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jueves, 8 de diciembre de 2016

Trump desafía a China: tuits amenazantes y llamada temeraria a Taiwán


Bajo la lupa
Alfredo Jalife-Rahme
La Jornada 

Todavía no jura como presidente y Trump, en su inusitada fase de transición hiperactiva que ha dejado perpleja a la saliente administración, ha abierto dos frentes incandescentes: uno, contra el acuerdo nuclear con Irán –poco publicitado, pero no menos ominoso–, y otro, con China, de carácter geoestratégico trascendental, el cual, definirá el nuevo orden mundial, en medio del caos global/regional/local que ha legado el malhadado Obama.
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La presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen, durante un discurso pronunciado 
 el 10 de octubre pasado en Taipei, con motivo del Día Nacional 
de la República de ChinaFoto Ap
La perversa llamada a Trump de la amazona Tsai Ing-wen, presidenta de Taiwán, duró 10 minutos, pero causó un torbellino en Asia: en uno de los tres polos principales del (des)orden global, con reacciones de subinterpretación del vicepre­sidente Mike Pence, de su jefa de prensa, Kellyanne Conway, y de Paul Ryan, líder de la bancada del Partido Republicano, quienes intentan todavía calmar la tempestad.
La llamada estaba ya programada (https://goo.gl/k2Iuwl), pero hizo verse errático a Trump con su faux pas chino.
El equipo íntimo de Donald Trump –pro­clive a la confrontación– y el núcleo del Partido Republicano –más dúctil– están fracturados para lidiar con China, cuyos posicionamiento y ascenso los tiene mareados.
Reince Priebus, hoy jefe de gabinete de Trump y anterior líder del Comité Nacional del Partido Republicano, se había reuni­do en Taiwán con la amazona Tsai en octubre (nota: un mes antes de la elección), lo cual abona a la teoría de la unción de Trump por el Deep State (https://goo.gl/d04T2d).
Los alcances de las fanfarronerías de Trump tienen como límite su acercamiento con el zar Vlady Putin, quien mantiene simultáneamente excelentes relaciones con el mandarín Xi y ha alabado la inteligencia de su homólogo estadunidense. Nadie más que el zar Vlady está consciente de los límites del otrora mundo unipolar que se ha derrumbado cuando “el mundo está recuperando su equilibrio de poder global (https://goo.gl/MuTvtm)”.
De no ser por la masiva venta de armas de Estados Unidos (EU), Taiwán –casi 36 mil kilómetros cuadrados, más de 23 millones de habitantes y poco más de un billón de PIB– sería fácilmente digerible por el dragón chino: 9.6 millones de kilómetros cuadrados, casi mil 400 millones de habitantes y casi 20 billones de PIB. Además, China cuenta con 260 bombas nucleares de las que carece Taiwán.
¿Desea Trump convertir la isla de Taiwán en un nuevo Israel o en la Cuba de 1962?
¿A qué juego suicida se presta Taiwán que sólo sirve impúdicamente de carne de cañón y/o de carta desechable de negociación en el casino geopolítico de Trump, como ya antes la vendieron Kissinger y Nixon en 1971/72 con el célebre Comunicado de Shanghai?
Kissinger organizó en 1971 la visita de Nixon un año después a China para el restablecimiento de relaciones en 1979, un año posterior de que el anterior mandarín Deng Xiaoping entrara al juego mercantilista global, que le proveyó EU como parte del acuerdo contra la ex URSS.
Dos días después de la provocadora llamada, Trump profundizó los ataques sinófobos en dos feroces tuits (https://goo.gl/ad8skZ) y (https://goo.gl/WvcQn0), mientras Kissinger se encontraba en Pekín en una reunión con el mandarín Xi (https://goo.gl/BHUjUN).
De regreso a EU, Kissinger, a sus 93 años –lo cual denota la orfandad de una nueva camada de geoestrategas en Washington–, puso de relieve la gran ecuanimidad de la reacción china y ayer se aprestaba a reunirse con Trump para diluir su embriagante vino con China (https://goo.gl/m7iu31).
Si la reacción oficial de la diplomacia China ha sido prudente –poniendo de relieve la inexperiencia de Trump y su toma de posesión oficial el fatídico 20 de enero–, la réplica de Global Times, portavoz oficioso del Partido Comunista Chino, ha sido cáustica: Trump desea tratar a China como una pierna suculenta de cordero, para recortar sus rebanadas egoístas al antojo: ¡Olvídenlo! (https://goo.gl/0rKpHg)
Es evidente que China está preparada para el peor escenario y no se dejará amedrentar por bravuconerías de cantina tuitera: “No importa las razones de­trás de los ultrajantes comentarios de Trump, parece inevitable que las relaciones sinoestadunidenses atestiguaran más problemas. […] Debemos estar totalmente preparados tanto mental como físicamente […] Trump puede hacer mucho ruido, lo cual no lo exime de las reglas del juego (sic) de las superpotencias” cuando no tiene los suficientes recursos para lidiar con China en forma desenfrenada, la segunda mayor economía, la principal potencia mercantil y potencia nuclear (sic).
El rotativo exhorta a que Chi­na debe adaptarse a los cambios, incluyendo la nueva dinámica en las relaciones sinoestadunidenses cuando Trump sobrestima el poder de EU y desea revivir la economía de EU, pero sabe que su país no es tan competitivo como solía ser y trata de saquear (sic) a otros países para la prosperidad de EU: busca destrozar el presente orden económico mundial y reconfigurar el orden mundial para su único beneficio unilateral.
En Rusia ya están preparados al coqueteo de Trump con el zar Putin, únicamente confinado a un G-2, sin China. ¡Tremenda aberración geoestratégica!
La complementariedad entre Ru­sia y China está muy avanzada y será muy difícil de desactivar, como pretenden los ilusos geoestrategas de EU, el octogenario Brzezinski y el nonagenario Kissinger: el primero, nostálgico de 1989, cuando los muyahidines expulsaron a la URSS de Afganistán –lo cual repercutió en la caída del muro de Berlín y luego en la balcanización del imperio soviético dos años más tarde–, y el segundo, triangulando de nueva cuenta y en forma astuta con China para sacarla de su alianza con la nueva Rusia.
Más allá de los mitos sobre la ignorancia sobredimensionada de Trump en política exterior, los geoestrategas de verdad tienen muy claro el funcionamiento del orden mundial global, como formuló el mismo Trump en su ya célebre discurso en abril pasado (https://goo.gl/EZ2D5O).
Con gran certeza geoestratégica, Trump enfatizó que uno de los mayores errores de Obama fue haber empujado a Rusia y China a estar juntos, por cierto, tesis que siempre postulé (https://goo.gl/Ki6WNM).
Sputnik, una semana antes de las jeremiadas tuiteras de Trump, había adelantado que el magnate de inmobiliarias y casinos, como buen apostador y bluffista, intentaría meter una cuña entre Rusia y China, lo cual sería un “imperativo de su política exterior (https://goo.gl/JlgAqd)”.
Contra su costumbre pugnaz, un editorial del Financial Times, portavoz de los globalistas financieristas, fustiga la peligrosa provocación de Trump sobre Taiwán y aconseja que Trump debe tranquilizarse (sic) antes de colocar a EU en una vía confrontativa que puede ser contraproducente (https://goo.gl/xlh8F8).
China no se quedará con los brazos cruzados, menos ahora que cuenta con una asociación estratégica con Rusia.
Las bravatas de Trump pueden funcionar con países bananeros, pero no con orgullosas naciones, como Irán y China, que ostentan grandiosas civilizaciones milenarias cuando todavía EU, país de reciente formación, no existía en el radar histórico.
Trump huye hacia adelante: la decadencia de Estados Unidos es ­irremediable.
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