Somos un Colectivo que produce programas en español en CFRU 93.3 FM, radio de la Universidad de Guelph en Ontario, Canadá, comprometidos con la difusión de nuestras culturas, la situación social y política de nuestros pueblos y la defensa de los Derechos Humanos.

lunes, 23 de enero de 2017

El teatro de la injuria



Hermann Bellinghausen
La Jornada 

Desde la lucidez súbita y escéptica de un fabulador excepcional, Johnatan Lethem, el narrador más interesante de Estados Unidos en la actualidad (Brooklyn, 1962), ha vivido la ascención de Donald Trump con el espanto real compartido por millones de personas. De entre todas sus sombrías conclusiones, ninguna tan demoledora como: Donald Trump, como Liberty Valance, es el lugar donde los lenguajes llegan a morir. Se remite al protagonista de un western otoñal de John Ford donde Lee Marvin trampea las elecciones, se impone atizando la irracionalidad y el miedo y causa la destrucción de su pueblo. También alude al legendario jardinero central de los Mets Willie Mays, a cuyo guante los triples llegaban a morir.
En Theatre of Injury (London Review of Books, 15/12/2016), el usualmente no muy político escritor (aunque siempre del lado decente de las batallas civiles vistas desde Nueva York) no prevé ninguna normalización después del arribo de Trump a nuestras vidas. Aplaude con cierta sorna los esfuerzos colectivos que se han accionado para contener a Trump, pero éstos no lo tranquilizan. Aunque confiesa que él y sus conocidos flotan como astronautas en un espacio extraño desde que Trump fue electo, nos receta varias citas bastante terrenales.
La primera, de 1998, es del antifilósofo neoyorquino Richard Rortry: Algo se va a quebrar en Estados Unidos. El electorado no suburbano decidirá que el sistema le ha fallado y buscará un hombre fuerte para votarlo. Alguien dispuesto a prometerles volver a un pasado que nunca fue.
En 2003 otro filósofo, Sheldon Wolin, señalaba: Los elementos están listos para que esto ocurra, gracias a un pobre aparato legislativo y un sistema electoral falsificado que va contra la mayoría en favor de los ricos y los bien conectados. En 1938, Ernst Jüng veía a Hitler como un hombre que escucha voces misteriosas que le susurran un flujo de órdenes y consejos con los que decide sus acciones. El gran líder parece llevado por algo inefable fuera de nuestro alcance. Es un farsante. Una charada, canta Roger Waters en Cerdos, pieza que tuvo a bien divulgar por Internet el primer día del gobierno de Trump en la versión que interpretó en el Zócalo de la Ciudad de México el pasado 8 de octubre. Aquello fue una feroz escenificación electrónica en vituperio del entonces candidato republicano que ya entonces nos injuriaba urbi et orbi.
Lethem, fiel a su naturaleza literaria, deriva pronto a las novelas de futuro distópico, en concreto las de Phillip K. Dick (de cuyo opus es máximo especialista). En concreto, ¿Sueñan los androides con borregos eléctricos?, donde un demagogo fascista de la televisión llamado Buster Friendly es idéntico a Trump. O el presidente Fremont de Radio Libre Albemuth, quien resulta en realidad un agente infiltrado que trabaja para los rusos (soviéticos en tiempos de Dick) con la intensión de apoderarse de Estados Unidos. Teme Lethem, peor aún, que nos encontremos ante la versión demoníaca de Chauncey Gardiner, el Jardinero con suerte (Being There) de Jerzy Kosinski; es decir, un pendejo (Waters dixit) que será presidente justo por ser un pendejo que sólo repite lugares comunes desde un lenguaje vacío.
Lethem toma como título de su alarmado recuento de advertencias el de una obra teatral de sus niños y los de otros amigos, de esas donde alguien siempre sale lastimado, y la transfiere al presente de nuestros males y su hiriente puesta en escena. Teórico y practicante de la referencia, la cita cultural y el pastiche, Lethem nos clava Asincronismo, texto del filósofo marxista Ernest Bloch en 1932, cuando Hitler no había ganado todavía. No toda la gente vive en el mismo Ahora,
advertía Bloch; parecen hacerlo, pues viven al mismo tiempo que nosotros y podemos verlos; eso no significa que sean contemporáneos nuestros. Ellos se definen por un pasado que nunca fue pero que, creen, les permitirá combatir el presente en aras de un futuro que imaginan. Incluso las masas aceptan dirigirse a ese futuro. Hitler prometía cosas viejas. Nada es más inesperado ni más peligroso que el poder de quien es feroz e insignificante a la vez. Que promete un futuro anacrónico. Sus bases no viven nuestro Ahora, ni lo que a nosotros nos parece valioso (la tolerancia, la igualdad, la solidaridad conquistada por la civilización), pero se muestran dispuestas a destruirlo. Irrumpen con estruendo, sin pudor.
Terminaron los ensayos, escribe Lethem en Teatro que lastima. Prepárense para los golpes reales que vienen. O, como cabecea esta semana La Opinión de la Bahía, un pequeño periódico latino de San Francisco, Agárrense.