EL ANALFABETA POLÌTICO
El peor analfabeta es el analfabeta polìtico èl no oye, no habla ni participa en los acontecimientos polìticos.
No sabe que el costo de la vida, el costo de los frijoles, del pescado, de la harina, del alquiler, del calzado y de las medicinas, dependen de las decisiones polìticas.
El analfabeta polìtico es tan animal que se enorgullece e hincha el pecho al decir que odia la polìtica.
No sabe el imbècil que de su ignorancia polìtica, proviene la prostituta, el menor abandonado, el asaltador y el peor de todos los bandidos que es el polìtico aprovechado, embaucador y corrompido lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.  Bertolt Brecht..

miércoles, 11 de agosto de 2010

La columna de Jalife

Bajo la Lupa
China: la contención de EU, la multipolaridad y las turbulencias esparcidas
Alfredo Jalife-Rahme

Foto
Ejercicio militar efectuado en Jinan, de la provincia de Shandong, la semana pasada,
en el primero de cinco días con fuego real de unidades antiaéreasFoto Reuters


Un editorial del Global Times chino (5/8/10) aboga por romper la contención de Estados Unidos, cuando la relación bilateral no es caliente ni fría, sino fresca. Advierte que muchos sienten que la relación se encamina a una peligrosa (sic) época incierta.
Ya habíamos expuesto antes que los estrategas chinos catalogan la relación bilateral de Estados Unidos y China como una montaña rusa (ver Bajo la Lupa, 30/7/10).
El editorial chino destaca que las tensiones han crecido en las recientes semanas en el Mar Amarillo y el Mar del Sur de China, por lo que es válido imaginar si Estados Unidos trata de contener el crecimiento pacífico de China cuando ha llegado a mejorar las relaciones con los vecinos de China que antaño fueron sus oponentes (en clara alusión a Vietnam).
Apunta que durante décadas (sic) la política de Estados Unidos vis à vis de China osciló entre la negociación y la contención (Nota: la clásica política del garrote y la zanahoria de la guerra fría) y ahora existen señales de que Estados Unidos trata de inmiscuirse y dominar en asuntos que involucran a China. ¿Será?
Expone que varios académicos chinos reconocen que conforme las relaciones de China y Estados Unidos sean más estrechas, serán más aparentes sus contradicciones profundamente arraigadas (sic).
Ante una más profunda confrontación inevitable (sic), ¿qué puede hacer China? ¿Cómo responderá a la política agresiva de Estados Unidos?
Después de admitir que China dispone de menores medios para contrarrestar a Estados Unidos de lo que éste puede usar contra China, enumera que la respuesta va desde una acción militar pasando por el apalancamiento (sic) de las tenencias financieras chinas de activos estadunidenses hasta una mejor comunicación diplomática.
Viene la parte nodal: China no seguirá el camino a la guerra como Japón hizo en la Segundad Guerra Mundial, lo que no significa que China se rendirá (¡súper sic!) a la contención estratégica de Estados Unidos.
Queda claro que el tiempo corre a favor de China y en detrimento de Estados Unidos quien, si no recurre a su enésima guerra global, acabará derrotado inexorablemente sin disparar una sola bala, lo cual es inconcebible para el alma del cowboy texano.
Pero tampoco queda garantizado que Estados Unidos salga triunfante en una tercera guerra mundial cuando no solamente se encuentra sobrextendido militarmente y quebrado financieramente, sino que, peor aún, a niveles más regionales ha perdido sus recientes cinco guerras tanto en forma directa (Irak y Afganistán) como en forma indirecta a través de sus aliados interpósitos: Israel frente a la guerrilla libanesa chiíta de Hezbolá y a la guerrilla sunita palestina de Hamas; y Georgia, aplastada por Rusia.
Mientras Estados Unidos no la perturbe, China acelerará su modernización defensiva en simultaneidad al crecimiento pacífico (sic) de su poder económico.
Con todo el debido respeto al editorial chino, suena muy ingenuo asegurar que Estados Unidos y Gran Bretaña dejarán vencer a China quien, a nuestro humilde entender –además de que no sería una presa fácil como Japón durante la Segunda Guerra Mundial, a quien aniquilaron con dos bombas nucleares en Hiroshima y Nagasaki–, deberá seducir a Rusia para asegurar un blindaje nuclear creíble.
Se vale soñar: el editorial aduce que la relación económica y comercial de China y Estados Unidos debería integrarse todavía más para rechazar la agresión estadunidense, como “la mejor (sic) manera para desalentar a los halcones (sic) en Washington”.
¿Cuáles concesiones estará dispuesta China a dispensar que Estados Unidos será proclive a consentir? ¿Le llegará China al estratosférico precio que le exigirá Estados Unidos?
A nuestro entender, Estados Unidos venderá muy caro su amor por el ascenso gradual (sic) de China, quien se ha pronunciado por un nuevo orden multipolar y ha rechazado públicamente el canto de las sirenas estadunidenses para establecer la bipolaridad del G-2.
People’s Daily Online (4/8/10) enuncia que el centro de gravedad más que moverse al este –un género de visión que ha emergido en Estados Unidos y Europa en años recientes, en especial desde la eclosión de la crisis financiera global– lo hace en los cuatro puntos cardinales porque, como expresa Yang Jiechi, ministro de Relaciones Exteriores de China, el proceso hacia la multipolaridad incluye el rápido crecimiento de los mayores países emergentes, pero también el creciente poder regional de países en desarrollo de Asia, África y Latinoamérica constituye una nueva fuerza por reconocer.
A juicio de Yang Jiechi, hoy la tendencia emergente es la evolución gradual del poder mundial hacia un equilibrio relativo.
Es más o menos nuestra tesis sobre la bipolaridad geoestratégica entre Estados Unidos y Rusia, al unísono del empate tripolar geoeconómico entre la Unión Europea, Estados Unidos y el BRIC, con la notable excepción de la todavía imperante unipolaridad geofinanciera del dolarcentrismo estadunidense (ver Bajo la Lupa, 8/8/10).
Yang Jiechi afirma que el equilibrio relativo es el resultado inevitable (sic) del movimiento mayor hacia la multipolaridad y de la profundización de la globalización económica (¡súper sic!) y la rápida evolución en ciencia y tecnología.
Que conste que no alabó a la otra globalización financiera que domina el G-7, en general, y Estados Unidos y Gran Bretaña, en particular, lo cual admiten hasta el FMI y el Índice Financiero Global del Foro Económico Mundial de Davos.
Quienes desconocen el tema suelen equivocarse groseramente entre los controles y los alcances de ambas globalizaciones: a diferencia notable de la globalización financiera (un oligopolio anglosajón), la globalización económica beneficia al BRIC y a los países en vías de desarrollo.
Los estrategas chinos parecen implorar una mayor democracia en las relaciones internacionales así como un mayor derecho al discurso global, los cuales, a nuestro juicio, Estados Unidos les dará a cuentagotas y a un elevado precio. Así son los órdenes mundiales.
A los estrategas chinos les disgustan los conceptos del movimiento al este del centro de gravedad mundial, el foco de la política internacional y la riqueza y el poder económico, los cuales reflejan un tipo de precaución y las preocupaciones de Estados Unidos y Europa sobre la declinación relativa de su estatuto y el ascenso rápido de los países emergentes en Asia.
El rotativo, portavoz del Partido Comunista Chino, recuerda que Zbigniew Brzezinski, geoestratega y proponente del G-2, comentó que el centro de las fuerzas globales se mueve de los dos lados del Atlántico a la región del Lejano Oriente, lo que no significa que los países trasatlánticos se colapsarían, sino que perderían 500 años (sic) de autoridad para controlar el mundo”.
Concluye que la nueva realidad es un género de turbulencia esparcida en este mundo extremadamente complejo y advierte que aquellos que se satisfagan con el cambio del centro de gravedad mundial en la perspectiva tradicional de Este y Oeste están condenados a cometer errores.
Es cierto, el hipercomplejo e incipiente nuevo orden multipolar trasmina a los cuatro puntos cardinales, pero se concentra en unos polos más que en otros (Léase: el BRIC en ascenso frente al G-7 en decadencia, con excepción de Canadá) en medio del equilibrio relativo y las turbulencias esparcidas.