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miércoles, 11 de septiembre de 2019

Paraguay, el inexorable camino hacia el cambio

celag.org

El 15 de agosto de 2019, día en que Mario Abdo Benítez (Partido Colorado) cerraba un primer año de gobierno, pasó desapercibido para muchos por la crisis política que el presidente venía capeando desde el 25 de julio anterior, cuando se hizo pública, una vez más, la deliberada incapacidad de su Gobierno para defender los intereses del Paraguay en lo concerniente a los acuerdos bilaterales en materia energética.
Los acuerdos bilaterales en materia energética y la administración de las empresas binacionales Itaipú y Yacyretá constituyen, en el Paraguay, un aspecto central del debate político. Por un lado, en el Partido Colorado existe una tradición de cesión de soberanía que inauguró Alfredo Stroessner con el Tratado de Itaipú de 1973, en el que se privilegiaron los intereses sobre los recursos energéticos de Brasil como compensación por la superior inversión infraestructural que realizó en la hidroeléctrica. Por otro, las fuerzas políticas de oposición al estronismo (Partido Liberal Radical Auténtico, PLRA y Frente Guasú) procuraron llegar a acuerdos que acabaran con el despojo del que había sido víctima el pueblo paraguayo. De tal manera que, cuando Fernando Lugo asumió la Presidencia, en 2008, emprendió negociaciones con el Gobierno de Lula Da Silva para revisar el Tratado de Itaipú logrando –entre otros reclamos– que Brasil le pagara a Paraguay una compensación más justa por la cesión de la energía que le correspondía[1].
En 2019, la historia se repite: la primera acción del Gobierno de Mario Abdo en este sentido fue la convalidación del Acuerdo Cartes-Macri de 2018, por el cual se promulgó el acuerdo de las notas reversales que modifican el Tratado de la Entidad Binacional Yacyretá (EBY), reconociendo una deuda de Paraguay con el tesoro argentino por valor de 4.084 millones de dólares, a ser pagados en un plazo de 30 años.
El pasado 24 de mayo tuvo lugar la segunda acción que generó la crisis más importante del Gobierno Abdo. Fue la firma en secreto de un acuerdo entre el Gobierno paraguayo y el de Brasil por el que Paraguay renuncia voluntariamente a su derecho a contratar hasta la mitad de la energía eléctrica generada por la usina hidroeléctrica binacional, desde la firma hasta el 2023. Tal decisión que provocó la renuncia de Pedro Ferreira como presidente de la Administración Nacional de Electricidad (ANDE), por su desacuerdo con la firma de dicha acta, y razón por la cual se hizo público el contenido del desafortunado acuerdo un mes más tarde.
La crisis política que explotó a finales de julio fue de gran magnitud, y mientras duró, Abdo mantuvo un discurso variable y anodino ante la cesión de soberanía. Primero, defendió el acuerdo firmado basándose en el principio de pacta sunt servanda, pero luego, ante la creciente alerta de la ciudadanía –ya acostumbrada a expresar sus reivindicaciones en la calle–, comenzó a recular y terminó por dejar sin efecto el acuerdo, además de repartir las culpas entre los negociadores (o testaferros) quienes al final renunciaron a sus cargos [2].
En este punto, el liderazgo de Efraín Alegre (PLRA) fungió, por primera vez, como catalizador y coordinador decisivo de la respuesta ciudadana –a menudo desorganizada y carente de lineamientos políticos claros— y propuso el juicio político contra Mario Abdo y del vicepresidente Hugo Velázquez, principal implicado en las negociaciones. Todo ello derivó en un nuevo “abrazo republicano” en el que expresidente Horacio Cartes movilizó a la facción Honor Colorado del Partido Colorado [3], a fin de que Marito pudiera salir bien parado de la votación en su contra, como en efecto sucedió [4].
A partir de aquí Horacio Cartes pasó a influir de manera definitiva en el Gobierno de Mario Abdo. De entrada [5], Cartes solicitó cambios en los ministerios de Educación y Ciencias, Obras Públicas y Comunicaciones, y de Agricultura y Ganadería, reclamándolos –indirectamente— para su facción del partido. Se trata de una petición que probablemente Mario Abdo aceptará como primera cuota de lo que le adeuda por ayudarlo a mantenerse en el poder en un momento de crisis, que se prevé endémica: el 64,72% de las personas califican como “muy malo” su Gobierno, un 86% considera que el presidente es incapaz de gobernar y el 75% cree que debe acabar su periodo [6].
Para Mario Abdo la deuda con Cartes resultará demasiado cara. El presidente tendrá que terciar, en adelante, no sólo en la cesión de cargos en carteras estratégicas, como son las de Obras Públicas y Comunicaciones y Agricultura y Ganadería, sino que también tendrá que dejar de aplicar (o reducir) los controles al contrabando y lavado de activos, en particular en las zonas de frontera, donde Estados Unidos y la DEA miran con lupa los movimientos de Cartes y su emporio contrabandista de tabaco [7].
El nuevo pacto también terminará de vaciar de contenido (si en algún momento lo tuvo) el discurso de Mario Abdo según el cual su Gobierno estaría orientado a la persecución de la corrupción “caiga quien caiga” [8]. Ello lo pone en frente de una ciudadanía que reiteradamente ha demostrado estar dispuesta a conquistar los cambios mediante el estallido en las calles, esta vez aupada por una oposición que parece, más dispuesta que nunca, a estar a la cabeza de las protestas, como ya lo demostró durante los más que tensos días de finales de julio.
En estas condiciones es previsible que el Gobierno de Mario Abdo siga tambaleando y que ya haya comenzado una irrevocable cuenta atrás para su cambio. Tres son los liderazgos que se perfilan: Santiago Peña, el candidato de Horacio Cartes –quien se enfrentó en primarias a Mario Abdo— que a día de hoy lidera las encuestas con un 38% de favorabilidad; Paraguayo Cubas (senador del Movimiento Cruzada Nacional), con un 36%, y Efraín Alegre (PLRA), que alcanza un 15% de favorabilidad.
Mientras Mario Abdo sigue en la cuerda floja, la tensión en las calles –en especial por la renovada alianza abdocartista— continuará creciendo. Es por ello que el papel de la oposición en el direccionamiento y coordinación de la ciudadanía movilizada será fundamental de cara a los próximos meses. De su capacidad de liderazgo para hacer confluir los intereses de la mayoría con propuestas políticas claras que se conviertan en proyectos de gobierno, como ya se hizo con el proyecto Ñande Energía [9], dependerá la capacidad de llevar a cabo un cambio político de calado el Paraguay, que nuevamente rompa con el ciclo colorado heredero y ejecutor del proyecto del dictador Alfredo Stroessner.

Notas: 
[2] El canciller Luis Castiglioni, el embajador paraguayo en Brasil, Hugo Saguier Caballero, el presidente de la Administración Nacional de Electricidad (ANDE), Alcides Jiménez, y el director general de la Itaipú Binacional, José Alberto Alderete.
[3] La Asociación Nacional Republicana está dividida en dos facciones; Honor Colorado, liderada por Horacio Cartes y Colorado Añetete, liderada por el presidente Mario Abdo.
[6] Sondeo a través de redes sociales de Paraguay VOTA, sábado 10 de agosto de 2019 a martes 13 de agosto de 2019, 11.023 casos válidos.
[9] Para reducir la tarifa eléctrica que, a pesar del apoyo popular, fracasó en el Senado.

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