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miércoles, 22 de noviembre de 2017

The Economist declara la guerra a la libertad de expresión en Internet/redes sociales

 Bajo la lupa

Alfredo Jalife-Rahme

Ciber escuelas, las cuales dan la oportunidad a jóvenes adultos de estudiar en línea, en la delegación Tlalpan de CDMXFoto Cristina Rodríguez

L

a revista británica The Economist, portavoz del neoliberalismo global controlada por los banqueros Rothschild, arremete contra Internet/redes sociales:¿Amenazan las redes sociales a la democracia?(https://goo.gl/eGbNZw).

En forma sesgada, por dañar los intereses plutocráticos del neoliberalismo global, The Economist fustiga aFacebook, Google y Twitter, que supuestamente fueron diseñados para salvar a la política con unabuena (sic) información que elimine prejuicios y falsedades.

¿A poco la maniqueísta The Economist carece de prejuicios israelí-anglosajones?

¿A poco la pugnaz The Economist no se ha consagrado a desinformar para llevar agua a su molino neoliberal?

La polémica revista, biblia de cabecera de la globalización financierista, comenta quealgo muy malo (sic) sucedióy reclama quesin una información decente (sic) sin civilidad (sic) y conciliación (sic), las sociedades resuelven sus diferencias recurriendo a la coerción.

Sucede que los mendaces multimedia israelí-anglosajones, que impusieron supensamiento únicoy su propaganda unilateral, se encontraron súbitamente con que en Internet/redes sociales –específicamente en el masivo GAFAT (Google, Apple, Facebook, Amazon y Twitter)– existen otrospuntos de vista, para no decirverdades, donde el plutocrático neoliberalismo global que beneficia a sólo 1% del mundo occidental, ha quedado en minoría frente al restante 99% que expresa su sentir sin tapujos by the time being

Suena a perogrullada que la mayor parte de los multimedia israelí-anglosajones en Occidente sean controlados por ese 1% vilipendiado en forma implacable en Internet/redes sociales cuando 99% exorcizado hoy tiene a su alcance expresarse libremente parabieno paramal, según la cosmogonía maniquea del The Economist (ellos son losbuenos; los otros son losmalos: ja ja ja).

En medio del caos global –provocado por el declive de EU, el ascenso irresistible de China y la resurrección militar de Rusia, como expuse en mi conferencia magistral en el IIEc/UNAM (https://goo.gl/p31mmd-, la revista evoca queno hace mucho las redes sociales sostuvieron la promesa de una política más ilustrada (sic), conforme la precisa (sic) información y la comunicación sin esfuerzo (sic) ayudaban a la buena (sic) gente a eliminar corrupción (sic), fanatismo y las mentiras(sic).

¿A poco The Economist colaboró en la erradicación de lacorrupciónque alcanzó niveles estratosféricos bajo su modelo monetarista/especulativo?

Son tiempos aciagos de la “post-verdad (https://goo.gl/sWmqxe)” y de laguerra de propagandadel Deep State de EU mediante su etéreo russiagate de presunto intervencionismo del Kremlin en sus elecciones –¡y hasta del “México neoliberal itamita”, como si necesitase de hackers exógenos donde el IFE/INE rompería el récord de fraudes a escala global con su legendaria manipulación algorítmica!

Las plataformas Internet/redes sociales de EU son producto del deslumbrante invento primigenio del Pentágono: DARPA (https://goo.gl/VYYTG8).

¿Es creíble que Rusia controle ahora los productos del invento DARPA del Pentágono? (https://goo.gl/Mve8rT).

Dejo de lado la teoría más creíble que detrás del russiagate, el Deep State de EU busca impedir un acercamiento entre Trump y el zar Vlady Putin.

A juicio del The Economist, Internet/redes socialespropagan venenoya que se han vuelto catalizadores de ladesinformación rusa.

Según The Economist, resulta y resalta que desde Sudáfrica hasta España (sic) –¡The russians are coming!, el obsesivo y compulsivo adagio de la guerra fría, hasta en Cataluña–,propalan la mentira y el ultraje (sic)ycorroen (sic) el juicio de los votantes y agravan el faccionalismo, cuando Internet/redes socialeserosionanlas condiciones libertarias.

The Economist alega que Internet/redes socialesno provocan la división, sino que la amplifican.

No tiene más remedio la revista de admitir quela crisis financiera de 2007/2008, alimentó la furia (sic) popular contra una élite pudiente que dejó atrás al restante.

Enjuicia que ahora lasguerras culturaleshan dividido a los votantes poridentidadque dan pie a nativismo y populismo cuando antes lo hacían porclases sociales.

Admite que Tv por cable, Fox News y la radio también ostentansu poder a polarizar, pero la característica de las plataformas Internet/redes sociales radica en sunovedadcuando es poco entendido su funcionamiento, pero cuya realidad es queproducen una influencia extraordinaria (¡súper-sic!).

El error garrafal de The Economist es que confunde los intereses de la oligárquica plutocracia, que representa como nadie, con lademocraciatout court que constituye su verdadero antídoto.

Las masivas plataformas de Internet/redes sociales tienden a ser másdemocráticaspor el simple número de usuarios que detestan el neoliberalismo global que los ha perjudicado. ¡As simple as that!

Lo grave es que el GAFAT recurre ya a la selectiva censura de opiniones que colisionan con los intereses de identidad y/o clase de sus dueños, quienes anhelan modular y modelar a los usuarios a imagen y semejanza de sus alianzas políticas.

The Economist incita, como su solaverdad, la exposición de la ideología neoliberal global ya quediferentes lados ven diferentes hechospor lo queno comparten una base empírica para alcanzar un compromiso.

Se percibe que The Economist no ha tenido que digerir los noticieros de Televisa, que son verdaderas telenovelas totalitarias, donde sólo exponen el único y absolutolado del sistema imperantesin oposición real.

Al sentir perdida la partidademocrática, los epígonos (padre e hijo) de George Soros en Televisa y Univisión exigen la censura de las redes sociales.

¿El hoy vilipendiadoabusode Internet/redes sociales tiene como objetivo controlar la naciente libertad individual/colectiva de expresión?

El geoestratega Andrew Korybko aduce que el russiagate, en el marco de laguerra de propagandade EU contra Rusia, está encaminado a regular Internet/redes sociales (https://goo.gl/8LNiWj).

Es impactante que el ex presidente de EU, James Carter, deseche toda la parafernalia del russiagateque no tuvo influencia en el electorado (https://goo.gl/7S1vDr).

La periodista estadunidense Eva Golinger destaca lasredes de guerra, con su ejército debots, y lamilitarización de twitterque censura en forma antidemocrática y aberrante a Russia Today (https://goo.gl/RVVzhq).

Armin Mahler, del Der Spiegel, comenta que en medio deldarwinismo digitálicoson necesariasnuevas reglas para la economía del Internet–que no produce nada, salvo servicios– dominada porlos gigantes de Silicon Valley(https://goo.gl/pnPu95).

En una genuina sociedad libre, civilizada, decente y conciliadora, para emplear los términos eviscerados de todo contenido por The Economist, debe florecer la obligada réplica –yo he sufrido su censura en varios multimediamexicanos– y, sobre todo, la obligatoriedad dialéctica con su tesis/antítesis/síntesis que inició Heráclito desde el siglo 6 AC.

Twitter: @AlfredoJalifeR_

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