), reiteramos algunas ideas clave sobre el contenido de esa superación en perspectiva socialista con horizonte ecomunitarista (ver López Velasco 2009, 2013, 2018).

Para dejar el capitalismo atrás hay que imaginar en primer lugar  que toda la comunidad humana (nacional o planetaria) participe (por ejemplo a partir de los 11 años,  que es la edad que Piaget caracterizó como la del manejo del razonamiento lógico y del nivel maduro de la moral) en la definición de las necesidades individuales-comunitarias que deben ser satisfechas y de la confección del Plan de producción capaz de proveer los bienes y servicios para satisfacerlas.

Oportunamente aclaramos que esas necesidades acatadas serán sólo las éticamente legitimadas por las tres normas fundamentales de la Ética, que nos exigen, respectivamente, luchar para garantizar nuestra libertad individual de decidir, realizar esa libertad en la búsqueda de consensos con los otros, y, preservar-regenerar la salud de la naturaleza humana y no humana;  también aclaramos que esta última traza los límites ecológicos éticamente aceptables para la producción y el consumo poscapitalista, de tal forma que concebimos el poscapitalismo como el orden socioambiental ecomunitarista en el que se practican las tres normas básicas de la Ética y se aplica diariamente el principio que reza “de cada uno según su capacidad y a cada uno según se necesidad, respetándose los equilibrios ecológicos”.

Así los productos y bienes generados no son más mercancías pues carecen de valor de cambio, y se limitan a ser valores de uso para satisfacer las necesidades legítimas. Así ha sido dejado atrás el salario y también el dinero.

En segundo lugar, y para respetar la tercera norma fundamental de la Ética, la economía poscapitalista debe usar sólo energías limpias y renovables (como la solar y la eólica), reducir, reutilizar y reciclar los insumos y residuos (de la producción y del consumo), y prescindir, en la producción, de los agrotóxicos, transgénicos y de cualquier técnica que degrade gravemente la tierra, el agua y/o el aire, y/o que afecte gravemente la salud de la naturaleza humana y no humana (contrariando la tercera norma fundamental de la ética).

En tercer lugar todas las decisiones intra y extra-económicas (en sentido estricto) deben ser tomadas mediante el ejercicio de la democracia directa, y los cargos de representación que sea inevitable mantener deben ser ejercidos en permanente rotación y sus ocupantes deben ser electos y removibles a cualquier momento por los electores (ver López Velasco 2017); tal democracia directa es hoy enormemente facilitada por los recursos informáticos y de internet.

La comunicación debe ser horizontal y simétrica, usando todos los recursos que ya ofrecen la informática e internet,  y la gran prensa será comunitaria y pública, superando e impidiendo la formación de monopolios u oligopolios mediáticos privados.

La educación formal e informal tendrá siempre un perfil problematizador (ver Freire 1968) y ambiental-ecomunitarista (ver López Velasco 2008, 2018, 2019); tal educación incluye una educación sexual promotora de la erótica del libre y consensuado placer sano para los partners (según lo exigen las tres normas básicas de la Ética), sean sus nexos de carácter hetero u homosexual, y la crítica-superación del machismo y del racismo.

Hay que notar que algunos autores han defendido la tesis de que el “trabajo productivo” en el capitalismo, a saber aquel que genera plusvalía, se concentró en el sexo masculino, mientras que los trabajos “no productivos” (como las tareas domésticas y de cuidados educativos y de salud) se depositaron en manos de las mujeres, por lo que el modo capitalista de producción sería intrínsecamente machista. No obstante hay que notar que algunos de esos autores parecen contradecirse cuando, al constatar la inclusión masiva de las mujeres al mercado de trabajo capitalista, afirman que esa inclusión se hace al precio de su masculinización; y decimos que se contradicen porque naturalizan en la mujer características tales como la dulzura y la compasión, siendo que, para escapar al machismo, hay que concebir esas virtudes como propias de lo humano sin más, sin distinción de sexos. En ese punto lo decisivo es que las mujeres y los hombres (y transexuales, lésbicas, gays, etc.) se encuadren como iguales en la economía ecológica y sin patrones (sin vigencia de la ley del valor, sin mercancías, ni salario ni dinero) que antes reseñamos.

 Ahora bien, más de un siglo transcurrió desde la Revolución rusa, pero se constata que en todo el mundo las voces y acciones decididamente anti/poscapitalistas son minoritarias, y han sido derrotados no sólo el “socialismo real “ (URSS y sus países  satélites del este europeo), sino también la socialdemocracia clásica, con el progresivo desmonte del “Estado (capitalista) de Bienestar” en toda la Europa occidental, un intento del “socialismo del siglo XXI” (Ecuador), intentos “progresistas” (en Brasil o Argentina), al tiempo en que el supuesto socialismo maoísta dio lugar en China a un furioso capitalismo coordinado por el Estado dirigido por un Partido denominado Comunista (y ese camino parece ser imitado a su escala por el heroico Vietnam). 

Poco sabemos de la República Popular Democrática de Corea, pero lo que sabemos basta para decir que mucho se aparta del poscapitalismo caracterizado en las múltiples dimensiones que hemos esquematizado aquí antes.

Para explicar las derrotas en los países de Europa y A. Latina se ha esgrimido una y otra vez la tesis de la manipulación mediática. Sin negar esa posibilidad, a esta altura de los tiempos debemos plantear la sospecha de una razón más profunda, a saber, la “pulsión de muerte” invocada por Freud, como un impulso inseparable de lo humano que (contrariando al “eros”, la pulsión de vida) hace que cada uno de nosotros tienda hacia la autodestrucción y la destrucción de los otros. No es mala esa hipótesis para explicar el incomprensible hecho, repetido a la saciedad, de que los pobres (asalariados, desempleados y marginados) votan en gran proporción a sus verdugos, incluso cuando éstos anuncian anticipadamente que tomarán más medidas de recortes en las políticas públicas (educación, salud, y vivienda, por ejemplo) e incluso en los salarios y jubilaciones.

 Tal hecho acaba de repetirse nuevamente en julio de 2019 en la cuna de la democracia, Grecia. Allí la mayoría de los votantes, decepcionada con las traiciones de la coalición de supuesta izquierda Syriza a sus promesas de que se enfrentaría a los recortes antipopulares impuestos por la Troika (el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el  FMI), traiciones que incluyeron el desconocimiento del resultado del plebiscito referente a esa cuestión que la propia Syriza había convocado al asumir el Gobierno, en vez de apoyar al Partido Comunista que había criticado esas traiciones y se había negado a integrar el Gobierno, optó en cambio por la derechista “Nueva Democracia” que ya había gobernado inmediatamente antes de Syriza y había practicado recortes similares.

Así, la pregunta “¿es posible superar al capitalismo?” no se limita a las esferas económicas, políticas, militares, educativas, erótico-sexuales, comunicativas, religiosas (enormemente complejas de por sí), vigentes en el capitalismo, sino que apuntaría también a la propia constitución del ser humano, pues hay tres posibilidades: o Freud se equivocó y no existe tal pulsión de muerte (algunos psicoanalistas la niegan), o existe pero puede ser compensada-contorneada (habría que ver cómo), o existe y es incontorneable. A falta de conocimientos e investigaciones personales en la materia, por ahora nos limitamos a desear, para bien de la Humanidad y del planeta, que esa tercera posibilidad no sea la correcta.

Bibliografia

FREIRE, Paulo (1968). Pedagogia do oprimido, Rio de Janeiro, Paz e Terra. 
GUEVARA, Ernesto. Sobre el sistema presupuestario de financiamiento, publicado originalmente en 1964,  in Obras 1957-1967, vol. II, p. 251-285, La Habana: Casa de las Américas, 1970. 
GUEVARA, Ernesto. Apuntes críticos a la Economía Política. La Habana: Editorial de 
Ciencias Sociales/Centro de Estudios Che Guevara/Ocean Press, 2006. 
ISRAEL SEMINO, María Josefina & LÓPEZ VELASCO, Sirio. Confieso que sigo soñando, Montevideo, Baltgráfica, 2014, 
LÓPEZ VELASCO, Sirio (2008) Introdução à Educação Ambiental Ecomunitarista, Rio Grande (Brasil), Ed. FURG. 
LÓPEZ VELASCO, Sirio (2009). Ética ecomunitarista, San Luis Potosí (México), Ed. UASLP. 
LÓPEZ VELASCO, Sirio (2013). La TV para el socialismo del siglo XXI – Ideas ecomunitaristas, Quito, Ed. 13 
 LÓPEZ VELASCO, Sirio (2017). Contribuição à Teoria da Democracia – Uma perspectiva ecomunitarista, Porto Alegre (Brasil), Ed. Fi in https://www.editorafi.org/196sirio 
LÓPEZ VELASCO, Sirio (2018). Filosofia da Educação – A relação educador-educando e outras questões na perspectiva da educação ambiental ecomunitarista, Goiânia (Brasil), Ed. Phillos, in https://www.editoraphillos.com/siriolopesvelasco
LÓPEZ VELASCO, Sirio (2019). Cuestiones de Filosofía de la Educación – Diálogo con Vaz Ferreira y otros autores, y otras cuestiones pedagógicas
Sirio López Velasco
Filósofo (Doctor y Posdoctor en Filosofía); profesor universitario durante 33 años, autor de una veintena de libros; E-mail: lopesirio@hotmail.com

https://www.alainet.org/es/articulo/201112  

Cuando el silencio ahoga la autoestima

A 37 años de la masacre en Plan de Sánchez
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Revisando mi archivo de fotos en papel encontré algunas que había tomado en Plan de Sánchez, caserío de Rabinal, al que se llega ascendiendo por un bello camino en medio de arboledas donde, recuerdo, predomina el pino. Las tomé un día en el que se conmemoraba un acontecimiento terrible, la masacre perpetrada por el ejército en esa comunidad el 18 de julio de 1982. Tiempos del general Efraín Ríos Mont, quien decidió con plena voluntad, o por cobardía, continuar con el trabajo perverso iniciado por Benedicto Lucas García promovido dentro del contexto del pavoroso plan de tierra arrasada gestado en el Estado Mayor del Ejército de la época.

Inmediatamente después de ese viaje, indignado y conmovido después de escuchar a un testigo y ver a las personas del lugar, especialmente a niñas y niños que de haber vivido en esa ápoca ya no existirían, escribí una pequeña nota que titulé Unas palabras por Rabinal. Su difusión fue escasa. Sin embargo, los testimonios de ese día no son los únicos que he escuchado o leído. Para quién tiene voluntad de escuchar o indagar, los testimonios son como una catarata de ignominias que gran parte de nuestra sociedad ignora y no conmueve. Estos hechos que se me atragantan cuando los recuerdo, y muchas veces los recuerdo a través del cinismo de quienes los justifican en nombre de la salvación de la patria o con la pose arrogante del perdón y olvido de hechores y cómplices (sin actos de contrición visibles). He escrito en varias ocasiones como queriendo sacudir el demonio del espanto, pero la reiteración de las imágenes del horror, por un lado, y la desvergüenza por el otro, no dejarán que esta sociedad supere la anomia en que vivimos; algo común en otras sociedades que haya sufrido eventos similares. Yo pregunto ¿Cuánto espacio histórico ha ocupado el Holocausto judío? Un espacio enorme y, por supuesto, justificado. Mi segunda pregunta es ¿los habitantes de este país, especialmente los que sufrieron los horrendos crímenes masivos no tienen el mismo valor como personas? ¿Los niños que sufrieron la inmensa tortura de las llamas y el terror no merecen el mismo dolor y compasión que los hijos y nietos de los acomodados que hoy ostentan la banalidad y la estulticia de sus argumentos? ¿O quizás siguen pensando que esos niños de dos y tres años eran terroristas? Por eso, al observar de nuevo las fotos, recordé que las imágenes pueden llevar un mensaje que estimula las neuronas en espejo de quien lo necesite para sensibilizarse y, de esa manera, sentir más cerca las crueldades y el dolor de la realidad social que vivimos.

Por todo eso podría preguntar si la belleza y la inocencia de las niñas de la foto que muestro a continuación, que nos debería provocar un estado emocional de alegría, nos trae aparejada en esta ocasión, con la historia de ese pueblo, una tremenda opresión en el pecho por el recuerdo de lo sucedido a niñas como ellas unos años antes, en 1982.

II

Unas palabras por Rabinal


En Plan de Sánchez hay una pequeña capilla construida sobre una fosa común. Llegué justamente un día que se conmemoraba un aniversario de la masacre del 18 de julio de 1982. Al entrar encontré a hombres y mujeres orando o en silencio envueltos por una nube de incienso. Algunos niños sentados junto a sus padres, otros, los más pequeños, jugando. El ambiente no dejaba espacio a emociones asténicas. Las profundidades del recuerdo, incluso de los que no vivieron la tragedia de manera directa, se reflejaba en los rostros pensativos y tristes. La historia la cuentan los sobrevivientes y una placa conmemorativa que hace las veces de lápida colocada arriba de la puerta del pequeño templo católico. El ejército llegó y asesinó de manera despiadada a gente como la que, en ese día, conmemoraba el sacrificio incomprensible de sus parientes. Hombres y mujeres asesinados mientras huían, niños que recibían el catecismo (justamente en el lugar donde se erige hoy la iglesia) fueron masacrados en ese mismo lugar. Muchas niñas fueron sexualmente violadas por la horda. La historia de Plan de Sánchez no es la única en el municipio de Rabinal: Río Negro, Chichupac, Panacal, entre otras, dan testimonios de terror e ignominia, como lo dan otras 600 comunidades del país.

Desde entonces han pasado muchas cosas. Se firmó la paz, la Comisión de Esclarecimiento Histórico ha dejado un testimonio documentado sobre la barbarie, cuyo valor sólo puede ser negado por la necedad y el descaro de los victimarios. Los familiares luchan por rescatar la dignidad de las víctimas a través de exhumaciones, conmemoraciones y demandas que casi invariablemente se empantanan en el sistema judicial. Pero también han pasado otras cosas que perturban la conciencia. La firma de la paz parece ser sólo tinta sobre papel y una fecha que marca el inicio de un “síndrome de posguerra”; eufemismo de una implacable anomia que nos azota sin piedad. Ilusiones que se van y desesperanza que crece en medio de una descomposición que no parece tocar fondo. La profundidad de este fenómeno es obvia, como obvios son sus principales fuentes: un poder militar, económico y político cínico y corrupto cuyo estrecho parentesco con el crimen organizado es imposible de ocultar.

Por otro lado, la institución militar no ha tenido la valentía de reconocer el significado monstruoso de sus acciones del pasado. La dignidad de pedir perdón está ausente de su racionalidad. Los militares que no tuvieron responsabilidad con esa política parecen no darse cuenta del significado de un silencio o de un discurso “justificador” que no los honra. No es eso lo peor. Lo más golpeante es que ciertos sectores de la sociedad no han sido capaces de internalizar el dolor e indignación de las víctimas y hacerlo suyo, como cualquier ser humano que se respete. La insensibilidad, la distancia de clase, el racismo y el egoísmo es parte de su “ethos”. Muestra de ello es la mediocridad de las respuestas de ciertos políticos ante los acontecimientos ocurridos el sábado 14 de junio en Rabinal (el señor Berger hasta en eso dejó constancia de su endeblez). Condenan la indignación de los ultrajados y ¡olvidan la violencia! altanera y provocadora resultante de la presencia de un general que, en un sólo año, promovió o consintió más crímenes que en todo el resto del conflicto armado en su conjunto.

Por otro lado, el “brinco” desde algunas militancias de izquierda o de derechos humanos, hacia la impresentable pretensión de lavarle la cara al general genocida, y otros de la misma estirpe, sólo puede explicarse por razones de estómago, perversiones de la psicología profunda o, mejor, con interrogantes sobre las motivaciones reales por las que, en un tiempo, se ubicaron en los terrenos de lucha por una sociedad más justa. Hoy, soportar en la primera plana, la triste presencia del comandante Pancho al lado del general es, también, una cuestión de estómago.

Ver a los pobladores de Rabinal, de Plan de Sánchez y otras comunidades, cargando los restos de sus seres queridos (hombres mujeres y niños), en pequeñas cajas de madera y de cartón, es un llamado a la conciencia, que ningún discurso demagógico puede desvirtuar. Ver a los pobladores de Rabinal mostrando en sus rostros la indignación, es un signo de esperanza.

III



https://www.alainet.org/es/articulo/201090