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jueves, 8 de septiembre de 2016

G-20 en Hangzhou: doble crisis de la economía global y de China con Obama


Bajo la lupa
Alfredo Jalife-Rahme
La Jornada 

Foto
Los presidentes de Rusia y China, Vladimir Putin y Xi Jinping, en el contexto de la Cumbre del Grupo de los 20, el domingo pasado en Hangzhou, capital de la provincia oriental china de Zhejiang Foto Xinhua

Los multimedia occidentales, con sus justas excepciones de Gran Bretaña –como The Financial Times y Reuters–, han eludido abordar la cumbre del G-20 de Hangzhou, a diferencia de sus homólogos más generosos de Rusia y China (el magnificente anfitrión).
En particular, la prensa de Estados Unidos (EU), clavada en su fratricida campaña presidencial, optó por reportar solamente las dos transcendentales cumbres de un lúgubre presidente Obama al margen de la transcendental cumbre: tanto con el sonriente mandarín Xi Jinping, sobre los avances del cambio climático, como con el circunspecto zar Vlady Putin sobre los contenciosos de Siria y Ucrania.
A Obama no le interesa el G-20 –agrupación de corte economicista que concentra 85 por ciento del PIB global– como tal, al que usó para su rescate financiero de 2008, en contraste con Xi, quien exhibió el poderío cada vez más ascendente de China, apuntalada discretamente por Putin.
Fue la última cumbre del G-20 de Obama, cuando EU está más consagrado a la fractura geopolítica ajena, a balcanizar a sus rivales y a preservar como sea la hegemonía anómala del omnipotente dolarcentrismo –a mi juicio, su verdadera carta disuasiva–, mientras China aprovecha su liderazgo geoeconómico global, lo cual se reflejó en forma prístina en la cumbre de Hangzhou: desfavorable en forma y fondo para Obama, y resplandeciente para Xi.
Hoy existe una guerra geoeconómica entre EU y China que no se atreve a pronunciar su nombre y que se refleja en sus dos proyectos mercantiles antagónicos, cuando Obama intenta resucitar de los escombros la inviable y caduca globalización financierista de alquimia bursátil y lanza sus polémicos tres tratados mercantilistas que ofenden al mundo: el Acuerdo de Asociación Transpacífico (ATP) contra China –sumado del pivote geoestratégico de EU para contener el ascenso irresistible de Pekín–; la moribunda Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP, por sus siglas en inglés) contra Rusia y el ominoso cuan ultrasecreto Acuerdo sobre Comercio de Servicios (TISA, por sus siglas en inglés) con su robotización financierista para beneficio unilateral de Wall Street en detrimento del género humano (http://goo.gl/V9TnnO).
Una foto quizá resuma mejor que nada por dónde soplan los vientos geopolíticos y geoeconómicos del siglo XXI: Xi y Putin caminando juntos con paso firme al recinto de conferencias y flanqueados por los mandatarios de Alemania y Francia, ¡sin Obama! (http://goo.gl/s3Wfos)
Dejo de lado los simbólicos desaires a la comitiva de Obama a su arribo a Hangzhou, así como las impensables invectivas personales del singular mandatario Rodrigo Duterte (http://goo.gl/kbHv7A) de Filipinas, supuesto excelso aliado militar de EU en su confrontación marítima con China, contra el presidente saliente de la otrora superpotencia unipolar, a quien acusó de injerencista, mientras Putin se daba el lujo de orquestar nuevos acercamientos geopolíticos con los otrora intocables aliados de EU, como Arabia Saudita, Sudcorea, Japón y Turquía, cuando Norcorea recordaba su existencia mediante el lanzamiento de tres misiles provocativos.
Fue interesante apreciar la convergencia del abordaje geoeconómico de Xi y la francesa Christine Lagarde, al mando del FMI, sobre sus prescripciones clínicas para resucitar la aletargada economía global mediante recetas incluyentes con un desarrollo interconectado y digitalizado que agregue la industrialización colectiva de los países africanos y los países menos desarrollados: léase, frente al moribundo cuan inconexo modelo excluyente neoliberal anglosajón, de corte fiscalista/monetarista y de control financierista.
Ahora China encabeza y exhorta a un nuevo camino (http://goo.gl/dO2vVd), una segunda globalización, más consensuada y de visión de mediano y largo plazos, que sustituya a la añeja globalización anglosajona, de corte unilateral e inmediatista/cortoplacista, que ha provocado la revuelta nacionalista de los ciudadanos desempleados en Gran Bretaña y EU mediante la protesta electoral del Brexit y el trumpismo, que implican un mayor proteccionismo mercantil con freno a las inversiones transfronterizas, que, por el contrario, busca reactivar el nuevo proyecto de globalización china mediante sus dos pilares: el banco AIIB (http://goo.gl/vK8UZ2) y la ruta de la seda (http://goo.gl/LKw150).
China busca civilizar el salvaje capitalismo cuando uno de sus métodos será combatir la corrupción, lo cual habrá indispuesto a muchos mandatarios allí presentes (http://goo.gl/rI2Smp).
China exulta las “ganancias concretas (http://goo.gl/A7jcFC)” de la cumbre de Hangzhou –que Marco Polo bautizó a finales de siglo XIII como la más hermosa y espléndida ciudad del mundo cuando Europa yacía en su medievalismo y EU aún no existía–, mientras Reuters diluye sus alcances: muchas promesas; pocos planes concretos.
Reuters fustiga que “China produce la mitad de la producción anual de mil 600 millones de toneladas de acero y lucha para disminuir su sobrecapacidad estimada de 300 millones de toneladas (http://goo.gl/vThM0M)”. Justamente el “G-20 apeló a la formación de un foro global para paliar la sobrecapacidad de acero.
Tom Mitchell, George Parker y Gabriel Wildau, del Financial Times, aseveran que la tónica de la cumbre del lado occidental era aplacar la furia de los ciudadanos en sus respectivos feudos contra de la globalización y el libre comercio, a grado tal que, en forma inédita, el anterior banquero de Goldman Sachs y hoy primer ministro Malcolm Turnbull, de Australia, una de las joyas de la corona de la anglósfera, advirtió a los mandatarios de EU y Gran Bretaña la necesidad de civilizar (¡supersic!) el capitalismo cuando el crecimiento ha sido muy bajo por mucho tiempo para muy pocos. Citan a una fuente anónima de la reunión anglosajona a puerta cerrada de que se trató de una cumbre donde los líderes hablaron mucho más sobre la gente y mucho menos sobre economía, lo cual fue el acento de Xi en su diálogo con los empresarios: el desarrollo es para la gente, debe ser seguido por la gente y sus resultados deben ser compartidos por la gente, ya que no es solamente una responsabilidad moral de la comunidad internacional, sino también ayuda a liberar la inconmensurable demanda efectiva (http://goo.gl/gkTM9I).
A los rusos no les pasó desapercibida la estridente amenaza de Obama, con el fin de sabotear la cumbre, sobre las consecuencias contra China mientras se encontraba en el país como invitado, tema que deseaba evitar Xi (http://goo.gl/A6EtAO).
Obama anduvo desatado: también amenazó, fuera de la agenda, “librar una ciberguerra contra Rusia (http://goo.gl/sWhQfY)”.
El mundo se encuentra ante una bifurcación que marcará el destino del siglo XXI, si es que no ocurre una guerra declarada en el camino, entre la fracasada globalización anglosajona y el proyecto de la globalización china.
El comercio mundial se decidirá por lo que suceda en el Mar del Sur de China en la batalla por su control geopolítico entre China y EU.
Facebook: AlfredoJalife

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