EL ANALFABETA POLÌTICO
El peor analfabeta es el analfabeta polìtico èl no oye, no habla ni participa en los acontecimientos polìticos.
No sabe que el costo de la vida, el costo de los frijoles, del pescado, de la harina, del alquiler, del calzado y de las medicinas, dependen de las decisiones polìticas.
El analfabeta polìtico es tan animal que se enorgullece e hincha el pecho al decir que odia la polìtica.
No sabe el imbècil que de su ignorancia polìtica, proviene la prostituta, el menor abandonado, el asaltador y el peor de todos los bandidos que es el polìtico aprovechado, embaucador y corrompido lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.  Bertolt Brecht..

domingo, 25 de marzo de 2012

Un viaje en el aniversario del asesinato de Romero

I. DOMÍNGUEZ 

Benedicto XVI llega a América Latina y ya ha nombrado al gran enemigo que el Vaticano vio en el continente en los años setenta y ochenta, el marxismo. Sobre todo por su simbiosis con la doctrina cristiana en la Teología de la Liberación, combatida severamente desde Roma, entre otros por el entonces cardenal Ratzinger al frente de la Congregación de Doctrina de la Fe.
Es una curiosa casualidad que el Papa llegue a Latinoamérica en el 32 aniversario del asesinato de monseñor Óscar Romero, el arzobispo de San Salvador acribillado en 1980 ante el altar, que aún sigue siendo una figura inexplicablemente incómoda en el Vaticano. En el maniqueísmo de aquellos años, y dentro de la fobia de Wojtyla, por razones biográficas, por todo lo que sonara a comunismo, se le asoció con la Teología de la Liberación por denunciar la violencia de la dictadura salvadoreña, las violaciones de derechos humanos y defender a los pobres. En el Vaticano todavía se teme que recuperar su figura se interprete como una legitimación del movimiento.
Precisamente en mayo de 2007, en ocasión del primer viaje de Ratzinger al continente, tuvo palabras elogiosas hacia él durante el vuelo. Preguntado acerca de Romero, lo definió «un gran testigo de la fe» y dijo sin rodeos que era «digno de beatificación». La causa de santidad, no obstante, llevaba parada desde 1996, cuando concluyó la fase diocesana de instrucción. A nivel puramente técnico y dentro del punto de vista dominante en Roma, la Iglesia no le consideraría un mártir, lo que aceleraría el proceso, porque interpreta que sus verdugos no actuaron 'in odium fidei' (por odio a la fe) sino contra un adversario político.
Tras las palabras de Benedicto XVI, se pensó en una rehabilitación que iba a reactivar el proceso de beatificación, pero fue un espejismo. Es más, ese pasaje de la intervención del Papa desapareció de la transcripción posterior de la sala de prensa de la Santa Sede. La causa sigue bloqueada.