EL ANALFABETA POLÌTICO
El peor analfabeta es el analfabeta polìtico èl no oye, no habla ni participa en los acontecimientos polìticos.
No sabe que el costo de la vida, el costo de los frijoles, del pescado, de la harina, del alquiler, del calzado y de las medicinas, dependen de las decisiones polìticas.
El analfabeta polìtico es tan animal que se enorgullece e hincha el pecho al decir que odia la polìtica.
No sabe el imbècil que de su ignorancia polìtica, proviene la prostituta, el menor abandonado, el asaltador y el peor de todos los bandidos que es el polìtico aprovechado, embaucador y corrompido lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.  Bertolt Brecht..

viernes, 13 de mayo de 2011

Utopía:Multitud, diálogo y renuncia

Eduardo Ibarra Aguirre

Con la multitudinaria Caminata-Marcha por la Paz con Justicia y Dignidad de Cuernavaca, Morelos, al Distrito Federal, las manifestaciones realizadas en varias ciudades del país y las expresiones de apoyo en una decena de ciudades de Europa y otras tantas de Estados Unidos, la ciudadanía diversa como es irrumpió como actor insoslayable de la lucha por la seguridad pública.

Es una contienda que se enuncia en seis palabras, pero las raíces y los troncos socioeconómicos que generalizaron la inseguridad son inseparables respecto del modelo de desarrollo vigente desde 1982.

Pocos reclamos ciudadanos involucran, como lo enunció Javier Sicilia en el discurso del Zócalo, al empleo a secas y al remunerador, a la educación y los valores cívicos, a los monopolios y los partidos políticos, al crimen organizado y las instituciones financieras para lavar dineros, a los poderes fácticos incluidas las iglesias, a la clase política –con la elite del funcionariado y el primer empleado de la nación-- y su inveterada corrupción, a la pobreza extrema y la que no tiene adjetivo, al individualismo a ultranza como máxima del duopolio de la televisión y el oligopolio de la radio que también rinden culto a la violencia, a la educación superior pública y privada que cierra puertas a millones de jóvenes y a los que obtienen un grado no consiguen empleo…

Es una puja, la de la seguridad pública, de profundas implicaciones y del interés de todas las franjas sociales, porque son o pueden ser víctimas del crimen organizado y sus aliados en el poder, pero resultan disímbolas las capacidades que tienen para sortearlo.

La emergencia de este movimiento vigoroso y diverso –binomio de la fortaleza y la debilidad--, con sus liderazgos más autónomos respecto del poder público y de los partidos --a diferencia de los de la megamarcha del 27 de junio de 2004 que aglutinó a un millón de capitalinos y que tuvo el abierto padrinazgo del duopolio de la televisión y el oligopolio de la radio--, está en condiciones de alterar el mapa político y electoral, el de hoy y el de julio de 2012.

La reacción inmediata de Felipe Calderón para dialogar con los “principales promotores”, para “escuchar razones y propuestas, y se conozcan las acciones”, pareciera una respuesta alentadora proviniendo del hombre que apenas el 5 de mayo descalificó, desde Puebla de los Ángeles, a los caminantes y se confrontó innecesariamente con ellos.

Es cierto que no hay respuesta gubernamental explícita a la demanda de renuncia de Genaro García Luna, formulada por el poeta fuera de la lectura del discurso en el Zócalo, y sin consultar a sus pares. Mas la respuesta de Alejandro Poiré no deja dudas: “Si alguien ha impulsado incansablemente la formación de la policía civil profesional, apegada a la ley, bien equipada, y con las capacidades de inteligencia que garanticen la seguridad de la población, esa persona es Genaro García Luna”.

Los 200 mil movilizados al Palacio Nacional no coincidieron con Poiré, a coro demandaron que el súper policía se marche, aunque antes del grito unánime de “!Fuera Calderón!” y enseguida “¡Muera Calderón!”, alcanzó decibeles que seguramente preocuparon y mucho al señor que hasta ahora, con gesto adusto, se atreve a reconocer que México atraviesa por un “momento complejo” en materia de seguridad. Pero la oportuna intervención de Sicilia con el válido argumento de que “el problema es estructural”, sorteó la situación con la exigente multitud. Claro está que la misma tesis es aplicable al caso del ingeniero mecánico, pero en este caso se estima que sería una muestra de que “Calderón sí nos escuchó”.

Condicionar a la renuncia de García Luna el inicio del diálogo con el titular del Ejecutivo, como lo hizo el activista cultural Rocato, uno de los voceros del movimiento, pareciera no tener futuro cierto.

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