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viernes, 31 de marzo de 2017

Almagro, el odio y la vendeja de un vendido



Luis Almagro fue canciller del gobierno de Mujica entre 2010 hasta el l de marzo de 2015. Por su trayectoria fue apoyado por Mujica en la propuesta para Secretario General de la OEA. Almagro fue elegido en el cargo el 18 de marzo de 2015, prometiendo, en sus primeras palabras, trabajar para acercar la organización a la nueva realidad del hemisferio y así contribuir a garantizar la democracia, más seguridad y más prosperidad para todos. Quién podría adivinar que el personaje que parecía un timonel consecuente de la política exterior de un gobierno progresista y de un mandatario revolucionario como Mujica, se convertiría pronto, en apenas unos meses, en un virulento y contumaz opositor del gobierno bolivariano de Venezuela. Cambió tan rápido y en forma tan evidente que uno no puede preguntarse otra cosa que ¿cuándo lo compraron, o cuándo se puso en subasta?
El comportamiento de Almagro como Secretario General parece conducir inexorablemente a la OEA a su autodestrucción por desgajamiento de su membresía, con lo cual no se perdería nada valioso, o revivir pasadas etapas, que es lo que ha ocurrido en su seno en la reciente reunión del Consejo Permanente, en que el poder imperial de Estados Unidos convoca a un grupo de países siervos y serviles para echarlos contra uno a quien trata de quitar del camino porque no responde a sus intereses. Esta vez la víctima anunciada fue la República Bolivariana de Venezuela. Y por supuesto, más que unir, polarizó dos grupos enfrentados en torno al asunto puesto en discusión. Prepararon también la coartada que consiguieron el número indispensable de votos para activar la llamada Carta Democrática y estaban tan apresurados y seguros que obtendrían el objetivo de condenar a Venezuela de la peor forma siguiendo los procedimientos amañados, que todo el mundo pudo observar que cantaron victoria por adelantado. El resultado final no fue el que proclamaba Almagro ni el que promovían algunos países alineados a la conjura, ya por voluntad propia o forzados por determinadas circunstancias de presiones. Hay más de un “¡ay!”, de dolor y pena, por ver la actuación y palabras de algunos de los representantes de estos países. Pero, en fin, que cada cual cargue con el fardo pesado del deshonor.
Almagro, carcomido por odio enfermizo contra la Revolución Bolivariana y el Presidente Maduro, ha actuado, más que como un funcionario equilibrado de la OEA, como un agente apasionado de la oposición venezolana y, por supuesto, un agente velado del gobierno norteamericano y de otros intereses de la oligarquía internacional. Su papel mercenario ha quedado a la luz pública y hoy el descrédito corroe su anterior y presente ejecutoria.
Almagro pretendía que la OEA en esta reunión reeditara la Resolución VI adoptada el 31 de Enero de 1962 en la Octava Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, mediante la cual se excluyó al Gobierno de Cuba de su participación en el sistema interamericano, olvidando que 47 años después esa misma OEA, con una composición diferente y con un cambio de época de por medio, en el trigésimo noveno período ordinario de sesiones de la Asamblea General, realizada del 1 al 3 de junio de 2009 en San Pedro Sula (Honduras), en su Resolución AG/RES. 2438 (XXXIX-O/09) señala que la Resolución VI adoptada el 31 de enero de 1962 en la Octava Reunión queda sin efecto en la Organización de los Estados Americanos; y por tanto, a partir de esa fecha quedó sin efecto dicha exclusión.
Pero la historia de la OEA es demasiado terrible para que actos de mea culpa puedan limpiar tanta sangre, atropellos y muertes en nuestra América, al servicio siempre del imperialismo norteamericano. Y Cuba por supuesto cumplió su palabra de que jamás regresaría a “ese Ministerio de Colonias yanqui”. Y también con lo expresado entonces por el presidente cubano Osvaldo Dorticós en el seno de la OEA:
“[...] Si lo que se pretende es que Cuba se someta a las determinaciones de un país poderoso, si lo que se busca es que Cuba capitule, renuncie a las aspiraciones de bienestar, progreso y paz que animan su revolución socialista y entregue su soberanía, si lo que se intenta es que Cuba vuelva la espalda a países que le han demostrado una amistad sincera y un respeto cabal; si, en una palabra, se intenta esclavizar a un país que ha conquistado su libertad total después de siglo y medio de sacrificios, sépase de una vez: Cuba no capitulará. [...] Vinimos convencidos de que se tomaría una decisión contra Cuba pero eso no afectará el desarrollo de la Revolución. Vinimos para pasar de acusado a acusador, para acusar al culpable aquí, que no es otro que el gobierno imperialista de Estados Unidos. [...] la OEA se hace incompatible con la liquidación del latifundio, con la nacionalización de los monopolios imperialistas, con la igualdad social, con el derecho a la educación, con la liquidación del analfabetismo [...] y en ese caso Cuba no debe estar en la OEA. [...] Podremos no estar en la OEA, pero Cuba Socialista estará en América; podremos no estar en la OEA, pero el gobierno imperialista de los Estados Unidos seguirá contando a 90 millas de sus costas con una Cuba revolucionaria y socialista [...]”.
Si se aplicó entonces a Cuba separación por una razón inventada previamente, su adhesión al marxismo-leninismo, ahora con Venezuela se ensayaba un nuevo libreto a la luz de la llamada Carta Democrática, preparada convenientemente en el 2001 para lo que pudiera suceder. Ahora las razones son todas las esgrimidas por la oposición venezolana, reaccionaria y vendepatria. En realidad lo que no les gusta en Venezuela es el proceso revolucionario que se desarrolla en el país.
Han fracasado ahora y esperemos que el proceso sea irreversible. Pero la reacción ni el imperialismo descansan en su acoso a los pueblos que se liberan de sus ataduras. Volverán una y otra vez a utilizar traidores y los comprarán al precio que convengan en la vendeja existente en cualquier escenario. Veremos cuando anuncian una nueva subasta en el mercado político de la OEA.

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