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martes, 31 de enero de 2017

México vs. Estados Unidos: la hora de la dignidad

Banderas de EEUU y México en la frontera entre los dos paísesSputnik
El decálogo de objetivos de cara a las conversaciones con los estadounidense es bien preciso; plausible la apuesta por el diálogo antes que la confrontación con los interlocutores. Si como reza el dicho, "en una discusión, el más inteligente es el que cede", en esta ocasión le tocará a Enrique Peña Nieto mostrarse "poco inteligente" —nada difícil para él según su "performance" presidencial—, mostrarse enérgico, si sus escuchas prefieren atrincherarse en el cumplimiento de las promesas de campaña de Donald Trump antes que rendirle culto a la razón. De sobra es conocido uno de los principios de negocios del empresario devenido en presidente, el cual no deja resquicio a las dudas: "si mi adversario es débil, lo aplasto, y si es fuerte, negocio". 

¿Diálogo o monólogo de dos?

Se ve difícil que las pláticas arriben a buen puerto, que complazcan a ambos dialogantes. Los diez objetivos que busca la representación mexicana en la negociación con Estados Unidos parten de contar con la buena voluntad de un vecino que hasta ahora ha evidenciado —de palabra y con hechos— todo lo contrario; de insistir cada interesado en sus posturas anticipadas —por el pragmatismo empresarial de quien se siente vulnerado en lo económico, de una parte; por la dignidad patria que no está sujeta a negociaciones, de la otra— no se tardará en llegar a un punto muerto.
Aventuro entonces —en un ejercicio digno de Nostradamus matizado por Descartes—, los encuentros y desencuentros que tendrán lugar en la negociación de México con Estados Unidos a partir de los diez objetivos dados a conocer hace unos días por el presidente mexicano Enrique Peña Nieto. Ojalá me equivoque y fructifique el diálogo, que éste no se convierta en un "monólogo de dos".
1. Que exista un compromiso del gobierno de Estados Unidos de garantizar el trato humano y de respetar los derechos de los migrantes mexicanos.
Habrá acuerdo. A pesar de su "incorrección política", de su incontinencia verbal, a Donald Trump no le cuesta nada mostrarse respetuoso con los "derechos" de todos esos "humanos" a los que prometió deportar.
2. Que cualquier proceso de repatriación sea de manera coordinada y ordenada.
Habrá acuerdo. Por la misma razón anterior. "Coordinada" y "ordenada" son meros adjetivos del sustantivo que más le interesa a Donald Trump: "deportación".
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3. El desarrollo del hemisferio debe de ser una responsabilidad compartida, trabajar de manera conjunta para promover juntos a los países de Mesoamérica.
Punto de conflicto. Ya Trump ha dado suficientes señales de su política de "America first". No creo que su visión incluya la lógica de que las personas no migrarían si tienen razones para permanecer en su país de origen —Costa Rica es un buen ejemplo con una tasa de emigración de solo el 2.70% de su población residiendo en el extranjero, la más baja de Centroamérica—; por demás, tampoco veo a Donald Trump reeditando un "Plan Marshall" o una "Alianza para el Progreso" con los países del istmo centroamericano como objetivo.
4. Asegurar el libre flujo de las remesas.
Punto de conflicto. El control de las remesas es una de las vías de Donald Trump para hacerse pagar el muro de sus desvelos. Para México éstas representan el 2.3 % de su Producto Interno Bruto (PIB) y constituyen la tercera fuente de divisas del país. Por su parte, el canciller mexicano Luis Videgaray ya adelantó que de ser necesario se procedería por vía legal para garantizar este objetivo.
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5. El gobierno de Estados Unidos debe asumir el compromiso de trabajar con México para evitar el libre tráfico de armas.
Habrá acuerdo. Quedará por ver su efectividad y hasta qué punto compromete la soberanía de México. Vale recordar que entre 2009 y 2010, con la operación "Rápido y Furioso", la "Agencia de Alcohol, Tabaco y Armas" de Estados Unidos (ATF, por su sigla en inglés) ingresó armamento en territorio azteca con el fin de rastrearlas e identificar a quienes proveían ilegalmente de armas a los narcotraficantes mexicanos. El plan fue un fracaso pues se perdió el rastro. Además, "detalle menor", no tuvieron la gentileza de informar a las autoridades mexicanas de la introducción de armas en su territorio.
6. Preservar el libre comercio entre México, Estados Unidos y Canadá.
Punto de conflicto. "America first", nuevamente. El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) se renegocia a gusto de Estados Unidos o lo abandonan. Por su parte, el presidente de Canadá, Justin Trudeau, ya anunció que velará por los intereses de su país antes que hacer mancuerna con México. No debe olvidarse que fueron ellos quienes iniciaron el TLCAN en 1998, al que luego se incorporaría el vecino mestizo y pobre del sur que no habla inglés y profesa el catolicismo.
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7. Negociar o incluir aspectos de negociación de nuevos sectores; telecomunicaciones.
Acuerdo o conflicto: ello dependerá de lo que se logre en la renegociación del TLCAN… si no se cancela antes.
8. Mejores salarios para los trabajadores de México.
Punto de conflicto. "Eso es asunto de las autoridades mexicanas", dirán los negociadores de Estados Unidos. Además, los bajos salarios que se pagan en México resultan, lamentablemente, uno de los incentivos que ofrece el país al inversionista extranjero.
9. Proteger el flujo de inversiones en México, ofreciendo las condiciones para la llegada de capital.
Punto de conflicto. "Eso es asunto de México", reiterarán. Y "America first" tuiteará Trump por enésima vez.
10. Trabajaremos por una frontera que nos una, no que nos divida.
Punto de conflicto. "El muro va, ¿no no les ha quedado claro?", dirán perplejos. Tendrán que ser muy elocuentes los representantes mexicanos para hacerle ver a Trump y a sus representantes que la "frontera inteligente" de George Bush no contuvo la migración ilegal ni el tráfico de drogas, por lo que su publicitado muro tampoco las contendrá.
"La suerte está echada" para México. El Rubicón que se ha cruzado no es sólo el del mañana económico del país, también el de la dignidad como Nación. El 31 de agosto de 2016, Donald Trump pudo comportarse en México como un auténtico presidente cuando apenas si era el candidato republicano a las elecciones de su país; a Enrique Peña Nieto se le presenta ahora la última oportunidad de legitimar su imagen como dignatario y preservar el honor patrio de todos los mexicanos, quienes han enfatizado las coincidencias por sobre las diferencias con el gobierno ante los exabruptos de Trump. Quién sabe si ello le sirva, incluso, para redefinir las posibilidades del Partido Revolucionario Institucional —que lo aupó a la presidencia hace poco más de cuatro años— de cara a las elecciones del 2018.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK