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jueves, 15 de diciembre de 2016

Cuba y la UE restablecen relaciones



Ángel Guerra Cabrera
La Jornada 
La ratificación el 12 de diciembre del acuerdo de diálogo político y cooperación entre Cuba y la Unión Europea (UE) culmina un proceso de diálogo tras una etapa de hostilidad y sanciones por parte de ésta, así como firme rechazo cubano a los intentos de imposiciones. La firma del actual y otro acuerdo previo en abril por los jefes de las diplomacias de la UE, Federica Mogherini y de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla Ello dejó a la isla como el único país de iberoamericano no suscriptor de ningún instrumento de entendimiento con el bloque. Desde poco después del triunfo de la revolución las relaciones de La Habana con los países de Europa que luego formarían parte de la UE estuvieron marcadas por ciclos acordes con los vaivenes de la guerra fría, la pertenencia de estos a la OTAN, los altibajos en la agresividad de Washington hacia el país caribeño, la alianza de Cuba con la URSS, su activo apoyo a los movimientos de liberación y la percepción europea en distintas etapas sobre su fortaleza interna y externa.
Sin embargo, los estados europeos nunca rompieron relaciones diplomáticas con la isla, en general se opusieron siempre al bloqueo, que lesiona sus intereses, y desde hace años todos votan en la ONU contra el arma de asfixia estadunidense. En este cuadro, cabe señalar que España, Francia, Reino Unido y Holanda mantuvieron relaciones comerciales con Cuba durante todo ese periodo y España fue el primero de ellos en realizar importantes inversiones en la industria turística isleña tan pronto se autorizaron. De hecho, la UE es el segundo socio comercial de la isla, así como su mayor inversor y tercer emisor de turistas.
Son varios los factores que contribuyeron a que la UE modificara la llamada Posición Común (1996), que proponía un cambio de régimen en Cuba, suerte de guiño al bloqueo, adoptada a instancias de José María Aznar durante su presidencia del gobierno español, cuando andaba a remolque de George W. Bush. En 1989, la UE no había dado respuesta a una propuesta cubana para establecer un acuerdo bilateral y un mecanismo de diálogo político. Incluso, algunas de sus embajadas en la capital cubana mantuvieron estrechos vínculos con la contrarrevolución interna, echando otra mano a la política subversiva de Washington.
No ha de extrañar que el acuerdo alcanzado se produzca cuando Cuba ha demostrado su capacidad de resistir no sólo el bloqueo de Estados Unidos, sino el descomunal golpe económico que significó el desplome de la Unión Soviética y de sus aliados del este europeo. También de reinventarse una vez más para defender y actualizar su socialismo a las nuevas condiciones internas y externas. Así como normalizar las relaciones con la iglesia católica y recibir dos visitas papales. A la vez, cuando los países de América Latina y el Caribe mantienen fluidos vínculos diplomáticos y de cooperación con La Habana, que ha sido un factor determinante, junto a los demás miembros de la ALBA, en la construcción o fortalecimiento de los instrumentos de unidad e integración de la región como Petrocaribe, la AEC, el Caricom y la Celac.
Fue con la presidencia cubana de Celac que se adoptó la trascendental Declaración de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, que establece el diálogo y la negociación como única forma de solucionar los conflictos y enfatiza el respeto mutuo a la soberanía autodeterminación y derecho de cada pueblo a darse el régimen político y social que elija.
Estos factores, unidos a la exigencia latino-caribeña de que no podía celebrarse otra Cumbre de las Américas sin Cuba, llevaron a Estados Unidos a un replanteo de la relación bilateral, evidenciada en el restablecimiento de las relaciones diplomáticas sin precondición alguna, en el encuentro bilateral de los presidentes Raúl Castro y Barak Obama en la Cumbre de las Américas, a la que la isla fue invitada por primera vez y en las medidas de flexibilización del acoso aunque sin levantar el bloqueo. Obama mismo se encargó de declarar que lo que no había funcionado era necesario cambiarlo, en obvia referencia a la permanente hostilidad y bloqueo y tácito reconocimiento al fracaso de esa política para derrocar al socialismo en la isla.
En este contexto, se iniciaron en 2014 por la UE y Cuba las pláticas que condujeron a la rúbrica, el 11 de diciembre del importante acuerdo mencionado.
Sin duda, las visitas a la isla de Federica Mogherini, alta comisionada europea para Asuntos Exteriores, de varios cancilleres y la del presidente francés, François Hollande, primera oficial de un mandatario de la UE en 29 años dieron un importante impulso al mejoramiento de las relaciones de Cuba con el bloque.
Lo que muestra este trascendental acuerdo es la posibilidad de llegar a consensos por sobre las diferencias y sin que una de las partes tenga que hacer concesiones en sus principios.
Twitter: @aguerraguerra

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