EL ANALFABETA POLÌTICO
El peor analfabeta es el analfabeta polìtico èl no oye, no habla ni participa en los acontecimientos polìticos.
No sabe que el costo de la vida, el costo de los frijoles, del pescado, de la harina, del alquiler, del calzado y de las medicinas, dependen de las decisiones polìticas.
El analfabeta polìtico es tan animal que se enorgullece e hincha el pecho al decir que odia la polìtica.
No sabe el imbècil que de su ignorancia polìtica, proviene la prostituta, el menor abandonado, el asaltador y el peor de todos los bandidos que es el polìtico aprovechado, embaucador y corrompido lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.  Bertolt Brecht..

domingo, 11 de septiembre de 2011

EEUU, ustedes son los narcoterroristas:

Dax Toscano Segovia
No es nueva la estrategia utilizada por EEUU de acusar de narcotraficantes y terroristas a gobiernos progresistas, a organizaciones populares, a luchadores sociales, a revolucionarios.
Esas acusaciones maliciosas y calumniosas, las han hecho contra los gobiernos de Cuba, de la República Bolivariana de Venezuela y de Bolivia. Mucho más contra las guerrillas colombianas, principalmente las de las FARC-EP.
Cuando fue dirigente sindical, Evo Morales fue acusado de estar vinculado al narcotráfico. Hoy, el gobierno de EEUU, resentido porque en un acto de defensa de la soberanía de Bolivia Evo expulsó a la corrupta DEA de su país, todavía tiene en la mira al presidente boliviano.
Todo esto forma parte de la política yanqui, de sus oficinas, de sus aparatos de inteligencia, de propaganda y de guerra psicológica para criminalizar a quienes se opongan a sus prácticas criminales, esas si de carácter terrorista.
El gobierno gringo se cree el dueño del mundo. Están tan convencidos de ello, que hacen todo para acabar con la resistencia y la rebeldía de los pueblos, con sus organizaciones revolucionarias, con sus líderes sociales. Bombardean ciudades, secuestran personas, asesinan gente, contaminan el mundo, trafican con droga, ejecutan actos terroristas, chantajean económicamente, manipulan conciencias, roban recursos, etc. Todo forma parte de su esencia criminal, corrupta.
Ahora la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC por sus siglas en inglés), adscrita al departamento del Tesoro de EEUU, ha señalado a cuatro funcionarios venezolanos, entre los que se encuentra Amílcar Figueroa, como narcotraficantes por su supuesta colaboración con las FARC-EP en el tráfico de drogas y armas.
Historia vieja es la de acusar a las FARC-EP de tener vínculos con el narcotráfico. Es parte de la propaganda. Desprestigiar a esta organización revolucionaria para justificar su criminal intervención en Colombia y sus ataques contra la insurgencia armada en ese hermano país. En el juicio seguido a Simón Trinidad en EEUU, nada se le pudo comprobar sobre estos supuestos vínculos y se les fue abajo sus mentiras.
Esta acusación tiene además otros objetivos.
Eufóricos por su criminal aventura guerrerista en Libia, EEUU quiere fabricar una vez más la imagen de que Venezuela es un narcoestado y que el gobierno de ese país está íntimamente ligado a esta actividad, todo con el propósito de lanzar nuevos ataques contra la Revolución Bolivariana.
No es raro esto. El próximo año hay elecciones presidenciales en Venezuela y la oposición no tiene posibilidad real de ganar. Por lo tanto, hay que caldear el escenario tanto a nivel internacional como nacional con patrañas a través de las cuales haya voces criminales que propicien sanciones económicas y hasta intervenciones militares.
De seguro, las y los mercenarios al servicio de falsimedia, como Mary Anastasia O’Grady, que en anterior ocasión ya lanzó sus diatribas y embadurnó cuartillas con un sinnúmero de mentiras sobre la supuesta relación del gobierno de Hugo Chávez con el narcotráfico, empezará nuevamente su ejercicio de falsicar la realidad en base a los datos que la Oficina de Control de Activos Extranjeros de EEUU le proporcionará. Y, como es lógico, los titulares de prensa, los noticieros y cadenas internacionales de noticias espectaculizarán sobre estas falsedades.
Hay algo más en todo esto. La hipocresía, el cinismo de los gobiernos de EEUU que históricamente han acusado a otros de lo que ellos han hecho y siguen haciendo. Basta recordar la historia del financiamiento económico y el apoyo militar que se dio a grupos terroristas como los mercenarios de la Contra nicaragüense, con dineros provenientes del narcotráfico. ¿Quiénes estuvieron detrás de todo esto? El Teniente Coronel Oliver North, el embajador gringo en Honduras John Negroponte, el terrorista y criminal confeso, agente de la CIA, Luis Posada Carriles, entre otros.
El periodista e investigador Hernando Calvo Ospina ha denunciado como la CIA realiza sus operaciones con dineros provenientes del narcotráfico. Otro periodista, al que le “suicidaron”, Gary Webb, también puso en evidencia estas relaciones entra la CIA y el negocio de la droga.
Un poco más atrás, para no perder la memoria, hay que recordar las relaciones estrechas entre el FBI, la CIA y la mafia a quien solicitaron el asesinato de Fidel Castro.
Hoy, está demostrado que la presencia gringa en Afganistán ha propiciado un aumento considerable en el tráfico de drogas.
De igual manera, en Colombia, mientras por un lado se acusa a las FARC-EP de estar metida en este negocio, silencian las estrechas relaciones del ejército colombiano, de políticos, entre ellos Álvaro Uribe, con los narcos. Y los grupos paramilitares, al servicio de la oligarquía de ese país, son quienes se nutren del negocio de las drogas. Esas son las fuerzas que con el apoyo de EEUU y el propio Estado colombiano, combaten a la insurgencia revolucionaria.
Amílcar Figueroa es un luchador revolucionario, un hombre consecuente. Cuenta con el apoyo de su pueblo. Su imagen no podrá ser ensuciada por los criminales yanquis. Sin embargo, hay que redoblar la vigilancia. Como decía el Che, al imperialismo no hay que darle ni un tantito así de oportunidad.
Hay que denunciar cualquier intento de ataque, secuestro o asesinato contra el camarada Amílcar. Su vida debe ser protegida. Hay que emprender, de inmediato, una campaña de solidaridad y, además, decir al mundo las intenciones que están detrás de todo esto.
Como a los fascistas de ayer, a los yanquis criminales les decimos: ¡No pasarán!