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miércoles, 14 de abril de 2010

La columna de Jalife.....

Bajo la Lupa

Brzezinski delinea plan de paz para el Medio Oriente

Alfredo Jalife-Rahme
Foto
Fotografía oficial de la cumbre de seguridad nuclear realizada en WashingtonFoto Ap

En su fase acelerada de decadencia pareciera que con Obama Estados Unidos desea otorgar su oportunidad a la diplomacia cuando fracasó su fuerza bélica con la dupla Cheney-Bush y sus controladores neoconservadores straussianos.

Pareciera que Obama se ha inclinado por contener a Irán (más que a Norcorea), a quien pretende cercar mediante el despliegue de su cosmogonía nuclear (la nueva doctrina Obama de revisión de postura nuclear, el Start II, la Cumbre de Seguridad Nuclear y la próxima revisión en la ONU del Tratado de no Proliferación de Armas Nucleares) hasta el esbozo de un desgarrador reajuste en el Medio Oriente.

Tres días después a la trascendental firma de la segunda versión del Start (siglas en inglés del Tratado de Reducción de Armas Nucleares), y en vísperas de la relevante Cumbre de Seguridad Nuclear de 47 países convocada por Obama en Washington (ver Bajo la Lupa, 11/4/10) –ya no se diga a tres días de la notable cumbre del BRIC en Brasil– Zbigniew Brzezinski –muy influyente geoestratega, ex asesor de seguridad nacional de Carter e íntimo de Obama–, delineó un “audaz (sic)” plan de paz para el Medio Oriente en The Washington Post (11/4/10), rotativo del establishment estadunidense.

Brzezinski compartió los créditos de su artículo con el muy controvertido anterior congresista por Nueva York Stephen Joshua Solarz, muy cercano a los intereses de Israel, quien quizá fue requerido para seducir al poderoso “lobby israelí” (ver libro de John J.Mearsheimer y Stephen M.Walt) que desde el Congreso puede torpedear la agenda de paz –local, regional y global– de Obama.

Cabe señalar que Joshua Solarz, personaje menor en la política, se presenta ahora como miembro del consejo de International Crisis Group, entidad filo-sionista donde figuran, como era de esperarse, el megaespeculador George Soros y el cordobista Zedillo (encargado en sepultar la otrora banca nacional de México y confeso admirador del etnocida Henry Kissinger).

¡Por piedad!: ¿Qué sabe Zedillo de crisis internacionales?

Brzezinski sintetiza ahora su previo ensayo en la muy influyente revista Foreign Affairs (enero-febrero 2010): “Por qué la política exterior de EU debe moverse de la esperanza a la audacia (sic)” –en alusión al conocido libro de Obama La audacia (sic) de la esperanza– en el que explaya persuasivamente los obstáculos, en particular al interior de la presente administración que cuenta con muchos operadores que anteponen los intereses unilaterales de Israel a los de EU.

Pareciera que el inapelable tiempo venció el gran diseño de la política exterior de Obama cuando, después del desastre bushiano en Iraq –sin contar la caída de Kirguizistán en Asia Central que beneficia a Rusia– se empieza a desmoronar el andamiaje de la intervención militar de casi nueve años en Afganistán, donde hasta el presidente Karzai se ha percatado de la notoria vulnerabilidad estadunidense y se ha acercado tanto a Irán como a Turquía (lo que valió un vuelo dramáticamente intempestivo de Obama a Kabul por unas cuantas horas).

En la misma línea de pensamiento del general Petraus (ver Bajo la Lupa, 21/3/10), Brzezinski considera que el plan de paz “es del interés nacional (sic) de EU, debido a que la ocupación del Margen Occidental palestino y el aislamiento forzado de la franja de Gaza aumentan el resentimiento (sic) a EU, y obstaculiza los objetivos diplomáticos y militares en la región”. Nótese el orden secuencial entre diplomático y militar.

No hay que perder de vista lo que hemos denominado la línea Brzezinski: la concatenación de los contenciosos palestino-israelí, Iraq, Irán y Af/Pak (Bajo la Lupa,19/7/09).

A juicio de Brzezinski, la inminente exhumación de un plan de paz para el Medio Oriente por Obama no será suficiente y requiere un gesto audaz (sic) y dramático”.

El plan de Brzezinski se centra en dos aspectos: la parte coreográfica, con mucha pirotecnia, y la otra parte sustancial.

La coreografía pirotécnica, nada desdeñable, consta de un viaje espectacular de Obama –prácticamente a suplicar por la paz mediante su vibrante retórica– tanto al Knesset (Parlamento) de Jerusalén, en imitación del viaje histórico del asesinado presidente egipcio Anuar Sadat, como a Ramala (hoy la capital de facto de la Autoridad Nacional Palestina), donde “deberá (sic) ser acompañado por los líderes árabes y el llamado Cuarteto (el grupo diplomático conformado por EU, Rusia, la Unión Europea y la ONU).

¿Aceptará el belicoso premier israelí Bibi Netanyahu, quien padece ostensiblemente el complejo Massada (la masiva muerte fundamentalista) y acaba de boicotear la relevante Cumbre de Seguridad Nuclear en Washington, recibir a Obama para ser solemnemente pontificado en Jerusalén?

Basta leer la apreciación autista de Debka (12/4/10), presunto portal del Mossad (el vilipendiado servicio de espionaje israelí), que desecha el plan de Brzezinski, repleto de falacias.

En caso de la esperada intransigencia del belicoso primer ministro israelí, entonces EU deberá buscar el apoyo del Consejo de Seguridad al plan de paz de Obama.

Brzezinski expone que las cuatro líneas generales básicas del inminente Plan Obama son conocidas por todos, cuya “mayoría de parámetros ha sido endosada (sic) por el plan árabe de paz de 2002 y el Cuarteto”, así como por dos ex-primer ministros israelíes, el general Barak y Olmert:

1. Una píldora amarga para los refugiados palestinos a quienes se les prohibiría su principio sagrado: el derecho de retorno a Israel del que “no se puede esperar se suicide (sic) en aras de buscar la paz”.

2. Reparto de Jerusalén como capital de cada Estado. El este de Jerusalem sería la capital palestina.

3. Arreglo territorial basado en las fronteras de 1967.

Y 4.“Estado palestino desmilitarizado (¡súper sic!) con soldados de EU o la OTAN a lo largo del río Jordán para proporcionar mayor (¡súper sic!) seguridad a Israel”. Brzezinski no aborda la dotación clandestina de alrededor 400 bombas nucleares de Israel.

Nos detendremos sucintamente en el muy polémico primer punto, que expone obscenamente las dos pesas y dos medidas sobre el mismo tema.

Mientras prohíbe el retorno sagrado de los refugiados palestinos a su tierra de origen, EU ha permitido que en Israel el mismo principio haya sido erigido en ley, la Ley del Retorno de 1950, que le confiere a los judíos, de origen judío, y a sus esposas el derecho de emigrar y asentarse en Israel y obtener la ciudadanía.

No nos adentraremos en el más polémico asunto de la multiplicidad de definiciones entre judío, israelí, hebreo, semita y khazar, lo cual expone lúcidamente Shlomo Sand, insigne historiador de la Universidad de Tel Aviv en su libro imprescindible La invención (sic) del pueblo judío.

Sin el ánimo de aguar la fiesta de Brzezinski, pero suena absurdo prohibir el retorno de palestinos –de raza árabe semita– cuando se ha permitido y alentado la emigración y colonización a Israel de alrededor un millón de khazares –de raza mongol no semita y conversos a la religión judía– de Rusia y otros países de la antigua URSS de Europa oriental.

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