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miércoles, 14 de diciembre de 2016

Trump y Macri: entre la Cosa Nostra y la logia P2



José Steinsleger /II y última
La Jornada 
En 1979, Donald Trump contaba con un socio importante en el negocio inmobiliario: el polaco Abraham Hirschfeld, a quien le decían el Señor Garaje porque había adquirido todos los terrenos fiscales y baldíos de Nueva York para convertirlos en estacionamientos.
Ambos eran dueños del predio más caro de la ciudad, ubicado en Lincoln West (entre las calles 59 y 72), barrio del Alto Manhattan: 23 hectáreas de un antiguo patio de maniobras de ferrocarriles, a orillas del Hudson (Penn Sation), donde Trump soñaba con erigir un edificio de 150 pisos.
Sin embargo, las protestas de vecinos, urbanistas y ambientalistas, y los exigentes requisitos de la alcaldía para la rezonificación del lugar, obstaculizaban el faraónico proyecto de la Trump Organization, y los consiguientes créditos bancarios.
Simultáneamente, en otro lugar de la big apple, Franco Macri y su hijo Mauricio (entonces de 22 años) cerraban un negocio con Waste Management Inc para formar una recolectora de basura y desechos sólidos, y así modernizar Manliba (Mantenga Limpia a Buenos Aires), empresa privatizada por la dictadura militar y entregada al Grupo Macri.
Los Macri fueron introducidos por Giorgio Nocella en el mundo de los negocios ítalo-neoyorquinos. Pionero de los paraísos del jet set europeo en el Mediterráneo, Nocella era amigo del capo de la FIAT Giovanni Agnelli, militante de la siniestra logia masónica P2. Franco y Giorgio cultivaron la amistad, compartiendo cumpleaños, negocios y sociedades offshore, como las que hace poco los Panama papers y Bahama leaks dejaron al descubierto.
En su turno, el hermano de Franco, Antonio, compró a socios de Nocella una mansión en Cerdeña, la que un día sí y otro también visitaban los muchachos de la Cosa Nostra, Sofía Loren, Silvio Berlusconi, políticos, cardenales y amigos de infancia del presidente Mauricio Macri, como el actual contratista todo terreno Nicolás Caputo, y José Torello, zar de los casinos argentinos.
Nocella abrió a Franco las puertas del alcalde demócrata de Nueva York, Edward Koch. Y Koch lo puso en contacto con Trump: “Acabo de conocer a un argentino con mucha lana y pretensiones, you know…” Franco (50 años) llamó al joven tigre de la melena dorada (34), quien le dijo al cordero: Tengo unos terrenitos que quizá puedan interesarle. Hasta hoy, Trump no puede creer que Macri le haya comprado (¡en cash!) su parte de Lincoln West (65 por ciento), y por el doble de su valor: 150 millones de dólares.
En un segundo viaje, para impresionar, Macri sumó a su equipo a José Martínez de Hoz, ex ministro de Economía del dictador Videla, bien conocido en Wall Street y Nelson Rockefeller. Y a Juan Carlos Basile, ex secretario de Vivienda de la ex presidenta Isabel Martínez de Perón, ligado a la P2 y los sindicatos de la construcción de las mafias neoyorquinas.
El equipo debía armar la ingeniería financiera para obtener un préstamo del Chase Manhattan Bank. Tarea que, insólitamente, quedó en manos de Carlos Varsasky, célebre matemático argentino. Finalmente, la alcaldía de Koch aprobó el proyecto. Sólo que para otorgar el crédito, el Chase exigía que se sumara un emprendedor reconocido. ¿Quién sería? Adivinó: ¡Trump!
Cinco años después, tras desembolsar decenas de millones en obras públicas y arduos trámites burocráticos (requisitos para autorizar la construcción en Lincoln West), y lidiar con el mafioso Club del Cemento (que arreglaba contratos y controlaba a los sindicatos de los trabajadores cementeros), Franco arrojó la toalla. Y dejó a Mauricio en su representación.
Desaparecido del escenario el cordero mayor, el tigre se lanzó sobre el cordero menor: Te compro los terrenitos que le vendí a tu papá, y dile que mucho le agradezco sus esfuerzos para legalizar todo. Trump volvió a quedarse con Lincoln West, y Mauricio, perdido entre discotecas y francachelas (su vocación verdadera), llamó a Buenos Aires: ¡Sorpresa, papá! ¡Donald nos compró Lincoln West en 100 millones!
A Franco le dio un infarto, pero sobrevivió (1985). Y el tigre se asoció con inversionistas de Taiwán y Pekín para levantar en el predio de marras un complejo inmobiliario que hoy vale 3 mil millones. Ahora bien: le paso el link donde Mauricio Macri cuenta su versión de las cosas.
Dicho sea de paso: 32 directivos de la Waste Management Inc terminaron presos por sus vínculos con la Cosa Nostra, la familia Genovese en especial. Y en Italia, Antonio Macri fue investigado por triangulación y compraventa de armamento para la guerra de Malvinas (1982) cuando formaba parte de una organización que juntaba fondos solidarios para la Argentina.
En tanto, a finales del decenio de 1990, Abraham Hirschfeld fue a prisión por haber contratado un sicario para asesinar a un socio. Y desde allí mandó matar también a la juez que seguía su causa. No problem: dos años en el bote y listo. Como fuere, honor a quien honor merece: Hirschfeld fue el primero en proponer a Donald Trump como candidato a la presidencia del gran país del norte.
(Fuentes: El pibe; negocios, intrigas y secretos de Mauricio Macri (Planeta, Buenos Aires, 2010), de Gabriela Cerruti; Trump: the Art of the Deal, de Donald Trump y Tony Schwartz (Warner Bros, Nueva York, 1989), y Trump Revealed, de Michael Kranish y Mark Fisher (Simon and Schuster, 2016.)