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lunes, 17 de julio de 2017

Der Spiegel cuestiona la cumbre del G20 de Hamburgo


Bajo la lupa
Alfredo Jalife-Rahme
La Jornada 
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Críticos de Angela Merkel señalaron que Hamburgo no debió haber sido sede de la reunión del G20 porque se le considera el centro del movimiento autónomo de extrema izquierdaFoto Ap
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n mi entrevista con Carmen Aristegui aduje que el G20 acabó en un G2 con el encuentro del presidente empresario Donald Trump y del zar Vlady Putin, que imprime una dinámica de cooperación entre ambas superpotencias (https://goo.gl/GN6Grg).
El teniente general HR McMaster, consejero de seguridad de Estados Unidos (EU), comentó que en el encuentro de Trump y Putin “ningún problema fue resuelto (…) Pero fue el inicio ( sic) de un diálogo en algunos problemas difíciles en los que comenzaremos a trabajar en forma conjunta” (https://goo.gl/JEDxUT).
En vísperas de la cumbre de Hamburgo, Stefan Kuzmany, del portal alemán Der Spiegel, anticipó que “el G20 era una farsa ( sic), una cumbre perder-perder para Angela Merkel, Hamburgo y el mundo”. ¡Uf!
Kuzmany fustiga a Trump de haber colocado a Polonia, en su hueco discurso de Varsovia previo a la cumbre, como el corazón de Europa, lo que significa que Alemania no lo es.
Europa tiene muchos corazones, donde tampoco se puede excluir a Francia, Italia y España (https://goo.gl/imzWr5)Kuzmany comenta que a la canciller alemana le complace hablar de la globalización como una situación ganar-ganar, lo cual es totalmente descabellado, ya que el modelo neoliberal global que ejerce Merkel ha profundizado en la misma Alemania, no se diga en el resto del planeta, las desigualdades. A Merkel le falta leer El capital en el siglo 21, del economista galo Thomas Piketty (https://goo.gl/wkpm2c).
Los detectives alemanes criticaron que Hamburgo, centro del movimiento autónomo de extrema izquierda, no debió haber sido la sede del G20, donde se produjeron masivas manifestaciones ( https://goo.gl/ZjfvAu) que dejaron inermes a 15 mil policías.
Sucede que Merkel estaba haciendo vulgar politiquería para jalar votantes en la próxima elección de septiembre.
Florian Gathmann y Philipp Wittrock, de Der Spiegel, cuestionan si valió la pena haber celebrado la cumbre, que acabó en minicompromisos de temas mayores, cuando lo realmente positivo fue haber propiciado el encuentro de Trump y el zar Vlady Putin que quizá hubiera sido muy difícil celebrar debido al momento delirante del Rusiagate por el que pasa EU (https://goo.gl/BHY5uY).
Holger Dambeck, de Der Spiegel, aduce que si el G20 solamente hubiera versado sobre cambio climático, donde quedó aislado Trump, hubiera sido un G19, pero que acabó en un G18.5, debido a que el presidente turco Erdogan, después de haber avalado el comunicado conjunto, declaró haber cambiado de parecer y que no lo ratificaría.
Dambeck comenta que el grave defecto del Acuerdo de París es que no es vinculante (https://goo.gl/pFDUKy). ¿Cómo pueden 19 o 18.5, dentro del G20, aislar a EU, uno de los máximos contaminadores del planeta?
El connotado académico galo Jacques Sapir –quien coincide con un servidor (https://goo.gl/2mP2BQ) sobre el proceso de la desglobalización (http://goo.gl/viRqx3)– enuncia cuatro resultados del G20 de Hamburgo: 1. Triunfo del zar Vlady Putin; 2. Colisión entre el globalismo neoliberal de Merkel y el proteccionismo soberano de Trump; 3. Derrota del Acuerdo de París por no ser vinculante; y 4. Derrota de la globalización (https://goo.gl/3LHX6X).
Para el brasileño Pepe Escobar, existe “la dulce tentación ( sic) de identificar el emergente nuevo orden” como un G4 de Putin/Xi/Trump/Merkel ( sic): el G3 que un servidor ha proyectado, más Alemania.
El problema de Alemania, primera superpotencia geoeconómica europea –casi empatada en su PIB con Rusia con todo y sanciones (https://goo.gl/F9WPRT)–, es que carece de dientes nucleares y no veo cómo se desprenda de su alianza estratégica con Francia y su disuasivo poderío nuclear ( force de frappe), que proviene desde la gran visión dual paneuropea del alemán Konrad Adenauer y del general Charles de Gaulle.
En la etapa trumpiana de EU son más efectivas las reuniones bilaterales que las multilaterales.
Trump juega a la fractura de los ejes que se van conformando: la alianza de Rusia y China –al acercarse con el zar Vlady Putin y al amenazar al mandarín chino Xi Jinping– y el eje franco-alemán, al alejar a Alemania en la etapa de ceguera geopolítica de Merkel y su ultrarreduccionismo mercantilista, y al acercarse al flamante presidente francés Emmanuel Macron, quien lo recibió como invitado especial el Día de la Bastilla ( https://goo.gl/wDzGnB).
A la canciller Merkel se le notó muy desencajada en su fracasada cumbre del G20. Después de su encuentro con el mandarín Xi, quien le regaló dos osos panda para el zoológico de Berlín, fustigó que “Pekín ve a Europa como una península asiática (¡ súper-sic!), mientras nosotros lo vemos en forma diferente”. ¿Cómo ha de ver ( sic) Merkel a China?
Seguro que no le gustó para nada a la dirigencia china que –en el intermezzo del encuentro de la malhadada canciller Merkel con el mandarín Xi y el inicio del G20–, haya impulsado un trascendental acuerdo de libre comercio de la Unión Europea (UE) y Japón, que deja fuera en forma muy riesgosa a las tres superpotencias del planeta: a dos superpotencias nucleares (EU y Rusia), y a la máxima superpotencia económica, medido por el poder adquisitivo y con el mayor atesoramiento de divisas del planeta: China.
El grave error de Merkel es que puede aislar a Alemania, no se diga si Trump consigue fracturar triplemente: 1. A la misma UE en su seno; 2. Al eje franco-alemán; y 3. A la alianza estratégica de Rusia y China. ¡No todo es vulgar mercantilismo!
Escobar aduce que los empresarios alemanes y chinos buscan una integración euroasiática, mediante la nueva ruta de la seda, que se inicia en China oriental y desemboca en el valle de la Ruhr, pero se pasa por alto que debe atravesar por Rusia, que también es la bisagra de los empresarios chinos y alemanes.
Escobar arguye que para propósitos prácticos desde el punto de vista geopolítico y geoeconómico, Alemania se mueve al Este. Más bien Alemania es empujada al Este al ser despreciada por el trumpismo y el Brexit.
Por cierto, Escobar coloca en relieve la crítica del grupo antiglobalización ATTAC que fustiga a la canciller alemana –quien se ha autoproclamado “líder del mundo libre ( sic)”– de montar una “producción cínica ( sic)” cuando el gobierno alemán prosigue una agresiva estrategia superavitaria de sus exportaciones, lo cual ha tenido como resultado su choque con Trump debido al déficit que se le ha supuestamente infligido.
A juicio de Escobar, “desde el punto de vista geopolítico, Washington rompe de facto con Alemania, mientras Inglaterra ( sic) se queda sin ningún poder” cuando “la administración Trump considera tanto a Alemania como a Japón ( sic) como enemigos (¡mega sic!) que destruyen la industria de EU con las trampas de sus divisas”, por lo que, en el mediano plazo, se espera que Alemania se acerque de manera lenta, pero segura, a Rusia.
Sería fabuloso que el eje franco-alemán consiga posicionar un cuarto polo global, al unísono de la dinámica del G3 (EU/Rusia/China), pero su grave escollo es que se entregó demasiado a EU desde la Segunda Guerra Mundial y no veo cómo se pueda liberar de sus grilletes cuando depende todavía mucho de las plazas financieristas de Wall Street y La City, pese al ascenso de Francfort.
Twitter: @AlfredoJalifeR_
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