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jueves, 2 de marzo de 2017

Ecuador, entre la continuidad o la restauración neoliberal



Emir Sader
La derecha latinoamericana venía de acumular avances, desde las elecciones parlamentarias en Venezuela, la presidencial en Argentina, el referendo vicioso en Bolivia, el golpe en Brasil, y se apresuraba a festejar una victoria más. Sus portavoces, de derecha y remanentes de ultraizquierda, contaban con un gran resultado de la alianza de los candidatos opositores al gobierno de Alianza País. Guillermo Lasso, el banquero más rico de la nación, y Cinthia Viteri, otra variante del neoliberalismo, apenas se disputaban quién enfrentaría al candidato del gobierno en la segunda vuelta.
A pesar de la recesión económica que se abatió sobre Ecuador, como reflejo de la prolongada depresión internacional –y su conocida dificultad de defenderse, dada la dolarización de la economía impuesta por la derecha– y de la campaña sucia –al igual que en los otros países de la región– llevada a cabo por la oposición, los resultados no fueron los que ellos esperaban. Aun sin llegar al 40 por ciento, que le hubiera permitido ganar en primera vuelta –dado que superaba holgadamente la distancia de 10 por ciento hacia el segundo colocado–, Lenin Moreno se acercó mucho, pero le faltaron décimas para lograr ese índice.
La oposición más bien se asustó frente al riesgo de que Lenin ganara en primera vuelta. Inmediatamente Lasso llamó a la formación de un frente por la gobernabilidad democrática e intentó repetir el discurso de Mauricio Macri en la segunda vuelta en Argentina, según el cual, sumando los votos de los candidatos de la oposición, la mayoría desearía el cambio.
En estas elecciones Ecuador completó 10 años de Revolución Ciudadana, el proceso que trasformó más profundamente al país en todas sus dimensiones. Antes del gobierno de Rafael Correa –que él caracterizó como un cambio de periodo y no solamente un periodo de cambio–, Ecuador había tenido tres presidentes que no habían logrado concluir sus mandatos, tumbados por movimentos populares que se rebelaron contra sus programas neoliberales.
En una década, Ecuador vivió un extraordinario proceso que retomó el crecimiento económico, esta vez con inmensos programas de distribución de renta, que han promovido la inclusión social de sectores antes siempre excluidos. El Estado fue refundado, la infraestrutura modernizada como nunca, el país conquistó finalmente un lugar de prestigio en el mundo, con su desarrollo interno, su política externa soberana y el liderazgo de Rafael Correa, el personaje que proyectó a la nación en el mundo.
Las elecciones de este año se hacen en el contexto de los efectos de la recesión internacional sobre la economía de Ecuador, indefenso frente a la dolarización promovida por la derecha. Correa renunció a ser candidato de nuevo y Alianza País lanzó una lista con sus dos vicepresidentes, Lenin Moreno en el primer mandato y Jorge Glass en el segundo.
Como ha ocurrido en las últimas campañas en la región, la derecha se presenta como un cambio que mantendría las políticas sociales del gobierno. Como ha ocurrido en Argentina y Brasil, ficciones para conquistar votos, pero negadas una vez que asumen el gobierno y se impone el duro ajuste fiscal de la restauración neoliberal.
Un candidato que se presentaba como socialdemócrata, extremamente moderado, quedó en cuarto lugar, con pequeña votación, a pesar de recibir el apoyo de los sectores de ultraizquierda, que expresaron su ferocidad anti-Rafael Correa, tomando a éste como su enemigo fundamental. El abanderado afirmó que se quedará equidistante entre derecha e izquierda en la segunda vuelta, en contraste con la derecha, que ha apoyado con todo a Lasso.
Después de la votación mínima que han tenido en las elecciones anteriores, la ultraizquierda esta vez no se arriesgó a lanzar candidatura propia. Para el Parlamento tampoco tuvieron éxito, confirmando su rol de declive en el apoyo popular y en la vida política del país, a pesar de su lenguaje violento y la canalización de su accionar solamente contra el gobierno.
La gran polarización, como en las otras naciones progresistas de la región, se dio entre el gobierno y las alternativas de derecha, confirmando que hay dos opciones que se enfrentan: la neoliberal y la posneoliberal. En la segunda vuelta Lenin puede contar con la gran ventaja que obtuvo en la primera, con la mayoría absoluta que Alianza País logró en el Parlamento, con la aprobacion en referendo de la posibilidad de que alguien que tenga cargos públicos pueda tener cuentas en paraísos fiscales. Son expresiones de que no solamente Alianza País sigue siendo, de lejos, el más grande partido de Ecuador, como que posee una estructura política nacionl muy fuerte para encarar el mes y medio de la campana.
Será una segunda vuelta de contraposición directa entre lo que han hecho para el país los partidos de derecha –unidos todos alrededor de Lasso– y los avances realizados por el gobierno de Rafael Correa, sin disfraces. La derecha y la izquierda de América Latina se sentirán perfectamente representadas en las dos candidaturas, así como el pasado, el presente y el futuro del continente.