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viernes, 3 de febrero de 2017

Trump e inercias: síntomas mórbidos



John Saxe-Fernández/ III
La Jornada 
Con una estela mórbida de decisiones en la crucial relación con México y en materia ambiental, inició Donald Trump la primera semana como presidente de Estados Unidos. Dejó un rastro de imágenes de prepotencia, improvisación, autoritarismo, regresión científica, desmesura tuitera y despropósitos migratorios que se extienden desde el muro con México, América Latina y el Caribe, al mundo. Trump conduce a una potencia en intensa militarización, financiarización y bajo el estancamiento secular del capitalismo monopólico, añadiéndole riesgosa fosilización, en un gabinete integrado con alta presencia de Wall Street, el Pentágono y del cabildo de la industria del carbón, gas y del petróleo, con el Departamento de Estado bajo la batuta de ExxonMobil, primera petrolera privada mundial con la mira en yacimientos de Venezuela, aguas profundas de México y el Ártico.
Ante la agresividad y rudeza de Trump hacia la nación mexicana, más en papel de magnate que atiende desde su torre en Manhattan que de presidente de nación vecina que opera en la Casa Blanca, sectores y líderes de oposición, incluidos Cuauhtémoc Cárdenas, AMLO y voceros del PAN, respaldaron la postura de EPN. Ya les cayó el 20, celebró un sociólogo de la Universidad de California en referencia a los llamados de EPN y otros funcionarios a la unidad nacional. Fue un abrazo solidario y racional de escasa duración. Pronto, Trump acordó con EPN mantener en lo oscurito el asunto del muro y los country managers, bajo inercias del FMI, en principio rechazaron cualquier cancelación y sólo mencionaron una posible posposición de los gasolinazos. La Secretaría de Hacienda anticipó gasolinazos luego del 18 de febrero y después todos los días. Mientras Trump amenaza las exportaciones de México y abre riesgosas puertas a guerras comerciales, acá los hacendistas, obedientes suicidas políticos, anunciaban su endoso a los recetarios denunciados por Joseph Stiglitz, el ex primer economista del Banco Mundial (BM), en entrevista con el premiado periodista Greg Palast (El globalizador que desertó voltairenet.org.). Son las maquinaciones que usan los del FMI-BM para agilizar por la vía de la desestabilización, las decisiones y procesos de traspaso de la riqueza pública a favor de un aparato financiero que alienta el capitalismo de cuates.
Peña, con 2018 en la mira, va en pos de la Ley de Seguridad Interior para dar continuidad a las reformas estructurales. Para eso procede con la etapa que Stiglitz llama precios regulados por el mercado, la ruta hacia un más intenso torbellino alcista de precios de la comida, el agua, las gasolinas y el gas doméstico encaminándonos hacia el “paso “tres-y-medio:los disturbios del FMI, es decir, saqueos, violencia y caos. Es un clima de explosividad social y de represión policial-militar. En este caso, el medio ambiente para inducir la aprobación de la Ley de Seguridad Interior, lanzando más gasolina, de manera persistente, a un tanque que ya está en llamas.
Sobre este tema Palast accedió a documentos internos del BM, marcados como confidencial, restringido, y no revelar. Uno de ellos es la Estrategia Interna de Asistencia de País, para Ecuador en el que, dice Palast, “se afirma varias veces –con fría precisión– que se esperaba que sus planes iban a dar chispa a disturbios sociales”, lo que es su término para una nación en llamas (ibid).
Palast revela que en el informe secreto se reconoce que el plan para hacer del dólar de Estados Unidos la moneda de Ecuador empujó al 51 por ciento de la población por debajo de la línea de pobreza. El plan de Asistencia del Banco Mundial recomendó afrontar las protestas civiles y el sufrimiento de una población agredida, con ¡”firmeza política y precios aún más altos”! ¿No es algo parecido a eso lo que sugiere ahora la SHCP? ¿Es la intención crear el ambiente para inducir, como en el incendio del Reichstag, la aprobación de Leyes de excepción como la de Seguridad Interior? Nos llevan, en medio de las tiranías de Trump, hacia lo que Palast califica de protestas pasivas dispersadas por balas, tanques y gas lacrimógeno, mismas que causan, debido al pánico, nuevas fugas del capital, además de gobiernos en bancarrota? Sin embargo, como dice el periodista, “este incendio económico tiene un lado positivo –para las corporaciones extranjeras–, quienes pueden adquirir los bienes que van quedando… a precios de remate”.
Cuando una nación cae en esa vorágine de precios agresivos, advirtió Stiglitz, el FMI se aprovecha y le exprime hasta la última gota de sangre. Incrementa el calor hasta que, finalmente, la olla entera explota, y recuerda que cuando el FMI eliminó los subsidios a la comida y combustibles para los pobres de Indonesia en 1998, Indonesia estalló en disturbios, como también en Bolivia con los precios de
l agua, o en Ecuador por los aumentos decretados por el BM en los precios del gas natural, y así ad nauseam.
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