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jueves, 23 de febrero de 2017

Orden tripolar (EU/China/Rusia) vs caos global: Brzezinski y la doctrina Trump


Bajo la lupa
Alfredo Jalife-Rahme
La Jornada

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El lunes pasado, Día de los Presidentes de Estados Unidos, fue aprovechado en Nueva York para emprender una protesta del día de no es mi presidente contra el republicano Donald TrumpFoto Afp

El prolífico Zbigniew Brzezinski, a sus casi 89 años, propone un urgente arreglo tripolar entre las máximas potencias militares –EU, Rusia, China– que configure la estructura de la doctrina Trump con el fin de paliar “el desaliñado orden global (https://goo.gl/F9Duyv)”.
Brzezinski –ex asesor de Seguridad Nacional de Jimmy Carter, íntimo de Obama y promotor de la sepultada Comisión Trilateral de los Rockefeller– soslaya que fue Obama quien legó su doble caos, doméstico/global, que ha acentuado Trump con su caos dentro del caos.
La decadencia de EU se ha acelerado, lo cual expresa, lejos de su añeja infatuación unipolar, el angustiado Brzezinski: El mundo se desliza a un desorden significativo sin (sic) estructura internacional capaz de manejar los tipos de problemas que probablemente estallen (sic) casi en forma simultánea (sic).
Todas las estructuras caducas del viejo orden de la post-Segunda Guerra Mundial –primero bipolar, entre EU y la URSS; luego unipolar, después del colapso de la URSS– son patéticamente disfuncionales: ONU, FMI, BM y OMC.
Hoy el mundo es idílicamente multipolar, pero cruda y militarmente tripolar, donde Obama puso a la defensiva en todos los ámbitos a Rusia, mediante sus inoperantes sanciones,y a China, mediante su estrangulamiento mercantilista del incinerado ATP (https://goo.gl/XjvvZ8).
No hay que exagerar. Con todo y sus defectos locales/regionales, Trump se mueve a escala global en los fractales –elementos de orden dentro del masivo desorden– cuando la realpolitik doméstica –reflejo del magno declive de EU– lo han obligado a operar aparatosas volteretas en sus proyectos con Rusia (amistoso) y China (hostil).
El Congreso, con mayoría de un Partido Republicano al que no pertenecía el hoy deslactosado Trump, le impidió en forma brutal su acercamiento con Rusia con la defenestración de su asesor de Seguridad Nacional Michael Flynn con sólo 24 días en su puesto, mientras es orillado a desechar su coqueteo con Taiwán y a admitir la centralidad de “una sola China (https://goo.gl/vLKbvR)”.
La ofensiva militar de EU se ha sobrextendido en su cerco a Rusia y China, y ya llegó a su límite, mientras Moscú y Pekín, a escala de superpotencias, han mejorado sus sistemas de defensa, no se diga Irán a escala regional. Curioso zeitgeist: Rusia y China, con Irán, se pertrechan mientras EU se repliega.
A juicio de Brzezinski, un mundo vulnerable (sic) necesita de una doctrina Trump, con quien discrepa en todas sus decisiones cotidianas, pero quien en última instancia es el presidente de EU.
Trump debe reconocer que la solución ideal (¡supersic!) a largo plazo (sic) es una en la que los tres (sic) poderes dominantes militarmente EU, China y Rusia, trabajen en conjunto (sic) para sostener la estabilidad global.Nótese su secuencia dislocada, donde aflora su legendaria rusofobia.
En contraste con Kissinger, quien deslizó un G-2 entre EU y Rusia para detener a China (https://goo.gl/HOXhAn) –esquema al que se sumó Trump–, Brzezinski padece la nostalgia de su G-2 (https://goo.gl/0fYnJs) de EU y China contra Rusia, que fue rechazado por Pekín: mucho depende del grado en que EU y China puedan comprometerse a un exitoso diálogo. Lo que abriría el camino a un entendimiento (sic) estratégico (sic) más serio (sic) de China y EU, que a su vez, crearía la base para un entendimiento más duradero (sic) entre las tres principales potencias, puesto que Rusia se percataría de que si no es incluida en un acomodamiento entre China y EU, peligrarían sus intereses.Primero el G-2 de EU y China, y luego el G-3 con Rusia (https://goo.gl/2jQ8yT). ¡Qué sencillo!
Hoy Rusia y China han mejorado sus posiciones defensivas y no veo la razón por la que –cuando EU sucumbe a sus domésticos demonios centrífugos, peores que los externos– China caiga en la trampa de un etéreo G-2 dirigido contra Moscú en la óptica rusófoba de Brzezinski.
EU no está ya en condiciones de imponer su unilateralismo global –salvo con sus masoquistas vasallos regionales, carentes de visión estratégica–, pero tampoco a Brzezinski se le escapa que EU debe ser juicioso del peligro (sic) de que China y Rusia puedan formar una alianza estratégica, por lo que EU debe tener cuidado de no actuar con China como si fuera un subordinado (sic), lo que garantizaría una relación más estrecha de China y Rusia. EU no sabe actuar de otra forma cuando su apabullante imposición bélica forma parte de su código geopolítico.
Para Brzezinski hoy el asunto más apremiante es Norcorea, que requiere de un abordaje regional hexapartito y que estaba a punto de ser resuelto con Clinton, pero fue desechado por Baby Bush, quien incrustó en forma aberrante a Pyongyang en sus estados canallas. Hoy Norcorea es otra y su contencioso forma parte intrínseca del nuevo orden tripolar.
Viene la insufrible rusofobia de Brzezinski, quien, en medio del declive de EU, ya no está en capacidad de pontificar: si EU mejorase su relación con Rusia, debe renovar el conocimiento (sic) para ambos de que un compromiso de regirse por las leyes (sic) es central al orden internacional.
El problema con el orden internacional de Brzezinski es que impone el orden unilateral de EU, que ha fenecido: el deseo del presidente Trump de un diálogo constructivo con Rusia es razonable, pero carente de un marco aceptable de conducta, es decir, una coreografía en que Rusia se someta a la hermenéutica unilateral de las leyes internacionales de EU.
Brzezinski no se percata de que al fenecer el viejo orden unipolar perece consigo su andamiaje legal, que ya es inadmisible para Rusia y China.
No podía faltar el nihilismo de Brzezinski, quien amarra sus consabidas navajas balcanizadoras entre Rusia y China en el teatro de Asia Central, que ya había formulado en su reciente libro (https://goo.gl/TKmUnV).
Brzezinski pontifica que lo que está en juego para las tres principales potencias es elevado, pero así sus gratificaciones potenciales. No detecto nada en lo que ceda EU, en la boca de Brzezinski, para conformar la tripolaridad de la estabilidad global. Al contrario: recurre a los reflejos condicionados neomonroístas de EU, eviscerados por su triste realidad decadente de país indispensable/excepcional/elegido, por lo que propone a corto plazo (sic) evanescentes acuerdos regionales específicos con Japón y Gran Bretaña para manejar los asuntos regionales, que ya opera Trump con el nuevo eje de EU con la anglósfera/Japón/Israel.
Brzezinski no aporta ninguna propuesta positiva para la desfalleciente Unión Europea cuando su cíclope cosmogonía daltónica se confina en apoyos militares de EU a Japón/Sudcorea y a Europa Occidental/Central (con la obsoleta OTAN).
Son tiempos militares más que de vulgaridad mercantilista, y el polaco-canadiense-estadunidense Brzezinski concluye con su amenaza a Rusia en caso de una incursión militar a Europa cuando Trump, quien conoce el poder de los negocios, deberá propinar un bloqueo punitivo al acceso marítimo de Rusia a Occidente, que afectaría casi las dos terceras partes de todo su comercio 
marítimo. Eso ya significa la tercera guerra mundial, ineluctablemente nuclear.
Ahora falta ver qué opinan Rusia y China de su nuevo orden posoccidental.
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