EL ANALFABETA POLÌTICO
El peor analfabeta es el analfabeta polìtico èl no oye, no habla ni participa en los acontecimientos polìticos.
No sabe que el costo de la vida, el costo de los frijoles, del pescado, de la harina, del alquiler, del calzado y de las medicinas, dependen de las decisiones polìticas.
El analfabeta polìtico es tan animal que se enorgullece e hincha el pecho al decir que odia la polìtica.
No sabe el imbècil que de su ignorancia polìtica, proviene la prostituta, el menor abandonado, el asaltador y el peor de todos los bandidos que es el polìtico aprovechado, embaucador y corrompido lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.  Bertolt Brecht..

jueves, 27 de octubre de 2011

ALEPH: Confesión de Estado

Carolina Escobar Sarti
¿Cuándo termina un Estado de confesarse criminal si a su sombra se han cometido más de 620 masacres y han sido asesinadas o desaparecidas más de 250 mil personas? Aunque necesario, es muy “abstracto” que un Estado pida perdón e, incluso extraño, que un presidente, en gran medida ajeno a los hechos, asuma la responsabilidad en nombre del Estado al cual representa, por crímenes del pasado. Lo que procedería es que hubiera justicia y que esta funcionara de manera pronta y eficiente para dirimir la responsabilidad de los autores materiales e intelectuales,

inmediatamente después de haberse cometido los hechos criminales.

Pero los “hubiera” son mundos perdidos y aquí la justicia suele llegar tarde y a cuentagotas. Innumerables casos de crímenes de guerra sucedidos en nuestro país durante casi cuatro décadas, aún están en las etapas de identificación, reconocimiento y resarcimiento. Es el caso de Carlos Alberto Figueroa y Edna Ibarra de Figueroa, asesinados un viernes 6 de junio de 1980, en la capital guatemalteca. Mañana, 31 años y cuatro meses después de su asesinato, se llevará a cabo el acto de perdón por parte del Estado guatemalteco y, a través de la Secretaría de la Paz (Sepaz) y el Programa Nacional de Resarcimiento (PNR), la confirmación pública de un proceso de resarcimiento.

Lucy, Carlos, Luis y Maco, la hija e hijos que sobrevivieron a la pareja, viven hoy una experiencia que pone la memoria en el aquí y el ahora. Como dice Carlos: “Los personeros del PNR nos lo han dicho, nada podrá reparar lo irreparable. Pero con estos hechos la memoria de nuestros padres y de otros seres como ellos se dignifica y se le gana una batalla al olvido que precede a la impunidad”. Dignificar la memoria para salirle al paso al miedo, a la inercia y al horror; dignificarla como hecho de ecuanimidad por aquellas vidas fecundas y por el legado de estas en las vidas de quienes les preceden; dignificar la memoria simplemente porque es lo justo.

“En la lógica del terrorismo de Estado, asesinar a personas o desaparecerlas forzadamente tenía la ventaja de infundir miedo profundo en amplios sectores de la población. Y este miedo se acrecentaba mientras más conocidas eran esas personas”, señala Carlos.

Su padre tuvo una connotada participación política durante la década revolucionaria, particularmente durante el gobierno de Árbenz; su madre fue estudiante de la Facultad de Humanidades, e integró la Asociación Pro Retorno al Humanismo (Aprah). Ambos, dedicados psicólogos, personas de puertas abiertas y reconocidas generosidades.

Más allá de los cálculos políticos de los genocidas del régimen más sanguinario de América, el asesinato de Carlos y Edna tuvo efectos imborrables en las vidas de sus hijos y en el futuro de Guatemala. Que se pida perdón, que se haga justicia y se quiebre la impunidad, porque si para algo ha de servirnos la memoria, será para recordarnos la medida de nuestra humanidad.