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lunes, 2 de julio de 2018

American curios: ¿Por qué nos odian?


David Brooks

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Buena Ventura Martín Godínez, con sus hijos Pedro y Janne, en el Aeropuerto Internacional de Miami. La mujer, de origen guatemalteco, cruzó la frontera sur estadunidense con su hijo en mayo pasado huyendo de la violencia en su país. Dos semanas después cruzó su esposo con la niña de siete años. Todos fueron detenidos y separados por la Patrulla Fronteriza. La menor fue enviada a un centro de bienestar infantil en Michigan y hasta ayer logró volver con su mamá.Foto Ap

Platicando sobre la persecución de inmigrantes indocumentados, la separación de sus hijos para colocarlos en jaulas y otras atrocidades oficiales con Kevin, un afroestadunidense que trabaja de portero en un edificio de Nueva York y que es de las personas más informadas de este país, concluye: antes era la J, ahora es la M.
Se refería a cuando los nazis colocaban la letra J en la ropa, en las puertas de casas o negocios de judíos para identificarlos y finalmente detenerlos, separando familias y enviándolos a campos de concentración. La M, obviamente, son los perseguidos de los que platicábamos: los migrantes.
De hecho, las comparaciones entre los nazis y otros regímenes fascistas del siglo pasado con el estadunidense actual es cada vez más frecuente. Yo fui separado de mis padres por los nazis cuando mi familia fue enviada y aniquilada en un campo de concentración. No permitiré que se repita aquí ahora, decía una pancarta cargada por un hombre en una de las manifestaciones contra las políticas de separación y encarcelamiento de familias inmigrantes que se realizaron por todo el país el sábado.
Por ahora, un Trump en la Casa Blanca no implica que este país de inmigrantes se haya vuelto antimigrante, y aún no ha logrado convencer a las mayorías. Según el Centro Pew, siete de cada 10 estadunidenses simpatizan con inmigrantes indocumentados; mayorías no se oponen a darles una ruta a la legalización, no creen que los inmigrantes cometan más delitos serios que quienes son ciudadanos, no les molesta que hablen otro idioma y no creen que se roben las chambas de los estadunidenses.
Pero esas mayorías permitieron que llegara a la Casa Blanca y aún no han impedido su asalto contra el sector más vulnerable del país. La política antimigrante impulsada por Trump no es del todo nueva, pero sí su intención de generar máximo temor entre la comunidad inmigrante –o lo que llaman efecto disuasivo– como el ataque abierto del propio presidente a los indocumentados (violadores, animales, invasores, etcétera) y la justificación oficial de que se está defendiendo al país de una invasión de inmigrantes criminales violentos.
Pero no hay una invasión ni mayor crimen. La tasa de criminalidad oficial está en unos de sus puntos más bajos en décadas y, por cierto, los lugares con mayores concentraciones de inmigrantes se registran menos crímenes; a la vez, en términos relativos, durante los últimos años ha bajado por mucho el nivel de ingreso de inmigrantes a este país.
Paul Krugman, el economista Premio Nobel, señaló que “hemos visto esta película antes, en la historia del antisemitismo... nunca fue sobre algo que los judíos realmente hicieron… sino sobre mitos espeluznantes, frecuentemente basados en fabricaciones deliberadas que eran difundidas para sistemáticamente engendrar odio”. Concluye, en su columna en el New York Times, que “las atrocidades que nuestra nación está cometiendo ahora en la frontera no representan una sobrerreacción o una respuesta mal implementada a un problema real que se necesita solucionar. No existe una crisis de inmigración; no hay una crisis de crimen inmigrante. No, la crisis real es un recrudecimiento del odio… Y cualquiera que esté ofreciendo pretextos para ese odio… es, en efecto, un apologista de crímenes de lesa humanidad”.
Ese odio y temor al otro ayudaron a que Trump llegara a la Casa Blanca, y son parte integral de la estrategia para consolidar su poder. Esto, en un país que está enfrentando un cambio demográfico sísmico, nutrido por la inmigración, donde en 25 años los blancos se volverán en otra minoría. Algunos creen que el odio/temor antimigrante es un último grito histérico de los que sienten –incluyendo mucho en el poder ahora–, que está llegando el fin de su mundo (tienen razón).
Es temor al futuro, a la transformación del país mas poderoso del planeta por los más vulnerables y atrevidos del mundo.

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