Crisis en Venezuela
El país está peor que entonces, señalan opositores
El autoproclamado
presidente interinodice que pronto revelará cuándo regresa a Venezuela
▲ Partidarios del gobierno venezolano salieron ayer a las calles para
celebrar el aniversario del estallido social del 27 de febrero de 1989
contra el presidente Carlos Andrés Pérez.
Caracas. La batalla de este miércoles fue por el sentido de la historia. En pleno aniversario del Caracazo,
chavistas y antichavistas disputaron el significado de la fecha. El
gobierno y sus simpatizantes se reivindicaron, producto de esas
jornadas, como sus fieles herederos. Sus enemigos, en cambio, apostaron
en las redes a presentar la situación actual de Venezuela como mucho
peor a la existente entonces.
Pero fue una batalla desigual. Los antichavistas cargan sobre sus
hombros con la derrota de su asonada del pasado 23 de febrero y de la
celebración de una fecha que no les pertenece. Tuvieron que limitarse a
actuar en redes sociales y a hacer declaraciones en sus medios de
comunicación. Y echar a caminar acciones desestabilización violentas sin
reivindicarlas públicamente.
En cambio, el Caracazo forma parte del ADN del gobierno. El finado Hugo Chávez lo describió como
la chispa que encendió el motor de la revolución bolivariana. Los chavistas, vencedores de la batalla de hace apenas cuatro días, mostraron nuevamente el músculo, con una multitudinaria manifestación en el pueblo de Petare, área metropolitana de Caracas, la segunda en menos de una semana. El presidente Nicolás Maduro decretó 27 y 28 de febrero días de conmemoración nacional.
El estallido
El 27 de febrero de 1989 se produjo en Caracas un
estallido social que generó ondas expansivas en Venezuela y en todo el
continente. Ese día, miles de habitantes pobres inconformes bajaron de
los cerros de Caracas, en los que vivían, a protestar. El gobierno del
socialdemócrata Carlos Andrés Pérez reprimió salvajemente a los
manifestantes. Centenares de ellos fueron asesinados. Se declaró el
toque de queda. Las garantías constitucionales fueron suspendidas.
Apenas el 3 de febrero había tomado posesión para un segundo mandato
(en el primero gobernó entre 1974 y 1979), que ganó con más de 52 por
ciento de los votos. De acuerdo con los lineamientos del Fondo Monetario
Internacional prometió el fin del Estado intervencionista y protector, y
la liberalización de la economía.
Unos días después anunció la liberación de los precios de todos los
productos de consumo, de las tasas de interés y de las tarifas de los
servicios públicos. En el reino de la renta petrolera, notificó el
aumento del precio de la gasolina.
El paquete de ajuste económico debía comenzar el 27 de febrero. El
día llegó, la inconformidad se generalizó y los reclamos y protestas se
extendieron como reguero de pólvora casi por todo el país. Supermercados
y tiendas de electrodomésticos fueron saqueados.
En un primer momento, la policía salió a las calles a controlar los
disturbios disparando y golpeando. Desbordado por la ira popular, el
gobierno ordenó a las tropas salir de los cuarteles a restaurar el
orden. Lo hizo matando más de 3 mil 600 personas.
Fue el primer levantamiento continental en contra de los ajustes
neoliberales. Desde entonces, las clases dirigentes de América Latina
saben (aunque prefieran ignorarlo) que no hay políticas de ajuste y
estabilización sin consecuencias, y que, en cualquier momento los pobres
de los cerros (reales o figurados) pueden bajar a trastocar el orden.
Oposición desdibujada
Aunque Henrique Capriles es hoy la sombra de lo que un
día fue, sigue siendo una figura opositora relevante. Desplazado y
menospreciado por sus antiguos compañeros, pero una figura. Su mensaje
resume bien la línea de acción del antichavista en esta coyuntura. En un
tuit escribió: “Se cumplen 30 años del Caracazo, las
condiciones de vida de Venezuela son peores a las que condujeron a aquel
estallido. Que nuestro pueblo tenga claro que la tragedia que vivimos
tiene responsables: ¡Maduro y su combo! A una sola voz, ¡que se vayan e
inicie la recuperación!”
Sin embargo, la maniobra de la oposición para revertir el significado del Caracazo
contra el chavismo no es sencilla. Ella es la continuadora del Pacto de
Puntofijo, el acuerdo de gobernabilidad firmado a finales de 1958 por
los partidos políticos que se alternaron en el poder durante cuatro
décadas, hasta el triunfo de Hugo Chávez, en 1998. Ellos fueron las
víctimas directas del Caracazo. Fueron sus políticas las que lo provocaron
Quizá por eso, recurrieron a medidas un poco más enérgicas, como
incendiar, en Vargas, las bodegas en las que se almacena el empaquetado
de alimentos que contienen las cajas del apoyo alimentario brindado por
el gobierno.
El autoproclamado Juan Guaidó decidió patear el bote más adelante
para ocultar que su plan está a la deriva. Siguió nombrando funcionarios
simbólicos, como el procurador especial de la República, y notificó que
en los próximos díasanunciará la fecha exacta de su retorno a Venezuela. Mientras tanto, comenzó una visita a Brasil.
Muestra de que la desgracia no viene sola, Saleh Lorent, el
luchador por la libertadque el PAN metió al Senado presentándolo como héroe, fue detenido en Colombia, acusado de intentar violar a dos mujeres bajo la influencia de las drogas. Logró ser rescatado por los buenos oficios de la oposición venezolana y sus aliados colombianos.
Y para desgracia de la suerte opositora, hasta la actriz y playmate Pamela Anderson, conocida por sus papeles en la serie televisiva Guardianes de la Bahía, se fue de frente contra la intervención estadunidense. En un tuit señaló que la legisladora Alexandria Ocasio-Cortez
está equivocada al decir que Venezuela es un fracaso de la democracia, en lugar de decir que el gobierno estadunidense se encuentra organizando un sangriento golpe de Estado contra la nación.
Foto Afp/Presidencia de Venezuela
Luis Hernández Navarro
Enviado
Periódico La Jornada
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