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miércoles, 24 de marzo de 2010

La columna de Jalife....

Bajo la Lupa

¿Expande EU su comando norte a México por petróleo y necesidad demográfica?

Alfredo Jalife-Rahme
Foto
La secretaria de Seguridad Interna de Estados Unidos, Janet Napolitano; el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, y el titular de Seguridad Pública, Genaro García Luna, durante la firma de un convenio en el contexto de la segunda reunión de alto nivel, efectuada en Relaciones Exteriores
Foto Francisco Olvera

El desfondado México calderonista está a punto de ser fagocitado por el esquema del Comando Norte (NorthCom) –sucesor del antiguo NORAD, por sus siglas en inglés: Defensa Aeroespacial de Norteamérica de la guerra fría–, que ahora delinea la esfera de control militar estadunidense de toda América del Norte, que incluye a Canadá y México, con el fin de capturar los hidrocarburos del Golfo, al tiempo que afianza su presencia bélica hasta Colombia (donde ha instalado siete bases militares) mientras domina gradualmente su nuevo mare nostrum: el mar Caribe (ver Radar Geopolítico en revista Contralínea, 21/2/10) con las recientes adquisiciones de Honduras y Haití.

¿Cuántas bases militares instalará Estados Unidos en suelo mexicano con la anuencia tácita de Calderón, sosia del colombiano Uribe? Un año antes de los lamentables asesinatos de funcionarios estadunidenses en Ciudad Juárez ya habíamos advertido que la ruta trágica de los hombres perversos desembocaría en la incrustación del México neoliberal calderonista al Comando Norte, en un artículo que hoy cobra una dimensión histórica (ver Bajo la Lupa, 15/4/09), que sugerimos (re)leer a los dilectos lectores y, sobre todo, a los patriotas mexicanos.

¿Los asesinatos de funcionarios estadunidenses, nueve días antes de la presencia programada el 23 de marzo de una relevante delegación que encabeza nominalmente la secretaria de Estado, Hillary Clinton, sirvieron de coartada exquisita para que Estados Unidos pase de la Iniciativa Mérida/Plan México (similar al Plan Colombia en su concepción militar) a la siguiente fase de la absorción del México neoliberal calderonista, con los pletóricos hidrocarburos del Golfo de México, por el Comando Norte? ¿Nos encontramos ante otro “micro 11/9” consentido relajadamente por Calderón?

Más allá de Hillary Rodham Clinton, quien preside la delegación en forma coreográfica, acompañada de la polémica Janet Napolitano (a cargo de la seguridad del hogar), la presencia militar y de los servicios de inteligencia fue avasalladoramente impactante frente a su exigua contraparte panista: Bob Gates, secretario del Pentágono; almirante Michael Mullen, jefe de las fuerzas armadas conjuntas, y Dennis Blair, director de Inteligencia Nacional.

Seis días antes de la sumisión masoquista de Calderón a los dictados de la seguridad militar nacional del Pentágono, una pléyade plural de entreguistas cenadores/senadores (donde no podía faltar la representación de los chuchos que busca el primitivo hermafroditismo político con quien sea y como sea, lo cual en biología representa una forma inferior de reproducción) había emprendido el viaje a Canossa para ser voluntariamente indoctrinada y condicionada con los consabidos métodos conductistas pavlovianos en la sede central del Comando Norte en Springs (Colorado).

Lo interesante radica en que los insignes cenadores/senadores mexicanos acudieron a la sede del Comando Norte cuatro días después de los asesinatos de los funcionarios estadunidenses en Ciudad Juárez. Todo lo que opera Calderón –desde su reforma energética de desnacionalización de Pemex (ver nuestro libro de mismo título, Grupo Editorial Orfila Valentini, 2009), pasando por su hilarante guerra contra el narcotráfico, hasta su más reciente propuesta de reforma laboral neoliberal– conduce ineluctablemente al control militar de los hidrocarburos del Golfo de México por el Comando Norte, cuyos alcances rebasan la esfera propiamente bélica y alcanzan hasta la intimidad de la salud y la salubridad (ver Bajo la Lupa, 3/5/09), en caso de pandemias reales o montadas, como la influenza calderonista, con la colaboración maligna de la Organización Mundial de Salud, según ha denunciado correctamente el Parlamento Europeo.

A nuestro juicio, una de las consecuencias de la fagocitosis del Ejército Mexicano por el Comando Norte colocará nada improbablemente al México neoliberal, totalmente digerido, en una doble situación delicada: por un lado, adoptará innecesariamente a todos los enemigos de Estados Unidos en el mundo, que son legión y, por otra parte, incrementará los menguados efectivos estadunidenses con abundantes soldados mexicanos de infantería que tanto necesita en el futuro inmediato cuando la carrera demográfica transfronteriza los rebase en el frente doméstico (en favor del segmento etnodemográfico latinoamericano en general y mexicano en particular (lo cual dio pánico en su momento a Samuel Huntington).

Para felicidad conjunta de los Castañeda Gutman y Aguilar Camín, según se han expresado en público, ¿convertirá el Comando Norte al Ejército Mexicano en un grupo similar a los condottieri (los célebres mercenarios al servicio de las ciudades-Estado italianas de finales de la Edad Media hasta mediados del siglo XVI) y/o de mercenarios posmodernos mediante un novedoso outsourcing (deslocalización) militar en la transfrontera controlados tecnológicamente por el Pentágono?

La asimetría tecnológica de los dos ejércitos transfronterizos es enorme y tampoco se puede soslayar que ahora las invasiones militares de Estados Unidos (corta en efectivos por lo que recurre a la automatización de los drones por doquier), se han acompasado por un séquito de empresas privadas de mercenarios como la siniestra Blackwater (dotada de 20 mil homicidas).

Aunque suene paradójico y sea políticamente incorrecto para la vigente propaganda neoliberal, a nuestro juicio es Estados Unidos el que requiere de ayuda de las huestes del Ejército Mexicano (sin agregar irreverentemente a los cárteles mexicanos de las drogas), mucho más que el propio México de parte del ejército estadunidense, hoy sobrextendido y empantanado en Irak y Afganistán. Curiosamente, las guerras en esos países, comparadas por el Comando Norte con la guerra contra las drogas en el México neoliberal calderonista, no solamente se han prolongado y gangrenado, sino que, peor aún, corren el riesgo de balcanizar a tales países, fatalidad que Stratfor, centro de pensamiento texano-israelí, a México (ver Radar Geopolítico, Contralínea, 17/1/10) augura a México.

Hace 14 años, antes de la imposición de Calderón y la existencia del Comando Norte, el entonces secretario del Pentágono, Caspar Weinberger, ya había previsto el escenario presente en la transfrontera en su libro La próxima guerra, prologado por la británica Maggie Thatcher).

¿Con la incorporación del Ejército Mexicano, en una primera etapa, se latinoamericaniza la infantería estadunidense del futuro para preservar sus fronteras presentes y su primera línea defensiva que llega hasta Colombia y abarca al Golfo de México y su nuevo mare nostrum, el mar Caribe, al unísono del superestratégico Canal de Panamá? En un escenario nada improbable de amnistía generalizada posterior, ¿incorporará el Comando Norte en su seno a los bien entrenados y pertrechados cárteles mexicanos, gracias a su milagroso abastecimiento de armas estadunidenses?

Alea jacta est: hace 22 años que los dados fueron arrojados desde la firma del TLCAN neoliberal y del que la incorporación de México al Comando Norte es el epílogo natural.

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